Unos veinte minutos más tarde, Prusia abre la puerta de la casa riéndose de algo que cuenta España, Francia se ríe un poco a coro, abrazado de la cintura al español.
—Bueno, pues ya estamos aquí, quiero ver al monstruo que hizo que nos levantáramos en la madrugada —exclama el francés.
—EEEEh! familiaaa! —grita Prusia hacia las escaleras—. Voy a ver si les encuentro.
—Vale —Francia le sonríe girándose a España y sonriendo un poco, ligeramente nervioso.
Romano entra detrás de los otros dos, hablando con alguien por teléfono, a ese tono de voz en que hablan los italianos todo el tiempo... que es a puñeteros gritos exactamente.
España le da un beso en la mejilla a Francia cuando Roma sale corriendo y baja la mitad de las escaleras saltando con una corbata puesta ahora sí, Italia va detrás tranquilamente.
Francia gira la cabeza oyéndole bajar más que viéndole bajar y sonríe ampliamente cuando le mira, levantando las cejas. España parpadea flipando y Romita se queda congelado a mitad de las escaleras.
—Mon dieu... —susurra Francia tirando un poco de España para que se acerquen a las escaleras. Sigue sonriendo idiotilla.
Roma se sonroja y da un pasito atrás cayéndose sentado de culo en las escaleras cuando Italia llega a su lado.
El francés se acerca hasta ponerse al pie de las escaleras. Parpadea porque... el niño. Es un NIÑO para empezar y se parece mucho a España...
—Mon-dieu —repite marcando las palabras y pasándose una mano por el pelo, soltando a España.
—Míraloooo es... pequeñitito! —exclama España.
—Muy pequeñitititito —responde Francia subiendo las escaleras hacia él—. Pa... ¿Roma?
Romita se escurre un poco por las escaleras mirando a Francia fijamente, echándose atrás.
—A-Ave... —susurra muy suavemente
—No tiene idea de quién soy, ¿verdad? —pregunta Francia a Veneciano en latín, para que el niño entienda y luego lo mira y le sonríe aaaampliamente—. Ave. Yoy soy Franciae.
—No, no conoce a nadie —responde Italia, mirándole de reojo.
—F- Fr... —sonríe nerviosisimo. Francia se humedece los labios.
—Franciae —repite suavemente sentándose en un escalón—. Y ese de abajo es Hispaniae, vinimos a verte.
Roma desvía la mirada un milisegundo a España antes de volverse a mirar a Francia y sonreír escondiendo un poco la cabeza en los hombros, sonrojándose de nuevo.
El francés levanta una mano y se la pasa por el pelo suavemente.
—¿Me dejas cargarte?
—Q-quid?
—Levantarte en brazos —intenta de otra manera, haciendo el gesto.
—Ah... ehm... —traga saliva y asiente un poquito.
Francia sonríe más aún, encantado, tomándolo de debajo de los brazos y levantándole. Romita levanta los brazos y las piernas medio hecho bolita.
—No te asustes, no voy a hacerte daño —asegura sonriendo, mirando a Italia y luego a España. Le abraza cariñosamente contra si—. Vamos abajo a sentarnos y que nos cuentes TODO.
Roma levanta las cejas sin poder creer que le está abrazando, roooojo como una cereza, porque Francia es MUUUUUUY guapo, no se atreve ni a moverse. Romanito, finalmente, deja de gritar.
—Mamma mia... il nonno Roma? —pregunta gritando otra vez, mirándoles a todos.
Roma ni se entera, no se atreve a moverse. Italia asiente a su hermano sin cruzar la mirada con él.
—¿Quién te puso esos pantalones tan horribles? Al menos tuvieron la decencia de combinar bien la corbata —comenta Francia peinándole un poco más, bajando las escaleras y notando el sonrojo—. Mira que guapo está, Espagne...
—¡Es súper mono! —España se acerca a Francia y le hace un cariño en la mejilla antes de darle un beso.
—Y está sonrojadito... —se ríe Francia dándole un beso el del otro lado.
—¿Pero qué ha pasado? ¿Por qué está de ese tamaño? —pregunta Romano frunciendo el ceño y acercándose a mirarle un poco vacilante. Roma se cubre los ojos con las manos, sin saber qué hacer cuando le besan. Francia se ríe.
—Papa Roma avergonzado, quien lo dijera... —suelta contento acariciándole la espalda.
—Eh? —España recién lo nota—. OOooh! ¡Aun es más mono! —lo abraza a él y a Francia.
—¡Claro que lo es! —Francia se ríe abrazando más a Roma, dándole un beso a España—. Vamos a la sala, venga...
Romanito frunce más el ceño mirando a Veneciano, que le mira de reojo. Se acerca a él, para que le salude de beso y abrazo como siempre. El menor lo hace, claro, pero sin mirarle directamente a los ojos.
—Che succede? —es la primera pregunta de Romano a Veneciano, sin mala intención en realidad pero notando aaalgo raro.
—Nada... nada. Il nonno... estaba así ayer cuando volvimos de cenar. Romanito entrecierra los ojos.
—¿Y cómo es que se puso así? —pregunta.
—No lo sé, Germania estaba con él cuando pasó.
—Il macho patatas?
Asiente
—Jum! —se cruza de brazos—. ¿Y cómo se arregla?
—No lo sé, lleva así desde ayer —se encoge de hombros.
Romano parpadea mirando a España y Francia desaparecer con el niño en brazos hacia la sala. Mira a su hermano de reojo, que no le mira y baja los escalones dispuesto a seguirles.
Romanito se encoge de hombros, guardándose las manos en los bolsillos siguiéndole.
Romita sigue muy avergonzado en brazos de Francia y España porque son muuuuuuy guapos.
—Estás avergonzadito, no estés avergonzado —pide Francia sonriendo sentándose en el sillón grande de la sala, si el que tiene patas de perro marcadas. España se sienta del otro lado y Roma entreabre los dedos mirándoles a uno y otro.
—E-Es que... —"Es que sois muy guapos y me habéis dado un beso los dos" eso sería lo que diría si pudiera hablar, pero como no puede, se cubre otra vez con las manos.
—Ahh! ¡Mira que mono es! ¿Cómo estás? ¿Cómo te tratan? —pregunta el francés volviendo a peinarle.
—Está para comérselo —España le da otro beso. El francés le pone la mano en el estómago haciéndole cariñitos.
Roma se deja hacer por un lado muy contento y sin creer que pueda tener tanta suerte y por otro aún muy avergonzado y nervioso, al final se destapa un poquito la cara.
—Sois muy guapos... —susurra de forma casi inaudible. Francia, que para escuchar cumplidos tiene un oído casi tan fino como el de Austria, sonríe y se humedece los labios, sonriendo.
—No más guapos que tú... —le asegura. Romita sonríe muy ilusionado con eso un segundo y luego hace "iiih" y se esconde. Francia se ríe y le abraza pensando que es casi tan mono como Inglaterra. CASI...
—Eres tan liiindooo! Me gusta mucho de pequeño también —le asegura a España.
—Y a miiiii —asiente España abrazándoles otra vez… estamos en un bucle. Después de llenarle la cara y las manos de besos, Francia se separa una vez más, riendo.
—¿Cuéntanos pap... Roma, cómo te tratan? ¿Cómo llegaste aquí?
—Yo... no lo sé —se ríe.
—¿Te acuerdas de algo? Mon dieu... ¿de qué año estaremos hablando? Papa de este tamaño... es los orígenes del imperio —razona Francia medio en latín medio en francés porque maldita lengua muerta se olvida—. ¡Helena!
—¡Quizás aún no conozca ni a mamá! —exclama España—. ¡Helena! —se acuerda de repente también.
—Helena, siempre quise mucho a Helena, era bonita... y tú también la quieres mucho —asegura Francia a Roma—. Eres pequeñoooo, me encantas.
—La... tu... ella... —le mira incrédulo/derrotado/desconsolado porque Francia le parece muy MUY guapo y seguro ella le prefiere.
—La conocí cuando era pequeño como tú... hace mucho que no la veo. Siempre te quiso a ti más que a nadie —le toca la nariz.
—Ella es... ¿de verdad? —ilusionadito.
—Pues claro que sí —España le despeina un poco.
—Tú eres el consentido de todos —asegura Francia mirando a España—. ¡Eres el Gran Imperio Romano!
—Germaniae dijo...
—¿Qué dijo Germaniae? —pregunta Francia frunciendo el ceño. "Como le haya dicho que él lo mata en el futuro, le corto los huevos!" Se asegura a si mismo.
—Eso...
El francés sonríe y le da un beso en la frente.
—No mintió en lo absoluto... pero para eso todavía falta, no te preocupes por ello.
Roma le sigue mirando embobadito
—Todos sabéis como seré de grande...
—Oui... —asegura el Francés—, te conoceremos muy bien y te querremos mucho siempre.
—¿Y por qué yo no?
—Porque ahora eres pequeñito —le peina otra vez y sonríe.
—Pero... —no lo entiende. Francia se muerde el labio porque no tiene idea de cómo explicar esto. Mira a España.
—No te preocupes por eso... —pide el español, que así resuelve mucho conflictos complejos.
—Por ahora, vamos a disfrutar el tamaño del que estás, ¿vale? —tranquiliza también el francés—. Cuéntanos que has hecho, ayer y hoy.
—Pues... —vacila moviéndose en la falda de Francia y le acaricia un poquito la rodilla. El francés le sonríe en automático, cerrándole un ojo ni siquiera con picardía especial, en un gesto de esos completamente naturales suyos.
—Ajá?
—Doislan me ha ... —se queda callado automáticamente.
—Doislan? —Francia entrecierra los ojos—. Oh. Deutschland. Allemagne, bien... ¿Qué hicieron? —pregunta.
—A... Al... —sigue idiotizado con el guiño de ojo. Francia se ríe un poco conociéndose bien esa reacción, si no es la primera vez que ve a alguien así de idiotizado. Se humedece los labios.
—Yo le llamo Allemagne, porque pronunciar Deutschland es complicado —explica acariciándole la mejilla con un dedo. Vuelve a sonrojarse y se echa un poco atrás. El francés parpadea leeentamente y mira a España.
—¿Estás viendo lo que yo estoy viendo? —pregunta encantado con la reacción. España sonríe de lado y le mira de reojo
—¿Qué te hizo Allemagne? —pregunta suavemente el francés.
—Vestirme... —susurra.
—Eso explica algunas cosas —asegura el francés que insiste que este atuendo no es digno de su padre. Romita se mira y se cubre un poco nervioso con ese comentario.
—No es verdad, estas muy guapo con esa corbata —suelta España pasándole una mano por encima de ella haciéndole un cariño.
—Yo hablo de los pantaloncillos... —aclara Francia revisándole las piernitas y los pantalones con desagrado, luego le mira a la cara—. Evidentemente tú estás MUY guapo como sea, mon amour.
—A mí no me gustan... —susurra con la cabeza medio escondidita en los hombros.
—¿Ves? Él mismo tiene el buen sentido de odiarlos igual que yo —Francia se ríe. Roma sonríe un poco con eso—. ¡Cómo olvidar las horas que pasábamos en el sastre eligiendo telas!
—Oh, ¡odiaba que hicierais eso! —protesta España riendo.
—Lo odiaba porque él carece un poco de ese sentido del buen gusto que tenemos tú y yo —dice "en secreto" acercándose un poco a él.
El romano levanta las cejas, nerviosito cuando se acerca, pero sonríe. El francés le da un beso rápido en la mejilla y vuelve a paralizarse un poco.
—¿Pica mi barba? Los niños suelen quejarse —sonríe de lado pasándose una mano por la mejilla.
El niño le mira fijamente y niega.
—¿Te gusta mi barba? —pregunta cambiando el tono.
Asiente un poco. Francia sonríe complacido con ello.
—Me alegra que te guste, a mí me gustan tus ojos miel y tu sonrisa.
Se sonroja más y deja caer la cara sobre España para que le esconda, el español se ríe y le pasa la mano un poco por la espalda.
—Dieu, esto no lo había previsto... —admite Francia que está divertido y encantado con este asunto.
—Yo tampoco, es como... muy pequeño, pero... es...
—Como tú y yo, mon amour... nada más, nada menos —complementa la frase—. A mí me encantaba Germania...
España asiente y le abraza, Roma levanta la cabeza con eso. Francia le mira y sonríe.
—Quid?
—¿A ti te gusta Germaniae?
Francia suspira.
—A mí me gustan prácticamente todos en mayor o menor medida.
—Dice que a mí también —susurra bajando la mirada sobre la falda de España ahora.
—¿Y no lo hacen?
Niega.
—Vaya... y quién te gusta? —pregunta Francia genuinamente intrigado.
Romita le mira y se sonroja y se muerde el labio, nervioso.
—¿Te da vergüenza decírmelo? —pregunta suavemente.
Se revuelve más sin mirarle y mira a España que le echa un poco sobre sí mismo.
—Vale, vale... no te mortifiques —responde Francia mirando a España, mordiéndose el labio.
—Vosotros sois muy guapos... —susurra otra vez.
—Tú también eres muy guapo y vas a ser mucho MUY guapo. ¿Ya desayunaste? —pregunta Francia de repente cambiando el tema.
—Alemañe me dio leche y el de pelo blanco picsa —asiente.
—Oh... buena comida al menos —asiente el francés—, ¿y dónde dormiste? —optaremos por el método de las preguntas
—Con... —aparta la mirada sin querer decirlo.
—¿Qué pasa, pequeño? —pregunta Francia con suavidad.
Roma niega y sonríe
—Puedes contarnos lo que sea, mon amour... sé que has estado mucho tiempo con Germania y sus hijos, pero... —se ríe—, nosotros te entendemos mejor
Sonríe y niega otra vez porque como le gustas mucho, Francia, quiere gustarte y no pienses que le gustan los demás. Francia hace los ojos en blanco y se ríe pensando que ya arreglaran esto más tarde y les contará todo lo necesario.
Romita intenta imitar al francés y guiñarle el ojo. Francia sonríe de lado y se humedece los labios. A España le parece... literalmente (constequehasidoélyomenegabaadecirloasí) de lo más cuchirequetemono y le abraza.
Y Alemania, siento decírtelo pero si realmente se quedara de este tamaño, creo que tendrías dificultades para ser tú el que se lo quedara.
Francia se ríe un poco más y ahora les abraza a los dos él, contento de tener a un padre tan HERMOSO de pequeño.
Roma levanta las cejas sin entender del todo lo que sucede y luego sonríe muy ilusionado pensando que le gusta a los dos y les ha enamorado con su guiño de ojo. Hay gente que no le gusta... eh... bueno, hay gente que no conoce.
—Che cosa?! —se escucha a Romano gritar afuera del comedor.
Francia levanta las cejas mirando a España con ese grito y separándose del abrazo. Roma y España se vuelven hacia ahí también, los cotillaaas.
—Vale, vale... no grito —se escucha en gritos aun y no se oye más.
—Anda... ¿qué habrá pasado? —pregunta el francés.
—Me enteraré después —se encoge de hombros España—. Y te cuento.
—¿Entonces tú no nos cuentas nada, Roma? —pregunta sonriendo un poco.
—Pues... —se rasca la cabeza—. Alemañe tiene un perrito que se llama Alguer y que se va a morir...
—¿Se va a morir? ¿Por qué? —pregunta el francés.
—Alguien malo lo va a matar —se encoge de hombros por que no se enteró del todo—. Me da pena...
—Vaya —Francia se encoge de hombros no tan interesado en esto—. ¿Jugaste ayer con el perro?
Romita asiente.
—No recuerdo que tuviéramos muchos perros en casa... recuerdo que había gatos, y yo tenía una vaca que se llamaba... Rosalia! —comenta España. Francia se ríe.
—A mí no me gustaba, era grande y me daba miedo.
—Sí que era grande, pero no daba miedo —responde España riendo también, Roma les mira sin saber de qué hablan.
—A ti, que no te daban miedo los animales con cuernos, yo la odiaba.
—No sé de qué habláis... —suelta Romita.
—Hablamos de cuando éramos pequeños.
—Ah... ¿Cómo erais?
—Oh, chico, que triste es esa pregunta —se desanima un poco España.
—¿Que no se acuerde? —pregunta Francia suavemente.
España asiente y Roma les mira desconsolado ahora.
—Es... extraño —murmura Francia acariciándole al niño la mejilla.
—Es un poco feo, una parte de nosotros está en... él, en que él sea quién es —explica España pasándole la mano por el pelo.
—No seríamos nada sin lo que es él, o fue él en algún momento
—Pero... pero... —Roma sigue desconsolado—. Es que no entiendo... no puedo recordar nada de lo que decís.
—Lo sé... Eso pasara una vez que crezcas... En otros tiempos.
—¿Por qué todos sabéis el futuro menos yo?
—Porque estamos en el futuro...
—Q-Quid? Pero eso... no se puede! ¿O sí? ¿Cómo se hace? ¿Me enseñáis?
—No, no se puede, es lógico que pienses que no se puede —explica Francia.
—En realidad nosotros tampoco sabemos cómo ha pasado —añade España.
—Pero ahora estás aquí y estás con nosotros.
—Oh... —un poco decepcionado porque la idea tenía gracia—. Ah! nadie me explica cómo se hacen las cosas —suspira derrotado.
—¡¿Qué no te han explicado?! —pregunta Francia levantando las cejas
—Alemañe dijo que me enseñaría a hacer rayos como Júpiter.
España levanta las cejas con eso.
—¿Rayos? Allemagne desde cuando sabe hacer rayos?
—Me dijo que los guarda en las paredes —explica mirándoles y ahora sintiéndose tonto.
—Será... oh, debe ser la electricidad.
Roma se revuelve porque esa palabra no la ha oído.
—Lo que hace que haya luz en el techo —aclara Francia.
—Yo no soy tonto, Helena me explica las cosas más difíciles y siempre las entiendo, dice que soy el más listo. No es justo cuando nadie me explica —protesta un poquito.
—No, claro que no es tonto... lo que no sabemos es qué es lo que no te explican, mon amour
—Pues eso de la lictricidad!
Francia se ríe un poco.
—Es un proceso complicado que incluso a nosotros nos cuesta trabajo entender.
—¡Germaniae me explicó de los acueductos y lo entendí!
—No te preocupes por la electricidad —pide el español.
—Los acueductos son una genialidad tuya. ¿Qué otra cosa no te ha explicado Allemagne?
—¿Una genialidad mía?
—Una de muchas, un invento tuyo —asegura Francia sonriendo.
—Vas a inventar muchas cosas —asegura España también.
—Vas a ser asombroso, Roma, no te preocupes por algunas cosas que no entiendes.
—¡Ya quiero serlo! —protesta saltando un poco
—¡Ya lo serás! —Francia le revuelve un poco el pelo
Roma sonríe.
—¿Y... qué hay que las chicas?
—Eh? —le mira inclinando la cabeza.
—Oui, con las chicas. ¿Ya te gusta alguien? Chicas o chicos... en tus tiempos. ¿Helena?
—Ah! —aparta la mira y niega de nuevo como quitándole importancia... España se muere de la risa. Francia se ríe también.
—Quid? —parpadea porque se ríen, sin entender y se sonroja un poquito, porque aun así, aunque ellos dos sean los más guapos que ha visto nunca, sí cree que Helena puso las estrellas en el cielo.
—Lo haces muy bien, Roma —admite Francia tocándole la nariz.
—¿Eh? ¿El qué?
—Eso que haces, que vemos. Eso es... tu preparación para ser todo un... —se pasa una mano por el pelo.
El romano parpadea un poco embobado con el movimiento y le imita sin darse sonríe y se humedece los labios, el pequeño lo hace también
—No, no —le detiene España, Roma le mira—. Mira... hazlo así —le enseña cómo es que lo hace cuando lo hace de forma lenta y obscena. Francia se muerde el labio y mira a Roma.
—Oh! —se sonroja de nuevo y lo intenta de una manera un poco más sutil y menos hábil.
—Mucho mejor, tiene que ser leeento, entrecerrando los ojos.
—Venga, inténtalo otra vez —ahora lo hace Francia. El chiquillo se sonroja un poco más y vuelve a hacerlo, está vez mucho más parecido a lo que hace de adulto.
—¡Eso es! —alaba Francia sonriendo y reconociendo el gesto.
—Ah! eso eees! —España le abraza muy contento—. A Germania se le caen los calzoncillos cada vez que te ve hacer eso.
—¿A Germa... y a Helena? —pregunta esperanzado.
—Ah, ¿pero no que Helena te daba igual? —sonríe España. Francia se ríe.
—Helena te adora, Roma, también lo usarás con ella...
—Bueno, ella... —se sonroja un poco y sonríe a Francia.
—¿Te preocupa que sepa que te gusta ella y que así pierda yo interés en ti? —pregunta Francia medio adivinando.
—Quid? —se pone nervioso como cuando Italia dijo a todos lo que hacía.
—Sé lo que haces y está bien hecho... solo tienes que ser más sutil en ello, esconderte mejor.
—Pero... —vacila nervioso porque todo el mundo parece entender todas sus estrategias secretas.
—Escucha, no te agobies, lo que pasa es que tú nos enseñaste esto a nosotros, todo... ya lo harás mejor —explica España.
—No nacimos sabiendo tus secretos, tú mismo nos los enseñaste. Como movernos, como pasarnos una mano por el pelo sensualmente o relamernos los labios, como conquistar chicas y chicos, todo eso... lo sabemos gracias a ti.
Roma baja la mirada, un poco frustrado porque eso significa que no tiene ninguna posibilidad.
—¿Qué pasa? —pregunta Francia notando en la cara que no está contento. Le vuelve a peinar un poco.
—Pues que... —se deja caer sobre él.
—Quoi, mon amour? —le besa la frente y el pelo con suavidad.
—Ya quiero ser grande.
—Yo aun no quiero que seas grande, me gusta que seas pequeñito, quiero enseñarte cosas... como tú me las enseñaste a mí —explica Francia acariciándole la espalda.
—¿Cuáles? —le mira de reojo.
—Cosas como esa, como lamerte los labios para que a Germania se le caigan los pantalones.
—Le da vergüenza que le vea el pene —se ríe y España se ríe también.
—Oh la laaa! ¡¿Y se lo viste?! —pregunta Francia sonriendo.
Sonríe más, enseñando los dientes malignillo y asiente.
—Anda... y yo pensando que solo había estado jugando con el perro —España le hace un poco de cosquillas a las que Romita salta y se esconde en Francia de ellas, quien se ríe.
—Mira tú, el que quiere ser grande... ¡ya estás haciendo cosas de grande!
—¿Y cómo fue que se lo viste? ¿Estaba vistiéndose?
Niega con la cabeza
—Mmm... ¿Te lo enseñó? —pregunta Francia levantando las cejas. España mira a Francia de reojo.
—Non! le da vergüenza —se ríe.
—Bueno, quizás se dio cuenta de que le daba vergüenza cuando ya te lo había mostrado —Francia se ríe también mirando a España y cerrándole un ojo.
—Se bañó conmigo y luego dormimos desnudos y está mañana se lo toqué! —se sonroja, riéndose.
—Espera... ¿qué cojones? —suelta España con las cejas en el cielo
—Es que claro que... mon dieu! ¡Sí, claro que tenía que ser así!, ¿Cómo conseguiste hacer todo eso con Germania? —pregunta Francia también impresionado.
—No se habrá pasado contigo, ¿verdad? —pregunta España frunciendo el ceño.
—Mira quien tiene inmediatamente pensamientos pederastas —susurra Francia para él en francés, muerto de risa.
—Quid? —parpadea sin entender a qué se refiere con pasarse.
—¡No me jodas, Francia! —protesta España empujándole un poco y sonriendo—. No, eran muy bestias, ya lo sabes...
—Yo solo digo... —responde pensando que Roma no tiene actitud de niño violado, aun así, le mira—. ¿Te... tocó el pene?
Romita parpadea y se sonroja con eso porque para él fue una derrota, frunce el ceño.
—¡Me dio un beso de amor!
Francia parpadea.
—¿Cómo te dio un beso de amor?
—¿Qué es exactamente un beso de amor? —pregunta España. Francia ahora si frunce el ceño pensando en el abrazo especial.
—Te... —vacila y se sonroja de nuevo, mirando a Francia.
—Me...
—¿puedodaruno? —pregunta en un susurro sin mirarle.
—Oh... vale —Francia sonríe, encantado, sin pensárselo un segundo siquiera.
Roma levanta las cejas y sonríe. Bien, no levantas dos palmos del suelo, llevas aquí menos de veinticuatro horas y ya vas a besar a tres personas ADULTAS. Estupendo.
Francia mira a España y sonríe de lado, pensando que... anda... veremos qué cosa hizo Romita con Germania.
El niño se pone de pie en sus rodillas y toma aire profundamente tratando de calmarse. Le pone las manos en las mejillas y le da el clásico beso en los labios sin pensárselo más, todo rojo como cereza otra vez.
Francia levanta un poco los labios respondiéndole un casto beso, poniéndole las manos en la cintura.
Al notarlo, Romita entreabre los suyos, cerrando los ojos, con el corazón muy acelerado.
Francia cierra uno de los ojos, espiándole un sonriendo un poquito en el beso y finalmente se separa de manera sumamente sutil, de esas que no te enteras que ha sido él el que se ha separado.
Roma parpadea sin saber exactamente... aunque no ha sido como Germania, Germania si fue un beso de amor. Francia entrecierra los ojos porque no está convencido de que el niño parezca convencido.
—¿Fue así? —pregunta con suavidad.
—Más o menos... también le di uno a Doislan, pero no se movió.
—Allemagne es como de palo siempre —se ríe —. ¿Te gustó más entonces el beso con Germania?
Asiente un poquito, apartando la mirada sonrojadito y sonriendo.
—Nadie antes se había quejado de mis besos —suelta Francia en falsito drama mirando a España.
—Oh, no te vas a poner a la altura de Germania, ¿verdad? —se ríe el español.
—Ah, non, non, tú lo has hecho muy bien —asegura Roma a Francia, agobiado.
—Mmm... —Francia le mira con sonrisita de lado. Roma le mira nervioso.
—A mí me gustas mucho y te quiero de verdad... y voy a quererte siempre, aunque te gusten más los besos de Germania —asegura sincero. Roma levanta las cejas y se sonroja agarrándose de la ropa con fuerza.
—Pero los besos de amor se los da a alguien más —añade España
—Tu novio es Germania... yo tengo una pareja también —asegura el francés.
—Pero... oh!
—Y Espagne es novio del gritón que estaba con nosotros. ¿Germania no te lo dijo?
El romano niega con la cabeza.
—Tampoco me extraña, pero... es por eso que le da vergüenza que le veas la verga —los viejos hábitos...
—Verga... —repite porque Helena no le ha enseñado esa palabra.
—Oh, estupendo, Francia —suelta España sarcástico, riéndose.
—Merde... —protesta Francia entre dientes porque no se había percatado.
—Dijo que cuando sea grande haremos sexo.
—¡Anda! ¿Eso dijo? —se ríe un poco y luego cae en la cuenta—, ¿y tú qué sabes qué es eso?
Romita asiente.
—¿En verdad? —entrecierra los ojos y luego mira a España que se encoge de hombros.
—¡No es justo eso! ¡A nosotros no nos explicó!
—Sí, pero no sé cómo es con dos niños... cuando lo hacen los animales es un niño y una niña... los perros y los conejos...
—Pues... cierto —asiente España. Francia se ríe mirando a Romita.
—¿Y quieres saber cómo es con dos niños?
Asiente bastante frenético un poco emocionado.
Francia levanta una ceja y mira a España que le mira de reojo
—Mmm... Vamos a ver... ¿tú qué dices, Espagne? —pregunta sonriendo hacia el español... una víctima más para enseñarle a la vista.
—No lo sé, no lo sé.. —sonríe y Romita les mira desconsolado, saltando un poco. Francia le mira de reojo y sonríe porque es que es tan mooooonoooooo. Le abraza.
—Papa no nos explicó a nosotros por algo... —apunta—, y mira que éramos insistentes.
—Iiiih —se sonroja de nuevo cuando Francia le abraza
—¿Entonces crees que deba verlo?
Francia mira a España mordiéndose el labio y sonriendo al ver el sonrojo, luego levanta las cejas.
—Así... Aprendimos nosotros, eso es innegable, aunque recuerdo bien que nunca veíamos nada —le acaricia el pelo a Romita y le da un beso en la frente.
—Sabes que va a querer verlo... TODO, ¿verdad?
Francia se ríe un poco.
—Tú y yo también QUERÍAMOS verlo todo. Y nos teníamos que conformar con ver un poco... O no ver nada
—Pero yo soy buenoooo —sonríe Roma.
—Ah, pues si eres buenoooo entonces... —le imita un poco España.
—Y muy muy muy buenooo que vas a tener que seguir siendo, eh... Quizaaas
—Claro —da otro saltito tan convencido, sonriendo con cara de pillo.
—¿Así sonreíamos nosotros? —pregunta Francia mirando a España, sonriendo—, y luego esperábamos que nos creyeran... ¿Cómo sugieres que hagamos esto?
A Roma le brillan los ojos muy emocionado, Francia le despeina un poco, mirando a España.
—Una probadita...
—¿Una probadita como qué? ¿Un beso?
—Nooon un beso no, yo ya sé dar besos! Más! Más! —pide el niño. Francia se encoge de hombros y se ríe.
—Más de un beso... ¿Qué tanto más de un beso quieres ver, eh? —le toca la nariz
—¡Pues todo!
—¡Todo! ¡Santa madre! —suelta Francia aparentando estar muy sorprendido.
—¡Pero eso no es para niños! —le sigue el rollo España.
—Para mí sí porque soy muy listo.
—No tiene nada que ver con que seas listo, Roma
—¿Con qué tiene que ver?
—Mmm... Tiene que ver con que, cuando uno es pequeño como tú, tiene que esforzarse para conseguir enterarse de algunas cosas.
—¿Esforzarme cómo? ¡Yo me esfuerzo mucho! —protesta frunciendo el ceño
—Cuando nosotros éramos de tu tamaño... Nuestro papa siempre nos echaba de donde estaba teniendo sexo con alguien y teníamos que ingeniárnoslas para verlo y aprender
—¿Y por qué queréis hacerme a mí una cosa fea que no os gustaba? —pucherito el muy manipulador. Francia saca el labio de abajo y le mira un poquito desconsolado.
—Porque...
—Es que... —España mira a Francia sin saber muy bien cómo responder a eso.
—Porque tienes que aprender eso también, es tan importante como la curiosidad que te da el sexo.
—¿El qué?
Francia vacila porque además su padre les regañaba un poco también por espiar, así que no puede decirle que aprender a espiar es algo muy bueno.
—¿A... Ingeniártelas? ¿Qué te dice Helena cuando se acuesta con alguien?
—Helena se acuesta conmigo.
España levanta las cejas con eso.
—¿Per-Perdona? —vacila Francia mirándole a los ojos. Roma se ríe con las caras de los dos.
—¿Lo veis? Soy muy listo.
—Entonces vas a tener que enseñarnos tú... ¿Qué haces con Helena exactamente?
—Ah, no os lo enseño si no me enseñáis —se cruza de brazos y sonríe.
Francia mira a España que se muerde el labio un poco preocupado
—Para que te enseñemos tienes que decirnos lo que sabes...
—Pues sé que es como con las chicas, que se dan besos de amor y se tocan y luego ya no sé.
—Funciona casi igual
—Pero los chicos no tienen pechos grandes
—Los pechos no son imprescindibles —responde España y Roma levanta las cejas como si no se le hubiera ocurrido que pudiera ser posible.
—Los chicos tenemos pechos planos, pero también son sensibles.
Roma levanta una mano con claras, pero OBVIAS intenciones hacia Francia, se detiene un segundo, le mira a los ojos, se sonroja un poco y se ríe. Francia le sonríe porque no pretendía en absoluto detenerle. Le hace un cariño en la mejilla.
—Es tu turno de contarnos algo de Helena
—Ella me enseña y yo hago las cosas como ella y soy así tan genial como ella —explica y al ver que Francia no tiene problemas, ahí va la mano de nuevo
Francia le acaricia con un dedo encima de la manita y sonríe dulcemente.
—¿y qué cosas son esas? —pregunta España.
—Todas, ella es la más lista y lo sabe todo
—Eso no es específicoooo —protesta Francia picándole una costilla para hacerle cosquillas —. Nosotros te hemos contado de los pechos. Roma da un salto y se ríe protegiéndose con los brazos.
—¡Pues me enseña todo! Todo lo que le pido, hasta tocar los pechos de las niñas-
—¿Le has tocado los pechos a ella? —pregunta Francia haciéndole un poco más de cosquillas
—Siiiiic —risas y se esconde de las cosquillas chillando.
Francia mira a España sin dejarle de hacer unas cuantas cosquillas. España le mira con cara de circunstancias porque ¡es que Roma es MUY pequeño!
—¿Y... Helena te ha tocado a ti? —pregunta Francia casual, también agobiado con esto, sin dejar de sonreírle o picarle para que se siga riendo.
—Siiiiic! —chilla de nuevo y como no vayas con cuidado, te va a hacer daño, Francia, que es un bestia
—¿Dónde te ha tocado? —pregunta dejándole de hacer unas pocas de cosquillas, porque a Canadá solía darle hipo.
—Ah! ¡No te digo si no me decís!
—Funciona igual que con las chicas, son besos y caricias y luego... Es como con las chicas. Casi igual.
—¿Casi igual cómo?
Francia vacila y mira a España de reojo otra vez, buscando un poco de ayuda.
—Pues como va a ser... ¿Cómo se hace con las chicas, a ver?
—Ellas tienen un agujero especial que los niños no tienen.
—¿Y qué pasa en ese agujero?
—Pues que... da gustito —se sonroja.
Francia podría comérselo, sonríe y le abraza. Romita le hace bolita escondiéndose y España se ríe un poco porque dicho así y está tan avergonzadito.
—Eres muy monoooo... —Francia sonríe—, me encantas.
España le acaricia la cabeza.
—Los hombres hacemos algo así también... Que nos da gustito.
—¿Nada más es tocarse el pene? —pregunta el pequeño. Otra vacilación por parte de Francia.
—Hay muchas cosas y hay que saber hacerlo, como con los pechos —explica España más ambiguamente. Francia le sonríe volviendo a peinarle un poco.
—Y tú eres un niño grande que sabe muchas cosas, eh?
—En realidad los pechos... es fácil porque Helena los tiene igual que yo, ¡así que cuéntame con el pene!
—¿Los tiene igual que tú? —Francia levanta una ceja... Helena era pequeña también entonces. España no lo entiende del todo sin caer en ello entonces
—Bueno, un poquito más, porque es una niña y dice que le van a crecer —es que me imagino a Roma como de seis... y a Helena como de doce.
Francia sonríe un poco, tranquilizándose con esto, porque por alguna razón tenía idea de Helena maaaaás grande, como él la recuerda.
—¡Ella es una niña también! —exclama España cayendo en ello. Francia asiente mirándole.
Roma le mira parpadeando sin entender del todo y España lo abraza porque lo había asustado mucho.
—No dudo que tenga más... Experiencia que él, pero... —asiente Francia abrazándolos a los dos, porque también se había asustado.
Roma no entiende el sandwich... ¡pero le gusta!
—Los quiero muchísimo —suelta Francia
—Y yoooo —responde España y van a hacer a Roma una etiqueta.
Francia se separa un poco después de reírse y notar que el niño se queda un poco sin aire. España también lo hace con naturalidad al notarlo y Romita les mira a los dos, riéndose
Francia le despeina un poco cariñosamente y mira a España ahora.
—¿Y ahora? ¿Me enseñáis? —insiste Roma dejándole despeinarle, cerrando los ojos.
—¿Tú qué dices, Espagne?
—Digo que... —suspira porque por otro lado sabe que Roma no va a dejar de darles la lata hasta que le expliquen, seguro, sabiendo cómo era.
—Hay que... Decirle —tono de "decirle algo" al menos, el español asiente y el romano suelta un grito de júbilo con eso. Francia se ríe un poco más—. Pero tienes que entender que es una conversación de grandes
—¡Yo soy grande!
—No he dicho que no... —le sonríe riendo
—¡Entonces no hay ningún problema! —vuelve a mirarles a ambos esperanzado
Francia mira a España otra vez en busca de ayuda y valora mentalmente qué pasaría si se lo explicaran tal cual.
—Ehm... —vacila España tampoco sin saber muy bien qué decir
—¿Es que os da vergüenza? —pregunta Romita mirándoles a los dos.
—¿Un... Poco? —responde Francia sin saber bien qué decir.
—Más o menos... —responde España también.
—Noooooon! ¡No es verdad! —Roma se ríe y los otros dos con él.
—Ah, non?
—Non! Sé que no porque no os ponéis nerviosos ni rojos como Germaniae.
—¡Eres terrible! —exclama Francia sin dejar de reírse.
—Non, soy adorable —gran sonrisa del pequeño—. Vengaaaa —protesta impaciente.
—Y lo sabes, eso me gusta —asegura el rubio, España le hace un cariño en la cara.
—Mira, solo podemos decirte que tiene que ver con el culo, ¿De acuerdo? —acaba por confesarle el español al final porque... siempre tiene que contarlo todo y no ve un motivo real para no decírselo en realidad. Romita inclina la cabeza y hace una cara rara con eso.
—Suena un poco raro, pero así es —indica Francia sonriendo.
Romita salta del sofá de repente y sale corriendo dispuesto a buscar a Germania para preguntarle eso, porque aunque Francia es súuuuuper guapo, el que le dio un beso de amor y le dijo que se acostaban fue Germania, que por cierto aun está intentando pasar desapercibido en la casa y no morirse del sonrojo a cada tres minutos cuando ve al italiano, intentando camuflarse con la pared. Pega un buen salto cuando escucha al pequeño romano acercarse a él, sonrojándose ipso facto.
—¡Ya sé cómo funciona! —exclama entrando a la cocina corriendo y casi se cae por no mirar—. ¡Ya sé cómo funciona! ¡Me lo han explicado!
—¿Q-Que te han explicado? ¿De qué hablas?
—¡Como es el sexo con dos niños!
—¡No se puede tener sexo con los niños! —sí, escuchó mal.
—¡Sí se puede!
—¡No! ¡No voy a tener sexo contigo! ¡Ni con nadie más!
Romita se queda congelado con eso, de nuevo no es fácil que te digan que no. Se le borra la sonrisa.
—¡Eres un NIÑO! —se sonroja.
—Pero tú dijiste... —susurra.
—¿Qué dije?
—¡No me importa! ¡Ni creas que quería contigo!
Germania aprieta los ojos y se le acerca.
—¡Los chicos de afuera son muuuuucho más guapos que tú y me han enseñado los dos y ellos sí que quieren conmigo!
—¿Cuáles chicos? ¡¿Tus hijos?! Rom!
—¡No son mis hijos! —sale corriendo otra vez hacia la sala. El sajón se va tras él.
—Rom! Espera, por Odín.
Se para en mitad del pasillo y le mira de brazos cruzados con esa mirada que heredó Romano. Germania se detiene con esa mirada, no crean que no.
—No te enfades… ¡Pero es que mírate! ¡Eres un niño! ¿Cómo voy a hacer... quién te dijo como se hacía?
—¡Tú vas a arrepentirte de esto!
—Rom, cálmate! —pide cambiando el modo de chillido tsundere a uno mucho más suave
—Me da igual lo que digas. Voy a ser el mayor héroe del mundo y todos me van a querer.
—Sí que te van a querer y yo también, pero... —se pone en cunclillas—. Ahora mismo... ¿Quién te dijo cómo?
—Hispaniae.
—Ven, ven aquí —le pide haciendo un gesto, él se acerca aun de brazos cruzados.
—¿Qué te explicaron?
—Como se hace y como lo hacen ellos y todos los secretos.
—O-Oh... E-Eso... Es una cosa... Y... ¿Qué o-opinas? —se sonroja
—¿Qué opino de qué?
—En general, no te ha... ¿Parecido raro?
—Non, es como me lo imaginaba —miente. Germania parpadea y levanta las cejas.
—Oh... Bueno, era de esperarse
Roma levanta las cejas y descruza un poco los brazos con eso, mirándole porque era mentira y que ni lo piense dice mucho de lo que piensa de él.
—A-Aun así eres un niño, deberíamos jugar a algo o algo así, no pensar en eso.
Traga saliva y se revuelve un poquito con esto.
—Yo quiero volver con Helena —susurra sinceramente dándose cuenta de ello.
—¿Con... Helena?
Le mira un segundo y luego se mira los pies. Asiente
—¿No te gusta estar conmigo?
—Sic, pero ya quiero volver a casa con ella también y venir aquí otro día.
—Pues... No se puede.
Le mira y se queda desconsolado un instante, esa cara de DRAMA. PURO DRAMA LATINO. El alemán le toma del beso y le acerca para abrazarle
—¡Yo sí puedo! ¡Siempre puedo volver a casa por muy lejos que vaya! —exclama asustándose un poco más, pero con determinación.
—A casa si podemos ir, pero Helena...
—¡La encontraré! —se gira y se dirige a la puerta de la casa.
—Nein, Nein... Espera Rom —le detiene de la cintura y le carga.
—¡Eeh! —protesta porque no le gusta que le levanten del suelo.
—No patalees.
—¡Déjame en el suelo, sé andar solo, no soy un niño pequeño!
—Ya lo sé pero no puedes irte ahora, Rom —sufre un poco.
—¿Por qué no?
—Porque estamos muy lejos y yo... Quiero que te quedes conmigo.
—¡Y yo quiero ir con ella!
—¡No puedes ir con ella! Ella... Está de viaje.
—No lo está. Voy a ir con ella digas lo que digas. Ella es mi familia y mi hogar. Es hora de volver, estará preocupada.
—No lo esta, Rom. Helena no está preocupada porque... ¡Porque no!
—¡Claro que está preocupada!
Germania suspira sin saber bien cómo manejar esto. Roma le mira, porque no le cabe en la cabeza que Helena NO esté preocupada de él.
—En realidad... no sé dónde está Helena ni si... Está preocupada.
—Si lo está —repite convencido. Germania se muerde el labio.
—Es muy probable. Yo lo estaría.
—Entonces hay que ir a buscarla.
—No podemos ir a buscarla hoy.
—¿Por qué?
—Es tarde y tú casa está muy lejos de aquí.
—No es tarde, ¡No es ni medio día!
—Hay que prepararnos, conseguir como llegar y... Saber a dónde ir. ¿Por qué no le mandamos un mensajero y pedimos mejor que ella venga por ti?
—Yo sé bien como ir y un mensajero va a tardar más, ¡Eso es muy peligroso para ella!
—Rom, es que estamos MUUUUY lejos, hay que hacer preparativos de viaje y esas cosas. Por qué no vamos a decirles a los otros sobre esto de ir con Helena.
—¿Por qué no quieres que vaya? —frunce el ceño.
—No quiero que no vayas, lo que quiero es que te quedes.
—¿Por qué?
—Porque... Me gusta tenerte aquí y... —se sonroja.
A Romita le cambia la cara y de repente sonríe que de nuevo abrazándole del cuello. Germania parpadea y levanta las cejas dejándose abrazar... y sonrojándose más.
—Yo también te quiero.
—¡N-No dije que te quería! — le abraza igual porque es pequeñito y... mono.
—Sí lo dijiste —sonríe sin soltarle.
—No es verdaaaad! — protesta apretando los ojos .
—Siiiiic —se ríe y le restriega la cara por encima.
El germano se revuelve sin entender como este niño tan tan pequeño consigue ponerle nervioso, joder, si solo es un NIÑO. Como Prusia o Austria o... Salvo que un niño como Prusia o Austria no se separaría un poco y te besaría en los labios. Se queda congelado. Pero congelado abriendo los ojos aún más sin ser capaz de quitarle de sus labios. OTRO BESO A UN NIÑO, GERMANIA!
Romita abre los suyos para conseguir otro beso de amor como el de ayer y ahí va, al precipicio... Entreabriendo los labios también y volviendo a rozarle un poco con la lengua.
Va a durar el beso un millón de años en lo que Roma vuelve a hacerse adulto. Un adulto sexy y desnudo en sus brazos. Germania se siente perfectamente culpable de besarle así, pero no puede evitarlo, profundizando cada vez más el beso con los ojos cerrados y sintiéndolo cada vez mas pecaminoso, prohibido e incorrecto
Y cada vez más experto y parecido a como normalmente le besa, con la boca del tamaño correcto haciendo los movimientos precisos. Germania se pierde del todo soltando un gemidito y asustándose a sí mismo al oírlo. Roma sonríe con eso insistiendo más, ya sujetándose por su propio pie.
Es que a Germania pierde del toooodo la cabeza, cerrando los ojos y dejándose llevar, para cuando se separan el romano tiene hasta barba... y ha reventado toda la ropa.
—Aaaaah! —grita del susto Germania empujándole. Roma parpadea y sonríe, mirándose a si mismo de arriba abajo.
—Eres... Eres... Eras... Eras!
Se pasa una mano por el pelo moreno de la cabeza y luego por el del pecho.
—¡Eras un niño!
—Sí que lo era —nota.
—¡Y ya no lo eres! —se le acerca y le abraza aliviado, el romano se ríe y le abraza de vuelta—. Helena, verdammt! ¡La mataste TÚ! ¡¿Qué querías que te dijera?! —protesta apretándole contra si.
—Eso no, me hubiera destruido —le acaricia la espalda.
—Ya lo sé.
—Ojala no vuelvas a hacerte pequeñito nunca más... ¿Cómo pasó eso?
—No tengo ni idea... ¿no te gustaba de pequeñito? —se vuelve a reír, sin soltarle.
—Hacías preguntas.
—Todo el tiempo... lo sé, así soy. Cuando crecí aprendí a controlarme un poco y ser más manejable
—¿Esta es la versión tuya que es más manejable? —pregunta girando la cara a mirarle y sonriendo un poquito de lado.
—Por supuesto. Manejable y controlado —sonríe.
—Querías sexo conmigo y eras un CRÍO.
—Oh, sic —se ríe.
—¡Y me besaste! —sigue protestando.
—Y te gustó tanto que me volviste adulto.
—¡Yo no te volví nada!
—Claro que sí, mírame —se señala a sí mismo.
—Tú eres el que estaba tontamente siendo un niño
—No sé cómo pasó eso, tú eres el que sabe de magias raras.
—Tonto e incrédulo —sonríe un poco más con eso.
—Quid?
—Eres, tonto e incrédulo de la magia. No saber hacer ninguna —le acaricia la barbita con la nariz.
—Tú tampoco sabes hacer ninguna —cierra los ojos siguiendo el cariñito.
—Sí sé hacer una muy avanzada —se sonroja un poco.
—¿Cuál?
—Una que requiere despellejar a un romano a la luz de la luna —se sonroja un poco más.
—¡Despellejar! —risas.
—Cállate.
—Yo también hago una magia poderosa entonces.
—No es verdad, tu solo haces porquerías —le separa un poquito.
—Nah —le guiña un ojo y vuelve a besarle, esta vez se lo devuelve sin remordimiento.
Y hasta aquí, gracias por leer, esperamos que te haya gustado.
