Disclaimer: No sé que estoy hacienda con mi vida, además de escribir historias random. Tokyo ghoul es de Ishida Sui, alias el (literal) destructor de corazones.


Podrías ser feliz

«You could be happy»

iii. "La verdad es un precipicio que te hará caer"


Es un día lento, los clientes han ido y venido en periodos prolongados de tiempo; dándole la oportunidad de ir a la tienda de granos de café y regresar sin que un solo cliente atravesara la puerta. Suspira cansinamente, pensando para sí que no había necesidad alguna de apresurarse.

Se quita los zapatos deportivos mientras cuidadosamente se coloca las zapatillas de tacón bajo que usa con su uniforme.

Entonces suena la campanilla.

Escucha voces, pero ninguna es la que debería escuchar.

—¡Hey, nii-san, cuantas veces tengo que decirte…! —regaña y cuando se acerca lo suficiente el blanco inunda su mirada—, que saludes a nuestros clientes… —termina, casi conteniendo el aliento.

Touka se congela por un momento que se sienten siglos cuando él la mira. Hay un segundo, quizá dos, en los que siente que está viendo a Kaneki Ken y que él la mira de vuelta, pero cuando el segundero de su mente cuenta tres, tiene que recordarse que no lo es. Frente suyo hay un hombre (un poco más) alto, de sonrisa (un poco más) fácil y ataviado de blanco, que se supone no debe conocer.

—Por favor… —dice y sin darse cuenta sale de su boca como una plegaria— tomen asiento por aquí.

Después de escuchar su orden se aleja hasta la barra donde su hermano la espera, toma en sus manos temblorosas la tetera y comienza a verter agua caliente sin dirigirle la palabra. Él la observa, lo sabe, pero no se atreve a mirarlo, el agua salpica, la taza se derrama, ella maldice. Renji toma el agua de sus manos y con presteza prepara tres cafés antes de alejarse. Touka permanece mirando las tazas humeantes hasta percatarse de que el hombre se ha marchado a la mesa donde sus tres clientes esperan. Lo llama de vuelta y lo reprende, más no puede culparlo, todo aquello se asemeja más a una broma que a una casualidad, una cruel casualidad.

Cuando sus manos han dejado de temblar lo suficiente como para no derramar el líquido caliente, se acerca a entregar su pedido.

Dos palomas alaban el sabor del café y la tercera llora.

Touka le ofrece su pañuelo antes de decidir que después de todo quizá sí lo odia un poco.


"… y no quiero lastimarte, espero un día lo entiendas."