I want to write beautiful things but I ended up writing awful things instead… dammit.

Si se preguntaban porque estaba subiendo esto tan rápido y de repente me detuve es porque quería que estuviera arriba completo antes de que empezaran a salir los spoilers del capítulo 45, pero antes de que me diera cuenta el jueves se volvió viernes, después… después simplemente morí, entre todas las cosas, no esperaba eso. Ishida me mató, ahahaha, bye /cries

Este es técnicamente el final, técnicamente, pero no.


Disclaimer: Originalmente esto era un escrito feliz, culpen a Ishida Sui por el angst. Todo el angst y Tokyo ghoul le pertenecen a él, yo sólo quiero hacerme bolita y llorar.


Podrías ser feliz

«You could be happy»

v. "Eras la canción que sonaba de fondo todo este tiempo…"


A veces vuelve, de tanto en tanto, tras algunos días o algunos meses. Cada vez es distinta, en ocasiones observa con atención los libros (que no sabe fueron puestos ahí para él), otras mira ausente las decoraciones o las lámparas (como intentando encontrarles sentido) y a veces sólo la mira a ella (como sabiendo que guarda un secreto).

—Lo siento, mi hermano tuvo que salir, así que probablemente el café no sepa muy bien —dice, un poco demasiado rápido. Desde que llegó la ha estado observando a la distancia, así que está más ansiosa de lo normal—, todavía no puedo prepararlo como él.

El hombre toma la taza y da un sorbo.

—A mi me parece delicioso —sonríe complacientemente, ella no puede evitar hacer una mueca.

—No tienes que ser amable, ya sé que comparado con el de mi hermano es malo —gruñe por lo bajo—, por esa razón es que hoy no hay clientes.

Él abre los ojos con asombro e inesperadamente comienza a reír. Touka se avergüenza y haciendo amago de querer retirar la taza de café de la mesa, él toma su muñeca.

—Lo digo en serio, quizá no sea como el de tu hermano, pero estás casi ahí.

Ella lo observa, no muy divertida.

—Sin lugar a dudas te ganaste el título de "maestro" —dice con el ceño fruncido—. Se siente como si estuviera de regreso en la escuela y mi profesor de literatura estuviera tratando de consolarme por mis bajas notas.

Por alguna razón que no conoce, él amplia su sonrisa, usualmente hubiera intentado disculparse, pero su ceño arrugado es tan diferente de la mirada melancólica y sonrisa amable con la que ella usualmente le sirve, que él no puede evitar disfrutarlo con cada gramo de su parte masoquista.

—¿Eras mala en literatura? —dice, más entusiasmado de lo que debería.

—No demasiado —se defiende inmediatamente— es sólo que… odio la literatura clásica —sus palabras se encogen—, está llena de tragedias.

Él sonríe una vez más pero cuando recuerda los libros apilados en las estanterías se da cuenta que algo no tiene sentido.

—Oh, pero entonces ¿por qué tienen todos los libros de Takatsuki Sen aquí? ¿Acaso no casi todos son tragedias?

Es sólo una pregunta casual, pero el rostro de la mujer se llena de consternación. Él no tiene motivo para sospecharlo pero hay un momento de pánico en el que ella piensa que acaba de dejar que se le acerque demasiado. Está a punto de retirarse inventado una excusa cuando sus ojos se encuentran, el hombre parece confundido y preocupado, su semblante cubierto de una expresión familiar, de la sombra de aquel muchacho hace tiempo perdido en una vida diferente a esta.

Touka contiene el aliento y en contra de la lógica más pura, el miedo se desvanece dejando atrás la misma clase de tristeza que solía confundir con ira, pero ha pasado tanto tiempo desde la última vez que dejó aquellos sentimientos fluir al exterior, que ahora sólo pueden salir en forma de una sonrisa partida.

Es fácil decir que los libros son de Renji, pero no está del todo sorprendida cuando su boca articula la verdad.

—Hay una persona… —dice en un murmullo— amaba esos libros. La última vez que le vi, le dije cosas horribles —hace una pausa—, he estado reuniendo estos libros con la esperanza de que si algún día regresa pueda perdonarme.

Él la mira abrumado, antes de estrepitosamente hablar: —L-lo siento, no debí preguntar.

—No —musita—, está bien.

El silencio se asienta entre ambos, asfixiante como aire frío, él sabe que se ha inmiscuido en un asunto personal y que debería dejar de hablar pero se encuentra con que no puede detenerse.

—Seguro que te perdona —espeta—. La colección que tienes aquí es grandiosa, aparte de Takatsuki Sen, tienes libros muy buenos es casi como si…

La voz en su cabeza susurra… Fueran para mí.

Vacila y algo en su interior se revuelve.

—Te perdonará… aún sin los libros —habla lentamente mirando al vacío—. No pareces del tipo de persona que diría algo con mala intención.

Touka siente su pecho hundirse de dolor y una grieta enorme se abre paso en una esquina de lo que le queda de corazón, está a punto de romperse, lo sabe, pero cuando él la mira de vuelta, la grieta inesperadamente se detiene. Sus ojos la ven como esperando, en alguna parte de sí mismo, por ella, por respuestas que hace mucho tiempo prometió no dar.

No ahora.

No nunca.

Jamás.

"No me dejen sola."

"No lo haré."

Duda, la grieta cruje.

—Yo…

"Si mueres Touka-chan, probablemente estaría triste."

"¿… debería ayudarte?"

"Lo siento. Touka-chan me enseñó pero todavía no lo puedo hacer bien."

"Touka-chan…"

"Quiero protegerlos a todos."

La mujer cierra los ojos con fuerza, tiene que hacerlo, repitiendo el mantra en su cabeza una y otra vez:

'Es mejor no verlo, es mejor no recordarlo, es mejor dejarlo ir.'

(Eres demasiado importante).

(Se feliz donde no pueda verte).

(Por favor…

por favor…

Perdóname).

El nudo en su garganta se endurece.

La puerta por fin se abre.

—… Volví, creí que no abrirías la tienda hasta que regresara…

Los dos se exaltan antes de voltear a ver al hombre que acaba de entrar al establecimiento. En un instante de perplejidad ninguno de los tres se mueve, pero el recién llegado no tarda en notar como una mano olvidada y una muñeca poco consiente siguen atadas.

Hombre y mujer siguen su línea de visión antes de apresuradamente separarse el uno del otro.

—Lo siento no me di cuenta —espeta, poniéndose de pie.

—No, está bien —responde sin mirarlo.

—Tengo que irme —agrega, colocando el valor del café sobre la mesa. Mientras sale, dedica un saludo corto a la persona en la puerta y se aventura a la acera sin mirar atrás.

A través del ventanal de la tienda, Touka es capaz de ver su silueta alejarse, cuando él gira en la esquina, la imagen de su semblante le grita que es la última…

La última.

No sabe exactamente cómo, pero ignorando la mirada inquisidora de su hermano, sus pies se mueven, primero lento, después con una velocidad peligrosa para alguien que intenta pasar desapercibida en los radares de la CCG.

Sólo le toma un momento, muy corto para si quiera preparase, pero teniéndolo por fin a su alcance, lo llama.

—Espera… —exclama y es muy tarde para darse cuenta que no sabe que decir.

El hombre se detiene en seco, perplejo.

Ella respira profundo, sin encontrar sus palabras. Ambos sólo se miran y el viento pasa suave, susurrando secuencias del pasado, historias sobre un río y un puente, de conejos y libros, de lágrimas y tragedias.

Touka las ignora todas y espera que él tenga mal oído.

—No tienes que pagar el café —dice por fin, haciendo su raciocinio a un lado —. Era malo y además no bebiste mucho, no… no quisiera asustar a un cliente —miente, mientras busca entre sus bolsillos dinero que obviamente no tomó de la mesa.

—No —espeta atropelladamente—, qué clase de cliente sería si no pagara… —se lleva una mano torpemente a la nuca.

—Pero…

—Está bien, por favor quédate con el dinero —él la mira en silencio un momento, antes de continuar con tímida reticencia—, pero a cambio… ¿Me dirías tu nombre?

Ella lo observa estupefacta y sin darse cuenta contiene el aliento.

Un recuerdo antiguo acude a su memoria, dos amigos, una mesera y un anticuado café.

Una pregunta y una respuesta que ya no puede dar.

—Yomo —dice, sin mirarlo directamente.

Él espera un poco por su nombre de pila, pero cuando se da cuenta que ella no planea dárselo siente algo parecido a la decepción asentarse sobre su estómago.

—Soy Sasaki Haise. Mucho gusto, Yomo-san —extiende su brazo y la desazón se expande al salir las palabras de su boca.

—Mucho gusto, Sasaki-sensei —contesta al tomar su mano.

Él sonríe en dulce ignorancia, no hay forma de que sepa que en el momento en el que ambos se tocan y sus ojos plagados de nostalgia (y secretos) lo encuentran, ha vuelto al lugar al que antes perteneció y que ahora no puede recordar.

Ella sonríe sabiéndolo y lo perdona, pidiéndole disculpas también, por no haber sido fuerte en el pasado, por no saber las palabras que pudieron haberlo salvado.

—Mucho gusto —repite, su sonrisa se amplía hasta casi romperse y su voz se tiñe de esperanzas, de deseos, todos para él.

No vuelvas. Se feliz.

Se feliz.

Se despiden superficialmente y cuando lo ve desaparecer en la distancia, Touka se convence de que no regresará.


"Y que ahora, por fin se ha detenido."