La semana pasada tenía mucho que hacer y quería reescribir algunas partes. No sé que hice al final, pero por fin llegamos a él.
Why I'm doing this? 'cause I can. Maybe, I'm evil inside.
Notas: No olviden que probablemente nada de lo aquí descrito es canon ¯\_(ツ)_/¯.
Los amo, no me odien c:
Disclaimer: Tokyo ghoul es de Ishida Sui, el monstruo. Yo escribí esta historia, lo siento.
Podrías ser feliz
«You could be happy»
vi. Postludio
Mira el plato en frente suyo con repudio mientras sujeta con fuerza su celular y el pequeño llavero de conejo se balancea. Acaba de alimentarse y aún así no puede deshacerse de la sensación de vacío, no importa cuánto trate, a veces sólo siente que debería dejar de comer, de moverse, permanecer estática hasta que todo acabe, pero cada vez que intenta hacerlo, en su mente aparecen los vívidos colores de las corbatas ridículas de Koma, la sonrisa amable pero sardónica de Irimi, recuerda las palabras gentiles del gerente, y es entonces que sus manos sin fuerza se mueven, para tomar la carne y meterla en su boca con desesperación y remordimiento.
No puede morir, no así, no cuando tantas personas le pidieron que continúe.
Encerrada en esa pequeña habitación, Yomo le ha procurado alimento, ha ido tan lejos como para cortar la carne de manera que no tenga más forma humana y pueda comérsela sin titubear. Es risible, considerando que la última vez que comió de esa forma fue en una época olvidada, cuando su padre todavía vivía. No sabe en qué momento se convirtió a tan patética versión de sí misma, a aquella niña perdida que llora en silencio, que no puede comer la carne de sus primeras cazas sin sentir el desasosiego apilarse en la boca de su estómago hasta hacerla casi vomitar.
Es extraño como las cosas cambian, es extraño como alguien que vive de arrebatar vidas aprende el peso que una sola de esas existencias tiene, es irónico que precisamente un hombre que ha cometido los mismos pecados que ella sea el único que se lo enseñe, con su argolla dorada tan parecida a la que sus padres dejaron atrás. Es risible… realmente lo es, que una vida termine tan fácilmente, que un día puedas verlos sonriendo en la puerta de entrada y al siguiente sólo sabes que jamás regresaran. Es duro darte cuenta que las cosas cambian, que la gente cambia, que la vida no siempre es justa y que hay sueños que jamás se cumplirán.
Nunca quiso algo realmente grande, sólo esperaba ir a la universidad, estudiar biología y quizá convertirse en profesora… siempre le gustó el colegio, pero ahora no podría graduarse y no sería capaz de enseñarle su diploma a Irimi, como secretamente había deseado.
No sabrá si los sueños de Yoriko se cumplen, ni si su amistad es de aquellas capaces de superar el tiempo. Le romperá el corazón desapareciendo y Touka desea con tal desesperación llamarla que tiene que clavarse las uñas en la palma para recordarse que ya no puede, que junto a Anteiku su vida como humana también desapareció. Ya no es más "Kirishima Touka", sino simplemente el ghoul llamado "Touka", ni siquiera sería capaz de conservar lo único que Ayato y ella todavía compartían.
Su nueva vida sólo estaba llena de "Ya no…",
"Nunca más…"
(de nuevo).
—Touka.
Escucha su nombre, enfoca la vista y es capaz de ver al hombre que la espera en la puerta.
Con dificultad se pone de pie y se dirige en su dirección, cuando acaba de ponerse los zapatos se da cuenta que la observa sin decir nada. Él vacila por único momento que parece una pequeña eternidad.
—Touka, Nishiki me dijo…—empieza, pero parece arrepentirse de la forma en la que inicia e intenta de nuevo—. Touka… hay algo que no te he dicho —continúa suavemente—… Ken estaba en la redada.
—¿Huh? —es todo lo que alcanza a balbucear, antes de que el entendimiento se deslice dolorosamente en su cabeza.
'No prisioneros en Cochlea, aniquilación total'
Su respiración se detiene, no pasa mucho hasta que su labio inferior comienza a temblar incontrolablemente y baja la cabeza.
No llora, o al menos se engaña creyéndolo.
Yomo le da un momento antes de abrir la puerta y salir, ella va detrás.
En todo el trayecto ninguno habla, Touka sigue a ciegas la silueta del hombre, sumergida en la más profunda miseria. Jamás había perdido tantas cosas al mismo tiempo, jamás tan rápido. Si alguien le hubiese dicho que abrir el corazón a tanta gente sería así de doloroso, ella misma se lo hubiese arrancado. Y ahora él… aquel idiota con complejo de héroe, aquel que no merecía ni siquiera un gramo de la desgracia que lo asediaba… ahora él…
Tiene que tragar fuerte, para evitar un sollozo.
'La vida no puede ser así de injusta… no para él que es un ser humano… no para él…' repite incansablemente mientras gotas gruesas se escurren de sus mejillas.
Caminando sin vida, por fin mira al frente, descubriendo su destino.
Las palomas han terminado de buscar información y sólo las ruinas de madera y loza han permanecido para susurrarle sobre el pasado. Touka se detiene y se deja absorber por el vacío en su pecho, por los sonidos de risas, el aroma del café y los fantasmas de personas que ya no volverán. El dolor se expande tan rápido y tan orondo que apenas puede respirar.
En la cúspide de su castillo de arena, los trozos de su corazón se dispersan entre los escombros, no le queda nada o al menos eso piensa, pues en un rincón ella lo encuentra, derramando agua y confundiendo órdenes, sonriendo torpemente como si nada hubiera ocurrido. Entonces se sujeta a él, primero tímidamente, después con fuerza, y por un momento, que marca el resto de su existencia, ella cree.
Aún cuando los años se sumaron en deseos inútiles, mientras las sombras de la desesperanza le arrancaban la fe a pedazos, ella se mantuvo creyendo, hasta que cruelmente el azar le muestra –envuelto en un largo abrigo blanco y cargando una maleta– que no puede permitirse desear que vuelva.
Touka de nuevo se encuentra con un puñado de esperanzas, que lejos de cumplirse se transforman, lenta y tortuosamente, a cosas que nunca hubiese creído.
Y cuando por fin se ha acostumbrado a no esperar su entrada por la puerta, cuando se ha convencido de que un ser humano debe estar sólo con sus iguales y que será capaz de encontrar la felicidad de esa forma, cuando cree que ya no la necesita más… Él regresa.
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