N/A: No tenéis que olvidar que en el colegio se habla ruso (o algún idioma de por ahí, no estoy seguro de cual es). Bellatrix lleva varios años estudiando este idioma para poder ir al colegio. Sus hermanas también hicieron lo mismo.
Tenía los músculos entumecidos. Sentía todavía el cuerpo adormecido por la hora que era. Eso descontando el hecho de que había dormido muy mal.
Bellatrix parpadeó varias veces para acostumbrarse a la poca luz que reinaba en aquel lugar.
Recorrió con sus perspicaces ojos la sala en la que se encontraba. No tenía ventanas, tan solo unas pequeñas rendijas por las que entraba una luz distorsionada. La única forma que había de entrar en aquel lugar era una vieja chimenea, cubierta de polvo, en la que brillaba un fuego casi consumido.
Varias familias, junto a sus hijos - algunos mayores, otros más pequeños - se encontraban conversando en la sala. Todos magos y, por supuesto, sangre limpia. No eran muchos.
Inconscientemente se fundió en los ojos violetas de otra muchacha, aproximadamente de su misma edad. Ella no sonrió. Tampoco se acercó. Sólo se dedicó a observarla.
Ignorando el reguero de sangre helada que recorrió su espalda, Bellatrix se obligó a mantener la mirada, a pesar de que su corazón le pedía lo contrario.
Con los únicos ojos con los que se había sentido intimidada hasta ese momento habían sido con los de su primo.
Ahora que se había librado de sus ojos azul cobalto, aparecían otros... brillantes y violetas para sustituirles y provocarle la misma sensación. ¿Le perseguiría él hasta el fin del mundo?
Observó disgustada como en el rostro de la chica aparecía una media sonrisa. Lo que más odio fue que no supo cómo interpretarla. ¿Había visto la chica su inseguridad? ¿Tal vez conocía sus pensamientos? No, eso era imposible.
La chica ya no la miraba. Besó a su madre en la mejilla, con una sonrisa de despedida.
En ese momento, Bellatrix se alegró de estar sola. No supo porqué, pero sintió nauseas al imaginarse besando a su tía en la mejilla.
Se alegró de que su tía no la quisiera. Se alegró de que sólo la cuidara por el dinero y por mantener viva la sangre Black. No iba a admirarla menos por esa estupidez Al fin y al cabo, sus sentimientos hacia ella tampoco eran lo que se dice muy profundos.
No había tenido que insistir mucho para que la dejara ir sola a Portsmouth. Este lugar, en el sur de Inglaterra, era de donde salía todos los años el transporte hacia el castillo de Durmstrang.
-Hola, Bella.
Bellatrix levantó la vista para encontrarse con su hermana, a la que no veía desde hacia casi dos años. Le disgustó que se hubiera convertido en una muchacha corriente, sin ningún atractivo, cosa que ocurría rara vez en un Black. Solo había que mirar a su tía, a Sirius o, sin ir más lejos, a ella misma. Todos ellos tenían algún atractivo y una personalidad fuerte, sin excepción. En cambio Narcissa, con su pelo rubio ondulado... Bellatrix se preguntó de quién lo habría heredado.
Se dio cuenta de que no la había contestado y reaccionó con brusquedad.
-Hola.
No se molestó en levantarse, ni en darla un beso. Mucho menos un abrazo.
Narcissa no sonrió, sino que ahora miraba con aire ausente a las personas que seguían entrando por la chimenea, como si esperara a alguien. En cuanto apareció una chica de su edad de pelo castaño, se marchó sin despedirse.
De repente, se puso alerta. Había escuchado un extraño crujido. Asombrada, vio que una de las paredes de la sala iba desapareciendo, como si la materia se desvaneciera.
Y entonces Bellatrix vio el mar. Un mar calmado, con una espuma blanca moviéndose con las olas. El olor a sal marina inundó sus sentido, provocando una fugitiva sonrisa en sus labios.
Bellatrix vio algunas caras sorprendidas cuando de entre las aguas apareció un mástil, seguido del, extraordinariamente seco, casco. La madera del navío era oscura, incluso llegaba a resultar un poco siniestra. Por todo el casco brillaban plateadas y bellas figuras de ninfas de las aguas y, enroscadas alrededor de sus perfectos cuerpos, había serpientes huidizas, que no paraban de deslizarse.
Impulsada por arte de magia, una pasarela cayó pesadamente sobre el suelo de la sala, uniendo ésta y la cubierta del barco.
Fueron los alumnos mayores los que subieron primero. Bellatrix siguió a un chico moreno un poco más alto que ella hasta la cubierta, donde descubrió una abertura de buenas proporciones. La escalera que daba al piso inferior crujió en cuanto pisó el primer escalón.
Era imposible que una sala de ese tamaño entrara en el barco. Bellatrix miró alrededor abrumada. Por muy grande que fuera éste, estaba segura que la magia había intervenido.
No tuvo que fijarse mucho para darse cuenta de que había bastantes más alumnos que los que había habido en la sala de Portsmouth. ¿De dónde habían salido?
Se abrió paso como pudo entre los grupos de estudiantes que conversaban, alegres por reencontrarse con sus amigos después de un largo verano.
Se sentó en uno de los muchos bancos que habían. Eran cómodos, con suaves cojines granates de terciopelo. El respaldo era directamente el interior del casco del barco, de una madera oscura y bien encerada. Al apoyar la cabeza en la pared, Bellatrix juró oír unas risas lejanas.
Extrañada, se incorporó y miró a su alrededor, pero las risas habían desaparecido. Entrecerró los ojos para acostumbrarse a la cálida luz que emitían las velas y observó la calle a través de unos pequeños y extrañamente situados trozos de cristal en la pared. No recordaba haber visto desde el exterior esos cristales, pero luego evocó el insólito brillo que presentaban los ojos de las ninfas.
Oyó un crujido y de repente la luz que entraba por las escaleras que daban a la cubierta desapareció. Sintió como el barco se hundía, pero en ningún momento dejó de mirar a través de los cristales. El agua cubrió su visión del exterior y todo se enturbió. Sintiéndose decepcionada, apoyó la espalda en la pared y sacó el libro que había estado ojeando la noche anterior. El viaje duraría varias horas y no pensaba perder el tiempo.
Sin ninguna clase de aviso, el navío se detuvo. Había hecho ya varias paradas para recoger a más alumnos, pocos de los cuales hablaban bien inglés.
La temperatura había ido bajando con el paso de las horas, y Bellatrix – al igual que muchos otros – se había puesto la gruesa capa para mantenerse en calor.
Había estado leyendo casi todo el viaje. Después de acabar el primer libro, había comenzado a leer la historia de Durmstrang, pero en vista de los gritos de los estudiantes había desistido hacía ya tiempo. De todas formas ya había descubierto el porqué de tantas paradas. Al parecer, el barco hacía escala en varios puntos ya fijados previamente. Así, los alumnos tenían que dirigirse al que les quedara más cercano. La primera parada había sido en San Petersburgo, y los alumnos que había en el barco antes de subir ellos eran los de esta primera parada, puesto que la segunda era la de Portsmouth. La tercera era en Génova (Italia) y ya no volvía a parar hasta Atenas (Grecia). Por fin, la última antes de llegar era en Bulgaria. Luego el barco seguía sin parar atravesando el Mar Negro y varios ríos hasta llegar al embarcadero de Samara, en Rusia.
"Y en Samara – dedujo Bellatrix – es donde nos encontramos"
Volvía a mirar por los cristales con forma de ojo y advirtió que ya estaban en al superficie. Podía ver un inmenso lago helado, a través de cual el barco se abría paso. ¿Hacia dónde se dirigían? Porque por mucho que Bellatrix se esforzó, no logro ver ningún castillo ni nada que pudiera pasar por tal entre los copos de nieve que caían, cubriéndolo todo de blanco.
No pudo evitar soltar un grito de admiración cuando en mitad del lago vio un colosal arco de hielo, bellamente esculpido. El barco se dirigía hacia allí. Cosa en verdad estúpida, pensó Bella, puesto que al otro lado del arco el lago seguía sin verse la orilla.
Pero parecía que el barco – o quien lo manejara – no pensaba igual, puesto que lo atravesó sin dudar. Y ahora no fue solo Bellatrix quien soltó una exclamación, ya que muchos de los alumnos de primero miraban por los agujeros como el lago se había convertido en una gruta sujeta por serpientes de piedra impasibles que hacían de columnas. Bellatrix no alcanzaba a ver el techo de la gruta, sin embargo, ésta era muy estrecha.
Bella calculó que navegaron por esa gruta durante algo más de media hora. Todos los alumnos que veía por primera vez este espectáculo esperaban en suspense, pensando que pronto ocurriría algo nuevo y portentoso.
Y en efecto, así fue.
Un grupo de alumnos estrelló contra el suelo varias bengalas, provocando que los fuegos de colores se alzaran algo mas de un metro del suelo. Los chillidos de excitación hicieron, a su pesar, apartar la vista a Bellatrix de la gruta. Al ver lo que ocurría, notó un pequeño estallido de ira en su estómago.
-Idiotas.
No había querido decir la palabra con tanto desprecio, sino que inconscientemente le había salido así. Al girar la cabeza, sus ojos coincidieron con los de un chico de su edad.
En sus ojos grises pudo averiguar que compartía su opinión. El pelo negro, alborotado, le salía en todas direcciones, dándole un aspecto cómico. Pero a la vez la madurez se leía en todos sus gestos... en sus labios gruesos levemente abiertos, en su nariz recta de romano, en sus manos bien cuidadas que mantenía apoyadas en la pared.
Nunca una cara se le había grabado de forma tan permanente. Tampoco una cara se la había ido nunca de la cabeza con tanta rapidez.
En cuanto volvió a posar sus ojos en los cristales, el paisaje cambio radicalmente. Las paredes se ensancharon de forma que se alejaron tanto que no se veía el final. Las columnas desaparecieron, y ya todo era roca viva. El río que habían recorrido por la gruta se había convertido en una hermoso lago de aguas cristalinas. Y a lo lejos se divisaba el blanco de la hierba cubierta de nieve.
Seguían estando en una gruta, pero en una de dimensiones descomunales.
Al pisar la nieve, advirtió algo en lo que no se había fijado antes. Los copos caían como si al mirar hacia arriba lo que vieran fuera cielo, y no roca.
Recorrieron los campos, con sus suaves lomas y árboles desnudos, hasta que llegaron a una escalera que bajaba.
Empezaron a descender por los escalones de piedra gris, deteniéndose alguna vez, puesto que parecían no acabar nunca. Además, los escalones iban haciéndose más largos. Bellatrix supuso que si viéramos desde el aire la escalera, ésta tendría forma de embudo.
Ni siquiera los alumnos más antiguos se recobraban nunca de la visión del castillo de piedra dentro de una gruta, y mucho menos cuando nada más pisar el último escalón se encontraban con una colosal puerta de metal, decorada con millones de serpientes de todos los tamaños que no dejan de deslizarse, unas encima de otras, de manera que nunca pasan dos veces por el mismo sitio.
Se escuchó un crujido casi de ultratumba, y las puertas del castillo se abrieron.
El hall tenía una forma redondeada. Una gran araña colgaba del techo, y si hubieran tenido tiempo de contar las velas, les hubiesen salido cientos de ellas. La luz que emitían era anaranjada, y daba a las frías paredes y suelos de piedra una extraña calidez.
Además de la puerta, que se había cerrado tras ellos con un golpe seco, el hall tenía otra salida hacia el interior del castillo.
Eran unas escaleras que ascendían y que a los pocos metros de empezar se bifurcaban en dos más. Siguieron por la del medio, y Bellatrix se prometió investigar a dónde conducían las dos escaleras restantes – ambas descendían – en cuanto dispusiera de tiempo.
Al llegar al final de las escaleras, se dio cuenta por primera vez que habían estado siguiendo a dos alumnos mayores, que ahora se intentaban hacer oír.
-¡Atención! Por favor, ¡los de primero! - gritaba el chico por encima del vocerío - ¡Los que no sean de primero que vayan pasando al Comedor, por favor!
Prácticamente todos los alumnos entraron por las puertas que daban al Comedor. Cuando pasó el último, las puertas se cerraron y el silencio se impuso entre los estudiantes más jóvenes.
-Bienv...
-Es suficiente, señor Vohnke. Ya me encargo yo de ellos - luego se giró a la acompañante del chico - Usted también, señorita Stillwell. Váyanse al Comedor los dos.
Una vez los dos alumnos se hubieron marchado, el profesor encaró a los chicos. Bellatrix lo miró con mucho interés, pensando en el respeto que inspiraba ese hombre aunque no se le conociera. No podía apartar la mirada de él, de sus impenetrables ojos de obsidiana, enmarcados por cejas unas espesas y oscuras.
Era un hombre robusto, alto. Bella calculó que tendría unos cuarenta años. Vestía con sencillez, aunque la elegancia natural que poseía no se la quitaba nadie. Llevaba el pelo negro, corto y vestía una túnica azul marino, ribeteada con finas líneas grises, casi plateadas.
-Bienvenidos a Durmstrang.
Bellatrix escuchó algún tímido agradecimiento por el final de la fila de alumnos, que seguramente el profesor no esperaba.
-Soy el profesor Beloch, subdirector de este colegio y profesor de Artes Oscuras - anunció con voz enérgica.
Bellatrix asintió inconscientemente. Se sentía completamente absorbida por la personalidad del hombre que tenía delante.
Detrás de estas puertas - dijo señalando a su espalda - está el Comedor. Dentro de un momento entraremos para repartiros en las diferentes casas, pero antes quiero explicaros varias cosas. Como ya debéis de saber, puesto que todos pertenecéis a familias de magos, hay tres casas. Si vuestra familia es sangre limpia desde hace más de quinientos años, seréis de Münzenicht; si tiene menos de un siglo de antigüedad, seréis de Straglenheiz y si tiene más de uno pero menos de cinco siglos, seréis de Baumkrone.
El profesor se quedó callado para ver si había alguna duda, pero al ver que todos le miraban fijamente, decidió continuar.
-Espero que todos hayáis traído los pergaminos con el vuestro árbol genealógico escrito. Cuando entremos, quiero que todos los depositéis en este baúl negro que tengo aquí a mi derecha.
Bellatrix se fijó en que varios alumnos se pusieron de puntillas para ver de que hablaba el profesor, pero ella se quedó quieta. No podía apartar la mirada del hombre.
-El alumno más... ¡Por favor, silencio!
Bellatrix fulminó con la mirada a una chica con aspecto de muñeca que estaba cuchicheando con un chico alto para su edad, que no le hacía ningún caso. Al ver que el profesor la miraba con dureza, cerró la boca.
-Gracias, señorita -comentó, no sin cierta ironía - Como estaba diciendo antes de que me interrumpieran, el alumno que tenga la familia de sangre limpia más antigua del año recibirá una condecoración, que esperamos que luzca con orgullo.
Hubo unas pocas sonrisas entre el alumnado. Bellatrix no sonrió, no porque no deseara tener esa insignia, sino porque deseaba mucho más conocer el nombre de pila del profesor.
-También es importante la Copa de las Casas. La ganará la casa que más puntos consiga durante el curso. Vuestros aciertos darán puntos a vuestra casa, mientras que vuestros fallos se los quitarán. Y ahora que ya está todo explicado, vayan pasando hacia el Comedor sin olvidarse de dejar el pergamino en el baúl, por favor.
La masa de alumnos se empezó a mover. En filas de dos en dos fueron dejando los pergaminos y atravesando las puertas, que se habían abierto.
Bellatrix caminaba al lado de una chica cuando entró en el Comedor. Estaba bien decorado, aunque resultaba bastante frío.
Había tres mesas largas donde se sentaban los alumnos por casas. Perpendicular a éstas y encima de una tarima de piedra había otra mesa, con adornos más complejos, en la que se sentaban los profesores.
En la pared del fondo se veía un relieve en el que figuraba el escudo de Durmstrang, en el que salía representado lo que parecía un árbol seco. Era sorprendente la cantidad de ramas que poseía éste, y Bellatrix supuso que simbolizaban las generaciones de sangre limpia.
No pasaban desapercibidas las palabras "Sturm und Drang", que según había leído en el barco, venían del alemán y significaban "Tormenta e Impulso", el lema de Durmstrang.
-Anda más rápido – le susurró una chica a su espalda.
Bellatrix aceleró un poco el ritmo, consciente de que se había quedado rezagada de su compañero de delante.
Los alumnos llegaron al pie de la tarima y allí se detuvieron. El profesor Beloch, con el baúl flotando a su lado, se abrió paso entre los estudiantes. Llevaba la varita en la mano y de vez en cuando la movía para cambiar la dirección del baúl.
Subió a la tarima, de forma que sobresalía mucho entre los alumnos de primer año. Así todo el colegio lo podía ver a la perfección.
Abrió el baúl, y Bellatrix observó aun con más atención, si eso era posible, al profesor Beloch.
-Diré vuestros nombres uno por uno – exclamó con voz potente para hacerse oír, aunque no hacía ninguna falta ya que todo el Comedor estaba en un silencio sepulcral – Os acercaréis y tocaréis el pergamino. Aparecerá entonces el nombre de la casa para la que habéis sido seleccionados.
El profesor se detuvo un momento y observó durante unos minutos a los alumnos nuevos, poniéndoles nerviosos. Parecía que le gustaba este juego.
Bellatrix no se dejó intimidar. Sabía de antemano en que casa iría, al igual que todos los de allí. Entonces, ¿para qué hacían todo esto?
El profesor Beloch metió la mano en el baúl y sacó al azar un pergamino. Esto sorprendió a Bellatrix, que pensaba que sería de las primeras al empezar su apellido por B. Pero si no iba por orden alfabético... ¿cuánto tendría que esperar para que todo el colegio se enterase de la antigüedad de su sangre?
-Bethany Staffler.
Un chiquilla redondeada de pelo ondulado se acercó hasta ponerse al lado del profesor Beloch. Tocó el pergamino con una mano temblorosa y unas letras escritas a mano de color verde oscuro aparecieron en el pergamino.
-¡Straglenheiz! - exclamó el profesor, provocando un torrente de aplausos en la mesa de dicha casa – ¡Luc Nguyen!
Ahora fue el turno de un chico tímido con unos impresionantes ojos negros. Bellatrix intuyó en él una chispa de inteligencia, aunque se llevó una decepción inmediata.
-¡Baumkrone!
Los alumnos fueron pasando, y el grupo en medio del pasillo se iba reduciendo por momentos. No eran muchos los que quedaban por ser repartidos. Y de todos los alumnos que habían pasado solo dos habían sido elegidos para Münzenicht. Un chico grande llamado Rob Schultz y la rubia a la que el profesor Beloch había regañado antes. Bellatrix suspiró de satisfacción al ver como temblaba la chica cuando el profesor la miró con dureza.
-¡Zahn Novak!
El muchacho que habían estado sentado a su lado en el barco se adelantó. Bellatrix se sintió mucho más interesada por él al ver con que decisión lo hacía.
-Münzenicht.
Sin saber porque razón, se sintió aliviada de que no tuviera una sangre inferior a ella. Después de Zahn – Bellatrix se repitió el nombre varias veces. Le gustaba como sonaba – salió un tal Shane Weiss elegido para Straglenheiz y luego la muchacha de los ojos violetas, que salió para Münzenicht, lo cual no sorprendió a Bellatrix lo más mínimo.
Como si no hubiera estado presente en el Comedor hasta ahora, se dio cuenta del silencio que reinaba. Parecía que estuvieran conteniendo la respiración.
"Que estupidez – pensó – ¿Cómo es que no me he dado cuenta?"
Bellatrix era la única alumna que quedaba en pie. Estaba en medio del pasillo, sola. Era la única que quedaba por ser seleccionada.
Sentía todas las miradas del Comedor puestas en ella y se empezó a poner nerviosa.
"¿Qué es lo que miran? ¿Nunca han visto a nadie quedarse el último?"
Respiró hondo y avanzó con paso seguro cuando el profesor Beloch pronunció su nombre en voz alta.
-Otra Black, lo sabía. ¿Has visto cómo se parece a Andrómeda? Seguro que vuelven a ganarlo – susurró alguien en una de las mesas.
Bellatrix estuvo tentada de girarse y encararle. Preguntarle si tenía algún problema con que fuera una Black... preguntarle... preguntarle qué es lo que iba a ganar. Pero haciendo un esfuerzo se contuvo. Siguió andando, y sus ojos coincidieron con los negros del profesor. La recorrió un escalofrío.
-Toque el pergamino, señorita Black – murmuró, de forma que solo ella lo oyera.
Bellatrix alargó la mano y sintió el tacto del pergamino en las yemas de los dedos. Observó como se formaban las letras verdes bajo su mano. De pronto, la retiro. Había sentido un pinchazo. Se miró el dedo corazón, intentando controlar sus nervios. Justo en la yema estaba apareciendo un tatuaje en tonos granates y grises. Plasmaba, como en un trabajo en miniatura, la letra "B" de su apellido entrelazada con el lema de Durmstrang. Se leía perfectamente y, sin embargo, la letra era diminuta.
-Münzenicht - gritó el profesor Beloch, sacando a Bellatrix de su estudio del tatuaje.
El director, inesperadamente, se levantó.
-Señorita Black.
Bellatrix se giró hacia él de inmediato, estudiando su cara. Era un hombre de unos sesenta años, con un pelo sorprendentemente negro que le llegaba por los hombros. Lo llevaba oculto bajo un gorro puntiagudo. Tenía una característica perilla picuda, pero lo que más atrajo a Bellatrix fue su extraña sonrisa. No se podía decir si estaba contento... triste o, simplemente, permanecía indiferente a todo.
Era un hombre alto y extremadamente delgado, con una nariz larga y un poquito curvada que le daba la apariencia de un halcón. Unas pequeñas arrugas adornaban sus centelleantes ojos dorados, muy calurosos, todo lo contrario a su físico, que inspiraba un sentimiento de frialdad.
-Espero que se dé usted cuenta del enorme honor que supone ser el portador de ese tatuaje.
Bellatrix no se movió ni dijo nada. Estaba demasiado impresionada para hacerlo. El director se tomó la libertad de continuar, a pesar de no haber obtenido respuesta.
-Todos los años sale elegido un alumno. ¡El alumno que tenga la sangre más pura desde más antiguo! Estas personas escasean, y de ahí el inmenso honor que supone ser el elegido.
El alumnado respondió al discurso del director con aplausos bastante entusiastas.
-Estos pocos elegidos tienen derechos especiales, pero también obligaciones, no lo olvidéis. Por eso, señorita Black, le pido que vaya a reunirse con sus compañeros teniendo presente esta nueva condición que ha adquirido.
Una vez Bellatrix estuvo sentada, y después de ser felicitada por los dos prefectos, que resultaron ser los dos chicos que les habían conducido hasta el castillo – Louise Stilwell y Vuk Vohnke-, el director continuo hablando.
-Como cada año, me limitaré a repetir las normas del colegio. Como más importantes recordaremos que no se puede salir de las salas comunes después de las diez, así como bañarse cerca de la gruta del lago. Podéis consultar las restantes en el tablón principal, expuesto en el pasillo al salir del Comedor. Y dicho todo, creo que será buena idea dar comienzo al banquete.
Luego se giró al profesor Beloch, que acababa de cerrar el baúl. Bellatrix, que aún no se había servido nada de toda la comida que había aparecido, los miraba fijamente. Leyó los labios al director cuando hablo.
-Venga a sentarse, Gavriel.
Gavriel. Bellatrix lo susurró en voz alta, lo que hizo que una chica mayor que estaba sentada al lado suyo le pusiese mala cara. ¡Pero al diablo con ella! ¿Qué le importaba? Por fin había saciado su curiosidad. Ya sabía su nombre: Gavriel.
Se fijo en la cubertería, no muy lujosa, pero dotada de gran belleza y misterio. Tanto los platos como los cubiertos, pasando por las copas y las fuentes eran de cristal negro, adornados con una línea en los bordes dorada.
Bellatrix se sirvió un poco de todo y, mientras masticaba, deseó poder irse a la cama ya.
El director los despidió a todos y el alumnado se levantó para irse a las salas comunes. Esta vez los más jóvenes no siguieron a los prefectos, ya que ellos eran sólo de Münzenicht y no conocían las otras dos casas, o si las conocían, les estaba prohibido guiarlos. El caso es que los estudiantes de primero respondieron a las llamadas de cada jefe de casa, a quien siguieron obedientes fijándose en el camino para no perderse cuando tuvieran que ir solos.
El jefe de casa de Münzenicht era Gavriel, de lo que Bellatrix se sintió interiormente muy complacida. En el Comedor había visto también a otros dos profesores, dos mujeres más concretamente, cuyos nombres le eran desconocidos.
-¡No os retraséis! – exclamó Gavriel, deteniéndose para que los más rezagados lo alcanzaran.
Después de salir del Comedor había bajado las escaleras principales y habían girado por una de las escaleras que descendían. Habían descendido durante unos minutos hasta que llegaron a un pasillo muy largo. Al fondo, se dividía en dos. Gavriel les indicó que por el de la derecha encontrarían algunas salas en las que se impartirían ciertas clases. Él tomó el camino de la izquierda.
-Deteneos un momento – dijo alzando la mano.
Empezó a andar murmurando para sí. Cuando hubo dado trece pasos, se giró hasta quedar de cara a la pared y dijo una contraseña.
La pared se empezó a mover y apareció una puerta. Antes de entrar, explicó varias cosas:
-Son trece pasos. No vayáis más lejos porque este pasillo se corta – se detuvo un momento y señaló la puerta que se había abierto – Ahora subiremos por una escalera de caracol, pero no lo haremos hasta arriba del todo, como resultaría lógico. En el décimo peldaño nos detendremos y diré de nuevo la contraseña. Se abrirá otra puerta que llevará a la Sala Común.
Varios alumnos asintieron, indicando que comprendían todo. Gavriel continuó:
-Si seguís la escalera hasta el final – y aviso que son bastantes escalones – llegareis a una torre al aire libre, desde la que podréis ver los terrenos. Pero esa zona también está restringida a partir de las diez de la noche. Y ahora, por favor, seguidme.
Todo ocurrió como Gavriel había dicho. En apenas unos minutos, Bellatrix se encontró en la Sala Común de su casa.
Los tonos grises y granates estaban por todas partes en la decoración. Las paredes eran de piedra, al igual que el suelo. Para mantener el calor, había una chimenea encendida, rodeada por un sofá grande y dos orejeros. Para el estudio, se encontraban varias mesas redondas con sillas con cojines de terciopelo granates.
Las conversaciones entre los alumnos nacían por las habitaciones y Bellatrix se dio cuenta de que Gavriel de había ido. Lamentó no haber estado más atenta.
Vio a Andrómeda al fondo de la habitación, hablando con una chica de su curso llamada Kathy Frazier. No le apeteció ir a saludarla, así que se fue a su habitación.
Subió una escaleras y llegó hasta una puerta en la que vio un cartel que anunciaba:
Bellatrix Black
Kathryn Vessler
Ellery Marle
Abrió la puerta y entró. Tuvo que admitir que la habitación le complació bastante. Era bastante grande, con un gran ventanal con las cortinas rojo sangre corridas. Las camas estaban colocadas de forma que quedaban una en cada esquina. Todas tenían doseles blancos, bastante gruesos. Los baúles estaban colocados al pie de cada cama, sin abrir.
Bellatrix se dirigió hacia el suyo, con ánimo de ponerse el pijama y meterse entre las sabanas.
-Hola.
Bellatrix se giró hacia la puerta. La muchacha de ojos violetas que había visto en Portsmouth estaba allí, acercándose hacia ella. El mismo sentimiento de incomodidad ya conocido le recorrió todo el cuerpo.
-Kathryn Vessler – se presentó, tendiéndole la mano. Hablaba muy bien inglés.
-Bellatrix Black.
Bella le estrechó la mano ofrecida y se presentó, aunque no pudo evitar hacerlo de una forma distante. No se fiaba de ella.
-No hace falta que te presentes – murmuró con una sonrisa un tanto irónica – Todo el mundo está hablando de ti. Al parecer es algo ya normal que los miembros de la familia Black lleven el tatuaje.
Bellatrix se encogió de hombros, sin perder de vista a Kathryn.
-Nuestra familia es antigua – murmuró, sin saber que más decir.
-Eso parece – Kathryn dijo esto con un deje despectivo. Se quedó luego callada durante unos segundos - La mía también, pero, al parecer, no lo suficiente.
Bellatrix no había mantenido muchas conversaciones tan tensas y, desgraciadamente, ésta era una de ellas. Estaba alerta, dispuesta a responder a cualquier cosa.
Optó por ignorar el último comentario de la chica y se dirigió como tenía pensado hacia su cama.
-¿Sabes si va a tardar mucho la chica que falta? – preguntó Bella en un tono cansado y arisco.
-¿Ellery? No lo sé, me imagino que no.
-Voy a dormir. Espero que no me despierte cuando entre – dijo mientras abría el baúl y sacaba su pijama, de un violeta oscuro – Suelo ponerme de muy mal humor.
-Sería una pena – comentó Kathryn indiferente.
-Sobre todo para vosotras.
Se iba a poner el pijama cuando escuchó pasos apresurados que subían las escaleras. Se giro a tiempo para ver entrar a una chica de pelo rizado y rubio de peluquería, que parecía una muñeca de porcelana. Estaba llorando, y parecía haber caído en una ataque de histeria.
-¡Tú! ¿Cómo te atreves? – gritó a Bellatrix, que levantó una ceja extrañada. Intercambió una rápida mirada con Kathryn, y luego volvió a posar su vista sobre Ellery - ¡¡Es mío!! ¡Ese tatuaje me pertenece!
-Eso te gustaría.
-¿Cómo te atreves a quitármelo? ¡Eres una estúpida! ¡¡Una niñata que no tiene nada mejor que hacer!!
-¡Ellery! ¡Cállate ya!
Kathryn había intervenido, pero no con mucho entusiasmo. Bellatrix no creía que lo hubiera hecho para que dejara de insultarla.
-Estas haciendo el ridículo – masculló entre dientes.
-Pero... ella... – murmuró señalando a Bellatrix, mientras gruesas lágrimas le rodaban por las mejillas.
-Vete a la cama y olvídate de ella – dijo Kathryn, antes de meterse en la cama y cerrar los doseles. No volvió a hablar.
Bellatrix lanzó una mirada envenenada a Ellery que, todavía llorando, salió corriendo hacia su cama y se encerró tras las cortinas.
Podía oír sus gimoteos y pensó que sería mejor salir a dar una vuelta. Total, para quedarse en la habitación con esas dos, estaría mejor fuera. Todavía quedaba media hora para las diez.
Saldría a buscar a su búho, que ya debería de haber llegado. Le habían soltado en Londres para que fuera volando hasta el colegio. Su tía se había negado en rotundo a que el resto del alumnado la viera con semejante bicharraco.
Así que salió, pero antes preguntó a alguien que todavía quedaba en la Sala Común dónde quedaba la lechucería. Le indicaron el camino y llegó allí rápido, sin perderse.
En lo alto de una de las vigas vio a su enorme búho negro. Silbó para llamar su atención y vio como éste giraba su cabeza hacia ella. Bellatrix se preguntó porqué hacía eso, ya que era ciego, pero el caso es que en cuanto la "vio", descendió hasta donde estaba ella.
Bellatrix le acarició las plumas de la cabeza y le entregó unas chucherías que había cogido del banquete. Él las aceptó gustoso, ululando alegremente.
-Resulta un poco irónico... – comentó Bellatrix, dudando un poco antes de continuar - Pareces tan alegre y, sin embargo, pareces siempre ausente... por tus ojos, ya sabes.
Le volvió a acariciar la cabeza y pensó en si sería buena idea darle algún recado. Pero ¿qué recado? ¿Mandar una carta a su tía? ¿O tal vez a Sirius? Casi se rió en voz alta al pensar en esa idea tan descabellada.
-Curioso búho... aunque un poco extraño, ¿no crees?
Bellatrix se giró para encontrarse cara a cara con Zahn, que había entrado sin que ella lo oyera.
-Por eso me gusta – contestó Bellatrix sincera – No veo que misterio puede haber en tener una lechuza como todas.
-Supongo que tienes razón – murmuró acariciando a una lechuza pequeña, de plumas de un negro azulado - ¿Y no tiene nombre?
-Todavía no – dijo Bellatrix, confesándose mentalmente que había sido un olvido estúpido.
-Si se me ocurre alguno te lo diré – replicó Zahn con la mirada perdida en un punto imaginario.
-No hace falta.
Bellatrix se dirigió a la puerta, por la que salió después de despedirse.
Se había entretenido más de lo que había tenido pensado y estaban a punto de dar las diez. Bajó por la escalera central (por la que se subía al Comedor) y se encontró en la bifurcación de las otras dos escaleras.
Y en ese momento se detuvo. Una idea empezaba a formarse en su mente. Ya sabía a donde dirigía una de las dos escaleras, pero por la otra todavía no había bajado. ¿Y si...? Total, ya habían pasado de las diez, y si la pillaban ahora, no lo tendrían mucho en cuenta. Todavía no era muy tarde y era el primer día.
Escuchó pasos a su espalda y se giró, consciente de que si era un profesor le regañarían. No es que le importara mucho, pero vamos... Sólo era Zahn, quien se mostró sorprendido de encontrarla allí.
-¿Todavía estás aquí? – preguntó, parándose delante de ella.
-¿Y tú? – contestó ella, sin echarse para atrás.
Zahn miró a la escalera por la que había querido bajar Bellatrix unos segundos antes.
-Estás pensando en bajar, ¿verdad?
Bellatrix se encogió de hombros.
-¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso te vas a ofrecer a venir conmigo? – preguntó con acritud.
-Para nada. Sólo preguntaba. Creo que será mejor que me vaya... es tarde.
Zahn se marchó, dejando a Bellatrix sola.
No sabía porqué, pero Bellatrix había tenido la sensación de que Zahn había ido con la intención de seguir el mismo camino que ella estaba pensando en seguir. Pero al verla... se había echado atrás. ¿Por qué?
Y en ese momento se convenció. Bajó el primer escalón y fue como si ya estuviera todo hecho. Respiró profundamente y bajó los restantes. Ya podía cruzar los dedos para que no la pillaran.
Se asomó por la primera puerta pero sólo era un aula. Y en ese momento se dio cuenta de que no iba a encontrar nada interesante allí. Lo mejor sería volver. Sin embargo, sus piernas no le respondían, y siguió andando por el pasillo.
No iba a tener tiempo de verlo todo, ya que había varias escaleras que no se atrevía a subir, por lo menos a esas horas. No por temor a un profesor, sino porque se podría perder y eso si que sería un problema. Decidió seguir en línea recta y olvidarse de los pasillos laterales.
Se detuvo ante una puerta entornada. Salía luz del interior. Escuchó unos pasos y unas palabras.
-¿Dónde está? Le dije que le estaría esperando.
Reconocía esa voz. Sintió la excitación crecer en su estómago. Al final si que había encontrado algo interesante: el despacho de Gavriel.
Irreflexivamente, se quedó delante de la puerta un buen rato, viendo cómo Gavriel recorría su despacho de arriba abajo, hablando para sí.
Bellatrix suspiró. Había estado conteniendo la respiración sin darse cuenta.
Miró rápidamente a su derecha, pero no había nadie. Por un momento creyó haber escuchado un ruido en el pasillo.
Cuando se volvió casi le da un vuelco al corazón. Gavriel estaba en la puerta, mirándola con esos ojos negros, con una mezcla entre sorpresa y severidad. No sabía qué hacer.
-¿Qué haces aquí?
Bellatrix se había quedado paralizada, incapaz de articular palabra. Abrió la boca un poco pero la tenía seca. Clavó los ojos en Gavriel, que la miraba esperando una respuesta.
-Deberías estar en la cama – aseguró con aspereza.
-No tenía sueño – contestó al final Bellatrix, diciendo la verdad.
-Pues entonces deberías estar en tu Sala Común.
Bellatrix se apartó un mechón de la cara, mojándose los labios con la lengua. Pocas veces se había encontrado tan nerviosa. Sabía que todo dependería de lo que dijera.
-Tuve curiosidad...
-¿De qué?
-De saber lo que había bajando esta escalera.
-Pues parece que has encontrado lo que no querías.
-O tal vez si – dijo Bellatrix tan bajo que Gavriel no pudo escuchar sus palabras.
-¿Qué has dicho?
-Nada.
Gavriel se quedó callado, mirándola en silencio. Bellatrix sabía que estaba pensando que hacer con ella.
-Me gustan las personas curiosas... suelen ser las más inteligentes. Pero creo que deberías guardar esa curiosidad para otra hora del día.
-Sí.
-Vete a la cama. No quiero volver a verte andando por los pasillos a estas horas. Como te vuelva a encontrar, te aseguro que la curiosidad ya no me valdrá como excusa.
Bellatrix asintió, perdiéndose en los ojos de su profesor. Se quedó unos segundos así, hasta que él la sacó de ese mundo.
-Mi paciencia tiene un límite – dijo con su voz más peligrosa - Vete ahora.
Bellatrix se dio la vuelta y anduvo unos pasos. Luego volvió la cabeza para ver si él seguía ahí. Al ver que así era, no pudo evitar despedirse:
-Buenas noches.
Apenas un par de segundos más tarde, escuchó la puerta del despacho cerrarse. Ya no se giró más. Regresó por el camino que había recorrido a la da y se marchó rumbo a la Sala Común.
Disclaimer: Wola! Siempre se me olvida poner esto y se que es muy importante, pero vamos… este vale por todos los que no he puesto (que son muchos, lo admito , pero mi memoria…) Aki vamos: Ningún personaje que reconozcáis me pertenece (y aunk, como a todos, me gustaria que fueran mios, no lo son, sino k le pertenecen a JK), todos los que no reconozcáis si me pertenecen. Así que nada de usarlos sin permiso ok? Y creo que nada más, ¿no? Weno, si falta algo lo pondré en el siguiente disclaimer - Ja!!
Lo terminé! Son las 3.20 de la madrugada y mi padre no sabe que estoy aquí abajo… espero que no me descubra - Me han salido 11 hojas, no esta mal, verdad? Weno, os ha gustado Gavriel? Tengo que explicar que Bella se siente tan atraida por el no en un aspecto sexual ok? Sino mas bien le atrae su determinación, su fuerte personalidad, el respeto que siente por él sin conocerle… lo piyais? Aunk quien sabe en que se puede convertir… muahahahaha…=D Yo si lo sé! Y Zahn?? K creéis que pasará con él? Está claro que va a tener un papel determinante en la historia, pero... seguro que no adivináis que es lo que tengo pensado . En fin, que todavía van a pasar muchas cosas, pero tendréis que esperar. Escribiré más rápido en cuanto llegué el verano (ahí espero escribir casi todas las noches) asik, weno, me despido ya, pero antes contestaré los reviews! (me he acordado por una vez, jeje) Joanne.
P.D: Gracias Ixa por los nombres de las casas!! No se k haría sin ti... jejje... (no subir los capitulos supongo )
CONTESTACIONES A LOS REVIEWS
Minnette Van Witch Lovette – Hey!! Graxias por tus reviews! En fin que te voy a decir... nos hemos visto hoy asik na, solo pa k sepas k no me olvido de ti.
Kristen Black – Wola Ixa! Pa ti lo mismo k pa Lau! Graxias por tus miles de reviews (creo q tengo uno tuyo en cada uno de mis caps) Y ya sabes... traduce!! -
Angela30 – Hola! A ver... te voy a contestar a tus preguntas. Bella y Sirius si se odian cuando tienen once años en mi historia (xq pasa algo que descubriréis cuando estemos por el cap treinta y algo)... y Sirius y James ya se conocen, se conocieron en una cena de estas elegantes. Pero no viven juntos (Sirius se va cuando tiene 16 años). El error que hice fue llamarle Prongs ahí, ya que todavía ese mote no lo han creado.
LaPeyeMalfoy – Me alegro de que te haya gustado! Te gusto el titulo? Es muy sencillo. Dejame tu opinión si te lees alguno mas mio ok??? Plis, plis, plis...
Miriam (o mairim) – Jaja!! Me alegro de que hayas entrado! Tu eres de las personas a las que kiero hacer cambiar de opinión conrespecto a Bella! A ver si pal final del fic lo he conseguido. Es un personaje al k se le puede sacar muxo provexo! Y por cierto, kien te recomendo el fic? Tengo curiosidad...
Airama Meg – Hoooolla!! En cuanto a la relacion Sirius-Bellatrix no hago comentarios... solo te digo que habra mucha tensión. Tp voy a decirte cuanto tiempo estara en Durmstrang, solo te digo que alli habra cosas que la marcaran muxo y que son importantes. Yo tambien estoy deseando que llegue a Hogwarts, sobre todo para que vea a Sirius. Y muchísimas gracias por recomendarme a Bellatrix Black. Me lei el de GAT Comes In Between y me encanto!! Es wenisima la autora!
Yoru Black – Gracias por tu review... y ya veras como acabas perdonando a Bella!
Otaku Girl – Ohhhh... muchas gracias! Me ha gustado muxo tu review! Como ya dije a Angela30, ya descubrereis pork se pelearon en el cap treinta y algo (la verdad es k todavía no lo tengo pensado, por eso lo retraso...)
Arimalfoy – Hola Ari!! Me ha exo musa ilu que te pasaras por aki! Ya nos veremos en el foro ok?
Ameria Asakura Black – K pena que los escribas en portugués, sino iria a leerlos! A ver si encuentras a alguien que sepa español y portugués y te los traduce ok? Seria una buena idea!
