N/a: Ohhh!! He empezado muy pronto a escribir el tercero... creo que me estoy superando Asik weno, ya me canso de deciros lo de siempre, xo... en fin, no viene mal nunca recordaros que me dejéis reviews no? Pos eso: R&R!!!!
CAPITULO 3: DE LA LEVE SIMPATÍABellatrix se acomodó la mochila en el hombro y recorrió varios pasillos hasta llegar a la clase de Transformaciones.
El profesor ya estaba en la clase. Era un hombre robusto y con una buena mata de pelo gris, a pesar de haber pasado ya los setenta. Daba a los alumnos la espalda, ignorándolos por completo. Estaba escribiendo algo en la pizarra.
Bellatrix apartó su vista del profesor al ver que no la regañaba por haber llegado algo tarde. Recorrió la clase y eligió un sitio cerca de la ventana.
Hasta que no hubieron llegado todos los alumnos, el profesor no se molestó en darse la vuelta. Tenía un gesto serio, que no dio buena espina a Bellatrix.
-A partir de hoy – anunció con voz potente – el alumno que llegue tarde será expulsado de la clase y habrá un examen en su honor. ¿Queda claro?
Los que habían llegado tarde asintieron, lívidos. Bellatrix en cambio sonrió. Si no sospechaba mal, ese profesor llevaba muchos años dando clase y sabía como manejar a los críos: metiéndoles miedo; un miedo que en apenas unos meses se convertiría en respeto.
El hombre sacó su varita y apuntó a la pizarra.
-Soy el profesor Wexlershire – anunció. Luego hizo levitar una caja y fue pasando por las filas de mesas – Coged cada uno una aguja y una cajita para guardarla. Esta será la que usaréis durante los próximos días y sé que siempre hay alguien que la pierde. Por eso aviso que a quien le ocurra esto tendrá que arreglárselas para transformar una cerilla o semejante en una aguja, porque no pienso darle otra. Lo que por otra parte dudo que consiga. - continuó con una extraña sonrisa, que puso nerviosos a varios – Eso supondría no hacer nada en clase y tengo la manía de no soportar a la gente que pierde el tiempo. Es algo demasiado valioso para desperdiciarlo, ¿no creéis?
El profesor se detuvo, para que sus palabras consiguieran el efecto pretendido. Luego, con una amabilidad un tanto sospechosa, siguió hablando:
-Creo que ya está todo entendido, así que será mejor empezar ya. Tenéis que intentar transformar la aguja en una cerilla. El hechizo está escrito en la pizarra. Podéis empezar.
Bellatrix miró un momento a los demás alumnos. Los alumnos de primero de las tres casas estaban en la clase. Debían de ser unos veinticinco. Algunos le sonaban de haberlos visto en el Comedor o por los pasillos. En otros no se había fijado nunca.
El profesor Wexlershire dio un potente grito y tiró todo lo que había encima de la mesa de una chica de pelo rubio pajizo. Todos los alumnos levantaron la vista, para ver qué pasaba.
-¡¡ERES UNA INÚTIL!! ¡ESTÁ CLARO QUE NO SIRVES PARA ESTO!
La chica no movía ni un músculo, como si se hubiera quedado pegada al asiento. Pero sus penetrantes ojos grises centelleaban, clavados desafiantes en el profesor.
-Tu nombre – pidió el profesor, respirando agitadamente. Parecía que la mirada de la chica le había calmado un poco.
-Vriesia Nezvanóva – contestó con voz fuerte y clara, sin echarse para atrás.
-Vuelva al trabajo. No quiero volver a verla haciendo algo parecido.
(N/A: No voy a poner que ha hecho porque ni siquiera yo lo sé... tendría que pensarlo y, como comprenderéis, no me apetece)
El profesor se dio la vuelta y camino con paso enérgico hacia su mesa.
-Ha tirado mi aguja.
Vriesia, que estaba recogiendo sus libros, se echó al trenza por la espalda y miro al profesor, que se había dado la vuelta y la miraba trastornado. Estaba claro que estaba acostumbrado a que después de demostrar su furia, el alumno elegido se quedara callado durante el resto del curso, acobardado. Bellatrix sonrió al mirar en dirección a Vriesia y ver que a esta no le había impresionado lo más mínimo.
-Pues búsquela, señorita Nezvanóva. Y si no la encuentra, ya sabe lo que tiene que hacer. Lárguese de está clase porque no quiero verla perder el tiempo.
Vriesia, asombrando a todos, se volvió a sentar y abrió su mochila. Sus movimientos eran pausados y tranquilos. Parecía que lo estaba retando, y Bellatrix tuvo la ligera sospecha de que eso era lo que ella quería.
-¿No me ha escuchado? – preguntó con voz amenazadora.
-Si lo he escuchado. También lo he escuchado decir que podíamos buscar una cerilla o similar para transformarla en aguja, y eso es exactamente lo que voy a hacer.
Al final de la clase, Vriesia había transformado una orquilla de pelo en aguja, y la aguja, a su vez, en cerilla. El profesor Wexlershire no había dicho nada en lo restante de clase, pero Bellatrix, antes de salir del aula, lo había visto sonreír con cierto orgullo al mirar en dirección a Vriesia.
Por su parte, no estaba muy descontenta. Su aguja era casi una cerilla, excepto porque en ciertas partes todavía mantenía el tono metálico. Estaba segura de que si durante las siguientes noches practicaba algo más, para el lunes dominaría a la perfección la transformación.
Sumida en sus planes para el fin de semana, no tardó mucho en llegar hasta el aula donde se impartiría la doble hora de Artes Oscuras.
Era de las primeras en llegar. Se sentó en una de las mesas cercanas al profesor y al lado de Zahn, que también estaba allí, mirando por la ventana. Bellatrix estaba segura de que no se había enterado de su llegada.
Ella, ignorándolo, se sentó y sacó Guía completa de las Artes Oscuras, dispuesta a echar un vistazo por encima al primer capítulo.
La gente empezaba a llegar y a elegir sitios, pero Bellatrix sólo levantó la vista cuando Gavriel entró por la puerta.
El profesor dejó su maletín de piel encima de la mesa y, después de saludarlos, ordenó sacar los libros.
-La clase de hoy no va a ser sólo teórica. Los que hayáis leído el primer capítulo, ya sabéis en que consiste lo que vamos a hacer.
Varios alumnos se miraron y también echaron rápidos vistazos temerosos a sus libros, que estaban impecables. Quitándola a ella y a cuatro más, Bellatrix dudaba que algún alumno se hubiera molestado en abrir el libro.
Gavriel hecho un vistazo a la clase y suspiró. Parecía dudar entre decir algo o no. Miraba resignado como algunos alumnos cuchicheaban entre ellos sin prestarle atención.
-Sé que lo que voy a decir no tendrá mucho sentido para la mayoría de vosotros. A pesar de todo, si alguien me escucha, aprenderá con los años que las Artes Oscuras no son sólo una asignatura más. – su voz sonaba potente en la sala. Sus ojos brillaban. Sentía lo que decía – Las Artes Oscuras no son ni mucho menos un medio para conseguir poder, ni respeto... eso son tonterías. Es verdad que te ayudarán a lograrlo, pero os digo sinceramente que no merecen la pena. Si de verdad os interesan las Artes Oscuras, acabaréis amándolas por lo que son, y no por lo que os ayuden a conseguir.
Los muchachos ahora estaban callados, pero Bella vio que seguían distraídos. Zahn, a su lado, sonrió levemente. ¿Qué le pasaba por la cabeza? ¿Estaría de acuerdo con lo que había dicho Gavriel? Era un poco difícil de aceptar... Si lo pensaba bien, era justo todo lo contrario a lo que había aprendido durante los años pasados con su tía. Pero por el respeto que le inspiraba Gavriel, no olvido lo que había dicho. Y tampoco se cerró a la posibilidad que llevaban sus palabras.
¿Amar las Artes Oscuras? Tal vez.
-Si queréis llegar a ser buenos en esta materia, espero que sigáis mi consejo – Gavriel se quedó callado, y miró por la ventana. Cuando se dio cuenta del silencio reinante en la clase, de los alumnos esperando a que comenzara a hablar, reaccionó – En la clase de hoy practicaremos un solo hechizo, que quiero que todo el mundo tenga dominado a la perfección para el lunes. ¿A qué esperáis para sacar las varitas? Venga, daos prisa.
Hubo ruido de mochilas abriéndose, sillas deslizándose y manos hurgando en los bolsillos de las túnicas. Al final, todos estaban con la varita en la mano.
-Perfecto. Antes de practicar en pareja, quiero que efectuéis el hechizo con unos cojines. Deberéis decir todos "Impelliare". Repetidlo.
-"Impelliare" – dijeron todos al unísono.
-¿Alguien sabe los efectos que tiene este hechizo?
Nadie levantó la mano. Algunas miradas esquivas, de personas intentando pasar desapercibidas... otras directamente distraídas, y Gavriel recorriendo la clase con sus inquietantes ojos negros.
-¿Señor Novak? ¿Lo sabe usted?
Zahn levantó la vista y se quedó mirando a Gavriel, sin decir nada. Bellatrix sospechaba que estaba despistado, puesto que hasta apenas unos segundos había estado dibujando en un trozo de pergamino. Por eso le había elegido a él.
-Lanzará a la persona volando sin control – contestó en un tono de voz que no delataba ningún entusiasmo.
-En efecto. En cuanto el hechizo os toque, saldréis volando sin ningún control para, casi con seguridad, quedaros inconscientes.
-¿Pero no podemos detenerlo con algún escudo? – preguntó con algo de arrogancia un muchacho de pelo negro algo largo.
-No estamos en esta clase para aprender a defendernos, señor Weiss. Para eso ya está Defensa Contra Las Artes Oscuras. Aquí venimos a aprender a atacar, ¿queda claro?
El muchacho no respondió.
-Como decía, esa es la razón de que practiquéis primero con cojines hasta que lo controléis medianamente bien. Luego ya os juntaréis en parejas.
Hizo un movimiento de varita y un montón de cojines aparecieron en una esquina de la clase. Todos fueron hasta ellos y fue en ese momento cuando Bellatrix se dio cuenta de la longitud de la clase. Estaba claro porqué la elegía Gavriel. Las mesas, con la pizarra, estaban en la parte delantera, pero luego quedaba al fondo un espacio libre en el que podían trabajar con mucha comodidad un grupo de treinta personas.
Bellatrix alzó un cojín y le apuntó con la varita. Murmuró con voz clara el hechizo, pero el cojín no se movió de su mano. Lo intentó un par de veces más, pero como mucho tembló un poco.
Levantó la vista, pero no la consoló mucho el saber que la mayor parte de los alumnos estaban igual que ella. Alguno incluso había hecho que su cojín se moviera un par de metros.
Volvió a intentarlo, con pocas esperanzas, y con igual resultado.
-Te falta seguridad – murmuró una voz masculina a su oído.
Bellatrix se dio la vuelta, bastante enfadada. Encima que no había conseguido mover el cojín, ahora la venían con estupideces de seguridad y confianza. ¡Lo que la faltaba!
-¡Ni que tu lo hicieras mucho mej...!
No había nadie. Estaba hablando sola.
Bastante intrigada aún, volvió al cojín. Quería probarlo con alguna persona, puesto que en el fin de semana sería difícil practicar... aunque no se negaría si Ellery Marle se la presentaba como voluntaria.
-Parte de esa curiosidad que te sobra podría convertirse en confianza en tí misma. Y algo de concentración no estaría de más.
Gavriel, que se había estado paseando entre los alumnos, le hablaba ahora. No le pasó desapercibida la referencia a la noche anterior, pero no parecía que la hiciera con enfado ni nada por el estilo. Aunque tampoco se podía decir que estuviera contento. Su voz, al igual que su rostro, era impenetrable.
-Concéntrate en lo que haces.
Bellatrix le miró sin decir nada. No pensaba precisamente en concentrarse, sino en la otra cosa que le había pedido. ¿Confianza? No pudo evitar recordar esa voz de alguien anónimo que le había pedido indirectamente seguridad.
Cuando su mente volvió a la clase, Gavriel se había marchado hacia su mesa.
Todos estaban pendientes del cojín, pero no muchos habían hecho progresos.
Tenía que concentrarse, tenía que estar segura de que era capaz de hacerlo. Un poco irónico si era... Ella precisamente nunca hubiera pensado que le faltaba seguridad o confianza.
Levantó la varita y abrió la boca para decir la maldición. Entonces vio a Zahn mirar alrededor y decir el hechizo. Sino supiera que el cojín iba sin control, Bellatrix hubiera jurado que el chico de ojos grises sabía perfectamente lo que hacía. El cojín atravesó la sala a toda velocidad para ir a estamparse contra el pecho de Gavriel, que levantó la vista en cuanto sintió el impacto. Recorrió al grupo de alumnos con ojos sorprendidos hasta que sus ojos chocaron contra los de Zahn. El profesor meneó la cabeza en un gesto que Bella no supo interpretar.
Sin saber lo que hacía, el hechizo salió de sus labios y, por primera vez, el cojín que sostenía entre las manos salió volando, directo a los pies de Zahn. Éste lo recogió y sonrió, devolviéndoselo a Bella con el mismo hechizo, quien lo cazó al vuelo.
-Muy bien. La señorita Black que se empareje con el señor Novak – intervino Gavriel haciéndose oír – También pueden empezar a trabajar juntos el señor Nguyen y el señor Thavirat y las señoritas Moore, Pranz, Nedrevo y Bellow. Los demás seguid trabajando.
Los que fueron nombrados se juntaron en parejas y después de saludarse, y en algunos casos presentarse, empezaron a discutir sobre quien haría el hechizo primero.
-¿Empezamos? – preguntó Bellatrix, observando a su compañero un tanto dudosa. ¿Y si se quedaba inconsciente en medio de clase?
-Empiezas tú. Me tienes que lanzar hacia esas colchonetas que hay ahí pegadas a la pared. Pararán el golpe.
-¿No me digas?
Pero lo cierto es que Bellatrix no se había fijado hasta ese momento en esa esquina de la clase. Las paredes, prácticamente hasta el techo, estaban recubiertas, al igual que el suelo, por una especie de colchoneta azulada y gruesa.
-Venga. Estoy listo.
-¡Impelliare!
Zahn levantó una ceja. No se había movido del sitio.
-Deja de mirarme así – protestó Bellatrix, en un tono de voz cansino.
-¿Has perdido la confianza?
Bellatrix le miró, incrédula. Reconocería esa voz pidiéndole seguridad en cualquier sitio. ¿Pero por qué la primera vez no se lo había dicho a la cara? Al fin y al cabo...
Decidió no mencionar lo que le pasaba por la cabeza.
-¡Impelliare! – dijo, esta vez algo enfadada.
Zahn se elevó unos metros por el aire y se estampó contra la pared, acertando de lleno en la colchoneta. Luego, rebotando, cayó a la colchoneta que cubría el suelo.
Se levantó rascándose la cabeza.
-Me toca a mi.
-¿Te has arrepentido?
La pregunta de Bellatrix sonó muy burlona, y Zahn se limitó a encogerse de hombros.
-¿Preparada?
-Cuando quieras.
Bellatrix intentó sonar lo más indiferente posible, aunque lo cierto es que sabía que era bastante bueno para su edad.
Sintió de pronto como si una fuerza invisible la oprimiera por el pecho y la empujara hacia atrás, elevándola por el aire. Chocó con un golpe seco con toda la espalda, y cayó de rodillas, apoyando las manos para evitar hacerse daño.
Zahn repitió la maldición varias veces en ella y cambiaron las tornas de nuevo. Bellatrix empezaba a controlar el hechizo, y lo cierto es que se lo estaba pasando bastante bien.
-¡Sólo una vez más! – gritó Gavriel - ¡La clase va a terminar ya!
Zahn estaba al lado de Bellatrix, con la mano en un codo. Se había quemado del roce con la colchoneta, apenas un pequeño rasguño. Pero escocía.
-Te toca sufrir – comentó Zahn, con una sonrisa.
Bellatrix se la devolvió, aunque la suya fue un tanto sarcástica.
Volvió a sentir el pecho oprimido. Le entró un poco el pánico al pensar en como sería ser sometida a este hechizo por alguien que controlara las Artes Oscuras a la perfección. Alguien que de verdad tuviera mucho poder. ¿Le costaría respirar en ese caso?
Sometió sus sentimientos por la impresión que sintió sentirse impulsada de pronto en sentido contrario. En vez de seguir hasta la colchoneta, se acercaba de nuevo a toda velocidad al punto de partida. ¿Se podía saber que estaba pasando?
Sintió como chocaba con unos brazos, que la agarraban con fuerza. Cayeron ambos al suelo.
Escuchó una risa y se incorporó, estupefacta. Debajo de ella estaba Zahn, riéndose.
Bellatrix se levantó rápido, apoyando las manos en el suelo.
-¿Se puede saber qué haces?
-Un experimento – comentó entre risas, intentando recuperar el aliento - ¿Por qué? ¿Impresionada?
-No precisamente – dijo, empezando a andar hacia su pupitre.
-Use un hechizo de acercamiento, por si te interesa.
-Muuuy interesante – contestó mordazmente Bellatrix.
-Por favor, chicos. Necesito que me escuchéis un momento – dijo Gavriel, interrumpiendo la posible respuesta de Zahn - Quiero que para el lunes sepáis usar este hechizo a la perfección en personas, y quiero que busquéis cinco maldiciones más y a aprendáis a hacerlas. Las que vosotros queráis.
Los alumnos se levantaron de sus sillas y empezaron las conversaciones, mientras todos salían del aula hacia el Comedor.
-¿Vienes a comer?
Zahn cerró la mochila y miró a Bellatrix, que estaba ya lista a su lado. Ella se apartó un mechón de la cara y espero algo impaciente.
-¿Ya te parecen mis hechizos más interesantes? – preguntó levantando una ceja, provocador.
-¿Vienes o no? – preguntó, impacientándose.
-Esta bien – contestó Zahn, aceptando la propuesta – Acabo de recoger esto y voy.
(En el Comedor)
-Entonces, ¿por eso te trajeron aquí?
Bellatrix asintió, llevándose una pieza de fruta a la boca. Zahn se quedó callado unos segundos, mirando fijamente un punto. De repente, preguntó:
-¿A tus padres les gustan las Artes Oscuras?
La muchacha se retiró un mechón de la cara, dudando. La pregunta había sido franca, pero Bella vacilaba. ¿Qué significaba el tono que había empleado Zahn? No estaba del todo segura, pero intentó contestar a pesar de eso.
-Desde que recuerdo a mi familia siempre le han gustado las Artes Oscuras, ya sabes, digamos que las apoyan. De todas formas...
-¿Sí? – animó Zahn, clavando sus ojos en Bellatrix.
-Pero no como a Gavr... digo, el profesor Beloch – acabó resuelta, rectificando su pequeño error.
No sabía porqué pero algo raro pasaba entre Gavriel y Zahn y no quería que éste viera que decía su nombre con tanta familiaridad. Al fin y al cabo, no conocía al profesor de nada y parecía ser una persona no muy dada a intimar con la gente. (n/a: recordad que los ingleses son mucho mas... digamos, educados en ese aspecto, por decirlo de alguna manera).
-¿Conoces su nombre? – preguntó Zahn un tanto receloso.
-Lo he escuchado en una ocasión – comentó Bella, quitando importancia al asunto.
Los dos se sumieron en un silencio.
-Puedes llamarlo por su nombre – dijo Zahn rompiendo el incómodo silencio – Total, a mí no me tiene porqué importar.
-Lo que tu digas.
Bella miró su reloj, regalo de su tía en su cumpleaños, y se dio cuenta de que dentro de nada empezaría la siguiente clase.
-Tenemos que irnos ya. Hay Encantamientos.
-¿Ya te sabes el horario? – preguntó Zahn, levantando una ceja escéptico.
Con una media sonrisa, sin mirarle, Bella contestó:
-Digamos que tengo una ligera idea.
(Clase de Encantamientos)
Entraron en un aula espaciosa y bien iluminada por grandes ventanales. Estaban en uno de los pisos superiores y se notaba.
Bellatrix y Zahn tomaron asiento juntos, ya que las mesas eran de dos. Sacaron los libros y las varitas y, hablando, esperaron a que llegara el profesor. Ninguno de los dos tenía ni la más mínima idea de quien sería.
A los pocos minutos una mujer joven entró cargada de libros y con paso apresurado en la clase. Las conversaciones existentes fueron muriendo a medida que los alumnos se fijaban en la profesora, que ahora extendía sus papeles por la mesa. El viento que se coló por una de las ventanas hizo caer al suelo varios de los papeles. La profesora se agachó a cogerlos, pero cuando lo intentó, otra ráfaga entró y los puso fuera de su alcance. Algunos contuvieron la risa, intercambiando miradas de complicidad, mientras la profesora recogía por fin los papeles.
-Buenos días... quiero decir, buenas tardes – dijo en el último momento, corrigiéndose. La voz le temblaba un poco. Estaba nerviosa – Soy la profesora Nigheit y os voy a dar Encantamientos.
Bellatrix estuvo a punto de hacer un comentario sarcástico, pero se contuvo justo a tiempo. No pudo evitar, en cambio, una sonrisa de suficiencia. Esa tía era nueva y no tenía ni idea de dar clase.
Por su edad, Bella calculó que sería raro si pasaba de los veintiséis años, y estaba claro que no tenía ninguna experiencia en el terreno de la enseñanza. Era una mujer ciertamente hermosa, joven, de grandes ojos verdes. Los rizos perfectos de su cabello castaño le caían sobre los hombros, haciendo más grácil su menuda figura.
-Bueno, creo que podemos empezar ya. El hechizo de hoy será el de levitación. Con el podréis mover toda clase de objetos, sin importar su peso. ¿Alguna duda?
Bellatrix se preguntó en qué podría tener dudas si sólo había dicho una frase. Intercambió una mirada rápida con Zahn, que miraba también a la profesora con una ceja alzada. Con una sonrisa, Bella pensó que esa expresión era muy característica del muchacho.
-Parece que no – continuó al ver que nadie decía nada – Entonces podemos seguir. A ver, ¿alguien me puede decir el hechizo de levitación? Por ejemplo... – dijo echando un vistazo a la lista – ¿la señorita Staffler?
La muchacha que hasta ese momento había estado cuchicheando con una amiga levantó la vista y se quedó parada. No sabía lo que le habían preguntado, pero Bella dudó que aunque lo supiera, pudiera contestar a la pregunta.
Ella, personalmente sabía la respuesta, pero no se sentía con ganas de participar.
Alguien por el fondo de la clase levantó la mano, pero la profesor Nigheit lo ignoró.
-¿No sabe la respuesta? – preguntó, dirigiéndose todavía a la muchacha - ¿Está usted segura?
La chica asintió varias veces, un poco pálida.
-¿Seguro?
Bellatrix resopló, fastidiada.
-¿No le basta a esa mujer con que la contesten una vez? – susurró al oído de Zahn. Él miró a Bella con una sonrisa de complicidad en los labios.
-Parece que no.
-¡Acabo de oír ruido por aquí! – dijo dándose la vuelta con rapidez. Sus ojos coincidieron inmediatamente con los de Bellatrix.
"Encima irascible... lo que faltaba" – pensó.
Su cara transmitía con claridad lo que pasaba por la mente de Bella en esos momentos. La profesora era inexperta, pero no estúpida.
-A ver, usted – dijo en voz clara señalándola – Su nombre.
-Bellatrix Black.
-Tanto que habla usted, señorita Black... ¿pero sabe la respuesta?
-Si.
La profesora se quedó mirándola, muy quieta, estudiándola con atención. Bella no dijo nada.
-¿Le importaría decírmela?
-Wingardium Leviosa.
-Hum... – la profesora Nigheit se quedó pensando, esforzándose por inventarse algo, puesto que la respuesta era perfecta -La entonación no es muy buena.
Bellatrix la miró estupefacta, sin poder creérselo. Había estado aprendiéndose ese hechizo en su habitación, y lo había dicho en voz alta muchas veces.
Zahn, que miraba a Bella preocupado, le puso una mano en la muñeca, para advertirla de que no dijera lo que exactamente iba a decir. Bella se sacudió la mano de encima y se levantó.
-Perdone, pero creo que la entonación era correcta.
La profesora la miró con el entrecejo fruncido y los ojos entornados.
-Siéntese, señorita Black.
Bella no la hizo caso, pero la mujer no insistió.
-Creo que yo estoy mucho más cualificada para advertir si la entonación es correcta o no.
A Bellatrix se le ocurrían miles de cosas hirientes que decir en esa situación, pero sin saber porqué, al sentir los tirones de Zahn en su túnica, decidió callarse.
-Y ahora siéntese, o tendré que castigarla. Y le advierto que yo no suelo repetir las cosas.
Bella se sentó, con expresión desafiante. La sangre le bullía por dentro.
-No hagas más tonterías – le dijo Zahn en un susurro, inaudible para la profesora, que ahora explicaba el movimiento de la muñeca para este hechizo.
Bella asintió con la cabeza, pero apretaba la varita con tanta fuerza que Zahn temió que la fuera a romper.
-Podéis empezar. Quiero este hechizo perfectamente controlado para el lunes, además de un resumen de treinta centímetros del primer capítulo, a entregar también el lunes.
La clase se sumió en un caos agradable. Muchas conversaciones, alumnos riendo, hechizos mal dichos y plumas vibrando.
-Creo que esto no se te da tan bien como las Artes Oscuras – comentó Bella con burla.
-Ya me he dado cuenta.
Zahn llevaba un buen rato peleándose con la pluma, que se negaba a moverse de la mesa.
-Pronuncias mal el hechizo.
-Tu entonación no es perfecta – dijo Zahn, imitando el tono de voz de la profesora.
-Mi entonación s es perfecta. Esa tía no tiene ni idea de lo que dice.
Zahn sonrió. Había visto hacer ese hechizo en particular muchas veces y la entonación de su nueva amiga era buena. El comentario lo había dicho para retar un poco a Bella.
-Mira y verás – indicó Bellatrix, levantando la varita - "Wingardium Leviosa".
Su pluma se elevó unos metros por el aire, luego lo cruzó lentamente hasta aterrizar sobre la cabeza de la profesora Nigheit. Esta se la quitó sorprendida, la tiró al suelo, y miró alrededor, para ver quien había hecho el hechizo con tanto control.
Al distinguir a Bella, esta levantó las cejas engreídamente.
-No creo que le haya gustado eso.
-Lo sé – contestó Bella con una sonrisa, apartando la vista de la profesora y haciendo retornar la pluma a su mesa.
-No la provoques más – aconsejó Zahn, mirando su pluma, que seguía inmóvil.
-¿Por qué no? Yo tenía razón y ella me ha dejado en ridículo a pesar de eso.
-Solo te digo que tengas cuidado. ¿Y ahora me puedes enseñar como mover esta cosa? Lo único que consigo es que se me canse la mano – indicó con irritación Zahn, mirando con odio la pluma.
(En la torre)
-¿Has subido alguna vez por ahí?
-Sólo una – dijo Zahn – y son muchas escaleras.
-¿Tienes sueño?
Zahn negó, subiendo el primer peldaño. Bella lo adelantó, mirando el hueco de la escalera.
-Entonces vamos.
-Pero ya son las diez menos cuarto – protestó Zahn, que había mirado hacía apenas unos minutos la hora en su habitación.
-Ayer no te preocupaba tanto la hora – rebatió, dejándolo sin argumentos - Además, seguro que ningún profesor sube por aquí esta noche. Tu mismo lo has dicho, son muchas escaleras.
-Vale, vale... – aceptó Zahn – Subamos. Total, no me voy a dormir ahora.
-Y mañana es fin de semana y no tenemos que levantarnos pronto.
-Que ya te he dicho que sí. No hace falta que me des más argumentos.
Bella rió, empezando a subir las escaleras. Pasaron el escalón que daba a su sala común y siguieron subiendo hasta llegar a la torre.
Al llegar a la cima, Bella de dio cuenta de que más que una torre, parecía un torreón. No lograba explicarse como si habían subido por una escalera de caracol, la parte superior fuera cuadraba. Había una zona que pegaba a la pared de una torre aún más alta. Había varias zonas en sombras en el torreón, y Bella y Zahn se sentaron en una de ellas, sólo en previsión por si venía algún profesor.
-¿Vamos a estar aquí toda la noche? – preguntó Zahn, cerrando los ojos y respirando hondo.
-Solo si te apetece... y aguantas, claro.
¿Era un reto? Zahn creía haber captado en la voz de Bella un atisbo de incitación, pero no estaba seguro. De todas formas, empezaba a conocerla, y tuvo la impresión de que eso era exactamente lo que ella pretendía.
-No hables tanto, que luego te quedarás dormida.
-¿Apostamos?
-Tú siempre apuestas por todo, ¿no? – preguntó divertido, mirando las estrellas.
-Sólo en algunas cosas.
-¿Cómo esta?
-Como esta, por ejemplo.
Ambos se quedaron callados, sin sacar tema de conversación. Estaban a gusto, puesto que no era tampoco un silencio incómodo.
-Este colegio es extraño, ¿no te parece?
-¿A qué te refieres? – murmuró Zahn, estudiando el perfil de Bella en la oscuridad.
-Me refiero a que... no estoy segura. Supongo que a que este es un lugar muy extraño para construir un colegio. Esta muy... protegido.
-Supongo que por eso lo construyeron aquí.
-Y luego también los terrenos, con esas escaleras, el lago helado, la cueva y esas columnas de serpientes... la puerta de metal. ¿Sabes a qué me refiero?
-Sí.
Bella escuchó las palabras de Zahn aliviada. Se sentía muy bien en su compañía. Con un pinchazo de amargura, recordó la sensación que experimentaba cuando tenía a Sirius a su lado, escuchándola y comprendiéndola. Tal y como hacia Zahn ahora... aunque eran muy distintos.
-¿Has oído algo? – preguntó Zahn, súbitamente alarmado.
-No, pero...
-¿Qué hora es?
-Las once, pero por qué...
-Shhh – susurró, llevándose el índice a los labios.
Bellatrix en ese momento escuchó pasos, para nada disimulados.
-¡Novak!
Una voz potente resonó en el torreón. Bellatrix reconoció por su tono que sería de su edad o un poco mayor que ellos, pero nada por lo que alarmarse. Sin embargo, observó que el cuerpo de Zahn no se había relajado en absoluto.
-¡Sé que estas aquí! Ayer también te vi subir.
El pecho de Zahn bajaba y subía con rapidez y, de pronto, sorprendiendo a Bella, Zahn salió de su escondite.
-¡Cállate, Schultz! Vas a hacer que venga algún profesor.
-¿Y quién te dice que eso no es lo que quiero? – replicó con voz agresiva el chico. Ahora Bellatrix entendía a la perfección porqué a Zahn no le había tranquilizado que se tratara de ese alumno.
La respiración de Zahn era agitada. Miraba al otro chico calculando los riesgos que entrañaba. Si se le ocurría avisar a algún profesor, serían incontables los puntos que perderían para su casa.
-¿Qué es lo que haces aquí? – preguntó con el tono de voz más desagradable que pudo poner. Había decidido hacer hablar a Schultz y tal vez convencerle de que no dijera nada.
Bellatrix escuchaba todo desde su escondite, entre las sombras. No saldría a menos que fuera absolutamente necesario.
-Verás... eres mi compañero de cuarto – empezó, a lo que Zahn contestó poniendo los ojos en blanco – Y no estabas en la habitación.
-Obviamente.
-No me haría mucha gracia que quitarán puntos a Münzenicht por tu culpa, que es lo que pasará si te descubren.
-Si te largas, no me descubrirán.
A Bellatrix le gustó la sensación de sentirse protegida por Zahn. En ningún momento había hecho referencia a ella.
-Vas a venir conmigo.
-Nadie me había dicho que ahora tenía niñera – comentó Zahn, irritado. Dio la espalda al chico, que se llamaba Rob, y se apoyó en las paredes del torreón, mirando los terrenos.
Bella pudo ver, aún en la oscuridad, cómo la cara del tal Schultz adquiría un tinte rojo al sentirse tan despreciado.
-No digas tonterías, Novak. Yo no soy niñera de nadie, ¿me oyes?
-Entonces lárgate. Me molestas.
Schultz hizo un extraño ruido con la garganta y Bella vio que se llevaba la mano al bolsillo.
No quería intervenir, pero no tenía ninguna intención de que ese estúpido lanzara un maleficio a Zahn, que seguía dándole la espalda.
Tragando saliva, salió de su escondite.
Schultz la miró mudo de asombro, para luego transformar su cara en una máscara de sorpresa cuando un rayo amarillento le impactó en el pecho.
Salió disparado y chocó con la pared, golpeándose en la cabeza. Cayó al suelo con un golpe sordo. ¿Se había quedado inconsciente?
Bella iba a dirigirse al cuerpo cuando sintió una mano firme apretando su hombro e impidiendo que se moviera. Levantó la vista para encontrarse con el rostro impenetrable de Zahn, que no la dirigió ni una breve mirada.
Este se dirigió hacia su compañero de habitación y le dio con el pie en el pecho, para ver si estaba inconsciente. Rob se revolvió entonces en el suelo, gimiendo. Se llevó la mano a la cabeza, al lugar donde se había dado el golpe, y se incorporó un poco, aturdido.
Vio primero a Zahn, que estaba a su lado, y luego clavó sus ojos en Bellatrix, que seguía quieta en el mismo sitio de antes.
-No sabía que ahora te defendieran las mujeres – comentó con voz desdeñosa, intentando levantarse.
Todo el cuerpo de Zahn se crispó, tensándose. Agarró a Schultz de la túnica y le levantó, empujándole hacia la escalera.
-Lárgate – murmuro entre dientes, amenazante – O la próxima vez seré yo quien haga el hechizo, y te aseguró que no será tan placentero.
-Lo que tú digas. Yo me largo de aquí– dijo, dirigiéndose hacia la escalera, con paso arrogante.
Una vez solos, ninguno se atrevía a hablar. Bella había presenciado la reacción de Zahn al ser defendido, y no le había gustado.
En cuanto a Zahn, su mirada era fría y muy distante.
-Sabía que atacaría. No tenías que haber intervenido.
Bellatrix se detuvo un momento, pensando en cómo debería contestar. Quería seguir siendo amiga de Zahn, y estaba segura de que de su contestación dependería todo. Pero no soportaba que le hablara como si ella tuviera la culpa de algo. Lo único que había hecho había sido defenderle. ¿Era eso tan malo?
-¿Cómo iba a saberlo? – exclamó – Tú estabas dándole la espalda. ¡No te hubiera dado tiempo!
-Sí me habría dado - replicó Zahn, cortante – Ya tenía la varita en la mano.
Bella se quedó callada al escuchar eso. Estaba segura de que Zahn no mentía, pero ella no se había dado cuenta. ¡No tenía porque echarla la culpa!
-¡No lo sabía! ¿Cómo pretendes que pudiera saberlo? ¡Yo sólo veía tu espalda!
-Tendrías que habértelo imaginado. Schultz no venía precisamente a hablar.
-¡Pero si yo ni siquiera lo conocía! ¡No tenía ni idea de para qué venía!
-¿Y por la conversación no lo sacaste? Pensé que eras más inteligente.
Este ultimo comentario le dolió a Bellatrix más que nada. Ella lo había defendido respondiendo a un impulso. En ningún momento se le había pasado por la cabeza que él hubiera sido tan rápido como para tener la varita ya en la mano.
-Voy a dormir – dijo Zahn secamente, dirigiéndose hacia las escaleras.
-Creía que me conocías mejor – susurró Bella, hundiéndose en los ojos grises del muchacho.
-Yo creí conocerte – dijo antes de irse, con amargura en la voz.
Bella se quedo sola en el torreón. Soplaba una fría brisa, cortante, pero que Bellatrix agradeció. La mantenía despierta. Tenía que pensar.
Nunca se hubiera imaginado que Zahn pudiera ser tan desagradable con sus comentarios. Sabía que estaba dolido. Ella había dudado de su capacidad para defenderse y Schultz le había dado donde más le dolía: en su orgullo. Lo había pagado con ella, cosa que no era justo. Ella no lo sabía. ¡No sabía que ya tenía la varita!
Había respondido a un impulso, un acto reflejo que había resultado ser un error. A partir de ahora, se pensaría las cosas dos veces. No iba a dejar que sus sentimientos se impusieran sobre su razón.
Su mente regresó a Zahn, y con él a su actual estado de falta de amigos, de alguien en quien confiar. De alguien que la comprendiera. Pensó en Sirius y en Zahn. Los dos la habían abandonado.
-Tal vez sea mejor estar sol-
Una mano la tapó la boca. Un cuerpo la pegó a la pared.
-Ni una palabra – susurró una voz masculina – Viene Gavriel.
¡Era Zahn! ¿Había vuelto para avisarla o no le había dado tiempo a llegar a la Sala Común?
Escuchó pasos, andando seguros sobre las losas de piedra. La respiración eran profunda. La sombra del profesor se proyectó en el suelo.
Zahn y Bella se habían escondido en una zona de torreón que estaba en sombras. Podían ver el perfil de Gavriel en la noche, aunque él no pudiera verlos a ellos dos.
La mano del chico seguía presionando la boca de Bella, por si acaso hacia algún ruido. Bella notaba su cuerpo pegado al del chico y la respiración de éste rozándole la oreja.
Vieron como Gavriel miraba alrededor durante unos segundos y con el corazón el la boca, vieron como dirigía su vista hacia la zona donde estaban escondidos. Afortunadamente, o no se le ocurrió o no quiso acercarse.
Estuvo varios minutos más vigilando la zona, aunque para los dos estudiantes se les antojaron horas. Al final, escucharon con un alivio inmenso las pisadas de Gavriel bajando la escalera.
Se quedaron los dos quietos, sin moverse, durante un rato más, hasta que estuvieron por completo seguros de que Gavriel se había ido.
Zahn se separó de Bella, quitándole la mano de la boca. Ella respiró hondo varias veces, intentando que su corazón volviera a latir a una velocidad normal.
-¿Qué hacía él aquí?
-Debe de haber escuchado los gritos.
-¿Los nuestros o los de Schultz?
Zahn se quedó callado, sin mirar a Bella a los ojos.
-Siento lo que te dije antes – murmuró – Sólo que...
-Hirieron tu orgullo y lo pagaste conmigo – le ayudó Bellatrix. Se estaba poniendo agresiva en un momento muy inadecuado. Zahn le estaba pidiendo perdón. ¿Es que no aprendería nunca?
-Algo de eso tengo que admitir que si había. Pero también...
-¿Hay más?
-No quería que intervinieras – dijo encogiéndose de hombros.
-Soy perfectamente capaz de...
-Sé que puedes hacer un hechizo perfectamente, pero no quería que él te viera.
-¿Schultz? ¿Y eso? – preguntó Bella, sorprendida. Una idea nada agradable le cruzó por la cabeza - ¿Te avergüenzas de que te vean conmigo?
-No digas estupideces, Bellatrix.
-¿Entonces qué? Explícamelo de una vez.
-No quería que intervinieras porque te va a hacer la vida imposible.
-No me importa. No me da miedo.
-Tu no sabes de lo que es capaz de hacer.
-Él no sabe de lo que soy capaz de hacer yo – replicó Bella con una sonrisa maliciosa.
Zahn, que andaba inquieto por el torreón, se apoyó en la pared y se deslizó hasta el suelo. Bella le imitó, sentándose a su lado.
-¿Puedo preguntarte una cosa?
Zahn asintió, mirando las estrellas que se extendían por encima de ellos.
-¿Por qué estás aquí? Quiero decir... estoy segura de que te hubiera dado tiempo a llegar a la Sala Común. ¿Por qué te arriesgaste y volviste?
Los segundos que el muchacho tardó en contestar se le hicieron a Bella interminables.
-No iba a dejarte sola.
Disclaimer: (me he acordado ) Todos los personajes que reconozcáis son de la genial escritora JK, mientras que los que no reconozcáis son propiedad de moi.
N/A: Yo no sé como lo hago, pero las horas de madrugada son las mejores para escribir... (a pesar de tener que leerme todavía dos libros para dentro de dos días que no he terminado ). Son las 2:27 del Sábado 22 (Día de la Boda y nos avasallan a noticias y ya no se puede ver la TV. Analizan hasta la pasta de dientes que han usado los famosos pa ir a la boda ¬¬) En fin... así que aki estoy sin na mejor que hacer. Mañana me confirmo (lo k supondrá que mi family aumentara mis ahorros para el portátil que pienso comprarme dentro de 3 semanas =D y que usaré para escribir todas las noches, por cierto).
No sé que más contar, excepto que dentro de 1 semana empiezo los exámenes de fin de curso. Así que voy a esperar a subir este capitulo el viernes (me podeis dejar mas reviews) que viene, pork no voy a escribir en dos semanas. Tengo mucho k hacer y poko tiempo.
Joanne
CONTESTACIONES A LOS REVIEWSKristen Black – Vale Isa... te pongo primero esta vez Por cierto, he tenido que inventarme yo el hechizo... no se si te habrás dado cuenta. Te aseguro que no es lo mío, así que la proxima vez ayuda, plis!
Minette Van Witch Lovette – Weno, Laura... Me alegro de que te guste En fin, el próximo capitulo será interesante, sobre todo por el regalo de las navidades (que tu ya sabes lo que es). Lo que me imagino es a Zahn en el cap ese que ya sabes - cuando vea lo que tu ya sabes... jejje... te imaginas su cara?
Mairim – Tranki que no pierdo la esperanza! Te hare cambiar de opinión, jejje (aunk solo sea un pokitin!). En cuanto acabe los examenes me ire a leer la historia ok? Asik ha sido Minette, eh? Weno, no lo sabia. Te agradezco k me lo hayas dixo
Anne Moody – Ja! Lectora nueva!! Bienvenida Asi k es el primer fic interesante de Bella que lees? Me alegro (y no sabes cuanto -) de k pienses eso! Pronto subire el cap 4, ya lo he empezado. Espero que te guste el 3!
Yoru Black – Hola! Q bien que te haya gustado… weno, espero que el 3 te guste todavía mas. Cada vez se iran descubriendo mas cosas!
