N/A: Tenéis que admitirlo!! Me debéis una felicitación! He empezado el cap 4 (aunk ya se que debería seguir con el cap 3 de Haciendo Justicia, que lo tengo abandonado... pero es que Bellatrix me absorbe Exadle la culpa a JK por inventarla)

Ya me confirmé, y mis honorarios ascendieron a 220 euros =D Ya he llegado a los 1000 y con lo que aporte mi padre por las notas, en dos semanas tendré mi nuevo portátil! Yupi!

Y ahora os dejo, pork no hay na mas interesante k contar... dejad vuestras opiniones ok?? (Espero k seáis wenos... - )

CAPITULO 4: UN CRISTAL A LA OSCURIDAD

Bellatrix acabó de escribir en su diario y se quedó pensativa durante unos momentos. Acarició la tapa de piel verde oscuro y posó su vista en los bordes dorados de las hojas, que centelleaban a la luz de la vela.

Nunca se hubiera podido imaginar que el tiempo pasara tan rápido, pero las numerosas hojas de su diario escritas en tinta oscura lo demostraban.

Habían sucedido muchas cosas desde esos primeros días y todo, palabra por palabra, lo había detallado en su pequeño diario.

Le picaban los ojos por el sueño, pero no le apetecía irse a dormir. Se acomodó, tapándose con la elaborada sábana, y dejó vagar su mente por los recuerdos de los últimos meses.

Posó la vista en la dorada cerradura y, siguiendo un impulso, abrió el diario, eligiendo una página al azar.

02-10-66

No he vuelto a hablar con Kathryn desde esa doble clase de Pociones de hace dos semanas. Sigo sin comprender porqué me mira así, pero cada vez me pone más nerviosa...

Bellatrix dejó de leer. No le gustaba pensar en la creciente incomodidad que sentía cuando estaba cerca de Kathryn; esa sensación de ahogo que le presionaba el pecho cuando se perdía en sus ojos violetas.

Zahn había estado en su grupo, silenciosamente sentado a su lado durante las dos horas que había durado la clase. Observaba pensativo, aunque Bella no estaba segura qué. Habían hablado después, pero no había conseguido sacar nada en limpio.

Flashback

-¿Se puede saber que te pasa? - preguntó Bella bastante molesta, siguiendo a Zahn a buen paso.

El muchacho había recogido todos los materiales de clase de Pociones discretamente, pero muy rápido. Bellatrix estaba cerrando aún su mochila cuando se dio cuenta de que su amigo salía por la puerta sin esperarla. Le había dado un grito, pero él claramente había pasado de ella, siguiendo su camino hacia la Sala Común de Münzenicht.

Bella agarró al muchacho de pelo negro por el hombro con brusquedad, haciéndole detenerse.

-¿Me vas a contar qué te pasa o no?

Zahn la miró fijamente. En su cara asomaba un principio de... ¿preocupación? Era imposible saber con seguridad qué pasaba por la cabeza del chico. Se dio la vuelta, volviendo a coger un buen paso, pero esta vez habló a Bella, que ya se había puesto a su lado, dispuesta a pedir una explicación por el trato que estaba recibiendo.

-Te advierto que no pienso seguirte hasta...

-Kathryn Vessler - cortó Zahn, sin dirigir ni la más breve mirada a Bellatrix - Pertenece a una de las familias de sangre limpia más antiguas que existen.

-Ya, pero, ¿qué tiene que ver eso con...

-Su abuelo apoyó el lado de Grindewald, ¿lo sabías?

-No, pero no se porqué me estás contando...

-A mi tío nunca le gustó el concepto que su familia tiene de las Artes Oscuras. Tienes que tener cuidado con ella.

-¿A qué viene esto?

Zahn no se detuvo, y cuando llegaron a la escalera de caracol, se metió por el pasadizo secreto, y dejándose caer en una silla pesadamente, desapareció detrás del montón de libros que tenía en la mesa y no volvió a pronunciar una palabra en lo que restaba de noche.

Fin del Flashback

Bella jugueteaba con la vela, dejando caer la cera derretida en el dorso de su mano.

Zahn se había comportado extrañamente ese día y había permanecido en la Sala Común hasta las dos o tres de la madrugada, no estaba muy segura. El caso es que al día siguiente todo volvía a ser como siempre, exceptuando por supuesto que Zahn no quería hacer mención a lo ocurrido el día anterior.

De todas formas, casi dos meses después de ese acontecimiento, Bella ya lo conocía mucho mejor. El muchacho al que ella consideraba su mejor, y único, amigo, solía tener alguna vez esos "días raros", como los había bautizado, sobre todo después de ver a Kathryn.

Bellatrix había visto como de vez en cuando la chica le saludaba con la mano con una sonrisa burlona, y una sola vez lo había acorralado para hablar con él, pero Zahn nunca había mencionado esos sucesos, y Bella no insistía. Había aprendido que Zahn tenía secretos, y que no siempre se los contaría.

Pasó un grupo más de páginas amarillentas que correspondían a unas semanas después.

16-10-66

Estábamos sentados bajo un árbol cuando empezó el partido. No hicimos mucho caso, a pesar de que ambos sabemos jugar al Quidditch. Tengo que admitir que nuestro buscador, Jake Allerton ,hizo un partido espectacular y gracias a él hemos ganado - la pluma había vacilado un poco en esta parte - A Sirius le habría gustado mucho. No puedo evitar sentir un peso en el estómago al pensar en que todo lo que me queda de él lo dejo atrás. Aprendí a jugar por él, y llevó años sin tocar una escoba...

Sirius. Le hubiera gustado recibir una carta suya, pero sabía que era imposible. Lo más probable es que él no hubiera pensado en ella en todo lo que llevaban de curso. Más le valía olvidarlo y centrarse en el presente; un presente en el que él no tenía ningún papel.

Empezó a pasar las hojas tan rápido que apenas captaba una frase de cada página.

Las clases de Gavriel cada vez me gustan más. Hoy...

...sé que le hubiera gustado acercarse a mí. Tal vez Schultz sí puede resultar molesto...

...Nigheit; esa estúpida me ha suspendido el trabajo...

Bellatrix contuvo la respiración al ver cruzar una sombra a través de los doseles. Tenía que ser Kathryn, puesto que Ellery llevaba ya dormida varias horas.

No hizo ningún ruido. No quería hablar con ella.

Se concentró de nuevo en las páginas de su diario, intentando ordenar los acontecimientos de los últimos dos meses en su cabeza.

Después de ese primer fin de semana, los días habían yendo cayendo en la rutina, a pesar de que tocaban en cada clase un tema diferente. Nunca se hubiera imaginado que con un poco de esfuerzo se podía aprender tanto, pero lo cierto es que sus conocimientos en todos los ámbitos de la magia habían aumentando mucho. No tanto como le hubiera gustado, pero por algo se empezaba.

Todas las tardes pasaba varias horas en la biblioteca junto a Zahn, haciendo deberes, estudiando o simplemente informándose de cualquier tema que les interesara en ese momento. La bibliotecaria, madame Guthrie, una viejecita apacible y amante de los libros, les era de enorme ayuda a la hora de buscar un tomo.

Después de las clases de la tarde, solían ir a la Sala Común, donde se sentaban confortablemente en los sillones y dedicaban horas a conocerse mejor. Antes subían todas las noches a la torre, pero las últimas semanas la temperatura había bajado mucho. A Bella no le importaba mucho el lugar, aunque era cierto que le gustaba ver los terrenos mientras pasaba las horas muertas hablando.

Bella tenía que admitir que le gustaba mucho más el colegio que quedarse en casa de Sirius sin nada que hacer. Empezaba a acomodarse al lugar, y para nada deseaba que se acabará el curso. En Navidades había decidido que se quedaría. Zahn se había apuntado a la idea rápidamente, exponiendo que se aburría muchísimo en las comidas familiares. Bella dudaba, pensando que tal vez lo hacía por ella. No había dicho nada, pero se lo agradecía mucho.

Y tenía que comprarle algo, ahora que lo pensaba. Además de las Navidades, el cumpleaños de Zahn se acercaba. Bellatrix se prometió que en cuanto estuviera de vacaciones miraría en algunas revistas y pediría algo por correo.

Se hundió un poco más en los almohadones, suspirando de satisfacción. No echaba de menos su antigua habitación, pero si echaba en falta algo más de intimidad.

"Si no estuvieran ni Kathryn ni Ellery esto sería perfecto"

Y era cierto. Desde el principio no había congeniado con ninguna de las dos, sino más bien al contrario. Con Kathryn se limitaba a intercambiar miradas, y tal vez alguna palabra seca. En cuanto a Ellery... que iba a decir. Sabía de buena tinta que iba desperdigando rumores suyos entre los alumnos, y ninguno era cierto. Invenciones estúpidas de una malcriada chiquilla, molesta porque la habían ganado. Mientras no fuera nada importante, no se iba a molestar en intervenir. Ahora que si la cosa tomaba otro cariz... Todo se vería a su debido tiempo.

"Un par de maldiciones bien hechas le irían muy bien. A ella y a otro que yo me s

Rob Schultz. El muy pesado no había dejado de molestarla desde ese día en la torre. Se cruzaba con ella en los pasillos y la ponía la zancadilla, tiraba sus apuntes al suelo cuando estaba estudiando en la Sala Común... Ese tipo de cosas. El tipo era bastante molesto, pero lo que más preocupaba a Bella era las miradas que intercambiaba con Zahn. Saltaba a la vista que se odiaban, y mucho. Bellatrix no tenía ni idea de porqué, pero no se atrevía a preguntar. A veces, subiendo a la habitación de su mejor amigo, les había escuchado discutir. Nunca había vuelto a intervenir, y probablemente nunca la haría. Zahn sabía como defenderse... y como atacar.

Era cierto. En clase de Artes Oscuras el muchacho destacaba sobre todos los demás con diferencia. Tenía unos reflejos excelentes, y se movía muy rápido. Todos los días, sin excepción, salían con varios puntos más de esa clase a causa de Zahn, lo que le había valido la admiración de los demás alumnos de su curso, incluida Bellatrix.

Todas las tardes Bella rogaba a Zahn que practicara con ella. Había mejorado, pero no llegaba a su amigo ni a la suela del zapato. Este le había confesado que se sabía desde hacía dos años el temario de primero de Artes Oscuras, y que estaba acabando el de segundo. Amaba las Artes Oscuras, de una manera que Bella no conseguía comprender.

No es que a ella no le gustaran, pero las tomaba como una asignatura más. Ponía el mismo empeño en aprenderlas que podía poner en Transformaciones, con el profesor Wexlershire, o en Herbología, con el pequeño profesor Ellhoir.

Ya había tenido clases con todos los profesores y, excepto con la profesora Nigheit, tenía que admitir que con los demás no se llevaba muy mal. Es cierto que había alguno que no era lo que se dice muy bueno, pero tenía notas sobresalientes en todas las asignaturas. Irónicamente, en la que más destacaba era en Encantamientos, y eso era algo que causaba que los perfectos rizos de la profesora se deshicieran de pura antipatía. Ver que la podía sacar tanto de quicio provocaba en Bella una inagotable fuente de deleite.

Escuchó a Kathryn volver a bajar la escalera. Solía subir bastante tarde a acostarse, ya entrada la noche. No era como Ellery, que a las ocho ya esta dormida como un tronco.

Olvidando a sus "fantásticas" compañeras de cuarto, Bellatrix volvió a hundirse en la lectura de los últimos días que había escrito en su diario. Era cierto que podía leer cualquier otra cosa, pero ya que había empezado, no quería dejarlo a medias. En algo más de un cuarto de hora llegó al final y lo cerró. Antes de esconderlo en el compartimiento secreto de su baúl, puso la contraseña para que nadie excepto ella pudiera abrirlo.

Estaba de pie, algo agachada mientras cerraba el baúl, cuando Kathryn volvió a entrar en la habitación.

-Novak ha dicho que bajes – dijo mientras se dirigía hacia su cama.

Bella se quedó callada, mirando con movimientos lentos de Kathryn mientras se metía entre las sábanas.

-¿Te ha dicho que quiere?

-A mí que me cuentas. Yo sólo le estoy haciendo un favor – murmuró, mientras cerraba los doseles.

Bellatrix decidió bajar, a pesar de que estaba en camisón. Apagó la vela que tenía encima de las sábanas soplando un poco y bajó las escaleras para encontrarse con Zahn.

Este le esperaba dando vueltas de un lado para otro, nervioso.

-¡Ya era hora! Pensaba que Vessler no te diría nada.

-Son pasadas las doce, Zahn. ¿Se puede saber que quieres?

-No me sale nada del examen de Encantamientos de mañana. Necesito que me ayudes.

-Me lo podías haber dicho antes. ¡Nos va a llevar horas!

-Por favor, Bella. Si no me ayudas voy a suspender.

Bella suspiró, poniendo los ojos en blanco.

-Está bien... Veamos, ¿qué es lo que sabes hacer?

-¡Nada! ¡No me sale nada!

(Varios días después)

-¿Has firmado ya la lista para quedarte en Navidad, Bella?

-Si, esta mañana – dijo la muchacha llevándose un trozo de pan a la boca.

-Ha vuelto a helar – murmuró, mirando alrededor. Habían salido a desayunar al patio, y hacía un frío espantoso.

-Estamos en Rusia. ¿Qué esperabas? ¿Una playa? – comentó mordaz. Luego bostezó, tapándose la boca con la mano – Dios... ¡estoy agotada! Una noche en vela estudiando Encantamientos... no se cómo acepté. Lo único que mereció la pena ver la cara de Nigheit cuando hice todo bien – añadió, soltando una carcajada.

-Si no fuera porque se te da tan bien, no sería raro que te suspendiese.

-Espero que tú no hayas suspendido.

-Ya te he dicho que me salió bien... más o menos me lo has preguntado catorce veces.

-Lo siento. Solo es que estoy demasiado cansada... Necesito que lleguen las vacaciones.

-Podemos estrenar mi nuevo tablero de ajedrez después de comer. Me lo ha regalado mi tía.

Bella se paró en seco; tragó saliva, pues se le había quedado la boca seca. Se ruborizó ligeramente y, por unos segundos, se sintió incapaz de mirar a su mejor amigo.

¡El cumpleaños de Zahn! ¿Cómo se le podía haber olvidado?

-Siento haberme olvidado, Zahn. No sé dónde tenía la cabeza.

-¿En el examen de Encantamientos? – sugirió con una sonrisa.

Bella se la devolvió, un tanto insegura. Su cabeza era un torbellino, mientras intentaba aparentar que había sido sólo un despiste. ¿Y el regalo? ¡No había comprado nada!

-¡Feliz Cumpleaños! – exclamó, abrazando a su amigo – Tengo el regalo arriba.

Había improvisado demasiado. ¡No tenía nada que darle! ¿Por qué había dicho eso? ¿Por qué no simplemente le decía la verdad?

-Será mejor que me lo des luego – replicó Zahn, un poco más contento que antes – Vamos a llegar tarde a Pociones, y ya sabes como se pone la tía.

-Lo que tú digas – dijo, mordiéndose el labio inferior nerviosa.

¿Qué iba a hacer ahora?

Entraron en la clase corriendo. La profesora Stokoyk entró justo después de ellos. Esta vez habían tenido suerte.

-Buenos días – saludó, con voz seca.

A pesar de su aspecto exigente, Bella apreciaba la experiencia de esta profesora. De unos sesenta años, con su pelo rubio ceniza recogido en un moño y algunos kilos de más, la mujer exigía muchísimo, y más valía no contrariarla.

-Sacad los materiales, por favor. Hoy terminaremos la poción que empezamos hace quince días, ya que los ingredientes han terminado el reposo necesario. Los ingredientes que resta añadir los tenéis en la pizarra. Podéis empezar, y recordar que al final de la clase deberéis llevarme una muestra para que pueda evaluarla.

Tardaron las dos horas que duraba la clase en acabar la dichosa poción, de un color morado oscuro. Bella podía asegurar que le había salido bien por el color. Ahora esperaba que el efecto también fuera el bueno.

Llevó la poción a la profesora, y recibió una felicitación por parte de esta. Salió rápidamente, sin esperar a Zahn, dispuesta a encontrar un regalo para él, aún a costa de que tuviera que evitarle el resto de la mañana. Se pensaba saltar la clase siguiente. Ya se inventaría algo.

Entró en su habitación como una exhalación, pisando un pie a Ellery, que se puso a gemir de dolor. Pero Bella ya estaba ocupada sacando las cosas de su baúl y desparramándolas por todo el suelo. Estaba buscando una cosa... ¡Ahí estaba! Una revista de encargos por correo.

La abrió y se puso a devorar el contenido lo más rápido posible. Se saltó la zona de Quidditch, de juguetes y algunas secciones más sin nada de interés. Había decidido que le compraría un libro. No tenía tiempo para pensar en algo más original. Al llegar a dicha sección, se dio cuenta que había decenas de hojas llenas de libros. Buscó entre los de Artes Oscuras, pensando que sería lo que más le gustaría a Zahn. Había algunos inauditos, nada vulgares, y, por consiguiente, demasiado caros para su economía. Tampoco le iba a comprar nada de hechizos sencillos, puesto que Zahn se los sabía todos, y de todas formas, estaban disponibles en la biblioteca. Uno le llamó la atención y decidió comprarlo. Relleno el boletín y marcó la opción "urgente". Tardarían unas horas... en las que tendría que evitar a Zahn. Voló hasta la lechucería y, despertando a Krall, su enorme búho, mando la solicitud.

(Unas horas más tarde)

-¿Se puede saber dónde te habías metido? ¡Llevo horas buscándote! No has ido a comer, te has saltado Transformaciones... No estabas ni en la biblioteca, ni en tu habitación, ni en la torre – protestó Zahn, sentándose en el sofá gris oscuro - ¡Me has hecho recorrer todo el colegio!

-Lo siento. No me encontraba bien – se disculpó Bella – He ido a la enfermería y luego a dar una vuelta por los terrenos.

-¿Con este frío? ¿Estás loca?

-Estaba un poco mareada – comentó, encogiéndose de hombros – De todas formas, olvídalo. Aquí tienes tu regalo – dijo, tendiéndole a Zahn un paquete muy grueso y bastante pesado.

Zahn miró con interés el paquete, y procedió a quitar el papel de regalo. Este cayó al suelo, y un libro muy grueso quedó en las manos del muchacho. Era un bonito tomo, de tapas gruesas de piel, ornamentado con unas letras doradas en la tapa.

-Dominar a las criaturas oscuras. Sus puntos débiles – leyó Zahn en voz alta. Luego miró a Bella, con una sonrisa en los labios y los ojos brillantes por el interés – Muchas gracias.

Abrió el libro y leyó el principio de la introducción.

-Parece muy interesante.

-Eso pensé – comentó Bella, contenta por haber dado en el clavo con el regalo - Me alegro de que te guste.

(Ya en Navidad...)

-¡Venga, Bella! Acaba de una vez de vestirte.

-Solo un segundo.

Bella se puso la túnica, de un azul oscuro, y fue a abrir la puerta a un impaciente Zahn, que había estado esperando afuera de la habitación mientras Bella se quitaba el pijama.

-No pongas esa cara... Tampoco he tardado tanto.

-Me he traído mis regalos. Así los podemos abrir a la vez.

-Buena idea. Hum... mira, aquí tengo uno de mi tía.

Zahn observó como Bella abría el paquete y sacaba una túnica, de una tela muy suave y fina.

-Siempre me regala ropa, y nunca tengo ocasión de ponérmela. En fin... veamos, aquí tengo uno de – Bella se quedo callada y miró a Zahn - ¿No vas a abrir tus regalos?

-Si, claro. Solo estaba esperando a que abrieras el mío. Es ese que tienes en la mano.

-Ah, vale – replicó con una pequeña sonrisa. Miró curiosa unos instantes el pequeño paquete cuadrado, intentando averiguar que era, pero fracasó estrepitosamente. Optó por abrirlo y dejarse de adivinanzas.

Soltó una exclamación cuando vio la plateada pulsera resbalar entre sus dedos. Estaba muy bien trabajada, era fina, elegante y bastante sencilla. Por la parte interior aparecía una diminuta inscripción: Zahn, 1966.

-¿Es para qué no me olvide de tu nombre? – preguntó, divertida.

-Nunca está de más – comentó Zahn, sonriendo.

Lo cierto es que le gustaba que hubiera grabado su nombre. El tener su nombre pegado a la piel le recordaba que tenía un buen amigo.

Se la tendió a Zahn y extendió el brazo izquierdo. La pulsera rodeó la muñeca y cuando se cerró el broche, sonó un seguro clic.

-¿Ahora vas a abrir los tuyos?

Zahn sacó del paquete de su tío un objeto parecido a una peonza que Bella no supo identificar, algo de ropa, chocolate y dinero de sus padres, un tablero de gobstons de su tía, a la que parecían gustarle los juegos, y un álbum de fotos por parte de Bella. No era precisamente común y la muchacha había pensando en que sería un buen regalo. Estaría vacío si no fuera por una decena de fotos de esas Navidades, pero Bella sabía que una vez se acabaran las páginas que contenía el álbum irían apareciendo más por arte de magia. Zahn le dio las gracias y se dedico a contemplar detenidamente las escasas fotos en silencio.

Bella, mientras tanto, abría los regalos de Andrómeda, Narcissa y Régulus. Todas las Navidades se regalaban algo, casi por pura formalidad. Y normalmente eran cosas de comer.

-Mira, te queda un regalo más.

Bella miró al suelo. Quedaba una diminuta bolsita plateada en el suelo. La cogió cuidadosamente, preguntándose de quien sería. Un sensación de inestabilidad crecía en su interior. Solo quedaba una persona de la que podía recibir un regalo. ¿Le habría Sirius comprado algo?

Sólo había una forma de averiguarlo.

Abrió la bolsa y dejó caer en su mano una piedra color ámbar, con la forma de un diamante. También cayó al suelo una nota, que recogió Zahn y la abrió.

Estoy seguro de que averiguarás el uso de la piedra.

Antares Black

-¿Quién es Antares, Bella?

La muchacha tenía los ojos desmesuradamente abiertos. Miraba la piedra, prácticamente una joya, estupefacta. Ya no se acordaba de los años que hacía que no recibía de su padre un regalo.

-Es mi padre.

Zahn se quedó callado, dudando si continuar o no.

-Pareces sorprendida.

-Lo estoy. Hace años que no lo veo y que no sé nada de él, y esta es la segunda noticia suya que recibo en tres meses.

Zahn veía a su amiga bastante alterada, aunque intentara no demostrarlo mucho. Miró la piedra que Bella seguía teniendo en la palma abierta y la observó con atención. No podía ser...

-¿Bella? – preguntó, esperando a que su amiga reaccionará. Esta levantó la vista, sin comprender muy bien de que iba todo lo que estaba pasando - No sabes lo que tienes entre las manos, ¿verdad?

-Pues es... una piedra, ¿no?

-De piedra nada. Es una "petra deauro", como se conoce en latín, que quiere decir cristal o gema dorada.

Bella lo miró como si se hubiera vuelto loco.

-Es un objeto de Artes Oscuras de enorme protección. Leí hace poco de él en un libro – empezó a explicar Zahn – Se pueden contar con los dedos de una mano los que hay en el mundo. No creo que ni siquiera mi tío haya visto alguno.

-¿Tu tío? – preguntó Bella, sin entender que pintaba el tío de Zahn en esta historia.

-Hem... digamos que es un... erudito. Estudia las Artes Oscuras.

-Ah, ya.

¿Por qué tenía la sensación de que Zahn acababa de omitir parte de la verdad?

-¿Sabes cómo funciona? – preguntó Bella, mirando con inseguridad la piedra. Se preguntó porqué su padre quería que ella tuviera es objeto tan escaso.

-Si, claro. Tienes que... Dámela un momento. Te la voy a poner.

-¿Cómo que me la vas a poner? Si no tiene ningún enganche ni nada.

-Shhh... cállate y deja de moverte. Tiene que ser en el sitio justo – murmuró mirando el cuello de Bella – Voy a romperte un poco el cuello de la túnica. Luego te lo arreglaré, no te preocupes.

Hizo un movimiento de varita y se hizo un corte vertical de unos seis centímetros desde el cuello en dirección al suelo.

Zahn siguió con la yema del dedo índice las líneas de las clavículas de Bellatrix, hasta juntarse en un punto. Y justo ahí, posó la piedra.

La sensación que sintió a continuación Bellatrix es difícil de narrar. Veía como la piedra se hundía en su carne, pero sin sentir dolor. Veía como adquiría un tinta azulado, y se unía a la perfección con los bordes de su piel.

Cuando acabó el proceso, la piedra sobresalía apenas un milímetro. Su color era ahora como un cristal azul oscuro, y en el interior flotaba un líquido espeso dorado.

-¿Ya está? – preguntó Bella, mirando con expectación el cristal. Ahora formaba parte de ella.

-Creo que sí. La verdad es que, como comprenderás, no he visto nunca nada parecido.

-Ya... ¿Y si me lo quiero quitar?

-No puedes. Es de lo que se trata. Por muy distraída que estés y, a no ser que el hechizo sea muy fuerte, nunca podrán tocarte. Tampoco se te puede caer. Es infalible – explicó Zahn, maravillado ante su propia explicación.

-En fin... ya no hay nada que hacer. Además, no queda muy mal.

-Es importante que no te lo vean. No es que esté precisamente bien considerado.

-¿Y eso? ¿No se supone que como sistema de defensa es infalible?

-Si, y también como ataque. Si alguien se te acerca con no muy buenas intenciones, digamos que no lo pasara bien.

-Ah.

-Lo esconderás, ¿verdad?

-Si me lo pones así, claro.

-Tu padre tiene buen gusto – declaró Zahn, mirando fijamente el cristal.

Bella suspiró, mirando la carta de su padre que Zahn le había dado después de leerla.

-Supongo – miró alrededor, a todos los papeles de regalo que había tirados por el suelo, y decidió cambiar de tema – Creo que deberíamos recoger todo esto un poco.

Con un movimiento de varita, hizo que la parte rota de la túnica se volviera a unir como si nada hubiera pasado. El cristal quedaba perfectamente oculto.

Unos minutos después, la habitación estaba recogida.

-¿Juegas una partida de ajedrez?

-Primero tengo que hacer una cosa.

-¿El qué? – inquirió Bella, considerando acompañarle.

-Hablar con alguien. Tú quédate aquí. Vuelvo enseguida.

Bella vio como Zahn se alejaba corriendo escaleras abajo. Ella, mientras esperaba, se tiró en la cama y hundió la cara en la almohada. Notaba la breve carta de su padre en la mano. Cerró el puño con fuerza, sintiendo como los bordes del pergamino se clavaban en su piel.

(Pasan los días...)

Zahn y Bella jugaban la segunda partida de ajedrez de ese día.

-Jaque mate – exclamó Zahn.

Se recostó en el sillón orejero, y miró a Bella fijamente.

-¿Estás bien? Te veo algo... distraída.

Bella sonrió. No le gustaba mentir a Zahn, pero no quería que supiese que todavía seguía pensando en su padre; en esa extraña carta que guardaba entre las hojas de su diario. Para su incomodidad, se había convertido en una presencia que la perseguía a donde quiera que fuese.

-Estoy bien. Tengo algo de hambre... nada más.

-Pues podemos ir a comer ya – dijo mirando su reloj de muñeca – Ya es la hora.

Bella se levantó sin ganas. Se podía haber inventado otra excusa, porque la verdad es que sentía que la comida no iba a poder pasar por su garganta. Pero sin protestar siguió a Zahn hasta el Comedor, donde se detuvo un rato a contemplar, como hacía todos los días, la hermosa decoración que habían puesto para Navidad.

Lo lógico es que se hubieran sentado los pocos alumnos que quedaban en una sola mesa, pero no sabía si por costumbre o por otra cosa, el caso es que las sangres y las casas se seguían respetando.

En la mesa de Straglenheiz vio con algo de sorpresa que Andrómeda, su hermana, estaba hablando mientras desayunaba con una chica de esa casa. La muchacha le resultaba ligeramente familiar, pero no lograba situarla.

De todas formas eso no importaba. ¿Qué hacía Andrómeda hablando con alguien tan inferior a ella? Si solo estuvieran intercambiando unas palabras... pero estaba claro, por sus risas, que eran muy amigas. ¿Es qué nunca aprendería?

Ya había tenido problemas familiares por ese "no-importarle-la-limpieza-de-sangre". Bella, cuando era más pequeña, había escuchado a su tía protestar una vez que Andrómeda estaba resultando una cría extraña, con afición a jugar con muggles. Al parecer sus costumbres no habían variado, a pesar de las serias advertencias y los castigos a los que se había visto sometida.

Recordó con una punzada de envidia como, ya después de la pelea con Sirius, en Navidad Andrómeda seguía recibiendo regalos del muchacho. Ella, en cambio, miraba el hueco en el que debería haber estado el regalo de su primo para ella.

No es que le importaran las cosas materiales. Ella no quería un estúpido regalo. Lo que quería es que fuera de él.

-¿No decías que tenías hambre? – preguntó Zahn, mirando a su amiga preocupado.

-Si – mintió, llevándose una patata a la boca. La masticó con dificultad y tragó.

-¿Qué vamos a hacer esta tarde? Deberíamos acabar el trabajo de Historia de la Magia.

Bella resopló, cosa que hizo reír a Zahn.

-Me apetece lo mismo que a ti, no creas.

-¿Podríamos hacer la poción? – rogó Bella, dispuesta a eludir por todos los medios el aburrido trabajo de "El decreto de los duendes de 1756".

-Te propongo una cosa.

-Mientras no sea nada de escribir...

-¿Darías clases de Artes Oscuras conmigo?

Bella le miró, dudando si se lo proponía en serio.

-Claro, ¿por qué no?

-Bueno, yo no soy el profesor.

-Entonces, ¿quién...?

-Gavriel.

(Más tarde)

-Así que aquí es donde vas todos los viernes por la tarde – digo asomándose al despacho de Gavriel.

-Si. Practico todas las semanas durante cuatro horas seguidas.

-¿Y a qué se debe este favoritismo...?

-Buenas tardes – saludó Zahn, entrando en el despacho.

Gavriel se dio la vuelta y le saludó.

-Buenas tardes... – Zahn y Gavriel intercambiaron una rapidísima mirada, que Bella captó – señor Novak. Veo que trae compañía. Bienvenida a nuestra pequeña clase, señorita Black.

-Hola – saludó Bella, algo cortada.

No era para nada lo mismo hablar con Gavriel en ese pequeño despacho casi a solas que en una clase llena de gente.

-Bueno, estoy seguro de que el señor Novak le ha explicado cuando son los entrenamientos. Así que por favor, acompaña a la señorita Black al aula de trabajo, que yo tengo que coger unas cosas. En unos minutos estoy con vosotros.

-Venga, Bella.

La muchacha echó un último vistazo al interior del despacho, lleno de cosas que no tenía ni idea de que podían ser, aunque suponía que eran todas de Artes Oscuras. Ya preguntaría a Zahn.

Olvidándose del despacho, siguió a Zahn. Subieran unas de las escaleras que Bella no se había atrevido a subir el día en la Gavriel la pilló. En lo alto de las escaleras, había una puerta vieja y arañada de madera. Zahn la empujó y esta se abrió con un chirrido de las bisagras oxidadas. Bella caminó hacia el interior, mirando alrededor. Era una sala bastante amplia, con colchonetas en una zona, cojines y demás objetos en otra, estanterías llenas de libros cubriendo una pared... Todo lo necesario.

Estaba echando un vistazo a los títulos de los libros, cuando entró Gavriel, llevando un montón de papeles y algunos objetos que Bella no había visto nunca.

Gavriel se quedó un momento callado, mirando a sus dos alumnos.

-Veamos... usted, señor Novak, continúe con lo de la semana pasada. Si no me equivoco habíamos empezado con el libro de dominio de criaturas mágicas. Lo encontrará en la segunda estantería, tercera balda – dijo señalando a las estanterías de la pared. Después de ver como Zahn iba hacia allí, se giró hacia Bella - En cuanto a usted, señorita Black, creo que haremos un repaso de todos los maleficios que llevamos vistos durante el curso. ¿Le parece bien?

Bella asintió. ¿Acaso podía decir que no?

-Entonces puedes empezar: maleficio Impelliare. Le advierto que estaremos aquí hasta que sea capaz de dar al señor Novak con el cojín.

Mirando dudosa el cojín que le tendía Gavriel, volvió a asentir con la cabeza. Ella sabía hacer el maleficio, pero ¿hacerlo volar hasta el otro lado de la habitación y qué diera a Zahn? Y todo esto sin perder el control. Dicho así parecía toda una Odisea.

Y lo cierto es que resultó ser así. Media hora después Gavriel seguía a su lado, dándola instrucciones. Había conseguido dar a Zahn, para sorpresa de este, pero tenía que admitir que la suerte había intervenido mucho. Lo peor era que Gavriel se había dado cuenta de ese pequeño detalle.

(Más tarde...)

-Voy a tener pesadillas... ¡Cuatro horas practicando el mismo hechizo! Nunca pensé que el tiempo pudiera ir tan despacio.

-Eso es solo al principio. Luego las clases se hacen mucho más interesantes – aseguró Zahn, intentando animar a su amiga.

-Si, ya, supongo... ¿Puedo preguntarte una cosa?

-Si, claro.

-¿Cuánto tardaste en controlar el Impelliare?

-Uf... mucho.

-Ya, pero ¿cuánto es mucho?

-Es mejor que no lo sepas – dijo sonriendo ligeramente – Pero es muy difícil.

-Ya me he dado cuenta – comentó Bella, algo desanimada.

-Este maleficio se creó para lanzar sin control, solo que algunos magos muy poderosos consiguieron dominarlo.

-Tú mismo lo has dicho, ellos eran MUY poderosos.

-Si consigues controlar este maleficio, podrás dominar prácticamente cualquier otro que requiera poder mental. Gavriel no está intentando que manejes este hechizo en especial, sino que aprendas a usar tu poder mental.

-¿Y si no puedo? ¿Y si no valgo para esto?

-Entonces él ya te lo habría dicho.

(Días más tarde)

Bella examinó concienzudamente su trabajo sobre los duendes. Todavía le faltaban diez centímetros por escribir.

-Recuérdame que no me vuelva a dejar nada para el final – dijo a Zahn, molesta.

Los últimos días se había dedicado a practicar Artes Oscuras con su mejor amigo y Gavriel y se había olvidado por completo de las demás asignaturas. Aprovechando que los dos asistían a las clases y que tenían vacaciones, Gavriel les hacía practicar Artes Oscuras todos los días.

Ella estaba encantada. Se desenvolvía mucho mejor y ya tenía prácticamente controlado su poder mental. Habían acabado de repasar lo dado hasta ese curso, y habían empezado con nuevas maldiciones que darían después de Navidades.

-Si no te concentras, no vas a acabar – murmuró el muchacho de pelo negro, releyendo el final su redacción.

-No tienes ni idea de lo que me aburre esto – exclamó, resoplando. Soltó su pluma encima del pergamino y una gota de tinta lo manchó, pero ella se dedicó a reclinarse sobre la silla, sin inmutarse. Ya la borraría más tarde.

Aunque se le acababa el tiempo.

Esa misma mañana, como si se hubiera comido una piedra, se dio cuenta de que no había empezado con los deberes. Le quedaban apenas dos días de vacaciones. Iba a tener que dejar a un lado las Artes Oscuras y trabajar en serio, aunque las primeras fueran infinitamente más interesantes.

Así que allí estaba ahora, haciendo un trabajo aburridísimo de una asignatura en la que por mucho que buscara, no lograba encontrarla ningún interés. En otra mesa contigua a la suya hervían dos calderos, con la poción que debían preparar para entregar a la profesora Stokoyk.

-Me apetece salir a dar una vuelta.

-Esta helando – protestó Zahn, mirando por la ventana.

Bella se levantó y anduvo los pocos pasos que la separaban de la escalera que conducían a las habitaciones.

-Si piensas salir, ya te iré a ver a la enfermería, pero yo me quedo aquí – dijo Zahn, abriendo Una historia de la magia, y comprobando unos datos para ver si eran correctos.

-Solo voy a por unos apuntes. Me los he dejado arriba – se explicó Bella, sonriendo un poco.

Al asomarse a su habitación, vio a Ellery manejando varias bolsas con ingredientes para Pociones. Miraba a menudo, con nerviosismo, el libro, y después echaba varios ingredientes sin tomar medidas. La poción cambiaba a menudo de color, y soltaba un humo desagradable.

Bella temió que de un momento a otro explotase.

-¿Problemas? – preguntó Bellatrix, rebuscando entre los libros que había encima de su cama.

Ellery levantó la vista y puso una mueca al ver a su compañera de cuarto.

-Ninguno. Está todo controlado – comentó con arrogancia, echando unas raíces a la poción - ¿Vas a quedarte mucho?

Bella esbozó una sonrisa al advertir un ligero temblor en la voz de la muchacha.

-No. Ya tengo los apuntes.

-Sal sin hacer ruido. Me desconcentras.

-Nada más lejos de mi intención.

La poción, ahora de un color azulado, empezó a pitar, dando un susto de muerte a Ellery, que se alejo rápidamente del caldero.

Bella iba a salir de la habitación sin hacer más comentarios, pero al llegar a la puerta cambió de opinión. Se giró hacia Ellery, que estaba sentada en el suelo, a prudente distancia del caldero.

-Por cierto, la poción tiene que ser blanquecina – dijo y, sin esperar respuesta por parte de la muchacha, que se había quedado con aire ausente observando el color azulado de la poción – si es que podía llamarse así lo que había hecho -, salió de la habitación.

Mientras bajaba la escalera escuchó unos sollozos ahogados de frustración y fracaso.

Una sonrisa furtiva asomó a sus labios involuntariamente. Se lo merecía. Se merecía que no le saliera nada. La gente estúpida no se merecía llegar a ningún lado.

(Primer día de colegio)

Bella, con la mochila al hombro, salió hecha una furia de clase de Encantamientos. ¡¡Como le hubiera gustado decirle un par de cosas a esa inútil que se hacia llamar profesora!!

La muy zorra, siempre dejándola en ridículo, siempre dando a entender que lo hacia todo mal. ¡Y sin fundamento! Por Dios, ¡s¡ era la que sacaba mejores notas de todo el curso!

Flashback

-Señorita Black – murmuró con voz melosa, dulzona y muy peligrosa la profesora Nigheit – ¿Se puede saber cuál es la razón de que no practique los hechizos vistos hasta ahora como el resto de sus compañeros?

-Por supuesto, profesora. Sé hacerlos todos – comentó con tal vez demasiada arrogancia; justo el tono de voz que exasperaba a su más detestada profesora.

-Ya, entiendo – dijo, llevándose una mano al mentón, como si pensara, cosa que Bella dudaba que hubiera hecho alguna vez – Hum… por sus palabras comprendo que no le importaría demostrarme sus conocimientos mañana en un examen. Y por supuesto, también entiendo que si usted es capaz de hacer los hechizos con tanta perfección como dice, sus compañeros no tienen por qué ser menos.

Abrió los brazos, mirando al resto de la clase, que había escuchado la conversación paralizada, y habló:

-¡Mañana examen! De todo lo que llevamos visto hasta ahora – se dio la vuelta, caminando hacia su mesa – Agradézcanselo a la señorita Black.

Se oyeron protestas por toda la clase, pero la profesora no se molestó en escucharlas. Bella sintió muchos pares de ojos clavados en ella, y la mayoría de las miradas, por no decir todas, eran de odio.

Miró a Zahn, que la observaba negando con la cabeza.

-Nunca aprenderás a cerrar la boca – dijo – Esta noche te quedas conmigo practicando. Me lo debes.

Bella asintió. Sabía que Zahn tenía razón. Esa asignatura se le daba realmente mal a su amigo, y ella no era capaz de morderse la lengua para ayudarlo.

Pero tenía que admitir que detrás de la culpa, sentía disfrazada la satisfacción de sacar de quicio a su profesora.

Eso la hacia sentir todavía mucho peor. ¿Elegía divertirse un rato antes que ayudar a su único amigo?

Fin del Flashback

Se metió en clase de Defensa Contra las Artes Oscuras y fue directa hacia su pupitre, después de saludar a la profesora Sidhe secamente.

Zahn entró poco después que ella y se sentó en su mesa, a su lado. Bella evitó mirarlo, sabiendo que le reprochaba el examen que tendrían al día siguiente. Observó, en cambio, a la profesora, como si la pasase algo.

Era joven, pero con experiencia. Una profesora dura que adoraba la práctica en su trabajo y evitaba a toda costa el trabajo teórico, que se lo mandaba de deberes. En cierto modo, la profesora le recordaba a ella, por lo menos físicamente. Su pelo negro y liso caía por debajo de la cintura. Bella lo tenía bastante mas corto, pero de apariencia era muy similar. Unos labios rosados siempre marcaban una sonrisa casi pícara en su rostro pálido.

La diferencia más notable eran esos ojos azules que tenía, casi blancos, enmarcados por pestañas rubias. Los alumnos solían evitarlos, e incluso algunos profesores. La razón era simple: provocaban escalofríos.

-Buenos días – saludó con voz alegre a los alumnos, que ya estaban todos sentados y atentos para empezar la clase – Espero que todos hayáis hecho el ensayo que os mandé para Navidades... tiempo no os ha faltado, eso seguro. Así que por favor, ¿hay alguien que no lo haya hecho?

Nadie levantó la mano, y la profesora Sidhe asintió, complacida.

-Entonces, si me hacen el favor el señor Weiss y la señorita Dermot, pasen por la clase y recojan los ensayos.

Los alumnos nombrados se levantaron y se pasearon por la clase, recogiendo los trabajos. Bella reconoció a ambos de las clases, ya que ninguno de los dos pertenecía a su casa. Nunca había hablado con ellos.

El chico era Shane Weiss, de Straglenheiz. Un muchacho atractivo que iba de superdotado por la vida.

Asqueroso, pensó Bellatrix, haciendo una mueca.

La muchacha, a diferencia de Weiss, parecía un poco más inteligente. Pertenecía a Baumkrone y solía conseguir algún que otro punto para su casa, sobre todo en Herbología. Su nombre, si no recordaba mal, era Leda. Leda Dermot. Tenía un espléndido pelo rizado, que llevaba siempre suelto. Solo tenía dos defectos que exasperaban a Bella: el primero era que no paraba de juguetear con él, y el segundo consistía en lo torpe que era. Cada vez que tocaba algo, había que resignarse a que dentro de unos segundos dicho objeto no existiría.

Entregó su trabajo desganadamente a Weiss, que le guiñó un ojo sonriéndola. Bellatrix estuvo en un tris de decirle algo poco agradable para sus delicados oídos, pero recordó en el último momento que la profesora estaba a dos metros de ella. Se contentó con mirar hacia otro lado, ignorándolo, cosa que seguramente le dolería más que todos los insultos del mundo unidos. No soportaba dejar de ser el centro de atención.

Bella vio de reojo como Weiss se ponía rojo ante tal clara manifestación de indiferencia. Olvidándose de él, y después de intercambiar una rápida mirada de cansancio con Zahn, la muchacha se concentró en las instrucciones que daba la profesora Sidhe para ese día.

-Como sabéis, antes de Navidades hemos estado trabajando con escudos de protección. Ahora nos vamos a meter en un temario mucha más activo: cómo tenéis que reaccionar si os atacan; formas de defenderos sin hacer daño al contrario. Si hay posibilidad de ello, el enemigo debe sobrevivir – la mujer hizo una pausa, mirando fijamente a la clase – Pero antes he decidido que dedicaremos una de las dos horas a repasar los hechizos más importantes de protección. Aunque ya sabéis que contra un encantamiento fuerte no sirven para nada, son realmente útiles en ciertas circunstancias.

Bella se preguntó en que ocasiones serviría un escudo tan sencillo. Suponía que en un duelo en serio, nadie iba a molestarse en lanzar una maldición sencilla. Por su parte, lo tenía claro: si se podía, lo mejor era atacar primero.

La clase se quedó en silencio esperando a que la profesora siguiera hablando.

-Por favor, poneros en parejas.

-¿Las mismas de la última vez?

¡No! Las mismas no, pensó Bella, maldiciendo para sus adentros al que había preguntado.

-Si, las mismas servirán – contestó al profesora Sidhe, tomando apuntes despreocupadamente en su mesa.

Bellatrix buscó con la mirada al autor de la pregunta. ¿Quién le mandaba abrir la boca? Y entonces lo comprendió. Weiss miraba a una muchacha bobalicona y cursi, que se había puesto roja. Hermosa, pero estúpida. Sus padres le habían puesto el ridículo nombre de Tracy Adliam.

-Eh, ¡no sabía que te gustaban los idiotas, Black! (Lo dice porque Bella está mirando fijamente a Shane Weiss)

Ahí estaba. Su pareja. ¡Maldita sea! Iba a partirle la cara a Weiss. Bella se dio la vuelta despacio, contando hasta diez muy lentamente.

-¿Has vuelto ya de casa de tu mamá? – preguntó Bella, mordaz, poniendo voz de niña pequeña.

Rob Schultz torció el gesto, mirando a Bellatrix directamente a los ojos y balanceando su varita entre los dedos.

-Por lo menos yo tengo a donde ir. No soy una muerta de hambre que vive con sus tíos.

Bella se quedó parada un momento. ¿Cómo se había enterado de eso? Impidiendo que sus verdaderos sentimientos se reflejaran en su rostro, continuo la discusión:

-Ya que alardeas tanto de familia, podías haberte quedado con ella. Te aseguro que aquí nadie te iba a echar de menos – exclamó Bella, cada vez más enfadada.

Si alguno de los dos hubiera atacado, nadie se hubiese dado cuenta. Toda la clase lanzaba hechizos y maldiciones sencillas, mientras sus parejas creaban escudos para desviarlos. Una maldición más no llamaría la atención... pero ambos querían saber hasta que punto eran capaces de llegar.

-¡Black! ¡Schultz! ¡¡Déjense de charla y trabajen!! – exclamó la profesora Sidhe, llamándoles la atención.

Como ordene, pensó Bellatrix, apuntando al chico velozmente. Pero él también había levantando la varita.

-¿Preparada? – preguntó, sonriendo de medio lado.

-¿Lo dudas? ¡Lineas ducere!

Secerno Reddo!

Una enorme burbuja con aspecto de metal fundido rodeó a Rob, absorbiendo con un fogonazo de luz el hechizo lanzado por Bella. Sin esperar ni un segundo más de lo necesario, Rob lanzó otro hechizo, pillando a Bellatrix por sorpresa, ya que había estado esperando un comentario sarcástico por parte del chico.

El rayo de luz le impactó en el pecho, quedándose sin aire durante unos angustiosos segundos. Respiró varias veces, sujetándose el estómago, y luego se incorporó despacio, asombrada. Conocía muy bien esa maldición, y a pesar de ser sencilla no era ninguna tontería. Además, los efectos no eran nada parecidos a los que había experimentado. ¿Qué había ocurrido? Levantó la vista y se encontró con los ojos confusos de Schultz, a varios metros de ella y aún con la varita en alto. ¿Qué es lo que pretendía, lanzándola esa maldición? ¿Vengarse?

Y entonces vio como él se doblaba y caía al suelo, intentando contener los gemidos de dolor. Bellatrix dudaba entre acercarse a él o no, e iba a hacerlo – mucha gente ya miraba la escena – cuando vio que la nariz del chico sangraba, y entonces recordó: "Si alguien se te acerca con no muy buenas intenciones, digamos que no lo pasara bien".

¿Estaría pasando todo esto por el cristal? ¿Y si la hacían preguntas? ¿Y si la hacían quitárselo? Pero no se podía... Entonces, ¿la expulsarían?

Buscó a Zahn, por un momento asustada. Encontró al muchacho en las filas del fondo, claramente haciéndola gestos para que se fuera de la clase.

Bella no dudó en hacerle caso. Se colgó la mochila al hombro, y con los libros bajo el brazo, salió de la clase sin que nadie se diera cuenta.

Su amigo ya se encargaría de inventarse algo.

N/A: La 1.23! He terminado de escribir el capitulo... estoy avanzando bastante rápido en esta historia, como los lectores de mis primeras historias han debido de darse cuenta. Antes tardaba dos meses en escribir 4 hojas =D... pero hay que tener en cuenta también que ya estoy de vacaciones (vale ¬¬ que la excusa es muy mala. Si, lo admito, tardaba muxo UU)

Hoy he hecho un examen de inglés. Espero aprobarlo xq es importante. Hasta septiembre no me dan los resultados, asik mejor no me preocupo por ahora cruzo los dedos

He empezado a hacer la web en plan way (de pago y to eso) de Top HP fanfics. Será tipo FF.net pero dedicada solo a fics de Harry Potter, claro. Además habrá mas cosas, como beta-readers, foro y algunas secciones que no tienen nada que ver con los fics, pero weno... es mi web y meto lo k kiera!! De todas formas debería dejar de hacer publicidad pork al ritmo que voy haciéndola me hago vieja... y necesito un servidor (weno, bonito, barato. Sobre todo barato y con muuuuuuuuuuuuuuucha capacidad). Cuando publique la web os avisare.

Y DENTRO DE POCO ME PONEN INTERNET!!! A ver si mañana convenzo a mi padre pa k me ponga el router, y luego ponemos Internet (desde navidades, no me lo creo... YUJU!! -) Y el sábado a ver (por fin por fin por fin por fin por fin) Harry Potter III!!! Con mi Siri-boy y mi Remsie (pardillo, con bigote, tres arañazos en la cara y bastón xo Remsie al fin y al cabo...) y tb la rata (q parece como si hubiera cogido un poco de heno y se lo hubiera puesto en la cabeza), y Drako (con cambio de peinao. Ya no parece que le haya lamido una vaca ejem, pansy, ejem), y Dumby (moderno. Se ha exo coleta en la barba, os habéis fijado? Difícil no fijarse, lo se...) y Sevie (que ha cambiado recientemente de sexo. No sabia que le gustaran los sombreros con buitres encima... que curioso, verdad?) y como siga os cuento toda la película, asik lo dejo ya aquí. Voy a empezar ahora el cap 5.

DEJEN REVIEWS, PLIS!!!!

Joanne - (Siri-boy... sexy-boy...)

Disclaimer: Casi se me olvida, pero NO! Aki lo dejo. Los personajes que reconozcáis son de la conocida JK y los que no conozcas son de la no conocida Joanne Distte, pero de todas formas nada de gorroneo.

PD: Me olvidaba! Me he superado! He escrito 14 hojas en este cap!!! XD

CONTESTACIONES A LOS REVIEWS

Mairim – Tranqui... si lo piensas es lógico que Bella no tenga la misma personalidad que cuando tiene 40 años. Por eso estoy haciendo este fic: para explicar porque tiene esa personalidad tan mala... A medida que vayan pasando los caps, se ira viendo a la Bellatrix que todos conocemos.

Nunu – jeje... me ha gustado muxo tu review. Sobre todo lo de la mini-bella y mini-sirius. Espero que este cap te haya gustado tanto (o mas) que los anteriores.

Yoru Black – A mi tb me gusta esa frase. Este no acaba con ninguna frase asi, pero bueno... espero que te guste de todas formas.

Otaku Girl – A mi tb me gusta muxo Zahn - y sí, vas a tener que esperar al cap 3o y piko para saber la causa del enfado (lo he retrasado tanto xq todavía no se k poner, jejje). Ya me contaras que te parece la imagen que voy a dar de Zahn en el cap 5 ok?

Kristen Black – espero que no te haya dado un calambre en el dedo pro haber estado apretando tanto tiempo ctrl. y V Un review muy completo! Cuando me pongan internet en casa te dejo lso reviews en tu historia ok?