N/A: Weno, acabo de terminar de escribir las paridas que escribo al final de los capítulos (esta vez el cap 4) y ahora empiezo con las paridas que escribo al principio de los capítulos . No me siento muy inspirada... he escrito mas de media hoja de paridas hace apenas unos minutos y mi mente se ha atrofiado. Asik creo que voy a poner el titulo y mañana sigo escribiendo. El caso es empezar este cap hoy, jejje...

CAPITULO 5: LAZOS DE SANGRE

La Sala Común de Münzenicht estaba casi vacía, pues ya pasaba de la media noche. Alumbrados por el fuego que ardía en la chimenea, se veían dos figuras, discutiendo... o por lo menos eso era lo que parecía.

Bella se dejó caer en el sillón y clavó los ojos en su mejor amigo, sentado en frente de ella.

-¡Es imposible que no hayan sospechado nada! – exclamó – No lo creo.

-¿En serio crees que te iba a engañar?

La voz del muchacho se había vuelto mucho más fría. Bella, que no había querido dar a entender eso, se revolvió inquieta en el sofá. Suspiró, apartándose el pelo de la cara.

-Lo siento. No quería decir eso, solo que... – vaciló un momento antes de continuar - se me hace raro que no hayan sospechado nada. Ya sabes a que me refiero.

-Bueno, sospechar si sospechan, ya te lo he dicho. Cuando la profesora Sidhe fue a atender a Schultz – Bella se fijó como Zahn apretaba los dientes al pronunciar el nombre -, él no paraba de gritar que algo le habías hecho, aunque estaba claro que no tenía ni idea qué. Y creo que la profesora andaba igual de perdida que él.

-¿No creyó a Schultz?

Zahn soltó un carcajada, que resonó algo extraña en la sala vacía.

-¿Cómo iban a creerle? Estaba tirado en el suelo, gimiendo y con la nariz sangrando. Se retorcía de dolor. Sería prácticamente imposible que alguien de primer curso hubiera podido hacer algo así; se necesita mucho poder. – Zahn se incorporó un poco, acercándose a Bella y bajando la voz – Y mucho menos con un ataque como el de después.

-¿Ataque? – preguntó Bella, con la boca seca.

-No estoy muy seguro de porqué, pero el caso es que, de pronto, dejó de gritar tu nombre y empezó a tener convulsiones. ¡Tenías que haberlo visto! La espalda se le arqueaba... Antes de que la profesora pudiera sujetarlo bien, se mordió la lengua. Empezó a salirle sangre por la boca.

Sin darse cuenta, Bella se había llevado una mano a la garganta. ¿Ella había hecho eso?

-Creo que nadie más se dio cuenta.

-¿De qué?

-De que la sangre que escupía no era toda de la herida de la lengua. Estoy convencido de que estaba vomitando sangre. Había demasiada.

Un escalofrío recorrió la espalda de Bella, haciendo que apretara con las manos crispadas los brazos del sillón. Recordó la maldición que Schultz le había lanzado segundos antes de que el cristal entrara en juego, recordó esa sensación en la tripa, esa sensación de que no podía respirar...

-La maldición Ingeo Vomo.

-¿Qué? – soltó Zahn, sorprendido.

-¿Qué efectos tiene esa maldición?

Ella los sabía, pero necesitaba confirmarlos.

-Eh... pues, es extraña... sientes como una necesidad de vomitar, pero no puedes. Te dan náuseas, arcadas, pero no vomitas. Bastante desagradable, aunque sea sencilla.

-¿Y si sintieras la necesidad de vomitar y vomitaras?

-No sé a qué te refieres... la maldición consiste en lo que te he dicho, se caracteriza por eso. ¿A dónde quieres ir a...?

Entonces los ojos se Zahn se abrieron y una expresión de comprensión apareció en ellos.

-Schultz me lanzó esa maldición – explicó Bellatrix – y no me preguntes por qué, pero el caso es que no funcionó.

-A lo mejor la hizo mal – propuso Zahn, y una sonrisa irónica apareció en su rostro.

Bella negó con la cabeza, mirándolo seriamente.

-No, la hizo bien, pero no funcionó.

-La petra deauro...

-Creo que sí. Verás... fue todo muy rápido, pero sentí como si por un momento no pudiera respirar, y una sensación muy rara en el estómago. Más bien era como si la maldición intentara funcionar y no pudiera, ¿comprendes?

Zahn asintió un par de veces, casi imperceptiblemente.

-¿Estás diciendo que el cristal hizo algo parecido a absorber la maldición y mandarla de vuelta pero mucho peor?

-Si, algo así... creo. ¿No crees que pudo pasar eso?

-A lo mejor. Por ahora es la única explicación que tenemos, aunque siempre podemos investigar. En la Biblioteca no creo que haya nada, no tiene libros muy avanzados de Artes Oscuras.

-¿Entonces dónde podemos buscar?

-Este viernes. En la clase con Gavriel.

Bella recreó en su mente la pared de libros que había en la sala donde trabajaban y supo que allí podrían encontrar algo.

-Y si no siempre podemos preguntarle.

-¿A quién?

-¿A quien va a ser? A Gavriel, claro.

-¿Pero qué dices? ¿¿Te has vuelto loco?? – gritó Bellatrix, levantándose del sillón - ¿Cómo vamos a decirle lo del cristal? Comprendería seguro lo que ha pasado. Podrían expulsarme... ¡tendría que volver a esa maldita casa! ¿¿Es eso lo que quieres?? – la voz de Bella se quebró al llegar a este punto - ¿Qué me vaya?

-Claro que no, ¿cómo puedes decir eso? – preguntó Zahn, levantándose también y cogiendo a Bella por los hombros - ¡Piensa en lo que estas diciendo!

La muchacha respiró hondo, calmándose al ver los ojos francos de Zahn.

-Pues parece que lo estas insinuando.

-Gavriel no diría nada.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Confío en él – dijo Zahn, encogiéndose de hombros.

-De todas formas preferiría que no se lo dijeras – un sonrisa tembló en sus labios – Por si acaso.

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Bella contemplaba distraída como un par de alumnos mayores paseaban por los terrenos cubiertos de nieve. Había terminado los deberes de ese día hacia apenas unos minutos y no tenía nada que hacer. No le apetecía seguir con la partida de ajedrez que había empezado esa mañana después de la comida con Zahn y tampoco quería volver a la habitación, donde a esas horas seguro que se encontraría con Kathryn.

-Voy a dar una vuelta – dijo, apartando la mirada de la ventana - ¿Te queda mucho?

Zahn levantó al vista del papel y miró a su amiga, que se había puesto ya la capa. Contempló los libros, calculando.

-Una media hora. ¿Por dónde vas a estar?

-Donde siempre.

-De acuerdo. Te veo allí más tarde.

Bella se puso los guantes de piel forrados por dentro con suave pelo de conejo y se enroscó alrededor del cuello la bufanda con los colores de su casa, gris y granate.

Cruzó la Sala Común y después de cruzar la puerta secreta, bajó al escalera. Tardó unos veinte minutos en llegar hasta la calle, puesto que decidió pasar por la lechucería a ver a Krall en el último momento.

Una vez fuera, sintió un viento cortante por las mejillas, que en seguida cogieron color por el frío. Empezó a descender la enorme escalera, que desde el primer día le había impresionado. Cuando llegó a Durmstrang, había bajado esa misma escalera, larga y cada vez más ancha. No fue pequeña su sorpresa cuando una vez que decidió bajar a los terrenos con Zahn, en vez de subir la escalera, como sería lógico, volvió a bajarla. El caso es que, no sabía como, había llegado sin problemas a los terrenos, que estaban a más altura que las puertas del castillo.

Fueras en la dirección que fueras, siempre bajabas. Bella hubiera felicitado al creador del castillo, aunque lamentablemente no se sabía su nombre, por la buena idea que había tenido. Sólo con pensar en subir esos cientos de escalones diariamente se cansaba, pero en cambio si solo los bajabas...

Y casi sin darse cuenta había llegado al árbol en el que había quedado con Zahn. Apoyó la bota en el tronco y en apenas unos segundos estaba sentada en una de las ramas más gruesas.

Era incontable el tiempo que habían perdido ahí, hablando de cosas triviales. Sin darse cuenta se había convertido en su lugar de reunión.

Un copo de nieve le cayó en la nariz y se deshizo. Volvía a nevar. Acostumbrada a Londres, Bella se empezaba a preguntar cuando dejaría de helar. Ya estaban en Febrero y seguían con el mismo mal tiempo que hacía dos meses.

Miró a lo lejos y vio acercarse la figura de Zahn. ¿De qué hablarían esta vez? Esperaba que no volviera a salir el tema que habían discutido hacía unas semanas.

Bella respondió al saludo de Zahn, y esperó a que éste se acomodara en una rama.

-¿Te ha dicho algo Gavriel? – preguntó Zahn, quitándose los copos de nieve de los hombros.

-¿Tenía algo que decirme?

Bella alzó una ceja, con una mirada de curiosidad brillando en sus ojos negros.

-Es que me lo he encontrado por el pasillo. Me ha dicho que la clase va a durar una hora menos.

-¿Y eso? – preguntó, desanimada.

Esperaba los viernes impaciente, hasta tal punto que no pensaba en otra cosa. ¿Y ahora le quitaban horas de Artes Oscuras? En fin... si lo pensaba mejor, dos meses atrás no daba estas clases. Todo se lo debía a Zahn. Algún día tendría que darle las gracias.

-Ni idea – murmuró, encogiéndose de hombros – Supongo que tendrá algo que hacer.

-Si... será eso – dijo, distraída mirando el campo de Quidditch, que se empezaba a llenar – Va a empezar el partido.

-Ya ni me acordaba de que había.

-Supongo que algún día tendremos que ir – susurró, pensando en voz alta.

Zahn miró a Bella sorprendido.

-No sabía que te gustase el Quidditch.

-Aprendí por un amigo – contestó, esquiva – Sé volar, si a eso es a lo que te refieres. ¿Tú no?

-También, aunque hace bastante que no subo en una escoba.

-Eso no se olvida – replicó Bellatrix - Algún día podríamos coger dos escobas del colegio y dar una vuelta.

-Cuando haga mejor tiempo, ¿vale? – propuso Zahn, con una sonrisa temblorosa.

-Tienes frío, ¿eh?

-Nah, solo un poquito.

-Ya. Venga, si quieres vamos adentro. Podemos dar una vuelta por el colegio. A lo mejor encontramos un pasadizo secreto.

-Seguro. En eso estaba pensando.

-¿Quién sabe? – susurró Bella, poniendo voz misteriosa.

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Dos horas después, los alumnos empezaron a entrar en tropel en el hall del castillo. Zahn y Bella estaban bajando una escalera cuando vieron que empezaban a venir un grupo de Baumkrone, hablando animadamente, algunos de ellos hondeando pequeñas banderitas de su casa sin parar.

-Parece que han ganado.

-Eso parece – contestó Bella, sin mucho entusiasmo.

Los alumnos se fueron dispersando hasta que volvieron a estar solos en el pasillo que conducía al Comedor.

No oyó nada, pero vio como Zahn caía al suelo de un empujón. Sintió una mano apretándola el hombro y pegándola a la pared. Rob Schultz le puso una mano en la garganta, sin dejarla casi respirar.

-¿Qué coño me hiciste? – preguntó, con una voz desafiantemente suave al oído de Bella – He pasado un mes en la enfermería por tu puta culpa.

Bella se llevó las manos al cuello e intentó soltar la mano de Rob, pero este no tenía ninguna intención de dejarla ir.

La cabeza le empezó a doler por el poco aire que podía coger.

¿Es qué pretendía matarla?

-¿Qué pasa? ¿Ya no me haces lo del otro día? – le susurró Schultz al oído - Ya no eres tan fuerte sin varita, ¿eh?

Bella rogaba en voz baja para que el cristal funcionara. ¿No se supone que era en esas situaciones cuando tenía que actuar?

Vio a Zahn en el suelo, llevándose una mano a la cabeza. Al caer se había dado un golpe con la pared, y ahora estaba recobrando el sentido.

Rob seguía susurrándola cosas, aunque ella ya no lograba escucharle.

Se concentraba solo en respirar.

-¡¡Lineas ducere!!

Rob soltó un grito y se llevó la mano que sujetaba a Bellatrix a la mejilla, donde había aparecido un corte profundo. La mano se le llenó de sangre, y miró con una mezcla se asombro y odio a Zahn, que se estaba incorporando.

Bella había caído al suelo. Veía la escena desde allí, intentando recuperar la respiración y enfocar los objetos. Todo parecía darle vueltas.

Zahn hizo de nuevo el hechizo y otro corte apareció en la otra mejilla de Rob. Luego, otro más, en el brazo, empapando la túnica de sangre.

Schultz retrocedía, y Bella leyó el miedo en sus ojos. No acertaba a sacar la varita para defenderse y Zahn parecía fuera de sí, con la varita en alto, dispuesto a volver a lanzarle la maldición.

Bella se levantó, reprimiendo la náusea que le llegaba a la garganta. Alcanzó a Zahn, y le cogió el brazo, tirando de él.

-¡Para ya, Zahn! No merece la pena.

Pero el cuerpo de Zahn temblaba descontrolado, y volvió a lanzar la maldición. Rob gimió y la sangre traspasó la túnica por la zona de la pierna.

-No pierdas el tiempo con él, Zahn, por favor. Vámonos ya.

Bella cogió a su amigo de los hombros y le hizo retroceder un par de pasos, pero los ojos de Zahn seguían clavados en Schultz, centelleando odio.

-Por favor... Zahn, vámonos.

Hasta que la voz de Bella no adquirió un tono de súplica, Zahn no reaccionó. Con una última mirada a Rob, se dio la vuelta y se fue, desapareciendo de su vista al irse por otro pasillo.

Bella se quedó quieta, mirando a Schultz, que seguía en el suelo, intentando incorporarse. El suelo estaba cubierto de sangre, al igual que las manos y la cara del chico.

-Idiotas... – masculló entre dientes, apoyando una mano en la pared.

-No vas a decir nada.

Era más una orden que una pregunta, y los ojos de Rob se clavaron en Bella, con una expresión extraña en la cara.

-¿Y eso por qué?

-Yo también podría hablar.

-No podrás demostrarlo.

Bella se puso un mechón de pelo detrás de la oreja y se arrodilló al lado de Rob, confiada de que él no la haría nada.

-No me refiero a que intentaras ahogarme, sino a lo herido que podría quedar tu orgullo si corriera el rumor de que ni siquiera eres capaz de sacar la varita cuando te atacan. Resulta gracioso, ¿no crees? Un sangre limpia que no es capaz de defenderse. ¿Qué crees que pensarían?

Bella no pudo evitar sonreír ante la mueca que había aparecido en la cara de Rob. Le acarició la mejilla, manchándose la mano de sangre.

-Piénsatelo antes de decir nada – murmuró, dejando que una gota de sangre resbalara por su antebrazo.

Rob observaba el descenso de la gota como hipnotizado. Bella se levantó, y aunque sonreía, se palpaba la amenaza en su voz.

-No hagas tonterías, ¿vale? – dijo, antes de coger el mismo camino por el que Zahn se había ido.

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Bella no había dicho nada de su pequeña conversación con Rob a Zahn, quien todavía se preguntaba de vez en cuando porqué no le habían castigado, a pesar de que habían pasado varias semanas desde dicho día.

Cuando salía el tema, Bellatrix se concentraba en algo, lo que fuera, con tal de evitar los ojos inquisitivos de su mejor amigo. No es que se considerara mala mentirosa, más bien al contrario, pero estaba segura de que Zahn lo descubriría. La conocía demasiado bien.

Y pensándolo mejor, tampoco sabía porqué escondía esa conversación con tanto ahínco. Bella lo había pensado detenidamente varias noches, y había llegado a la conclusión de que si Zahn supiera lo que había ocurrido después de que él se fuese, consideraría que Bella se estaba volviendo a meter. Y a toda costa quería evitar que la situación de principio de curso se repitiera.

Todavía recordaba lo que había pasado días atrás, cuando Bella, estando en la Sala Común, había descubierto a Schultz mirando fijamente Zahn. Ella se había dado unos golpecitos en la sien, para recordarle que pensase antes de hablar. Desgraciadamente, Zahn la había visto, y Bellatrix se había encontrado en verdaderos apuros para inventarse una excusa de por qué hacia eso. Suerte que no había visto a Rob.

¿Cuánto duraría esta situación? Esa pregunta rondaba por la mente de Bella a menudo, sobre todo después de encontrarse con Rob. Estaba segura de que un día, más pronto o más tarde, Schultz se vengaría.

Bueno, fuera cuando fuese, ella estaría preparada.

Una bolita de papel le dio en el hombro. Volvió la cabeza y vio como Shane Weiss le saludaba con una sonrisa, que si no se equivocaba, intentaba ser seductora, a la vez que guiñaba un ojo. Optó por darse la vuelta sin molestarse ni en preguntarse qué es lo que quería ese idiota en ese momento.

No podía haber elegido otro peor. La clase de Encantamientos se había convertido desde hacia varias semanas en su clase más odiaba, y la profesora Nigheit estaba siempre atenta a cualquier despiste por parte de Bella para llamarla la atención.

Esta vez había tenido suerte. La mujer se encontraba dándoles la espalda, escribiendo el hechizo que tocaba ese día en la pizarra. Bella resopló cansada. ¿Es que nunca iban a dar en esa clase algo mínimamente interesante?

Otra bolita de papel le golpeó en la cabeza. Esta vez ni se molestó en girarse, sabiendo ya de donde venía. Observó a Zahn, que tomaba notas muy concentrado, escuchando a la profesora con el entrecejo fruncido. No puso evitar un asomo de sonrisa al verle apretando con tanta determinación la pluma. No estaba dispuesto a perderse ni una sola palabra de las mencionadas por la "estúpida de rizos" que tenían por profesora.

Ella, por el contrario, y si lo pensaba bien, estaba segura de que no había atendido desde el segundo día de clase. Para matar el tiempo se dedicaba a hacer pequeños garabatos en el pergamino en el que supuestamente estaba tomando notas. Miró ceñuda su caricatura de la profesora. Tenía que admitir que sus monigotes habían mejorado.

Otra bolita de papel, esta vez detrás de la oreja. Respiró hondo, intentando calmar la rabia que surgía en ella. ¿Es que ese tío nunca se cansaba? Había supuesto que la fría ignorancia le bajaría un poco los humos, pero parecía que se lo había tomado como un reto. Pobre ingenuo... menuda manera de perder el tiempo. Disimuló una sonrisa al pensar en Zahn lanzándola bolitas de papel y guiñándola un ojo para conseguir hablar con ella. Era un pensamiento por completo ridículo, pero que le hizo gracia.

Cuando la sexta bolita le dio en la espalda, ya no pudo controlarse más. Se dio la vuelta, para enfrentarse cara a cara con Weiss. Él volvió a guiñarla el ojo. Bellatrix se preguntó si no se le habría metido algo en el ojo. Ya resultaba preocupante, aunque a ella no fuera a quitarla el sueño, eso por supuesto.

Fue entonces cuando cogió una de las bolitas, que había caído en la mesa, y la abrió. Había dos monigotes –mucho peores que los suyos- que se apartaban y se juntaban para darse un beso. Alrededor había varios corazones flotantes, con pequeñas alitas que se agitaban. Lo menos que pudo hacer fue enarcar las cejas con cara de estupor.

Y fue entonces cuando ocurrió lo peor que podía haber ocurrido.

-¡Black! ¿Qué tiene usted ahí? – exclamó la profesora Nigheit, acercándose con pasos apresurados a su mesa, mientras Bella intentaba por todos los medios esconder el papel - ¡Démelo ahora mismo!

-¡No! No es nada, profesora.

-Ahora mismo, Black, si no quiere una semana de castigos y un examen mañana.

Los ojos de Bellatrix coincidieron con los de Zahn, y un brillo de desesperación brillaba en sus ojos color tormenta.

Tragó saliva y entregó el papel a la profesora, preparada para ser el hazmerreír de la clase durante un buen tiempo. Weiss... estaba se la iba a pagar.

Mantuvo los ojos clavados en la mujer mientras ésta desenvolvía el papel, aunque no pudo evitar cerrarlos un segundo al ver como observaba el dibujo, primero con desconcierto, y luego con sorna.

-Muy bien, señorita Black. Diez puntos menos para Münzenicht – se oyeron protestas por toda la clase – y, la próxima vez, antes de dedicarse a dibujar cosas estúpidas, le recomiendo que solucione los problemas amorosos que pueda tener. ¿Puedo preguntar a quien pensaba mandárselo?

Bella cerró la boca en cuanto de dio cuenta de que la tenía abierta. ¡Creía que ella lo había dibujado! ¿Cómo pedía pensar eso? Ella nunca haría algo así y, además, ella dibujaba mucho mejor. ¡¡Era mucho mas estúpida de lo que pensaba!!

No contestó. ¡No podía contestar! Todo el mundo pensaría que había tenido una especie de flechazo con ese... no tenía ni nombre. ¡Por Dios, si prácticamente no se podía considerar sangre limpia!

-Perdone, profesora, ¿puedo verlo? – preguntó una voz de chico por el fondo de la clase.

-Por supuesto, Schultz, aquí tiene – contestó con una sonrisa la profesora, entregándole el papel.

Sintiendo el calor en sus mejillas, Bella observó como el papel iba pasando por toda la clase, algunos de los cuales se reían a carcajada limpia. Miró a Weiss cuando el papel le llegó a él, y sintiendo como la furia la cegaba, vio que él también se reía. Disimuló a la perfección, y nadie sospechó que él había sido el autor de los dibujos.

Dejó la vista perdida, esperando, sin suerte, que a lo mejor un trol entrara en la clase y se comiera el papel. Sintió la mano de Zahn en el antebrazo, intentando reconfortarla. El muchacho se acercó a su oído, y la susurró:

-Será mejor que guardes esa preciosa caricatura. No creo que a Nigheit le haga mucha gracia si la ve.

Bella la cogió e intentó controlar su pulso cuando se dio cuenta de que su mano temblaba de ira.

-¿Quiere enseñarnos algo más, señorita Black? – preguntó en voz bien alta la profesora, volviendo a acercarse a ella con una sonrisa de satisfacción. Bella la odio al ver que se sentía orgullosa por hacerla pasar por un momento así. La profesora le quitó de la mano el pergamino de la caricatura y preguntó mordaz - ¿Qué tenemos aquí? ¿La declaración de amor?

Pero inmediatamente su cara cogió un color rojo tomate subido, y Bella no pudo evitar que en sus ojos se reflejara el brillo de la dulce venganza. En esos instantes, olvidó las consecuencias que iba a traerle el dibujo, y solo sintió satisfacción. Deseó con toda su alma que Schultz volviera a preguntar si podía ver el dibujo, pues éste estaba segura que no lo iba a pasar por la clase.

-No, no es una declaración de amor, profesora. Es...

-¡Cállese, Black! – bramó de repente la mujer, con la cara color violeta – ¡¡Treinta puntos menos!! ¡Y la espero durante una semana todas las tardes a las cinco en mi despacho!

Toda la clase de quedó como muerta ante este súbito arrebato. La profesora salió de la clase como un alud, dejando caer el pergamino arrugado a los pies de Bella, quien se agachó y lo miró.

-Creo que la he pintado demasiado favorecida – masculló con los labios blancos de furia contenida.

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Sin ganas, Bellatrix jugueteó con la sopa que humeaba en su plato negro.

Había ignorado como había podido los comentarios que sus ingeniosos compañeros de clase le habían dirigido durante el resto de mañana, pero cuando Weiss le había venido con la frase "Bonito dibujo. ¿Cuándo me harás uno?" y le había vuelto a guiñar el ojo, Bella había perdido el control. Como consecuencia Weiss se encontraba en la enfermería, siendo atendido por la señora Metzen, y lo más probable es que no saliera de allí hasta la hora de dormir.

Claro que para no ver a Weiss en lo que restaba de día, había tenido que sacrificar diez puntos más para su casa y otra tarde de castigo. Como ya amablemente se había acordado de comunicarle Zahn, como siguiera así no iba a salir en lo que la restaba de curso.

-¿No vas a comer? – preguntó su amigo, llevándose una cucharada a la boca mientras revisaba unos apuntes para esa tarde.

-No tengo hambre – dijo dejando la cuchara en el plato.

-A ver si va a ser cierto que estás enamorada – comentó, fingiendo voz de inocencia. Bella le lanzó un trozo de pan, que le acertó en todo el ojo - ¡Auch! Esta bien... olvida lo que he dicho.

-Te noto muy gracioso hoy, ¿no? – preguntó Bella, cada vez con más ganas de que se acabara el día o se la tragara la tierra.

Zahn permaneció en silencio y se dedicó a mirar a Bellatrix con una sonrisa pícara que llegó a sus ojos.

-¿Has terminado ya? – preguntó Bella, dispuesta a levantarse. No soportaba ni un segundo más estar ahí sentada, sin hacer nada.

-Deberías comer algo – dijo Zahn, guardando el libro que había estado leyendo en la mochila – Esta noche seguramente acabarás tarde. Conociendo a Nigheit, seguro que te tiene allí hasta media noche.

Bellatrix masculló algo entre dientes, que no resultó ser muy inteligible, pero cogió una especie de bollo y una manzana.

Zahn sonrió, y siguió a Bella rumbo a la clase de Artes Oscuras.

-De todas formas te subiré algo a la Sala Común – dijo, observando como su amiga daba un pequeño mordisco al bollo.

-Tengo que ir a buscar el trabajo para Gavriel; me lo he dejado en la habitación. ¿Me acompañas?

-Claro. Todavía queda media hora para que empiece la clase. Podemos salir a dar una vuelta o algo así.

-No creo que nos dé tiempo... pero podemos subir a la torre – añadió, al ver la cara de Zahn.

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-Buenas tardes a todos – saludó Gavriel, cuando entró en la clase.

Los alumnos le contestaron, algunos no muy entusiasmados. Habían descubierto que la clase de Artes Oscuras era dura, o por lo menos, Gavriel hacia que fuera así.

-El otro día terminamos con la maldición Acerbum, y hoy comenzaremos con una nueva – explicó, fijando sus ojos de obsidiana en el grupo de estudiantes – Tenéis que saber que con respecto a esta maldición ha habido bastante controversia. Puede que en muchos casos oigáis que se refieren a ella en el plano de la Defensa Contra las Artes Oscuras.

-¿Y entonces por qué la vamos a estudiar aquí? – preguntó Rigel Slywka, un muchacho de pelo castaño con gafas que pertenecía a Baumkrone.

-Porque también en muchos casos se refieren a ella como parte de las Artes Oscuras, señor Slywka – contestó Gavriel, paseándose entre las mesas – Y eso se debe a que produce efectos secundarios. La maldición no es que sea muy peligrosa, ya que solo produce confusión, pero pueden provocar reacciones, dependiendo de la persona que la reciba, aunque en ningún caso produce la muerte – explicó al ver algunas caras atemorizadas – Y, además, hay un antídoto para evitar los efectos secundarios, que tomaréis todos al salir de la clase.

Hubo murmullos dispersos, pero se extinguieron en cuanto Gavriel siguió hablando.

-Podéis encontrar una referencia a la maldición de la que estoy hablando en la página 147. Por favor, leeros todos esa página antes de poneros en parejas.

Bella no necesitaba leerse la página, ya que había practicado la maldición en las clases de los viernes, pero de todas formas echo un vistazo, para matar el tiempo. De reojo pudo ver que Zahn ni siquiera había abierto el libro, pero Gavriel pareció, o no darse cuenta, o simplemente no le importó.

Las cabezas fueron levantándose y fijándose en el profesor a medida que los alumnos acababan de leer. Cuando todos estuvieron de nuevo atentos, Gavriel continuó:

-Como acabáis de leer, podéis ver que ha habido diferentes reacciones a los efectos secundarios de la maldición. Estos aparecen al cabo de un par de horas, así que la tomareis al final de la clase, como ya dije antes. Y ahora, por favor, poneos en parejas y practicar la maldición.

Zahn y Bella se pusieron automáticamente juntos. Al principio de curso había alguno que les pedía ser su pareja, pero ya no. Parecía que los alumnos tenían miedo del nivel que tenían. En cualquier caso, a Bella no le importaba. Cerró el libro y se acercó a Zahn.

-¿No te aburres un poco últimamente?

-No – contestó Zahn, sujetando la varita – Me sirve de repaso. Yo di esta maldición hace bastante.

-Yo la practiqué hace dos semanas – comentó Bella con fastidio. La tenía muy reciente, y perder el tiempo en cosas que ya sabía hacer la ponía de muy mal humor.

-Aun así, si de verdad te gusta, no deberías perder ocasión de practicar. No te quejes y vamos a empezar – dijo, dirigiéndose hacia las colchonetas, ya tan conocidas por los alumnos.

Algunos ya habían empezado a practicar, pero ni uno solo consiguió hacerla de modo que su compañero cayera al suelo, desorientado.

-Me toca. Odio como te deja la maldición; pareces un trapo tirado en el suelo.

-Gajes del oficio. En fin, empieza ya y así acabamos cuanto antes.

Misceo! – exclamó Bellatrix.

Los ojos de Zahn se desenfocaron un poco y las piernas le temblaron. Estaba tan confuso y desorientado que no podía sostenerse en las piernas. Cayó de rodillas, y Bella se acercó a él para ayudarle a sentarse. Tuvieron que esperar varios minutos hasta que Zahn se recuperó lo suficiente como para poder ponerse en pie.

Y luego le tocó a Bella, que sintió de pronto un mareo que la hizo caer. Cerró los ojos, intentando vaciar su mente para poder aclarar las cosas, ya que las veía todas mezcladas. Respiró hondo varias veces, y al ver que podía distinguir a Zahn claramente, y no su silueta difusa como hacia unos segundos, intentó ponerse en pie, pero volvió a caer.

-Quieta – ordenó Zahn, y Bella vio que sonreía – sino te vas a marear más.

Bella se llevó la mano a la cabeza, y empezó a sentir unas ligeras náuseas.

-Oh – se quejó – Vuelvo a verlo todo borroso.

-Dentro de un rato se te pasará, pero no te muevas, ¿vale?

La muchacha intentó asentir, pero se mareó mucho más. Sintiendo una arcada, se llevó la mano a la boca.

-Urg... creo que voy a vomitar.

Bellatrix salió corriendo de la clase. Gavriel, que estaba en la puerta, se la abrió y la vio salir. No dijo nada, pero el comienzo de una sonrisa bailaba en sus labios.

-Volved al trabajo – ordenó al resto de los alumnos, que se habían quedado mirando como Bella había salido corriendo y ahora empezaban a oírse los cuchicheos que preceden a los rumores – Señor Novak, venga aquí, por favor. Quiero hablar con usted.

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Bella hundió las manos en el chorro de agua fría y, después de retener algo de agua, se mojó la cara. El mareo había desaparecido tan pronto como había vomitado, pero le había quedado un persistente dolor de cabeza.

Se había quedado en el baño por lo que quedaba de clase. Ya imaginaba las risas de sus compañeros cuando volviera: "No es capaz de aguantar un simple hechizo de confusión". Ja, ja (risa irónica). Y los muy estúpidos se creían graciosos y todo. Por lo menos sabía que Gavriel no iba a decirla nada. Él la comprendía, incluso podía apostar que sabía que iba a pasar eso.

Cuando escuchó que un grupo de personas pasaban por delante de la puerta del baño, decidió salir. Ya debían de haber salido todos de clase, y todavía tenía que volver a recoger sus cosas, aunque puede que Zahn ya lo hubiera hecho por ella. En cualquier caso, decidió no arriesgarse. No quería entrar luego en la clase de Gavriel cuando ya hubiera empezado la siguiente clase.

Recorrió el pasillo que separaba el baño de clase, y al oir voces en el interior de la clase, levantó el puño para llamar. Pero bajó la mano cuando reconoció las voces que discutían dentro.

La puerta estaba entornada y, disimuladamente, se asomó un poco. Dentro estaba Zahn, ¿gritando? a Gavriel, que permanecía callado apoyado en la mesa, con esa sonrisa enigmática en el rostro.

-Me lo tenías que haber dicho.

-No me acordé – replicó Gavriel, sin que su sonrisa desapareciera.

-Podía... no sé, haber bajado la intensidad de la maldición. ¡O simplemente no hacerla! Yo la sé hacer y ella también.

¿Ella? ¿De quien hablaba Zahn? Aunque la verdad es que tenía una ligera idea... ¿Tal vez la discusión se debiera a ella?

Bella se mordió el labio para no reírse. Reconoció el andar de un lado a otro de Zahn, haciendo movimientos con las manos y gritando. Sabía que se debía solo a preocupación. ¿Se preocupaba por ella? Bella sonrió.

"Tendré que agradecérselo – pensó – algún día"

-Tú sabías que podía pasarle esto – recriminó Zahn a Gavriel, con los ojos grises echando chispas.

-Solo había vomitado una vez... puede que dos – dijo, llevándose una mano a la barbilla – No estaba seguro de que volviera a ocurrir.

Ya no había duda. Estaban hablando de ella. Y otra pregunta pasó por la mente de Bella. ¿Qué diablos hacia Zahn gritando a un profesor? ¡¿Se había vuelto loco?!

-Deberías haberlo estado porq-

Bella decidió que era momento de llamar. Poniendo cara de "acabo-de-llegar, no-he-escuchado-nada", entró en la habitación.

-Venía a buscar mis cosas – dijo.

Su voz le sonó extraña incluso a ella. Intentó no ponerse nerviosa por la mirada que Zahn le dirigía. Estaba evaluándola para descubrir si había escuchado algo. Al final, esbozó una tenue sonrisa, pero que no engañó a Bellatrix. Él sabía perfectamente que ella había escuchado la conversación, y que luego le pediría explicaciones de porqué discutía con Gavriel.

-¿Estas mejor? – preguntó, rompiendo el silencio.

Bella asintió. Se había acercado a su mesa y metía las cosas apresuradamente en su mochila. Quería salir de allí cuanto antes.

Zahn le tendió una pluma que se le había caído al suelo para que la muchacha la guardase. Luego se colgó la mochila al hombro y miró a Zahn, indicándole que ya estaba lista.

-¿Vamos? – dijo, cogiendo su mochila. Luego se giró a Gavriel – Hasta luego, profesor.

Bellatrix escuchó como su amigo se despedía, y no pudo evitar levantar una ceja para mostrar su perplejidad. Después de la discusión, ¿ahora empezaba con las formalidades? Por favor, que no era tonta. Algo pasaba entre esos dos, y tenía toda la intención de descubrir que era.

-Por favor, señorita Black, ¿puede quedarse un momento? Me gustaría hablar con usted – dijo Gavriel, rebuscando entre las cosas de su mesa – Usted puede irse, señor Novak.

Zahn le miró como si estuviera a punto de lanzarle un par de cuchillos, pero el rostro de Gavriel permanecía impenetrable.

-Cierre la puerta al salir, por favor.

Zahn, con una última mirada a Bella, salió y cerró la puerta un poco más fuerte de lo que debería haberlo hecho. Bellatrix no se preocupó por eso, ya que su mente trabajaba a toda velocidad, intentando averiguar cual sería el motivo que quería tratar Gavriel. Tal vez no haber vuelto hasta que terminara la clase, o que sabía que había estado espiándoles desde la puerta... Bella tragó saliva. Cruzó los dedos detrás de la espalda para que no se tratara de Schultz, aunque en ese caso habría hecho que Zahn se quedara, ¿no? Tal vez se tratara de la caricatura de Nigheit y de su castigo.

Gavriel se acercó a ella. Bellatrix no podía separar los ojos del rostro del profesor, y por un instante se sintió pequeña. No por su tamaño, sino por el aura de poder que expedía Gavriel.

-No voy a andarme con rodeos, señorita Black.

Bellatrix sintió como perdía el poco color que tenía su cara. El tono de voz de Gavriel era seco, como siempre. No podía saber si era malo o no... aunque suponía que si.

-¿Puede enseñarme el cristal?

-¿Qué? – soltó Bella.

Demasiado tarde se dio cuenta de que había sido bastante maleducada, pero no se esperaba esa pregunta. La había tomado totalmente de improviso, y por un instante pensó que ya estaba, que todo se había acabado. La iban a expulsar.

-La petra deauro – repitió Gavriel, impaciente - ¿Puede enseñármela? Me gustaría verla.

Y en ese momento Bella se fijo en el extraño brillo que despedían los ojos del profesor. Estaba... ¿emocionado?

La muchacha se bajó un poco el cuello de la túnica, dejando a la vista el exótico cristal azul. A pesar de todo el tiempo que había pasado, no se acostumbraba a él. Pensar que iba a formar parte de su vida para siempre... no estaba muy segura. Esa misma mañana había estado examinándolo delante del espejo, se había dado cuenta de que cada vez que se movía podía ver el liquido dorado balanceándose en el interior. Era muy curioso, ciertamente.

-¿Puedo tocarlo? –preguntó de pronto Gavriel, que había estado examinando el cristal.

Bellatrix asintió y observó como la mano de su profesor se extendía despacio, casi con temor reverencial. Recordó lo que Zahn le había dicho: las petras deauro que había en el mundo podían contarse con los dedos de una mano.

Después de contestar unas preguntas que Gavriel le hizo sobre la piedra, se dio cuenta de que se había relajado demasiado.

-Perdone, señor, pero ¿cómo lo ha sabido? ¿Cómo ha sabido que tenía el cristal?

Gavriel la observó en silencio durante unos segundos, que ha Bella se le hicieron eternos.

-El señor Novak me lo dijo. Al parecer pensó que seria de mi interés.

Bella recordó súbitamente como Zahn había salido después de ponerle el cristal para "hablar con alguien". Y de pronto en la mente de Bellatrix todo cobro sentido.

-¿Puedo irme ya? – preguntó la muchacha, cuya voz sonó muy fría, cosa comprensible después de los cabos que había unido.

-Si, por supuesto – contestó Gavriel, volviendo a su mesa.

Bella cogió su mochila, que había dejado en el suelo y se dirigió a la puerta, pero Gavriel volvió a detenerla.

-Señorita Black, ¿puedo preguntarle quien le regaló el cristal?

-Antares Black – replicó Bella, sin saber que interés podía tener eso para Gavriel – Es mi padre.

Gavriel asintió con el ceño fruncido y, por fin, Bella pudo salir de la clase. Sin perder tiempo, se dirigió hacia la Sala Común, donde sabría que estaría Zahn esperándola.

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-Has tardado – dijo Zahn, levantándose cuando vio llegar a su amiga - ¿Qué quería Gavriel?

-Vamos a mi habitación – dijo Bella, en una voz que no admitía replica – Tenemos que hablar.

-¿Ha pasado algo? – preguntó Zahn, preocupado, pero sin dudarlo, siguió a Bella hasta su habitación, aunque se suponía que él no podía entrar ahí.

En la habitación estaba Kathryn, pero Bella no se cortó ni un pelo. Estaba enfadada, demasiado, y ya ni pensaba.

-Fuera – susurró, con voz amenazadora.

Kathryn levantó la vista del libro que había estado leyendo, sin poder creerse lo que acababa de oír.

-¿Perdona? – exclamó, incrédula.

-¿No me has oido? He dicho que te vayas. Tenemos que hablar – dijo, señalando a Zahn con los ojos.

-Iros vosotros. Por si todavía no te has dado cuenta, esta también es mi habitación.

-Em, Bella... ¿no podemos hablar en otro sitio? No veo razón para-

-No – replicó la muchacha, sin moverse del sitio. Su voz sonaba determinante. Iban a hablar en ese lugar aunque tuviera que sacar a Kathryn a patadas, Zahn lo sabía bien.

El chico respiró hondo y miró a Kathryn.

-¿Puedes dejarnos? – preguntó.

Los ojos violetas parecieron por un momento pensarlo. Luego se levantó y se dirigió hacia la puerta. Volvió la cabeza para mirar a Zahn y dijo, sin molestarse en bajar la voz.

-No sé como la soportas.

Bella fue hasta la puerta y la cerró de un portazo. Miró a Zahn sin moverse del sitio, furiosa.

-¿Se puede saber a qué venía este numerito? ¡Podíamos haber hablado en cualquier otro lado! – gritó el muchacho, perdiendo la paciencia.

-¡¡No me lo dijiste!! – gritó Bella, perdiendo por completo el control. Avanzó un par de pasos, con los ojos brillantes de fría ira - ¡¡No me lo dijiste!!

-¿Qué no te dije qu-

-¿¿Tu te crees que soy idiota?? ¿Qué no me daría cuenta? – preguntó Bella, gesticulando con las manos – Tampoco era una cosa tan importante, ¿no crees? ¡Podías haberlo dicho perfectamente!

-Cuando me digas de que hablas, pues...

-¡¡Sabes perfectamente de que hablo!!

-No, no lo s-

-¡Pensaba que éramos amigos! Sé que guardas secretos, pero algo así... ¿O es que no confías en mí? ¿Es eso? – Bella apretaba ahora los puños, y lágrimas de pura rabia empezaban a aflorar a sus ojos - ¡Si es eso, dímelo!

-Escucha lo que estas diciendo.

-¿Por qué no me lo dices? ¿¡Tan difícil te resulta confiar en mi!? ¿Confiarme algo como eso?

Zahn prácticamente estaba pegado a la pared, ya que había ido retrocediendo a medida que Bellatrix avanzaba más y más. Estaba muy sorprendido, a decir verdad. Su amiga llevaba varios minutos gritando y no tenía ni idea de porqué. Furioso, puede que también. ¿Por qué no le creía cuando decía que no sabía de que hablaba?

-¡Y se lo contaste! ¡¡Te dije que no lo hicieras!! ¡Me prometiste que no se lo dirías a nadie!

-¿Decir qué a quién? – soltó Zahn, levantando la voz.

Bella dudó un momento, pero ese instante duró tan poco que prácticamente no se notó en el ininterrumpido torrente de palabras que salían de su boca.

-No te hagas el tonto, Zahn – masculló, como si las palabras fueran veneno – Sé perfectamente que no lo eres.

-Pues creo que vas a llevarte una decepción, porque parece ser que no soy tan inteligente como piensas – soltó, en el mismo tono amargo – Creo que vas a tener que decirme de quien hablas.

-¿¿De quién hablo?? – gritó al aire Bella, como si no se lo creyese - ¡¡Pues de Gavriel!! ¿De quién si no?

-Un momento, un momento – dijo Zahn, moviendo las manos como si quisiese parar algo - ¿Todo esto es por Gavriel? ¿Qué tiene que ver él aquí?... Eh, quiero decir – rectificó, al ver que los labios de Bella se afinaban más, pero ella no le dejó seguir.

-¿Por qué no me dijiste que Gavriel era tu tío? – preguntó, con una voz dolorosamente decepcionada.

-¿Qué? ¿Cómo te has enterad...? ¿Te lo ha dicho él?

-Ya te dije que no era idiota. Sé unir cabos.

-¿Cabos? ¿Qué cabos?

Bella levantó un dedo y empezó a enumerar.

-Uno, la confianza que tienes con él. A un profesor no se le tiran cojines, ni se le grita... ¿Qué te dé clases particulares? Un poco extraño también, ¿no crees? Tres, me dijiste que tenías un tío que era "erudito de las Artes Oscuras"; eso es una pista bastante clara. Cuatro, hoy me ha preguntado por el cristal. ¿Sigo?

-No hace falta – contestó Zahn, derrotado – Mira, entiendo que te enfadaras... bueno, no tanto, pero algo sí.

-¿Por qué no me lo dijiste?

-Pues... ¡no sé! Si te digo la verdad no lo sé. No te lo dije al principio, y luego consideré que ya era demasiado tarde.

Bella arqueó una ceja, sin creerse que esa era toda la razón para ese misterio.

-¿Qué pasa? ¿No me crees?

-Y ¿por qué no me lo dijiste a principio de curso?

-¡Ya te he dicho que no lo sé! ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? – preguntó, en un tono de voz de pronto muy desagradable.

-Tienes razón.

-¿Qué?

-Eres mucho menos inteligente de lo que pensaba – contestó en una voz muy dura, y salió de la habitación dejando solo a un Zahn mucho más confuso de lo que lo había estado al entrar.

¿Qué es lo que quería Bella ahora? ¿Qué la pidiera perdón?

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N/A: Fin del capi!! ¿Os ha gustado? La verdad es que no pensaba dejarlos enfadados, pero al final he pensado que sería una buena idea (principalmente porque no tengo nada de lo que hablar en el siguiente capi; tengo que pensarlo un poco). K por cierto, sera el ultimo cap del primer curso de Bella. K rapido pasa el tiempo, verdad?

Pero vamos, que yendo a la importante. Dejad opiniones =D Tengo que saber si os ha gustado para mejorar, cambiar personalidades, etc, etc, etc... etcétera Asik dejad preciosos mensajitos. Tardais un segundo!! Plisssssssss

Un breve mensaje para los que leen mi historia Haciendo Justicia. Ya dentro de poco subiré el tercer capi. Después de tres meses (o mas, ya perdí la cuenta)!! Increíble, xo cierto!

Mas cosas... hem... no se, he tenido una idea para otro de Bella, pero va a ser largo, y no voy a empezarlo hasta que este lo lleve bastante avanzado. Es para iros abriendo la curiosidad... muahahhahaha (risa malévola de malo maloso)

Me ha picado un moskito, sniff... es enorme, y pika muxo. Y yendo a mas cosas, dentro de poko (pork esta bajo psico-tortura por mi parte) Minette Van Witch Lovette subirá el capi siguiente de su historia El Juego de la Sospecha. Los que no la leáis, iros a leerla . Asik k ya sabes, mina, stas bajo psico-tortura, no kiero k pares de escribir. Metete n la cabeza que si te levantas de la silla, te sacude un calambrazo (y no vale poner a tu hermano para engañarme, aviso!)

Y a los que les prometí que me leería sus historias, todavía no he podido, pero cuando me pongan internet en casa (k espero que sea pronto, aunk llevo diciendo eso desde navidad, nooo...), las leeré! Prometido bis!!!

Y ahora contesto a los reviews, que me gusta mucho XD Es una parte muy waxi de mi super comentario capitular. Y muxas gracias a todos los que se leen mis historias y dejan review, a los que se la leen solo, solo gracias (cuando me dejen review ya les querre como a los demas) Sed wenos....

Disclaimer: A pesar de que me cause un trauma permanente, nada de lo que reconozcáis es mío, sino de JK, xo lo que no reconozcáis eso SI es MIO (importante: Zahn incluido .). Nada de gorroneo, ni esas cosas... os tengo vigilados, muahahaha jajajaja hahahah hahahah jajajaj hahhaa ja.

CONTESTACIONES A LOS REVIEWS

Deborah Snape Black de Malfoy – Wow! Que nombre tan cortito… creo que mejor te llamare Deborah a secas. Puedo? Ya decia que tu nombre no me sonaba (y era porque no habias dejado review). Pero da =, x lo que dices, pareces una lectora fiel Me alegro de que te guste el fic!

Nunu – K tal? Asi k te ha gustado la piedra? Me alegro oirte decir eso... no sabes lo que me costo inventarla (a mi, y a mis amigas, que las he estado dando la paliza). Es que soy bastante lenta con los regalos... pero lo peor fue el nombre!! Creo que me debi de leer el diccionario de latin entero!

Ithae – Na, no es Dumbledore... como ya habras visto Te ha gustado quien ha sido? Te lo esperabas? . Por cierto, bonito nick. Me gusta! De donde lo has sacado?

Airama Meg – Oh, una de mis mas fieles lectoras!! Me alegro que pienses que va a quedar tan bien (aunque creo que exageres, pero weno...). Lo que si te aseguro es que los ultimos xapis estan mucho mas pensados... Te dejo con la intriga?

Yoru Black – Asi k kieres una piedra, eh? Weno, sera un poko difícil... ya sabes que se pueden contar con los dedos de una mano... Espero seguir viendote por aki!

Minette Van Witch Lovette – Weno, tia, contigo me tomo confianzas y te llamo Mina! Creo que no te puse en el xapi porque no dejaste review... aki quien no deja no recibe, jeje... Weno, este xapi ya te lo has leido, aunk te fuiste sin acabar el de Haciendo Justicia, hum...... malvada ¬¬ En fin, ya empece con el 6 y te lo pasare. Y por cierto, vamos a lo de Villalba?? .

Zaskia – Hola Otaku! Me gusta tu nick nuevo. De donde lo has sacado? Tu desarrollas una obsesion por Zahn y yo por Bella, jejje... Y todavía no he pensado lo del enfado, pero lo pensare... aunque antes debo dedicarme al sexto, que ya empece a escribir (mas o menos media hoja, jeje)

Ey, cada vez contesto mas reviews, que ilu!!