N/A: Vuelvo con el xapi 6!! Como creo que dije en el anterior xapi (xapi = capitulo), este va a ser el ultimo xapi que trate sobre el primer curso de Bella, es decir, el xapi 7 tratara sobre la vuelta al cole de Bella con un añito mas. Veremos a alguien que hace bastante que no sale, y que ya está un poco olvidado Seguro que sabéis de quien se trata. Y ya solo quedan 40 xapis del fic! Whoaaaaaaaaa!!
. Os dejo leer...
CAPITULO 6: CUESTION DE CONFIANZA
-Tienes razón.
-¿Qué?
-Eres mucho menos inteligente de lo que pensaba.
¿Qué es lo que quería Bella ahora? ¿Qué la pidiera perdón?
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Aunque le costara admitirlo, el orgullo estaba pudiendo con ella.
Una vez más.
Bellatrix estaba en la Biblioteca, pasando las hojas de un libro que no leía. Lo cerró un momento sin perder la hoja y observó la tapa color granate, ornamentada con letras curvas, gruesas y negras: Secretos desvelados de la transformación. El libro era anónimo, cosa curiosa que pocas veces solía ocurrir.
Miró el reloj que colgaba de la pared detrás de la mesa de la bibliotecaria, y se dio cuenta, sorprendida, que había pasado más de tres horas sin hacer absolutamente nada.
En una sucesión de rápidos pensamientos, decidió que ya estaba bien de perder el tiempo. Que ya Zahn no fuera su amigo no significaba que su rendimiento académico sufriera las consecuencias. Alargó la mano derecha y cogió su pluma, contemplando pensativa el titulo del trabajo que debería haber terminado ya. Sus ojos se deslizaron por el pergamino impecable. Parecía que lo acabase de sacar, cuando la realidad era que llevaba ya más de tres horas encima de esa rallada y gastada mesa.
Soltando un suspiro involuntario, dejó caer la pluma. Era hora de dejar de engañarse. Hoy no iba a hacer nada.
Pero tampoco se movió. Le gustaba esa mesa. Era prácticamente su mesa. Bueno, suya y de Zahn. Se habían sentado ahí desde principio de curso, y ella sabía porqué solo la usaban ellos. Era la mesa más apartada de toda la Biblioteca y, aunque tenía buena luz, eso no era suficiente para atraer a más alumnos que no fueran Bellatrix y Zahn. Era perfecta para no ser molestados, que era justo lo que los demás chicos no querían, ya que rogaban todos por ser interrumpidos y tener un minuto de descanso justificado antes de volver al estudio.
El caso no era ese de todas formas, sino que Bellatrix llevaba sola intentando estudiar en esa mesa desde hacia semanas. La discusión sobre Gavriel había acabado mal, por no decir de la peor manera posible, y ninguno de los dos había tenido el valor de tragarse su orgullo y pedir perdón. Bella sabía muy bien que su arrebato, todavía presente en su memoria, había sido una niñería. No era difícil entender porque Zahn no había dicho nada sobre su relación familiar con el profesor de Artes Oscuras, pero no llegaba a comprender, por mucho que lo intentara, porqué no le había dicho nada a ella. Quitando que se suponía que eran mejores amigos y que se suponía que debían contarse todo, o casi todo, no le entraba en la cabeza porqué Zahn no había confiado en ella. ¿Es qué no le había dado suficientes pruebas de que podía guardar secretos? ¿A quien iba a ir corriendo a contárselo? ¿A Kathryn? ¿O tal vez a Ellery? ¡Si no se relacionaba con nadie más de su curso! Era estúpido, completamente estúpido...
Tan sumida estaba en sus pensamientos que no vio como alguien se acercaba hasta su mesa y se dejaba caer en una silla que estaba enfrente. Bellatrix no levantó la vista y fingió ignorarlo. Sabía perfectamente de quien se trataba y no tenía ganas de discutir más. Le había visto en una mesa solo, pero nunca pensó que Zahn se acercaría a ella justo ahora.
-¿Podemos dejar de hacer el idiota? – preguntó, con un tono de voz seco, como si le estuviera costando mucho soltar esas palabras.
Bellatrix cogió la pluma y hundió la punta despacio y metódicamente en el tintero, pero no la sacó. El silencio que mantenía Bellatrix hacia irrespirable el aire, que era justo lo que ella buscaba.
-Dilo por ti – susurró entre dientes, fingiendo estar distraída en la pluma, que se hundía en la marea de tinta negra.
-Creo que tú también tienes que ver en todo esto. Podemos arreglarlo si lo hablamos, porque hay varias cosas que no entiend-
-Hay solo una cosa que no entiendes, y es el hecho de que yo estoy bien – soltó Bella, clavando sus ojos en los de Zahn.
-Sabes que eso no es cierto – susurró despacio, acercando su cara a la de la muchacha de forma que quedaran a menos de un palmo de distancia.
Bella se separó de inmediato, por un momento intimidada, sabiendo que él tenía razón, pero recuperó la frialdad rápidamente dispuesta a defender su posición, que hasta ella le parecía ridícula.
-Puedo vivir sin ti, eso te lo aseguro. Pero, ¿te habías dado cuenta tú de ese pequeño detalle? – comentó con bastante arrogancia – No eres el centro de mi mundo, Zahn.
Cerró el libro de golpe, haciendo que el muchacho se diera un ligero sobresalto.
Se levantó y empezó a andar con paso decidido hacia la puerta de la Biblioteca. Antes de desaparecer del campo de audición de Zahn, murmuró.
-Era solo una cuestión de confianza, aunque parece que no lo entendéis.
Al salir de la sala, no solo pensaba en Zahn, sino en su primer amigo perdido. Había dicho a Sirius las mismas palabras años atrás, pero él no había hecho nada.
Solo esperaba que Zahn fuera capaz de comprender el significado de la frase y que se tragara su orgullo para pedirla perdón.
Sirius no había sido capaz, y tenía esperanza en que Zahn si pudiera. En algunas cosas eran parecidos, pero por la sangre del último no corría el orgullo de los Black.
(n/a: Ohh... esa última frase tiene gancho. Me gusta )
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
El pasillo estaba vacío. Los únicos pasos que resonaban en la piedra eran los de ella. Aunque la verdad es que no importaba que hubiera gente o no. Estaban a finales de Abril y Bellatrix seguía andando sola por los pasillos, tal como había hecho durante más de un mes.
Podía decirse que se había acostumbrado, aunque no podía negar que había sido difícil. Y, si era sincera, todavía seguía siéndolo.
Pensaba en cuando se cruzaba con él todos los días, en el esfuerzo que tenía que hacer para no mirarlo, para ignorarlo.
Pensaba también en las clases, en los dos buscando desesperadamente una pareja para no sentarse juntos, para no trabajar juntos.
Y Bellatrix cada vez se convencía más de que lo que Zahn había dicho era cierto. Estaban comportándose como imbéciles. Los dos.
Pero ahora lo único que podía hacer ella era esperar. Esperar a que Zahn sentara la cabeza, pensase un poco para comprender su frase y fuese a pedirla perdón. No perdón por no haberla contado lo de Gavriel, ni perdón por ocultarla secretos –ella también los tenía-, sino perdón por no haber confiado en ella. Zahn tenía que averiguar la razón de por qué no se lo había dicho. Él no sabía porqué no había confiado en ella y tenía que descubrirlo.
A eso esperaba ella ahora. Veía pasar las horas, los días, y veía a Zahn observándola de reojo... pero no hacía nada, no se acercaba a ella con la solución. Y la única manera de que volvieran a ser amigos era que él encontrara la respuesta a esa pregunta.
Sería entonces cuando Bellatrix sabría que no se había equivocado con Zahn, cuando sabría que su amistad valía la pena.
Pero hasta ese momento, solo cabía esperar.
También, claro, estaba la opción de que ese momento no se produciría. Entonces Bella renunciaría a él, igual que había hecho con Sirius, aunque no le olvidaría, como tampoco conseguía olvidar a su primo.
Y sin darse cuenta, sumida en dolorosos pensamientos, llegó a la clase ya empezada de Historia de la Magia.
-Llega tarde, señorita Black – le reprochó el profesor Liebertzung, frunciendo el entrecejo – Siéntese, y que no vuelva a ocurrir.
Bella no se disculpó por su retraso. No pensaba hacerlo de todas formas, pero lo que vio la dejo paralizada por unos instantes.
Durante este interminable mes, Historia de la Magia había sido una de las pocas asignaturas en las que todavía compartía pupitre con Zahn, pero ahora, en ese preciso momento, el que estaba sentado en su mesa era Shane Weiss.
-¿Ocurre algo, señorita Black? – preguntó, sorprendido por su desobediencia el profesor.
Bella sólo alcanzó a negar con la cabeza, con su vista todavía fija en el único asiento libre de la clase.
-Entonces siéntese – ordenó con una voz más dura, cosa que pocas veces ocurría debido a su carácter.
El profesor Liebertzung no era uno de los favoritos de Bella, pero tampoco podía decirse que fuera un mal profesor, sino más bien al contrario. Con su apariencia arrugada y pequeña, su edad avanzada y sus ojos saltones, era todo un personaje. Las pequeñas gafas se le solían escurrir hasta la punta de la nariz, y se quedaban ahí, pues el profesor se olvidaba de ellas en su frenesí por transmitir entusiasmado todo su conocimiento. Era de gestos generosos, y nunca se estaba quieto mientras explicaba la asignatura.
¿Qué conseguía transmitir todo ese interés a sus alumnos? Tanto como eso no, pero el pobre hombre al menos lo intentaba.
Bella avanzó despacio hasta su mesa y se sentó con movimientos lentos al lado de Weiss, que la miraba, más interesado en ella que en la clase que el profesor había retomado.
Intentando en la medida de lo posible ignorarlo, Bellatrix sacó su material y empezó a tomar apuntes, fingiendo un desmedido interés por la guerra que hubo entre centauros y magos en el siglo V.
-Como decía, en el año 428, Póllux, el rey de los centauros en esa época, concertó una alianza temporal con la gente del agua, gobernada por la sirena Denébola, conocida como la Reina del Ocaso, pues gracias a ella Póllux consiguió acabar con las naves de los magos que transportaban guerreros a tierra.
El profesor hablaba a toda velocidad y la mano de Bella volaba por el pergamino, que se llenaba rápidamente de garabatos que sólo ella entendía como palabras.
-Pss, Bella... – llamó Weiss en voz muy baja.
Bellatrix, por el firme propósito que se había hecho, no le hizo caso, y siguió escuchando al profesor.
-Esta alianza se mantuvo en secreto durante varios meses y los magos, lamento decirlo, se mantuvieron en una total ignorancia de la situación. Hubo mucha teorías -recogidas en el libro Las Siete Hipótesis, de Jonathan Kuehn, que podéis encontrar en la Biblioteca si tenéis interés- sobre la causa del hundimiento de los barcos, pero no fue sino por accidente cuando se descubrió esta alianza.
-Eh, Bellatrix... – volvió a llamar Weiss, aprovechando que el profesor Liebertzung se había girado a apuntar el nombre del libro mencionado en la pizarra.
La muchacha levantó la mano de inmediato para preguntar algo, ¡lo que fuera! Todo con tal de no tener que hablar con el muchacho, que al parecer insistía.
-¿Si, señorita Black? – preguntó el hombrecillo, dispuesto a atender la duda de su alumna.
-Eh, si... – se dio cuenta de que no tenía pregunta – Ehm... señor, ¿por qué no se Aparecían? Quiero decir, eran magos, ¿no? ¿Para que necesitaban barcos de transporte?
Las gafas del profesor resbalaron hasta la punta de su nariz cuando bajó la cabeza para pensar. Empezó a pasearse de un lado a otro de la clase, con pasos lentos, y antes de contestar se llevó la mano a la barbilla, acariciándose una inexistente barba.
-Tiene que tener en cuenta, señorita Black, que en esa época no habían sido creados los grandes colegios como Durmstrang. Eran muy pocos los magos que recibían una instrucción adecuada. Los pocos elegidos pertenecían a la nobleza y estudiaban en pequeñas escuelas. Podía decirse que prácticamente la mayoría recibían las enseñanzas de la magia de sus padres, y los niveles que se alcanzaban no llegaban a ser muy elevados. Si bien al entrar en el ejército era cierto que se realizaba una segunda instrucción, ésta solía tocar los temas de ataque y defensa. Como puede ver, los magos que alcanzaban un nivel alto y eran capaces de aparecerse eran considerados auténticos eruditos.
Después de su larga contestación, el profesor sonrió ligeramente a Bellatrix, que le escuchaba porque no tenía más remedio.
-Creo que podrá comprender por qué usaban barcos, señorita Black.
Bellatrix hizo una pequeña anotación de esto último en una de las esquinas del pergamino, sin poner demasiado entusiasmo.
Se le habían acabado las preguntas, así que decidió encararse con Weiss antes de que el muy idiota le gastara el nombre.
-¿Qué quieres? – preguntó con la voz más desagradable que pudo poner, mientras mantenía mirada altiva y arrogante.
-Hum...
Las comisuras de los labios del muchacho se levantaron un poco, en un principio de sonrisa, pero por un momento no dijo nada.
Seguramente ni siquiera sabía lo que quería de ella, excepto molestarla claro. La gente de esa clase sólo servía para eso.
-Solo me preguntaba porque Novak me ha pedido que le cambie el sitio.
Bellatrix no pudo pronunciar palabra, pero al parecer sus ojos expresaron toda la incredulidad que sentía, pues Weiss la captó de inmediato. Cuanto le interesaba, el chico podía llegar a ser espabilado.
-¿No lo sabías? – preguntó con cara de inocente sorpresa.
La muchacha dirigió una mirada a Zahn que, al parecer, sí escuchaba al profesor Liebertzung.
-Antes de que llegaras a clase me preguntó si podía cambiarme el sitio. Al parecer estaba muy interesado en sentarse lejos de ti.
¡No! Eso no era cierto. Conocía lo suficiente a Zahn –aunque parecía que últimamente le daba bastante sorpresas- para saber que a él no le importaba sentarse a su lado. La ignoraba y asunto arreglado.
"Lo que el buscaba es que Weiss se sentara a mi lado. Sabe que no le trago"
A su pesar, no pudo evitar que una sonrisa amarga apareciera en sus labios. Cuando quería, Zahn también sabía buscar las cosquillas.
-¿Os habéis peleado?
La pregunta de Weiss la devolvió al mundo real. ¡Que impertinente! ¿Se creía en serio que iba a contestar a eso?
-Me estás cansando – susurró Bella, en una voz peligrosamente suave – Deja de meterte en donde no te llaman.
-Os habéis peleado.
Ya no era una pregunta, sino una afirmación, y Bella empezó a escuchar sus latidos acelerados en los oídos, la sangre agolpándose en sus mejillas... la furia quemándola por dentro.
-¿Por qué estás tan interesado en lo que pase entre nosotros, Weiss?
-Te veo muy sola...
¿Eso que veía en sus ojos era compasión? ¡Lo que faltaba!
-Si quieres puedes venir conmigo.
Y explotó.
La pata de la silla de Weiss desapareció, y el muchacho cayó al suelo formando tanto ruido que hasta el profesor, siempre tan metido en sus explicaciones, dio un brinco.
Todos los alumnos empezaron a reírse, primero disimuladamente, pero luego dieron riendo suelta a lo divertido de la situación.
Sin embargo, Bellatrix no rió... no hizo nada.
Las mejillas acaloradas por la furia, los ojos increíblemente fríos y los labios formando una mera línea pálida.
Se levantó de su asiento, coincidiendo con el timbre que indicaba el final de la clase. Los alumnos empezaron a recoger, murmurando y riendo todavía sobre la caída de Weiss. El muchacho seguía con la espalda en el suelo, mirando paralizado a la pata que faltaba de su silla.
Levantó los ojos para encontrarse con los de la muchacha, que echaban chispas. Mirándole desde arriba, Bellatrix habló:
-Espero que te hayas dado cuenta, Weiss, de que nunca estarás a mi altura.
(Nda. Espero que entendáis esta escena. Weiss no podrá alcanzar nunca a Bellatrix por su limpieza de sangre, y por inteligencia. Pero Bella aprovecha la situación en la que se encuentran –Weiss tirado en el suelo, prácticamente a sus pies- para decirle eso. La situación expresa perfectamente la diferencia insalvable entre Weiss y Bellatrix)
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Se bebió un segundo vaso de agua antes de dejar la jarra de nuevo en la ventana. La furia disminuyó a medida que iban pasando los minutos. Total, no merecía la pena estar de mal humor por ese idiota.
Lo que si la preocupaba era la forma en que había perdido el control. No le pasaba desde hacia...
Desde la pelea con Sirius – pensó, agachándose a coger el libro de Artes Oscuras de su baúl.
Movió al cabeza, intentando expulsar a su primo de ella. No iba a pensar en él ahora. Tenía otras cosas en las que ocupar su mente, como por ejemplo, en la pata de la silla que había hecho desaparecer al enfurecerse. Por lo menos no había sido nada grave –aunque Weiss se merecía algo más-, y, lo más importante de todo era que había pasado por un accidente. El profesor Liebertzung no había recriminado a nadie por lo sucedido, lo que era una suerte.
Cosa que no había ocurrido con Zahn. Estaba claro que él sabía lo que había pasado, pero tampoco valía la pena pensar en él ahora.
Tenía que ir a clase. No podía llegar otra vez tarde.
Recorrió los pasillos cruzándose con algunos alumnos, todos ellos mayores. Para cuando entró en la habitación en la que se impartía Artes Oscuras, ya estaban todos sentados hablando. Gavriel no había llegado aún.
Bellatrix fue a su sitio y sacó todo el material que creía que iba a necesitar. Evitó mirar a Zahn, que tenía la vista clavada en la puerta de la clase, esperando a que su tío entrase por ella.
No tenía reloj, pero a Bella le pareció que no tardó mucho en hacerlo.
Gavriel entró con paso enérgico, cargando unos libros que dejó encima de su mesa. La clase se convirtió en un tumba en cuanto vio al profesor. Bella no podía dejar de admirar el efecto que el hombre tenía sobre la gente, una mezcla de respeto y deferencia, o eso pensaba ella por lo menos.
-Buenas tardes – saludó con un leve movimiento de cabeza. Luego fue a su escritorio, sacó un pergamino que estaba entre dos hojas de uno de los libros que había traído y lo sostuvo en la mano derecha sin mirarlo.
La clase contestó al unísono a su saludó, y cuando todo el mundo estuvo callado de nuevo, Gavriel continuó.
-La clase de hoy será un poco especial. Casi puedo decir que no daremos clase, aunque si que investigareis sobre Artes Oscuras.
¿Cómo? ¿No iban a dar clase? Bellatrix no pudo evitar abrir un poco la boca, estupefacta. ¿Qué sería lo que había pensado Gavriel?
-He pensado que como vamos un poco adelantados con el temario, podéis hacer un pequeño trabajo para exponer. No será muy largo, ni tampoco muy difícil, pero os será de utilidad para aprender cosas sobre las distintas ramas de las Artes Oscuras.
Todos los alumnos escuchaban sin poder creérselo. ¿Gavriel? ¿Un trabajo para exponer? No parecía de ese tipo de personas, y Bella estaba segura de que había gato encerrado. ¿O tal vez no?
-Las exposiciones las haréis en parejas, y cada pareja investigara sobre la rama de las Artes Oscuras que elija. Buscareis la información necesario en la Biblioteca, y para cualquier duda, podéis preguntarme a mi o pedirme algún libro – explicó, paseando la vista por la clase, que cuchicheaba emocionada. Varias chicas se señalaban entre ellas, poniéndose en parejas para los trabajos – Las parejas las elegiré yo.
Se escuchó un murmullo decepcionado de fondo, pero para Bellatrix todo estaba ya claro. Había encontrado el gato encerrado. Clavó sus ojos oscuros en Zahn, alzando una ceja. Este le devolvió la mirada, pero en seguida la apartó. Que curioso que él no estuviera sorprendido por lo que acababa de anunciar Gavriel. ¿Sería casualidad? Bella lo dudaba.
Y el puzzle acabó de tomar forma en su mente cuando Gavriel fue diciendo en voz alta las parejas, y casualmente...
-La señorita Black y el señor Novak.
Toda estaba ya claro. Pero ¿para qué quería Zahn ponerse en pareja con ella? Un escalofrío la recorrió la espalda. Tal vez había encontrado la solución a la pregunta... pero era bastante improbable. Lo más seguro es que la pidiera de nuevo que dejaran de hacer el idiota.
-Ahora que ya sabéis con quien vais a estar, quiero que vayáis todos a la Biblioteca. Tenéis una hora para elegir la rama de las Artes Oscuras sobre la que hablareis, y cuando finalice el tiempo quiero que todos volváis aquí. Que nadie llegue tarde.
Los alumnos se levantaron con estrépito. Bellatrix no esperó a Zahn y empezó a recorrer los pasillos. En cuanto llegó a la Biblioteca, fue directa a su mesa de siempre. El muchacho no tardó en alcanzarla, y se sentó a su lado.
-¿Podemos hablar, Bella?
La muchacha clavó sus ojos un momento en Zahn, y luego desvió la mirada hacia el pergamino que había sacado. Ignorando su propuesta, preguntó fríamente:
-¿Empezamos ya?
Zahn tardó un poco en contestar, pero cuando lo hizo, Bellatrix no pudo evitar volver a mirarlo, y esta vez se sentía un poco más abierta a escucharle.
-No – soltó con determinación – Tenemos que hablar. Esta situación es ridícula, Bella.
-¿Primero me pones a Weiss al lado, y ahora vienes a pedirme que hablemos? – preguntó con incredulidad, alzando las cejas.
Cierto era que estaba más abierta a escucharle, pero eso no significaba que fuera a ponerle las cosas fáciles.
-Eso fue una idiotez, ya lo sé. No tenía que haberlo hecho.
-Sabes que no le soporto, pero aún así le cambiaste el sitio.
-¡Ya te he dicho que lo siento! – soltó, alzando un poco la voz, que volvió a controlar cuando sintió los ojos de Madame Guthrie clavados en la nuca.
Bella se mojó los labios con la punta de la lengua. Era algo que solía hacer cuando pensaba, y en este momento estaba valorando como debía reaccionar. Al final optó por lo más fácil: que Zahn dijera lo que quisiera. Todo dependía del contenido de sus palabras.
-¿Y? – preguntó con voz suave Bella, inclinándose sobre la mesa.
-¿Cómo?
-¿Y qué más? ¿O has venido a pedirme perdón por ponerme a Weiss al lado?
Su voz llegó a sus oídos con un tono muy mordaz, que sería el mismo que habría escuchado el muchacho de ojos grises que tenía delante.
-No, bueno... no era sólo por eso. Verás, yo quería explicarte una cosa.
Cuando Zahn calló, Bellatrix decidió no romper el silencio, y observó atenta al muchacho, esperando "eso que tenía explicar".
-Estuve pensando en lo que me dijiste la última vez.
-¿Así que has pensado por fin?
La mirada de Zahn le hizo ver a Bellatrix que su última frase había sobrado. Él estaba intentando buscar las palabras para disculparse y ella no se lo ponía nada fácil con esos comentarios. De todas formas no se disculpó. Seguía enfadada con él.
-Tenías razón. No confié en ti.
Bella asintió. Zahn iba por buen camino, pero ahora venía la pregunta importante, la que verdaderamente decidiría si ella lo perdonaría.
-¿Y por qué no lo hiciste?
La pregunta de Bellatrix estuvo cargada de amargura, y Zahn se revolvió incómodo en su silla, pero en ningún momento bajó la mirada. Eso era algo que Bella apreciaba mucho de él. Sabía dar la cara.
-Creo que...
-¿Qué?
Pero Zahn no continuó. ¿Por qué se había callado?
-¿No lo sabes? ¿O todavía no has tenido tiempo de pensar en eso? – soltó Bella.
Sintió unas enormes ganas de levantarse y de abofetearle, de gritarle que contestara porque no podía decepcionarla así.
Pero él siguió sin decir nada. Se escuchaba su respiración acelerada. Estaba pálido.
-¡Contesta! – gritó, olvidándose de bajar la voz – ¿O tampoco vas a poder tragarte tu orgullo ahora?
Zahn se levantó, como impulsado por una extraña fuerza. Apoyó sus manos en la mesa con un golpe seco y se inclinó hacia Bellatrix, que lo miraba fijamente... Llevaba esperando este momento desde hacia varias semanas.
-¿De verdad quieres saberlo? Pues bien, ¡tuve miedo! ¿Es eso lo que querías oír?
Muy, muy despacio, casi imperceptiblemente, Bellatrix asintió, y eso animó a Zahn a continuar, algo más calmado.
-Creí que si averiguabas que Gavriel era mi tío, ya no me verías como... hem, como Zahn. No sé si me entiendes – dijo el muchacho, dudando un poco por su explicación.
-¿Creíste que iba a pensar que te favorecía o algo así? – preguntó Bella, incrédula, y no pudo evitar soltar una carcajada - Por favor, Zahn, te he visto usar una varita. ¿cómo diablos voy a pensar que no eres bueno?
El muchacho se encogió de hombros, algo ruborizado y sin saber qué más decir. Finalmente decidió hablar, para evitar que una vez más el silencio abrumador se impusiera entre los dos.
-Me estuve devanando los sesos un buen rato con la frase que me dijiste – comentó, de mejor humor. Luego sonrió, con esa sonrisa amplia que Bella tanto había echado de menos -¿No podías haberme gritado lo que querías a la cara?
-Oh, no – contestó Bella, negando con la cabeza - Quería que lo sacaras por ti mismo.
-Supongo que entonces puedes volver a considerarme inteligente, ¿no?
Bellatrix dejó la pregunta en el aire, y con sólo mirar a los ojos francos de Zahn, le dirigió hacia lo que de verdad ella consideraba importante.
-¿Amigos? – preguntó Zahn.
-Amigos – contestó Bellatrix, devolviéndole la sonrisa cuando la palabra salió de entre sus labios.
Y entonces ambos se quedaron callados, algo avergonzados por haber pasado un mes sin hablarse por una tontería semejante.
Bellatrix, intentando buscar algo que hacer, volvió la cabeza cuando escuchó ruido de sillas moviéndose. Observó como Luc Nguyen y Livie Nedrevo salían de la Biblioteca, con unos libros y pergaminos en la mano. Y entonces lo recordó. Miró al único reloj que había en la sala y soltó un largo suspiro.
-Nos quedan 10 minutos para pensar en algo – dijo Bellatrix, dirigiéndose hacia las estanterías de la sección de Artes Oscuras.
-No te preocupes. Nos sobra tiempo.
Bella le miró con cara de incomprensión.
-¿Creías que no iba a tener algo preparado? Lo tengo pensado desde hace semanas, conozco varios libros sobre el tema. Lo tengo prácticamente todo hecho. Sabes perfectamente que la idea del trabajo se la propuse a Gavriel yo.
-Me lo imaginaba.
-Lo hice para poder hablar contigo, pero no te iba a hacer preparar un trabajo solo por una idea mía.
-Que considerado.
Un sonrisa le tembló en los labios. Todo volvía a ser igual que siempre. Zahn hablaba y ella soltaba comentarios mordaces. En ese momento no hubiera deseado nada más.
-¿Y qué tema has elegido?
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-¿Maldiciones extintas? – repitió Gavriel, como asegurándose de que había oído bien.
-Si – contestaron Bellatrix y Zahn a la vez, mirando fijamente al adulto.
El profesor se llevó una mano a la barbilla, pensativo.
-No es un tema fácil, pero hay algunos libros sobre el tema en la sala donde dabais Artes Oscuras. Podéis ir a buscarlos allí.
La clase estaba ya vacía, y por eso Gavriel habló en alto de sus clases privadas con sus dos alumnos. Bella sonrió tenuemente y empezó a dirigirse hacia la puerta, después de murmurar una despedida.
-Gracias... tío – murmuró Zahn con una extraña sonrisa, girándose para seguir a su amiga.
-Hasta luego, Zahn – replicó el profesor.
Lo último que vio Bellatrix antes de salir fue a Gavriel dirigiéndose hacia su mesa, dispuesto a recogerlo todo antes de ir a su despacho. En sus labios bailaba una sonrisa que Bella no supo bien cómo interpretarla.
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(Pasan los días. Final de curso de acerca...)
Era curioso, y mucho, la verdad.
Curioso como se le habían hecho esas últimas semanas solitarias e interminables; esos días que parecían no acabar, matando las horas con la nariz entre los libros solo para no dejar vagar su mente.
Y ahora que todo volvía a estar como debió de estar siempre, el tiempo volaba. Conversaciones en la torre, con las estrellas tintineantes allá arriba, encima de sus cabezas; estudiando, o simplemente leyendo, al lado de la chimenea, ahora ya apagada por el calor. Incluso volvía a disfrutar las clases, escuchando a los profesores, que intentaban meterles los nervios en el cuerpo ahora que se acercaban los exámenes finales.
Pero eso no afectaba a Zahn. Ni tampoco a Bellatrix. Ahora ya de nuevo juntos, disfrutaban de la compañía del otro, y no estaban dispuestos a que nada estropeara esa hermosa monotonía del día a día.
Y ciertamente la monotonía era la que gobernaba sus vidas a sus once años de edad, pero eso no significaba que ya esas pequeñas cosas a las que se habían acostumbrado no valieran la pena.
Sin pensarlo, habían dividido el día en diversas actividades, y sin haberse puesto de acuerdo, ambos disfrutaban realizándolas. Horas de estudio, de ocio o simplemente de no hacer nada. Quedarse con la vista perdida, sentados en los terrenos y sin hablar, resultaba ser uno de sus pasatiempos favoritos.
Lo único que seguía resultando distinto y fascinante eran las clases particulares con Gavriel. Sabiendo que los dos podían usar con los ojos cerrados todas las maldiciones de aquel curso, él seguía invariablemente enseñándoles cosas nuevas, insistiendo con ellas hasta que las dominaban por completo. Resultaba gratificante ver al resto de alumnos de su curso estudiando Artes Oscuras cuando ellos no tenían que abrir ni el libro. La Guía Completa de las Artes Oscuras reposaba en el baúl, y allí se quedaría hasta el año siguiente. Era el resultado de duras horas de trabajo.
En las demás asignaturas se podía decir que no iban tan bien, lo que significaba que, yendo en Artes Oscuras un curso -o mas en el caso de Zahn- por encima, se sabían los libros de primero de memoria.
Y cuando Bellatrix se cansó de repasar Encantamientos con Zahn, asignatura en la que éste se ponía especialmente nervioso, le propuso ir a volar un rato. Se sorprendió cuando esas palabras salieron de su boca, pues en ningún momento había tenido intención de decirlas. Tal vez había estado pensando en ello... pero no. ¿Por qué iba a pensar en volar en escoba? Hacía años que no lo hacía.
A pesar de todo lo que pasó por la mente de Bellatrix en esos breves momentos, fue un día memorable. No podía haber pedido un mejor día, y el que los terrenos estuvieran vacíos por la vecindad de los exámenes la hacía sentir especialmente libre. Nadie la miraba, nadie la reprochaba que hubiera dejado de volar a pesar de su buena técnica. ¿Cómo no iba a tenerla, si había sido Sirius quien la había enseñado? Eso era algo que no se olvidaba.
Cuando se acostó esa noche, la muchacha todavía sentía la excitación y la euforia de sentirse a muchos metros del suelo. Lo había ocultado a su mejor amigo tras la máscara de la indiferencia, pero lo cierto era que había recuperado algo que creía perdido hacia mucho tiempo.
Hundió la cara en la almohada, cerrando los ojos con fuerza. ¡No podía pensar en Sirius ahora! Tenía que dormir, puesto que al día siguiente empezaban los exámenes.
Lo había intentado. Bellatrix se juraba al día siguiente, mojándose con agua helada la cara, que lo había intentado, pero lo cierto es que había permanecido la mayor parte de la noche en vela, pensando. ¿Por qué no podía sencillamente sacarle de su mente, como algo ya pasado y sin importancia? Pero eso no era cierto, él era importante. Tanto como para no dejarla dormir.
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(En el barco de regreso)
Bellatrix sostenía un pergamino en la mano, y lo observaba muy interesada. Lo acababa de sacar del sobre, pues Gavriel se lo acababa de dar. Al igual que al resto de los alumnos, que también lo miraban.
Las notas de final de curso. Y mostraban que en prácticamente en todas las asignaturas tenía nota máxima. Se le resistían Herbología y Transformaciones, ambas por razones muy distintas. En cuanto a la primera lo tenía muy claro: odiaba hurgar en la tierra. Ese no era trabajo para ella, y lo sabía. Su sangre no la habían mantenido limpia durante siglos para que ahora se dedicara a mancharse las manos con tierra. Pensando en Transformaciones... pues también era sencillo. El profesor Wexlershire no había puesto nota máxima a nadie, excepto a una sola persona: Vriesia Nezvanóva. Aunque no fuera santo de su devoción, Bellatrix tenía que admitir que la chica era demasiado buena en la materia. Pero ella también lo era, y el año que viene tuvo claro que serían dos las personas con nota máxima.
Contempló a Zahn, que estaba sentado a su lado y miraba concentrado su pergamino.
-¿Qué tal Encantamientos? – preguntó Bella, para sacarle de sus cuentas mentales.
-Aprobado – contestó, con un suspiro – Gavriel me ha dicho que me ayudara este verano.
-¿Pasas las vacaciones con tu tío?
-Si, siempre las he pasado con él.
Zahn sonrió levemente, y después volvió para terminar de mirar sus notas. Bellatrix no pudo devolverle la sonrisa, aunque lo intentó. Pensar que Zahn estaría con Gavriel, pudiendo hablar con alguien que de verdad dijera cosas inteligentes. En cambio, ella pudriéndose en la casa de sus tíos, paseando sola, desayunando sola... yendo a todos sitios sola. Resultaba un pensamiento deprimente para un verano.
Volvería a ver a Sirius, eso si. Pero no sabía porqué, sentía la imperiosa necesidad de no verle. No quería pisar la misma habitación en la que él se encontrase. ¿A qué se debía eso, cuando días atrás no había dormido pensando en él? Sabía que con él todo eran peleas, ingeniosos comentarios, y frases mordaces. No era como años atrás, cuando hablaban durante horas, hasta que anochecía y tenían que volver a casa.
Ese era el Sirius que ella quería ver, al que recordaba con cierto afecto. En cambio, el nuevo Sirius... ¿Qué es lo que le había hecho cambiar en aquella ocasión? ¿Por qué se hacia esa pregunta, cuando sabía la respuesta? Lo importante era que había cambiado, y eso había derivado en la pelea que les había hecho separarse.
Meneó la cabeza de un lado a otro, obligándose a dejar de pensar en él y a concentrarse en lo que había empezado a decir Zahn.
Pensó en volverse a hacer la coleta, puesto que al mover la cabeza varios mechones se habían salido, pero lo dejó pasar. Estaba nerviosa, y empezó a juguetear con el mechón que le caía por delante de la oreja derecha.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Los viajes de regreso siempre se hacen demasiado cortos, pensaba Bella, cuando por fin llegaron a la extraña habitación de Portsmouth.
Zahn desembarcó antes que ella, y la esperó cuando piso el suelo de la sucia y oscura habitación.
Pensó en el castillo, con sus corredores, sus torres, sus terrenos... y luego abrió los ojos y vio de nuevo esa habitación. Había diferencias que nunca entendería.
-¿Bella? – llamó su amigo, sacándola de su ensoñación – Estas cortando el paso.
Y Bellatrix se dio cuenta entonces de que una cola de alumnos esperaba detrás de ella, algunos poniéndose de puntillas para descubrir por qué estaban parados.
Todavía pensativa, y tal vez un poco deprimida, se reunió con Zahn, que la esperaba en un rincón, para refugiarse del gentío. Gavriel no había venido con él, puesto que todavía tenía asuntos que resolver en Durmstrang. Él volvería solo a casa, con los polvos flu.
Y, al parecer, ella tendría que hacer lo mismo, puesto que no veía a su tía por ninguna parte. Miles de adjetivos se deslizaban por la mente de Bellatrix para describir a su tía, pero entre ellos no se encontraba el de impuntual. Dicho de otro modo más sencillo, a ella no le había dado la real gana de venir. Tal vez estaba ocupada, cosa de dudaba puesto que su tía solo se dedicaba a ir de recepción en recepción de las familias más distinguidas; o simplemente estaba demasiado a gusto sin su sobrina y no le apetecía verla tan pronto. Bellatrix se inclinó más por la segunda opción.
-¿Ha venido alguien a buscarte? – preguntó Zahn, buscando a alguien que no conocía entre la multitud.
Bella negó con la cabeza y sonrió amargamente.
-Lo prefiero así.
-Te puedo acompañar a casa si quieres.
-No hace falta. Si entras por esa puerta, lo más probable es que mi tía te someta a un interrogatorio y no salgas de ahí en días.
Zahn le lanzó una mirada de incomprensión.
-Oh, ya sabes... investigaría tu familia, hasta la rama más antigua, para ver si eres digno de mí – comentó Bella, haciendo una mueca – Y si lo eres, probablemente te comprometería en matrimonio conmigo. Así que créeme, es mucho mejor que no entres por esa puerta.
-De acuerdo – replicó Zahn, sonriendo un poquito – Por cierto, creo que tu búho ha hecho muy poco ejercicio este año.
-Pocas amistades – susurró Bella irónicamente – Supongo que somos demasiado misteriosos.
-Supongo – dijo Zahn, y luego dejo que por unos segundos el silencio se instalara entre los dos - Eso sin contar el tema de que nuestra sangre se remonta a la Edad Media.
-Eso también.
-Espero verle por la casa de mi tío algún día.
-¿A quién? Pues a tu búho. Era de quien hablábamos... por lo menos al principio.
-Oh... supongo que si. Ya se pasará algún día.
-Asegúrate de que tenga una carta tuya en su pata antes de que venga a verme – comentó, clavando sus ojos grises en Bella.
-No te preocupes; te aseguro que no voy a mandártelo si no hay una razón. Krall es el único ser medianamente racional que queda en casa de mis tíos, y no voy a librarme tan fácilmente de él.
Casi sin darse cuenta, los dos habían llegado a la chimenea. La sala se estaba quedando vacía, pues las familias ya se iban, la mayoría con los polvos Flu que ellos iban a usar también.
Al fondo de la habitación vio a Kathryn, que hablaba con la misma mujer que cuando Bella fue a coger el barco a principio de curso. Decididamente debía de ser su madre, o por lo menos, alguien de su familia. Eran bastante parecidas. Un poco más apartadas, Bellatrix distinguió a su hermana Andrómeda despidiéndose con un abrazo de su mejor amiga, la muchacha de Straglenheiz. Conteniéndose para no ir y darla una bofetada por ese comportamiento tan humillante, Bellatrix se volvió a mirar a Zahn. Siguió la vista del muchacho, y se encontró con los ojos violetas de Kathryn. ¿Por qué se miraban?
Zahn asintió una sola vez, y Bella se extrañó por ello. ¿Por qué asentía? O mejor dicho, ¿a quien asentía? Porque a Kathryn no podía ser... aunque era cierto que algo pasaba entre esos dos; pasaba, o había pasado.
Se sacó esos pensamientos de la cabeza, y tocó el hombro de Zahn. Tenía que irse ya.
Al momento se arrepintió de haberlo hecho. ¿Cómo iba a despedirse de él? De pronto un abrazo le pareció muy ridículo.
Y su mejor amigo parecía haberse encontrado con el mismo problema, y sin saber lo que hacer, sonrió levemente.
-No te olvides de escribir – recordó Zahn, rompiendo el silencio.
-Descuida – dijo Bella, girándose para coger un puñado de polvos Flu en la bolsa que había encima de la chimenea. Se metió dentro de esta, y sonrió a Zahn, que la miraba desde fuera – Nos vemos.
-Hasta luego.
-¡Grimmauld Place, numero 12! – gritó Bella, entre las llamas.
Cerró los ojos fuertemente y pegó los brazos al cuerpo. Ya había experimentado hacia años el dolor de un hueso roto cuando su brazo se golpeó contra una de las paredes de ladrillo que formaban la chimenea por la que viajaba a toda velocidad. No estaba dispuesta a pasar por lo mismo.
Antes de que todo desapareciera, vio a Zahn despedirla con un breve gesto con la mano. Fue solo un momento, pero pensó que debería haberle abrazado. Al fin y al cabo era su único amigo.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Cayó al suelo con un golpe seco, seguida de su baúl, que se abrió. Todos sus libros y algunas túnicas se desparramaron por el suelo.
Bellatrix pegó una patada al baúl, jurándose que se desharía de él. Compraría otro con una cerradura a prueba de golpes, o le haría un encantamiento buscando ese resultado. Claro que eso tendría que esperar entonces a que volviera a Durmstrang.
-Kreacher – gritó, esperando ver aparecer al elfo doméstico de inmediato, pero éste no vino - ¡¡Kreacher!! ¿Dónde diablos te has metido? ¡Ven aquí ahora mismo!
El enorme cabeza del elfo doméstico apareció por la puerta, con una mirada de pánico en sus ojos.
-¿Desea algo la señorita? – preguntó, inclinándose hasta que su nariz afilada tocó el suelo.
-Recoge todo esto – ordenó, señalando a sus cosas, mientras salía de la cocina.
-¿Dónde quiere que lo deje?
-Súbelo a mi habitación. ¡Y date prisa! – dijo, con voz agria.
Volvía a estar en casa y se sentía acorralada. De nuevo los conocidos pasillos, las habitaciones... pero lo peor de todo eran las personas que vivían bajo su mismo techo. Hubiera dado todo en ese momento por vivir sola, a pesar de tener once años. Ser independiente, sin tener que soportar a sus odiados familiares.
Luego pensó en Sirius. Si se iba, probablemente nunca le volvería a ver. Él no era de esos que asistían a comidas familiares, y ella tampoco. Irse sería renunciar a volver a verle. Aunque luego pensó que si ella no se iba, él lo haría tarde o temprano. En cuanto tuviera dinero y edad para independizarse.
Le daban náuseas solo de pensar que volvía a estar en esa casa y supo, con toda seguridad, que en cuanto la mínima oportunidad se le presentase se largaría de allí.
Escuchó a su tía conversar en el salón, y entró para avisarla de que había llegado, aunque lo último que quería hacer era hablar con ella en ese momento. Pero sabía que si no le decía nada, luego pagaría las consecuencias. Lo menos que le podía hacer era darle una bofetada.
Así que entró, y vio a esa mujer elegantemente vestida, orgullosa, hablar con otra mujer de su mismo estilo. No le gustaba decirlo, pero la invitada parecía muy vulgar al lado de su tía, y por la gracia con que cogía esta última la copa, supo que ella lo sabía.
-Ya he lleg-
Su tía le cortó con un movimiento de la mano, perfectamente cuidada.
-No nos molestes ahora, Bellatrix.
Tuvo ganas de lanzarle el jarrón que había a su lado a la cabeza, pero sabía que eso no resolvería nada. ¿Qué se creía vieja bruja? ¿Qué ardía en deseos de hablar con ella?
Salió de la habitación hecha un furia y subió las escaleras corriendo, en dirección a su cuarto. Iba a encerrarse allí y no bajaría ni para comer. Había perdido el apetito.
Cruzó como una exhalación por delante de la puerta del cuarto de su primo, y vio de reojo a éste tumbado en la cama.
Una estudiada calma la inundó, y con paso lento, sin hacer ruido, se paró bajo la puerta. Apoyó su hombro en ésta y observó a Sirius cuidadosamente.
Estaba tumbado en la cama, con los brazos debajo de la cabeza y sus ojos azules clavados en el techo.
No parecía muy contento.
Bellatrix se cruzó de brazos, y la sonrisa mordaz que siempre ponía cada vez que veía a Sirius le floreció a los labios sin necesidad de pensarlo.
-Hola, Sirius.
Su primo levantó a cabeza un poco, como para confirmar que la voz escuchada era la de su prima. Puso una mueca de cansancio y dejó caer la cabeza de nuevo.
Bellatrix soltó una carcajada. Siempre reaccionaba igual. Era tan previsible...
-Parece que no te alegras de verme – comentó, con voz despreocupada - ¿No me has echado de menos?
-No especialmente – respondió Sirius, no muy entusiasta - ¿Acaso tú a mi si?
Bellatrix no contestó, pero una hilera interminable de pensamientos rondaron por su cabeza. Se engañaría si decía que no le había echado de menos, por lo menos un poco. Pero, ¿y él? ¿Es que ni acaso había pensado en ella un sola vez? ¿Un maldita vez? Odiaba su indeferencia, y sus contestaciones carentes de emoción.
Pero por otra parte comprendía perfectamente lo que le pasaba a Sirius. Sus siguientes palabras salieron de su boca con un tono de voz cansado y desagradable.
-Te aseguro que a mi no me gusta esta casa mas que a ti.
Salió de la habitación, aunque lo cierto era que no había llegado a entrar. De reojo pudo ver como Sirius se había incorporado y la miraba. En sus ojos azules brillaba... ¿qué era lo que brillaba?
Sacándolo de su mente, no sin poco esfuerzo, Bellatrix llegó a su habitación. El portazo que dio al cerrar la puerta resonó por toda la casa, pero nadie la llamó la atención. De pequeña si lo habían hecho, pero ahora... Bella suponía que ya no se preocupaban.
Se tiró en la cama, sintiendo unas enormes ganas de llorar, pero de sus ojos secos no cayó ni una sola lágrima. Hacía mucho tiempo que se había dado cuenta que era una perdida llorar por no querer estar en esa casa. Solo tenía que tener un poco de paciencia; solo tenía que esperar unos años...
Su respiración se fue calmando poco a poco, y su mente se vació de todo pensamiento. Casi sin darse cuenta, se quedó dormida.
Y prácticamente estuvo así todo el verano. No dormida, pero si encerrada en su habitación. Había días que no salía ni a comer, y luego, por la noche cuando todo el mundo dormía, se escabullía de su habitación para tomar algo. Comía despacio, ya de vuelta en su habitación, delante de la ventana abierta.
Por las mañanas, antes de que empezara a hacer mucho calor, había cogido la costumbre de dar paseos. Dejaba que sus piernas la guiaran, pues ella no tenía especial interés en ir a ningún sitio, aunque inconscientemente evitaba el parque que solía frecuentar con Sirius de pequeña. Hacía mucho que no pisaba esa hierba, y no tenía ningún interés en romper con su pequeña "tradición".
Lo que más odiaba Bellatrix era la sensación de estar perdiendo un tiempo que podía haber empleado en otras cosas. Como la carta con los libros nuevos le llegaba el día de su cumpleaños, no podía comprarlos y leerlos aún. Intentaba mantenerse ocupada la mayor parte del tiempo, pero en esa casa era difícil. No había nada con el mínimo interés que hacer.
Había ido unos cuantos días al Callejón Diagon, y al Knockturn -acompañada por su tía, por supuesto- y había comprado varios libros. Había decidido empezar su propia biblioteca personal, puesto que los libros de la casa se encontraban en el despacho de su tío, y absolutamente nadie, excepto él, tenía permiso para entrar. El caso es que comprar libros, ordenarlos, y leerlos se había convertido en uno de sus pasatiempos de ese aburrido verano.
Bueno, eso, y escribir a Zahn. Krall, su enorme búho, no paraba de entrar y salir por la ventana de su cuarto, dejando plumas oscuras por todos lados que Kreacher se apresuraba a limpiar, antes incluso de que Bellatrix se lo pidiera de malos modos.
El caso es que todas las conversaciones que antes mantenían en Durmstrang, las mantenían ahora por carta. A veces lo que querían decir ocupaba varias páginas, que Bellatrix solía escribir a medianoche; otras veces consistía en solo unas breves líneas.
Él siempre le contestaba rápido, sin hacerla esperar, y eso, aparte de que se había bajado en Portsmouth, la hacía suponer que él vivía cerca. Muchas veces había pensado en proponerle quedar, pero Zahn no había mencionado el tema... ni se había acercado, la verdad. Ella no quería que su amigo fuera a pasar unos días a esa casa de locos que era la suya, puesto que su tía estaba últimamente muy perspicaz. Y es que al ver que todos los días ese "horrible búho", como lo llamaba ella, salía varias veces, las sospechas habían comenzado a aparecer en la mente de la mujer.
La conversación que habían mantenido había sido especialmente ingeniosa, y Bellatrix se había divertido inventándose excusas, tal vez porque el hablar con su tía de matrimonio, con Zahn de por medio, entrañaba muchos riesgos.
Fue un tarde, después de comer. Bella entró en el salón para coger un libro que había estado leyendo allí por la mañana. Ignoró a su tía, que estaba tumbada en el diván color negro, con una copa en la mano y leyendo El Profeta.
Justo cuando iba a salir por la puerta, su tía levantó los ojos y la miró.
-¿Puedes sentarte un momento, Bellatrix? Me gustaría hablar contigo.
Tal vez fue esa rara amabilidad lo que hizo sospechar a Bella, que rechazo secamente la oferta.
-Ahora estoy ocupada. Tal vez mas tard-
-Que te sientes.
Y esta vez la voz de su tía no admitía replicas. Al ver que ya había olvidado esa máscara de falsa amabilidad, Bella se sintió más cómoda. Esa era la mujer que ella conocía, y la que no iba a darle sorpresas.
Regresó al diván y se sentó al lado de su tía, que se apartó un poco para dejarla hueco. La mujer se recostó un poco, después de dejar el periódico sobre la mesa, y dio un sorbo a su copa. Se cruzó de piernas y observó a Bellatrix en silencio. Bella se preguntó a que esperaba. Su tía no era del tipo de mujeres que cuando querían decir una cosa no sabían cómo empezar. A lo mejor intentaba ponerla nerviosa. Si eso era, no lo estaba consiguiendo.
-Lárgate, Kreacher.
Y entonces Bella vio al elfo, que hasta ese momento había estado limpiando las ventanas sin hacer ruido. Kreacher se apresuró a hacer una reverencia.
-Si, ama.
Bella y su tía esperaron a que Kreacher saliera de la habitación, y entonces la mujer volvió a mirarla.
-Me he fijado en que últimamente ese bicharraco tuyo sale y entra mucho.
Inmediatamente Bellatrix supo que se refería a Krall, y aunque el término "bicharraco" no era su favorito para describirlo, se contento con morderse la lengua y asentir distraídamente.
-Me preguntaba a quien escribías tan a menudo.
Se dio cuenta en seguida de que su tía no aceptaría que no contestara a su última pregunta, pues eso era, aunque hubiera sonado como un mero comentario.
-A un amigo.
Ahora fue el turno de su tía de asentir, y la muchacha se fijo en que su tía estaba pensado en cuales serían sus próximas palabras.
-Ya sabes que eres una Black.
-No se me ha olvidado – contestó bruscamente, pero se arrepintió de inmediato. Las palabras de su tía empezaron a resultar mucho mas agresivas, y Bellatrix supo que no se levantaría de allí hasta que no hubiera apagado la curiosidad de su tía.
-Como tal espero que...
-No te preocupes. Sé con quien voy.
-Con esas palabras me imagino que te refieres a que es sangre limpia, pero ya sabes que eso no es suficiente.
-Es prácticamente imposible encontrar sangre mas antigua que la de los Black. Si pidiera eso, estaría sola, pero ya te he dicho que no te preocupes – agregó, con muchas ganas de dar por terminada la conversación – su sangre es digna.
-¿Apellido?
-Novak – contestó Bellatrix, con voz seca.
-La familia Novak... no me suena, y eso es extraño.
-La mayor parte de su familia vive en Rusia.
-Pero, ¿él vive en Londres?
Bellatrix se encogió de hombros. Le hubiera gustado decir que vivía en Indochina, solo para que no preguntara más cosas sobre él. Aunque conociendo a su tía... La mujer era capaz de viajar hasta el fin del mundo sólo para perseguir a alguien de sangre limpia.
-Creo que si. Pasa las vacaciones con su tío.
-Llamaré a Eleanor. Creo que estaba pensando en hacer una recepción, y tal vez pueda invitarlos – dijo, pensando en voz alta – El crío no me interesa, tan solo quiero hablar con los padres o con su tío, así que como asumo que tú no los conoces, no tienes que venir.
-No pensaba ir de todas maneras, y de todas formas, puedes olvidarlo. Está comprometido – soltó Bella, poniéndose furiosa. Lo último era mentira, pero sabía la idea que se había formado en la cabeza de su tía y quería sacársela de la cabeza costara lo que costase. Tampoco añadió que conocía al tío de Zahn, puesto que entonces la hubiera obligado a ir a esa maldita fiesta de la alta sociedad.
Su tía, que se había puesto de pie, la miró, un poco sorprendida al principio.
-¿Y quien es la mocosa?
-No... no me lo ha dicho – mintió Bella, de nuevo.
La mujer, estirándose la hermosa túnica para quitarle las arrugas, sonrió. Demasiado confiadamente para el gusto de Bellatrix, lo que la hizo suponer que la daba exactamente igual que el muchacho estuviera comprometido que no. La muchacha miró a su tía con un asomo de duda en los ojos negros, sin saber que es lo que pasaba por la mente de su tía. La mujer sonrió aún más ampliamente.
-Tú misma lo has dicho, Bellatrix. Hay pocas familias con la sangre más pura que los Black – dijo su tía, repitiendo sus palabras – A veces solo eso es un incentivo suficiente para cambiar de opinión.
Bellatrix recordaba esa conversación como si la hubiese vivido el día anterior, cuando en verdad habían pasado varias semanas desde que la tuvieron.
Prácticamente no había visto a su tía desde entonces, ya que estaba ampliando sus círculos sociales, visitando a todos sus conocidos. Bella sospechaba que en verdad estaba recogiendo información sobre la familia Novak, que seguía siendo un misterio.
No tardó mucho en despreocuparse de su tía. La verdad era que le traía sin cuidado lo que su tía hiciera o dejara de hacer.
Ella seguía intentando sobrevivir a ese mortal verano, que había resultado ser el peor de todos los que había vivido. Tal vez porque había conocido una vida completamente distinta: la de Durmstrang, y no paraba de establecer comparaciones.
Sus paseos y visitas al Callejón Diagon –al que le permitían ir sola- se hacían cada vez más frecuentes, y el dinero que le había empezado a mandar su padre mensualmente para sus caprichos se acababa con celeridad. Y es que sus caprichos eran muy caros. Libros únicos, ingredientes extraños guardados en frascos de vidrio... Todo esto y más lo exponía en las estanterías de su habitación, cada vez más llenas.
Recientemente había descubierto una tienda en el Callejón Knockturn en la que vendían cajas de madera hechas a mano. Pero eso no era lo curioso de ellas, sino que cada uno tenía su propio poder oscuro. Una provocaba que las personas se adormecieran, otra que perdieran su voluntad... Había pagado mucho por ellas, pero creía que merecían la pena.
Cuando el dinero se le acabó, se negó a pedir dinero a su tía. Principalmente porque ella no se lo daría para comprar las cosas que a ella le interesaban, ya que pensaba que eran un perdida de tiempo. Si Bella le hubiera pedido una túnica, puede que la cosa hubiera cambiado... pero la muchacha estaba harta de tener el armario de túnicas que se le quedaban pequeñas sin haberlas estrenado.
Así que espero a su cumpleaños, cruzando los dedos para que su padre le enviara dinero. Incluso tal vez le regalaba algo como la Petra deauro, aunque lo dudaba. Lo que si que no se esperaba era que su padre no le enviara ni una carta; no recibió nada de su parte. Este suceso sorprendió a Bellatrix, que se sintió un poco decepcionada. Parecía que su padre había estado más pendiente de ella este último año, pero al final resultaba que se olvidaba de su cumpleaños. Bella sabía que su padre de esos que corrían a abrazar a su hija, y ella tampoco quería eso. ¡Tampoco quería estúpidas felicitaciones! Solo que sentía como si la presencia invisible de su padre hubiera desaparecido sin dar ninguna explicación.
Zahn le regaló un collar de plata, del que colgaba un colmillo de hombre lobo. Un regalo extraño, pero muy interesante. ¿De donde sacaría Zahn las ideas para comprar regalos? A ella nunca se le hubiera ocurrido regalar nada así.
De su tía, como siempre, recibió una túnica de seda color rubí. Hermosa, ciertamente, la mejor que había recibido hasta ese momento. La dejó encima de la cama, desde donde la observaba cada vez que levantaba los ojos del libro que estuvo leyendo toda la tarde.
Sobre las diez le entró hambre y Bella decidió bajar a cenar. Al parecer su primo seguía su mismo extraño horario, puesto que se encontró con él en la cocina. Se puso un poco de pollo que quedaba en la olla, y se sentó delante de su primo. Mantuvieron silencio mientras comían. No tenían nada que decirse.
Bellatrix dejó caer el tenedor al suelo cuando Sirius cogió su mano bruscamente. Abrió mucho los ojos, esperando impaciente que era lo que quería su primo. Aunque lo deseaba por lo incómodo de la situación, no apartó la mano.
Sirius se la abrió, y sujetó su dedo corazón. Bellatrix vio que entrecerraba sus ojos azules y observaba con atención el tatuaje con la "B" que le habían hecho el primer día de curso.
-¿Y esto? – preguntó, con brusquedad Sirius, elevando los ojos ahora hasta los de su prima.
-Una larga historia – comentó Bella, sin ganas de hablar.
-La sangre pura más antigua – dijo Sirius, más para si que para la muchacha. Acarició la yema del dedo de Bella, siguiendo el diminuto contorno de la "B" – Black. Lo tenía que haber imaginado.
-Así que conoces la historia.
-Por supuesto. Andrómeda me la contó; ella también lo tiene –explicó Sirius.
-Oh... olvidaba a mi querida hermana – musitó Bella, sarcástica, y apartó la mano – Narcissa también lo tiene.
-Es lógico – dijo, y luego chasqueó la lengua – Debo de ser la vergüenza de la familia.
-¿Por?
-No todos los días un Black va a Gryffindor.
Bella clavó los ojos en Sirius, que la miraba con una sonrisa retadora.
-¿Gryffindor? – repitió Bellatrix, como si no hubiera escuchado bien la primera vez.
Sirius asintió, y luego se levantó dirigiéndose hacia la puerta, pero no salió. Se volvió y miró a Bellatrix, ahora serio.
-¿Y tu qué, Bella? ¿También piensas ahora que soy la oveja negra?
Sirius no la dio tiempo a contestar, aunque no la verdad es que no hubiera sabido que decir. Vio como su primo salía, y luego escuchó sus pisadas al subir la escalera.
Gryffindor, se repitió mentalmente.
No todos los días un Black se enfrentaba a una deshonra así, pero por otra parte... ¿la oveja negra?
Sirius era el más inteligente de la familia que vivía en esa casa, y lo sería aún más si dejara esa maldita afición de no respetar su sangre. La sangre de los Black daba honor, todo el mundo lo sabía, pero él parecía empeñado en que dejara de correr por sus venas.
Nda: Terminado! Wow... me ha quedado muy largo. 17 hojas! El más largo por el momento. Bueno, con este capítulo termina el primer año de Bellatrix. En el siguiente la veremos de nuevo en Durmstrang, con Zahn Ya se le exaba de menos, verdad? Aunque ha estado Sirius para sustituirle, eso es cierto. Tengo ganas de que Bella se haga mayor, así que intentara escribir lo mas rápido que pueda.
Voy a intentar pensar en Haciendo Justicia, a ver si termino el tercer capitulo y lo subo. Es que no me siento inspirada para escribir cosas de risa (o intentarlo, al menos). Y tambien voy a empezar a ir a la Biblio para investigar referencias historias xa una novela k voy a empezar a escribir, asik... en fin, muxo que hacer.
Pero subiré el próximo cap prontito! Aunque el 12 me voy de viaje: Praga y Budapest... OH! K waxi, k emotion... no se si me dara tiempo a subirlo en menos de una semana... lo dudo, xo el viaje solo es una semana, asik no tendríais q esperar muxo. Weno, yo lo intentare.
Besikos a todos!
Joanne .
Disclaimer: Nada de lo k reconozcais me pertenece (es de JK Y WB) xo lo k no reconozcais de los libros de HP es mio, asik pedir permiso si kereis usar algo.
Por cierto, si alguien quiere poner este fic en alguna web (diciendo k es mio, por supuesto), pidanme permiso antes ok?
CONTESTACIONES A LOS REVIEWS
Yoru Black – Hola!! Me alegro de k te gustase el capitulo anterior. Aki tienes el siguiente, asik espero k tus ansias se hayan calmado, jejje...
Minette Van Witch Lovette – Wola lau! Ya veo k mas dejao review, jejje… asik aki tienes tu respuesta. A mi tb me gusta k Zahn se haya vuelto un poko malo (muhahaha) Y escribe pronto el siguiente okis?? No tardaras muxo... porfiiii
Ithae – Ya me inspire! Y muxo la verdad, xq ma ocupao 17 hojas! A ver si te gusta como ma kedao... lo ultimo lo he escrito un poko rapido xq keria subirlo hoy... espero k no maya kedao mu mal
Kristen Black – Jelou ixa! Ya lei tu xapi, aunk no macuerdo si t deje review. Antes eras genila, xo ahora k no tengo noticias tuyas eres mu malvada... ¬¬ Ya ni sikiera me ayudas con los nombres y tengo yo k kebrarme la cabexita. Weno, a ver si te gusta, xq como ya no me lo revisas...
Lewynkku – Oh, gente nueva!! Espero verte muxo x aki. Weno, tp es pa tanto... me vas a sakar los colores . Musas graxias x tu review!!
Angie Crowe – La próxima entrega ya esta aki! Espero k te guste como sigue... Bella se va haciendo mayor... ya veras, mas interesante, y su carácter ira cambiando a uno mas malo maloso... xo eso viene luego! X ahora aki dejo el xapi 6!
Livia Riddle – Oh, si es mi lectora favorita! La mas fiel! Muxas gracias x tu review, wapa, a ver si hablamos x el mail. Creo que hoy no me va a dar tiempo a subir el xapi en el foro, xo lo intentare. Puedes leerlo aki, si no, xo tranki k lo subire prontiko! XD
Gracias a todos x vuestros reviews!!
