N/A: Esta vez si he tardado mucho, lo admito, pero es que creo que les debía bastante a las personas que leen Haciendo Justicia, que llevaba sin actualizar mucho, mucho tiempo. De todas formas, aquí estoy de nuevo, con este nuevo xapi que espero que os guste (siempre digo lo mismo ¬¬ xo es lógico, ¿no?) Ya me contareis cuando me dejéis un review... porque vais a dejármelo, ¿verdad? Ya sabéis que sois mis lectores favoritos.

CAPITULO 8: RECHAZO

Bella pasó la página del grueso tomo que descansaba abierto sobre la mesa y sus ojos volaron sobre el texto de letra minúscula que se extendía ante ella.

La redacción que debía hacer sobre Transformaciones estaba casi terminada, pero fiel a la promesa que se había hecho el año anterior de destacar en la asignatura, llevaba dos horas intentando profundizar más en el tema.

Zahn la contemplaba de vez en cuando, divertido ante esa búsqueda infructuosa de Bellatrix, ya que la muchacha no lograba encontrar nada que le sirviera.

Cerró el libro que estaba leyendo, y se quedó pensativa durante unos segundos. Luego volvió a abrirlo, y buscó en el índice. Sus manos pasaron rápidas las hojas amarillentas hasta llegar a la página que deseaba.

Prácticamente al momento volvió a cerrarlo, bastante decepcionada y cansada.

-¿No te cansas? – preguntó Zahn, dando unos últimos retoques a su redacción.

Bella se llevó la mano a uno de sus ojos, y se lo frotó. Llevaba tanto tiempo leyendo que veía palabras aunque no tuviese un libro delante.

-Algo tiene que haber por aquí... en algún sitio tiene que haber algo que me sirva – susurró, ahogando un bostezo.

Lo único que quería era irse a la cama, pero tenía que terminar los deberes. Todavía le quedaba por buscar unas cosas de Defensa.

Se levantó e hizo levitar varios libros hasta sus estanterías. La bibliotecaria, madame Guthrie, no estaba mirándolos en ese preciso momento, así que Bella aprovechó para hacer magia sobre ellos, "olvidándose" de la prohibición de no hacerlo. Lo que menos le apetecía ahora era ir cargada con libros enormes e ir dejándolos uno a uno en sus respectivos huecos. Solo de pensarlo se cansaba.

Zahn la siguió con la vista, y vio como desaparecía tras unas estanterías. Una lucecita se encendió en un cerebro, y se dio cuenta de que dónde buscaba libros su amiga. Esas no eran ni las estanterías de Transformaciones ni las de Defensa Contra las Artes Oscuras.

¿Qué buscaba Bellatrix en la sección de Artes Oscuras?

Decidió seguirla, muerto de curiosidad. Dejó todo tal como estaba en la mesa, puesto que nadie iba a tocar nada de allí y, de todas formas, regresarían para terminar lo que habían dejado inacabado.

Llegó hasta la sección de Artes Oscuras y contempló a Bellatrix, que subida en una escalera, iba leyendo atentamente los títulos bordados, normalmente de dorado.

Su dedo índice pasaba las hojas de algún libro que de vez en cuando sacaba para echarle un vistazo, pero que, al parecer, no acababa de complacerle ya que lo volvía a dejar casi instantáneamente.

-¿Qué buscas?

Zahn se acercó a su lado, y levantó la vista para mirar a Bella, que se encontraba varios palmos por encima de él.

La muchacha no respondió en un principio. Inclinó algo la cabeza hacia un lado, y su pelo negro acarició graciosamente su mejilla. Sin inmutarse, siguió estudiando con mucho interés los libros que tenía ante ella.

-Me aburría – contestó al final con una leve sonrisa – Pensé que tal vez por aquí había algo interesante, para variar un poco.

-En la sala de Gavriel hay muchos más libros – susurró Zahn, echando un vistazo rápido a las estanterías que le rodeaban, todas dedicadas a esta materia.

-Lo sé, pero no voy a ir allí ahora, y quiero leer algo de Artes Oscuras ahora.

-Un capricho, vamos – consideró Zahn, poniendo los ojos en blanco.

-Llámalo así si te apetece. ¿Conoces alguno de estos? – preguntó Bella, cambiando de tema. Señalaba a unos libros colocados por encima de su cabeza.

-Mi vista de lince alcanza a verlo todo – comentó con sarcasmo Zahn, entrecerrando sus ojos grises - ¿Tú que crees? Dime los títulos. A lo mejor alguno si me suena.

-Las Artes Oscuras al detalle, de Marcia Lindghist; Magos Oscuros en la Historia...

-Ese si le conozco. Habla sobre-

-¿Los magos oscuros en la Historia?

Zahn esbozó una tenue sonrisa, y dijo a Bella que siguiera leyendo los títulos.

-Veamos... – susurró la muchacha para sí, buscando el último título que había leído – Magia negra arcaica. El autor sale algo borroso, pero es algo así como Kenard Vanden-Berge.

-No le había oído en mi vida.

-¿Maldiciones llevadas al mundo real? Ese no suena mal, ¿no?

Bella sacó un tomo ajado y algo estropeado, bastante fino. Abrió la primera página y sus ojos se abrieron como platos.

-¡Está escrito a mano! – dijo, ahogando una exclamación. Pasó cuidadosamente las primeras hojas, mirando los grabados bien conservados.

-Como sigas leyendo en la escalera, te vas a caer – advirtió Zahn, que sujetaba la escalera – Además quiero ver ese libro; creo que le he leído.

-¿Ah, si? – preguntó Bellatrix, bajando la escalera con el libro en una mano.

Cuando llegó al suelo, entregó el libro a Zahn, y éste lo abrió como si se tratase de un tesoro, aunque precisamente su mirada no era de veneración.

-¿Es el que leíste? – preguntó Bella, con curiosidad, mirando por encima del hombre de Zahn las macabras imágenes que aparecían en el libro. Éste se limitó a asentir con la cabeza.

-Vanden-Berge escribió este libro hace más de mil años, y solo se guardan doce copias. El original se perdió. No sabía que hubiera aquí uno de estos.

-Eso es...

Bellatrix miraba con los ojos como platos el grabado dibujado en el pergamino. Era un hombre, arrodillado en el suelo. De su boca salían lo que parecían ser borbotones de sangre, y a su derecha, en un grabado aparte y mucho más detallado, se veía la lengua del hombre, llena de diminutos cortes.

-La maldición Intus Labrum – susurró Zahn, en un tono de voz grave – Destinada a hacer hablar a los prisioneros. Nunca me gustó este libro – añadió, cerrándolo.

Pero a Bella se le había quedado grabada la imagen en la mente. ¿Destinada a hacer hablar?

-¿Como una especie de tortura?

Zahn no quiso contestar su pregunta.

-Es por los magos como esos por lo que las Artes Oscuras están tan mal consideradas. Las usan para lograr sus propósitos, sin importarles nada ni nadie - dio la espalda a Bella, con toda intención de seguir trabajando en su mesa de siempre – Llévate el de Magos Oscuros, te gustará.

Algo intimidada por las palabras de Zahn, Bellatrix ni siquiera pensó en coger el pequeño libro de nuevo. Su amigo lo había dejado en sus manos, y ella lo volvió a dejar en su lugar. A cambio, cogió el libro que Zahn le había recomendado y fue a ver a Madame Guthrie.

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Todavía no estaba segura de qué hacía ahí, pero así era.

Primer partido de Quidditch de la temporada, Münzenicht contra Straglenheiz. Y ella seguía sin saber qué pintaba en las gradas.

El ambiente era francamente entusiasta, con banderas ondeando, pancartas... El Quidditch siempre había tenido mucha tradición en Durmstrang, donde era considerado el deporte de los magos por excelencia, y requisito imprescindible que los alumnos supiesen jugar. De Durmstrang había salido algunos de los mejores jugadores de la historia.

Pero Bella se obligó a dejar de pensar en esas cosas. Estaba allí, y eso era lo importante. Observó a Zahn, que contemplaba absorto el campo y a los jugadores que lo sobrevolaban. Tan serio y maduro como siempre, destacaba entre los alumnos enfebrecidos.

Bellatrix sonrió de medio lado e imitó a su amigo. Conocía los nombres de los jugadores de su casa, de verlos muchos días en la Sala Común. En cuanto a los de Straglenheiz... no le interesaban mucho, la verdad.

Sangre prácticamente impura. Con eso la bastaba.

­-¡Y salen los jugadores del equipo de Münzenicht, actuales campeones de la Copa de Quidditch!

Bellatrix no había pensado mucho en ello. El año pasado habían ganado la Copa con una buena diferencia de puntos, que les había servido para llevarse la Copa de las Casas. La muchacha no encontraba nada raro en todo esto... Así debía ser. Cualquier otra cosa sería vergonzosa y denigrante. Ni siquiera merecía la pena barajar esa posibilidad.

-¡El capitán y buscador, Jake Allerton! Le siguen Raknyson, Wyatt y Schultz, cazadores; Lestrange y Mehler como golpeadores y la guardiana Naehn, que hizo unas paradas dignas de mención el año pasado. Y damos paso a los jugadores de Straglenheiz con... ¡Linnet y Crawford como golpeadores! Les siguen Schwalm, de guardián y Veselic, buscador. Y para terminar ¡Dukow como capitana y cazadora!, junto a Devreux y a la joven promesa Kershner en el puesto de Sayre, que terminó el año pasado.

N/A: Os pongo nombre y cursos para que os enteréis, porque son miles de nombres.

Straglenheiz: Tami Linnet (golpeadora, 7º); Randy Crawford (golpeador, 3º); Erica Dukow (cazadora, capitana, 6º); Renée Devreux (cazadora, 5º); Donna Veselic (buscadora, 6º); Nora Kershner (cazadora, 4º); Nathan Schwalm (guardián, 5º).

Münzenicht: Jake Allerton (buscador, capitán, 6º); Rabastan Lestrange (golpeador, 5º, hermano menor Rodolphus Lestrange); Vuk Mehler (golpeador, 7º); Nadja Raknyson (cazadora, 3º); Rob Schultz (cazador, 2º, compañero curso Bella); Ethan Wyatt (cazador, 7º); Elune Naehn (guardiana, 5º)

Espero que esto os lo deje un poco claro, por lo menos ahora sabéis de que sexo son

-¡¡Y da comienzo el partido!! La coge Raknyson, que sale disparada hacia la portería contraria; ¡increíble! Devreux se le ha cruzado y su compañera Kershner tiene ahora la quaffle, y sí, ¡marcan!

Bellatrix vio distraída a Rob coger la quaffle y meter punto. Estaba bastante sorprendida... nunca se había ido a un partido en Durmstrang hasta ese momento y no sabía que él estaba en el equipo. Miró de reojo a Zahn y observó que tenía la misma expresión que siempre. Él sí debía saberlo.

Dándose cuenta de que había dejado volar su imaginación de nuevo, se concentró en el partido. Al fin y al cabo, estaba allí para verlo.

-¡¡¡Kershner mete el 40-10 para Straglenheiz!!! ¡Que partido está haciendo esta chica! Y aquí viene de nuevo, está vez apoyada por su capitana Dukow, ¡y vuelve a marcar!

El partido fue de mal en peor. No es que Münzenicht estuviera jugando mal, pero... bueno, había que admitir que la muchacha Kershner era rapidísima. Quaffle que caía en manos de un cazador de Münzenicht, quaffle que ella robaba. Era simple: no les dejaba tener la quaffle y, por tanto, no podían jugar.

Encima la snitch no había aparecido todavía ni una sola vez; parecía esconderse de los buscadores. Allerton, su capitán y buscador, se estaba poniendo muy nervioso, y eso no era bueno para el equipo.

Era como si en las gradas de Münzenicht no hubiera alumnos. Todos callados, con los ojos fijos en el terreno de juego. Desesperados.

Cuando iban 130-50, sin que nadie se enterase, Bellatrix volvió al castillo.

Mantenía la cabeza baja.

No podía mirar al frente.

¿Cómo podía haber ocurrido? Que los verdaderos Sangre Limpia hubieran perdido contra esos... esos...

¡Ni siquiera había una palabra para designarlos! Sangre Limpia y, sin embargo, tan lejos de ellos.

En ningún momento se había planteado que pudiera pasar esto. Al fin y al cabo, el año pasado Münzenicht había ganado ambas: la Copa de Quidditch y la Copa de las Casas.

Pero ya no se trataba de ganar o perder una estúpida copa, sino de ganar para no perder el honor.

Pero no era solo eso... no solo el honor perdido contribuía a ponerla en ese estado de irascibilidad.

Lo peor es que la muchacha Kershner, esa que había hecho tan buen partido... La había reconocido. Que fuera la mejor amiga de su hermana Andrómeda le resultaba insoportable.

-Te has marchado – susurró Zahn, sentándose en frente de ella.

Acababa de entrar en la Sala Común, seguramente suponiéndose que Bellatrix se encontraría allí.

No había nadie más, solo ellos. Lo único que se escuchaba era el crepitar del fuego.

-Ha sido vergonzoso.

Bellatrix cerró los ojos, y se recostó en el orejero, sumiendo su rostro en sombras. Zahn sólo alcanzaba a adivinar su perfil.

-A veces se pierde.

-No contra ellos – soltó, y el muchacho contempló la furia de los ojos de Bella en la oscuridad.

-Te lo estás tomando como un asunto personal – valoró Zahn, después de un breve silencio.

-Es un asunto personal.

-Tienes que aprender a perder.

-Y tú a valorar la verdadera importancia que tiene nuestra Sangre.

Zahn se quedó unos minutos en silencio, con la mirada perdida en las llamas, que danzaban en sus ojos grises.

Esbozó una sonrisa triste, y luego contempló a su amiga.

-Eso ya me lo han dicho – susurró – Tal vez tengas razón.

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La noche de Halloween se acercaba, pero en ese momento Bellatrix tenía cosas más importantes en la cabeza... y estas se centraban en la clase de Encantamiento y en su profesora predilecta.

La profesora Nigheit estaba en ese momento buscando entre sus carpetas los exámenes que les había hecho hacía unos días. "Un examen importantísimo" como ella misma explicó.

No era precisamente preocupación por su nota, sino que se preguntaba cómo podría esta vez sacar-de-quicio-a-su-profesora-sin-resultar-castigada.

Bellatrix sonrió cuando su profesora la lanzó una mirada furiosa. La mujer, bamboleando sus perfectos rizos al andar, se aclaró al garganta.

-Aquí tengo las notas del examen que os hice la semana pasada. Hay algunas que no son muy buenas – comentó con disgusto, pasando los primeros exámenes – Otras sí lo son.

Bellatrix captó la mirada furiosa que la profesora le dirigió, y sonrió de nuevo con satisfacción. Nunca lo admitiría delante de sus alumnos, pero ella sabía que era la alumna más brillante que esa idiota que tenían como profesora había tenido jamás.

-Puede ir quitando esa sonrisa de sus labios, señorita Black – le susurró la profesora de modo que solo ella pudiese escucharla. Se había inclinado para darle el examen, que como no, lucía la nota máxima en la parte superior – Esto no va a durarle mucho más.

-Calculo que hasta que me gradué – replicó Bella, esbozando una sonrisa que intentaba ser encantadora.

-Si yo puedo evitarlo no – contestó la profesora, con otra sonrisa igual de "encantadora".

Sus zapatos de tacón resonaron por la sala cuando caminó hasta la mesa de un alumnos, de volverse a echar un último vistazo a su alumna.

Bella, indiferente al examen, que dejó encima de la mesa, se giró para hablar un rato con Zahn.

-Te va a meter en problemas.

-Esa estúpida todo lo que puede hacer es ponerme un diez – comentó Bella, echando un ojo al examen de Zahn – Por lo menos tu nota si cambia. Has mejorado.

-Unas vacaciones intensas – dijo, recordando lo agotado que terminaba siempre al acabar las sesiones de estudio con Gavriel.

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-Halloween. ¿No te hace ilusión, Zahn? – preguntó Bella, sarcástica.

-No más que otras noches.

-Según dicen es un día muy importante para la brujería, ¿sabes?

-Entonces está claro que soy un tipo extraño – replicó, saliendo de la clase de Artes Oscuras que Gavriel les daba – No veo nada de extraordinario en Halloween, quitando los estúpidos que vacían calabazas y piden dulces por la calle.

-¿Nunca has pedido caramelos?

-No, ¿por? ¡No me digas que tú sí!

Bella sonrió, recordando otro tiempos.

-Sólo una vez... cuando era pequeña. Me escapé con mi primo para pedir dulces.

-Una escapada muy romántica.

La muchacha entornó los ojos, incrédula.

-¿Qué has querido decir con eso? ¿No te he dicho ya que es mi primo?

-¿Y qué? No sería la primera vez que unos primos se casan para continuar el linaje de la Sangre.

-Tienes razón – murmuró Bella – pero nosotros no somos de esos. Además...

-¿Si?

-Mmm... bueno, nada. ¿Bajamos ya a cenar?

Zahn se levantó y siguió a Bellatrix, todavía curioso. No insistió en los asuntos referentes a su primo, aunque sabía que había ocurrido algo. Un paso habían dado, eso si, pues era la primera vez que su amiga le hablaba tan directamente de su primo. Le hubiera gustado saber su nombre.

Bellatrix caminaba ajena al mundo exterior. Quería salir fuera y quedarse allí, sintiendo el viento frío mordiéndole la piel.

¿Qué le había pasado a Sirius?

Nada. Simplemente que había cambiado.

Y no le gustaba recordarlo.

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Bellatrix llevó su mano al broche plateado que servía de cierre de su capa y se aseguró que estuviese bien colocado.

-¿No prefieres quedarte dentro? – preguntó una vez más Zahn.

La muchacha puso los ojos en blanco, y luego se concentró en su manos. Se puse los guantes, que se ciñeron a su piel. Cuero negro, y el interior forrado por pelo de zorro ártico. Una auténtica obra de arte, según algunos, sobre todo porque en el dorso de la mano podía verse grabada la inicial de la familia, y una ostentosa y minúscula inscripción que decía "Toujours pur"

-Pasamos todas las noches junto al fuego, Zahn – dijo ésta, algo indiferente – Y además, hoy es el único día que podemos volver tarde a la cama. ¿O acaso tienes sueño ya?

Zahn negó con la cabeza. Había captado a la perfección el tono mordaz en la pregunta de su amiga.

-Hace frío, solo eso.

-Venga, vamos; será sólo un rato. Además el Halloween pasado no salimos. Nunca has visto los terrenos a medianoche, ¿me equivoco?

-¿Acaso tú sí?

-Voy a solucionar eso ahora – contestó Bella, esbozando una sonrisa.

Un viento frío les recibió al cruzar la enorme puerta de metal. Ante ellos descendían, entre niebla, las escaleras que debían bajar para llegar a los terrenos.

Zahn se metió las manos en los bolsillos, y contempló el humo provocado por el frío que salía de su boca. Caminó detrás de Bella, mientras ésta empezaba a hablarle sobre algo en lo que no se concentró mucho.

Llegaron abajo al cabo de unos minutos.

Bellatrix contempló el hermoso paisaje que se extendía ante ella. Todo parecía congelado: el lago al fondo, la hierba cubierta de nieve... los árboles.

-¿Contenta? – preguntó Zahn, poniéndose las manos con los guantes en la cara, para intentar calentarla un poco.

-¿Quieres dar una vuelta?

Caminaron en silencio, y con la vista perdida, Bellatrix recordaba aquella noche de Halloween. Habían bajado a cenar después de su conversación sobre Sirius y esa escapada en la niñez. Zahn había intentado varias veces dirigir de nuevo la conversación para que ella hablara sobre su familia, en especial de su primo. Su amigo era inteligente; estaba claro que se había dado cuenta de algo.

Bellatrix sólo esperaba que esa curiosidad por él no le durara mucho.

Miró el cielo –que era en realidad roca, se dijo, sin olvidar que estaban en una gruta-, que se veía completamente negro. Había dejado de nevar hacia poco.

En ese Halloween de su infancia... en esa ocasión no había nevado. Había llovido.

Flashback

Estaban empapados.

Sirius la cogió de la mano y tiró de ella. Tenían que llegar pronto a casa o les pillarían.

La mano de niña de Bella se cerró con fuerza en torno al asa de la bolsa llena de dulces que habían recogido. No quería que se cayeran.

Llegaron jadeando hasta su casa y se detuvieron poco antes de llegar al portal.

-Has dejado la ventana abierta, ¿no?

-Claro – respondió Sirius en voz baja, esbozando una sonrisa tranquilizadora.

Caminaron, todavía de la mano, hasta una de las ventanas del primer piso. El viento se colaba en el interior por una rendija tan delgada que el dedo de un adulto no hubiera podido abrirla.

Pero ese no era el caso de Sirius.

Metió uno de sus pequeños dedos por la rendija y consiguió abrir la ventana. Escaló y se metió en el interior, procurando no hacer ruido.

Las gotas de lluvia resbalaban por su ropa y caían al suelo. Tendrían que intentar no mojar mucho la casa.

Una vez dentro tendió su mano a Bellatrix para que esta entrara también en la habitación. Se trataba de un trastero que no se usaba nunca, lleno de muebles viejos y polvo por todas partes.

La luna pareció entre dos nubes oscuras en ese instante, e iluminaron el rostro de los dos niños, muertos de frío, pero febriles de rebeldía.

También aparecieron dos ojos más, grandes y redondos como pelotas de tenis.

-Los niños deberían estar en la cama – farfulló una voz.

Bellatrix se pegó a Sirius, y éste se volvió para enfrentarse con su entrometido elfo doméstico.

-¡Kreacher!

-El ama dijo que no debían salir. Les prohibió salir esta noche.

-No hables tan alto, Kreacher, te van a oír – susurró Sirius, haciendo gestos con las manos para que el elfo bajara la voz.

-Los niños han desobedecido. Kreacher tiene que contárselo a su ama.

-¡No!

Sirius detuvo a Bella, que había dado un paso hacia Kreacher. Su voz sonó extrañamente fría, llena de odio.

-No vas a convencerle, Bella. Sólo le hace caso a ella.

Irónicamente, esa experiencia le serviría para aprender muchas cosas. La primera fue que Kreacher solo servía fielmente a su tía. La segunda no fue tan agradable, pues conoció al padre de Sirius, y descubrió que éste no se andaba con tonterías cuando se trataba de obediencia.

Pensándolo fríamente, había llegado a la conclusión de que a veces es mejor permanecer en la ignorancia.

Kreacher, como había dicho, despertó a su tía, que les recibió con sendas bofetadas. Estaba furiosa, y gritaba como una loca por toda la casa.

La puerta del despacho de su tío se abrió. La casa se sumió en un silencio profundo, y los estridentes gritos de su tía murieron en su garganta al estar en presencia de su marido.

Esta era la primera vez que Bellatrix estaba ante Altair Black.

Le intimidó tanto la altura de ese hombre que retrocedió, y se puso detrás de Sirius. Sus dedos se entrelazaron con los de su primo, buscando apoyo.

El aura de su tío era magnética. Alto y delgado, con una espalda ancha. Vestido con una exquisita túnica negra paseaba la mirada por los tres miembros de su familia.

Les miraba fríamente con esos ojos azul cobalto... Los mismos ojos que Sirius había heredado.

-Estaba trabajando – dijo Altair.

Su tono de voz les hizo sentir como si hubiesen interrumpido la misión que salvaría próximamente al mundo.

-Lo siento – susurró la tía de Bella, bajando los ojos – Les prohibí...

-¿Te han desobedecido? – preguntó el hombre, mirando a su hijo y sobrina sin añadir nada más.

Sólo les miraba. Y sus ojos estaban vacíos de todo sentimiento.

Bellatrix no podía moverse. Su mano se había quedado como congelada dentro de la de Sirius, que simplemente se ocupaba de mantener fijos los ojos en su padre.

-Castígalos – soltó Altair, volviéndose para entrar de nuevo en su despacho – Ya sabes cómo.

El portazo resonó por toda la casa.

-Venid – ordenó la mujer, ahora recuperada de esa aparente sumisión a la que se había sometido en presencia de su marido.

Bellatrix y Sirius la siguieron, intercambiando una fugaz mirada. Ahora la mano de Sirius si apretaba la de la muchacha.

Pronto descubrieron que a veces un castigo sencillo puede llegar a ser el más efectivo de todos.

Pasar quince días en una total oscuridad puede llegar a volver loco a una persona.

Y ellos eran sólo niños.

Fin del Flashback

Pesadillas.

A veces seguía soñando con esos quince días encerrada en el desván, sin luz.

Junto a Sirius.

Más de una vez había pensado que eso era lo único que había evitado que se hundiera en la histeria.

-¡Bella! – exclamó Zahn, moviendo una mano por delante de los ojos de su amiga – Me haces bajar y ni siquiera me escuchas.

-Hum, lo siento... estaba distraída.

-¿En qué pensabas?

La muchacha se mantuvo en silencio, clavando sus ojos oscuros en el lago que se extendía congelado delante de ellos.

-¿Me quieres hacer caso, Bella?

-En nada. No pensaba nada en especial – susurró.

Zahn se la quedó mirando. ¿Se podía saber qué la ocurría? Estaba como ausente.

-¿Quieres seguir aquí fuera?

Bella asintió imperceptiblemente, sumida en sus pensamientos. Seguía dándole vueltas a esa noche de su infancia... y también a Sirius. Recordaba imágenes de ella buscando apoyo en él, hablando con él, riendo junto a él.

Y las mismas palabras se las repetía mentalmente una y otra vez: simplemente, él había cambiado... había cambiado. Pero ¿por qué tenía que haberlo hecho? Esas estúpidas ideas que tenía ahora, que ella no compartía, que ella odiaba.

Zahn la sorprendió, cogiéndola de un brazo.

-Vamos a sentarnos – dijo, sin darle opción a protestar. No tuvieron que caminar mucho hasta el árbol donde siempre se sentaban.

Estaba allí, oscuro, sin hojas... helado.

Pero Bella se fijaba más en la mano que Zahn le cogía para llevarla hasta allí.

Igual que esa noche, cuando había corrido hasta casa con Sirius.

Zahn escaló el árbol y se sentó en la primera rama gruesa, recostándose en la tronco. Bella, despertando de su creciente estupor, apoyó la mano en uno de los salientes del árbol.

¿Por qué de repente todo se había vuelto negro?

¿De dónde venía esa risa?

Se encontró en un remolino de oscuridad, que giraba con rapidez a su alrededor, dejándola contemplar ¿qué era exactamente lo que estaba viendo?

Fogonazos de luz verde, explosiones... un extraño símbolo que se repetía una y otra vez, flotando en el aire.

Pisadas de gente corriendo, gritos de terror y esa risa, maniaca, loca, resonando en sus oídos, en su cabeza.

El tacto de la sangre, masacres, cuerpos sin vida...

Un velo, ondeando delante de sus ojos.

Y Sirius, que se alejaba de ella, desapareciendo en el remolino de oscuridad que los rodeaba.

Un fogonazo de luz blanca.

Bellatrix cerró los ojos instintivamente y se protegió la cara con los brazos.

Todo pareció detenerse unos segundos.

Cuando volvió a abrir los ojos, vio la nieve que cubría los terrenos de Durmstrang.

Cayó sobre la nieve, y lo único que pudo ver antes de cerrar los ojos fue a Zahn saltando del árbol para llegar junto a ella.

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Un tremendo dolor de cabeza la invadió cuando recobró la conciencia. Era un martilleo constante, como si alguien estuviese dándole golpes.

Y, sin embargo, reparó primero en la mano que tocaba su mejilla.

Emitió un gemido, aunque no supo si por dolor o por desorientación al abrir los ojos. Algo desenfocadamente pudo ver a Zahn inclinado sobre ella.

Llevándose una mano a la cabeza y haciendo una mueca, se incorporó un poco. Sintió el frío tacto de la nieve cuando apoyó la mano en ésta, y por lo menos eso le hizo saber que lo que la hubiese pasado no había sido lo suficientemente grave como para llevarla a la enfermería.

Zahn respiró de alivio, y la ayudo a levantarse. Insistió que Bella se apoyase en el árbol para recuperarse pero ella negó una y otra vez con la cabeza, sin dar ninguna explicación.

-¿Q-qué ha pasado? – logró balbucear la muchacha, parpadeando despacio repetidas veces, en un vano intento de que el dolor de cabeza se esfumase.

-¡Has estado inconsciente! Fuiste a subir y de repente te caíste de espaldas. ¿Qué te pasó? – preguntó con urgencia Zahn, mirando con verdadera preocupación a su amiga.

-No recuerdo nada – murmuró Bellatrix, tras unos segundos pensando.

Pero eso no era del todo verdad. Para ser más exactos, estaba mintiendo descaradamente. Recordaba perfectamente esas escenas y voces en su cabeza, pero no lograba situarlos. ¡No sabía que había pasado!

-¿Estás bien seguro? ¿No quieres ir a la enfermería?

-No, no... sólo ha sido un mareo. Al final ibas a tener razón y no teníamos que haber salido – comentó, con una sonrisa desfallecida.

-Vamos a la Sala Común, ¿de acuerdo?

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Para cuando entraron en el castillo Bellatrix estaba ya mucho más recobrada. El dolor de cabeza seguía persistiendo, pero había optado por ignorarlo cuanto le fuera posible. No le apetecía ir a la enfermería por una estupidez.

Aunque la visión –si se podía llamar así- era otra historia.

Tendría que analizarla con detenimiento, y aunque por ella hubiera dejado ese momento para otra ocasión, su mente volvía una y otra vez a esos fogonazos de luz, a esos gritos, y a esos campos sembrados de cadáveres que había visto.

¿Sería una profecía?

Era poco probable, sinceramente. No había nada claro en ella, ni unas palabras reveladoras que solucionaran el misterio. Sólo un remolino de luces y sombras e imágenes unidas sin sentido... aunque imágenes inquietantes al fin y al cabo.

Estaba ese velo también, aunque no sabía que podía significar. Un detalle sin importancia si lo comparabas con los centenares de muertos que había contemplado.

Tenía que ser sincera. Eso no era lo que le preocupaba.

¿Qué hacía Sirius en medio de toda esa destrucción?

-¿Seguro que estás bien, Bella? No has dicho nada en todo el camino de vuelta.

Sorprendida, Bellatrix despertó bruscamente de su ensoñación y se dio cuenta de que hacía unos segundos ya había llegado a la entrada de la Sala Común. Zahn acababa de decir la contraseña y pasaba el hueco que se había abierto en la pared.

La muchacha miró alrededor, como esperando encontrarse algo inusual. Rió para sus adentros. ¿Tal vez unos cuantos de esos muertos que había visto?

Estaba claro que tenía que dejar esa imaginación de lado e irse a la cama. Este Halloween no había sido el mejor de su vida, verdaderamente.

Y ahí, delante suyo, como si de una aparición se tratase, contempló a su hermana Andrómeda.

La muchacha, un par de años mayor que ella, estaba tumbado en uno de los sofás, con un libro abierto sobre el regazo.

Leía concentrada, permaneciendo indiferente a la entrada tan tardía de su hermana en la Sala Común.

Todavía llevaba puesta la túnica rojo sangre, que contrastaba como si de algo diabólico se tratase con su cabello negro y rizado, que caía natural y salvaje por su espalda.

Era hermosa, cualquiera podía haberse dado cuenta de ello. Sin embargo, Bellatrix la veía ahora como su principal enemiga.

Ella había sido la principal causante del cambio de Sirius. Ella había sido quien le había metido esas estúpidas ideas en la cabeza.

Ella era ahora su prima favorita.

Y eso no podía soportarlo.

Las tensiones acumuladas de las últimas semanas cayeron de golpe sobre ella, llegando al límite de lo que era capaz de soportar.

Se zafó de las manos de Zahn que seguían en sus hombres y avanzó hasta el sillón donde se encontraba Andrómeda.

-Eres una vergüenza – soltó Bella, con acidez.

-Oh, ¿de verdad? – replicó Andrómeda con voz aburrida, sin despegar los ojos del libro. Pasó la página y siguió leyendo, indiferente a la presencia de su hermana.

Bellatrix apretó los labios, intentando no perder el control.

Tarde.

Agarró el libro de Andrómeda y lo lanzó hasta la otra punta de la Sala, provocando que esta por fin levantara la cabeza.

-¡Escúchame cuando te hablo!

-¿Qué coño quieres? ¡¿No puedes dejarme en paz?!

Andrómeda se había levantado y miraba ahora seria a Bellatrix de brazos cruzados.

Bella se dio cuenta entonces de que no sabía qué decir a su hermana, aunque sí sabía que buscaba: desahogarse.

-¿Aún sigues enfadada por el partido? – preguntó mordazmente Andrómeda, cansada ya de su hermana y sus arrebatos. Estaba prácticamente segura de que a Bella no le ocurría nada de eso, pero ya que había interrumpido tan bruscamente su lectura, le apetecía pincharla un poco, y el partido había sido hacia tan poco... algunos alumnos seguían revolucionados incluso.

Los labios de Bellatrix se contrajeron un poco, en una leve mueca. Se había olvidado ya de eso... ¡Sólo le faltaba recordar eso! ¡Sólo le faltaba recordar a la chica Kershner!

-Te vi marcharte de las gradas – aventuró Andrómeda de nuevo, animada por la expresión de su hermana – Es caer demasiado bajo, ¿verdad? Perder contra Straglenheiz...

-Deberías dejar de lado este tono irónico, Andrómeda. En principio tú eres tan Sangre Limpia como yo. Claro que eso no significa que puedas echar a perder tu linaje.

-Si te refieres a Nora... – susurró Andrómeda, ahora a la defensiva.

-¿Los Sangre Sucia tienen ahora nombre?

-¡No es una Sangre Sucia!

-No anda muy lejos.

-¡No veo que pueden tener de malo! Es tan bruja como tú con tu estúpida sangre. Y aunque no lo fuera...

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-¿Qué ocurre aquí? – preguntó una voz femenina, acercándose a Zahn – Se oyen los gritos desde la habitación.

El muchacho sintió los ojos inquisitivos de Kathryn clavarse en él, sin embargo, no apartó la vista.

-Se están peleando – contestó, señalando a Bella y a su hermana. Se había mantenido apartado, considerando que no debía inmiscuirse.

Escucharon unos segundos, y Kathryn volvió a preguntar.

-¿De quien hablaban?

-De la cazadora de Straglenheiz... Nora Kershner creo.

Kathryn asintió, pero no añadió nada más.

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-¿Aunque no lo fuera, ¿qué? ¿Seguirías yendo con ella si fuese una inútil Muggle?

-¡Claro que sí! ¡¡No son tan diferentes!!

-¿Qué no son tan diferentes dices? – soltó Bella, como si estuviese diciendo algo realmente desagradable.

-Sirius opina igual que yo.

-¡¡¡SIRIUS!!! – soltó Bella exasperada. Estaba cansada de hablar de él, estaba cansada de pensar en él. ¿Por qué se sentía como si la sombra de su primo se hubiera pegado a ella? - ¡¡Fuiste tú quien le metió esas ideas!! ¡Sirius antes no era así!

-Algunas personas maduran, aunque no sea tu caso. Él solo sentó la cabeza. No hace falta ser tan inteligente para sacar que en este mundo no están sólo los Sangre Limpia, Bellatrix.

-No merecéis llevar el apellido Black. Ninguno de los dos – escupió Bella, fríamente.

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Zahn miró de reojo a Kathryn, que no apartaba sus ojos violetas de las dos hermanas.

-Creo que por una vez tiene razón – susurró, volviéndose hacia la escalera que llevaba a las habitaciones – Pero sácala de aquí, ¿quieres?

El muchacho asintió y contempló distraído como la compañera de habitación de Bella se iba.

Aprovechando que Andrómeda había ido a recoger a la otra punta de la sala el libro que su hermana había tirado, Zahn se acercó a Bellatrix.

-Creo que necesitas descansar – susurró, poniendo de nuevo sus manos en los hombros de la muchacha y llevándosela de allí.

N/A: TACHAAAN Por fin, por fin, por fin! (Ahg... en la tv están poniendo la canción de Doraemon... Nunca me ha gustado) Weno, yo a lo que iba. ¡FIN DEL XAPI!

Pues na, el sábado 16 es mi cumple, y para celebrarlo, os invito (no os puedo invitar a una copita UU lo siento) a leer este xapi!! XD Lo he exo con muuuuuxxooo cariño para todos vosotros (aunk sé que ha kedado algo cortito, pero lo siento, no daba para más. 11 hojas!)

Muxisimas graxias por vuestro apoyo, vuestros reviews... por vuestros mails! (de vez en cuando recibo alguno y contacto con alguno de vosotros ) y to ese rollo que me gusta poner.

K os puedo contar? Ah, si, publicidad XD A los amantes de Bella, id a leeros "En el ultimo momento... dudas", y "Debilidad". Son dos historias sobre ella (aunque en la primera sale Peter, pero da rienda suelta a su perversidad... desarrollo su faceta sádica), y la primera, de nuevo, tiene relación con este capítulo.

También me gustaría decir que a los que se han leído Confiesa y me pedían razones de por qué Bella estaba enfadada con Sirius en ese xapi (prácticamente todos), he decidido que está enfadada por la razón que expondré aquí en este fic muxo más adelante. Vamos, que voy a hacer que tenga una muy ligera relación.

Y creo que ya me despido. Estoy intentando ponerme Internet en casa, y de esa forma podré conectarme al msn, hablar con muxos de vosotros, y también leerme todas las historias que prometí que me leería y que no he podido.

Un besazo, y dejad critikas constructivas, plis

Joanne

Disclaimer: Casi se me olvida, pero ¡no! Aki está. Todo lo que reconozcáis no es mío, y lo que sea cero de famoso eso sí me pertenece, véase mi prexioso Zahn, Kathryn, Gavriel, etc, etc, así como la trama, con todas esas ideas que tardo mil en pensar.

CONTESTACIONES A LOS REVIEWS

Yoru Black - Parece que te gusto el 7 La verdad es que es dificil escribir lo que la Sangre Limpia significa para Bella, pero weno... lo intenté XD Yo tb adoro a Zahn, jejje... Espero que este xapi te guste!

Ithae - Lo del traidor parece haber triunfado jejje... Esa idea era la unica que tenia clara cuando empecé con este xapi. La tenía pensada desde hacia muchisimo. Asik no sabes como Bella va a hacerse mala... bueno, algo de arrogancia ya se ve, esa importancia que le da a las Artes Oscuras y a la Sangre... pero si te das cuenta, adora las Artes Oscuras, pero no del mismo modo que Zahn y Gavriel. No crees que ella sigue pensando que en realidad se pueden usar con un proposito?? Weno, eso ya se vera D

Angie Crowe - Hum, te gusto, eh? El final y lo de la Sangre... bueno, os dire que el xiko "traidor" no va a tener un papel muy importante. En realidad solo servía para mostraros que pasa con quienes mienten, y lo importante que es la Sangre para Bella... y no tanto para Zahn. A ver si no te decepciona el xapi 8...

Livia Riddle - Curiosidad por Kathryn Bueno, en este capitulo sale... Ya queda menos para que se descubra qué ocurre entre Zahn y ella (sera sobre tercero), pero no te digo mas! Disfruta de este xapi!

Arg, toy mu enfadada con Kristen y Mina... no man dejao review UU malvadas... y Kristen ni sikiera se ha leido todavia este... A Mina la perdono un pokito pork me marko sus frase favoritas