N/A: Ha pasado mucho tiempo, ¿verdad? . Es que tenía otros fics que actualizar que corrían prisa; hay algunas historias cortas nuevas de Bella, ¿las habéis visto? Sí, lo admito... estoy haciendo publicidad, jejje, la nueva de Azkaban (de la que me siento orgullosa, tengo que decirlo... en ninguna otra he recibido reviews tan rápido como en esa, y tenía que terminar el de Haciendo Justicia (sii!! Lo termine!!), pero aki estoy de vuelta. Esta vez os prometo un xapi más largo que el anterior okis? ¡Asik a leer sin perdida de tiempo! xD Bexitos! Joanne

CAPITULO 10: ¿MEDIO O FIN?

Bellatrix miró una vez más al cielo. Era una noche despejada y gélida. Se lamió los labios, ajustó una vez más su telescopio, y miró a través de él.

Las clases de Astronomía no eran muy frecuentes, pero a ella le gustaban. Acostumbrada a dormirse tarde, no le importaba pasar unas horas observando las estrellas y los planetas.

Escuchó la voz pastosa del profesor, un mago con gruesas gafas llamado Staâvan, repitiendo lo mismo otra vez. Desde el primer día –el año pasado- les había contado la misma historia. Se separó del telescopio, ahogando un bostezo, e intercambió una rápida mirada con Zahn.

-Hoy se puede divisar perfectamente a Marte... – empezó el profesor, conjurando en el aire de la sala un pequeño sistema solar y haciendo que el mencionado planeta resplandeciera. Algunos alumnos se giraron a mirarlo; otros simplemente lo ignoraron, sabiendo que se avecinaba la misma historia de siempre – A pesar de que lo que nosotros vemos desde aquí no es el verdadero cielo. Todo el mundo sabe que Durmstrang está bajo tierra, lo que resulta un verdadero problema para estudiar esta fascinante asignatura. Según los pocos testimonios escritos que se guardan, las medidas que se tomaron para que el estudio de Astronomía fuera posible estuvieron preparadas desde los inicios del colegio. El cielo que aquí vemos, en lugar de la roca de la gruta, es una representación exacta de la bóveda celeste del exterior.

Bellatrix puso los ojos en blanco, e intentó volver a concentrarse en las estrellas. Localizó Marte, que resplandecía de un modo especial, y luego fue situándose con las constelaciones de alrededor. De vez en cuando tomaba alguna anotación... eso era lo que debía hacer, lo que le habían mandado, y ella lo cumplía. No tenía la obligación de escuchar la misma historia salir de labios del profesor Staâvan una y otra vez, sin descanso, y no iba a perder el tiempo prestando atención a algo que se sabía de memoria y podía mirar en cualquier libro.

Sentía en cada una de las palabras del profesor el orgullo y la arrogancia. Era un auténtico amante de la asignatura, todo el mundo sabía eso, y el pensar que alguien –quien hubiese sido el creador del castillo- se había tomado todas esas molestias para poder estudiar le cielo le hacía deshacerse en su propio regocijo.

Muchas veces se había preguntado por qué los profesores no se daban cuenta de la poca atención de los alumnos... Todos ellos, sin excepción, notaban el sopor que se instalaba en la clase, y los hacía adormecerse aún más.

No era con todos, eso por descontado. Estaba Gavriel, a quien no podías quitar los ojos de encima en cuanto entraba en clase; también el profesor Wexlershire, de Transformaciones, que al igual que la de Pociones imponían un absoluto silencio sólo con su presencia.

Otros no, como se daba el caso en Encantamientos. La profesora Nigheit todavía no se había dado por vencida en el asunto de dejar a Bellatrix en ridículo en cuanto pudiese, cosa en la que casi siempre fracasaba.

Precisamente esa clase no era su favorita, pero parecía tener un don para controlar y dominar todo tipo de hechizos y, a pesar de que estos iban aumentando en dificultad, a Bella no le resultaban muy complicados. El disgusto de su profesora era palpable en cuanto la muchacha levantaba la varita, ya fuera para hacer levitar un objeto, hacer que algo se moviese a su antojo o cambiara de tamaño.

Pero quitando eso, el caso es que ningún alumno la tenía verdadero respeto. Era joven, inexperta, y los alumnos se aprovechaban de eso. La tomaban el pelo, se reían a sus espaldas, y lo único que ella podía hacer era gritar como una histérico, sin saber que eso provocaba aún más risas.

Bellatrix prefería, con diferencia, a un profesor que se impusiese por el miedo a uno a quien sus alumnos le tomaran a broma.

Y se notaba lo importante que resultaba todo esto ahora que las vacaciones de Navidad estaban a menos de dos semanas. La mayor parte de los alumnos andaban ya despistados, saboreando por anticipado las fiestas. Bellatrix odiaba admitirlo, pero a ella también le costaba concentrarse en clase. Ni siquiera los últimos exámenes, a pesar de que le salieron tan bien como siempre, lograron que se tomase en serio los últimos días.

Tomaba apuntes y escuchaba sin ganas, deseosa de que sonase la campana en cada clase que indicaría el final de ésta. Zahn parecía también bastante aburrido, y últimamente hablaba poco y participaba aún menos. Una especie de tedio se había extendido por todos los alumnos, hasta el punto de que varios profesores tuvieron que llamarles la atención.

Finalmente, suspirando de satisfacción, salieron de uno de los Invernaderos. Acababan de tener su última clase, que había resultado ser Herbología. Estaban cubiertos de tierra, con las manos sucias, alguno incluso con leves quemaduras, y Bellatrix sentía que su cuerpo pedía a gritos un baño para relajarse.

Se abrochó bien la capa, pues el frío era ya muy acusado, y salió charlando con Zahn de la última clase. Habían estudiado una especie de tallos transparentes, sin una sola hoja. En la punta tenían una flor de grandes pétalos sin color que despedía un extraño calor. Y era ésta precisamente la que les había dado tantos problemas, pues les había producido quemaduras, incluso llegando a atravesar los guantes de piel de dragón. El que el profesor Ellhoir les hubiese hablado de su enorme utilidad no los tranquilizaba, pues iban, igualmente, que tener que pedir nuevos guantes. Según les había dicho muchos magos las usaban en sus viajes, guardadas en un bote de metal creado por duendes, para calentarse, además de ser el principal ingrediente de la poción Pepperup, usada para curar fuertes catarros.

-Tengo que pedirle a mi madre unos guantes nuevos – dijo Bella, mirando el agujero que tenía el dedo pulgar, con fastidio. Había tenido buenos reflejos pues, en cuanto sintió calor en la mano, se sacó el guante con rapidez y no llegó a quemarse. Su dedo tenía todavía una mancha roja, pero nada de importancia.

-Gavriel tiene varios. Podemos pedirle algunos mientras tanto – propuso Zahn, metiéndose las manos en los bolsillos. Cada vez que respiraba una nube de vaho se formaba alrededor de su boca, y el frío le mordía las mejillas, dándoles un leve tono rojizo.

-Si mando a Krall ahora, mañana los tendré, así que no hace falta. De todas formas ya no los necesitamos, porque no ha mandado nada de deberes prácticos.

Como había andado a buen paso, llegaron al Hall a los pocos minutos. El calor de dentro se agradeció, pero aún así no se quitaron la ropa de abrigo. Que hiciese más calor dentro que fuera no significaba que en el interior no hiciera frío. Lo mejor sería comer algo rápido y subir a la Sala Común a sentarse junto al fuego.

Subieron charlando sobre lo que harían en vacaciones, teniendo en cuenta que los dos volvían a quedarse. Además, Bellatrix se había fijado y, para su alegría, Kathryn y Ellery se iban con sus familias, así como Rob.

Los dos amigos se sonrieron al leerlo en el panel de la Sala Común. Eso significaba que estarían solos en sus habitaciones, sin personas molestas que les intentasen volver la vida imposible con sus estupideces continuas.

Sentada junto al fuego y leyendo el libro que había regalado a Zahn por su cumpleaños (se tenía que plantear lo de elegir algo más original), puesto que él ya se lo había terminado, vio pasar de reojo a Kathryn algunos libros y material, de camino a la habitación.

Había mucho ajetreo por la Sala Común, ya que todos estaban haciendo los preparativos para irse a su casa. Exceptuando a ellos dos, a las hermanas de Bellatrix, y a alguno más de cursos superiores a los que sólo conocían de vista, la casa Münzenicht se quedaba vacía. Seguramente, aunque no lo podía saber con seguridad, lo mismo ocurriría con las otras dos casas.

Levantó los ojos del libro, desesperada. Llevaba leyendo la misma línea por lo menos cinco minutos. Cerró el libro y lo dejó a su lado, en el sillón. Paseó su mirada alrededor, distraída, renunciando a hacer algo en lo que se necesitase concentración. Había demasiado ruido, demasiadas risas y demasiados alumnos jugando en la Sala Común como para poder leer... por lo menos ella, porque en frente, Zahn seguía con el ceño fruncido pasando hojas.

A pesar de eso, éste levantó la vista a la vez que Bellatrix en cuanto escuchó el comentario de Ellery.

-Mira la parejita -dijo entre risas, echando una descarada mirada a los dos, que seguían incrédulos en los sillones. Rob los miró también, con una desagradable sonrisa en los labios - Están solos porque son los únicos que se soportan.

Bella ni se molestó en mirar a Zahn. Se levantó apretando los puños... sabía desde hacía mucho que Ellery se dedicaba a desperdigar rumores falsos entre los alumnos, pero todo tenía un límite. Y ese límite empezaba en cuanto se refirieron a Zahn.

Bellatrix observó furiosa los movimientos de Ellery, como ella ponía una mano en el hombro de Rob, como se acercaba a su oído para susurrarle algo más, que no alcanzó a oír. No hacía falta; sabía perfectamente dar en donde más le dolería a esa estúpida muñeca de rizos rubios.

-Pensé que el fantasma de tu cama era quien te hacía compañía...

Se apoyó en el respaldo del sillón, cruzándose de brazos con lentitud, relajada. Esperó a que sus palabras hiciesen efecto, a que el embarazo subiese a los mofletes de Ellery y a que Rob la mirase con confusión. Soltó una carcajada, que no destacó entre el ruido que hacían sus compañeros de casa.

-Al parecer has caído aún más bajo – añadió lanzando una descarada mirada a Rob, con una sonrisa mordaz.

Rob se volvió hacia Ellery, que estaba completamente roja por la vergüenza. Entrecerró los ojos, como si comprendiese las palabras de Bella y, sin dirigir ni una mirada más a Ellery, que ahora temblaba ligeramente, subió a su habitación con paso determinante.

Bellatrix amplió su sonrisa al ver a Ellery sola. Contempló con deleite la duda de ésta al no saber que hacer. Segundos después la vio salir corriendo de la Sala Común, con lágrimas de furia en los ojos.

-Creo que no volverá a abrir la boca – consideró Zahn, volviendo a su libro como si nada hubiese pasado.

-Eso es justo lo que quería – replicó Bellatrix, sin poder borrar su sonrisa.

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Al abrir los ojos, Bellatrix se vio rodeada, como todos los días, de doseles blancos y pesados. Se incorporó despierta y animada, y los corrió, poniéndose antes de bajar al suelo unas zapatillas suaves de color negro.

Era bien avanzaba la mañana, y pensó que seguramente Zahn, madrugador hasta en vacaciones, ya se habría levantado. Contempló el montón de regalos que tenía al pie de la cama y, haciendo un hechizo levitatorio, se los llevó hasta la habitación de su amigo.

Zahn ya la esperaba, sentado en la cama de piernas cruzadas, pensativo mirando sus regalos.

-Este año me tocaba a mí venir a tu habitación – anunció Bella con su sonrisa, dejando sus paquetes en el suelo.

-Buenos días – saludó Zahn, con una encantadora sonrisa matinal – Veo que has dormido bien.

-Déjate de ironías y vamos a abrir los regalos – protestó Bellatrix, cogiendo el primer paquete.

Era pequeño, y Bella se sorprendió de que fuese de su tía. En ese diminuta caja no entraba ninguna túnica de gala, eso seguro, así que debía de ser otra cosa. Con más curiosidad de la habitual, Bellatrix desenvolvió un pequeño anillo de oligisto. Lo reconoció inmediatamente, pues todas las mujeres de su familia –su tía y sus hermanas- llevaban un anillo igual. Se lo puso, y vio que la forma de la "B" quedaba en la parte superior de su dedo anular, a la vista de todos. Llevar ese anillo era una tradición familiar desde hacía generaciones. Todas las mujeres Black lo recibían a sus doce años, por Navidad, y debían llevarlo consigo hasta el fin de sus días.

Recibió los típicos regalos de sus hermanas y Régulus (golosinas y semejantes), un juego de plumas y tinta invisible de Zahn y, como siempre, sintió la ausencia del regalo de Sirius. Zahn abrió sus regalos mientras tanto, y le dio las gracias a Bellatrix por la cartera de piel de Moke. Se veían las escamas, de un verde plateado muy bonito, pero lo verdaderamente interesante era la capacidad de autoprotección que tenía, puesto que era capaz de encogerse al acercarse un desconocido. Perdió unos minutos guardando el dinero que llevaba en su nueva cartera, y luego la metió en su baúl. De Gavriel recibió un grueso tomo sobre Artes Oscuras, y Bellatrix le dijo a modo de broma que podía empezar a formar su propia biblioteca. Su tía, la amante de los juegos, le regaló una extraña baraja de cartas, que ninguno sabía muy bien como usar, así que Zahn prometió leerse las instrucciones más tarde.

Pero lo que Bellatrix había estado aguardando, con silenciosa esperanza, llegó en último lugar. Una lechuza negra con alguna pluma cobriza entró por la ventana y dejó un paquete anónimo sobre las piernas de Bella. Zahn se volvió, súbitamente interesado, sabiendo igualmente que el regalo que restaba a Bellatrix era de su padre, aunque ninguno de los dos sabía por qué la lechuza había llegado tarde.

Pudieron contemplar una caja de caoba, aproximadamente de un palmo. Bella la posó en el suelo con cuidado y, olvidándose de la advertencia de Zahn de que tal vez no debería abrirla, levantó la tapa.

El interior estaba forrado de terciopelo negro, y no era muy profunda. No había ningún adorno ni similar, sólo una bailarina de seis centímetros que yacía encogida en el centro de la base.

Una suave música empezó a sonar, despertando a la joven bailarina, bellamente tallada y con rasgos perfectamente discernibles a pesar de ser negra.

La hermosa melodía los embelesó, y se quedaron mirando embobados a la bailarina azabache, que bailaba sin detenerse, giro tras giro, salto tras salto, atrayendo por completo su atención.

-¿Para qué crees que servirá? – preguntó Bellatrix, llevando su mano hasta la bailarina, quien esquivó su índice con un nuevo giro.

-No tengo ni idea. Nunca había visto algo así, pero conociendo a tu padre, seguro que es algo sobre Artes Oscuras.

-Yo también lo creo – susurró Bellatrix, llevando sus manos a la tapa y comenzando a cerrarla. La bailarina dio unos gráciles brincos hasta el centro y volvió a encogerse, como si fuese una flor que todavía no había crecido.

La melodía seguía silbando en los oídos de Bellatrix, cada vez más suave, como si fuese tan solo una música de fondo de algún lugar de los terrenos.

-Lo único que se me ocurre es preguntar a Gavriel, aunque no es seguro que él sepa algo. Si el año pasado te regalo algo como la Petra Deauro, podemos suponer que esta caja es tan extraña como el cristal.

Bellatrix cogió la caja y la dio la vuelta. Enganchada seguramente con magia a la parte de abajo, había un pequeño trozo de pergamino, doblado. La muchacha lo sacó y lo estiró.

-Aprende a superar tus miedos – leyó en voz alta, lanzando una mirada confusa a Zahn, que no andaba mucho más orientado. Bellatrix bufó, despectivamente – Me pregunto por qué tiene que ser tan enigmático... Seguro que lo encuentra divertido.

-Es como si te retase todos los años a que descubras lo que te manda – sugirió Zahn, y Bella sospechó que no andaba muy desencaminado.

De todas formas, ya tenía suficientes cosas que hacer como para ponerse a buscar en la Biblioteca entre los cientos de libros que allí había sobre una pequeña caja de música. Las posibilidades de que encontrase algo eran mínimas y, sin embargo, sabía que esa misma tarde ya estaría buscando desquiciada.

Y, de hecho, después de desayunar, lo primero que hicieron fue pasarse por el despacho de Gavriel, que se mostró sumamente interesado en el inusual regalo. Les hizo preguntas que a Bellatrix ni siquiera se le habían ocurrido, contempló una y otra vez la caja, por todos los lados, acercándose mucho, admirando todos los detalles al milímetro. No dejó nada sin examinar, pero tampoco descubrió nada. Zahn le aseguró que no había ocurrido nada cuando la habían abierto, y fue entonces cuando Gavriel se decidió a escuchar esa melodía de la que tanto le habían hablado los dos niños. No se dejó engañar, y estudió minuciosamente la bailarina y el interior de la caja, mientras la música resonaba en los oídos de los dos amigos una vez más, metiéndose en su cabeza.

Sabiendo que era un regalo muy especial y que la muchacha querría investigar, se la devolvió a Bellatrix en ese momento, aconsejándoles que no la abriesen demasiado, por lo menos hasta que no consiguiesen algo de información sobre ella. Gavriel les aseguró una y otra vez, ante las preguntas insistentes de Zahn, que nunca había visto nada parecido. Sabía de cajas con poderes, él mismo tenía algunas, pero nunca se había encontrado delante de algo como la caja de música de Bellatrix.

Salieron bastante decepcionados de su despacho, pues habían pensado que en materia de Artes Oscuras Gavriel era un auténtico genio, pero lo cierto es que parecía que Antares Black lo superaba con creces.

Pasaron el día en la Biblioteca, aún cuando se suponía que deberían estar adelantando en los deberes que les habían puesto para las vacaciones. Las largas redacciones volvían a acumularse, pero ellos estaban demasiado absortos en esa nueva búsqueda como para preocuparse por algo como la vuelta al colegio.

De todas formas, no era eso lo único que rondaba por la cabeza de Bellatrix ese día de Navidad. Por la noche, aún seguía pensando que la presencia de su padre había vuelto a instalarse cerca de ella, siguiéndola de nuevo como si fuese su sombra, vigilando sus pasos. Después de no tener noticias de él desde hacía un año (ni siquiera por su cumpleaños, o el inicio del nuevo curso), ahora regresaba como si su ausencia no la hubiese importado. Si no fuese porque algo, aún no sabía qué, se lo impedía, le hubiese gustado mandar de vuelta sus regalos y sus ininteligibles notas, que lo único que conseguían era confundirla más, y preocuparla porque estaba segura que su padre esperaba cosas de ella que no podía darle.

Dejando su mente vagar, acabó durmiéndose, no sin soñar.

Volvía a estar en su casa, en casa de Sirius. Se miró sorprendida en uno de los espejos de la entrada, admirando su cuerpo y rostro de muchacha de dieciséis años. ¿Ésa era ella? Los ojos eran iguales... tal vez con un toque de madurez y arrogancia más acusado, pero sus ojos al fin y al cabo. Sus labios y nariz también; la forma de su rostro parecía indicar que se trataba de ella. El pelo azabache le rozaba las caderas, moviéndose cuando pasaba el peso, incómoda, de un pie a otro.

Escuchó ruidos en las escaleras, y un chico aproximadamente de su edad apareció a su lado. No pudo evitar entreabrir la boca, embobada por el atractivo que despedía el muchacho. Era elegante, con buen cuerpo, y su rostro era simplemente perfecto. La mezcla de tristeza y nobleza que se leía en éste hacía que un escalofrío de placer recorriese el cuerpo de Bellatrix.

El chico la miró con indiferencia, con tanta indiferencia que dolía. Ella se acercó a él, inconscientemente, pues sus pies no la obedecían y, antes de que pudiese controlarse, estaba apoyada en su pecho y besaba con avidez sus labios y su cara.

-¡¿Pero que coño haces?! – soltó el chico con repugnancia, apartándola de él.

La bofetada brutal que el muchacho dio a Bellatrix con el dorso de la mano le quemó a ésta en la mejilla como si le hubiesen acercado una llama a la piel, y cayó al suelo bruscamente. Se quedó sentada, dolorida, incapaz de moverse, sobre todo porque reconoció al chico, reconoció a quien acababa de pegarla.

-¿Sirius?

Bellatrix se despertó respirando agitadamente, con el camisón pegado al cuerpo por el sudor y los mechones de pelo húmedos pegados a su rostro. Se llevó la mano a la mejilla herida, sintiendo todavía el calor de la bofetada. Más aún le quemaba el sabor de los labios de Sirius. ¿Lo había besado?

Y entonces recordó que sólo había sido un sueño... ella estaba en su cama, ella tenía doce años, ella nunca hubiese besado a su primo. Pero el creciente dolor de cabeza y los temblores que le recorrían todo el cuerpo la recordaban lo real que había parecido todo. Nunca había soñado nada con esa intensidad... Había sido casi como una cruel pesadilla, en la que Sirius se había visto envuelto, demasiado cerca de ella para su gusto. Sin embargo, era ella quien lo había buscando a él, ¿no?

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A la mañana siguiente se encontraba agotada. Había dado vueltas una y otra vez a la pesadilla, desmenuzándola, encontrando cosas que la provocaban verdadero terror: besar a Sirius o, más que eso, el sentirse tan atraída por él; él pegándola...

Al ver a Zahn acercarse a ella cuando estaba desayunando, con cara de sueño y aspecto de haber dormido más bien poco, le indicó que él no había pasado mucha mejor noche, aunque muy posiblemente por otras causas en nada relacionadas con la suya. No preguntó, y se limitó a saludarlo.

-No me has esperado – le recriminó él con pesadumbre.

-No me he escapado a ningún sitio, Zahn – murmuró Bellatrix, intentando sonreír - ¿Vamos a seguir buscando?

-Supongo, aunque antes voy a hacer lo de Herbología.

Ante la sequedad y las pocas ganas de hablar de ambos, terminaron desayunando en silencio, sin nada que decirse. De vez en cuando Bellatrix levantaba la vista y se encontraba con Zahn mirándola, sin probar el desayuno, con una extraña chispa en los ojos que predecía confusión, duda y, tal vez, miedo. Bella se preguntó que pasaría por la cabeza de Zahn, pero no dijo nada.

Como habían quedado, fueron a la Biblioteca. Al final terminaron adelantando trabajo, pues tan ensimismados como estaban, se limitaban a buscar y escribir, fijándose mucho en los detalles, pero sin interés. Lo cierto es que a ninguno se le ocurría qué hacer más.

De vez en cuando Bella se sorprendía pensando en la melodía, en la bailarina... Buscó en varios libros, pero no encontró ninguna referencia a cajas de música. No iba a ser una búsqueda nada sencilla, eso por descontado.

Esa tarde fueron a las clases particulares con Gavriel, pero se estaban comportando de manera tan rara que al final acabó por despedirlos antes de la hora. Los llamó antes de que salieran, y les preguntó si habían notado algo extraño que pudiesen relacionar con la caja de música.

Bella repasó mentalmente los acontecimientos del día anterior y del presente.

-No – contestó, y Zahn se apresuró a decir lo mismo.

-¿Seguro?

-Seguro.

Porque, al fin y al cabo, su pesadilla no tenía nada que ver, ¿no? Y, aunque lo hubiese tenido, no pensaba contar lo ocurrido a nadie. Era algo que sabía demasiado bien que se lo llevaría a la tumba.

No tenía nada que ver. Eso pensó ella, pero lo cierto fue que a lo largo de los días siguientes tenía pesadillas frecuentes (encontrarse a su padre y que éste la empezase a ahogar, gritando que le había decepcionado; su tía anunciándola que la había comprometido con Zahn; ella en una cama de hospital, viendo, sin poder hacer nada, una aguja clavada en su vena y conectada a un tubo, por el que salía su sangre hasta que las venas se le quedaban secas...). Sentada en el suelo de su habitación daba vueltas a la caja, la abría, escuchaba con atención, la cerraba y examinaba cada rincón de la caja; leyó una y otra vez la frase de Antares, hasta que se supo de memoria cada trazo (la forma alargada y picuda de la "l", la especial curvatura que hacía la "s" al final).

Sin embargo, hasta que no ocurrió algo una noche pocos días después de la vuelta al colegio no se convenció de que la culpable era la melodía. Hermosa, pero letal.

Llevaba días sin dormir. Zahn, que lo sabía, le había advertido que siguiese el consejo de Gavriel, que no abriese la caja y que dejase la investigación en manos del profesor, pues tenía muchas más recursos y conocimientos que ella. Aún así, aunque lo sabía, Bellatrix insistía en seguir investigando, en sospechar que era la caja la que provocaba sus pesadillas pero sin poder demostrarlo, ni querer evitarlo.

Y eran tan reales. Había tenido sueños, como todo el mundo, pero el nivel de realidad que alcanzaban esas pesadillas era algo que no había experimentado nunca. Soñaba con cosas que podían ocurrir, y eso era lo verdaderamente terrorífico. Todas las noches tenía que sobreponerse al miedo, convencerse de que sólo eran sueños que no se iban a cumplir. Y sospechaba que poco a poco había empezado a comprender las extrañas palabras de Antares: Aprende a superar tus miedos.

Las desterraba todos los días de su mente; convenciéndose, repitiéndose que nada era real, que no iba a ocurrir y, aunque ocurriese, debía estar preparada y no tener miedo. Si era fuerte lograría superarlo sin dificultad.

¿Acaso se refería a eso? Ella lo había entendido así, y era lo que estaba intentando hacer, aunque no fuese lo que su padre buscase en ella.

Y ni siquiera estaba segura de que fuese la música... aunque lo que ocurrió esa noche era muy sospechoso, y sólo tenía que atar cabos.

Llevaba, en un rapto de desesperación que le dio un día, buscando indicios desde hacía horas de algo indefinido por toda la caja. La música sonaba, penetrante, bella y arrebatadora. Entonces entró Kathryn, se detuvo al escuchar la música y, después de coger lo que había venido a buscar, volvió a salir. Hasta ahí todo normal.

Bellatrix había recordado, y se daba cuenta de que desde que los alumnos habían regresado al colegio, Kathryn le había visto manejando la caja varias veces ya. Nunca, hasta ese momento, había escuchado la melodía.

Y esa noche, después de despertarse por una nueva pesadilla y asegurarse que su anillo aún estaba intacto (había soñado que se le derretía y no se lo podía sacar, a pesar de que tiraba con fuerza quemándose los dedos y las manos), escuchó a los pocos minutos otra respiración agitada, proveniente de detrás de los doseles de la cama de Kathryn, y un susurro, que resonó cruelmente claro en sus oídos.

-Zahn... – escuchó decir a Kathryn, y se quedó paralizada, no sabía si por la sorpresa o porque no quería que supiese que estaba despierta. Tal vez un poco de las dos – Dios, ¡maldita sea!

Escuchó a Kathryn moverse en la cama, intentando acomodarse de nuevo para poder dormir. Bellatrix, sin embargo, permaneció despierta una noche más. Tenían una nueva preocupación que añadir a sus pesadillas. ¿Qué hacía Kathryn soñando con Zahn?

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-¿Sabes? – susurró Bella, con una mezcla de picardía y acritud en el tono de voz, mientras daba el toque final a su redacción sobre la revolución de los duendes del siglo XVII, encabezada por Barg, el Tuerto.

-¿Si? – dijo Zahn, levantando los ojos.

-Creo que Vessler está locamente enamorada de ti – comentó con una notoria ironía.

-¿Y eso?

-Anoche soñó contigo.

Zahn se quedó unos instantes en silencio, y luego meneó la cabeza.

-¿Debería darle importancia? – preguntó Bellatrix, con cara de circunstancias.

-Deberías olvidarlo – replicó con rapidez, demasiado cortante para el gusto de la muchacha.

Bellatrix se maldijo el resto del día por haber hecho ese comentario, pues Zahn anduvo de mal humor el resto de la jornada. Apenas hablaba, Bella veía que rehuía sus ojos y que, muy de vez en cuando, miraba a Kathryn con una inexplicable expresión en la cara.

No todo fue tan aburrido, sin embargo. En clase de Historia de la Magia se lo pasó de lo lindo, pues cuando entró vio a Ellery y Rob estaban sentados uno al lado del otro. No pudo evitar al caminar mirarlos divertida, y tampoco pudo contener su lengua.

-¿Ya estáis juntos de nuevo? Me consuela mucho... – susurró, aunque lo dijo lo suficientemente alto para que la oyesen. Bellatrix caminó hasta su pupitre (algo más adelante) y se sentó al lado de Zahn, que ya tenía su libro sobre la mesa y abierto.

-Dios los cría y ellos se juntan – comentó en un susurro, sacando todo lo que necesitaría. Se giró brevemente y vio que Rob había separado un poco la mesa, que Ellery estaba de nuevo roja y que intentaba retomar la conversación sin resultados, pues el otro fingía no oírla o estar ocupado – Aunque de vez en cuando se separan.

-Te diviertes, ¿eh? – dijo Zahn, bajando la voz cuando entró el entusiasta profesor Libertzung.

-Sí – contestó Bella, sin esconder una sonrisa - ¿Tú no?

Zahn sonrió, y eso fue suficiente para Bellatrix.

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Durante ese día se cruzó varias veces más con Ellery y, en todas, ésta miraba a Bella como si fuese su peor enemiga. La muchacha se limitaba a sonreírla con sorna, pues como no estaba especialmente interesada en detenerse a hablar, no podía hacer ningún comentario.

Sabía que las pocas palabras que había intercambiado con ella la habían puesto furiosa, la habían humillado delante del chico que parecía gustarla. Si Bellatrix hubiese estado en su piel no hubiese tardado tanto en reaccionar. Aún así, tenía que admitir que lo que pasó al día siguiente no se lo hubiese esperado de alguien como Ellery.

Bellatrix salía de clase de Transformaciones, hablando con Zahn sobre el último hechizo tranquilamente, como todos los días. Dejaron las mochilas en la Sala Común y se dirigieron al Comedor a tomar algo antes de tener que reanudar las clases por la tarde.

Zahn se volvió a mirar a Bellatrix para contestar una de sus preguntas, y ésta vio que miraba por encima de su hombro perdiendo el color de la cara. Su mano se dirigió al bolsillo rápidamente y ya estaba sacando la varita cuando Bellatrix sintió un pinchazo en la espalda.

Se inclinó hacia delante, perdiendo momentáneamente la respiración. Escuchó un grito a su espalda, y vio que varios estudiantes que había en el pasillo se volvían a mirar qué ocurría (habían estado tan enfrascados en sus conversaciones que no se habían fijado en el ataque a Bellatrix). Bella sintió la mano de Zahn en su hombro, ayudándola a recuperarse, y un instantáneo calor le inundó el cristal que llevaba en el pecho. Se apartó y se volvió para ver a Ellery arrodillada en el suelo. Se llevaba la mano a la cabeza, como si al caerse se hubiese dado un golpe. Bellatrix supo que la Petra Deauro había funcionado de nuevo.

Automáticamente sacó la varita y la sujetó fuertemente en su mano, avanzando un par de pasos hacia Ellery. Zahn intentó retenerla, pero Bellatrix se zafó de su mano con facilidad. La sangre le bombeaba en los oídos y eso era lo único que conseguía escuchar. Estaba en medio de un pasillo, rodeada de alumnos curiosos, otros asustados, pero lo único que veía era a Ellery desorientada en el suelo; y, lo único que pensaba, era en que la muy cobarde acababa de atacarla por la espalda.

Miró desdeñosamente a la muchacha rubia, en cuyos ojos se empezaban ya a acumular lágrimas de asombro y frustración.

-Demergo – masculló Bellatrix entre dientes, alzando la varita y apuntando a Ellery.

Ésta se llevó una mano al pecho, abriendo mucho los ojos. Empezó a respirar con fuerza, asfixiándose; sus mofletes empezaron a ponerse rojos, y en su cuerpo se adivinaba la tensión bajo la túnica.

Bellatrix no pretendía alargar mucho la maldición, sólo quería asustarla lo suficiente... Escuchaba los rumores a su alrededor, e incluso vio de reojo a Andrómeda mirarla, pero nadie intervenía, ni siquiera Zahn quien, aunque en un primer momento había intentado detenerla, ahora permanecía callado y quieto detrás de ella.

-¡Basta ya! – bramó una voz potente, intimidante.

Bellatrix bajó de inmediato la varita, poniéndose lívida, cuando Gavriel se plantó delante de ella, furioso.

Se escuchó a Ellery respirando agitadamente, intentando recuperar el aire que no había podido conseguir en esos breves segundos en los que se había sentido como si la sumergieran bajo el agua. Siguió en el suelo, sentada, tan asustada que ni siquiera conseguía llorar.

-Acompañe a la señorita Marle a la enfermería, señor Novak. Usted, señorita Black, venga conmigo – ordenó determinante, dándose la vuelta e iniciando el camino hasta su despacho.

Bellatrix apretó los labios, recorriendo con sus ojos la figura de Gavriel. Los comentarios a su alrededor se hacían más insistentes, pero ella los ignoró... no tenía más remedio que ignorarlos. Respiró hondo y siguió a su profesor.

Cuando entró en el despacho, Gavriel cerró la puerta tras ella con un golpe seco. Bellatrix se preguntó qué haría con ella. ¿La castigaría? ¿La regañaría? ¿Quitaría puntos a Münzenicht?

Miró a Gavriel, pero la expresión de éste era mucho más impenetrable que de costumbre. Al sentir los ojos negros del profesor clavados en ella, ardiendo furiosos, bajó la vista y la fijó en el suelo.

-No logro entenderlo – dijo, con voz suave pero perfectamente audible. Tal vez fuera ese tono justo lo que hizo estremecer a Bella – Creí que lo había comprendido.

Bellatrix se atrevió a mirar a Gavriel y ahora sí pudo leer en su expresión una profunda decepción. Abrió la boca para decir algo, pero no salió de ésta ni una sola palabra.

-Llevo dándole clases casi dos años, intentando enseñarla qué significan verdaderamente las Artes Oscuras y el otro día pensé que lo había comprendido por fin – continuó, como si reflexionase para sí mismo, como si intentase explicarse en lo que había fallado – Hoy ha demostrado que todo lo que ha aprendido no le ha servido absolutamente para nada.

Bellatrix permanecía muy quieta y sentía un horrible nudo en el estómago, que amenazaba con hacerse más acusado en cuanto Gavriel volviera a hablar.

-Las Artes Oscuras no se deben usar para conseguir un objetivo ni para hacer sufrir... ni para dar lecciones – añadió, leyendo la mente de Bellatrix – Usted, señorita Black, debe estudiar las Artes Oscuras por el mero interés de aprenderlas, por conocer algo que es interesante y por lo que se puede llegar a sentir pasión.

-Entonces ¿para qué sirven?

-Creo que esa es la pregunta más estúpida que he escuchado salir de sus labios – replicó Gavriel.

Su rostro se endureció más, y Bellatrix lamentó inmediatamente haber abierto la boca. Lo único que decía, ¿y había tenido que ser justamente esa frase?

-La mayor parte de las personas, tristemente, no comprenden esto. Espero que consiga rectificar algún día, señorita Black, porque en este momento está usted dentro de ese lamentable grupo.

Bellatrix contempló impasible a Gavriel salir de la sala, dejándola sola. Se mordió los labios con rabia y apretó los puños, furiosa.

No la había castigado ni le había quitado puntos, y Bella sospechaba que Gavriel no había tenido intención de hacerlo en ningún momento. No porque no se lo mereciese, sino porque se adivinaba demasiada decepción en su voz como para que se preocupase por algo más que hacer comprender a Bellatrix su extraño y difícil punto de vista.

La decepción era lo que más le había dolido. Sabía que Gavriel sentía que había perdido el tiempo con ella durante esos años, y él había sido, y seguía siendo, una parte demasiado importante en su desarrollo y madurez como para dar por perdido todo.

Sin embargo, le daba rabia saber que si la misma situación volviese a darse, ella volvería a lanzar la maldición a Ellery. Lo había hecho fríamente, con control y con toda la intención de asustarla. Se merecía esa lección para cerrar esa boca que abría demasiado tan solo para decir estupideces. Lo volvería a hacer, a pesar de saber lo que Gavriel pensaba de ello.

Descargó toda su ira retenida sobre la pata de una silla que había en el despacho, que se movió con un estrepitoso y angustioso sonido.

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Esa noche abrió la caja, y la melodía aún resonaba en sus oídos cuando cerró los ojos entre las sábanas. Creía estar preparada para cuando Gavriel se presentó en sus sueños delante de ella, su voz potente y atrayente saliendo de un sitio indefinido, acosándola y persiguiéndola mientras ella trataba de huir. Se despertó poco después con un reguero de lágrimas rodándole por las mejillas.

Sabía que a la noche siguiente la volvería a abrir y cuantas más fueran necesarias hasta que ya nada la importase.

Debía aprender a superar ese miedo. Debía aprender a que sus frases no la hiciesen daño.

Debía aprender a ser invulnerable a las palabras.

N/A: ¡Ya terminé! Como veis, la caja esa tiene su punto... Bella ha aprendido a usarla (aunque no sabe si es su verdadera función) para aprender a superar sus miedos. Con ella se hará más fuerte ante los ataques; más fría, pues en esos sueños tan reales se podrá preparar para todas las situaciones que la atemoricen. Luego está el sueño con Sirius... podéis pensar que no es terrorífico, como a Bellatrix le parece, pero meteros en su piel. ¿Os imagináis cómo debe sentirse al sentirse tan atraída por él hasta el punto de lanzarse a besarlo sin reconocerlo, y que luego él la pegue? Tiene su complicación... la verdad es que la relación que gira entre los dos la he hecho bastante complicada (a veces ni siquiera yo logro entender sus sentimientos xD)

El anillo de Bellatrix está hecho de oligisto (o hematite), que es un mineral negro, muy brillante y que no se calienta, está siempre frío. Me pareció adecuado y lo cambié (al principio lo había puesto de oro blanco).

Como dije ya arriba, siento haber tardado tanto con este xapi (pero por fin he llegado al 10!! FIESTAAAAA). Estuve liada (exams, otro fics...), luego me desinspiré y ahora que tengo Internet en casa pos me vicio muxo, claro.

Y además es que estoy completamente obsesionada con la peli de Alejandro (recomiendo a todo el mundo que vaya a verla, aunque eso sí, no os esperéis muchas guerras, a pesar de que las que hay están muy bien). Los personajes están fenomenal, tienen unas personalidades muy interesantes y ya estoy planeando ir a verla por tercera vez.

¿Más cosas? Weno, este viernes me voy a un concierto de Mägo de Oz, y estoy mu emocionada xD Ya fui a uno, y me encantó. Llevó esperando esto desde hace mucho... Ya os contaré cuando vuelva.

Los xapis de Azkaban los llevo adelantados, así que me dedicaré a escribir el 3 de Recuerdos Fotografiados, para seguir con los Merodeadores y después ya me pondré con el 11 de éste.

Hum... weno, ya solo me queda el Disclaimer y contestar a los reviews, así que aquí voy:

Disclaimer: Nada de lo que reconozcáis es mío, la triste realidad es esa. Si no lo conoceis quiere decir que es mío. Resumiendo, lo way de JK, lo ni-su (-madre-lo-conoce) lo mío.

Contesto reviews:

-Yoru Black: Wenas!! Ha pasado tiempo eh?? Jejje, te habrá dado tiempo a meditar hacerca del tapiz... aunk lo más fácil es k te hayas olvidado ya de lo k paso en el xapi anterior xD En fin, espero k este tb te guste!

-Angie Crowe: Asik se te borro el review varias veces?? T.T En fin, si es k a veces tiene unos fallos... pero weno, no pasa na! Ya me contarás que te parece este nuevo xapi.

-Livia Riddle: No te deja entrar en WB O.O? K mal... has probado a hacerte una cuenta nueva? A mi me pasaba eso al principio. Si, lo tengo en VLM, pero he dejado de pasarme ya . Jeje, en cuanto a tu interpretación del tapiz no diré nada, obviamente... cuando se descubra, ya verás si has acertado o no

-Kristen Black: Jejje, tia, ya pensaba k te habias olvidado de mi. Espero un review en este, eh?? A ver si este finde te lo lees okis??

-AnnaTB: Te he debido de contestar al review de Azkaban hace apenas 5 minutos jejje... k tal to?? (de nuevo) La verdad es k coincido contigo en k ta muxo mejor organizado, y ademas deja meter todo tipo de fics (lo k me viene mu bien, pork mis ultimos son algo "subidillos de tono" jejje). En tu review me hablas de k vas a ir a ver si he actualizado Haciendo Justicia... Anda k no hace tiempo desde k lo termine, ¿verdad? Si k he tardado en actualizar este fic.

-Bellatrix Black: Jejje, weno, no se si ya te lo explike, pero es k anda por aki una xika k se llama Bellatrix Lestrange y claro, me hice un lio de nicks. Lo siento!! Ahora ya se cual es cada una, jejje Asi evito futuras equivocaciones. En fin, a ver que te parece este nuevo xapi, y ya me despido pork tengo k subirlo de una vez, k me lio a hablar y a hablar y no termine je! Un besazo, wapisima!!!

-Mina Lovette: Anda, a ti la ultima por abandonarme durante tanto tiempo y a pesar de k te debo un jamon por el review anterior (aunk me parece un poco excesivo... no te conformas con unas lonchitas de queso?). Y dejame un review en este okis? Si no me enfadare, y ya sabes que cuando me enfado puedo encerarte, y hacer que rayos que suenan y truenos que relucen te rodean y te electrocuten como al pobre de Platon vs Dios (parte II)... creo k se me ha ido la pinza... es demasiado tarde T.T

Publicidad!! xD Ya os he hablado de la web esa que tengo con mi amiga Mina y mi amigo Talhos sobre fanfics y fanarts. Si tenéis y queréis exponerlos, o simplemente os gusta leer, os agradecería que os pasaseis por allí (link en mi perfil de ).