N/A: Me alegro de que el xapi anterior os gustase Parece que la idea de la caja tuvo buena aceptación. Aki os dejo el xapi 11, que bueno... no sabéis lo que me costó sacar esta idea. Espero que quede bien T.T

Os doy el adelanto (creo que os gustará) de que en el xapi 20 Bellatrix estará ya en Hogwarts... Es algo que sé que muchos llevan esperando tiempo, así que bueno, un poco más de paciencia y en seguida llegamos allí. No me preguntéis más respecto a esto porque no pienso decir nada... muahahhahaa. Una pregunta que os pasará a todos por la mente. ¿Qué ocurrirá con Zahn, por ejemplo¿Os lo habéis preguntado?

Se me olvidó mencionar que el xapi anterior se lo dedicaba a Héctor, que me sacó del atolladero de los regalos de Navidad

CAPITULO 11: MANOS ENFUNDADAS

No todo iba tan bien como debería.

Bellatrix observó fríamente como Gavriel salía de la clase donde daban clases particulares, sin dirigirla ni la más breve mirada ni despedirse.

Habían dado clase ya dos viernes y la situación no había mejorado nada.

La muchacha podía entender que su profesor estuviese enfadado. Era lógico hasta cierto punto. Había montado un escándalo en medio del pasillo delante de todo el mundo, había atacado a una alumna que estaba desarmada y en el suelo, había hecho quedar en ridículo a Münzenicht... Pero, por poco que conociese a Gavriel, Bellatrix sabía que no estaba enfadado como profesor o como jefe de su casa, sino a nivel personal. La indiferencia que mostraba respecto a ella los últimos días era alarmante, la evitaba en clase, no le dirigía la palabra... Así era realmente difícil para Bella retractarse de su actuación.

Y todo por culpa de Ellery. Si ella no la hubiese atacado por la espalda, Bella no hubiese reaccionado, no habría perdido el control. Todo era su culpa, pero Gavriel parecía no entenderlo.

Había hablado del tema con Zahn y le había confirmado lo que ya sabía, lo que Gavriel ya le había dicho y lo que ella había aprendido, aunque no había hecho caso de las enseñanzas de su profesor. No debía haber usado las Artes Oscuras para vengarse. La última maldición era la que le había puesto en esa situación tan incómodo y, en parte, injusta.

La maldición Demergo.

Sonrió. La había aprendido hacia tiempo y, además, curiosamente había sido por boca de Gavriel. Ella sabía perfectamente qué hacía cuando la usó. Quería asustar a Ellery, borrar de su mente todas esas ideas locas y sin sentido de venganza y envidia que guardaba. Podía resultar peligrosa, hasta el punto de provocar la muerte... Bella sólo le cortaría la respiración unos segundos; sería como si hundiese ese aborrecido rostro bajo el agua y la ahogase.

Y, sin embargo, eso no era lo que la había mandado a la enfermería. Ellery había pasado una semana y media allí después del incidente, con unos síntomas que la señora Metzen (la medimaga) no lograba explicar. Perdía la conciencia a menudo y, a pesar de todas las pociones que le hacía ingerir, no conseguía quitarle ese continuo dolor de cabeza.

Zahn y Bella no dijeron obviamente nada, aunque ambos sabían que la culpable de la extraña enfermedad de Ellery era la Petra Deauro. Ellery, posiblemente, había lanzado el Impelliare a Bellatrix y la maldición había rebotado, tal y como había pasado hacía un año con Rob Schultz.

Habían llegado a un punto que toda precaución era poca. En los dos ataques se había visto envuelta Bellatrix. Si había un tercero puede que empezasen a atar cabos y, además, Gavriel lo sabía. Bella maldijo a Zahn mentalmente por habérselo contado el año anterior. Si no lo supiese, sería muy difícil que lograran averiguar la causa, porque, tal como estaban las cosas ahora en su relación¿podía tener la seguridad de que Gavriel mantendría el secreto?

Sintió los ojos de Zahn clavados en ella y reaccionó. Se dio cuenta de que seguía aún en la clase. Terminó de recoger los libros y se acercó a su amigo, que leía sentado en un cojín el libro que Bellatrix le había regalado por su onceavo cumpleaños: "Dominar a las criaturas oscuras. Sus puntos débiles".

¿Pero no habías terminado ya con ese libro hace meses?

Zahn sonrió de medio lado, pasado varias hojas de golpe, mirando las escasas fotos que había sin detenerse a leer.

-Falta la última parte. Gavriel dice que aún no tengo suficiente nivel – explicó, como si las palabras de su tío no admitiesen discusión.

Bellatrix se asomó por encima del hombro de Zahn, observando con cara de circunstancias el pequeño dibujo de una serpiente verde pálido.

-Esa no parece muy difícil de controlar – observó Bella, apuntando al dibujo en plumilla.

-Gavriel dice que las serpientes son las más complicadas.

¿Y haces caso a todo lo que dice tu tío? – soltó la muchacha, harta del profesor de Artes Oscuras.

-N-no... pero de todas formas...

-Si él dice que no tienes nivel, será que no lo tienes – argumentó con ironía – Entonces no pasará nada por probar¿no? Pero si ocurre algo puedes ir a decirle que eres mejor de lo que cree. A veces se excede un poquitín infravalorando a las personas.

-Que tu estés enfadada con él no significa...

¡Yo no estoy enfadada con él- gritó Bellatrix, perdiendo los estribos.

Zahn la contempló con las cejas alzadas y ni se molestó en decir nada, pues en su expresión quedaba claro lo que pensaba.

¿Pruebas o no? – terminó la muchacha, incitándole claramente. Casi parecía un reto.

-Eh, pues... – dudó Zahn, mirando una última vez el libro – Supongo que por probar no pasará nada.

Bellatrix no respondió, pero las comisuras de sus labios se levantaron imperceptiblemente.

-Bueno, lo que pone aquí no parece muy difícil – empezó Zahn, releyendo por encima el texto.

-Ya te lo dije.

-Sólo necesito estar cerca de un fuego y decir el hechizo.

¿Y a qué esperas?

¿Sabes lo qué es una ashwinder? – preguntó Zahn de pronto.

-No¿por qué?

-Porque es lo que voy a convocar y me gustaría saber qué criaturas son. Aquí sólo menciona que son pequeñas serpientes.

-Bueno, por lo menos son pequeñas – expuso Bellatrix con precipitación – Así será más sencillo y te asegura que no te comerán de un bocado cuando aparezcan.

¿Y si ataca?

¿Para qué tienes una varita? – replicó, empujando a Zahn hasta que éste se quedó delante del fuego, que crepitaba sin cesar. Se separó un poco de su amigo ¿Preparado?

-Advoco attrecto ashwinder.

Aunque la voz de Zahn sonó segura y potente, no ocurrió absolutamente nada. El fuego siguió igual que segundos antes y no había ninguna serpiente ni criatura que se le pareciera mínimamente.

Zahn se giró a mirar a Bella, que se leía por segunda vez el texto de la invocación, y se encogió de hombros.

-Parece que Gavriel tenía razón.

-Vuelve a intentarlo – dijo Bellatrix inmediatamente.

El muchacho se volvió de nuevo hacia la chimenea y alzó la varita.

-Advoco attrecto ash...

No había terminado cuando una pequeña explosión les hizo cerrar los ojos. Bellatrix tosió un par de veces y movió una mano delante de la cara, intentando no respirar las cenizas que flotaban alrededor suyo. En cuanto la humareda se dispersó un poco ambos contemplaron muy impresionados la delgada serpiente que tenían delante. Sus pequeños y alargados ojos resplandecían como brasas y en la ranura que era su boca podía verse la lengua bífida. Se movió unos metros, emitiendo un siniestro silbido.

Zahn y Bella se apartaron de inmediato, aunque siguieron contemplándola a una prudencial distancia. La vieron avanzar un poco más; se movía muy rápido e iba dejando por el suelo un rastro negruzco, como de cenizas.

-Contrólala – susurró Bellatrix a Zahn, sin alzar la voz aunque no sabía porqué.

¡Pero sí no sé!

¿Pero no dijiste qué era muy fácil?

-Dije que parecía fácil convocarla, no controlarla. Si ni siquiera pensaba que iba a conseguirlo – balbuceó Zahn, confundido y, más que nada, sorprendido – Déjame el libro.

Los dos se giraron a mirar el libro que descansaba sobre la silla y Bellatrix corrió a alcanzarlo.

¡La quinientos cuarenta y algo! – exclamó Zahn, pasando las hojas muy rápido.

¡Aquí está

Bellatrix levantó la vista, mientras Zahn leía a toda velocidad el método para controlar a la ashwinder. La muchacha perdió el poco color que tenía... Cogió inconscientemente a Zahn del brazo, apretándoselo tanto que al final el chico levantó la vista quejándose.

¿Pero qué...?

-Se ha ido – susurró Bellatrix, con un hilo de voz.

¿QUÉ!

Era cierto. Un rastro de cenizas salía por la puerta abierta de la clase.

(N/A¡Clase de Criaturas Mágicas! Las ashwinder son unas serpientes de clasificación XXX, es decir, "magos competentes pueden salir adelante"; delgadas, de color verde pálido y ojos rojos. Salen de las brasas de un hogar sin vigilar donde se hayan usado polvos flu, aunque yo me he inventado que se las puede convocar Dejan un rastro de cenizas según se deslizan y viven sólo una hora... claro que en esa hora... muahahha, eso se descubrirá más adelante).

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¿Tú crees que hemos hecho bien en no decir nada a Gavriel? – preguntó con preocupación Zahn por milésima vez ese día.

Bella se detuvo, cansada de escuchar una y otra vez la misma pregunta, y cansada de dar una y otra vez la misma respuesta.

-Han pasado dos días, Zahn. ¡Dos! Y no ha pasado nada. Seguramente habrá salido a los terrenos y estará por allí congelándose. ¡No va a pasar nada!

El muchacho la miró, aún no muy convencido.

El viernes, en cuanto se dieron cuenta que la ashwinder había salido de la sala, corrieron al pasillo y siguieron el rastro durante más de media hora, pero la profesora Nigheit les paró y les hizo volver a su Sala Común, pues ya iban casi a dar las diez. A la mañana siguiente cuando llegaron el rastro había sido borrado por la eficiente limpieza nocturna de los elfos domésticos.

-Como no dejes de pensar en esas tonterías sin fundamento vamos a llegar tarde a Transformaciones – aseguró Bellatrix, acelerando el paso.

Zahn la siguió, y lo cierto es que se dieron tanta prisa que cuando llegaron el profesor Wexlershire aún no había aparecido y los alumnos estaban entrando.

Un grupo de chicas de Baumkrone se acercaban en ese momento a la puerta para entrar y a Bellatrix le tocó esperar a que pasaran. Cuando escuchó a Vriesia quejarse de que había sentido un pinchazo en el tobillo y que le dolía, no pudo menos que elevar los ojos al cielo. ¿Eran todas las chicas de su edad tan pesadas o simplemente había tenido mala suerte con el grupo?

Las alumnas se metieron rápido en clase en cuanto una avisó de que el profesor venía ya por el pasillo. Cuando entró en clase, parecía que acababa de entrar en un cementerio.

-Bien, coged por persona uno de los conejos cuando la caja pase por vuestro lado. Hoy seguiremos con la transformación que comenzamos ayer de convertirlos en tazas de té. Al final de la clase pasaré por el sitio de cada uno y quien no haya hecho la transformación perfecta tendrá deberes extra – anunció con voz clara, y ninguno de los alumnos se sorprendió. Estaban acostumbrados a los métodos del exigente profesor – No perdáis tiempo.

Bellatrix esperó a que la caja pasase a su lado y eligió un conejo blanco con las orejas oscuras. Eran de una raza enana y no medían más de diez centímetros. Lo sostuvo entre sus manos unos instantes, disfrutando del suave tacto de la piel. No debía soltarlo en ningún momento, pues los inquietos animales no perdían, si se les presentaba, la ocasión para escapar.

A lo largo de la doble hora de Transformaciones varios alumnos se tuvieron que levantar a por los huidizos conejos, y mientras Bellatrix se esforzaba por obtener una taza de té. No fue en realidad complicado, pero cuando la tuvo en la mano descubrió decepcionada que las manchas de las orejas seguían en el exterior de la taza. Estuvo los últimos minutos de la clase transformando las manchas en flores negras por simple decoración.

Esto pareció gustar al profesor cuando pasó a su lado, que asintió casi imperceptiblemente. Cuando sonó la campana, Bellatrix metió la taza en la caja y, acompañada por Zahn, salió de la sala en dirección a la siguiente clase.

La clase de Defensa resultó bastante aburrida. Habiendo terminado las partes prácticas de ese tema, les tocó comenzar uno nuevo y, como no, primero era la parte teórica. La profesora Sidhe se dedicó a comentar y explicar ciertos puntos mientras los alumnos cogían apuntes.

Lo único que rompió la monotonía de la clase fue la salida de Vriesia, asegurando que tenía un fuerte dolor de cabeza. Prácticamente sin inmutarse, la profesora la mandó a la enfermería a tomar algo, asegurándola que debía regresar en cuanto se encontrase mejor.

Para la hora de comer ya tenían un buen montón de deberes, que planearon hacer por la noche en la Sala Común.

El resto del día fue muy rutinario, sin nada de interés. Bellatrix se fijó en que Vriesia había regresado a clase y parecía estar como nueva charlando con una muchacha de su casa de pelo dorado y corto, por la barbilla. Lo único que Bella sabía de ella es que era callada y tímida, y contemplaba a menudo con curiosidad su cuerpo lleno de graciosas pecas. Nunca había visto a nadie con tantas.

No todo salió como habían planeado. Hacía frío y, para medianoche, dejaron las mesas y fueron a los sillones que había delante de la chimenea. Se quedaron bastante amodorrados y decidieron cerrar los pesados libros. Los trabajos tendrían que esperar. Aprovecharon para conversar tranquilamente, sin tocar ningún tema con un interés especial. Por miedo a quedarse dormidos allí uno al lado del otro, decidieron irse a la cama pronto.

Cuando Bellatrix subió a su habitación Ellery ya estaba dormida, pero del interior de la cama de Kathryn, cerrada por los doseles, salía una tenue luz. Seguramente estaba leyendo. Bella se puso el pijama y se metió en la cama.

Minutos después, a punto de quedarse dormida, vio que la luz de Kathryn se apagaba, y ella cerró los ojos. Su quedó dormida casi sin darse cuenta.

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Antes de entrar en el Comedor a desayunar, donde había quedado con Zahn, Bellatrix esquivó a Weiss metiéndose en una clase desocupada. El muchacho parecía haber empezado de nuevo el acoso (no es que hubiese desaparecido hasta ese momento, pero últimamente parecía haberse intensificado), sin cambiar de métodos. Cada vez que se cruzaban la sonreía y le guiñaba un ojo. Zahn, cuando le veía hacer esto, se mordía los labios para ahogar la risa, ante la mirada enfadada de Bella, que no veía la gracia por ningún sitio.

-Lo he visto salir – dijo Zahn a modo de saludo, soltando una carcajada.

-Yo también, justo a tiempo además. He conseguido esconderme.

Bellatrix se sentó y se sirvió un vaso de zumo y un par de tostadas, que empezó a untar de mermelada.

-Quien iba a decirlo – comentó Zahn con ironía, gesticulando con las manos – La gran Bellatrix escondiéndose del impresentable de Weiss.

La muchacha puso los ojos en blanco, sin decir nada. Su amigo ya sabía perfectamente lo que ella pensaba respecto a esos comentarios. Se lo había dicho muchas veces.

Zahn, pensando que Bella se había enfadado con su última frase, se quedó en silencio, terminando de desayunar. Y en realidad no iba muy desencaminado. A Bellatrix le ponía furiosa que le recordase a Weiss. Se estaba convirtiendo en una especie de sombra muy molesta, y tenía unas enormes ganas de quitársela de encima.

¿Sabes? Ayer tuve que acompañar a Vriesia a la enfermería – dijo una voz preocupada y, al girarse, Bellatrix vio que se trataba de Lyss Berlow, la muchacha de las pecas, que contaba algo a su amigo Kyle Kehoe. Les acompañaba otra chica, llamada Leda Dermot que, por su expresión, ya debía estar enterada de la historia – Ayer a medianoche Leda y yo la tuvimos que acompañar a ver a Madame Metzen porque tenía fiebre, y eso que la dio algo durante la clase de Defensa.

-Nos ha dicho que para esta noche ya podrá salir – comentó risueña Leda – Vamos a ir a verla ahora. ¿Te vienes?

Los tres siguieron andando y Bellatrix no alcanzó a oír la contestación del chico, aunque suponía que había dicho que sí. Miró a Zahn, que tenía la vista clavada en su plato y no se había enterado de nada. No merecía la pena comentarle nada. ¿Para qué¿Acaso tenía algún interés que Vriesia tuviera fiebre? Era algo muy común con ese frío. Nada que la medimaga no pudiese curar con una poción en unos segundos.

Pero se equivocó. Habían pasado tres días y Vriesia seguía sin regresar a clase. Se había enterado por los comentarios entre sus amigos que estaba incluso peor, que la fiebre era cada día más alta. Incluso habían prohibido las visitas, pues temían que se tratase de algo contagioso.

Se había pensado en incluso a trasladarla al hospital mágico más cercano, pero no había ninguna posibilidad. Trasladores, polvos flu y la Aparición no funcionaban dentro de la cueva. Moverla en el barco era demasiado peligroso, pues su salud era muy delicada, y Madame Metzen se había negado en rotundo a arriesgarse, asegurando a todos que era sólo una simple fiebre...

Eso sí, una fiebre que parecía no poder curar.

Entre los alumnos se estaban empezando a extender rumores y ciertas leyendas. Unos aseguraban que se trataba de una plaga mortal, muy contagiosa además. Amuletos y demás objetos de buena suerte habían empezado a circular entre los alumnos más supersticiosos. Incluso, a veces, lo que no lo eran se dejaban llevar también por el miedo.

Bellatrix y Zahn ignoraron el diminuto mercado que se estableció en Durmstrang, así como los inverosímiles rumores que corrían de boca en boca. Aunque no tuviesen ni idea de lo que pasaba, estaban seguros de que terminaría en algo sin ninguna consecuencia importante.

Como todos los viernes la mañana, les tocaba Encantamientos. Fueron a clase sin mucho entusiasmo, como siempre por otra parte. Bellatrix se sentó en su pupitre y se puso a juguetear con la varita, haciendo que su pluma se agrandase y empequeñeciese continuamente. Había descubierto que la profesora Nigheit odiaba verla hacer eso cuando entraba en clase.

Como había previsto, la profesora le dirigió una mirada de profundo odio en cuanto entró bamboleando sus rizos, con un maletín marrón en la mano. Bellatrix la sonrió con sorna y desvió la vista hacia su pergamino. ¿Qué podía dibujar?

Hizo un par de trazos y los borró. Escuchaba a los alumnos cuchichear entre ellos, sin hacer caso a la profesora. Zahn se releía la lección de ese día a su lado y, aunque no la viese, Bella suponía que su profesora estaría ordenando algunos papeles en su mesa.

De pronto se escuchó un tremendo estruendo y un silencio sepulcral se hizo en la clase. Todos los alumnos miraron a la vez a su profesora, que se había caído al suelo de culo y se arrastraba hacia atrás ayudándose con las manos, con las pupilas dilatadas por el terror. Miraba algún punto debajo de su mesa, fuera del campo de visión de los chicos.

¡UNA SERPIENTE! – gritó con voz de pito, en cuanto pareció haber recuperado el habla.

Y entonces la vieron salir deslizándose de debajo de la mesa. Era pequeña, muy delgada, de color verde pálido y ojos rojos.

Bellatrix se puso de pie inconscientemente, mirando a la ashwinder sin poder creérselo, pero su reacción no destacó. Muchos de los alumnos se pusieron a chillar y se subieron encima de las mesas.

¡ALEJADLA! – gritó de nuevo la profesora, ya pegada a la pared y sin posibilidad de retroceder más. Se le levantó la túnica un poco y Bella vio dos diminutos puntos sangrantes en el gemelo de la mujer. Weiss sacó la varita en un arranque de pánico y apuntó a la serpiente, balbuceando algo incomprensible. Un rayo salió y dio a la pizarra, que cayó al suelo al lado de la serpiente. Ésta se puso furiosa y, silbando sin parar, volvió a morder la pierna de la profesora. Weiss se puso blanco y salió corriendo de la clase. Varios alumnos, siguiendo su ejemplo, huyeron aterrorizados. Los que quedaban estaban encima de las mesas o, en el caso de Bella y Zahn, de pie, demasiado impactados por lo que acababan de ver como para advertir el peligro.

Los sollozos de la profesora eran alarmantes y gruesas lágrimas corrían por sus carrillos, sin ningún control.

Kathryn y un alumno de Baumkrone, Luc Nguyen, lanzaron un hechizo a la serpiente, que se desintegró por completo. Trozos del cuerpo de la criatura y sangre mancharon el suelo y a la profesora, que ofrecía un aspecto desolador.

En ese momento entraron corriendo el profesor Wexlershire y Gavriel, seguidos de dos alumnas. Miraron alrededor sorprendidos al ver la clase casi vacía, y cuando giraron la cabeza al escuchar los sollozos de Nigheit en una esquina, perdieron el color que tenían. Wexlershire conjuró una camilla y se la llevó corriendo a la enfermería, mientras Gavriel pedía a Zahn que le contase lo ocurrido. Éste estaba en tal estado de turbación que ni siquiera lo miró y, al final, fue Kathryn quien tomó la palabra y explicó todo.

En cuanto terminó de hablar, Gavriel los mandó a todos a la Sala Común y les ordenó no salir de ahí. Bella y Zahn huyeron de la inquisitiva mirada del tío de éste y se marcharon tan rápido como pudieron.

¡Estaba ahí! – balbuceó Zahn minutos después. Estaban ambos, solos, en la habitación de Zahn, con la puerta bien cerrada y a salvo de curiosos.

-No estoy ciega – exclamó Bella que, nerviosa como estaba, recorría la habitación de arriba abajo una y otra vez.

-Sabía que tenía que habérselo dicho a Gavriel.

Bellatrix se detuvo y clavó sus ojos negros en Zahn, que estaba muy pálido y aturdido.

-No era la misma – aseguró en un susurro – Estoy convencida. Ésta era más pequeña.

¿Quieres decir que se ha... se ha reproducido?

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Eso quedó bien claro durante el siguiente par de días. Las serpientes se habían reproducido y había ya cientos por todo el colegio, normalmente escondidas en rincones oscuros, pero, sintiéndose asustadas y amenazadas por los alumnos, picaban a todo el que se les cruzase por delante. No era extraña la clase que se veía interrumpida por una picadura.

Se había descubierto que eran venenosas. Durante el primer día sentías un malestar general y luego comenzaban las fiebres, que llegaban a ser preocupantemente altas. Ninguna poción conseguía aliviar al enfermo, y lo peor es que el desarrollo de la enfermedad parecía cambiar según la persona, con lo que muchos llegaban a la enfermería prácticamente inconscientes.

Por fin habían descubierto cual era la extraña enfermedad que parecía afectar a Vriesia. Habían descubierto una picadura en el tobillo, pero al estar tan febril que deliraba, no pudo decirles cuando le había mordido la serpiente.

La enfermería estaba llena a rebosar, pues la profesora de Pociones y la medimaga seguían creando la cura, que aún tardaría un poco en estar lista.

Mientras, las clases de Defensa habían dejado de lado el temario normal para dar explicaciones contra esas criaturas. Como Bellatrix ya sabía, se llamaban ashwinder. Su aspecto físico era inconfundible, y a esas alturas ya conocido por todos. Lo que Bella no sabía, y era precisamente lo que había provocado aquella plaga, era que sólo vivían una hora, en la que se dedicaban a buscar un lugar oscuro y cerrado para poner sus huevos. Al contar las horas que hacía desde que habían convocado a la serpiente, Bellatrix se mareaba. Debía de haber miles de serpientes por el colegio.

La plaga había llegado a unos extremos que los alumnos que aún quedaban en pie debían unirse y seguir los rastros de cenizas para encontrar los huevos, que debían de congelar. Los profesores también hacían su parte en cuanto daban las diez y buscaban durante horas los nidos de las malditas criaturas.

Las clases se hacían eternas, pero el director se había negado a interrumpirlas a pesar de la evidente falta de alumnos y, por cierto, también de una profesora. El horario de la profesora Nigheit se lo habían repartido (ante la imposibilidad de contratar a un profesor temporal a esas alturas de curso) entre la profesora de Adivinación y la de Defensa.

La primera era una mujer extraña. Rondaba los cuarenta y tenía un espeso y llamativo cabello pelirrojo. Además, como si buscase destacar siempre más, vestía de un blanco puro. Sus ojos, de un azul brillante, su boca generosa y sus largas pestañas negras no contribuían precisamente a mantenerla en un segundo plano.

Al contrario que la profesora Nigheit, ésta parecía encantada con Bellatrix. Admiraba su soltura con la varita y elogiaba su capacidad para hacer encantamientos, incluso de un nivel superior al que en un principio se supone que tenía.

-Estoy segura de que la profesora Nigheit estará encantada contigo.

Bella sonrió, sin dar una respuesta clara. En cuanto la profesora se dio la vuelta intercambió una mirada con Zahn y le susurró:

-Yo diría que encantada no es exactamente la palabra.

Zahn se limitó a sonreír levemente, casi por educación. Esos últimos días había estado muy callado. Hablaban sobre la plaga de ashwinder prácticamente todos los días y, aunque no lo hubiese dicho expresamente, Bellatrix estaba segura de que se sentía culpable por todo lo que estaba pasando. A pesar de que él no había sabido nada acerca de la reproducción de la serpientes, él había desobedecido a Gavriel y había sido quien convocó a la serpiente. Claro que Bellatrix no estaba exenta de culpa... ella le había incitado. De todas formas, lo llevaba mucho mejor que él.

Bella le recordaba que pronto tendrían la cura, que todos se recuperarían y que todo seguiría como siempre. No les involucrarían en el asunto ya que no había ningún motivo para hacerlo. Bellatrix le había repetido muchas veces que él no tenía ninguna culpa en el asunto, puesto que no podía saber lo que iba a ocurrir, pero eso no parecía consolar mucho a Zahn.

Lo que ocurrió al día siguiente le sumió aún más en sí mismo y a Bellatrix no le costaba mucho entender lo que sentía. La gravedad del asunto bien merecía un poco de atención.

Estaban en clase de Transformaciones, aún trabajando en los conejos y las tazas. El profesor Wexlershire se había negado a avanzar más, diciendo que sería una perdida de tiempo si luego tenía que explicar de nuevo todo cuando regresarán los alumnos que faltaban.

De pronto, sin ni siquiera una breve llamada a la puerta, ésta se abrió y Gavriel y la profesora Sidhe, de Defensa, entraron y avanzaron hasta el lugar donde el profesor Wexlershire estaba, no poco asombrado.

Bellatrix supo que inmediatamente había ocurrido algo muy grave. La expresión de Gavriel asustaba. Vio que éste se acercó a Wexlershire y le susurró algo. El oyente retrocedió y por primera vez, Bellatrix le vio conmocionado. Abría mucho los ojos y su mano aferraba crispada la mesa, sobre la que se sostenía. La profesora se echó a llorar, llevándose las manos a la cara, cuando Gavriel la incitó a hablar y, al final, fue éste quien se tuvo que dirigir a los temblorosos alumnos.

Bellatrix cerró los ojos con fuerza un momento, rogando porque Gavriel no dijese lo que se estaba imaginando.

-Lamento informaros que vuestra compañera, la señorita Nezvanóva, ha fallecido esta madrugada – anunció con voz profunda y seca.

Los alumnos lo miraron como si todo fuese una broma de mal gusto, como si los estuviese engañando. Varios conejos cayeron al suelo, pues los alumnos habían dejado de sujetarlos.

¿Cómo iba a haber muerto Vriesia?

Bellatrix miró disimuladamente a sus compañeros. Se quedó contemplando a Lyss Bellow, cuyo labio inferior había empezado a temblar y las lágrimas a acumularse en sus ojos verdes.

-Pe-pero la cura... – balbuceó Leda, con la que compartía pupitre.

-Le administraron la cura, pero era demasiado tarde. El veneno llevaba tanto tiempo actuando en su sangre que le provocó una reacción contra la que no se pudo hacer nada. Su estado de debilidad por la fiebre que sufría...

Ya nadie le escuchaba. Todos miraban, como si se tratase de un solo par de ojos, el asiento vacío de Vriesia. Bella dirigió su vista, en cambio, a otro punto que le interesaba más. Estudió el rostro pálido del profesor Wexlershire y recordó la extraña relación que se había creado entre la fallecida y él. Ahora estaba claro hasta que punto el profesor había apreciado a su alumna. Parecía haber envejecido diez años de golpe. Las arrugas de sus ojos eran mucho más pronunciadas, los surcos de su frente también... Bellatrix supo que nunca volvería a ser el mismo.

Pensó, aunque fue sólo una idea fantasma, que ya no había nadie que la superara en la asignatura. Ahogó ese egoísta pensamiento y clavó sus ojos en Zahn.

Realmente el que la preocupaba era él.

Vio que tenía los puños cerrados encima de las rodillas y que estos temblaban descontroladamente.

-No quiero preocuparos más – continuaba Gavriel, indiferente a la falta de atención de los impresionados alumnos – La plaga está casi erradicada y los demás heridos se encuentran perfectamente, han tomado la cura y se están recuperando todos sin excepción. Mañana por la mañana saldrán de la enfermería.

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Gavriel cumplió esa especie de promesa que había hecho. Los alumnos heridos, incluida la profesora Nigheit, salieron al día siguiente por la mañana. Estaban más delgados, algo pálidos, pero sanos al fin y al cabo.

Bella pensaba todo esto mientras cenaba sola en la mesa de Münzenicht. Zahn se había negado a bajar con ella. De hecho, no había salido de su habitación en todo el día, ni siquiera para ir a las clases. Cuando Bellatrix había intentado sacarle por la mañana, él prácticamente no había querido ni hablar con ella. Había vuelto a subir en la hora de la comida pero ya no había contestado. Bella no se preocupaba de que algo le hubiese ocurrido. Sabía que estaba perfectamente y que lo único que quería era estar solo. Bella supuso que lo que necesitaba un poco era pensar en que él no tenía la culpa de la muerte de Vriesia.

El director se levantó cuando estaba a punto de terminar la cena y todo el mundo se quedó callado. Aún suponiendo que iba a hablar sobre la plaga y la muerte de la alumna, a Bellatrix no pudo menos que sorprenderla. Pensaba que el director iba a tomar la actitud de no recordar lo ocurrido. La falta de decoración fúnebre era una prueba evidente de ello.

-Los acontecimientos de los últimos días han sido únicos y extraños. En toda la historia del colegio nunca había ocurrido algo semejante – se detuvo unos segundos – Tenemos que lamentar una víctima, pero no debemos llorarla. La vida continua para todos nosotros y solamente si somos fuertes y no miramos atrás conseguiremos salir adelante. Si optáis por la debilidad, estáis condenados a quedaros en el camino.

Bellatrix escuchó el discurso en silencio y con atención. Traduciendo lo que acababa de decir el director a palabras más sencillas era que debían volverse fríos, insensibles y ahogar los sentimientos; sólo así lograrían sobrevivir.

Escuchó algún sollozo proveniente de la mesa de Baumkrone. Varias chicas de su edad se consolaban mutuamente. Obviamente ellas no habían entendido el mensaje del director, o sí lo habían hecho, no estaban dispuestas a hacer caso.

Como ya había terminado de cenar, Bella se fue pronto a la Sala Común. Al ver que Zahn no estaba ahí, ni se molestó en subir a la habitación de éste. Ya conseguiría sacarle al día siguiente. No pensaba pasar otro día como aquél.

Habiendo terminado ya los deberes, fue a su habitación, sacó su diario y bajó de nuevo. Se sentó en una de las mesas, colocó el tintero en ésta y sacó una pluma. Abrió el diario, ya bastante grueso; se acomodó y se dispuso a escribir hasta que le entrase sueño. No tenía ganas de dormir.

Y tampoco tendría casi oportunidad de hacerlo. Cuando el reloj de encima de la repisa de la chimenea había dado la una, escuchó ruido de pasos bajando de la escalera de los chicos. Rob se plantó delante de ella.

-Es una suerte encontrarte aquí – dijo, cogiéndola de la barbilla para obligarla a la levantar la vista. Bellatrix apartó la mano del chico y se recostó en la silla, con una ceja alzada ¿Se puede saber que coño le pasa a ese idiota?

¿Tanto te preocupa?

-No me deja entrar en la habitación.

-A mí tampoco – replicó Bella con una sonrisa.

-El caso es que yo tengo que dormir ahí.

Bellatrix soltó una carcajada y apuntó al sillón grande que había enfrente del fuego.

-Yo te recomiendo que te busques una manta y duermas ahí.

-Muy graciosa.

-No veo qué puedo hacer yo... tampoco es que quiera hacer algo – añadió, sonriendo mordazmente – Lleva sin salir en todo el día.

-Me da igual que esté cabreado. La habitación no es sólo suya. Mi cama está ahí dentro y quiero dormir en ella... y no en ningún sillón.

-Eso diselo a él.

¿Y qué crees que llevo haciendo desde hace dos horas? – soltó, poniendo las manos bruscamente sobre la mesa. El tintero salpicó y manchó la hoja en la que estaba escribiendo Bellatrix.

-Te agradecería que no manchases mi trabajo – dijo, eliminando con un movimiento de varita la mancha de tinta.

¿Qué es eso? – preguntó, ahora divertido, Rob, para luego añadir con incredulidad – No escribirás un diario¿no?

-Lo que yo haga o deje de hacer no es ni por asomo asunto tuyo – replicó Bella agriamente, cerrando de golpe el diario.

-Que no sea asunto mío no significa que no tenga curiosidad. Estoy seguro de que algo has escrito sobre mí.

¿Tan importante te crees? – preguntó Bella, sonriendo también.

¿Tampoco tengo derecho a leer eso?

-No.

-Me pregunto qué es lo que habrás escrito.

-Nada que te guste, te lo aseguro.

-Eso debería juzgarlo yo¿no? – preguntó, estirando la mano para alcanzar el diario. Pero Bellatrix, que estaba mucho más cerca, lo apartó de su alcance con un simple movimiento.

Rob chasqueó la lengua, decepcionado.

-Eso no se toca – dijo la muchacha, con una mano protectora sobre el diario – Hay muchos secretos.

-Me lo creo. ¿Y eso no lo hace más interesante?

-Supongo, pero te vas a quedar con las ganas. Hay demasiado para tu pequeña cabecita.

-Je... ¿te has fijado? Esta es la primera conversación que tenemos sin llegar a las manos.

-Si se puede llamar conversación.

-Seguro que no se pueden ni comparar con las que te traes tú con el idiota que tengo encerrado en mi cuarto.

Bella no contestó, pues estaba ocupada cerrando el tintero. Escuchaba con mucha atención, alerta. Sabía que a pesar de la relativa tranquilidad que llevaba la conversación, podía esperarse cualquier cosa de Schultz.

Se quedaron los dos mirándose. Bellatrix contempló el robusto perfil de Rob, su altura mayor de la normal en un chico de su edad, su ancha espalda, su rostro agresivo. Atraía y, sin embargo, no lograba terminar de gustarle. No le subestimaba tampoco; sabía que era buen mago, astuto y sin un pelo de tonto.

¿Vas a sacarle o no?

-Ya te he dicho que no me hace caso. Vete a buscar la mantita.

-Déjate de gilipolleces.

-El que se está poniendo pesado eres tú¿no crees? Llevo intentando sacar a Zahn de la habitación desde por la mañana. Ya ni siquiera contesta cuando le llamo desde fuera. Si quisiera salir ya lo habría hecho. Si quisiera estar acompañado, ya te habría abierto la puerta. Está claro que no quiere ni una cosa ni la otra. Búscate la vida esta noche y mañana ya volverá a estar todo como siempre.

-Debería ir a buscar a un profesor.

-Pues corre.

Rob no se movió del sitio. Bellatrix se limitó a devolverle la mirada, sin añadir nada más.

¿Qué le pasa?

-Creo que estoy descubriendo una nueva faceta tuya... – comentó con ironía Bella – Nunca hubiese pensado que podía ser tan curioso con los asuntos ajenos.

-En este caso es un asunto ajeno que me incumbe.

-Pero no te lo voy a decir... Mala suerte. Sino fuese porque ella no sabe nada, te diría que fueses a preguntar a Ellery, que ella sí parece muy interesada por ti y te contaría lo que fuese.

Rob soltó un bufido un tanto despectivo.

-Mejor que se mantenga lejos de mí.

-Pues me temo que te va a costar un poco sacártela de encima.

-Tanto como a ti a Weiss.

-Otro que tenía que recordármelo – comentó Bella en un susurro peligroso.

-Esa extraña obsesión por ti también me la comentó Ellery¿sabes? Sino yo nunca me hubiese parado a observar a alguien como Weiss.

-Tan inferior...

-Idiota – terminó Rob.

Se miraron una vez más en silencio.

Bellatrix sonreía para sí. Rememoraba la conversación que estaban teniendo, una que estaba siendo civilizada... Se imaginaba si Zahn estuviese ahí; seguro que ya se estarían peleando. Era mucho mejor que no los viese hablar. Posiblemente se sentiría traicionado.

-Ahora me toca preguntar a mi – empezó Bella con un tono de voz calmado. Apoyó su mejilla en la mano y el codo en la mesa ¿Por qué os lleváis tan mal Zahn y tú?

¿No te lo ha contado? – replicó Rob con una sonrisa un tanto tirante.

Bella negó suavemente con la cabeza.

-Pues entonces creo que tendrá que seguir siendo un secret...

Rob, que en ese momento pasaba al lado de Bellatrix, dio un salto hacia atrás, soltando un gemido ahogado. Chocó contra la silla donde estaba la muchacha y cayó al suelo, seguido de ésta. Bella rodó por el suelo, jadeando y completamente desorientada.

Sus ojos coincidieron entonces con los rojos de una pequeña ashwinder, que atacó en cuanto tuvo a tiro a Bellatrix. Ésta lanzó un hechizo y falló. El ataque de la serpiente le cogió por sorpresa y casi no tuvo tiempo para reaccionar. Retrocedió sobre sus rodillas y la nueva maldición no falló. Hizo explotar violentamente a la serpiente, y su sangre se extendió dos metros a la redonda.

Se escuchó la voz de Rob, y cuando Bellatrix se giró le vio limpiarse algunas gotas de sangre de la cara.

-Podías haber usado otro hechizo... – protestó, pero rápidamente una sonrisa mordaz afloró a sus labios – Te ha picado.

-No – contestó Bellatrix con rapidez, levantándose.

¿Ah, no? Me pareció ver que sí... justo después de que fallaras el primer hechizo.

¡Te he dicho que no!

-Cálmate... A mi sí – replicó, dejando a la vista su tobillo.

-Te los ha clavado hasta el fondo. Una buena cantidad de veneno – aseguró Bellatrix, frunciendo el entrecejo.

Rob se incorporó un poco, apoyando los codos en el suelo.

-Podías ayudarme¿no?

-Te podrías quedar aquí a ver si también te mueres.

-Joder, vaya lengua que tienes. Ayúdame.

Bella le tendió una mano y le ayudó a levantarse. Vio que prácticamente no podía apoyar el pie herido. No tuvo más remedio que hacerle de apoyo y así le llevó hasta la enfermería. Tuvieron que despertar a la señora Metzen, que soñolienta e incrédula procedió a administrar el antídoto. Le aseguró en que un par de días estaría como nuevo. Luego mandó a Bellatrix a la cama.

Para cuando ésta se metió entre las sábanas eran ya pasadas las tres.

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Tres toques en la puerta hicieron abrir los ojos a Bella.

¿Sales ya, Bella?

Era la voz de Zahn, y sonaba bastante impaciente. Hacía cuatro días que Bellatrix había conseguido sacarlo de su habitación, a pesar de las protestas del chico. Ella creía que lo que le había convencido era que como dejase de asistir a clase Gavriel vendría a pedirle unas explicaciones que él no podría dar.

Así que allí estaba, con la mochila al hombro, esperando a su amiga para bajar a desayunar antes de tener la primera clase.

La muchacha salió ya vestida. Se colocó la capa bien y se terminó de poner el guante derecho.

¿Aún sigues con los guantes puestos¡Llevas días con ellos!

-Hace mucho frío hoy¿no? – replicó, reprimiendo un escalofrío.

-Como siempre. ¿No será que te estás poniendo mala? Estos días has estado algo pálida.

-Soy pálida.

-Seguramente cogiste frío cuando acompañaste a Schultz esa noche – murmuró Zahn con los dientes apretados al recordar a su compañero de cuarto.

Bellatrix se lo había contado... omitiendo ciertos detalles, obviamente. Le había dicho que Rob había bajado protestando porque no le dejaba entrar, a lo que Zahn había respondido que ya le extrañaba que hubiese dejado de dar de repente el coñazo. Bella sonrió ante este comentario y siguió contando la historia. Le contó el ataque, la muerte (o, más bien, desintegración de la serpiente) y que había tenido que acompañar a Rob a la enfermería.

-Tendrías que haberle dejado ahí tirado – añadió Zahn enfadado.

-Me lo planteé, no creas.

-Así no estarías ahora mala.

-Ya te he dicho que no estoy enferma. Solamente que tengo frío.

Zahn dudó, pero no dijo nada más.

Después de desayunar fueron a la clase de Encantamientos, que se desarrolló mas o menos como siempre. Bella recordó la primera clase que tuvieron con la profesora Nigheit cuando se recuperó del veneno de la ashwinder. Bellatrix había hecho ligeras alusiones a su falta a clase, haciendo que a la profesora se le subieran a menudo los colores. Normalmente eran simples comentarios con respecto al temario que habían avanzado, pero con un escondido sarcasmo respecto a que era la única profesora a la que habían picado.

Sea como fuese, el caso es que la profesora estaba mucho menos contenta con Bellatrix que de costumbre.

-Ese idiota te estaba mirando – susurró Zahn, inclinándose hacia el oído de Bella para que la profesora no los escuchase.

¿Cuál de todos¿Weiss?

-Schultz.

Bellatrix se volvió con descaro y se encontró con que Rob la miraba con una leve sonrisa sarcástica. Vio que éste hacía una especie de seña con la cabeza hacia delante suyo. Bella se giró y levantó la vista. La profesora Nigheit estaba mirándola con los brazos cruzados.

-Veo que se puede permitir no atender.

-Sí.

-Mañana tendrá doble tarea – anunció, dándose la vuelta y caminando de nuevo hasta la pizarra.

La muchacha no replicó, pues tampoco merecía la pena. No conseguiría nada con ello.

Volvió a girarse y vio que Rob la continuaba mirando, claramente riéndose de ella. Bellatrix puso los ojos en blanco y ya no volvió a mirarlo en lo que quedaba de clase.

Se limitó a pensar. El comportamiento de Rob... era extraño. Bueno, aparentemente y con respecto al resto de alumnos era el mismo, pero detrás de sus miradas, sus sonrisa irónicas y sus frases mordaces había algo más.

Había cambiado desde la conversación de esa noche y Bellatrix no sabía porqué. ¿Tenía interés en descubrirlo? Tampoco sabía contestar a eso.

Lo que, en cambio, sí le interesaba, era el comportamiento del profesor Wexlershire. Como Bellatrix había pensado cuando les dieron la noticia de la muerte de Vriesia, no volvería a ser el mismo. Efectivamente había acertado. Parecía tener problemas para recordar que ella estaba muerta y se giraba a menudo hacia su pupitre como si fuese a hacerle alguna pregunta. Entonces veía que estaba vacío y la realidad lo golpeaba con violencia.

El pupitre vacío. Había quedado claro que el profesor no quería ver a nadie sentado ahí. Cuando un muchacho de su curso, Jan Leek, había ido a sentarse ahí para estar más cerca de la pizarra, el profesor prácticamente lo había echado a patadas de la clase, gritando como loco y diciendo que no quería volver a verlo durante una semana. Así pues, en esos momento, el pupitre de Jan Leek también estaba sin ocupante.

¿Te das cuenta de que no te sale un simple hechizo de protección, Bella¿Qué te pasa?

Estaban en clase de Defensa y Zahn llevaba esperando diez minutos a que Bellatrix hiciese el hechizo. Ésta, que lo había controlado muy bien los días pasados, no conseguía hacerlo, y varias veces le habían golpeado bien los ataques de Zahn.

-Hum... no me encuentro muy bien, sólo eso – replicó con un hilo de voz, temblorosa.

-Tal vez no tenía que haber lanzado tan fuerte el último Impelliare – murmuró en tono de disculpa Zahn, a lo que Bellatrix negó con la cabeza.

Éste entonces llevó una mano a la frente de la chica al verla con tan mala cara, pensando que podía tener fiebre.

¡Estás ardiendo!

¿Ah, sí? – preguntó con voz suave y casual – Se me pasará en seguida.

-Te llevo a la enfermería ahora mismo.

-No, si no...

Zahn contempló cada vez más preocupado las pupilas dilatadas de Bella, su rostro pálido y sudoroso.

¿Ocurre algo, señor Novak?

Justo cuando terminó la pregunta la profesora Sidhe, Bellatrix se desplomó en brazos de Zahn, inconsciente. Éste la dejó en el suelo y la observó pensativo. Había algo que no le cuadraba.

Sus ojos grises se detuvieron en los guantes. Como impulsado por una premonición, se los quitó con precipitación. En la mano izquierda, a la altura del pulgar, podían verse dos pequeños agujeros, infectados e hinchados.

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La luz empezó a hacerle daño y las formas difusas se paseaban por delante de sus ojos entrecerrados. No conseguía ver nada con claridad.

¿Bellatrix?

Pelo desordenado, oscuro... ¿Quién era?

Cerró los ojos de nuevo y los volvió a abrir, parpadeando repetidas veces. El dolor de cabeza era insistente, pero poco a poco fue remitiendo hasta que ya sólo sentía una especie de aguijonazos en las sienes.

-Estúpida.

Zahn. ¿Quién sino iba a insultarla nada más despertar?

-Mmm...

-Casi te mueres. Sino llega a ser por la Petra Deauro... ¿cómo es que no dijiste que te había picado¡Eres idiota!

Bellatrix alcanzó a esbozar una sonrisa, ahora que veía con claridad a su amigo despotricando en su contra, sentado en una silla al lado de su cama de la enfermería.

¡No te rías¿No te das cuenta de lo preocupado que he estado? Llevas tres días inconsciente y con casi cuarenta de fiebre. No me di cuenta de que...

-No es tu culpa.

¡Claro que sí! Yo convoqué a la serpiente y no me di cuenta de que estabas mal. ‚?SI HUBIESES MUERTO HABRIA SIDO POR MI CULPA!

-Cállate – siseó Bellatrix – No ha sido tu culpa. Nada de esto ha sido tu culpa.

-Sí, porqu...

-El orgullo.

¿Cómo?

-No ha sido culpa tuya, Zahn. Con eso debe valerte. Y como insistas en sentirte culpable por mi muerte, o la muerte de Vriesia o la de quien sea te juro que...

Bellatrix se llevó la mano a la cabeza. El dolor de cabeza había vuelto a empezar y las formas empezaban ya a bailar por delante de sus ojos.

-Dios, como duele – masculló, hundiendo la cabeza en la almohada.

Zahn le apartó un mechón de la cara con ternura y se lo puso detrás de la oreja.

-Descansa¿vale? No me pienso mover de aquí.

N/A: Ja ja, fin del xapi! Y me ha kedado mu largooooo Empecé a escribirlo mucho antes de lo que pensaba, pero es que me dio una especie de obsesión transitoria de Bellatrix y no pude evitarlo xDD Habeis visto que mono es Zahn? Creo que me he enamorado de él en esa última escena, aigh...

¿Habéis visto el barrer que me ha hecho mi amiga Mina para este fic? Me encanta, no me canso de verlo. ¡Es perfecto! Está expuesto en los SW (Story Weavers). Os recomiendo ir a verlo, porque si os gusta y tenéis un fic ella puede haceros uno

Um... más cosas. Ah, sí.

-Con lo del orgullo se refiere a ella. Bellatrix incitó a Zahn a convocar a la serpiente por orgullo, para desafiar a Gavriel; no dijo lo de la mordedura porque Rob se estaba riendo de ella y no quería admitir que la había picado.

-Bueno, quería deciros que es lógico que Bella y Zahn no supieran nada de las ashwinder porque hay que tener en cuenta que se empieza a dar CCM en tercer curso, así que, aunque conozcan las criaturas más obvias, es lógico que no conozcan los detalles y peligrosos de todas.

-También quería hablar sobre Rob. Me he dado cuenta que la mayoría le tiene asco... Mmm, veamos, no es el típico idiota como puede ser Ellery, por ejemplo. Rob es un Sangre Limpia con honor, atractivo, algo agresivo... No es como Zahn, pero tampoco es como Draco. Draco es un cobarde y es astuto, pero na mas. Rob es inteligente, buen mago, sabe manejar las situaciones. Digamos que no es lo que he dado a entender hasta ahora... por eso quería darle más protagonismo en este xapi.

-La petra deauro protegió a Bella del veneno, porque éste era de una criatura mágica y el cristal protege de las cosas que tengan magia y sean peligrosas para el portador. Por eso estuvo tantos días sin desarrollar la alta fiebre y con solo un ligero malestar.

Ya estoy a punto de terminar los exams... me quedan solo tres y libertad absoluta! Se supone que ahora debería estar estudiando jejje xo no me apetece.

Por cierto, tengo pensada una nueva historia de Bella que posiblemente empiece cuando termine Azkaban, que tendrá 12 xapis. Y ahora k lo pienso me toy retrasando con esta historia... es k estoy blokeada con el 5. Pa cuando termine los exams me pondré a escribirla.

Y ya empiezo a alargarme... si es que no tengo remedio. En otros fics no hablo tanto, pero en este me encanta. Tengo mucho que comentar .

Otra cosa. Tengo algo estropeado el pc, así que ni puedo leer mails ni puedo enviarlos. Si veis que no os contesto es por eso, ok? De todas formas el msn si me funciona.

Y weno, creo que eso es todo por ahora. Id a visitad los SW plis, y tb de paso dejadme algún review okis?

Bexitos! Joanne

CONTESTO REVIEWS:

Angie Crowe - . Jejje, muxas graxias por la opinion del xapi anterior! La verdad es k lo k tengo k ir haciendo es situaciones k hagan "curtirse" a Bella, para k llegue a ser lo k es de mayor. La caja es uno de esos principios... Me encantaria leerme los fics esos slash k me has recomendado, aunk ahora no me funciona el mail pero weno... si me lo mandas igual te estaria muy agradecida.

MimosaTuk – Weno, primero decir k Kathryn guarda mas de un secreto... y no solo respecto a Zahn. Xo de eso solo se da una pista, y bastante lejana tengo k decir, asik os sorprenderá supongo. No keda muxo para k se revele todo lo de Kathryn. Te ha gustado lo de la caja? Me alegro.

Ari Malfoy – Hola wapisima! Me encanta verte de nuevo por SDY, ya se te exaba de menos Parece k lo de la caja ha gustado bastante... y eso k se me ocurrio en el ultimo momento jeje, con ayuda de Mina. Fue un regalo en plan recurso de ultima hora pork no tenia pensado nada mas Xd

Bellatrix Black – Uf, pos Sirius tardará en salir jjee... Bella no lo olvida, pero en estos momentos no tiene un papel determinante. Lo tendrá más adelante, no creas... lo veremos en su espledor! To wenorro jeje... Te agregue al msn, espero k no te importe. A ver si asi hablamos algun dia.

AnnaTB – La caja, la caja... la verdad, como dije a Ari, fue un recurso de ultima hora, pero supongo que deberia darle más importancia. Tendré que meterla en algun otro xapi Weno, esta vez no he tardado tanto en actualizar, verdad? Aunk si que me he retrasado con RecFot y tb con Azkaban. En cuanto termine los exams me pondre manos a la obra con esos dos.

Marin Black – Jejje, a ver... contestemos a tu macro-review. No te la imaginabas en Durmstrang? Supongo que nadie lo hacía, pero la mandé allí pa cambiar un pokito... Zahn como Remus? Weno, en lo trankilo si... mas k nada indiferente. Aunk creo k Zahn es muxo mas peligroso Y Gavriel, weno, ese si tiene un papel importante y mas de una sorpresa tb! Ya vereis... Weno, parece k te ha gustado, jejje, eso siempre me anima. A ver que opinas de este nuevo xapi! Bss.