N/A. He tardado .. Sí, pero no como la vez anterior xD Además he actualizo bastante jiji, y ya he terminado varios fics muaja!. Cada vez se acerca más el Bella-Voldy largo (este veranito sin faaaaaaaalta). Tengo unas ganas que no podéis imaginaros muahaahaha xD Va a ser tan malvado, tan fuerte y tan todo jujuju.
El título de este xapi es uno de mis favoritos de todos los que tengo pensados, no sé por qué. Veremos un poquito de Regulus, que tras el sexto trae tanta polémica. Mi imagen de él ha cambiado bastante, y estoy algo confusa respecto a su personalidad T-T pero en fin, haré lo que pueda. Bellita termina el segundo curso por cierto! Y en el xapi 20 se nos va a Hogwarts por fin muaahahahahahaa!
¡Disfrutadlo! Joanne
PD. Bueno, a los que no leéis las biografías, pues hace poco cambié la mía. Hay un link ahí que lleva a la cuenta de Dumby Freaks, compuesta por Marlene y por mí, y donde nos dedicamos a hacer fics de parodia, principalmente sobre Dumbledore. ¡Espero que os paséis! Y tb está el link a mis blogs (el que más actualizo es el GJ, y en el LJ publico algunos fics).
CAPITULO 13: EL MEJOR HERMANO
Diez minutos antes de que terminase oficialmente el examen, Bellatrix levantó la mano y observó en silencio como el enjuto profesor de Historia de la Magia, Roderick Libertzung, se acercaba a ella.
-Ya he terminado –le dijo, dándole el examen.
-Perfecto, perfecto –musitó cogiéndolo y leyendo por encima las primeras líneas-. Puede salir. Sin hacer ruido, por favor.
Bellatrix le obedeció con eficacia. Recogió la pluma y la tinta y las guardó en su mochila, saliendo de sala en cuanto se aseguró de no dejarse nada. Afuera ya había algunos alumnos hablando en voz baja, no muchos, porque el examen era largo, pero si estaba Zahn, que apenas había terminado unos minutos antes.
-¿Qué tal?
-Bien –respondió Bellatrix, echando a andar con su amigo al lado-. Era bastante fácil.
-Se me olvidó en la segunda el nombre del elfo que dirigió la guerra –dijo molesto Zahn-. Lo tenía en la punta de la lengua y no me salía.
-Aillil.
-¡Eso! –exclamó Zahn-. Pues al final he tenido que dar un rodeo para no ponerlo.
-No creo que pase nada. Se lo leerá por encima; puede que se le pase.
-No estaría mal, la verdad. –Zahn se detuvo un segundo para colgarse la mochila bien al hombro-. ¿Vamos a la Biblioteca? Quiero repasar Encantamientos.
-Deberías seguir con el práctico.
-¿Me ayudas?
-Claro –respondió-. Vamos a un aula vacía mejor.
-Tenemos hora y media.
-De sobra.
-Lo dirás para ti.
-¿No eras tú el que me dijo que tenía que confiar más en mí? –replicó Bella, con una media sonrisa-. Pues ya sabes.
OoOoOoOoOoO
-¿Quieres callarte ya? Si te lo sabes.
-¡No me sale nada!
-Pero si lo acabas de hacer todo bien –replicó Bellatrix, poniendo los ojos en blanco. Zahn estaba muy nervioso y se empeñaba en que iba a suspender el examen. Si era más probable que lo suspendiera ella por lo mal que se llevaba con la profesora Nigheit...
-Señorita Black –chilló Viola abriendo la puerta de la clase donde estaba examinando. La fulminó con la mirada, y esbozó una sonrisa como si estuviera prediciendo el fin del mundo-. Su turno.
-Buena suerte –la animó Zahn, con una tenue sonrisa.
Bellatrix se volvió hacia la profesora y la siguió hasta el interior de la clase, cerrando la puerta tras ella. Contempló imperturbable cómo la mujer se paseaba por la sala, despacio, intentando dar más dramatismo a la situación, sus zapatos de tacón resonando por el suelo de piedra.
-Bueno, señorita Black. Saque la varita.
-Ya la tengo fuera –respondió ella con calma.
-Oh, bueno... –Por un momento pareció estar algo confusa, pero se recompuso rápido-. Ya que alardea usted de tantos conocimientos, se lo pondremos difícil.
Bella la miró desafiante, sabiendo que era completamente injusto ese trato. Que se le dieran bien los encantamientos no era motivo para que su examen no fuese como el de los demás. Sin embargo, no protestó, y se quedó callada esperando.
-Agranda este objeto –señaló Viola, y Bellatrix se apresuró a obedecer. Como le salió bien, siguió bombardeando a la chica a órdenes, mientras ésta los resolvía sin problemas. Un nivel básico, reconoció. No le estaba complicando mucho el examen, a pesar de llevar más tiempo dentro que el resto de sus compañeros-. Ahora hazlo desaparecer.
Bellatrix la miró sin decir nada. Ese encantamiento lo habían estado practicando el último día de clase. ¡No podía pedírselo!
-¿No sabes hacerlo?
Furiosa, Bellatrix asintió, alzando la varita.
-Evanesco –dijo, y ante ella vio como el libro empezaba a desaparecer. Viola le lanzó una mirada furibunda, pero que se transformó en una de regocijo cuando en vez de ponerse por completo transparente, quedaron trozos en los que se podía ver la tapa de cuero desgastado.
Triunfante por haberla podido pillar en algo, aunque fuese una soberana estupidez, Viola se inclinó sobre sus cuadernos de nota y mirándola fijamente con una sonrisilla satisfecha, escribió algo que Bellatrix no pudo ver.
Estaba furiosa, sabiendo que era completamente injusto lo que aquella profesora le estaba haciendo.
-Ya puede irse.
-No puede bajarme la nota por eso –protestó Bella.
-Puedo y lo haré. –Le lanzó una mirada desafiante, como si la retase a abrir de nuevo la boca. Siempre podía bajarle aún más la nota.
-Si lo hiciese con el resto de los alumnos no aprobaría ninguno –masculló entre dientes.
-Pongo las notas como yo creo convenientes –replicó Nigheit-. Y, ahora, márchese de una vez. Me está haciendo perder el tiempo, y está retrasando al resto de los alumnos. No es usted la única que tiene que hacer el examen.
Con ganas de probarle que además de dársele bien los encantamientos, también dominaba los maleficios, Bellatrix se quedó mirándola unos instantes. Luego se dio la vuelta, tragándose todo lo que le gustaría decirle a esa profesora de pacotilla, y salió echa una furia de la sala.
OoOoOoOoOoOoO
-Aún me queda por hacer el baúl.
-¿Y a qué esperas?
-Estás de lo más agradable.
Bellatrix se quedó callada, y metió la túnica roja de cualquier manera en su baúl. Se quedó quieta, sabiendo que Zahn no se había movido de detrás de ella.
-Ese examen era de Extraordinario.
-Lo sé. -Como si de repente se hubiese dado cuenta de que doblándolo todo así no le iba a entrar nada, Bella sacó la túnica, la dobló bien y la metió de nuevo. No podía dejar que lo que la profesora Nigheit hiciese le afectase. Era lo que ella quería, sacarla de quicio. No podía permitirlo-. Al menos míralo por el lado bueno. Ya no tendrás que verla hasta el año que viene.
-Y no pienso morderme la lengua.
-Si te la mordiese más no tendrías tantos problemas con ella –se rió Zahn, divertido por el arrebato de ira de su amiga.
-Supongo –admitió, dejando el baúl abierto y levantándose para asegurarse de que no se dejaba nada dentro de los cajones de la mesilla-. Deberías ir a prepararlo todo. No queda mucho tiempo para salir ya.
-La verdad que sí –contestó Zahn, pero lo único que hizo fue sentarse en la cama de Bellatrix. Ésta lo miró alzando las cejas-. ¿Vas a ir con tus tíos?
-Como siempre. -Y bien poco que le apetecía. Otra vez a la rutina de esquivarlos a todos, porque cuanto más los veía más le asqueaban. Otra vez a ver a Sirius-. Tú con Gavriel supongo.
-Sí –murmuró y se quedaron un rato callados, mirándose. Luego Zahn se levantó algo avergonzado, y se dirigió hacia la puerta-. Voy a hacer el baúl.
-De acuerdo –respondió una Bellatrix pensativa. Qué extraño. Había sido como si su amigo quisiese añadir algo más y se hubiese callado. Daba igual, en cualquier caso. Ya se lo diría en otro momento. Se encogió de hombros, y se agachó, poniéndose de rodillas en el suelo para asegurarse de que no se dejaba nada debajo de la cama. Cuando vio que no, se dirigió hacia el baño. Aún le quedaba recoger todo lo de aseo.
OoOoOoOoOoOoOoO
Bellatrix se metió en la chimenea después de decir el nombre de Grimmauld Place. Se acababa de despedir de Zahn en la habitación de Portsmouth, poco después de que desapareciese el barco.
El viaje se le había hecho corto. Habían ido hablando sobre lo que harían ese verano. Ninguno de los dos prometía ser muy apasionante, exceptuando la parte de las clases teóricas de Artes Oscuras con su tío, que Bella, obviamente, no tendría. Podría estudiarlas por su cuenta, pero nunca sería lo mismo.
Bella le había contado sobre su afición a ir al callejón Knockturn de vez en cuando a comprarse cosas con el dinero que su padre le enviaba, y Zahn se había apresurado a proponerle el quedar algún día suelto. Y si no, pues podrían siempre hablar por carta, que el búho de la chica tenía que volver a ponerse en forma tras un año escolar inactivo.
Y a eso se había aferrado ella, a poder ver a su amigo durante el verano y así aislarse del ambiente opresivoque reinaba en casa de sus tíos.
Se preguntó si Sirius habría regresado ya de Hogwarts. Suponía que sí.
Su primo sólo traía problemas. Siempre que estaba él rondando, era frecuente que estallase alguna discusión, ya fuese con su madre, con su hermano o con la misma Bellatrix. No contribuía precisamente a amenizar su estancia... pero, sin embargo, quería verlo.
Era el único en aquella casa que, al menos, había logrado entenderla alguna vez. Aunque ya no lo hiciese.
Aterrizó con un golpe seco en la alfombra que había delante de la chimenea. Apoyó las manos en el suelo, y vio que estaban llenas de hollín. Se apartó un mechón de la cara, y luego se sacudió la túnica para limpiarla un poco.
Se iba a levantar cuando vio que Sirius estaba delante suyo.
Se lamió los labios, sorprendida. No se había esperado para nada encontrárselo ahí, nada más llegar.
-Hola.
Como si las tripas se le hubieran enredado, Bellatrix se sintió incapaz de moverse.
-¿Qué quieres, Sirius? –preguntó al final, bruscamente. Fue como si le hubieran soltado una descarga, y recuperó la movilidad. Se levantó del suelo, y se agachó a cerrar bien el baúl, que se había abierto al salir de la chimenea.
-Mi madre dice que vayas a saludar –contestó, recuperando la impasibilidad en su expresión.
-¿Hay visita?
-El tío Alphard –dijo antes de salir de la habitación.
Bellatrix escuchó las voces que le llegaban desde el vestíbulo. Sirius tenía razón. Sonaba una voz masculina, algo estridente y en cierto modo extravagante. También reconoció la voz de su tía, y la de Regulus de vez en cuando.
Intentó recordar algo de ese supuesto tío. Era el hermano de su padre y del padre de Sirius, pero no lo había visto nunca. O al menos no se acordaba de haberlo visto. ¿Y para qué habría ido? Rara era la ocasión en la que alguien iba de visita a Grimmauld Place, a menos que fuese por motivos de ampliación de círculos sociales, o por interés, como ella decía.
Dejó el baúl ahí y salió al vestíbulo. Lo que menos quería era una discusión con su tía por no haberse dado la suficiente prisa en acudir... y mucho menos delante de un familiar al que no conocía.
Bella se detuvo bajo el umbral de la puerta, y aprovechó que nadie la había visto aún para coger detalles. Le sorprendió que en los labios carnosos de su tía no apareciese la sonrisa hipócrita que guardaba para las visitas, a pesar de estar hablando con Alphard. Su tío era... bastante diferente a los Black que ella estaba acostumbrada a ver. Era delgaducho, algo más bajo que su tía, y con una calvicie incipiente. Además llevaba un bigote grande, que más que divertido parecía ridículo. Sus ropas eran excéntricas, como él.
Ahora entendía la expresión de su tía.
-¿Esta jovencita es Bellatrix?
Se dieron la vuelta, y Bella se encontró de pronto observada por todos. Avanzó un par de pasos, intentando ocultar su incomodidad. Su tía se acercó a ella y le cogió del hombro, apretándole con fuerza.
-¿Cómo se te ocurre presentarte con estas pintas? –masculló entre dientes, haciéndola andar-. En cuanto saludes vete a cambiar.
Bellatrix esbozó una mueca, encontrándose de repente delante de su tío.
-Vaya, vaya, la última vez que te vi eras apenas una cría –comentó con una leve sonrisa éste. La chica nunca había visto a un Black comportarse con tanta naturalidad-. ¡Ya casi ni te reconozco! Supongo que ni te acordarás de mí...
-No.
Alphard soltó una carcajada, dándole un par de golpecitos a Bellatrix en el hombro. Ella notaba la tensión que había en el ambiente, pero su tío parecía no darse cuenta.
-Veo que has heredado la lengua de los Black –añadió aún riendo.
Bellatrix apartó la mirada de Alphard, sin saber qué contestar. Sus ojos coincidieron con los de Sirius un segundo y luego volvió de nuevo a mirar a su tío.
-Supongo.
-Bellatrix tiene que ir a deshacer el baúl –interrumpió la señora Black, cogiendo de nuevo a la joven por el hombro-, que acaba de llegar.
-¡Por supuesto! Vaya memoria la mía –dijo, esbozando una sonrisa-. Venga, no hagas enfadar a tu tía.
Bella se esforzó por no poner los ojos en blanco. Se marchó de allí lo más rápido posible, subiendo las escaleras hasta llegar a su cuarto. En cuanto entró cerró la puerta. Su baúl ya estaba a los pies de su cama, cerrado. Kreacher debía haberlo subido, un detalle extrañamente eficiente por parte del elfo doméstico.
Abrió el armario y sacó una túnica limpia, y tras ir al baño para lavarse un poco y quitarse el hollín, se la puso. Se miró en el espejo; su tía ya estaría contenta con eso.
Se entretuvo un poco más ordenándolo todo, dejando los libros en la estantería para que no se estropeasen, además de todos los utensilios e ingredientes para Pociones que le habían sobrado. Lo cierto es que no le apetecía bajar, a pesar de saber que antes o después tendría que pasar una entretenida tarde rodeada por los Black.
-¡Bellatrix! –gritó su tía desde abajo, y tan ensimismada había estado que casi soltó por la sorpresa uno de los frascos que colocaba.
Bajó las escaleras hasta el comedor de las visitas, donde servirían la comida. Efectivamente, la mesa estaba puesta, y un par de fuentes llenas de comida descansaban sobre el impoluto mantel. Todos estaban sentados ya, y se le quedaron mirando en silencio cuando ella entró.
-Bueno, ya podemos empezar –indicó la señora Black, y Alphard se levantó para cortar el pollo asado que había en una de las fuentes-. Puedes hacerlo con magia.
-No hace falta –se rió él, clavando el afilado cuchillo en la carne y empezando a partirla-. Siempre me ha gustado hacerlo así.
-Madre siempre usa la magia –intervino Regulus, recibiendo una apreciativa mirada de la mujer.
-Como debe ser.
Se hizo un silencio un tanto tenso, que Bellatrix no se atrevió a interrumpir, pues tampoco tenía nada que decir. Miró a Sirius un momento, que se llevaba un trozo de pollo del que ya le habían servido a la boca, y luego volvió a observar a su tío, que se sentó en ese momento.
-Buen provecho a todos –dijo con expresión de apetito, y después de comer varios bocados y de beber un par de sorbos del exquisito vino hecho por elfos, se volvió hacia Bellatrix-. ¿Qué tal el colegio?
-Bien.
-Terminaste hoy ¿no?
-Sí.
-Nunca he estado en Durmstrang –añadió Alphard, sin amilanarse ni perder su buen humor por las cortantes respuestas de Bellatrix-. Yo estudié en Hogwarts, y la verdad es que no se oía hablar mucho sobre otras escuelas. ¿Es bonito?
-Aprendo, si a eso te refieres.
En cualquier otra ocasión, Bella estaba segura de que su tía le hubiese llamado la atención por la educación que estaba mostrando, pero ahora no dijo nada, y la chiquilla no tuvo que morderse la lengua.
-¡Claro, claro! Aprender es muy importante –respondió, dando una palmada en la mesa, haciendo que su plato gotease hasta el mantel. La señora Black lo fulminó con la mirada, pero Alphard miraba a Bellatrix y no se enteró-. Pero me refería más bien al ambiente que hay. ¡A mí Hogwarts me encantaba! Aún lo sigo echando de menos de vez en cuando, y me acuerdo de los pasillos, los profesores...
-A mí me gusta –afirmó Sirius de pronto-. Es como un hogar.
-¡Exacto! –exclamó el hombre, mirando ahora a su sobrino complacido al saberse entendido. Al parecer no entendió ninguna de las miradas que el resto de la familia dirigió a Sirius, ni el especial hincapié que éste hizo en la última frase-. Y tú, pequeño, empiezas el año que viene ¿verdad?
-Sí –contestó Regulus con infantil orgullo, con orgullo enseñado-. Estaré en Slytherin.
-Slytherin es la casa adecuada –dijo su madre, dejando el tenedor en el plato, mientras estudiaba a su hijo mayor con desprecio-. En la que debería estar todo Black.
-Bueno, no exageremos –rió Alphard-. La verdad es que es lógico que esté ahí, pero a mí estuvo a punto de ponerme en Gryffindor. Es curioso que todos los miembros de una casa tan ancestral hayan estado siempre en Sly...
-El Sombrero me puso en Gryffindor.
La voz de Sirius sonó profunda, interrumpiendo la conversación y cortando el ambiente como si fuese el filo de una daga.
-¿Qué? –soltó Alphard, abriendo muchos los ojos.
La madre de Sirius, pálida pero con las mejillas rojas por la vergüenza, empezó a protestar con torpes excusas, pero el chico no se echó atrás. Las palabras de su tío le habían dado valor.
-Sí, en Gryffindor. Y además no dudó.
Eso fue la gota que colmó el vaso para la señora Black, que apretó tan fuerte el vaso que sus nudillos se pusieron blancos.
-Es una vergüenza que digas estas cosas, cuando lo hemos ocultado en...
-Tampoco es para poner las cosas así –intentó calmarla Alphard-. ¡Lo cierto es que es estupendo! Gryffindor, vaya. Siempre he tenido mucha curiosidad. Ya sabes que los Slytherin y los de tu casa nunca se han llevado bien, y no era fácil averiguar cosas sobre ellos.
-Lo sé –dijo Sirius, esbozando una sonrisa de picardía.
-Vaya, vaya –comentó con una sonrisa el hombre-. Cuéntame cosas, anda. La Sala Común, por ejemplo. ¿Cómo es?
-Está toda decorada de roja y dorado, y tiene unos sillones y mesas con sillas. Hay unas ventanas muy grandes que...
-¡Ventanas! Las de Slytherin eran muy oscuras. Están en la mazmorra ¿sabías? –dijo bajando la voz, con un guiño de complicidad.
-Ya. No tardamos ni una semana en averiguarlo –rió Sirius.
-¡Un auténtico merodeador de Hogwarts! –exclamó, entusiasmado-. No voy a preguntarte dónde está, que Regulus puede escucharlo, y puede caer en otra casa.
-Irá a Slytherin –insistió su madre, a punto de darle un ataque-. Igual que deberías haber ido tú, Sirius. Deberías parecerte más a tu hermano. ¡Tomarle como ejemplo!
-Ni loco, vamos –respondió Sirius, empezando a enfurecerse-. Estoy orgulloso de estar en Gryffindor, y no importa que...
La señora Black se levantó, posiblemente a cruzarle la cara a su hijo, pero alguien más la imitó. Bellatrix soltó el tenedor, que tintineó contra el plato lleno de comida, y salió del comedor sin decir una palabra, como un vendaval.
OoOoOoOoOoOoO
Las siguientes semanas a la venida del tío Alphard fueron bastante complicados en Grimmauld Place. Su tía estaba que echaba humo, y no podía estar en la misma habitación que su hijo mayor sin empezar a gritarle. Sirius, por tanto, la esquivaba, y, como resultado, pasaba mucho tiempo con su tío. Bellatrix no creía que ese hombre fuese una buena influencia para Sirius. Ideas demasiado extravagantes revoloteaban por su mente, y animaban a Sirius a hablar con orgullo de cosas sobre las que se tenía que haber avergonzado.
Cada vez que los veía juntos, la señora Black empezaba a hablar de lo buen hijo que era Regulus, que no sabía cómo Sirius había resultado tan distinto si le habían educado igual. Bellatrix sabía que eso no era cierto. Él había sido el primogénito, y le habían mimado y concedido todos los caprichos. Le habían dado libertad a medida que se había ido haciendo mayor, una libertad que le había condenado. Y, mientras esto ocurriría, Regulus intentaba resplandecer a pesar de que su hermano siempre le eclipsaba. Intentaba llamar la atención, cuando, aunque fuese para mal, Sirius era quien merecía toda. El pequeño tenía una libertad atada con cadenas a su madre.
Y no era como Sirius.
-A madre no le gusta el tío Alphard.
Así había empezado una discusión una noche, cuando se habían quedado los tres niños en el salón, después de la cena.
-Me da igual –respondió Sirius a su hermano.
-Quiere echarlo.
-Nunca romperá las normas –cortó, con una sonrisa despectiva-. Es un invitado, y se quedará hasta que decida irse.
-Yo no estaría tan seguro, Sirius –interrumpió Bella.
-¿Por qué no?
-¿No has visto su expresión cada vez que se cruza con él? Yo diría que tiene ganas de matarlo.
-Es el mejor Black que he conocido hasta ahora.
Bellatrix enarcó las cejas ante la defensa que establecía su primo alrededor de Alphard. Ridícula en su opinión. Ese hombre ni era Black ni era nada. Por no ser, no parecía ni Sangre Limpia. Siempre hay equivocaciones. Algunos no merecían serlo.
-Eso no va a cambiar la opinión de ella –musitó, sus ojos volviendo al libro de Encantamientos-. Ni la mía.
-¿Y qué piensas?
-Que debería irse. –Bellatrix notó el silencio tras sus palabras como una descarga por su cuerpo, y levantó la vista para clavar sus ojos en Sirius-. No hace más fácil soportar todo esto.
El verano estaba siendo horrible. Era mejor estar sola que buscar la compañía de cualquiera de sus familiares. Sirius, a diferencia del año anterior, pasaba menos tiempo fuera de casa, pues Alphard le insistía tanto en que le contase sus historias sobre Hogwarts que al final él cedía gustoso, pues por fin había encontrado alguien a quien no le importase que fuese un Gryffindor.
Todo eso significa que ella coincidía muchas veces con él por la casa, a menos que se encerrase en su habitación, como acostumbrada a hacer durante horas. Normalmente no se dirigían la palabra, pero como estuviese Alphard rondando, en seguida preguntaba a Bellatrix algo sobre Durmstrang. Estaba tan interesado por su colegio como por la peculiaridad que daba Sirius a la familia Black.
Bella, en ciertas ocasiones aunque no lo admitiese, escuchaba con curiosidad. Sirius no había perdido el tiempo en Hogwarts durante esos dos años. Tenía un grupo de amigos con los que se dedicaba a recorrer el castillo, descubriendo los muchos secretos que guardaba.
-Seguimos a Snivellus durante más de dos horas, turnándonos, hasta que al fin fue a la Sala Común.
-¡Quién lo diría que al final ese chico os ayudaría!
-Si se entera que descubrimos la Sala Común por él le daría algo –rió Sirius, echándose atrás en el sillón. Bellatrix lo miró, pasando una hoja distraída. Más que leer escuchaba-. Pudimos escuchar la contraseña y todo.
-¿Pero no las cambian?
-Sí, pero nos encargamos de que Snivellus nos vuelva a ayudar más veces.
Alphard se echó a reír, mascullando el sobrino tan inteligente que tenía, y rogándole que le contase más cosas sobre sus dos años en Hogwarts. Empezó a hablar sobre James, Remus y Peter, y alguna de las muchas bromas que solían a hacer a los de Slytherin.
Bellatrix empezó a sospechar que la estancia de Regulus en el castillo no sería tan tranquila ni tan agradable como su madre le había prometido. Aprendería algunas cosas por las malas, eso seguro.
Pocos minutos después, cuando Sirius contaba cómo habían inundado la clase de Historia de la Magia y el profesor –un fantasma que ni siquiera sabía que estaba muerto- había seguido explicando una revolución de duendes, entró por la ventana una lechuza oscura. Bella supo inmediatamente que se trataba de una de las de Zahn, y se incorporó, dejando el libro sobre la mesa de café, para quitarle el mensaje de la pata.
-¿Algún mensaje de un amigo? –preguntó Alphard, que, junto a Sirius, miraban la cara sorprendida de Bella al leer la carta.
-Sí –respondió escuetamente Bellatrix levantándose, y acercándose a la puerta. Aún estaba... sorprendida, pero tenía muy claro qué hacer. Recorrió el pasillo y llamó a la puerta salón, donde sabía que su tía llevaba encerrada toda la tarde, con orden expresa de no ser molestada.
-¿Qué pasa?
Abrió la puerta, sin molestarse en recibir permiso para entrar. Los ojos de su tía se clavaron en ella fulminantes, y Bella se dio cuenta de que hasta ese momento había estado hablando con alguien vía chimenea. La cabeza de una mujer que rozaba la cincuentena flotaba entre el fuego.
-¿Qué quieres?
Bellatrix se mordió el labio, pensando por dónde sería mejor empezar. Necesitaba que aquello le saliera bien.
-He recibido una carta de Zahn Novak –dijo, enseñando el trozo de pergamino.
-Vaya –respondió con una complacida sonrisa su tía, y a Bellatrix le recorrió un escalofrío-. Justo hablaba de él con Denébola.
Denébola era una Black. Bellatrix había oído mencionar su nombre en alguna ocasión, y recordaba su rostro de alguna fiesta familiar, pero nunca había hablado con ella. No la conocía.
-¿Ah, sí? –Bellatrix arqueó una ceja, sospechando sobre qué habían estado específicamente hablando-. Ya te dije que estaba comprometido.
-Por ahora sabemos que es de una buena familia de Sangre Limpia, pero que se mantienen en un segundo plano la mayoría de las veces. Extranjeros. Pero de compromisos no hemos averiguado nada.
Bellatrix resopló. ¡Ella no quería hablar sobre ello! La idea de que su tía pudiese averiguar la verdad la aterraba. Podía verse comprometida con su mejor amigo de la noche a la mañana, y no podría hacer nada.
-Me ha invitado a pasar el resto del verano a su casa.
La sonrisa de su tía se pronunció, y, por primera vez, Bellatrix escuchó la suave risa de Denébola. Era tétrica, casi tanto como su aspecto. Sus ojos grises eran tan claros que incomodaban.
-Supongo que habrás venido a pedir permiso.
-Claro –masculló entre dientes. ¿A qué sino habría ido voluntariamente a hablar con su tía?
-Lo tienes –dijo la mujer, haciendo un gesto con la mano-. ¿Dónde viven?
-No lo sé.
-¿Y cómo piensas ir?
A eso era a lo que no quería haber llegado. Un punto sin retorno...
-Vendrán a buscarme.
-Qué interesante. ¿Alguno de sus padres?
-Su tío.
-También me vale –dijo, después de pensarlo unos segundos-. Ve a prepararlo todo entonces. Y más te vale comportarte bien.
OoOoOoOoOoOoO
Cuando Bellatrix abrió la puerta de la entrada, se encontró con Gavriel.
-Buenos días, señorita Black –saludó, haciendo un gesto con la cabeza. Ella se apartó y dejó pasar a su profesor, sintiéndose muy incómoda. A pesar de las semanas transcurridas, seguía mostrándose igual de frío con ella-. ¿Está lista?
-Sí –contestó, señalando su baúl. Había sido difícil organizarlo todo. Además de todo lo que necesitaba para pasar el resto del verano, había tenido que meter lo necesario para su siguiente curso en Durmstrang-. ¿Nos vamos?
La impaciencia sonó en su voz, y Gavriel la miró fijamente cuando cerró los ojos despacio, justo después de escuchar una puerta abrirse.
-Buenos días –dijo la tía con un tono de voz muy agradable.
Gavriel respondió al saludo, y Bella supo que la estudiaba con mucha atención. Su tía estaba, por mucho que no quisiera admitirlo, muy hermosa. Su pelo caía en bucles caoba alrededor de su rostro, maquillado ligeramente para darle luminosidad. Sus gruesos labios se curvaron en una encantadora sonrisa.
En un descuido de Gavriel, donde se volvió a observar el hall de Grimmauld Place, mientras explicaba que estaban encantados por que Bellatrix pasase el resto del verano con ellos y que su sobrino había insistido mucho –ante esto los ojos de la señora Black se iluminaron-, ésta lanzó una mirada de advertencia a la chiquilla, que se apresuró a alejarse de los dos adultos y salir al jardín delantero. Desde allí no podía escuchar su conversación, aunque podía suponer de lo que estaban tratando. Su tía era una experta en sacar la información que quería sin que su víctima se diese cuenta.
Pero al parecer Gavriel era más inteligente que ella, porque pocos minutos después ya lo tenía a su lado.
-Ya he mandado con magia tus cosas –le informó-. Nosotros nos apareceremos.
-Aún no puedo aparecerme.
-Lo sé –respondió secamente, sin dar más explicaciones-. Cógete con fuerza a mi brazo. Será sólo un momento.
Bellatrix le obedeció, y sintió como al instante todo se volvía negro alrededor suyo. La presión la acataba por todos los lados, impidiéndola respirar y aprisionándola el pecho. NO mucho después pisó suelo firme, y, aunque tardó un rato en poder enfocar todo con claridad, en seguida se acostumbró.
Estaba en una sala grande, muy elegante. Una por la que su tía se hubiera muerto de envidia. Los suelos eran de mármol, los sillones grandes y de un granate oscuro. Había muchos cuadros antiguos con elaborados marcos colgados de las paredes, con habitantes que no cesaban de moverse y de hablar entre ellos.
Bella dio un par de pasos, observándolo todo con curiosidad.
-Zahn está en la habitación de al lado –dijo Gavriel, mirando con un deje divertido a la chica. A pesar de estar decepcionado con ella, admiraba su continuo interés por todo. Él salió de la habitación y Bella no tardó en seguirlo, pasando detrás de él cuando abrió la puerta de donde estaba supuestamente su amigo-. Ya hemos venido.
-¿Bella?
La chica sonrió a su amigo, y le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo.
-Os dejo. Enséñale la casa si quieres –dijo Gavriel, despidiéndose-. Puede que le interese la sala del sótano.
Una vez se cerró la puerta, Zahn se acercó a Bellatrix.
-Tenía ganas de verte.
-Sí, yo también.
Bellatrix miró a la puerta cerrada, esperando quizá que Gavriel volviese a entrar.
-Volverá a la hora de la cena. Hoy tenía trabajo –explicó-. Venga, te enseño la casa mientras me cuentas qué tal el verano.
-Odioso –masculló la chica-. Pero supongo que ya debería haberme acostumbrado.
-Ya –respondió Zahn-. Te entiendo. Yo con mis padres tampoco me llevo muy bien, pero no los veo mucho, así que no me quejo. He pasado todo el verano con Gavriel.
-¿Cuál es la sala del sótano? –preguntó Bellatrix, recordando las palabras de su profesor.
-Oh, es un pequeño museo de objetos de Artes Oscuras que ha conseguido mi tío. A veces se va de viaje y vuelve con cosas nuevas. -Bellatrix sonrió levemente, un remolino de complacencia naciendo en su estómago. Que Gavriel hubiese dicho que tal vez le interesaría aquello era una buena señal-. ¿Vienes o no?
-Sí, claro.
Bajaron una escalera larga de caracol, bastantes metros por debajo del primer piso.
-Ten cuidado ahora –le avisó Zahn, y la chica se paró en seco-. No toques el picaporte. Esto está lleno de hechizos y maldiciones. Los objetos que hay dentro son prácticamente únicos.
Zahn dijo una contraseña que Bella no alcanzó a oír y luego ya abrió la puerta, que, por lo demás, ofrecía el aspecto de una normal y corriente. La sala a la que accedieron era larguísima, con vitrinas a ambos lados, dejando un pasillo libre en medio cubierto por una alfombra oscura con motivos rúnicos.
-Vaya –exclamó Bellatrix, francamente sorprendida. Era impresionante. Se adelantó, echando un vistazo a la primera vitrina. Había extendido ahí con el mayor cuidado un pergamino de apariencia antiguo, escrito en una lengua que no reconoció.
-Es una maldición –empezó a explicar Zahn- que se usó sobre todo durante la Edad Media.
-¿Y qué hace?
-Mata. –Bellatrix alzó las cejas ante tan escueta explicación-. Es como una plaga. Lo que los Muggles conocen como la Peste Negra.
-¿Quién la creó?
-No se sabe –respondió, encogiéndose de hombros-, pero podemos suponer que estaba loco.
Bella avanzó hasta la siguiente vitrina, notando como su sangre se paralizaba poco a poco.
-¿Y esto?
-Es más una leyenda –musitó Zahn, clavando sus ojos grises en la pequeña llave oxidada que había ante él-. Se dice que es la llave que cerraba el escondrijo del mago tenebroso Grindewald.
-Bromeas –soltó con mordacidad-. ¿Un mago tenebroso usando una llave?
-Mi tío no la tiene aquí por nada. –Zahn esbozó una sonrisa algo tétrica-. Si la tocas, te quema la piel hasta el hueso. Y cuentan que tiene muchos más poderes ocultos, aunque aún no ha descubierto cuáles.
-Pensé que a Gavriel no le gustaban los magos tenebrosos.
-Y no le gustan –respondió el chico-, pero estos objetos sirven para sus estudios de las Artes Oscuras. No saldrán de aquí, y no los usará para nada.
Se quedó callada, sin entender esa mentalidad aún. Era como... estudiar Transformaciones durante años y luego negarse a convertir una piedra en un pájaro. ¿Para qué estudiar tanto si luego se negaba a usar lo aprendido?
-¿Seguimos?
-Vale.
Zahn le enseñó varias vitrinas más, todas con objetos igual o más interesantes aún. Todos relacionados con la muerte, de la más terrible y cruenta de las formas.
-Esta copa fue muy usada en las cortes de Francia. En cuanto bebes de ella, mueres envenenado.
-¿Sin necesidad de echar veneno?
-El veneno está en la propia esencia de la copa.
Los ojos oscuros de Bellatrix se perdieron en el oro y los rubíes que la adornaban, a modo de aviso de que el lujo significaba el paso a mejor vida.
-¿Y cómo averiguáis todo esto sin probarlo?
-Buscando en libros y textos. La biblioteca que tiene mi tío es enorme, ya te la enseñaré –dijo Zahn, echando un vistazo a la última vitrina-. Todos los días me hace buscar información sobre algo de Artes Oscuras.
-Ya.
-Darás clases conmigo ¿no?
Bellatrix se revolvió incómoda, recordando que Gavriel usaba los veranos para enseñar a su sobrino aún más Artes Oscuras. Zahn tenía un nivel muy superior al que correspondía a su edad, y ella, con las clases particulares que daba durante el curso, superaba bastante a sus compañeros.
Rememoró lo incómodas que habían sido las últimas clases después de la discusión que tuvieron, y no estaba muy segura de querer repetir la experiencia.
Aunque sabía que no podría negarse.
OoOoOoOoOoOoO
Bellatrix pocas veces había pasado un verano tan tranquilo, con el que disfrutaba. Las vacaciones en Grimmauld Place eran continuas discusiones, no como allí. Incluso estudiando, por primera vez no deseaba volver al colegio.
Había empezado a dar clases de Artes Oscuras, completamente prácticas, cosa que agradecía. Suficiente tenían ya con todos los trabajos que les habían mandado el resto de profesores. Viola, especialmente, se veía muy interesada porque sus alumnos pasasen un buen verano estudiando Encantamientos... o, mejor dicho, que Bellatrix lo pasase. Pero todo eso apenas les llevaba un par de horas al día, y el resto era tiempo libre.
Fueron varios días al Callejón Diagon, donde compraron los materiales, aparte de pasarse por el callejón Knockturn acompañados por Gavriel, que se negó a que fuesen solos. Entraron en algunas tiendas que Bellatrix no había visitado nunca, especialmente extrañas, escondidas en callejuelas estrechas y oscuras. Zahn le contó que allí Gavriel solía hacer negocios para conseguir objetos que llevaba a su museo. Y, por el precio de algunos de los que vio allí, éste tenía que ser de un valor incalculable.
Pero durante el resto del verano no salieron de la casa. Paseaban por el enorme jardín, sentándose en la hierba a hablar durante horas, tal como solían hacer en Durmstrang. Desde allí Bellatrix podía observar perfectamente la casa. Era fina, de líneas elegantes. Y, a pesar de ser en ocasiones retorcida en los adornos, formaba un conjunto atractivo a la vista. La chica había llegado a aprendérsela de memoria. Sus numerosos pasillos y habitaciones ya no eran un misterio para ella.
No había agradecido a Zahn el haberla invitado. Miró a su amigo, que, callado, tenía la mirada perdida. Su piel tenía un tono tostado que normalmente perdía durante el invierno en el colegio, y sus ojos parecían más claros al sol.
Sintió arder sus mejillas al pensar en esa mañana, y apartó la mirada de Zahn.
Se había estado vistiendo cuando él entró en su cuarto, olvidándose, a saber por qué, de llamar a la puerta. La había encontrado medio desnuda, y los dos se habían quedado paralizados sin saber qué hacer. Zahn se había disculpado tropezándose con las palabras y había cerrado la puerta a toda velocidad.
Luego no había conseguido hablarla durante todo el desayuno, con Gavriel mirándolos entre curioso y divertido. Se imaginaba que había pasado algo, aunque ninguno de los dos había abierto la boca.
-Esta tarde daréis la clase los dos solos –dijo Gavriel, después de beber de su copa.
-¿Y eso?
-Quiero que practiquéis las maldiciones sobre vosotros. Tenéis que entrenar.
Bellatrix se mordió la lengua. El "para qué, si no vamos a usarlas" murió en su garganta, y cogió otra tostada para disimular su agitación. Podía ver de reojo que Zahn evitaba mirarla, y no podía pensar en cómo iban a hacer para trabajar en pareja si cada vez que sus ojos se encontraban se morían de vergüenza.
La chica se fijó en Gavriel. A través de su imperturbabilidad, casi podía asegurar que disfrutaba con su incomodidad.
El verano no iba a ser tan sencillo después de todo.
N/A. Vaaaaaale, sé que la mayoría me vais a querer matar por dejarlo aquí xD pero os juro es que no veía final a este xapi. Podía haber seguido contando las vacaciones durante eoooones jaja, así que decidí cortar por lo sano. Me ha salido bastante largo la verdad, unas 12 hojas xD Durante los veranos, como siempre hay mucho que contar, pues me alargo más.
Lo que más me gusta de todo esto creo que es que vuelve a aparecer Sirius. Como veis, tienen los dos un juego de miradas bastante extraño, ya que evitan dirigirse la palabra. Y con Alphard todo es mucho más complicado, porque parece que incita a Sirius a sentirse orgulloso de las cosas por las que debería estar humillado. ¿Os ha gustado el personaje? Me ha resultado casi como un niño grande xD pero creo que como personalidad está bien para atraer a Sirius, y luego para dejarle su herencia. Y, bueno, la verdad que fue un detalle sobre la marcha, pero espero que os hayáis fijado en cuando Alphard dice "un auténtico merodeador" juju. Esa es mi explicación a de dónde sacaron el nombre xP
Y Zahn... jiji. Ha vuelto a aparecer en este xapi, con Gavriel. Quería dar a entender un acercamiento entre éste y Bellatrix de nuevo, aunque supongo que esperaré al próximo xapi para resumirlo todo mejor, ya que tampoco tengo mucho pensado. Sólo que saldrá Narcisa xD ¡que hasta ahora nunca había salido!
Y la verdad no hay mucho más que contar. Agradezco la paciencia que tenéis con este fic, porque son muchas cosas las que hay que pensar, y tardo demasiado T.T Este verano me gustaría poner las pilas, pero lo mismo dije el pasado y no hice nada. Xapi 20, xapi 20... estoy deseándolo. Opiniones, plz! xD
Joanne
