Kiss me in the darkness.

Autora: Black Song 11.

Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Masashi Kishimoto, pero los personajes inventados son míos y la historia también lo es.

NOTA: En este capítulo se menciona algo llamado "Epidural", eso es una anestesia local que les dan a las embarazadas cuando tienen demasiados dolores por las contracciones.

XII

Parte primera.

—¿Cómo supieron que estaba aquí? —preguntó, con dificultad.

—Ino vio en internet que un fan tuyo te vio entrando al hospital —respondió Karin, tratando de calmarla acariciando suavemente su cabello, lo cual era inútil.

—...Con Sasuke —terminó de decir Ino.

Sakura no podía ignorar eso. Ahora todos en la red sabrían lo que había pasado entre ellos, y su reputación quedaría marcada como la de una puta que le abrió las piernas a un hombre casado.

Su mente estaba en blanco. No sabía si gritar, llorar, patalear o las tres cosas. Otra fuerte contracción llegó y comenzó a hiperventilar y a retorcerse sobre la cama. Jadeó de dolor y sus amigas la miraban preocupadas.

—¿No quieres que llame a alguna enfermera para que te dé la Epidural? —preguntó Karin, acariciándole la mano a su amiga mientras se la estrechaba.

Sakura miró a Karin como si fuera un hereje cometiendo el peor pecado del mundo.

—¡No! —gritó ella. Sabía que la Epidural aliviaría el dolor que sentía en aquel momento, pero había escuchado que cuando tienes un parto natural la recuperación es más rápida.

Ino la miró con reproche porque serían ellas quienes aguantarían sus gritos y quejidos, aunque en realidad la que más sufría era Sakura.

Naruto finalmente alcanzó a Sasuke en el estacionamiento del hospital y lo acorraló para así asegurarse de que no escapara y le contara todo lo que había ocurrido.

—¿Qué quieres, idiota? —preguntó, claramente fastidiado.

—Quiero que me expliques todo. ¿Qué fue eso de que Sakura-chan era tu amante?

—¡No era ninguna amante! —respondió Sasuke, masajeándose el puente de la nariz— Tú sabes que no estoy casado y que no he tenido ninguna relación con nadie hace mucho tiempo.

—¿Entonces quién le dijo eso?

Sasuke se encogió de hombros.

—Una vez me vio con Tenshi en un supermercado. Quizás lo malentendió.

La sorpresa de Naruto no se hizo esperar.

—¡Pero ella es la esposa de tu hermano! ¿Cómo diablos lo pudo haber malentendido? —gritó Naruto, histérico.

Sasuke sólo se limitó a encogerse de hombros. Se pasó una mano por la cabellera azabache y se apartó del rubio.

—No me molestes —dijo, antes de abrir la puerta de su auto, pero Naruto lo detuvo.

—¡Espera! —Sasuke se detuvo y lo miró por encima del hombro— ¡¿Por qué te fuiste?! ¡¿Por qué no le explicaste lo que realmente sucede?!

—Naruto... —comenzó a decir, pero se detuvo un momento para buscar las palabras necesarias para explicarse—, Sakura comenzó a odiarme de la noche a la mañana, luego cortó toda la comunicación conmigo e hizo lo imposible para apartarme de su lado, ¿realmente crees que con sólo explicárselo lo entenderá y retomaremos la relación como si nada hubiera pasado?

—¡Pero nada pierdes con intentarlo! —gritó el rubio en respuesta, pero Sasuke volteó la cabeza y se subió al auto.

—¿Eso quiere decir que ella no te importa? —el rubio se desanimaba más y más acorde iba avanzando la conversación.

—No. Significa que le estoy dando su espacio.

Sasuke cerró la puerta del auto.

—¡¿Qué harás para el nacimiento de tu hijo?! —gritó lo suficientemente fuerte como para que él lo escuchara.

Un estruendoso grito de dolor arremetió la habitación, avisando de una fuerte contracción.

—¿Qué tal vamos? —preguntó la rubia, sujetando la mano de su amiga.

—Dos horas en labor —respondió Karin mirando su reloj—, o eso desde que llegamos.

La respiración de Sakura se calmó y ésta pudo soltar un poco el agarre de la mano de Ino. Unos tímidos golpeteos en la puerta llamó la atención de las tres mujeres.

—Pase —alzó un poco la voz. Naruto emergió de la puerta.

Se le notaba nervioso, más que nada porque creía que después de haber, prácticamente, defendido a Sasuke y corrido tras él, las chicas no lo aceptarían de vuelta.

El rubio alzó un poco la frente para encontrarse con sus tres amigas cruzadas de brazos ante él.

—¿Y bien? —cuestionó Karin, rompiendo con el incómodo silencio— Ya sabemos en qué bando estás así que suelta la sopa.

Todos miraron a Karin.

—¿La sopa? —preguntó Sakura con mueca divertida.

Karin se encogió de hombros e inmediatamente hubo un cambio de atmósfera en el lugar, los tres pares de ojos femeninos estaban plantados en el pobre rubio que tenía que confesar todo lo que sabía.

—Escuchen. No puedo decirles nada —cortó su discurso ante la mirada asesina de Sakura—. ¡Porque a mí no me corresponde decirlo! Sólo les diré que fue un mal entendido.

Sakura se relajó, pero su cabeza era más que un desastre. Suprimió como pudo cualquier ápice de felicidad de su rostro. Desde hace mucho tiempo que tenía el presentimiento de que algo no encajaba. Por un segundo pensó en decirle a Naruto que llamara a Sasuke y que le pidiera que le explicara él mismo todo lo que estaba pasando, pero no podía, tenía que ser firme en su decisión de quitar al Uchiha de su vida y de la de su hijo.

Pero el ser firme no era su único motivo, ella también se sentía decepcionada de que él no haya hecho un esfuerzo aunque sea un poco mayor por quedarse ahí para presenciar el nacimiento de su hijo, a fin de cuentas era sangre de su sangre. Tan sólo pensaba en que si él hubiera hecho siquiera un ínfimo intento ella hubiera dejado que todo fluyera y quizás actualmente estarían juntos esperando por que llegara el motivo de su familia feliz: su hijo. Pero no. La vida no era tan hermosa. Él era un cobarde que no hace nada por nadie.

En su mente fue: un... dos... tres...

Sakura comenzó a gritar.

—¡¿Qué pasa?! ¡¿Por qué grita?! ¡¿Está bien?! —preguntó Naruto, atropelladamente debido a la preocupación.

—Es otra contracción —respondió Karin.

—Cuatro minutos. Como reloj —contó Ino revisando su celular.

Apagó el motor de su auto y recostó la cabeza en el volante. Aquella era una de esas pocas veces en que él no sabía qué hacer, no podía obligarla a quererlo o a escucharlo, pero él de verdad quería estar ahí para el nacimiento de su hijo y ella ni siquiera lo quería ver.

Se bajó del automóvil lentamente procurando no chocar con nada. Se percató de que estaba fuera del departamento de Sakura, o por lo menos el antiguo. Se paró frente a la puerta de la reja de entrada y, sin saber por qué, tocó el timbre.

—¿A quién busca, señor? —preguntó alguien que regaba el jardín de la casa vecina.

Sasuke no respondió, sólo se quedó mirando la casa, con la mente completamente en blanco.

—La señorita ya no vive ahí —explicó la misma persona.

Él ya sabía que no había nadie dentro de la casa, sólo quería revivir el momento de la última vez que entró por esa puerta y estuvo con esa mujer.

Su teléfono sonó, alertando el arribo de un nuevo mensaje.

"Tu hijo está por nacer, ¿estás seguro de que te lo quieres perder?"

Guardó inmediatamente el teléfono y corrió hacia el auto bajo la atenta mirada del hombre en el jardín.

Llegó al hospital nuevamente, pero dudó, caminó hacia uno de los asientos de la sala de espera y ahí se quedó.

Sakura había pasado una dolorosa noche en labor de parto, pero sus fieles amigos no se habían apartado de su lado.

—Buenos días —saludó una enfermera que entraba a la habitación.

La enfermera revisó a Sakura para saber cuánto había dilatado.

—Muy bien, falta sólo un poco más y podrás empezar a pujar.

Todos sonrieron ante la noticia e Ino no perdió el tiempo y comenzó a llamar a amigos y familiares cercanos de Sakura.

La Haruno suspiró. Había llegado la hora, al fin. La imagen de su madre sonriendo le dio fuerzas para seguir adelante; dejó la mirada fija en el techo e imaginó cómo sería su bebé y no pudo evitar fantasear con un pequeño y hermoso varón, un niño cuya risa iluminaría sus días y hasta le había planificado el nombre perfecto: Kazuo, que significaba "Hombre de paz", porque eso sería para ella: paz.

—Sakura-chan —llamó Naruto, ésta lo miró—. Iré a comprar algo de beber, ¿quieres algo?

Sakura lo pensó.

—Se me antoja un jugo de naranja.

El rubio asintió y fue a ello. Sin saber cómo; después de unos pasillos que más parecían laberintos, y que eran todos iguales; terminó en la sala de espera, pero sus ojos de todas formas se iluminaron porque encontró una máquina dispensadora de líquidos. En cuanto se encaminó a lo que debía hacer, se vio interrumpido por algo interesante que encontró junto a la máquina.

—¿Sasuke?

El pelinegro reaccionó ante lo que escuchó y alzó la cabeza exaltado. Naruto divisó las claras señales de que él había pasado ahí toda la noche: ojeras, ojos rojos, piel más pálida de lo normal y que además llevaba la misma ropa del día anterior.

—¿Qué haces aquí? —el Uchiha no respondió. Abrió y cerró la boca repetidas veces, pero de ésta no se emitió palabra.

Finalmente se rindió y agachó la cabeza derrotado, lo habían descubierto, no tenía porqué esconder nada.

—Quiero ver a mi bebé nacer —respondió, pero un volumen muy bajo.

—¿Qué dices? No te oigo —se burló Naruto, tratando de sacar a Sasuke de su caparazón.

—¡Quiero ver nacer a mi bebé! —el rubio sonrió.

—Será difícil, pero creo que aún puedes convencer a Sakura de que te deje entrar.

Ambos se dirigieron hacia la habitación de Sakura y dentro de ésta había un par de enfermeras. Las cinco mujeres miraron a Sasuke y a Naruto como si fueran bichos raros.

—¿Qué haces aquí? —pregunto Sakura, obviamente furiosa.

—Es mi hijo también, Sakura

—¡No, no lo es! Ya te acobardaste una vez, no vengas a hacerte el padre ahora.

Los espectadores de la discusión miraban a las dos personas como si de un partido de tenis de tratara.

—Sakura-chan —cortó Naruto—, él es el padre de tu hijo, y mira que aquí lo tienes dispuesto a explicarte respecto a todo este mal entendido.

Una sonrisa estuvo a punto de formarse en los labios de Sakura, pero ésta la retuvo.

—¡No creo que puedas explicar algo como eso! Y espero que entiendas que lo que hiciste no merece perdón —soltó, con todo el veneno que pudo agregarle, no quería creer que estaba en un error, pero a la vez sí.

—Es que no tienes nada que perdonar. Yo no vine aquí por tu perdón —Sakura lo miró ofendida, inmediatamente.

—¡¿Cómo te atreves a decir eso?! ¡Hipócrita! —gritó Ino, mientras se acercaba a él peligrosamente.

—¡Basta ya! —intervino una de las enfermeras— Este bebé está por nacer y lo último que necesita es que sus padres estén discutiendo. Señor, o se queda en paz o se va —finalizó la enfermera con una firme advertencia.

Sakura no lo quería ahí, pero, para sorpresa de todos, no dijo nada; después le serviría para sacárselo en cara.

—¿Está lista para pujar, Haruno-san? —preguntó la otra enfermera. Sakura asintió. La mujer hizo una seña para que su compañera fuera por la partera.

Tan pronto llegó la partera, Sakura comenzó a tener contracciones así que todos se pusieron en sus lugares y el parto comenzó. Karin captó todo en la cámara, Ino y Naruto se posicionaron la izquierda de Sakura y Sasuke estaba sentado a unos metros de la cama.

El dolor era más que insoportable. Para todos, ese era el momento más hermoso en la vida de una persona, pero ella sólo quería que se acabara. Lo miró fijamente y su corazón se oprimió, él la miraba de vuelta, con una profunda expresión de preocupación y ella estaba segura de que era sincera.

Apartó la mirada, desviándola hacia su diestra y pensó en lo bien que le sentaría que él estuviese ahí.

—Todo va excelente, señorita Haruno —comentó la enfermera—. Ahora sólo quiero que se relaje y que puje cuando yo le diga.

No lo soportó más. Lo necesitaba. Lo necesitaba ahí, a su lado, sujetando su mano, apoyándola en silencio, ese silencio tan característico de él. No pudo más. Lo miró nuevamente y todas las demás personas presentes ahí desaparecieron.

—Sasuke.

Él se levantó inmediatamente, pero no se movió más. No quería malinterpretarla de alguna forma.

—... ven aquí —finalizó. Sasuke se dirigió hacia ella a paso raudo y apretó su mano.

Ella sonrió, en medio de todo ese dolor sintió el alivio de tenerlo cerca.

—¡Puje! —exclamó la enfermera, posicionada para recibir al bebé.

Sakura, como cualquier inexperta madre primeriza decidió seguir sus instintos y pujar como éste le dictaba.

—¡Vamos, Sakura! —animó Ino, y los demás la siguieron.

Gemidos, jadeos y gritos de emoción inundaron la habitación cuando la enfermera anunció que podía ver la cabeza del bebé.

—Veo su cabecita —gritó Karin, haciendo esfuerzos sobrehumanos por no llorar de emoción— ¡tiene cabello negro!

Sólo tomó un par de minutos de dolor para Sakura antes de oir:

—¡Es una niña!

De parte de una eufórica Karin.

Sakura suspiró y su cuerpo se relajó de tal manera que cayó como peso muerto sobre la cama. Aunque las lágrimas de emoción no tardaron en aflorar de sus ojos.

El llanto de la bebé se hizo escuchar, el sonido más maravilloso del mundo a los oídos de los padres de la niña. Sakura miró hacia arriba, donde estaba Sasuke, y notó que sus ojos estaban cristalizados, casi como si sólo necesitara pestañear para soltar las lágrimas. Luego bajó la vista hacia su mano derecha y notó que él aún la estrechaba con fuerza, como si se aferrara a la realidad que él deseaba vivir desde hace algún tiempo.

No fue sino hasta entonces que ella decidió darle otra oportunidad. Tal vez todo era realmente un malentendido y ella no le había dado el tiempo de explicarse correctamente.

La madre primeriza volvió a la realidad cuando notó que la enfermera se acercaba a ella sujetando a la recién nacida con mucho cuidado

Para Sakura, aquella pequeña niña de cuerpecito colorado y manchones de cabello color negro en la cabeza, era lo más hermoso que había visto en su vida. La tomó y la colocó encima de su pecho para observarla con más detalle. Esa nariz pequeña y respingada que ella definitivamente había sacado de su madre; los delgados labios de su padre y, por supuesto, esos ojos pequeños con tendencia a un iris oscuro a pesar de ser tan pequeña.

Sasuke se acercó a ellas y estiró una de las manos para tocar a la pequeña, pero no pudo ya que ésta se aferró a su dedo índice con esa manita pequeña que poseía.

Él no pudo evitarlo. Se acercó lentamente a la niña y le plantó un casto beso sobre su frente; un beso lleno de amor y de sus verdaderos sentimientos.

Sakura los miró enternecida, pero antes de que se diera cuenta, Sasuke ya se había acercado a ella y le había robado un beso de los labios. Beso que ella no rechazó, para sorpresa de los presentes.

Pero esto fue lo último que hizo él y se retiró a paso lento de la habitación, dejándolos a todos pasmados.

~Continuará~

...

¿Qué puedo decirles? Han pasado muchas cosas... no es excusa. De veras lamento la demora. Ahora sí les permito que afilen sus cuchillos; es lo justo. No es que no tenga la intención de continuarla, es que mi inspiración se fue con un papote de dos metros al Caribe y... eso. Me siento terrible por dejarlas esperando todo este tiempo.

Bueno... ¡es una niña! Estoy segura de que más de alguna lo sospechó desde la escena en la tienda de bebés xD. Para que vean que lo tenía planeado desde antes de que saliera Sarada en el manga.

No tengo nada más que decir, sólo que... nueve meses D:. Hay mujeres que quedaron embarazadas y tuvieron sus bebés en el lapso que actualicé D:. No pasará de nuevo. Sé que suena horrible, pero... ya estamos por terminar la historia y creo que vendrán más y estoy planeando publicar en Wattpad o en FictionPress, porque como que me enamoré de las historias originales y tengo algunas ideas escritas. Veré si puedo adaptar alguna al SasuSaku ;). No las entretengo más.

¡Las quiero! Sus reviews fueron el motivo de mi regreso.

¡No estaba muerta, andaba de parranda!

(Mentira, andaba en la universidad; ojalá hubiera andado de parranda ;-;)