Al final decidí continuarlo aquí, eh. ;) Gracias a todas, especialmente a Lonardi:*.
Hay más fluff que de costumbre y el drama no se hace presente en este capítulo. Por supuesto que para mí es así. (Por cierto, si les interesa, el FanFic ya está completo en Wattpad con el nombre de The Hope of Kuroko).
Kuroko no Basket, para mi suerte y la de todos ustedes, es propiedad de Fujimaki Tadatoshi.
The wedding
III
El despertador suena, y consigue así que me levante de la cómoda cama y salte para ver la hora. Por más que lo niegue, no quiero faltar a la boda. Después de todo, nada cambia el hecho de que Akashi-kun es en realidad muy importante para mí.
Es que, él fue la persona que más me ayudó y animó.
Y por eso me duele tanto hablar en pasado.
Cosas como: Ayudó y animó... ¿Significa que él ya no está más? ¿Que ya no estará más?
Que me engañó respecto a todo y me deja de lado..., por Furihata-kun. Porque claro, él es mucho más importante que yo en este momento. Pero igual duele. De todas formas, por más que desee evitarlo y lo intente, el dolor sigue aquí. En mi pecho.
Es inevitable, ¿quizás es eso?
Sacudo la cabeza de un lado a otro rápidamente para esfumar esas cosas y continuar con los preparativos de vestimenta, entre otras. Ósea, para la boda.
De todas maneras es mejor así, mantener mi mente alejada de los pensamientos tristes y concentrarme en que mi mejor amigo se va a casar...
Se casará con alguien que no soy yo.
Curvo levemente mis labios; una pequeña sonrisa nostálgica.
Igualmente era predecible —aunque no para mí pero bah— que eso iba a pasar. El destino dice que no es bueno que terminemos juntos, entonces así va a ser.
Sin importar mi opinión, todo va a realizarse según como quiera el que lo maneja todo. No sirve mi esfuerzo y ejercerlo cuando ya di todo de mí, y aun así no se cumplió. Creo que llegue a mi límite y por ello digo esto.
Tal vez sí.
Simplemente me cansé de tratar de alcanzar algo inalcanzable. Algo imposible.
Suena el timbre del celular que tengo para Akashi-kun y me sobresalto; menuda coincidencia, ¿eh?
—Buenos días, Akashi-kun —saludo cortésmente. A pesar que lo conozco desde siempre, eso ya se me hace costumbre—. ¿Sucede algo?
—Tetsuya —me responde y siento un tinte de nerviosismo en ella. ¿Por qué? —Ehmm... ¿Sabes? Sé que es antes de tiempo, ¿pero quieres ir a tomar en el lugar de siempre? —mi instinto me dice que sonríe. Y sólo eso produce un vuelco en mi corazón, para que lata más fuerte y con velocidad alarmante—. Kouki está rodeado de personas entusiastas como Satsuki, y además, extraño estar contigo —elevo mis labios con felicidad—, aún me hace falta tu presencia —ríe—. ¿Quieres?
Aclaro mi garganta para evitar que suene muy aguda por la emoción.
Es raro; está a punto de casarse, sin embargo yo sigo en este estado de estupor con esperanzas vacías y sin sentidos. Sin rumbo ni meta alguna —triste, sí.
—Claro, Akashi-kun. Entonces... ¿En quince minutos? —pregunto de igual modo con el conocimiento de que va a aceptar. De sus labios sale un sonidito indicando que sí, y se despide de mí.
Como todo un adolescente y aún con la expresión inmutable —agregar mis gritos internos—, salto por toda la habitación. Esto produce que todo se vuelva un desastre—más del que había, claro. Luego voy a tener que limpiarlo, pero eso no cuenta ahora, porque prácticamente tengo una cita con Akashi-kun (mente, déjame con mis fantasías un momento, por favor).
¡Una cita!
—Oh, wow... Hace mucho tiempo que no gritaba en mi mente así.
Continúo de alguna manera hablando solo, conmigo mismo y con mi alegría (que ya hacía falta en mí).
Después de mucho tiempo, consigo elegir entre una ropa y otra, terminar de decidirme como toda una adolescente e ir al centro comercial para reunirme con Akashi-kun. Realmente estoy ansioso. Muy ansioso; y nervioso.
Entonces por fin llego a mi destino y no veo a Akashi-kun. Me fijo en mi reloj... Sí. Vine temprano. Aún no pasaron ni diez minutos desde que pactamos la hora (espera... ¿Fui un remolino al vestirme?), eso es lo malo de vivir demasiado cerca del centro comercial, supongo. Lo bueno es que puedo ordenar lo que quiero y no esperar.
Me encamino a la caja para ordenar y oteo a alguien tremendamente conocido allí; ¿Alguien puede explicarme por qué un perro está en la caja registradora? Es más, ¿me pueden decir por qué es Nigou?
Fijo bien la mirada, y caigo en cuenta de que antes le había pedido a Mayuzumi-kun que cuidara de Nigou mientras tanto.
¿Él tiene un trabajo de medio tiempo aquí? Mira tú, qué bueno.
Miro el reloj para saber qué hora es; las 1:11.
—Buenas tardes, Mayuzumi-kun.
Él se ve sorprendido, supongo la sorpresa lo embarga al verme por aquí.
—Buenas tardes, Kuroko-kun. ¿Cómo has estado?
Contesto con una pequeña sonrisa y un asentamiento, para ordenar el pedido; dos malteadas de vainilla —por supuesto que ambas para mí— y una sopa de tofu. Él se extraña de que pida eso, sin embargo pronto se da cuenta que la compañía que pronto vendrá es Akashi-kun.
—Entonces; dos malteadas de vainilla y una sopa de tofu —asiento con la cabeza—. Suerte y espero que disfruten aquí —se despide con un abrazo amistoso y se apoya en mí.
Aunque no sé por qué, con un poco de miedo —está levemente temblando, ¿es un terremoto o algo así?—, qué raro.
Al casi preguntarle, unas manos suavemente me acarician los cabellos y su aura imponente, como siempre, está presente.
Akashi-kun.
—Oh —doy media vuelta para dirigirme a él, que extrañamente le lanza una mirada furtiva a Mayuzumi-kun—, Akashi-kun —le abrazo por la cintura y le sonrío tímidamente.
¿Es extraño?
Si no es así, ¿por qué Mayuzumi-kun nos observa con una ceja alzada?
Dejo eso de lado y con Akashi-kun a mi lado nos vamos a una mesa a esperar la comida y conversar sobre cosas triviales -y puede que otras no tanto-.
########
El mareo vuelve a mí y las sensaciones de querer vomitar no desaparecen.
¿Cómo todo empieza de manera feliz, brillante y emocionante; para terminar así, triste, lúgubre y asfixiante?
Hoy era una buena tarde.
Sí... Era.
Hasta que llegó la hora de prepararse para la boda de Akashi-kun y eso me abrió los ojos de sobremanera.
Los ojos y la garganta me arden más y más, no se detiene. El dolor que tengo en el pecho tampoco lo hace, es terco, y no deseo eso.
Es más, anhelo que se detenga y deje de molestarme. Pero no lo hace.
Y bueno... ¿Qué se le va a hacer? Después de todo, me escondo debajo de una máscara sonriéndole a Akashi-kun, como todo un cobarde, sin querer decirle, ni siquiera susurrarle; mis sentimientos.
Por ello ahora mentalmente lloro.
Escucho con mucha atención la marcha nupcial y le doy la rosa roja a Akashi-kun para murmurarle un pequeño "felicidades" e irme a las bancas con los demás de Teiko, que están en un banco especial. Detrás de mí está Mayuzumi-kun, el primo (algo raro, no se parecen mucho que digamos) del emperador.
Inhalo el aire desesperadamente por enésima vez en el minuto y comienzo a tamborilear el asiento una y otra y otra vez, trato así de imaginar que la sensación de un ardor abrasador y cerrado que fluye por mi garganta no existe.
Imaginar también que el temblor de mis labios, mis piernas y mis manos no están. Desde muy el fondo de mi alma, intento imaginar que estos sentimientos nada buenos para mí —ni para nadie— ya no se encuentran, y con ello desearle sinceramente y con una felicidad buena suerte con su relación con Furihata-kun.
Prácticamente imposible.
Tiemblo mucho más rápido que antes, producto de mis hermosos pensamientos.
Por mi propio bien y por el de Akashi-kun, debo sacar estos sentimientos atrás para siempre.
Ser fuerte y fingir que las lágrimas que salen de mis ojos todas las noches por las pesadillas, ya se agotaron. Que ya no están más.
Mi deber es dejarlo de amar... Dejar de anhelarlo.
Ya detener mi imposible deseo y despertar de los delirios.
El único deseo de querer ser correspondido dulcemente, como una de esas series que ve o esos mangas que algunas veces ve que tiene en mano Mayuzumi-kun. Pero ya no.
Ya es imposible. Utópico.
Curvo los labios secos imperceptiblemente y levanto la mirada, obteniendo por última vez algo de Akashi-kun; su mirada y su atención. Acomodo miss cabellos que se mecen por el viento y, si no fuera por el gusto salado que siento de mis lágrimas, tal vez ya en mis pensamientos la idea de que esto es una pesadilla estaría presente.
Una terrible y tortuosa pesadilla hecha por mi mente, que representa mis temores más grandes, el miedo enterrado. Que Akashi-kun se aleje de mí.
Sin embargo, esto no es una ficción, tampoco una serie ni mucho menos una novela. Yo no soy un protagonista. Entonces, me tengo que quedar solo. Sin el amor de mi vida. Sin mi amado emperador.
Es la realidad golpeándome, de eso no tengo duda.
El amor es un sentimiento que albergo por Akashi-kun. Estos están conformados por un mar de sentimientos y sensaciones que mayormente me llevan por delante.
Y otras veces hace que retroceda.
¿Gracioso, no?
Rio por mi propio chiste y apoyo mi cabeza en el hombro perezoso de Murasakibara-kun, oculto de esa forma mi cara y desahogo mis penas con lágrimas.
Él acaricia mi espalda, parece que trata de tranquilizarme.
Eso hace que sonría con dolor. Con mucho dolor.
—Murasa...
—Silencio, Kuro-chin —ordena para mi sorpresa. Realmente es muy similar a un niño—. El silencio es primordial... Pero tampoco me gusta verte de esa manera.
Lo último lo dijo murmurándolo y aumenta mi sonrisa.
Es un buen amigo.
No, no...
Kise-kun coge mi camino con delicadeza, Midorima-kun me alcanza "casualmente porque está de más" mi objeto de la suerte y Aomine-kun hace lo mismo que Kise-kun (estoy comenzando a pensar que tiene la excusa perfecta para coquetear con el rubio).
Ellos son buenos amigos.
Son un apoyo indispensable.
Algo indispensable para que, por supuesto, no me destruya gracias a Akashi-kun.
Para que no me auto-destruya.
Para que, oh, terrible desgracia, no me rompa.
¿Pero cómo no quieren que lo haga, si Akashi-kun me lo pide? ¿Si él me mira de esa forma mientras estoy con ustedes?
Él me lo pide.
Yo se lo doy.
Yo siempre, siempre, le daré todo lo que desee.
Por y para siempre.
De pie, reverencia, ¡AYE SIR!
