Titulo: El masajista
Parte final
Naruto se acercó a la camilla y con toda naturalidad me quitó la toalla dejándome completamente desnuda. Sentí un escalofrío de deseo recorrer
todo mi cuerpo y como aumentaba la humedad entre mis piernas. Comenzó por masajearme la espalda y el cuello con movimientos lentos, pero fuertes, recorriendo cada uno de mis músculos que al paso de sus manos se des contractaban y relajaban.
A continuación siguió con los muslos, recorriéndolos de abajo
arriba y de arriba abajo. Cuando sus manos se acercaban a mi entrepierna
no podía reprimir un estremecimiento de placer y sensualidad, mientras mi vagina seguía desprendiendo jugos, que llegado ese momento, habían empezado a resbalar de mi coño y habían mojado ligeramente la sábana de debajo.
-¿Le importaría darse la vuelta, señora?
Me la di, exponiendo mis pechos y mi pubis desnudo a su mirada. Al darme la vuelta y tumbarme boca arriba, había dejado mis piernas ligeramente
entreabiertas, por lo que no podía dejar de ver mi pubis húmedo y
abierto como estaba. Con los ojos entrecerrados vi como su mirada se
detuvo en mi coño, sintiendo el deseo sexual que le vino y como el
bulto de su entrepierna creció ligeramente.
Comenzó con mis muslos, igual que antes de arriba abajo y de abajo
arriba, pero ahora noté que sus manos se acercaban más que antes a
mi entrepierna. Sentía mis jugos vaginales resbalar de mi coño,
humedeciéndome el canalillo entre éste y el ano. Era algo que no podía
dejar de darse cuenta y por el tamaño que iba adquiriendo su
paquete era evidente que se había dado cuenta de mi excitación y
deseo.
Sus manos cada vez se acercaban más y más a mi entrepierna, hasta
que cada vez que subían por mis muslos llegaban a rozar ligeramente
mi coño. El deseo que sentía era cada vez mayor, mi vagina estaba empapada y
deseaba más con cada roce la penetración.
Cuando sus manos rozaron de nuevo mi coño, abrí mis
piernas, lo suficiente para hacerle entender que deseaba otra clase de
masaje más íntimo y sexual.
Se incorporó, dirigiéndose hacia la puerta que cerró con llave y desnudándose al llegar a la camilla, se echó encima de mí, penetrándome de un solo golpe al mismo tiempo que su boca buscaba y encontraba la mía y su lengua penetraba hasta el fondo de mi garganta. Mi vagina se cerró al sentir su pene
dentro de mí, apretándolo en un movimiento involuntario como para
no dejarlo salir.
Sentía sus empujones en el fondo de mi coño, dándome un placer intenso, al mismo tiempo que sentía su cuerpo fuerte y musculoso sobre el mío,
apretándome los pechos con el suyo y su lengua apresando la mía.
Levanté mis piernas, apresando sus nalgas con mis pantorrillas, y su pene
penetró más profundamente dentro de mí. Las oleadas de placer previas al
orgasmo empezaron a recorrer mi cuerpo, hasta que sentí como si todo
mi cuerpo estallara mientras mis piernas le empujaban más adentro de
mí y mi vagina apresaba su pene como para impedirle salir.
Al sentir mi orgasmo sus movimientos se aceleraron haciéndose más
rápidos y más profundos hasta que estalló, a su vez, su orgasmo. Cuando
sentí su semen caliente golpeando el fondo de mi coño y las pulsaciones
de su pene dentro de mí, me vino un segundo orgasmo, más suave y
pequeño que el primero, pero no por ello menos agradable y excitante.
Cuando se incorporó, me levanté de la camilla y me dirigí al cuarto de
baño para lavarme. Al volver ya no estaba. Me vestí y salí. Ese "masaje"
dejó mi cuerpo mucho más relajado y satisfecho que los masajes normales.
Fin
