Jueves, 01 de octubre de 2015.

Hola, hola a todas ustedes y antes de dejarlas con otro capitulo de este fic que escribí hace ya mucho tiempo, jejeje, voy a responder el comentario que me dejó Cleo Yagami por el capitulo anterior.

Hola Cleo y pues, jajaja, see ;) Tú ya debes saber mas o menos como soy yo kouhai y si ;) jajaja. Naoko a veces como que se pasaba de graciosa y por eso hice esto así :P Quería que la historia tuviera un poco mas de contenido para adultos y bueno, eso se ha visto a lo largo y ancho del fic, jejeje, ¿no crees? De cualquier manera muchas gracias por seguir leyendo y comentando. Te lo agradezco mucho.

A todas las demás que siempre son tan amables de leerme y comentarme también, como Rossy, Cindy, Cleo y muchas mas, gracias :) Gracias porque de verdad que sus comentarios motivan a cualquiera a seguir publicando. Gracias el apoyo.

Besitos y abrazos. Espero les guste el capitulo de hoy :)


Continuación…

Al otro día y siendo uno bello y soleado, Rini despertó en aquella calientita y cómoda cama. Con el muñeco al lado de mi amor lindo y recordando algo de sus palabras, se levantó y fue hacia la gran ventana.

Estando ahí, sus palabras seguían retumbando en su pequeña y atribulada cabecita.

"Si realmente quieres algo, debes luchar hasta el final…."

Y mientras ella pensaba, Darien y Serena se levantaban.

— Muy buenos días princesa hermosa y encantada. ¿Cómo amaneciste?

— Muy bien mi amor. —Le dio un beso y se levantó— Pero dormimos mejor en tu cama. ¿No crees?

—Sí.

Sonrió y se levantó con ella.

— Tienes razón pero hablando de incomodidad y de cosas, ¿ya se habrá despertado? Sabes que aun debemos…

— Sí, si amor, lo sé. Ven, —le extendió la mano para tomarla—Vamos y vemos si ya se levantó o no.

Serena felizmente cogida y amada por su atento y complaciente caballero la noche anterior, le recibió con gusto la chaqueta cuando este la tomó y la abrigó. De la mano con él y entreabriendo poco a poco la puerta de la habitación, la vieron de pie con el rostro caris bajo y muy triste.

Serena fue quien finalmente le habló.

— ¿Rini?

— Hola Serena, Darien. —Se giró y los miró— Si Darien, tienes razón. Quiero volver al siglo treinta y tratar de arreglar lo que pasó.

Fue con ellos y los tomó de las manos.

— Vengan conmigo por favor.

— ¿Qué pero…? ¿Adónde nos llevas Rini?

— Llamen a los demás Serena y vámonos. —Llegaron a la sala—Los llevaré al siglo treinta conmigo.

— Muy bien señorita pero antes de eso… debemos tomar un baño y comer algo. Iré primero. ¿Podrías ir preparando algo de desayunar para todos mi princesa?

— Si amor, —le sonrió contenta—no hay problema. ¿Qué quieres?

—Lo que sea, en la cocina hay de todo. Ya salgo.

Miro Darien a Rini y le sonrió.

— Has tomado una buena decisión Rini. Tal vez y con algo de suerte, logremos resolver todo esto. Tranquila, todo estará bien. Ya lo verás.

Mientras Darien iba a su habitación y se daba un refrescante baño antes de volver con ellas, Serena y Rini platicaban un poco en la cocina. Rini veía con horror que Serena, no era para nada una experta.

— ¿Sabes Serena? Mi mamá tampoco sabe cocinar. La que le ayuda y ha tratado de enseñarle un poco ha sido…

— Hey, hey señorita. —Le dijo con un bol en la mano mientras batía unos huevos— ¿Cómo que no sé cocinar? ¿A qué te refieres con eso? Si me sigues molestando Rini, te doy cereal y nada más.

— ¡Gracias!—Río y la hizo reír— Con eso evito un dolor de estómago.

— ¡Oye!

Mientras reían y terminaban de cocinar, Darien salió con una toalla al cuello muy fresco para ayudar después de quince minutos de baño.

— A ver, a ver señoritas. ¿Cuál es la pelea?

— ¡Ella empezó Darien!—Dijo Rini riendo— ¡Castígala por un mes!

— ¡Oye!—Río Serena mientras retiraba la leche de la estufa— Que mala eres conmigo. No soy muy buena cocinera pero me he esforzado para prepararles algo rico de…

— A ver niñas, niñas. — Sonrió Darien y extendió sus brazos para abrazarlas a las dos— Como ya llegue y ustedes están es en mi casa, mejor díganme. ¿Qué quieren que les prepare? Seré su chef y así ya no tendrán que pelear.

— ¡Darien!

Exclamaron las dos muy contentas. Luego Rini dijo…

— ¿De verdad harías eso?

— Sí, hoy estoy de muy buen humor y no quiero peleas, mucho menos en un sitio tan peligroso como la cocina. —Luego miró a Serena con picardía y la hizo sonrojar— ¿Y bien? ¿Qué quieren que les prepare?

— ¿Puedes darme fruta picada con miel? Mi mamá, ella me….

— No hay problema.

Fue a la nevera y sacó algunas frutas.

Darien como lo que era, un hombre muy bello, atento y hermoso, se quedó en la cocina con Serena ayudándole a terminar de preparar el desayuno. Rini muy contenta porque estar con ellos la hacía sentir como en su casa, sonrió y aceptó contenta cuando Serena le dijo que fuera a ver televisión mientras terminaban.

Y mientras picaba…

— Es muy linda cuando se comporta como lo que es, una niña muy dulce. ¿No crees amor?

— Así es princesa. —Se le acercó por la espalda y le dio un beso en la mejilla—Oye, ¿las estas cortando en forma de…?

— Sí.

Se giró y le sonrió con el cuchillo en la mano derecha y la manzana en la izquierda.

— Tú no eres el único que amaneció de buen humor hoy mi complaciente príncipe.

—oh sí.

Le tocó el trasero con suavidad aprovechando lo distraída que estaba Rini.

— Ni me lo recuerdes. Te extrañaba mucho mi deliciosa princesa pero mi amor, tú aun no me has dicho que quieres comer. Dime, —le dijo al oído— ¿qué quieres comer?

— Tú sabes muy bien que a ti pero…

Le puso un pedazo de manzana en la boca muy sonriente y luego lo besó.

—…como no se puede, lo mejor es que comamos algo rápido y nos vayamos. De pronto se arrepiente y necesitamos solucionar todo esto.

— Si mi amor, tienes razón. Ve y le llevas eso a Rini para que coma algo mientras término y llamas a Mina. ¿Te parece?

—Sí.

Le dio otro pedazo de fruta, lo besó y salió de la cocina.

— La voy a llamar pero conociéndola como la conozco… debe estar en el quinto sueño.

— Pues de malas por ella porque esto es más importante que hacer lo que uno quiere. —Le guiñó un ojo— Si lo sabré yo. De no ser porque nos tenemos que ir…

— ¡Darien Chiba!

Río y lo miró muy alegre mientras Rini los veía.

— Eres el colmo.

— Culpa tuya princesa. Todo es tu culpa.

Darien reía por verla sonrojada y seguía cocinando mientras que Rini, saltaba de alegría en el sofá por el plato que recibía.

— ¡Gracias! Pero oye, ¿quién cortó esta fruta?

— Yo. ¿Por qué? ¿Pasa algo malo nena? ¿No te gusta?

— No, no, es que… —luego pensó—tiene la misma forma que mi… no, no puede ser.

— ¿Rini? ¿Qué pasa? ¿Quieres otra cosa o qué?

— No, no, Serena. —Le sonrió confundida— Gracias. Esta deliciosa. Tiene mi forma preferida, un conejito. Gracias.

— De nada pero come. A más tardar en una hora salimos. ¿Está bien?

— Sí, gracias.

Se sentó y siguió comiendo.

Luego de llamar a Mina y recibir un fuerte regaño por haberla despertado, Serena colgó y volvió con ellos para desayunar. Compartiendo un agradable momento sin saber nada de lo que pasaría ese día, se sentía extrañamente muy cómoda. Era algo que no entendía pero disfrutaba de sus risas, comentarios y sobre todo de su compañía.

.

.

Una hora después y ya todos transformados, se dieron cita en la calle para la partida.

— ¿Vas a usar esa llave Rini?

— Si sailor Venus. Tengo que usarla.

La sacó y se las mostró.

— ¿Quieres decir que nos llevaras al siglo treinta con eso?

— Sí. — Respondió y luego recordó.

"Pequeña dama, las idas y venidas en el tiempo están estrictamente prohibidas. Ni siquiera debí haberte hablado de ello."

—No sé si conseguiré llevarlos a todos ustedes pero, por lo que más quieran no se suelten de mi mano. ¿De acuerdo?

— Ay Rini, —exclamó Serena asustada y de la mano con Mina y Darien—esto ya no me está…

— ¡Guardián del tiempo, abre el cielo! ¡Ábrenos la puerta del tiempo y del espacio! ¡Invoco tu nombre o dios todopoderoso padre protector! ¡Chronos muéstrame el camino, dame tu protección! ¡Que se haga mío el camino de la luz!

Y mientras Rini recitaba la oración para viajar en el tiempo, Serena se abrazaba con todas sus fuerzas a Darien.

— ¡¿Qué es esa luz?! ¡Qué resplandor tan grande! ¡¿De dónde viene?!

— ¡No te sueltes Serena!—Trataba Rini de tomarle la mano— ¡No me sueltes!

— ¡Rini…..!

Ellos estaban en medio de un viaje en el tiempo, lo que alertó a un mal humorado y apuesto príncipe en lo profundo de la oscuridad de su desolado planeta.

— Un intruso…alguien acaba de hacer un viaje en el tiempo.

— ¿Qué?—Se giró Diamante junto a los otros dos— ¿Cómo dices Zafiro?

— Sí, y lo peor es que no es nadie de Némesis.

— Entonces, ¿podría tratarse del conejito?

Sonrió y pregunto Rubeus.

— No lo sé con exactitud Rubeus, son varios. La energía es múltiple.

— Ya veo. —Sonrió Diamante y se acercó a su hermano— Han venido por su reina. ¡Gran sabio!

— ¡¿Qué?! Es decir, príncipe Diamante, ha llegado el momento. Ha llegado la hora de destruir el cristal de plata, a su heredera y sobre todo a su palacio.

— ¿Su palacio? Hmmm, eso me parece imposible. Vamos a ver que hago.

— Príncipe Diamante, —se le acerco una coqueta Esmeralda—dame esta oportunidad. Te traeré la cabeza de la bella reina durmiente del palacio de cristal.

— No me parece que sea la labor indicada para ti Esmeralda. Tú tienes otros asuntos de los cuales debes encargarte aquí.

— Además Esmeralda….

Se acercó Rubeus sonriente por ver aquella escena.

— Eres demasiado orgullosa. Nunca lo conseguirás.

— Eso está por verse. ¡Kiral! ¡Akiral!

— Príncipe Diamante. —Se inclinaron los dos iguales sujetos ante él cuando aparecieron— Somos los hermanos piedras artificiales. Descuide, nos encargaremos de todo.

Aquel par de extraños sujetos de pelo largo y media luna negra en la frente, desaparecieron frente a ellos; justo como lo hizo Esmeralda. Ella estaba enojada porque ya se había dado cuenta del profundo interés que tenía su amado príncipe en aquella dormida y angelical reina y por eso quería hacerse cargo de ella personalmente.

Y mientras Diamante salía tras ella para convencerla de que las cosas no eran como ella pensaba, Serena y los demás estaban…

— ¡Rini! ¡Rini! ¡¿Dónde estás?! ¡Rini! Nos hemos perdido. ¡¿Qué hago?!

— Tranquila Serena. —Dijo Luna y saltó a sus brazos— Debemos estar en la frontera entre dos mundos temporales. Encontremos rápido a Rini porque si no, nos arriesgamos a estar eternamente en este mundo intermedio.

— Allí. —Señaló Mina—Las tinieblas están abiertas. No creo que vayamos a salir de esta.

— ¡Por ahí no!—Gritó una voz— ¡Por aquí!

— ¡¿Rini?!

Preguntó Darien exaltado.

— ¡Mira amor! ¡El cristal de plata está brillando!

— ¿Qué es eso? Es… ¿una puerta?

— ¡Un momento!— Apareció una mujer frente a ellos— ¡No van a ir más lejos! ¡Les prohíbo que sigan por este camino!

— ¿Quién eres tú para prohibirnos nada eh?

Preguntó una desafiante Mina.

— Soy la responsable de la puerta espacio tiempo temporal y guardiana del mundo de los muertos soy…—dijo la imponente mujer de cabello largo y gran cetro en la mano—sailor Plut. Aquel que se atreva a pasar por esta puerta, ¡morirá!

— ¡¿Sailor Plut?!

—Grito…. ¡mortal!

— ¡Aaahhh!

— ¡Sailor moon!

Y mientras Darien y Serena trataban de ayudarla, Luna atacaba cabos y recordaba.

— ¡Sailor Plut! ¡Claro! Nadie sabía de la existencia de la guardiana solitaria del tiempo. ¡¿Así que allí estaba?!

— Sailor Plut. —Dijo Serena algo herida por su ataque— ¿También eres un sailor scout? ¡No sabíamos que existías! Por favor no nos ataques, déjanos explicarte.

— Sailor moon. —Levantó su cetro— Sea quien seas, respetarás la ley. Mi deber aquí, ¡es destruirte!

— ¡Espera no lo hagas sailor Plut!

Apareció Rini y la abrazó.

— ¡Pequeña dama!

Decía confundida mientras la sentía llorar.

Sailor Plut era hermosa, era muy bella. Alta, una de las más mayores de todas las scouts que hayamos visto antes, de cabello negro largo, piel morena y profundos ojos oscuros, su debilidad era Rini. La quería tanto como a una hija.

— No son malos, no los mates. Fui yo quien los trajo hasta aquí. Lo siento, perdóname. Sé que desobedecí la ley, no te escuché y…

— No llores más pequeña dama y mejor dime, —la miró y le quitó las lágrimas— ¿Dónde te habías metido?

— Yo, yo pensé que el cristal de plata de sailor moon era más poderoso que el mío. Por eso fui a buscarla al pasado y…

— El cristal de plata es inmutable. El tiempo no influye. Además, —se agachó a su altura—eres demasiado joven para poder manipularlo. Ya habíamos hablado de eso. Has rotó tu promesa. Me robaste la llave espacio temporal y fuiste al pasado sin permiso.

— Lo sé, ¡lo sé! ¡Va a regañarme por esto!

Empezó a llorar de nuevo.

— De cualquier forma, —la abrazó—me alegra verte y saber que estas viva pero escúchame muy bien señorita, ¡no vuelvas a hacer esto! ¡¿Entendiste?!

Luego de reprender a su adorada niña y darle un abrazo, se levantó y fue con los demás. Siendo completamente lo opuesto cuando los conoció, se disculpó.

— Perdonen mi grosería de hace un momento. Les agradezco enormemente haber traído a la princesa sana y salva.

— ¡¿Qué?! ¡¿Rini es una princesa?!

— Pues sí.

Dijo Rini mirándolos y sonriendo al verlos tan sorprendidos, sobre todo a Serena.

— No se los había dicho pero soy una princesa. La verdad es que debieron haberme tratado con más respeto pero lo entiendo, ustedes no sabían quién era yo.

— Eres el colmo Rini. —Fue Serena con ella y le dio un suave sape en la cabeza— Bien nos hubieras podido decir antes y te informo. ¡Yo también soy una princesa!

— Pero, ¿Por qué me pegas? Fuiste tú quien me pidió traerte aquí. Es que tú eres…

— Veo que se llevan muy bien. —Intervino una sonriente sailor— ¿No es cierto pequeña dama?

— Más o menos Plut.

— Bueno…. —fue a la puerta—deben seguir su camino, adelante. El acceso está libre.

— Ven con nosotros Plut.

— Sabes que no puedo dejar este lugar. —La miró con tristeza y luego los miró— Confió en que puedan seguir cuidando de la princesa.

— Lo haremos.

Contestaron Serena y Darien al unisonó.

— Muy bien, —les abrió la puerta—tras la puerta encontraran, el siglo treinta.

Y llegaron al siglo treinta, era solo cuestión de un paso. ¿Pueden creerlo? En fin…

Después de atravesar aquella gran y alta puerta de madera tallada y extrañas figuras, llegaron a lo que alguna vez fue un majestuoso reino. Estaban en las bellas ruinas de Tokio de cristal. Admirando la belleza de aquel lugar, algunos como Serena caminaban sin rumbo fijo.

— La luna esta tan cerca que ilumina completamente la ciudad. Guau, Tokio de cristal es increíble.

— Qué ambiente tan extraño. —Dijo Mina con Artemis en un hombro— Es demasiado tranquilo. Acerquémonos para ver.

Ellos empezaron a caminar por la ciudad en dirección al lugar en donde dormía la madre de Rini. Aquellas dos, sin saber el vínculo que las unía, se abrazaban a Darien mientras este al igual que Mina y los demás, veía aterrado los cuerpos inertes tendidos en el suelo, los edificios destruidos y un monumento negro en todo el centro de la ciudad.

— ¿Qué es…eso?

Ellos siguieron y entre más se acercaban, más cosas se preguntaban. Finalmente escucharon que Rini les habló.

— Aquella vez de repente y de la nada, se escuchó una explosión. Justo después de que eso pasara, apareció esa cosa. —Apuntó al monumento negro—Luego de la explosión, una luz deslumbrante fundió todos los edificios. Sin nada que pudiéramos hacer una gran niebla cubrió todo Tokio de cristal.

— Rini…

— No sé porque Serena pero, —dijo con el rostro caído y casi a punto de llorar de nuevo—yo fui la única que sobrevivió al ataque. Como pueden ver, ya no quedan muchos cadáveres. Ellos poco a poco iban cambiando de apariencia y desapareciendo.

— Dime, ¿crees que fue un ataque de los Black Moon?

— No lo sé, sinceramente no sé nada de nada pero quiero que veas a mi madre. Ven, vamos. Vamos al palacio.

— ¿Al palacio de cristal?

Una vez que llegaron a la entrada del gran complejo en donde se encontraba la reina durmiendo junto a los otros, Rini escuchó una voz que le habló. Sin pensarlo dos veces entró a toda prisa mientras los demás la seguían.

Pero lo malo de todo eso sería lo que pasaría, Mina que se percató de lo vacío y raro que se veía el palacio, se asustó.

— ¿Este es el palacio Rini?

— No, no es aquí. —Respondió con cara de horror— ¡Este no es el palacio de cristal!

— ¡Bienvenidos al espejismo del palacio!

— ¡¿Quién anda ahí?!

— Somos los hermanos piedras artificiales de Black Moon.

Aparecieron aquellos idénticos chicos.

— Soy Kiral y él es Akiral. Mucho gusto.

— ¡Black Moon!—dijo Serena con enojo— ¡Malditos! ¡No queremos más de sus estúpidos sirvientes! ¡Que vengan y den la cara ellos!

— No, no se puede sailor escandalosa. —Dijo uno de ellos con una gran sonrisa—Nuestro príncipe tiene mucho que hacer y no puede perder el tiempo con seres tan insignificantes como ustedes. Por eso hemos venido nosotros a encargarnos y bueno, nos da mucho gusto conocer al fin a sailor moon y al conejo. ¡Encantados!

— ¡Ya cállate!

Sacó Serena su báculo mientras Akiral iba con ella y se preparaba a atacar.

— Me tienen harta. ¡Harta! Por eso yo, sailor moon, ¡te pateare el culo a ti y quien sea ese otro idiota! ¡Curación lunar….! ¡Acción!

Serena sacó su báculo y antes de girarlo como si fuera una porrista experta y atacarlos, algo pasó. La energía no se manifestaba y en pocas palabras, no pudo atacarlos.

— ¡¿Pero qué demonios…?!

— Están en nuestra ilusión del palacio. ¿Recuerdas cretina? Nuestro campo magnético hace que tus ataques sean inútiles. —Río con gusto al lado de su hermano— ¡Estúpida!

Para terminar de completar el negro panorama de Serena y los demás, Esmeralda llegó al lugar a lo que llegan todos los malos a una escena.

A joder.

— Los traje hasta aquí con la fuerza del cristal negro y no se equivoquen, el cristal negro de este tiempo es mucho más fuerte aquí que en el pasado. —Río y se tapó con el gran abanico. Luego bajó con ellos y les dijo ya no tan alegre…— ¡Los destruiré a todos ustedes y al palacio de cristal! ¡Prepárense!

— ¡No! ¡No puedes hacer eso!

Pidió Rini con angustia.

— ¡No puedes destruirlo porque mi mamá está ahí dentro! Además, el palacio es indestructible. ¡Nunca conseguirás derribarlo!

— ¡Niñita insolente! Eres una mocosa muy persistente pero ya me tienes harta. ¡Entrégame tu cristal de plata antes de que te mate! Si eres buena y me lo das ya, ¡yo misma recogeré tus huesos cuando te mate!

— ¡No!

— ¡Kiral! ¡Akiral! ¡Ataquen!

Ante la orden de Esmeralda aquellos malvados utilizaron su poder y empezaron a atacarlos. Darien trataba de protegerlas a ellas mientras que Mina, utilizaba su cuerpo como escudo para proteger a Luna y Artemis.

Mientras ellos se defendían de aquel ataque, Esmeralda reía y les hablaba tras el abanico que siempre cargaba. Como que en Nemesis hacía mucho calor. ¡Increíble!

— Qué final tan trágico, imbéciles. Morirán por la explosión química de Kiral y Akiral y no quedaran más que sus cenizas. ¡Que idiotas!

Ellos estaban recibiendo el ataque y muy concentrados en no perder la vida, mientras Darien, luchaba hasta el cansancio por protegerlas. Estando ahí, luchando con todas las fuerzas que su hermoso cuerpo le daba, escuchó aquella particular voz que venía escuchando en su mente desde que habían llegado al siglo treinta.

— ¡Con tu fuerza interior podrás destruir la imitación del palacio!

—"¿Qué? ¿De qué está hablando?" —Y cuando la imitación caía ante ellos, gritó…— ¡Al suelo! ¡Agáchense!

— ¡No puede ser!—grito Akiral— ¡Nuestra obra de arte se deshace!

— Es el momento de atacarlos. —Se levantó Mina y miró a los demás— ¡Cadena de amor de Venus!

— ¡Explosión de Tuxedo Mask!

Gracias al poderoso ataque de Tuxedo Mask y sailor Venus, Akiral y Kiral murieron y a Esmeralda no le quedó otro remedio que irse. Sabía que si se hubiera quedado, seguro habría sido su fin.

Cuando acabaron con ellos y levantaron la vista, se encontraron con el majestuoso palacio de Tokio de cristal.

— ¿Ese si es el palacio de cristal Rini?

— Sí.

Los miró. Luego empezó a caminar en dirección a la puerta.

— Vengan, por aquí por favor.

Algo impactados al ver el gran tamaño de aquel palacio y todo lo que en él había, caminaron tras Rini para ir a donde ella los quería llevar. Sin dejar de detallar la delicada decoración congelada y todo el lujo que lo cobijaba, tanto Serena como los demás sintieron mucha curiosidad cuando Rini abrió una puerta y vieron lo que parecía una cama envuelta en un mágico cristal.

— ¿Rini…quien es esa persona que está ahí envuelta por el cristal?

— Es la Neo reina Serena.

Rini veía con dolor y con tristeza la que se había convertido la tumba de su amada madre pero cuando iba a ir con Serena para acercarla más, alguien llegó y la interrumpió.

— ¡Diana! Oh Diana. ¡¿Estás viva?!

Aquella a quien Rini abrazaba como si se fuera acabar el mundo, era Diana. Diana era una pequeña gatita gris a quien quería mucho. Mientras la abrazaba y lloraba de alegría por verla viva, una sombra se acercaba a todos ellos pero sobre todo, a Rini.

— ¡¿Tuxedo Mask?!

— No, no es Tuxedo Mask. —Dijo Rini cuando este se acercó y acaricio a la pequeña e inofensiva gatita— ¡Es mi papá! ¡Papá!

Rini sin pensarlo dos veces y embargada por la dicha que le daba verlo, se abalanzó sobre él para abrazarlo pero, lo atravesó.

— ¡No! ¡No papá! ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Por qué no puedo abrazarte?!

— ¿Lo ha…atravesado?

Preguntó Mina junto a los demás.

— Estoy tan contento de volver a verte sana y salva hija. —Le sonrió—Pero, el viaje al pasado que emprendiste sin permiso era peligroso.

— Papá…—lloraba frente a él—perdóname papá pero es que…

— Pero mi pequeña dama, —se le acercó y le sonrió de nuevo, luego vio a los demás—veo que te ha hecho bien.

— ¡Papá….!

Decía sin descanso y muerta en llanto sin poder tocarlo.

—Bienvenidos sean todos ustedes al palacio. —Abrió su capa y con ese gesto les indicó el camino— Entren por favor. Imagino que tienen algunas preguntas y yo estoy aquí para contestarlas.

— Pero, —decía Darien aterrado— ¿quién es usted y…?

— Sé que han tenido que luchar desde que llegaron y me hubiera gustado que esto hubiera sido de otra manera. Lo siento pero no pude salir a recibirlos. Me daba miedo que me vieran como un enemigo dado el aspecto que tengo ahora.

— ¡No se refleja en el espejo!

— ¡No tiene sombra!—Gritó Luna seguido de Serena.

— Mi cuerpo está en otra habitación durmiendo. Lo que ustedes ven es mi espíritu que salió de mi cuerpo. Yo soy…el rey Endimión. Bienvenidos sean a nuestro reino.

— ¡¿El rey Endimión?!

— Sí. —Miró a un asustado Darien—No hagas esa cara de confusión porque es la verdad. Yo soy, —se le acercó a un aterrado Darien—el futuro Tuxedo Mask. En otras palabras y para que quede más claro, yo soy tú.

— ¡¿El futuro Darien?! ¿Entonces eso quiere decir que…?

— Ven pequeña dama. Ven y te presentas ante tus amigos como te hemos enseñado. ¿Te parece?

— Si papá, como digas. Me llamo Serena Chiba Tsukino, mejor conocida por todos como la pequeña dama y la heredera al trono del milenio de plata. Soy la hija de la Neo reina Serena y el rey Endimión. Mucho gusto, —hizo una reverencia ante ellos muy elegantemente frente a su padre— ¿cómo están?

—Muy bien hecho hija. —Le sonrió el rey muy complacido—Has mejorado mucho. Los buenos modales son fundamentales para convertirte en una bella dama como tu madre.

— Pequeña dama…

—Diana…— La abrazó.

—…el rey no ha dejado de cuidar de ti, incluso estando en la sombra.

— Les pido disculpas si mi hija les ha causado algún problema pero es que es muy consentida.

— Entonces, eso quiere decir que… si usted es el futuro Tuxedo Mask y el padre de Rini…eso me hace a mí su…

— ¿O sea que Rini es mi…?

— Sí, así es. Ella es su hija.

Dijo un sonriente rey frente a ellos mientras intentaba sin éxito consentir el cabello de su pequeña hija.

— Tuxedo Mask, sailor moon, les presento a mi querida hija. Su futura hija.

— ¿Rini….Rini…? ¡¿Rini es mi hija?!

— Si Rini es su hija, ¿eso quiere decir que la Neo reina Serena es…?—dijo Mina haciendo gestos con las manos y atando cabos.

— Sí, la reina de Tokio de cristal y la soberana del milenio de plata, eres tú sailor moon.

— ¡¿Qué?! ¡Eso no puede ser! ¡No es cierto! ¡¿Cómo voy a ser esa reina y la futura mama de Rini?! ¡¿Cómo?!

Serena quedo en shock, alejándose un poco de ellos y viendo por una de las grandes ventanas, aun no salía de su confusión. Pensando una y mil cosas, aun no podía creer que estaba tan cerca de su futuro yo y mucho menos podía creer que Rini, fuera su futura hija. Para su suerte y alivio, alguien fue y le habló.

—Serena, mi amor… —la abrazó por la espalda y luego le dijo al oído —tranquilízate. Sé que no es fácil de asimilar que Rini es nuestra hija pero…

— ¡Claro! —Se giró y le susurró—Hasta sentido tiene. Con ese modo de cogerme…

— ¡Serena! No es el momento para hablar de esto mi princesa. Mejor ven, vamos y preguntémosle al rey que fue lo que pasó. ¿Está bien?

— Como sea, ya estamos aquí, ya qué.