Disclaimer: HQ! Es de Furudate-sensei.
—Conversaciones—
IV: "Los mejores amigos son los peores profesores".
Cuando la camioneta dio la cuarta sacudida Kuroo ya no se dio la molestia de aferrarse al tablero y dejó que su cabeza rebotara contra el techo. Pensó un rápido "Vuela alto, motor de la camioneta de Bokuto", y giró el rostro para ver a su acompañante. Había pensado que quizás, sólo quizás, tanto Mario Kart sirviera de algo en estas circunstancias pero otra vez se comprobaba que la realidad virtual y la realidad de carne y hueso son cosas completamente diferentes. Le hubiera gustado hacer un chiste sobre caparazones azules que te hacían perder el primer lugar en las carreras, pero se dijo que no valía la pena.
—¡Que ya te he dicho! Tienes que mantener embriague y no toques la palanca de cambio para partir.
—Ya me canse, Kuroo, vámonos de aquí.
—¿Cuántas veces tengo que decírtelo, enano? ¡Tienes que aprender a conducir! —vociferó por tercera vez en menos de media hora. Seguramente si fuera actor sería un papel principal—Qué pasa si a tu hermoso, precioso, fabuloso vecino-
—Ya para, Kuroo. Que no me importa.
—¿Qué pasa si a mí me pasa algo y tenemos que volar al hospital o una emergencia de cualquier tipo, eh? ¿Quién conduce?
Kenma se removió en su lugar. La camioneta era ancha, modelo antiguo. Tuvieron que mover el asiento para que el menor alcanzara los pedales y aun así, con los brazos estirados sujetando el manubrio, se veía diminuto. Le mostró esa expresión de hastío que tenía cuando con todas sus ganas quería decir "Ya cállate, Kuroo" y rodó los ojos, luego los puso en blanco. Cierto era que el tema de conducir no iba sólo por él pero los padres de Kenma le habían pedido por favor que le enseñara, porque iba a cumplir la mayoría de edad y era un paso importante en su vida. Los tutores no querían mandarlo a un curso de manejo sin que antes, aunque fuera, supiera lo básico de un vehículo. Pero Kuroo perdía la paciencia.
—Nos paramos en la calle y hacemos dedo para que nos den un aventón.
—¿En serio? ¿Tú te pararías en la calle para pedirle un aventón a un desconocido? Kenma, tú ni si quiera hablas con tus compañeros de clase y eso que los conoces hace casi dos años justos.
—Hmp…
Kenma intentó nuevamente. Kuroo notó que metió mal la marcha, otra vez, y temió por sus vidas. Frente a ellos no había un obstáculo, excepto la pared del vecino que se encontraba a unos cuantos metros pero era suficiente para hacerle pensar que podrían terminar con varios huesos rotos y una lechuza molesta en la oreja por si algo le pasaba a su querida camioneta del año uno.
—¡Ya, vale, pudín! ¡Lo estás haciendo mal!
—Quizás lo haría mejor si fueras más paciente.
—¡Yo soy muy paciente!
—Entonces no me grites, Kuroo, estoy al lado tuyo. Ya me vale, quiero salir de aquí y volver a jugar a casa.
—Tú no te vas hasta que aprendas al menos a encender el motor.
—Pues sí eres tan bueno, ¿por qué no manejas tú? Se ve que tienes experiencia.
—¡Esto no es sobre mí!
—Kuroo, deja de gritar. Me das dolor de cabeza. Piensa que tengo que aguantar toda la semana a Lev para que ahora te vengas a comportar peor... o, ¿sabes qué? Ya me aburrí, me largo.
Dicho eso sin si quiera apagar el motor se desabrochó el cinturón y abrió la portezuela.
A Kuroo casi le da algo.
—¡Eh! ¡Vuelva acá, maldición!
—¡Sueltamente, Kuroo!
Al final que en su forcejeo donde Kuroo se estiró sobre el asiento hacia la dirección del enano logró mover algo y de pronto la camioneta otra vez estaba en movimiento. Los dos vieron el final de sus vidas y ninguno alcanzó a reaccionar cuando una sacudida les hizo golpearse fuertemente las cabezas contra cualquier parte de la cabina. Por suerte, en la antigua camioneta lo que estaba bueno era la bolsa de aire pero Bokuto no estuvo muy feliz y Kenma no aprendió a conducir.
