Un día como cualquiera, Frigga le dijo a Loki que ese día también se iría a casa y le dejaba a cargo la florería.

Loki como buen empleado, no puso objeciones ni nada por el estilo. La florería era su segundo hogar. Un lugar donde podía encontrar lindas flores, y olerlas. No había nada más bello que le gustara. Ya cuando anochecía y era hora de cerrar la tienda, pues Loki se quedó un poquito más para terminar de arreglar las flores que debían ser entregadas al día siguiente.

Todo bajo llave, Loki se encaminó a su casa. Pero un auto le detuvo el paso. Era una camioneta negra del que bajaron dos hombres con máscaras. Loki sabía que debía correr, aquello no parecía nada bueno. Pero fue demasiado tarde porque le metieron al auto. Loki empezó a gritar pero fue en vano.

– Thanos –dijo uno de los enmascarados –este lugar está bien.

– ¡Idiota! –dio el conductor –no digas mi nombre.

Todo el día parecía un día más para Loki pero ese día no lo fue. Ese tal Thanos era un peligro. Lo supo cuando empezó a tocarlo. Era un lugar silencioso, un lugar abandonado de la ciudad.

En contra de su voluntad, fue violado brutalmente tanto física como psicológicamente. Jamás olvidaría ese día, ese momento. Sería por siempre su mayor vergüenza. Su cuerpo jamás volvería a ser puro…