Era cumpleaños de María Stark a quien le gustaban mucho los pasteles de frutilla pero como en su familia nadie amaba las frutillas pues era prohibido darse sus lujos. Y esa mañana, Loki se atrevió a visitar la mansión.

María preparaba el desayuno especial por sus cumpleaños.

– Me alegra que te hayas dado cuenta que Loki era un cualquiera y hayas regresado a casa.

– No es cualquiera, papá –dijo Tony –lo amo. Solo necesito pensar bien las cosas para volver con él.

– Espera. –dijo incrédulo Howard –si quieres vivir bajo este techo, debes terminar para siempre con Loki. O si no te vas.

Y el timbre sonó. María que no sabía qué hacer cuando su esposo estaba molesto, dio un suspiro de que el timbre sonara. Abrió la puerta y vio que era Loki.

– Feliz Cumpleaños, señora Stark –saludó tímidamente Loki mientras sus ojos se encontraron con los de Tony –le traje el pastel de frutilla que tanto le gusta.

María tenía ganas de tomar el pastel pero no lo hizo. Quería ver si su esposo lo aceptaba o no.

– ¿Qué haces aquí? –dijo tajantemente Howard – ¡es mejor que no vuelvas a esta casa o te votaré a patadas! Eres una escoria. No te vuelvas a acercar a mi familia.

Loki se fue con el pastel en las manos.

– Y tú Tony –dijo acercándose a su hijo –si ése vino aquí es por ti. Es mejor que le pongas un fin a tu relación de una vez por todas o yo me encargo a mi manera.

Tony dio un suspiro y sin decir nada salió de la casa para hablar con Loki.

– Estos días pensé en los dos –le dijo a Loki que estaba muy dolido por el trato de Howard –y decidí que debemos terminar. Estás manchado por otro hombre. Nunca podrás ser mío.

Loki le miró con odio. No le rogó ni nada, si su relación no podía arreglarse, pues debía dejarlo ir.

– Sabes, Tony, espero que encuentres alguien que no sea sucio como yo y sean felices.

Ese día fue el final de aquella linda relación que fue destruida por los propios padres que miraban a Loki como a un caso perdido.

Llegó llorando a la florería. Frigga sabía que había sido mal recibido en la casa Stark.

– Te dije que era una mala idea –le dijo abrazándolo.