El día de la boda:

Laufey vio salir a su hijo de una limosina, estaba perfectamente hermoso, vestía un lindo esmoquin blanco de cola larga bifurcada. Hasta llevaba un velo que le cubría el rostro para luego ser descubierto por su casi esposo Thor. El padre no pudo evitar sentirse nostálgico puesto que desde ese día, su hijo ya no estaría a su lado ahora que se dio cuenta lo cruel que había sido.

Antes de llevarlo al altar donde Thor esperaba, le puso una rosa en el bolsillo del lado derecho. Loki solo sonrió pero no porque su padre estaba ahí, sino porque al fin, en unos minutos estaría con Thor. Ambos entraron donde los invitados aplaudían al ver a Loki y sonreían puesto que todos sabían que ese era el sueño de Loki, casarse.

Laufey entregó la mano de su hijo a Thor. Y ambos novios estaban delante del altar para ser bendecidos por el sacerdote.

El sacerdote empezó a dar su discurso sobre las tradiciones que un matrimonio debía cumplir: fidelidad, amor, comprensión y respeto. El intercambio de anillos fue lo más romántico por sus votos que cada uno había dicho.

Loki: yo Loki Laufeyson, prometo amarte y respetarte, en la salud y enfermedad, apoyarte en los buenos y malos momentos, hasta que la muerte nos separe.

Thor: yo, Thor Odinson, prometo hacerte feliz todos los días, darte el amor que mereces, respetarte como a un rey, cuidarte como a una joya, y amarte en la salud y enfermedad, hasta que la muerte nos separe.

Los presentes miraban luego cómo Loki y Thor decían "acepto" para pertenecerse el uno al otro.

El sacerdote miró a los presentes y sin creer que alguien interrumpiera la boda de pareja tan feliz, dijo solo por obligación:

– Si hay alguien que cree que esta boda no debe llevarse a cabo, que hable ahora o calle para siempre.