El Mago
Autor: Quetzalli
Resumen: A veces comenzar de nuevo permite bajar las defensas lo suficiente para tener una verdadera amistad, lo malo es que también se arriesga demasiado cuando se pierde.
Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: ¡Actualización! Para que vean que no siempre me tardo semanas… bueno agradezcan a Catalina, Yita y Hermione por ser las primeras en mandar comentario. Besos y abrazos para ustedes.
Capítulo 2
La Orden
Era poco después de la medianoche en Gisburn, una pequeña villa cercana a Skipton, que linda con los valles de Yorkshire. Una verdadera ironía si le preguntaran a Severus porque estaba en la tierra del famoso Sir Guy de Gisborne un noble caballero que había avivado la imaginación de Severus cuando niño. Aunque era claro que nadie le había preguntado, de hecho parecía que a nadie le importaba, todos estaban demasiado ocupados en sus tareas como para prestar atención a su alrededor.
Cientos de destellos surcaban el aire llevando el aterrador mensaje por el que eran convocados. No dejar sobrevivientes atrás parecía la consigna de la noche, a decir verdad, parecía ser la consigna de todos los ataques mortífagos.
Un nudo de acidez se formó en la boca del estómago de Severus, acompañado de la misma pregunta: ¿cómo fue posible que todo perdiera su proporción en sólo siete años? Según le habían dicho era el tiempo que tardó en resurgir después de que el niño Potter lo redujera a casi nada. Era espantoso, Severus recordaba perfectamente que el Señor Tenebroso había tardado más de treinta años hacerse de ese poder la primera vez.
Ahora todo era peor. Los ataques, los mortífagos y las maldiciones más crueles mientras los defensores no alcanzaban siquiera a igualar las fuerzas contrarias, no digamos ya vencerlas o como mínimo, retenerlas.
Un estremecimiento lo recorrió mientras intentaba ignorar el escozor en sus ojos y el picor en lasu nariz. Era tanta la violencia de la que era testigo sin poder intervenir directamente por el simple motivo de estar a prueba. Su único consuelo era que la marca en su brazo se había desvanecido, algo que atribuyó a haber sido arrancado del espacio tiempo continúo; lo peor era que se había extendido esa influencia a sus registros en el Ministerio que lo había declarado muerto a la edad de veintiún años; por lo menos no había envejecido esos veinte años, se recordó concentrándose de nuevo en la batalla.
El profesor Dumbledore le había ordenado que fungiera como vigía, analizando cada detalle que pudiera serles de utilidad en el futuro, mientras los integrantes de la Orden del Fénix se convencían de aceptarlo como uno de sus miembros. ¡Cómo si tuviera algo más que hacer! En el último mes había estado devorando información con el afán de estar al día, siendo ayudante ocasional de David O'farrell quien ¡bendito fuera!, planeaba dimitir a final de año del puesto de profesor de pociones. Nada espectacular ni mucho menos útil, ser vigía era lo más que había logrado conseguir y eso era tan molesto.
Los defensores lograron hacer retroceder a los mortífagos después de mucho esfuerzo y con menores heridas de las esperadas a juzgar por sus exclamaciones de júbilo. Severus suprimió el impulso de gritarles ante su patética participación más se detuvo. Black había comandado la misión y todos estaban vivos, suficiente porque alegrarse tomando en cuenta el contingente contra el que se habían enfrentado.
Ahora era cuando empezaba su trabajo, desarrollar el informe por escrito lleno de las observaciones. Lo más aburrido que podía habérsele ocurrido al profesor Dumbledore, aunque revisando los reportes anteriores podía darse una clara idea de porque necesitaban que alguien hiciera ese trabajo. Los reportes nunca aportaban nada que valiera la pena.
Hizo un último recorrido de la zona devastada para no perder nada antes de desaparecer cuando los vio. Un grupo de muggles estaba socorriendo a los escasos sobrevivientes, como si supieran exactamente en donde y en donde no buscar. Severus se encontró analizándolos con un interés que nunca creyó posible diciéndose a así mismo que era algo que hacía para comprender la mente muggle.
El grupo estaba demasiado organizado para ser improvisado, todos tenían un rol predeterminado y lo ejecutaban con la exactitud de un reloj. La figura de un hombre alto y delgado se deslizaba de un lado a otro acelerando el proceso de rescate con sus intervenciones, el líder sin duda.
Estos muggles eran muy diferentes a los que Severus recordaba, veinte años atrás, cuando él llegó a participar en los ataques mortífagos, no lloraban las pérdidas ni deambulaban con mirada perdida, por el contrario, tenían seguridad y decisión. Además habían llegado después del ataque como si se hubieran aparecido, ningún muggle podría haber llegado tan rápido a pesar de contar con su tecnología.
Más interesado de lo que estaba dispuesto a admitir, Severus esperó al equipo encargado de modificar la memoria muggle, no los había visto en las últimas redadas y quería ver como reaccionaban estos muggles a su aparición. Pero no llegaron, el grupo de ayuda había terminado de rescatar a las personas vivas y acomodaban los cadáveres en una fila, dentro de bolsas, algunos repartían bebidas calientes o mantas entre los sobrevivientes y parecían estar hablando con ellos.
¿Dónde están los magos? Se preguntó Severus cuando cerca del amanecer desapareció rumbo a Hogsmeade.
° ° ° ° °
-¡Bendefig!
El grito llegó claro, rompiendo toda una línea de razonamientos que eran cada vez más descabellados, ese grupo de rescate lo estaba volviendo loco, en los últimos dos meses había sido observador de cinco ataques y siempre aparecían al terminar, unas veces incluso esperaban a que desaparecieran los magos del ministerio que sólo se presentaron en tres ocasiones. El profesor Dumbledore le había comentado que sólo aparecían a modificar memorias cuando el ministerio aceptaba un ataque, cosa que sólo sucedía si un mago vivía en la región atacada. Eso era aún más angustiante ¿por qué atacarían los mortífagos una población muggle completamente aislada de magos y magia? No tenía sentido, porque era claro que no eran entrenamientos, sino que había una concentración de mortífagos experimentados en cada ataque.
Molesto sacudió la cabeza agradecido de escuchar aunque fuera por una vez a Lupin pronunciando su "nuevo" nombre. Intentando retomar el control, se detuvo esperando a ser alcanzado por el otro mago. En un par de zancadas, Lupin llegó hasta él.
-¿Sucede algo? –preguntó esperando no ser objeto de alguna broma demente de Black, quien curiosamente se había mantenido alejado de él ignorándolo casi por completo.
-No en realidad -Lupin tenía esa mirada que Severus no sabía muy bien como calificar, una mezcla de incertidumbre con severidad y algo parecido a la simpatía-, sólo quería conversar un poco contigo, no hemos tenido mucho tiempo y aún debe haber preguntas que esperan respuesta.
¡Genial! Le habían enviado a Lupin en calidad de consejero. Severus controló el impulso de poner los ojos en blanco, no quería sentirse como un alumno del fabuloso profesor de Defensa, su único consuelo era que en unos meses sería su colega y estaría a su altura.
-No intentes negarlo –dijo Lupin antes de que pudiera abrir la boca. Era tan exasperante-. Y no me veas así, no caeré muerto.
-Parece que sabes mucho –comentó Severus con sarcasmo.
-No tanto, pero creo que he empezado a entender el modo de actuar general de los slytherin y puedo lidiar con eso.
-Bien ¿qué más debo saber sobre este futuro que no me hayan dicho? Mi madre ha muerto, he sido declarado muerto así que estoy sujeto a la caridad del profesor Dumbledore que me ha dado alojamiento, comida y algo en que mantenerme ocupado, si me atrevo a declararme vivo tendré al Señor Tenebroso tras mi cuello, eso sin contar...
-¿Té?
-¿Disculpa?
-¿No prefieres tener esta discusión con una taza de té en la mano, sentado en un cubículo donde ningún estudiante pueda escuchar y tergiversar tus palabras?
El bullicio de varios adolescentes que se dirigían hacia ellos por el pasillo casi lo golpeó ¿acaso Lupin había sido amable con él impidiendo que cayera en el ridículo público por siempre? Ningún alumno lo respetaría si lo veía lloriqueando como un bebé. Eso merecía el privilegio de la duda y solo por eso aceptó esa taza de té.
Lupin lo llevó hasta su oficina, la cual estaba decorada de forma austera y su mayor atractivo eran las criaturas que los vigilaban desde sus jaulas o la interesante colección de objetos oscuros.
-Yo creía que enseñabas Defensa Contra las Artes Oscuras y no Cuidado de Criaturas Mágicas.
-Muy gracioso –Lupin indicó una silla y antes de que Severus pidiera abrir la boca, se sentó en la silla contigua usando el escritorio como mesita, en un parpadeo una tetera y dos tazas aparecieron junto con algunos pastelitos.
-Sé que estás molesto Severus, yo lo estoy. Tú perdiste veinte años y nosotros a tres magos que hubieran hecho toda la diferencia del mundo –dijo sin esperar algún indicio-. Pero no me voy a detener en lamentar lo que perdí, ya tengo mucho que hacer intentando no perder más.
-No me he quejado –dijo Severus casi sin abrir la boca, haciendo que sus palabras fueran una especie de siseó molesto.
-Lo que es asombroso porque tampoco has pedido la cabeza de Sirius.
-Es porque su estupidez ocasionó que ahora sea yo el más joven y apuesto, Tengo veinte años menos que ustedes ¿no? –el comentario logró arrancarle una carcajada sincera a Lupin quien levantó su taza hacia Severus como si brindara por él.
-¡Merlín! Hasta ahora me di cuenta de cuanto extrañaba tu sarcasmo –dijo pasando una mano por su cabello-. Lamento no haberte valorado antes como debía, aún me comportaba como un chiquillo y no sabía que te necesitábamos tanto hasta que llegó alguien parecido a ti y empezó a hacer el trabajo que tú estabas haciendo.
-¿Tienen un espía? ¿y no pensaban decírmelo?
-Tranquilo, el profesor Dumbledore dijo que toda la información llegaría a tu conocimiento ahora que has sido admitido en la Orden del Fénix.
Lupin dio un sorbo a su té gozando el haber dejado a Severus sin palabras. ¡Había sido admitido! Severus casi saltó de gusto, pero ni movió un solo músculo, ni siquiera facial, su expresión adusta seguía en su lugar.
-¿Quién es el espía?
-No lo conoces, tiene la misma edad que tú tenías al desaparecer pero no comas ansias, ya lo verás en las reuniones. Él nunca va a las redadas, no queremos que sea descubierto. Con algo de suerte estará hoy en tu primera reunión oficial.
-¿Será aquí?
-No, la oficina de Dumbledore es demasiado pequeña, vamos a otro sitio más seguro –dijo entregándole un papel con un breve mensaje-. Tienes que leerlo y memorizarlo para que pueda destruirlo.
Severus bajó la mirada al papel y descubrió la elegante escritura de Dumbledore diciendo en tinta verde: El cuartel de la Orden del Fénix se encuentra en Grimauld Place número doce. No era algo difícil de memorizar, un par de segundos y lo devolvió a Lupin que lo convirtió en cenizas casi al instante.
-Ahora debo llevarte al Callejón Diagón para que consigas tu nueva varita, pero antes me gustaría contestar las preguntas.
-Siempre surgen más.
-Piensa en una que te esté dando vueltas en la cabeza y no puedas encontrarle sentido.
La oportunidad había llegado ¿debía decirle a Lupin sus inquietudes sobre los muggles o esperar a descubrir algo verdaderamente importante? La mirada de Lupin era la de un lobo hambriento, él sentía que guardaba algo, no podría mentirle así que se decidió por darle una respuesta intermedia.
-Honestamente me tienen intrigado los muggles.
-¿Los muggles? -¡vaya! Eso si que era una sorpresa, Lupin estaba asombrado de que él viera a los muggles ¿acaso pensaba que los odiaba? En serio tendría que explicar la diferencia entre indiferencia y desprecio.
-Hace veinte años gritaban y lloraban sus pérdidas, ahora salen de los escombros y recogen a los heridos, es un comportamiento muy extraño y a nadie parece importarles, el Ministerio ya ni se molesta en modificar memorias.
-Nunca creí que te interesaran los muggles –aceptó Lupin-. Hace veinte años las cosas eran muy diferentes, ahora hay más violencia en la vida de los muggles, ellos mismos se han creado a sus enemigos, los llaman terroristas y sus ataque no tienen ninguna lógica, su único objetivo es sembrar el pánico, matan y después se justifican o aceptan los ataques. Los muggles han tenido que aprender a enfrentar esa destrucción, ellos mismo encuentran una explicación que les parece lógica, por eso se ayudan entre sí.
Bien esa era una explicación, pero no acababa de convencer a Severus quien a favor de su propia ansiedad aceptó las palabras de Lupin para ir a buscar su varita mágica casi con la misma expectativa que cuando tenía once años.
° ° ° ° °
Grimauld Place número doce era un asco, como cuartel era un lugar excelente, pero el lugar había estado tanto tiempo en el abandono que los pobres intentos de la señora Weasley y todo su clan apenas lo habían hecho habitable. Lupin le había comentado de eso y no pudo menos que sentir una cierta admiración por la menuda mujer que se había enfrentado a una casa tan oscura como esa.
La peor parte había sido enfrentar las miradas de la Orden en pleno, era mayor el número de integrantes de los que esperaba encontrar pero, una vez más, recordó que habían pasado veinte años y la lucha continuaba.
El profesor Dumbledore lo presentó como Alan Bendefig un galés recién llegado a Inglaterra en busca de sus familiares consanguíneos al descubrir que había sido adoptado a muy temprana edad. Una ridícula historia demasiado melodramática para Severus que sin embargo fue muy bien recibida por la Orden, al parecer ávidos de historias guiadas sólo por la esperanza en tiempo de guerra.
Los profesores Dumbledore y McGonagall se expresaron muy bien de él engrandeciendo sus cualidades y minimizando sus defectos y cosa curiosa, Lupin habló a su favor con verdadera horadez haciendo una presentación bastante objetiva, sólo Black fingió no conocerlo y no dijo una sola palabra ¡cómo si necesitara escucharlo! Con los gritos de su madre había sido más que suficiente, nunca antes lo habían llamado traidor a la sangre y eso había dolido más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Varios miembros de la Orden lo interrogaron a su manera y cuando quedaron satisfechos Dumbledore le pidió hiciera un reporte de sus observaciones, el momento que Severus había estado esperando con ansiedad, aí pues hizo un recuento de cada una de las fallas que había detectado arrancando algunas miradas avergonzadas y recibiendo otras de admiración con lo que se sintió parte del equipo.
Cuando terminó la reunión se quedó conversando con Arthur Weasley y su hijo Bill, algo que nunca antes había hecho. Orgulloso de sí mismo no dejó que se le escaparan los pequeños detalles como Black saliendo de su casa antes que nadie o el joven rubio que no le había quitado la mirada de encima durante toda la junta.
-¿Así que tú eres el famoso extranjero en quien Dumbledore tiene tanta fe? –comentó el joven arrastrando las palabras de un modo casi imposible.
-Y tu debes ser nuestro espía entre las filas de Voldemort, joven Malfoy –dijo Severus con una mueca indicando su intención de no dejarse amedrentar por nadie. Ni iba a morder ningún anzuelo al preguntar quien había hablado de él.
-¿Habías escuchado de mí? –preguntó el rubio sorprendido-. ¿A quién debo agradecer la presentación?
-A nadie, pero viéndote no es difícil adivinarlo, sé que hay un espía y digamos que se de buena fuente que tu padre es partidario de la causa mortífaga, si estás aquí debes ser el espía.
-Ahora entiendo porqué el viejo te estima –comentó Malfoy relajando un poco su postura- no es ningún secreto el modo de pensar de mi padre, pero nadie se atreve a afirmarlo. Eres o muy valiente o muy estúpido para hablar así, será interesante descubrirlo, eso y el por qué no hablas con acento. Draco –se presentó extendiendo ofreciéndole la mano en un gesto amistoso.
Severus estrechó la mano del rubio sin romper el contacto visual, aún así no se le escapó el suspiro aliviado de Arthur o la sonrisa de Bill quien incluyó de inmediato a Draco dentro de la conversación.
-Alan nos comentaba que sus padres adoptivos eran ingleses y que por eso puede usar ambos acentos correctamente.
-¡En serio! –comentó con escepticismo Draco.
Severus dejó que una mueca triunfal se dibujara en su rostro mientras usaba el acento galés para librarse de las sospechas. Había elegido el galés para su coartada puesto que su abuela había sido de aquella región y de niño él acostumbraba imitar su forma de hablar, era algo casi natural en él.
Después de varios minutos en los que se sintió estudiado, su concurrencia se relajó lo suficiente para confiar ciertos detalles. Así descubrió en Draco a un valiente joven ingenioso que estaba cansado de ver lo que el Señor Tenebroso hacía a sus más fieles seguidores, lo odiaba tanto como a su padre por seguirlo en sus sueños de locura obligándolo a tomar la marca a los dieciséis años. Ahora que tenía veintiuno y sabía perfectamente que no podía confiarle toda su historia a un perfecto desconocido como Severus, pero no pudo controlar el que esa ligera información fuera expuesta por sus compañeros.
-No es gran cosa –musitó restándole importancia a los elogios de los Weasley-. Tuve que elegir entre un loco enfermo de poder y un futuro, no fue difícil.
Severus decidió cambiar la conversación a un terreno más seguro centrándose en descubrir más de los cambios que se habían dado con el tiempo, no quería mortificar más a Malfoy, si alguien sabía lo difícil de su trabajo era él y Severus intuyó que la decisión de Draco si fue complicada, ya descubriría los detalles más adelante, ahora lo verdaderamente importante era que por fin sabía lo que era ser aceptado y ese era un sentimiento muy poderoso.
° ° ° ° °
Con el transcurso de los días Severus se volvió cada vez mas cercano a Draco Malfoy de lo que había sido con cualquier persona de su edad. Conversaban cada vez que se encontraban ya fuera en el cuartel o en el Caldero Chorreante después de comprar ingredientes en el Callejón Diagon.
Severus había descubierto en el joven Malfoy a una persona cuyo ingenio era equiparable al suyo además de compartir el interés por el estudio de las Artes Oscuras, las pociones y molestar a Black.
Era casi divertido.
-Si me sigues taladrando con la mirada voy a terminar con un desagradable hoyo en la frente.
-De acuerdo, si prefieres conservar tu bonita cara a una conversación inteligente.
Draco rió de buena gana ante las palabras de Severus.
-¡Tu ganas Alan! Acepto que tu sarcasmo no tiene igual.
-¿Así que prefieres mi compañía a ocupar la portada de Corazón de Bruja?
-No hay mucho de donde elegir entre este grupo de gryffindors -declaró Draco encogiéndose de hombros-. Y siempre es mejor hablar con un amigo que sonreír en una estúpida revista.
Amigo.
Severus comprendió entonces que Black le había dado el mejor de los presentes al encerrarlo en la habitación del tiempo: le había regalado una segunda oportunidad.
° ° ° ° °
Un par de meses después de su presentación se integró a su tercera misión, otra redada en el condado de Yorkshire, por un momento Severus consideró que podría haber un patrón en esos ataques, pero no tenía suficientes pruebas para afirmarlo y estaba demasiado nervioso para detenerse con demasiadas consideraciones en ese momento.
Giró distraídamente la varita entre sus dedos, Olivander casi lo había reconocido, dijo que su firma mágica no le era del todo extraña y mencionó algunos de sus parientes como posibles pistas para que encontrara a "su verdadera familia". Había que reconocerlo, el viejo era realmente bueno en su trabajo, su nueva varita se sentía tan bien como la anterior que se mantenía segura en un pliegue oculto dentro de su manga derecha. Una medida de seguridad adicional que había planeado con Dumbledore, alguien podría descubrirlo si usaba su primera varita y nunca estaba de más tener un "as" bajo la manga.
Estaban ocultos en el bosquecillo a las afueras del pueblo a petición de Draco que había insistido en esta medida por temor a que sospecharan de él. Eso no le gustaba nada a Severus, si alguien tan perspicaz como Malfoy temía ser descubierto era sinónimo de que el Señor Tenebroso lo tenía casi acorralado, si tan sólo se atreviera a compartir su inquietudes con él, pero no, habría que dar muchas explicaciones.
El lugar estaba tranquilo, demasiado tranquilo. Algunas figuras encapuchadas se dispersaron entre las maltrechas casas. Una de ellas dejó a su paso un tenúe resplandor que parpadeó dos veces antes de ser devorado por la oscuridad de la noche.
-Vamos –musitó Black dando las instrucciones pertinentes para movilizar a la Orden.
Sin embargo Severus no se movió, nadie le había dicho que Draco estaría en ese ataque, no que lo esperara apenas había sido admitido, pero de haberlo sabido les habría dicho que algo estaba muy mal.
-¿No te habrás acobardado ahora Bendefig? –lo molestó Black.
-Es una trampa –declaró Severus encarándolo sin temor-, debes detener esto antes de que sea demasiado tarde.
-Siempre es una trampa –ladró Black- eso nunca nos detiene, estamos aquí para salvar todas las vidas posibles.
-¡No para nosotros! –gritó Severus controlando el deseo de arrancarle la cabeza a Black-. Para Malfoy ¡Lo van a matar!
Quizás aún hay esperanza para la humanidad pensó Severus al ver a Black palidecer mientras consideraba todo lo que estaba mal. Malfoy peleando en activo después de darles un soplo, demasiados mortífagos a su alrededor cuando deberían estar dispersos, la lucecita que parpadeó...
En un instante salió corriendo a intentar detener el ataque, algo que no pudo hacer, la lucha ya se había iniciado y un pensamiento era lo único que comprendía: tenía que salvar a Malfoy, no podía perder a otro espía.
Severus lo alcanzó mientras lograba quebrar un hueco en la defensa enemiga y atravesar el lugar, juntos emprendieron la marcha por las callejuelas buscando a Malfoy. Un pensamiento por demás perturbador para ambos, estaban trabajando juntos, protegiéndose mutuamente como antiguos camaradas y en perfecta coordinación.
Atravesaron medio pueblo verificando que había tres secciones mortífagas: los que atacaban a la Orden del Fénix, los que se deslizaban por las calles como simples sombras tenebrosas sin hacer nada y los que tenían acorralado a uno de los suyo, alguien que había perdido su máscara revelando al joven Malfoy que se defendía con maestría de los múltiples ataques que le enviaban. Sin pensarlo más y sabiendo que había sido descubierto, los dos magos se lanzaron a la tarea de rescatar a su compañero abriendo una brecha para lograr que él huyera.
-¡Desaparece de aquí! –ordenó Sirius mientras lanzaba lo mejor de su repertorio a un par de mortífagos frente a él.
Severus dio la vuelta para permitirle el paso seguro sirviendo de escolta, con Draco a su lado se dispuso a correr cuando un poderoso rayo fue lanzado directamente hacia él, en un segundo levantó el escudo más poderoso que pudo conjurar obligando a la maldición a rebotar sobre un granero, el crujir de la madera y el techo derrumbándose sobre sí mismo le indicó que de haber sido una milésima más lento habría muerto con todos sus huesos rotos.
Molesto dirigió la mirada
hacia Draco para descubrirlo de pie, frente al mortífago que
lo atacó, sin hacer un solo movimiento, como si estuviera
paralizado, algo que Severus creía poco probable. Sin pensarlo
más se incorporó para volver al ataque, aunque el
impulso sólo duró un segundo quedando paralizado por la
impresión.
"¡Lucius Malfoy!" El mortífago
frente a Draco era su padre, Severus no podía dudarlo,
reconocería la silueta del hombre en cualquier parte.
El viento deslizó ligeramente la capucha de Malfoy padre permitiendo un asomo de su largo cabello platino. Era él quien evitaba la fuga de su hijo, más lo peor era que fue él quien lanzó la maldición que quebró los huesos de Draco mientras era lanzado a varios metros de ahí.
Lucius Malfoy había matado a su heredero, no tenía sentido. Severus recordaba claramente lo orgulloso que había estado de la criatura el día de su nacimiento y cuando comenzó a decir sus primeras palabras o a gatear con inusual arrojo. Severus sabía que un Malfoy haría cualquier cosa por perpetuar su linaje asegurándose de que siempre hubiera un Malfoy.
Lo que acababa de presenciar no tenía sentido.
Acababa de perder a su primer amigo.
Un dolor antes desconocido rompió el corazón de Severus apretándolo con demasiada fuerza, no era el remordimiento o la reivindicación lo que empujaba sus actos ahora. Era venganza y con una furia ciega lanzó todos los conjuros que conocía sobre Malfoy buscando acabar con la serpiente rastrera que se había atrevido a matar a su propio hijo. Su amigo.
Estaba empezando a usar magia oscura cuando la marca tenebrosa iluminó el firmamento justo sobre sus cabezas. Hasta ese momento había olvidado al resto de la Orden del Fénix y los mortífagos, sólo tenía el deseo de acabar con Malfoy. Y Lucius no lo había desilusionado, se había entregado al duelo con el mismo odio que Severus, como si quisiera con ello descargar su misma alma. Su figura se irguió orgullosa sin dejar de apuntar a Severus con su varita.
-Debo retirarme –comentó arrastrando las palabras con desdén como si lo conociera o lo hubiera descubierto-, confío en que reanudemos este interesante encuentro en otra ocasión, sin ningún traidor de por medio.
Sin más desapareció junto con los demás mortífgos dejando atrás el peor panorama de desesperación que Severus había tenido el horror de presenciar.
Estaba rodeado por escombros, el polvo generado por las construcciones derrumbadas creaba una espesa nube que apenas permitía distinguir algunas siluetas en movimiento. No muy lejos ardía un fuego que orquestaban los gritos de los muggles que comenzaban a despertar para encontrarse en el infierno.
La Orden de Fénix estaba agrupándose a su alrededor, o mejor dicho, al de Black que repartía instrucciones a diestra y siniestra en balbuceos apenas audibles para Severus.
-¿Recuperamos todos los cuerpos? -entendió por fin.
-Casi todos Sirius -contestó Tonks manteniendo la compostura aunque Severus podía distinguir cierta rabia contenida y dolor en sus palabras-. No hay rastro de Draco.
Black cerró los ojos y los puños, un auténtico gesto de desesperanza cruzó sus facciones por un segundo hasta que logró controlarse lo suficiente para hablar sin que su voz se quebrara.
-No lo encontrarás, lo hemos perdido.
Severus recordó entonces que Draco era su sobrino y que Tonks era su prima. El que no demostraran un gran afecto para cubrir las apariencias no quería decir que no lo sintieran, la pérdida debía de ser devastadora y aún así Black tuvo el coraje de mover el contingente antes de que los muggles se acercaran demasiado.
La Orden del Fénix se dispersó en segundos, dejando atrás a Draco Malfoy como desaparecido y a Severus Snape como el único mago que quería recuperar su cuerpo.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: Eso es todo por hoy. Espero que ahora si haya quedado claro que Severus tiene 21 años, ahora sólo me resta esperar sus opiniones de este para saber si voy por el buen camino y no se desesperen, Harry pronto aparecerá.
Besos Quetzalescos
