Disclaimer: Love Live! School Idol Project no me pertenece, le pertenece a su(s) respectivo(s) dueño(s).
CAPITULO 1
Apenas eran las 6 de la mañana cuando los primeros rayos de sol pujaron por el horizonte. La puerta de la habitación de Eri fue retirada silenciosamente mientras esa persona se acercaba sigilosamente hasta la cama. La mirada violeta resalto en contraste con la tenue luz que se colaba entre las cortinas de la habitación. Ya cerca del borde de la cama donde la rubia dormía inconsciente de su presencia, Maki se agachó a la altura de la cama y empezó a darle leves sacudidas que, con el paso de los segundos, se volvieron insistentes.
—Eri.— la llamó, recibiendo un gruñido de la universitaria.— Vamos Eri esto es urgente.— insistió Maki frunciendo el ceño.
Tras largos minutos de una lucha que parecía interminable, al fin Maki ganó la batalla y Eri tuvo que resignarse a seguir durmiendo para atender al llamado de su amiga.
—Por dios, Maki.— susurro en cuanto vio las manecillas de su despertador.— ¡Te das cuenta que apenas son las seis!— le recalcó la oji azul en tono exasperado a lo que la pelirroja bufo.
—Claro que me di cuenta.— frunció el ceño aún más.— De todas formas olvídate de eso, estaremos en graves problemas como Umi despierte.— le advirtió Maki en cuanto recordó por qué se había metido en la habitación de la rubia.
La mirada azul cielo reflejo confusión ante lo dicho. Cuando Eri quiso darse cuenta ya había sido arrastrada a la habitación de invitados donde Maki se había avanzado y la esperaba señalando discretamente la cama donde debería estar la oji miel durmiendo. Eri acorto los pocos pasos entre ambas para cuando giro la cabeza en esa dirección pudo entender a lo que se refería la pelirroja.
—¿Otra vez?— pestañeo atónita, deshaciéndose del sueño al instante.
El caso era que Alisa había vuelto a meterse en la cama de la oji miel y como era bien sabido entre Eri y Maki, aquel tipo de situaciones solo lograban que Umi se volviera un manojo de nervios por las mañanas y que ellas sufrieran las consecuencias.
—Maki…
La mencionada entrecerró los ojos sabiendo por donde iban los hilos y resoplo fastidiada mientras se encargaba de procurar que la peliazul no despertara. Una vez que la oji violeta le saco a Umi del camino, Eri tomo a su hermana, aun dormida, al estilo nupcial y se la llevo a su habitación, dejando atrás a una Maki ya más calmada que no dudo en volverse a meter en la cama.
Apenas hubo cerrado la puerta de invitados cuando sintió un leve movimiento entre sus brazos, bajo la vista con lentitud procurando no hacer ningún movimiento brusco para encontrarse cara a cara con la mirada somnolienta de la joven.
—¿Onee-...chan?
—Sí.— contestó Eri afirmando el agarre.— Perdón por si te desperté. — Alisa negó con calma y se apoyó en el hombro de la mayor a gusto con el pequeño paseo que le estaba dando.
—Sabes tuve un bonito sueño en el que aparecías tú y una chica misteriosa.— le comentó.
—¿Un sueño?— repitió en un murmuro.
—Sí, tu vestías el disfraz de mamá mientras que aquella chica vestía el de una brujita con su escoba.— le explicó con una sonrisa delineándole los labios.— Parecían felices juntas, muy felices.
Eri hubiera seguido preguntando de no ser porque sintió de nuevo el peso total de la menor, para cuando pudo ver su rostro supo que había vuelto a caer en los brazos de Morfeo.
Después de haber dejado a Alisa en su cama Eri se fue al comedor y se dejó caer en uno de los sofás al mismo tiempo que se cubría con la manta que había colgado del respaldo de éste. Cerró los párpados queriendo descansar la vista por un rato no obstante, ya fuera por el confort o la calidez de la manta, la oji azul se dejó llevar de nuevo por el sueño.
A medida que el tiempo pasaba las calles de Akihabara se tornaron más bulliciosas de lo habitual; con una gran aglomeración de personas andando de un lado para otro, dando así, el inicio del segundo día del Halloween Event. Los desfiles a gran escala, entre otras cosas, tampoco se hicieron esperar y el ruido poco a poco se fue dispersando por la zona llegando a cualquiera que se encontrara en la calle o con cualquier ventana abierta. Al igual que el primer día el cielo volvía a estar despejado, libre de nubes, con el gran astro resplandeciendo en toda su plenitud.
Cuando Eri despertó las miradas azuladas chocaron con fuerza al encontrarse; una dulce y tierna la otra apacible y somnolienta. La mayor entrecerró los ojos y soltó un leve quejido en cuanto la menor se apartó y le dejó camino a la luz de la calle.
—Buenos días, Onee-chan.— Alisa le tendió una taza de chocolate caliente que Eri aceptó gustosa.
—Gracias.— le sonrió Eri sorbiendo un poco del líquido.
—Vaya, por fin despiertas Eri.
Ayase alzó la vista buscando a la dueña de tan reconocida voz encontrándola sentada en la mesa con un pequeño montón de papeles ya divididos y guardados ordenadamente en seis portafolios transparentes.
—Espera. ¡Ya has acabado!— exclamó la rusa en un tono entre la molestia y la sorpresa.
—Y no solo yo.— dijo Maki apuntando a la oji miel sentada al frente de ella.— Umi también.
—Podríais haberme despertado.— replicó recargando todo su peso en el respaldo.
—¿Eh? Pensé que lo habíamos hecho.— intervino Umi dejando la taza a un lado.— ¿No te acuerdas?
Eri pareció meditarlo un momento, sin embargo nada nuevo surgió en su mente.
—Que yo sepa, no.— respondió la rusa con su cara de poker.— Supongo que tenía el sueño pesado.— suspiró recargando el mentón en sus brazos, ahora, cruzados.
El tintinar de la campanilla anunciando la llegada de un nuevo cliente resonó por todo el establecimiento. Rápidamente una de las meseras, enlistada en un bonito traje de Maid, fue a recibir a la pareja de chicas y las invito a sentarse en una de las mesas. Luego de haberles entregado el menú la joven mesera se retiró a la cocina en busca de alguien.
Al poco tiempo, por la misma puerta, salió Kotori vistiendo el mismo traje de Maid y una bandeja con dos Parfait y dos vasos de agua.
—Bienvenidas. Honoka-chan, Tsubasa-chan.
—Kotori-chan.— saludo la oji azul con su habitual entusiasmo.
—Lo de siempre ¿cierto?— dedujo Kotori entregándoles los dos Parfait y el agua.
—No esperaba menos de la legendaria maid Minalinskey.— comentó la oji verde en tono burlón mientras se llevaba una cucharada a la boca.
—D-déjalo estar Tsubasa-chan.— se quejó la peligris con un notorio sonrojo adornando sus mejillas mientras sus manos estrechaban la bandeja de plata.
Para su mala suerte en los labios de la castaña se dibujó una sonrisa burlona mientras su dueña jugaba con la cucharilla del Parfait entre sus dedos.
—Oh ahora que me acuerdo.— intervino dejando su Parfait de lado.— Llame a Nico-chan, dice que van a venir.— le informó Honoka con un entusiasmo repentino, consiguiendo la atención por parte de más de la mitad de la clientela.— P-Perdón.— atinó a decir mientras volvía al sitio que le correspondía.
—Bueno cualquier cosa que necesitéis no dudéis en pedírmelo.— Kotori se despidió de ellas y se fue a la cocina a seguir con su trabajo, dejando a la sus dos amigas con sus cosas.
Durante su turno Kotori se iba turnando el trabajo con sus compañeras; de vez en cuando entraba a la cocina y se ponía a lavar los platos, de otras se las pasaba viajando de un lado a otro atendiendo a los clientes que no dejaban de expresar su gratitud con palabras halagadoras hacia ella u otra Maid del café. La mañana paso volando para la oji ámbar que cuando quiso darse cuenta las manecillas del reloj marcaron las 12h en punto avisando de que su turno ya había terminado. Luego de cambiarse en los vestuarios se despidió de sus compañeras con una sonrisa y salió a la calle contenta de volver a sentir el viento en su cara.
A medida que avanzaba por las calles más y más gente aparecía en su campo de visión convirtiendo un simple paseo relajante en algo bastante estresante y claustrofóbico para su gusto. Así que en cuanto se le dio la oportunidad la peligris tomó la calle paralela a la principal donde, a pesar de que seguía habiendo gente, en comparación con el otro carril aquello era insignificante a su lado.
Anduvo callejeando por distintas calles de Akiba hasta que al fin logro acabar en un sitio lejos del bullicio y las ostentosas decoraciones. Con un bonito campo de cultivo extendiéndose a lo lejos, delimitado por un bosque de ciprés y la vía del tren. Pero lo que más enamoro a la joven fue el hermoso parque que había cerca con unos bonitos jardines tallados de forma concisa y que sin embargo se podía apreciar el cariño y la dedicación de la persona a cargo.
Con la mirada fija en el jardín Kotori siguió andando sin percatarse de la persona que venía por el lado contrario igual o más distraída que ella. Al final lo inevitable sucedió, ambas jóvenes colisionaron y cayeron al mismo tiempo a lados opuestos. Quejidos de dolor a coro se hicieron presentes.
—Di-Disculpa no estaba viendo por donde iba.— dijo la más alta con su mano desocupada sobando su adolorida nariz.
—N-no, soy yo quien debería disculparme.— se apresuró a decir Kotori haciendo el intento de ignorar el dolor y abrir los ojos de una buena vez.
Al abrir los ojos Kotori alzó la cabeza encontrándose con el semblante a dolorido de Umi, la cual seguía sosteniendo su nariz con un ojo cerrado y el otro clavado en el suelo. Rápidamente la oji ámbar se acercó a ayudar posando ambas manos en las mejillas de la peliazul para levantarle el rostro y revisar que no tuviera nada grabe.
En cuanto Umi sintió el tacto suave de los finos dedos de la muchacha un fuerte sonrojo se apodero de su cara, amenazando con desmayarse. No obstante para su suerte o el de Kotori el dolor seguía existiendo por lo que cuando la peligris paso la yema del pulgar por el puente de la nariz la oji miel no pudo evitar soltar un quejido de dolor.
—Esto pinta mal.— comentó con tanta preocupación que hasta ella misma se sorprendió.
—No pasa nada solo es un golpe.— intento sonar lo más convincente posible mientras apartaba delicadamente las manos de Kotori.— De todas formas gracias por preocuparte.— añadió levantándose del suelo y ayudado al mismo tiempo a la desconocida.
—Pero…— antes de que pudiera reclamar la oji miel con la bolsa de la compra en mano se despidió de ella y se fue corriendo calle abajo dejándola con la palabra en la boca.
—¡Acabe!— exclamó Eri al mismo tiempo que se echaba para atrás en el respaldo con las manos alzadas al aire.
—Me di cuenta.— expresó Maki a su lado jugueteando con uno de sus mechones.
—Tú tan simpática como siempre Maki. — ironizó la oji azul rodando los ojos.— ¿Por cierto y Umi?— pregunto apoyando las manos al borde de la mesa mientras daba leves repasadas a su alrededor.
—Hace alrededor una hora que se fue a comprar y aún no ha vuelto.— le contestó dejando a un lado su pelo.
—Pues las tiendas de por aquí están todas cerradas.— le dijo Eri olvidando por un momento el hecho de que Umi debió de estar andando alrededor de tres cuartos de hora.— Es más si quieres comprar algo te tienes que ir a las afueras.
Maki entreabrió los labios en un intento por recalcarle que de haber avisado antes posiblemente la peliazul se podría haber ahorrado un montón de vueltas a la manzana en busca de un súper abierto, no obstante los toques apresurados en la puerta de la entrada hizo que toda su atención se centrara en ese lugar.
Eri, luego de acabar de recoger todo el desastre en la mesa se fue a abrir la puerta topándose con la oji miel hecha un manojo de nervios y con la respiración entre cortada, por lo que dedujo que se había pasado un buen tramo del camino corriendo.
—¿Umi, te encuentras bien?— fueron las descolocadas palabras de la pelirroja asomándose en la entrada.
—Eso fue sumamente vergonzoso e indecente.— logro decir bastante alterada.
Por contra la mayor y la menor de las amigas se regresaron la mirada de forma confusa.
—Bueno sea lo que sea ya paso.— dijo la rusa acariciando el flequillo azul marino mientras con la otra mano tomaba la bolsa.— Siéntate y descansa ¿nee Umi?— le sonrió de forma apacible.
Tras dejar a la estudiante de literatura descansando en el sillón la rusa entro a la cocina a preparar la comida para sus amigas, que habían decidido quedarse hasta saber cuándo, y su hermana que había salido poco después de la oji miel a por algo que no quiso contarle. Mientras Maki se encargaba de sonsacarle cosas a Umi, Eri se estuvo recorriendo toda la cocina en busca de ingredientes desperdigados por los armarios. A la media hora cuatro platos bien puestos seguidos de algunos más pequeños reposaban encima de un fino mantel blanco que había sacado la menor de uno de los cajones del salón.
Un silenció incomodo se apodero del ambiente. Eri trago pesado debatiéndose por hablar o callar por el momento. Por otro lado, Maki se había posicionado en el sofá izquierdo con los brazos y las piernas cruzados, esperanzada de no tener que lidiar con lo que fuera que la oji miel veía tan indecente.
—U-Umi.— Eri sintió los nervios apoderarse de su cuerpo y con Umi y su cara de pocos amigos, solo hacía que aumentaran gradualmente.— ¿Te apetece que salgamos antes de que Alisa vuelva?
—No.— seca y cortante, contestación que hizo que la oji violeta entrecerrara los ojos con cansancio.
—Déjalo estar. Al fin y al cabo has llegado bien.— le comentó Maki mientras se llevaba un mechón rojizo detrás de la oreja.
—¡Y qué hubiera pasado si no hubiera sido así!— le debatió la peliazul apoyada en él reposa manos. A lo que Maki solo logro ladear la cabeza lejos de los inquisidores orbes miel y soltar un fuerte bufido.
—Tampoco es como sí la fueras a volver a ver otra vez ¿no?
La mirada miel decayó ante la duda. Umi agachó la cabeza meditando y analizando cada una de las palabras dichas por la menor.
—Aun así...— al fin se había relajado por lo que Eri dejo ir todo el aire de sus pulmones en un suspiro lleno de alivio y se paró enfrente de la joven.
—Aún hay algo de pastel en la nevera.— Eri sonrió en cuanto vio una chispa de emoción cruzar por la mirada miel.— ¿Qué me dices, comemos?
En eso Umi desvío la mirada a un lado y cerró los ojos con fuerza, avergonzada por su reacción infantil.
—Acepto encantada.
Tras dejar a sus dos amigas en la mesa comiendo, Eri se adentró en los pasillos del apartamento hasta su habitación. Una vez allí se acercó en el escritorio y de ahí cogió su celular con el cual le envió un mensaje a su hermana. Alisa no tardó en responder avisando que se quedaría a comer en casa de una amiga.
La mirada azul cielo viajo del mensaje a la mesa donde se encontraba el pequeño ticket de su hermana. Curiosa, lo cogió con la mano y se puso a inspeccionarlo, encontrándose con solo un número y su nombre escrito con letras diminutas a una esquina de este. Ayase alzó una ceja extrañada y le dio la vuelta al papel dando con un pequeño mapa señalando la lavandería de unas cuantas calles cerca de la casa de sus padres. Sin más lo dejo junto a su celular y volvió al comedor, donde Umi ya había terminado de comer y la esperaba con la mirada centelleándole igual que un niño esperando por su piruleta prometida.
—Ey, apenas quedo algo de comida.— dijo en tono frustrado cuando su mirada se posó al fin en la mesa.
—¿Y qué esperabas? Te tardaste demasiado.— le dijo Maki llevándose un tomate a la boca.
Eri se sentó resignada en su sitio dispuesta a comer hasta que sintió la penetrante mirada de la oji miel que la hizo parar de golpe.
—Como dije el pastel está en la nevera, sírvete tu misma.— el semblante de Umi dio un cambio drástico pasando de una intimidante y poco amigable a una sonriente y algo infantil.
Luego de eso Eri alargo sus palillos a coger un trozo de alimento, siendo detenida esta vez por la pelirroja.
—¿Estas segura?— Maki alzó una ceja ante el gemido de frustración de la mayor.— Es de chocolate.— Eri chasco la lengua sin saber si reír o llorar.
Que Maki le recordara tal cosa no le hacía ningún bien a ella y sus ganas por comer.
—D-dejarlo estar ahora solo quiero comer.— murmuro más para ella misma que para la oji violeta.
Maki asintió paulatinamente y dejo ir el brazo tendido de la rubia la cual se esforzaba para no dejar los palillos de lado e ir a por su preciado pastel de chocolate.
Cuando Eri termino de saciar su hambre las tres amigas se repartieron los dos sofás y el sillón y se posicionaron cada una en un lugar distinto alrededor del televisor a ver una película de acción y nada de romanticismo; ya fuera por la seguridad de la rusa y la pelirroja o por no querer lidiar con un manojo de nervios como lo era Umi.
Al poco tiempo, casi al final de la película, la voz de Alisa llegando con un montón de cosas resonó por toda la casa hasta llegar a oídos de las tres universitarias quienes alzaron la mirada del televisor para ver como entraba la rubia menor con cuatro perchas colgando de sus manos con una cara de apuro. Umi rápidamente se levantó a socorrer a la joven junto a Maki dejando a la rusa con la mirada pegada en la película, demasiado interesada para volver a girar la cabeza.
—Onee-chan.
Ya fuera por el tono casi lastimero de su hermana o porque Maki, cansada de la obviedad de la trama cerro el televisor desde su posición, Eri se levantó a ayudar con las últimas cosas que cargaba Alisa con sus pequeños brazos adoloridos.
—Perdóname, volví a meterme demasiado en la película.— Eri se pasó la mano derecha por la nuca con una mezcla de vergüenza y arrepentimiento.
—Ni lo menciones.— comentó Maki dejando con cuidado los trajes en el respaldo de la silla.— Es peor que levantarte por las mañanas y mira que hoy tuve suerte.
—De todas formas... ¿Que fuiste a hacer Alisa?— todas las miradas se centraron en la rubia menor que sonrió con orgullo.
—A por los disfraces, por supuesto.— señalo la silla donde Maki los puso.
En eso el trio de universitarias volteo a ver los conjuntos envueltos por un protector de plástico color azul marino con curiosidad. Eri se acercó y cogió el primero encontrándose una etiqueta con un número escrito, parecido al del ticket que Alisa les había dado.
—¿Y esto?— dijo la rubia con el papel entre sus dedos.
—El número del ticket de ayer tiene escrito un número que coincide con el de los disfraces.— explicó observando como su hermana seguía confundida.— Mamá los llevo a la tintorería nada más acabar y le pidió al dependiente que le diera números por separado para no confundirnos.— acabó por aclarar.
—Ya veo.— pronunció la oji azul volteando a ver a la más baja.— Gracias una vez más Alisa.— le sonrió tomando su traje de la silla.
Por otro lado tanto Umi como Maki sacaron los tickets con el número y cogieron sus respectivos trajes con una mezcla de curiosidad y desconfianza por parte de la oji miel. Antes de correr las cremalleras el trio de amigas se dieron un leve vistazo antes de ver el contenido en el interior. El cierre se deslizo con agilidad por el carril con un ligero sonido entre agudo y suave. Distintas emociones pasaron por los rostros de las universitarias pero, si más no solo una en común, la incredulidad.
Como sí de un reflejo se tratara Maki y Eri centraron la atención en Umi, esperando por cualquier reacción por mínima que fuera. La peliazul al parecer se había quedado clavada en su lugar con una cara inexpresiva y la mirada fija en el disfraz entre sus manos.
—Umi-san ¿no te gusto?— Alisa la miro con algo de decepción mientras ponía cara de cordero degollado.
Para cuando la peliazul le dio por reaccionar se encontró con el dilema de decir lo que pensaba o callar, lo cual prefirió hacer lo último.
—N-No es eso, solo que...— la oji miel giro la cabeza lejos de la lastimera mirada azul.— ¿No crees que son demasiado cortas las faldas?— inquirió con algo de esperanza en su tono de voz.
—Umi...— la llamó la mayor en tono cansado.— Son minifaldas, es normal que sean así de cortas.
—Entonces porque Maki apenas enseña piel.— la aludida brincó de su sitio siendo repentinamente sorprendida.— ¡No es justo!— la peliazul sentía el calor apoderarse de sus mejillas y orejas.
Eri suspiro agotada y le dio un vistazo a su hermana que al parecer ya empezaba a acostumbrarse a Umi y a sus momentos de irracionalidad. Luego poso su mirada azul cielo de forma analítica en los disfraces de cada una; tanto Umi como ella tenían entre sus manos un conjunto de pirata del cual solo cambiaba el color de la tela y el accesorio en la cabeza, por otro lado estaba Maki, con un vestido de diablillo de un color morado oscuro y una pequeña capa a conjunto junto a una diadema de unas pequeñas alas como accesorio.
—Venga vamos a cambiarnos y me dices.— aminoro Eri llevando su traje y el de la oji miel con una mano mientras se la llevaba pasillo adentro.
Una vez dejo a la peliazul dentro de su cuarto junto a su disfraz correspondiente, Eri entro en la habitación extra a parte de la de los invitados donde dormía Alisa cuando se quedaba. Dentro, la rusa dejo el traje encima de la cama y procedió a cambiarse antes de que cierta universitaria hiciera una locura como la vez pasada.
Ya con su disfraz puesto y arreglado se fue a ver qué tal lo llevaba Umi. En frente de la puerta dio un par de toques recibiendo un 'adelante' apenas audible que logro escuchar a duras penas. Al abrir quedo maravillada con lo bien que le quedaba a su amiga el traje. Para su suerte y, posiblemente, para la de Maki, Umi no había hecho la burrada de dejarse los pantalones ni otra prenda bajo el disfraz, lo cual agradecían enormemente puesto que la última vez que intentaron sacarle algo de ropa a la peliazul no salieron bien paradas de la situación. Por contra a la emoción de la mayor la joven estudiante de literatura se sentía avergonzada de su vestimenta, y el que cierta rubia estuviera mirando no le ayudaba a su pobre sonrojo en las mejillas.
—Créeme, estas increíble.— comento la rubia con su típica sonrisa amable.— Incluso te queda mejor que a mí.
Umi asintió sin muchas ganas. Y Eri la llevo hasta el comedor a la espera de su hermana y la pelirroja, las cuales no tardaron mucho en aparecer. Mientras Maki hacía caras extrañas tomando partes de sus prendas como la capa o la cola de diablillo colgando de la parte de la rabadilla, Alisa sonreía en su disfraz de pequeño gatito negro de felpa con su collar rojo de cascabel enrollado en el cuello.
—Todas están increíbles.— dijo Alisa maravillada.
—Gracias, tú también lo estás.— respondió Eri por sus amigas.— ¿Y dónde cae la fiesta?
Alisa sacó el celular de su bolsillo trasero y lo se puso a revisarlo hasta encontrar lo que quería.
—A las afueras, en una enorme mansión apta para este tipo de Eventos. Al parecer el año pasado la reservaron para navidad y lo pasaron muy bien.— respondió.
—Bien, entonces, ¿vamos en mí coche?— propuso Eri agarrando las llaves de la entrada.
—De acuerdo.— dijeron al unísono las tres restantes para diversión de la oji azul cielo.
Notas Autor: Y esto sería todo por hoy, muchas gracias a todas aquellas personas que le dieron una oportunidad al Fic y permitieron que les robase un poco de su preciado tiempo(?)
KousakaKaede (Guest): Gracias por molestarte en comentar, me alegra mucho saber que lo encuentras interesante :D
NozoEliHonoMaki: Por supuesto que se ha de brindar pos esos amigos de ideas alocadas. Tengo una hermana menor que la quiero mucho pero es que Alisa y su ternura son: wow. ¿Emocionad ? Creo que ese fui yo XD. Gracias por comentar.
Ido la Ida: Espero no haber tardado mucho(?) De todas formas muchas gracias por comentar :)
Rei (Guest) y Arf-Chan: Muchas gracias por comentar a los dos y espero que les haya gustado la actualización :D
Gracias una vez más por su atención y cualquier comentario, duda, sugerencia y/o aclaración es bienvenido.
Sin más que decir, nos leemos en la próxima actualización.
