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CAPÍTULO 2

Los neumáticos emitieron un ligero chirrido contra el pavimento al ser forzados a cambiar de dirección. Y luego de unos cuantos movimientos rápidos y precisos el deportivo fue estacionado a un par de calles lejos de la gran mansión.

Los orbes azul cielo se fijaron en la poca iluminación del lugar así como en el ostentoso decorado de alrededor del edificio. Desde su posición pudo apreciar como el enorme jardín había sido decorado como un cementerio abandonado con todo tipo de estatuas deterioradas cuyo aspecto dejaba mucho a la imaginación humana, siendo respaldadas por tenues luces centelleando tenebrosamente. En lo más profundo cerca de la hilera de árboles que delimitaban la zona se hallaba una pequeña caseta de madera vieja en la que, por el momento, de los muchos que se había quedado en el jardín ninguno había osado acercarse a ella. Eri podía decirlo sin miedo, los propietarios se lo habían currado hasta tal punto de que los más pequeños habían tenido que regresar a sus casas junto a sus padres por miedo.

—¿Onee-chan, hasta cuanto te vas a quedar en el coche?

Las réplicas de Alisa más el ceño levemente fruncido hicieron reaccionar a la nombrada sacándola al instante del deportivo.

—Perdón, me distraje por un momento.— le respondió Eri con las llaves en la mano.

—¡Alisa!— la voz de una joven castaña alerto a la Ayase menor de su llegada junto a un grupo más de compañeros.

Eri volteo a ver al grupo paseando la mirada de forma desconfiada, desde la joven vestida en un traje de vampiro que le era conocida, hasta el cúmulo de adolescentes moviéndose en masa hacía la mansión.

—¿Ten mucho cuidado de acuerdo?— dijo la rusa en tono preocupado junto a un suspiro.

—Está bien, luego nos iremos con la pareja de su hermana en su coche.

La oji azul asintió en acuerdo y dejó ir a la menor con su amiga.

—Te preocupas de más.— comentó la pelirroja observando como desaparecía el grupo por el camino de tierra hasta el edificio.

—Prefiero preocuparme de más que preocuparme de menos.— le contestó con la mirada perdida.— Bueno dejando eso de lado, ¿vamos tirando?

—Sí, sí consigues que Umi salga del coche sí.— Eri giro la cabeza a donde apuntaba el dedo de la pelirroja y se lamentó profundamente.

Luego de tres cuartos de hora llenos de forcejeos, discusiones y suplicas, entre otras cosas, Eri consiguió cerrar el coche con Umi fuera de él mientras era retenida por Maki.

—Oh vamos dejarlo ya. ¡Umiiii!— dijo en un último grito Maki al límite de sus fuerzas.

—Relájate, quieres.— Eri se sostuvo la cabeza con pesadez.— Estas muy tensa.— Umi dejo de forcejear y agachó la cabeza como un perrito lamentándose por su travesura después de haber sido reñido.

—Ya pero...— la oji miel se pasó una mano por la nuca y le dirigió una mirada tímida a la mayor.— ...no quiero que ocurra lo de la última vez.

Tanto la oji azul como la pelirroja le regresaron la mirada de forma comprensiva.

—Eso no va a volver ocurrir. Esta vez no conmigo y Maki aquí.— alentó la rubia mientras llevaba ambas manos a los costados de su cintura.

—Eri tiene razón. Deja de torturarte por eso porque créeme, hiciste bien en partirle la cara a ese desgraciado.— apoyó las palabras de la rusa con un tono insistente y a la vez reconfortante.

Umi no dijo nada, solo se deshizo del agarre de Maki y camino en dirección a la mansión bajo la atenta mirada de sus amigas. Apenas avanzó tres pasos giro la cabeza revelando un bonito sonrojo cubriendo parte de sus mejillas y orejas mientras, sus facciones eran remarcadas por la resignación.

—Solo...— suspiro.— No hagan ninguna burrada.— la peliazul sabía que para sus amigas era prácticamente imposible siempre y cuando el alcohol estuviera de por medio, sobre todo para la menor del grupo, sin embargo, tampoco perdía mucho sí lo intentaba.

—¿Porque nos tratas cómo salvajes?— inquirió rápidamente Eri en un tono rozando la indignación y la diversión.

—Porque lo eres.— fueron las prontas palabras de la pelirroja haciéndose la desentendida.— No intentes meterme en el mismo saco.— añadió para desgracia de la rubia y para gracia de la oji miel.

—¡Ey! Te recuerdo q-...— Eri miro la mano extendida frente a su cara.

—Lo siento, no me interesa.— dijo con simpleza lo que hizo que Umi, no pudiendo aguantar más, se echó a reír cortando con cualquier tipo de respuesta.

La rusa poso la mirada en su amiga secándose unas cuantas lágrimas que se asomaban por el borde del ojo por lo que relajó la mirada y ensancho su boca en un sonrisa. Mientras Maki solo se encogió de hombros y puso una leve sonrisa de lado, alternando la mirada entre sus dos amigas.

Con el ambiente más calmado y menos tenso por parte de Eri, siguieron el camino de tierra hasta la mansión, donde les aguardaba un gran portón puesto de adorno como la puerta principal, custodiada por un hombre y una mujer vestidos de un hombre lobo y un zombie respectivamente. Para los ojos de Eri, solo eran los vigías principales de los muchos que habrían mezclados entre la multitud de gente repartida dentro y fuera de la casa.

—Sean bienvenidas a nuestro castillo.— pronuncio la mujer en cuanto tuvo al trio al frente mientras hacía una reverencia.

—Nuestro amo se alegra de tener más invitados.— le siguió el hombre con su tono profundo y sorpresivamente sombrío.— Por favor. Adelante.

De las tres Maki fue la que tomo la iniciativa de entrar sin titubear, cosa que para Eri quien teme a la oscuridad y Umi que sentía la mirada de alguien clavada en su espalda les fue sumamente difícil dar el primer paso. Tras pasar el gran portón un pequeño sendero ascendía por una de las colinas en zig-zag hasta mezclarse con los primeros grupos que se habían quedado en el jardín-cementerio con una música ligera de fondo.

—Es bastante espacioso a decir verdad.— comentó la pelirroja sin dejar de virar a su alrededor con ojos analíticos.

—Es más que eso.— le reclamó la peliazul con los nervios de punta.— ¡Por dios, Maki!— exhaló sosteniéndose la cabeza con una mano.

—¿Que? Pero sí es cierto.— se defendió como pudo la menor.

Mientras sus amigas discutían sobre lo que era moderado para un rico y lo que era exagerado para una persona normal, Eri fue dejando un espacio entre ellas cada vez más grande. La rusa temía a la oscuridad, eso era cierto pero sí debía de elegir entre escuchar las discusiones entre Maki y Umi o quedarse en un camino por lo general alumbrado por algunos focos; la idea de quedarse andado por el tenue camino bajo la luz de la luna no parecía tan mala idea, continuaba habiendo luz después de todo.

—Supongo que aquí nos separamos.— se dijo a sí misma en un murmullo sofocado por el susurrar de los árboles a su alrededor.

Con cada paso que avanzaba el cúmulo de personas en la entrada se le hacía más claro, hasta el punto de entretenerse contando cuantos zombies se hallaban en ese lugar. Una ligera carcajada escapó sin pudor por su boca en cuanto una idea fugaz cruzo por su mente, una idea que implicaba una ligera comparación entre sus amigas al despertar y los zombies aquí presentes. Eri anduvo por la multitud hasta llegar a las puertas de la mansión abiertas por completo, invitando a pasar por ellas a cualquiera que fuera el valiente de adentrarse en el oscuro pasillo de la entrada. La oji azul cielo miro como el pasillo era engullido por la oscuridad, en ese momento maldijo a sus dos amigas por haberse olvidado de ella y se juró que lo pagarían bien caro.

—¡Onee-chan~!— el peso extra en su espalda la hizo trastabilla unos cuantos pasos hacia atrás mientras un chirrido agudo era ahogado por sus dientes fuertemente apretados.

—A-A-Alisa.— pronunció medio grito cuando pudo girar sobre su eje.

—¿Tú también vas a entrar?— pregunto con su inocente mirada repasando la entrada.— ¿No está muy oscuro?

Eri se encogió de hombros mientras su mirada viajaba de lado a lado de forma inquieta. Alisa, quien se dio cuenta de ello, puso ambas manos a los lados de las mejillas de su hermana y le dio una sonrisa tranquilizadora. Como sí de un hechizo se tratara la mayor sintió como una ola de calma fue apoderándose de su ser devolviéndole el uso de razón.

—Perdona por esto.— se disculpó apenada.— Seguro que te resulta bastante patético que tu hermana aún le tema a la oscuridad.— Alisa negó sin apartar las manos de las mejillas de Eri.

—Eso no es cierto.— hizo un mohín que a la más alta le resulto adorable.— Ahora vamos dentro. Umi-san y Maki-san entraron hace nada.

La mayor se dejó guiar hasta el salón principal de la casa, donde la aglomeración de personas en aquella enorme habitación superaba con creces a la de fuera. La música a todo volumen quebró los oídos de ambas jóvenes y las escasas luces centellearon sin remordimiento por todo el lugar, creando un efecto impresionante.

—Alisa.— la llamó intentando que su voz no fuera sofocada por el escándalo.— ¿Puedo saber dónde vamos?— la nombrada paro su andar y señalo las escaleras de la derecha que ascendían hasta una plataforma junto a una habitación contigua, lo que hizo que Eri alzara una ceja confundida.

—Tú sígueme.— fueron las escasas palabras gritadas por la menor, la cual volvía a tirar del brazo de la mayor.

Una vez pasada la masa de personas ambas hermanas subieron hasta la plataforma y entraron a un habitación algo más pequeña donde la música era más relajada y menos dolorosa para sus pobres cabezas adoloridas. Los orbes azules resplandecieron en contraste con la luz azulada que bañaba la pista de baile y la decoración andrajosa. Alisa suspiro aliviada parando sus pasos cerca de la barra y volteo a ver a Eri que no dejaba de mirar a todos lados.

—Aquí estaremos mejor.— pronunció.— Umi-san y Maki-san deben de estar vagando por aquí.— le aclaro la menor soltándole el brazo.— Voy a ir a buscar a Yukiho, nos vemos Onee-chan.— Eri le dio un mirada comprensiva y se despido con la mano.

En cuanto la perdió de vista la rusa se acercó a la barra y se sentó en uno de los muchos taburetes vacíos con la mirada fija en la pista. Aún que no viera a sus amigas tenía el presentimiento que se encontraban bien, por ello se dedicó a relajarse mientras tomaba algo de Vodka en la barra.


—¡Aaaah!

—¡Aaaaah! Espe-... ¡Honoka!— una mirada de reclamo le fue dada a la más baja de parte de la oji verde que tuvo que sostenerse de una de las mesas de comida para no caer.

—Tsubasa-chan perdimos a Nico-chan.— dijo la pelinaranja ignorante a la agitación de la mayor.

—No perdimos a nadie.— suspiró.— Kotori-san a ido a por la bebida y Nico-san se fue a atender una llamada.— Honoka hizo el intento de volver a hablar, siendo callada por la mano de su novia.— Tampoco perdimos a nuestra brujita.

—Oh.— atinó a asentir lentamente, a lo que Tsubasa se golpeó la frente con la palma de la mano.— Entonces vamos a buscar a Kotori-chan hace rato que se ha ido.

Sin dejar espació al reclamo Honoka tiro de la mano de la oji verde de vuelta al bullicio de gente en la pista de baile. Tras un cuarto de hora buscando, ambas chicas pudieron encontrar a su amiga cerca de unas mesas colocadas al fondo en el lugar más oscuro de la sala. A medida que se acercaban Tsubasa pudo distinguir la silueta de dos personas más paradas frente a la joven, al parecer, discutiendo de algo que no logro entender.

—L-lo siento pero es que...— Kotori hizo un ademán de andar siendo detenida por la más alta.

—Nada de eso. Vamos, seguro que no se molestan.

A cada paso que daban Tsubasa fruncía más el ceño, molesta con quienes fueran esas personas que no dejaban a su amiga en paz. Su mirada verde se clavó amenazante en esas dos siluetas y, de una zancada, se interpuso entre los dos bandos, sorprendiendo a todas.

—Disculpa.— dijo tajante mientras miraba a los dos encapuchados, que por lo poco de sus facciones al descubierto, pudo darse cuenta de que se trataba de dos chicas.— Pero me temo que...

Antes de poder acabar la risa de la más baja detuvo a Kira de continuar con su rechazo educado.

—Perdón, perdón.— la joven hizo un ademán de secarse las lágrimas a la vez que se retiraba la capucha y dejaba al descubierto su cabello castaño y el color violeta en sus ojos.— Es que eso es algo extraño viniendo de Tsubasa.— añadió sin parar de reír.

—Por esta vez estoy de acuerdo.— asintió la otra figura revelando su rostro maduro y sus característicos ojos rasgados.

—¡Anju, Erena!— se quejó la joven.— Podrían haber avisado que vendrían.

—Perdónanos, muchas cosas pasaron.— se disculpó Anju con las palmas juntas a la altura de la boca a modo de disculpa.

—Erena-san, Anju-san.— Honoka acorto los pocos pasos que le quedaban en una zancada, poniéndose a la altura de su novia.— Tiempo sin vernos.

—Lo mismo digo Kousaka-san.— respondió Erena con una sonrisa de lado.

—¿Ustedes no estaban en el extranjero?— intervino Kotori acercándose a las chicas de forma más amistosa, ganándose las mirada divertida de la más baja.

—Hubo cierto problemilla en la agencia por lo que tuvo que suspender las actividades por lo que queda de mes.— ensancho la sonrisa y Erena ladeó la cabeza como sí se desentendiera del tema.— Así que aquí me tenéis, a la gran Yuuki Anju.— se señaló con orgullo, por lo que Tsubasa no pudo retener una risa nerviosa.

—Ignorad las payasadas de Anju se dio un golpe en la cabeza antes de bajar del avión.— explicó Erena ignorando descaradamente las quejas de su amiga castaña hasta que ésta le halo fuertemente el brazo para abajo y le susurro algo en el oído ante las miradas indiscretas de las restantes.— Creo que de-deberíamos ir a bailar.

Tsubasa pudo haber ignorado dichas palabras y molestarla a su gusto de no ser por el nuevo grito entusiasta a su lado y los tirones en su brazo.

—Bien, bien.— se rindió a regañadientes mientras seguía a Honoka que tiraba de ella y Kotori a la vez.


La mirada miel de la peliazul viajó de un lado a otro de la barra; pasando desde las múltiples botellas de alcohol reposando en el impoluto estante de cristal hasta su pequeño vasito saturado de un líquido verdoso que resaltaba con el continuo juego de luces de la pista. Umi levanto la cabeza de sus brazos entrelazados y viro a todos lados hasta encontrarse con la mirada violeta de Maki viendo la oscuridad del fondo, lo que le recordó algo bastante importante y que sin embargo, anteriormente, había pasado a segundo término.

—¿Eri... estará bien?— hablo en un tono ligeramente adormilado que llamo la atención de la pelirroja.

—Posiblemente.— respondió con cierto tono desinteresado mientras se bebía de un trago lo poco que le quedaba de licor.— Espérame, voy a ir a por ella.

De haber estado en sus cinco sentidos Umi la hubiera detenido, sin embargo lo que más deseaba en ese momento era quedarse allí, quieta, escuchando la música mientras su dedo índice golpeaba la mesa al compás. Los minutos se sintieron eternos. Ya había pasado una hora y Maki aún no regresaba. A su lado descansaban dos vasillos de licor vacíos, pues parecía que solo el dulce sabor del ardiente líquido verdoso bajando por su garganta era lo único que podía aliviar su preocupación. Para cuando la peli azul decidió parar con la bebida, a su lado descasaban tres vasos completamente vacíos y de no haber sido por la mano de alguien deteniendo la mano con la que había hecho el ademán de pedir, hubiera pedido un cuarto.

—D-Detente, por favor.— Umi ensancho los ojos pudiendo reconocer aquel tono de voz que se le hacía tan conocido y a la vez ajeno.

Giro la cabeza subiendo poco a poco por el brazo desnudo de la chica hasta encontrarse con la mirada ámbar suplicando ser escuchada. Un fuerte sonrojo la envolvió por completo mezclándose con el calor del alcohol haciéndose menos notorio.

—Tu… eres…— entrecerró los ojos al sentir como su vista se nublaba por unos instantes.

La peligris se sentó al lado consiente de la mirada de la peliazul y cogió uno de los vasos de la más alta.

—Minami Kotori.— se presentó.— Puede que ahora no lo recuerdes pero nos chocamos esta mañana en las afueras.— Kotori comenzó a jugar con el inexistente líquido el vaso de forma nerviosa.

—Ya veo…— la universitaria se golpeó mentalmente por su momento de "lucidez", lo más seguro es que la cantidad de licor ingerido pudo haber tenido algo que ver con dicha respuesta.— Sonoda Umi. Es un placer… Minami-san.— acabó con una leve sonrisa que volvió a preocupar a la joven de al lado.

—¿T-Te encuentras bien?— Kotori se levantó y paso una mano por la frente de la peliazul, algo que encontró completamente innecesario en cuanto lo hizo y no dudo en reclamarse mentalmente por ello.— Ven vamos a sentarnos allí.

Umi alzo la vista hacía los sofás vacíos en una sala contigua a la que estaban, unida por una puerta. Asintió paulatinamente, intentando pensar con claridad y salir del mar de nubes en el que, posiblemente, se encontraba viajando su mente. Hizo un ademán de poner un pie fuera del taburete cuando un fuerte mareo nublo sus sentidos por lo que, de no haber sido por su acompañante, que pudo reaccionar a tiempo interponiéndose entre ella y el suelo, lo más seguro es que se hubiera venido de bruces contra él.

—Gr-Gracias.— su respiración era entrecortada, la cabeza le daba vueltas y su vista se iba nublando de vez en cuando.

—¡Sonoda-san!— la peligris dirigió la cabeza de la oji miel hasta su pecho dándole unos minutos de calma donde ambas olvidaron por completo en donde se encontraban.

Como sí de un conjuro mágico se tratara el malestar que sentía Umi se esfumo con solo sentir la calidez que emanaba aquel cuerpo ajeno. Miro a la más baja que no había dejado de acariciar su cabeza, los recuerdos de su madre se le amontonaron, algunos de forma agradable de otros como dagas envenenadas dirigidas al corazón. Aprovechando su calma, Kotori se separó lentamente de ella y cruzo sus brazos, guiándola lentamente al salón vacío.

Una vez dentro la oji ámbar la ayudo a sentarse al mismo tiempo que ella se sentaba a su lado y tomaba de la cabeza azul para recostarla en los pliegues de la falda de su disfraz, por supuesto la oji miel trató de zafarse de las intenciones de la chica no obstante el cansancio la dejo a merced de cualquiera, en este caso de Kotori.

Ya fuera por su estado o por lo cómodo que encontró las piernas en las que estaba apoyada su cabeza, la estudiante de literatura se dejó mimar mientras se centraba en calmar el endemoniado dolor que le martilleaba la cabeza insistentemente.

—¿Estas segura de que no estoy siendo una molestia Minami-san?— pregunto Umi pasado un tiempo.

La aludida le dio una mirada alentadora desde su posición y siguió acariciando los mechones azules de forma apacible.

—Tómalo como una disculpa por lo de esta mañana.— le sonrió.

Umi asintió lentamente, debatiéndose entre soltar el repertorio de preguntas que tenía para la peligris o no. Trago saliva y se adentró a probar suerte.

—Tengo ciertas dudas sobre ti… ¿puedo?— Minami asintió cediéndole el paso.— ¿Siempre eres así de amable con todos?

Algo dentro de la oji ámbar dio un vuelco al escuchar dichas palabras formuladas por quien descansaba en su regazo. Kotori podía jurar que su cara se encontraba igual de roja que la de su acompañante que había ladeado el rostro de la vergüenza. Estaba atónita ni ella misma se lo podía explicar.

—Bu-bueno no con todos.— respondió nerviosa.

—¿Entonces por qué conmigo sí?— ciertamente ni Umi sabía dónde quería llegar con ese tipo de preguntas, solo que así lo sentía.

—Tampoco lo se.— se sinceró, rascando detrás de la oreja a Umi por lo que le sacó un tierno ronroneo.—Pero dime ¿qué hacías bebiendo tanto en la barra?— inquirió con curiosidad.

—¿Esperar?— Umi la miro interrogante y Kotori no pudo sino reír.— No. Es enserio. Estaba esperando a unas amigas.— a pesar de su máscara de seriedad, la sonrisa de la chica de orbes ámbar le había gustado demasiado por lo que sus labios se curvaron en una sonrisa.

—Lo-lo siento.— se disculpó secándose un par de lágrimas de sus ojos.— Contestaste de la misma manera en que lo hacía alguien muy especial para mí.

La peliazul sintió unas ganas tremendas de disculparse, y así lo hizo; aun si no sabía del 'porque'. Lo único que quería era regresarle la sonrisa a esa hermosa chica porque, desde su punto de vista la nostalgia no era digna de remarcar tan bellas facciones.

—Perdón.— Kotori la miro con un rastro de asombro.— Yo...— pronuncio en un intento de explicar el porqué de su repentina disculpa.— Creo que te ves mejor con una sonrisa en la cara.— con dichas palabras la cara de Umi se calentó estallando en un sonrojo comparable al rojo de los tomates o como decía Eri, como el pelo de Maki.

Un silencio bastante incomodo se formó entre las dos chicas abochornadas por la situación. Mientras Umi se reclamaba que ella no era así y culpaba al alcohol de ello, Kotori buscaba donde esconder su vergüenza; nunca nadie que no fuera amigos y/o familia se lo había dicho por lo que no supo cómo actuar y se limitó en una pequeña palabra en agradecimiento.

—Gr-gracias Sonoda-san.

—No hay de que.— en ese momento agradeció los efectos de los tres vasos de licor porque de no ser así se hubiera desmayado hace tiempo.


Maki siguió andando por las distintas habitaciones con cualquier tipo de iluminación por escasa que fuera. Como era bien sabido Eri le temía a la oscuridad, por lo que cualquier sala sin nada o con solo la luz de la luna iluminando estaba fuera de discusión. Su recorrido había comenzado por la planta baja hasta la tercera, iba a rendirse cuando recordó el jardín-cementerio y salió de la mansión a paso apresurado.

Al salir fuera una pequeña brisa acarició su piel expuesta, lo cual lo agradeció. Se había pasado más de una hora y media buscándola, más le valía a Eri estar en el jardín o de lo contrario lo pagaría. La pelirroja siguió andando por los distintos senderos encontrándose por el camino con un par de graciosos intentando asustarla, cosa que no pasó, por contra fue Maki quien los espanto con su penetrante mirada homicida. En cuanto los tuvo fuera de su campo de visión chasco la lengua con fastidio y prosiguió su búsqueda con solo un pensamiento rondando por su mente: Eri lo iba a lamentar.

—¡Por dios! ¿Cómo pudo perderse?— Maki se agarró la frente con una mano en un momento de desespero.

—¡Idiota!

Por acto reflejo Maki giro la cabeza en dirección a quien fuera que hubo gritado, recibiendo de lleno un golpe en la frente que la hizo trastabillar. Por inercia la oji violeta alargar la mano y milagrosamente pudo tomar el dispositivo al vuelo. Para cuando pudo recuperarse del golpe su mirada enfocó a una joven con complejo de cría, con su pelo negro atado en dos coletas por dos listones junto a unas orejas de gato rosa, poseedora de unos intensos ojos carmín que la miraban de forma indescifrable.

—¡Ey! ¡¿Y a ti que te pasa?!— obviamente la menor había llegado a su límite y que le lanzaran el celular sin razón alguna había acabado por colmar su paciencia.

Por supuesto la joven pelinegra frunció el ceño molesta y borro todo tipo de disculpa que le fuera a dar; por impertinente según ella. A cambio, le arrebato el dispositivo de la mano, a pesar de que se sentía impresionada con la hazaña de la pelirroja, y dio media vuelta sin mediar palabra.

—¡Tu enana!

La aludida paro su andar y miro a la más alta con el ceño fruncido.

—¡¿Que me has dicho?!— inquirió deshaciéndose del poco espacio entre ellas en una zancada.

—Lo que has escuchado, E-N-A-N-A.— deletreo sosteniéndole la mirada, ambas llenas de irritación.

—Tú…— se acercó más amenazando con abalanzarse sobre Maki quien, a pesar de ver las intenciones, no se encontraba dispuesta a ceder.— ¡Tomate con patas!

—¡Niña de primaria!

—¡Ojos rasgados!

—¡Chibi!

—¡Amargada!

—¡Ególatra!

—¡Maleducada!

Las miradas de ambas se enzarzaron en una lucha eterna por el dominio y la razón de sus dueñas, creando un tenso escenario en el que cualquiera que osara interrumpir se vería succionado por la ira de ambas chicas.

—Eso no está bien.— la dulce voz de alguien más causo una conmoción en ambas.— Nicochi~— por inercia la mencionada se tapó los pechos olvidando por completo su rabieta con Maki.

Confundida por el rápido cambio de actitud de la pelinegra, Nishikino se obligó a darle una repasada a la recién llegada la cual vestía en un traje de brujita con su escoba y su gorro cónico en la cabeza. Cuando su mirada violeta se enfocó en los ojos turquesa de la pelimorado un escalofrío recorrió de forma ascendente su espalda.

—Disculpa a mi amiga tiene serios problemas de egoí-...

—¡NOZOMI!

Antes de que ninguna de las presentes pudiera hacer o decir algo más, Nico se llevó a la mencionada lejos, muy lejos, de la pelirroja quien se encontraba bastante confundida.

—¿Que fue eso?


Mirara por donde mirara no pudo reconocer a sus dos amigas entre el pelotón de disfraces, todo aquel que fuera con mascara estaba fuera de cuestión, lo que la dejaba con tres cuartos de los presentes. Eri suspiro. Hacía poco que había abandonado la barra para mezclarse con la gente de la pista. Durante su recorrido fue parada por muchos, mayormente chicas, en un intento de ligue que cayó en saco roto al verse sobrepasados por la densidad de la universitaria.

—¡Te encontré!

El fuerte agarre en su muñeca la hizo detenerse en seco para luego girar la mitad del cuerpo en dirección al sujeto. El azul de sus ojos dio de lleno al amenazador color violeta de la pelirroja la cual parecía haber salido de correr una maratón.

—¿Ocurre algo, Maki?— Eri espero expectante por la respuesta de su amiga que parecía estallar en cualquier momento.— Tien-...

—¡SÍ! Tengo una marca roja en la frente.— señalo en el mismo punto en el que señalaba la mayor bastante aturdida.— Te he estado buscando por todos lados durante tres hora. ¡TRES HORAS!— Eri la miro con algo de miedo puesto que fuera cual fuera la causa ella lo iba a pagar.— Por tu culpa una enana ególatra con complejo de loli me ha lanzado su celular a la cabeza, unos imbéciles me han intentado asustar y te puedo confirmar que acabó de perder a Umi.

La rusa abrió la boca en un intento por preguntar por el caso del celular en su frente, no obstante la cerró de inmediato cuando supo que sí tocaba ese tema acabaría por matarla ahí mismo.

—E-entiendo.— dijo cuidadosamente.— Vayamos a pedir algo. Necesitas un buen trago.

Sin dejar tiempo al reclamo Eri la tomo por los hombros y se la llevo a dicho sitio casi arrastras. Para cuando pudo sentar a la oji violeta en uno de los taburetes la rubia se adentró a preguntar mientras su amiga bebía con el ceño fruncido.

—¿Cómo es eso que perdiste a Umi?

—Pues eso.— gruño de mala gana.— La deje bebiendo en la barra y cuando volví, ya no estaba.— acabó de explicar así como también termino con su primera cerveza.

Eri se limitó a asentir mientras veía a Maki beber más rápido de lo normal.

—Mañana no podrás levantarte.— ante lo dicho la aludida alterno la vista entre su cerveza y las botellas de enfrente.

—Bien.— para suerte de Ayase la oji violeta dejo de lado la jarra de cristal y volteo el taburete hacía la oscuridad.— Ahora dime. ¿Cómo nos hacemos para encontrarla?

—Llamarla.— la oji azul sacó su celular del bolsillo ante la atenta mirada homicida de la más baja, por lo que sin esperar a que la saltara fue retrocediendo poco a poco mientras buscaba en su agenda de contactos el número de la peliazul.

Cuando lo hubo encontrado presionó el icono de llamada y se lo puso en el oído a la espera de que, con un poco de suerte, Umi lograra cogerlo. Tres pitidos consecutivos resonaron en su oído cuando la oji miel decidió descolgar. Eri estuvo apuntó de decir algo sin embargo todo cambio cuando sonó una voz dulce y apacible al otro lado de la línea.

—¿Umi dónde está?— el ceño de la rusa se frunció denotando la confusión y la desconfianza a la vez.

—Err... No. Ella... Sonoda-san se encuentra descansando.— la voz de la chica sonó titubeante ante la fria voz de Eri.

—¿Puedo hablar con ella?— la interrogó presionándose el puente de la nariz intentando encajar piezas.

—Cl-Claro.

Unos ligeros golpes sonaron por el auricular, golpes que la mayor pudo descifrar que estaba pasándole el dispositivo a alguien. Para cuando pararon la cansada voz de la oji miel se dejo escuchar así como muchos otros quejidos y chasquidos de molestia.

—Umi...— suspiro.— ¿Te encuentras bien?

—Hmm... Pudiera estar mejor.— al otro lado se escuchó un ligero quejido y un par de reclamos provenientes de la joven desconocida.— Bebí demasiado eso es todo. ¿Te encontraste ya con Maki?

—Hace nada.— por inercia su vista viajo a la pelirroja con la cabeza estampada en la mesa y otra cerveza nueva en su mano. Eri sudo frio y regreso a su conversación.— Dime donde estas y vamos para allá.

Tras las indicaciones de la peliazul Eri cogió a Maki como pudo y se la llevo a la sala de descansos que le había indicado. Mientras sostenía a Maki por la cintura y con un brazo pasando por su cuello, Eri hizo malabares para lograr abrir la puerta, entrar y volver a cerrar.

—Dios... ¿Cuánto bebieron ustedes dos?— las miradas bastante parecidas se clavaron en ella; una con algo de gracia otra con sorpresa por tal hazaña.

La peliazul se sonrojo en respuesta. Estar con alguien más mientras era regañada era algo sumamente vergonzoso y que justamente fuera Kotori, no lo ponía más fácil para todo su adormilado ser.

—Eso fue... Eso fue...— las orejas se le enrojecieron aún más ante las caricias de la peligris en su cabeza.— Esp-... Minami-san.

—Entiendo. Fue culpa mía.— la oji azul alzó la mano declarándose culpable. Umi no estaba para una discusión y ella tampoco por lo que lo dejo en paz por el resto de la noche, por su bien y por el de ella.— Tengo pensado volver ya ¿sí quieres voy a dejar a Maki y luego vuelvo a por ti?— Umi le dio un rápido vistazo a la oji ámbar antes de contestar.

—Cl-claro. Es mejor terminar por hoy.— afirmó.

A pesar de querer estar un poco más con Kotori no podía retenerla por más tiempo, lo más probable es que sus amigas también la estuvieran buscando por todos lados. Y, teniendo en cuenta lo recién ocurrido y las horas transcurridas, Umi lo decidió así por el bien de ambas.

—Te esperamos fuera de la mansión.

Empujando a Maki para que se mantuviera en pie, Eri consiguió que la ardua batalla contra la puerta que le impedía el paso se abriera con más facilidad, volviendo a dejar impresionadas a las únicas conscientes en esa zona, o al menos semiconsciente.

—Increíble.— el asombro en la voz de la peligris era bastante notorio por lo que pudo arrancar de la boca de la más alta un par de risillas ahogadas.

—Genes de ruso.— dicho eso la mayor reemprendió su caminar al lugar acordado dejando atrás a las restantes.

Una vez consiguió salir de toda la muchedumbre así como también pasar aquel oscuro pasillo que para su suerte tuvieron que iluminar por los múltiples accidentes, Ayase hizo que la pelirroja, con la poca conciencia que le quedaba, se subiera en su espalda.

Cuando hubo cruzado la puerta de entrada el frío viento de la noche calo en sus pobres brazos y piernas desnudas por lo que su cuerpo tembló como gelatina por un momento. Los orbes azules se posaron en el ancho cielo adornado por múltiples estrellas que le otorgaban un brillo único. La fascinación en el brillo de sus ojos no se hizo esperar; no sabía ni cómo ni porque, de lo único que estaba segura era que el cielo tenía algo de más que le hacía verse deslumbrante ese día.

—Son muy bellas ¿verdad?

Una mano enguantada señalando algo en concreto cruzó por su campo de visión. Curiosa, ladeó levemente la cabeza siguiendo el brazo hasta una joven parada a un par de pasos cerca suyo. Los orbes azules analizaron minuciosamente a la chica, desde del gorrito cónico de bruja pasando por el ceñido traje morado unido a otra pieza por unos cordones por la parte del abdomen hasta las medias negras junto a los zapatos de tacón.

—Tienen algo especial.— fue la escasa contestación que le dio. Por otro lado la pelimorado se río sutilmente por tan desconfiada respuesta.

—Se avecina algo incierto y las constelaciones lo presienten.— concluyó y se fue tal y como vino dejando una estela de misterio tras su partida.

La rubia la hubiera seguido con la mirada de no ser porque el peso extra en su hombro hizo que cortara el contacto.

—¿Eri?

—Oh... Umi.— atino a decir ocultando su nerviosismo mientras no dejaba de pasear la mirada de forma inquieta por el suelo bajo sus pies.

—¿Oye, te pasa algo?— preguntó darse cuenta de los nervios de su amiga.

—Sí.— se tensó.— Por cierto ¿Quién era esa chica?— evadió la mayor con una ligera sonrisa remarcando sus finos labios.

Umi lo hubiera seguido presionando sin embargo decidió explicarle sobre Minami con lo poco de razonamiento que le quedaba. Durante el trayecto se lo pasaron en un cómodo silencio en el que de vez en cuando alguna comentaba algo. Al llegar al estacionamiento la oji azul recostó a Maki en los asientos de detrás con ayuda de Umi quien después se sentó en el lugar del copiloto. En eso Eri rodeo el coche y se subió en el asiento del piloto.

El sonido de la puerta al cerrarse sumió a ambas chicas en un silencio sepulcral el cual fue roto por el sonoro suspiro de la rusa apoyada con la frente en el volante. Después de unos minutos de tranquilidad la mayor introdujo las llaves y arranco el deportivo a marcha rápida para llegar cuanto antes mejor.


Notas Autor: Sí nunca te han lanzado el celular en la cabeza, eso es que no es amor del bueno. (_)

Att: Nishikino Maki

Bueno pasó a dejar esto por aquí y me largo, estoy en semana de exámenes y mañana tengo 3 exámenes (╥_╥).

Cualquier comentario, duda, sugerencia y/o aclaración es bienvenido.

OphiellTheFallenAngel: Jajaja a partir del siguiente capítulo se viene la pareja principal por lo que agárrate fuerte. Muchas gracias por comentar y nos vemos XD

Gabi kahio pierce: Tomo tu consejo en cuenta. Muchas gracias por comentar, no siempre se reciben este tipo de comentarios así que, una vez más, gracias :D ¡Saludos!

AdrienneHe: Siento el retaso pero aquí lo tienes. Gracias por comentar.

Arf-Chan: Jajajja gracias espero cumplir con tus expectativas :)

Muchas gracias por su apoyo y nos leemos en el próximo capítulo.