El Mago

Autor: Quetzalli

Resumen: Harry logra un gran avance en el trabajo mientras se prepara para su gran cita del jueves con Severus quien para pasar el rato y controlar su ansiedad decide hacerle una visita a los gemelos Weasley.

Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.

Spoilers: Ninguno. Juro solemnemente que no hay ninguno aquí. A final de cuentas esto es un AU.

Capítulo 8
Matt Daniels

La mañana despuntó con un insólito esplendor. Todo parecía resplandecer ante los ojos de Harry que se descubrió a sí mismo canturreando alegremente al despertar, alimentar a Heidi y dirigirse al trabajo por autobús. La misma melodía alegre insistió en salir de sus labios en forma de silbido durante su recorrido por los conocidos pasillos del Instituto Psiquiátrico de Dartford, su lugar de trabajo.

—¡Dichosos los ojos que te ven tan alegre Harry! —lo saludó Michael Camp, el trabajador social del área—. ¿Hay algún buen motivo que origine tanta dicha?

—Confío en que esta será una buena semana —se limitó a responder Harry enigmáticamente, como siempre hacía cuando no estaba listo para revelar sus secretos.

—¿Has tenido avances con Daniels?

Harry notó entonces los papeles que Micheal sostenía entre sus manos con quizás demasiada ansiedad. No podían ser buenas noticias para Matt.

—Sólo que lo único que dice es su nombre y que ha demostrado un impresionante talento musical —resumió Harry, la felicidad que antes le embargaba ligeramente desplazada ante las circunstancias—. Dime que no van a tomar medidas extremas.

—Tras más de cinco meses de casi completo mutismo, cero avance por parte de las autoridades en la búsqueda de su identidad y ningún reporte de alguien perdido con sus características; la Dirección ha decidido que la mejor oportunidad que tenemos de encontrar a alguien que lo reconozca es haciendo público su caso —suspiró Michael derrotado—, no será tan difícil, con todo ese talento musical como tú lo llamas...

—No podemos hacerlo público aún —insistió Harry por sabrá Dios qué número de vez— Daniels apenas está empezando a confiar en mí, dame tiempo y podré sacarle algo más. Si lo exponemos ahora podríamos crear una avalancha de información falsa que a la larga va a perjudicarlo en demasía.

Michael desvió la mirada de Harry, era más alto que él pero aún así era difícil resistirse a la fuerza de esos ojos verdes. Inquieto revisó el expediente de Matt Daniels por milésima vez y repasó mentalmente todos los pros y contras que la junta había expuesto. La gran mayoría de contras era de Harry que insistía en poder ayudar al músico sin convertirlo en una trágica celebridad fugaz que podría marcar su vida para siempre.

—Tienes hasta las cinco de la tarde de hoy, si no tienes nada nuevo, que valga la pena, para entonces haré público el caso —cedió derrotado, Potter era el único terapeuta que había logrado un avance en ese caso, además toda esa futura posibilidad podía arriesgar la reputación del Instituto si Daniels resultaba ser un fraude. No, mejor era que Harry hiciera un último esfuerzo, así por lo menos su conciencia no se lo recriminaría y la Junta no podría tomar medidas en su contra.

Harry apenas tuvo tiempo de agradecerle a Camp antes de lanzarse al ala donde estaba Matt Daniels, un hombre hallado en el sureste de Inglaterra al que sólo había podido arrancarle su nombre y una impresionante cantidad de música por medio de la terapia, pero quien seguía rehuyendo el contacto físico con cualquier otro ser humano que no fuera Harry, concentrándose en hacerse ovillo por los rincones de su habitación con claras muestras de temor y lo que era mucho más alarmante, de dolor.

Este paciente le preocupaba y mucho. Había algo en lo poco que Matt revelaba que le era terriblemente familiar, como verse en un espejo deformado por los años y la intuición de encontrar muestras de un maltrato que va más allá de la psique, un profundo dolor surgido de un trauma físico al extremo que nadie más que él podía comprender, por un motivo todavía desconocido.

Matt Daniels era un verdadero enigma.

Y la especialidad de Harry era resolver ese tipo de casos como la aversión de Matt a ciertas cosas.

Su habitación carecía de cualquier tipo de decoración, sus paredes color hueso debían inspirar cierta tranquilidad para el joven que debía tener su edad aproximada, porque se había rehusado con fervor a estar en el ala pino, llamada así por el característico verde pálido que adornaba sus paredes.

Al parecer Matt simplemente le temía al color verde y a quien vistiera ropa negra, como Derek Holms su primer terapeuta que tenía una tranquila oficina predominantemente verde y siempre vestía de negro como un párroco con el objeto de ganar la confianza de sus pacientes.

Por eso Harry se había responsabilizado por Matt aunque aún se suponía que no tenía la experiencia necesaria. ¡Cómo si alguien tuviera toda la experiencia en casos psiquiátricos!

Según su propia observación, Harry sabía que no había dos casos exactamente iguales y que lo que podía funcionar con un paciente era pérdida de tiempo con otro. Por eso él siempre se acercaba como si no supiera absolutamente nada, dispuesto a dejarse sorprender con cada persona que había tenido el privilegio de ayudar hasta ese momento. No era un método que le agradara a sus colegas, sobre todo a Holms, pero a Harry le tenía sin cuidado la opinión de los demás si podía obtener resultados.

—¿Rosie podrías enviarme a Matt al Salón de Música? —pidió a la enfermera, una matrona cincuentona que era su mayor cómplice en este caso. Rosie cabeceó su acuerdo, seguramente ya conocía la situación y se dirigió a la habitación de Matt mientras él se apresuraba al Salón para arreglar la sesión, por suerte había apartado el recinto para esa mañana, pero no esperaba correr contra reloj.

Cuando Matt entró, Harry ya se había asegurado de tener todas las cortinas descorridas para dejar entrar a raudales la luz matutina. El mejor momento para tratar con él.

El suave resplandor del sol iluminó el pálido rostro de Matt haciendo brillar su cabello rubio platino, sus ojos azul grisáceo resplandecieron de inmediato ante el reconocimiento del Salón, el piano negro de un octavo de cola y Harry que con un gesto lo incitó a sentarse frente al instrumento.

Conforme las notas llenaron el Salón con su natural cadencia Harry reanudó la tediosa tarea de arrancarle a Matt alguna información que no fuera su nombre. Antes de la muerte de su tío había logrado que el joven confirmara que no soportaba la luz verde, la ropa negra y las máscaras, pero a su regreso se había encontrado con un dramático retroceso cortesía del Dr. Holms, ahora Harry no podía sacar a Matt de su propia mente y eso lo exasperaba.

—Necesito que me prestes atención —insistió molesto porque casi había terminado su tiempo y no tenía nada.

Matt se convertiría en la principal atracción de la prensa en unas horas y no podría evitarlo. Prácticamente fuera de sí, dejo caer con fuerza sus manos sobre las teclas del piano creando un ruido ensordecedor que rompió por completo la armonía que Matt se había creado. Era como si hubiera usado la fuerza de un choque eléctrico porque un par de segundos después, Matt retiró sus manos del teclado y fijó por primera vez su vista en los ojos de Harry como si acabara de descubrir que no estaba solo, con la misma expresión de quien acaba de despertar de un profundo e intranquilo sueño.

—¿Qué es lo último que recuerdas Matt? —preguntó Harry al notar el cambio en su paciente.

El joven parpadeó varias veces hasta que habló con voz insegura.

—Es confuso, re-cuerdo que estaba corriendo y... era de noche, había gritos por todas partes...

—¿Por qué corrías? —insistió Harry sin apartar la mirada, consciente de que la videocámara que grababa sus sesiones le repetiría todos los detalles en el futuro.

—No lo sé —respondió Matt claramente luchando contra las sombras que amenazaban por atraparlo de nuevo—, no lo sé, no lo sé, no lo sé...

—Tranquilo, quiero que respires un poco... así —comenzó a guiarlo Harry a través de los borrosos recuerdos que amenazaban a su paciente, hasta que Matt fue capaz de expresar imágenes claras y precisas.

—Mi piano está en la sala... el sol entra por la ventana en la tarde... cuando terminaba con mis estudios tenía permiso para tocarlo, era algo que me daba mucha paz —suspiró Matt con los ojos cerrados y voz apenas audible— creo que mi hermano gritaba cuando quería que dejara de tocar. Steve, Steven Daniels... vive en la isla de Sheppey —exclamó ansioso Matt abriendo los ojos repentinamente— él... es mi hermano.

Harry sonrió satisfecho, por fin tenía algo que podía salvar a Matt de un circo sin control. Cuando la puerta del Salón se abrió de nuevo, tuvo la fugaz visión del Dr. Holms con ese gesto adusto, deformarse en una mueca iracunda antes de controlarse lo suficiente para solicitar el recinto.

A veces parecía que no soportaba la presencia de Harry y otras que aborrecía a Matt... como si a alguien le importara.

Todavía no habían dado las cuatro de la tarde cuando Harry llegó ante la oficina de Michael con su reporte completo, justo antes de llamar a la puerta, alcanzó a escuchar voces airadas que discutían.

Por lo menos no llegué a las cinco se dijo Harry antes de tocar la puerta.

Micheal le permitió la entrada, se le veía tenso y fatigado, pero logró mostrar en su gesto que estaba aliviado de verlo ahí. Dentro estaban Holms y Darius Dydymski, el director del Instituto, un hombre de cabello cano y sonrisa amable que Harry respetaba profundamente.

—Traigo mi último reporte de Matt Daniels —explicó Harry después de saludar a los dos hombres.

—¡Es inútil que sigas con esto Potter! —vociferó Holms airadamente—, has perdido demasiado tiempo con esto y lo que necesitas es un marco familiar, antecedentes y la identidad de ese joven. ¡Deja de jugar con él y recetarle sólo un betabloqueador como el propranolol! Es hora de que comiences a darle un verdadero tratamiento.

—Derek deja hablar a Harry —lo interrumpió Dydymski.

—Gracias señor Hoy Daniels hizo un gran avance, ha recordado el nombre de un familiar y el lugar donde vive.

—¿En serio? —preguntó Michael aliviado de haberle dado más tiempo a Harry.

—Si y lo que es mejor, no fue difícil comunicarse con él, su nombre es Steven Daniels y por lo que hablamos por teléfono, él y su familia no han tenido noticias de un joven con la misma descripción que nuestro Matt en poco más de seis meses. Se mostró muy interesado en comprobar la identidad de mi paciente con su hermano Mattew y afirmó estar aquí mañana mismo.

—¡Excelente! Así que hacer público el caso ya no será necesario y el Instituto no tendrá que exponerse a la mirada pública, eso debe tranquilizarte Derek —dijo el Dr. Darius al levantarse y dirigirse hacia Harry a quien le dedicó una mirada orgullosa—, buen trabajo Harry.

Holms debía de tener un repentino ataque en su úlcera péptica a juzgar por el gesto amargo con el que dejó la oficina de Michael para seguir los pasos del director.

—Menos mal que lograste algo, Holms casi me mata por haberte dado más tiempo, mira que traer al mismo director para regañarme...

—No soy precisamente de su agrado.

—¡Harry estás logrando un avance en un caso difícil en donde él falló! Quería hacerte quedar mal ante todo el Reino Unido, claro que no le agradas.

Ambos hombres estallaron en risa antes de comparar notas y ajustar los detalles legales para cuando Steven Daniels llegara.

° ° ° ° °

A primera hora de la mañana Severus se encontró en el Callejón Diagón ante el negocio de los gemelos Weasley esperando a que las puertas del negocio se abrieran aunque bien supiera que faltaban un par de horas para que eso sucediera.

Nervioso empezó la tercer caminata alrededor del Callejón que daba ese día repasando cuanto y que les diría del análisis que había hecho junto con Harry, su corazón dio un vuelco al recordar el día anterior y se comprometió nuevamente a guardar el secreto de su identidad todo lo posible.

Satisfecho de sí mismo dejó que sus pies recorrieran la calle vacía con sus tiendas cerradas, un panorama tan distinto del usual que era hasta cierto punto reconfortante. Un pequeño vistazo al corazón del mundo mágico sin adornos ni presunciones.

Justo cuando daba una vuelta en redondo frente a la nevería de Florean Fortescue notó una brevísima, casi insignificante, brecha mágica; como un delgado corte en una tela fina. Algo que debería pasarse por alto entre el barullo general que rodea al Callejón pero que en ese momento estaba tan claro como el ardor de un corte con un cuchillo y eso no era nada bueno.

Con un nuevo interés en el sitio, Severus recorrió por completo la zona, descubriendo que había muchas más de esas inquietantes brechas en puntos estratégicos con lo que demostraba no eran al azar, sino un bien estructurado plan para debilitar las barreras mágicas que protegen el Callejón hasta el punto de que, en medio de un ataque mortífago cayeran de inmediato.

—Espero que esa hormiga no se sienta tan amenazada como para correr con su reina y declararte la guerra Alan —canturreó uno de los gemelos a su espalda.

Al instante Severus se enderezó lo suficiente para ver a su interlocutor a los ojos, su gesto adusto casi hizo desaparecer la sonrisa del pelirrojo que se puso de inmediato sobre alerta.

—Creo que tu familia debería ver esto.

—¿Exactamente que Alan? Y lo que es más importante ¿por qué mi familia?

—Porque los mortífagos han estado debilitando las barreras que protegen este Callejón por años y tu padre es oficial del Ministerio, si ustedes hacen la investigación será mucho más sencillo que decirle a todo el mundo que yo encontré esta terrible falla en la seguridad.

George avanzó hasta Severus y se entregó a la tarea de corroborar su palabra, por lo menos eso le pareció a él, era tan parecido un gemelo al otro que sólo la poca seriedad que uno de ellos mostraba de vez en cuando le ayudaba a identificarlos.

—Llamaré a Fred inmediatamente para que le expliques todo lo que descubriste mientras voy por papá... pero antes quiero que me digas que hacías tan temprano aquí —dijo secamente George.

—Esperaba a que abrieran su negocio, quiero discutir un poco esa teoría de los ataques, creo que tengo información interesante que puede ser completada.

Un brillo travieso alcanzó los ojos de George momentáneamente justo antes de que el joven lo guiara hasta la tras tienda y lo dejara cómodamente, compartiendo una taza de humeante té en compañía de su gemelo mientras llamaba vía red flu a su padre. Una búsqueda como esa podía necesitar a todos y cada uno de los Weasley.

° ° ° ° °

Steven Daniels, como el impecable caballero inglés de campiña que parecía ser a juzgar por su vestimenta, llegó justo a la hora que había prometido, ni un segundo antes o después. Parecía un hombre estricto, ingenioso y algo en él, lo revelaba como afectuoso hombre de familia.

Según los documentos ese era su hermano.

El trabajador social Camp y el doctor Dydymski tomaron horas para estudiar todos los papeles que si hermano llevó junto con una caja llena de fotografías, antes de decidir que en efecto él era Mattew Daniels.

Sólo que se seguía sintiendo como alguien más.

Algo completamente ridículo para alguien que sólo había podido recordar un par de nombres, como tocar el piano y el lugar en donde lo tocaba.

—Mattew quería ingresar al Conservatorio de Londres pero necesitaba una recomendación de alguien importante, nadie de nuestra familia ha tenido una vida fácil. Nuestros padres tenían suficiente dinero para formarnos una vida de ensueño pero insistieron en que forjáramos nuestras propias oportunidades —explicó Steven haciendo más irreal la situación porque él no podía recordar nada—. Por eso Mattew trabajó y estudió con ahínco hasta que consiguió su "gran oportunidad" y viajó a Essex desde donde se mantuvo en contacto con nosotros hasta hace medio año cuando hubo un ataque terrorista en la zona y no supimos nada más de él... lo buscamos tanto... hasta que el gobierno quiso darlo por muerto pero mamá y yo nos opusimos, a papá no le habría gustado que claudicáramos.

—¿Podría hablarnos sobre el lugar donde Matt aprendió a tocar el piano? —pidió Harry y el pensamiento de que estaba preocupado por él fue tan reconfortante como para arrancarle una pequeña sonrisa. Sólo él parecía preocuparse.

—Tenemos una propiedad familiar en el campo de Sheppey, una casa Victoriana como muchas del lugar de dos pisos rodeada por prado y un establo con caballos. En la sala de estar hay un piano que ha estado en la familia por muchas décadas, una habitación amplia rodeada por sillones y libros, con una chimenea y un amplio ventanal. Mattew acostumbraba tocar en la tarde cuando había terminado sus deberes.

Mientras Steven hablaba, la habitación fue dibujándose en su cabeza conforme a la descripción. Era tan familiar... y al mismo tiempo extraña. Matt sacudió ligeramente la cabeza para ver si podía ordenar ese recuerdo con el que tenía de una enorme mansión parecida a un castillo feudal y del salón de baile con piso de mármol negro que albergaba su piano blanco.

¿Cómo podía tener dos recuerdos tan vívidos del mismo lugar?

Harry pareció quedar complacido por la descripción que Steven acababa de dar y que no podía negar se adaptaba a lo poco que había querido decirle antes y sin embargo, algo dentro de él le impedía contradecirlo.

Era una fuerza que lo ataba a aceptar y eso fue lo que hizo mientras dejaba que su hermano lo reconfortara. ¿Por qué no podía ser eso suficiente?

Estaba tan confundido que apenas fue consciente de la discusión que surgió bajo sus narices. Al parecer Steven quería que volviera a casa algo a lo que se oponían los otros hombres.

—Lamento informarle que el padecimiento de su hermano es grave señor Daniels —dijo el doctor Dydimski con tono conciliador, el mismo que había usado cuando el horrible doctor Holms se había opuesto a que Harry lo ayudara—. Por ley no podemos permitir que lo lleve con usted hasta que tenga un hospital y un terapeuta que esté dispuesto a tomar el caso en Sheppey.

—Aquí ha empezado un tratamiento con el que ha sido capaz de recordarlo a usted —agregó el señor Camp— si continua con nosotros podemos seguir la misma línea y eso puede ser muy benéfico para Matt.

—Señores —interrumpió Steven— ¿por qué tengo la sensación de que ustedes sólo quieren sacar algún provecho económico de esta situación?

—Porque está actuando a la defensiva —explicó Harry—, si la intención de nuestro Instituto fuera monetaria habríamos dado a conocer el caso de Matt a la prensa como "El Pianista Misterioso" y su familia se habría enterado en medio de un circo. Nuestra principal preocupación es el bienestar de Matt.

Steven se sumió en un análisis de la situación a juzgar por el metálico resplandor plateado que surgió en sus ojos, acomodó un mechó de su cabello rubio, todo en él reflejaba un poderío digno de un gran señor, algo que también le era terriblemente familiar.
Cuando habló fue directamente hacia él y Matt sintió que podía quedar atrapado por siempre bajo la fuerza de esa mirada.

—¿Mattew deseas continuar tu tratamiento en este lugar?

Sabía que debía haber dicho algo como no, prefiero marchar a casa contigo pero había algo que era más fuerte y surgía de Harry, un breve vistazo a sus ojos verdes y se encontró a sí mismo diciendo:

—Steven, en verdad quiero permanecer aquí.

° ° ° ° °

Para Severus, el resto de la semana fue una interminable sucesión de eventos irrelevantes, donde lo único que valía la pena recordar era cierta cena planeada en su futuro inmediato. Aún así se esforzó en su labor de voluntario para localizar y reforzar todas las rupturas en las barreras del Callejón Diagón bajo el mando de Arthur Weasley y su numerosa familia.

—¿No crees que sería más rápido sanar esa brecha desde aquella esquina? —balbuceó prepotente Percy, el ser más insufrible que había conocido después de Sirius Black y que desafortunadamente también trabajaba en el Ministerio.

—No, porque eso hará que el resultada final sea frágil y endeble.

Percy tuvo la gentileza de sonrojarse y murmurar una disculpa entes de dar la vuelta y molestar a alguien más.

—¡Gracias por alejarlo! —bromeó George alzando los brazos al cielo.

—Juro que iba a convertir su túnica en espaguetis si lo escuchaba de nuevo —agregó Fred.

—Y después —intervino Bill— tendrías que soportar a mamá por agredir a...

—... "un funcionario del Ministerio" —dijeron los tres a coro.

—Supongo que es la oveja negra de la familia —continuó Severus aprovechando el descanso.

—¿Negra? ¡Jamás! —dijo Fred.

—Todos somos pelirrojos —continuó George.

—Digamos que es la oveja patética —finalizó Bill entre risas.

—O la pesada.

—Definitivamente la aburrida.

—Si siguen hablando bien de Percy no tendré modo de burlarme de nuevo de él con tantos cumplidos —intervino Ginny al acercarse al grupo.

Pronto tuvieron una larga lista de epítetos que dirigirían a Percy si volvía a intentar controlar su trabajo, muchos de los cuales eran producto del agudo ingenio de Severus.

Lo más molesto era saber que cronológicamente Percy Weasley era mayor que él.

° ° ° ° °

Dando tropezones Harry logró bajar del segundo piso del autobús sin dejar de gruñir sobre los conductores imprudentes que obstaculizaban el tránsito y los molestos interrogatorios que Holms lo hacía pasar cuando estaba de malas y necesitaba descargar su mal genio con alguien, generalmente él.

Por fin logró llegar a la puerta de salida en su parada y con menor esfuerzo y mayor ayuda, fue arrojado del autobús.

Como pudo se levantó, acomodó su maletín y verificó no haber perdido nada en el camino. Hubiera llegado sin tantos contratiempos si tuviera su camioneta pero el seguro aún no le daba respuesta porque Dudley era su primo. Y no había podido gozar de la ayuda de Craig porque el pobre hombre tenía una cena con sus suegros.

Así que sin mayor ayuda que la velocidad de sus piernas, Harry corrió hasta el restaurante de Helen en donde sabía, Severus debía estarlo esperando por quince minutos ya.

Igual que muchas veces deseó ser capaz de volar, sacarle alas a sus pies como Mercurio y llegar lo más pronto a su objetivo, pero se contentó con esquivar a la viejita que se dirigía a la tintorería y evitar ser atropellado por un repartidor de pizzas que había pensado que era un buen atajo manejar en motocicleta por la banqueta.

Después de esquivar mil y un obstáculos, logró deslizarse entre dos enamorados que no se soltaban de las manos para encontrarse frente a frente con una verdadera visión.

Vestido de forma casual, predominantemente en gris Oxford, Severus Snape, con el cabello largo arreglado de tal forma que caía tras sus orejas, una sonrisa deslumbrante y el brazo extendido para detenerlo y evitar la clara caída que hubiera sufrido si él no hubiera estado ahí.

—Supongo que ha sido una semana difícil —comentó con esa elegante voz de bajo que le llegaba a la médula.

—¿Soy tan transparente?

—No, pero te ves exactamente igual a mi hace veinte minutos cuando llegué corriendo.

—¿Y tu camioneta?

—Tuvo que quedarse en el estacionamiento del centro comercial más cercano —explicó Severus—, este estofado debe ser exquisito, toda la zona está rodeada.

—¡Genial! —masculló Harry— olvidé hacer reservaciones.

—Eso mismo dijo Johanne, la recepcionista así que me tomé la libertad de pedir una mesa a tu nombre.

—¿Cómo sabías que llegaría a tiempo? —bromeó Harry encantado por la atención de Seevrus de recordar que él lo había invitado en esa ocasión.

—Digamos que tenía un presentimiento.

—¿Confías en los presentimientos?

—Tanto como en la magia —concluyó Severus justo cuando Johanne lo llamó para indicarles que estaba lista su mesa.

Esa noche, Harry permitió que un poco de la barrera que lo limitaba cayera. Severus tenía una charla cautivante y un oído atento. Incluso lo ayudó a disipar algunas líneas de trabajo que podrían funcionar con Matt y le pidió consejo sobre material didáctico.

—Será la primera vez que enseñe y no quiero terminar siendo el maestro más odiado del colegio.

—Puede ser algo inevitable, química es una de las materias menos queridas.

—Así que debo ser cuidadoso con darles más armas para que no pongan atención en clase.

La verdad era que Harry dudaba mucho que alguien fuera capaz de distraerse frente a ese hombre. Por un momento lo imaginó vestido de toga con el gesto serio y su voz tronando en el salón, no era un pensamiento grato y sin embargo, tenía su encanto.

—¿Sucede algo? —preguntó Severus un par de segundos antes de que empezara a reír como un poseso.

—Nada, sólo que te imaginé como un profesor muy estricto del Instituto donde estudié, siempre vestía toga y nos castigaba constantemente, pero cuando hablaste me di cuenta de que mi imaginación me hizo creerme un alumno tuyo apunto de escribirte una confesión amorosa en el examen final.

—¿Alguna vez hiciste algo como eso?

Harry tuvo que respirar varias veces para recuperar el control sobre sí mismo, había estado a punto de arrojar su cerveza por la nariz.

—¡Claro que no! El señor Thorner era tan viejo que fue ayudante de Colón cuando descubrió América.

Esta vez Severus también río, quizás en parte por lo ridículo de la situación o por la vergüenza que Harry se había echo pasar. Pero no tuvo la menor importancia porque su risa era como un manantial de seda.

—Mi director ayudó a fabricar la piedra filosofal —confesó Severus cuando ambos pudieron respirar.

Afortunadamente el estofado llegó cinco minutos después de esa declaración, de haber sido servido antes se hubiera enfriado ante los pobres esfuerzos que mostraron por dejar de reír.

Harry respiró aliviado imaginando lo orgullosa que estaría de él Hermione.

Pasar el tiempo con Severus había demostrado ser una excelente idea.

° ° ° ° °

Continuará

N/A: ¿Ya descubrieron la identidad del misterioso personaje que ha regresado después de una breve ausencia? No olviden dejarme alguno que otro comentario, así me apresuro más a subir el siguiente capítulo nn

Besos Quetzalescos