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CAPITULO 3

Eri levantó los brazos al aire despojándose del sueño restante que entumecía sus extremidades. Cogió la taza de chocolate y la sorbió poco a poco sintiendo la calidez del chocolate bajando por su cuello e inundando su estómago con lentitud.

Se podría decir que, para ella, Halloween ya había llegado a su fin. En la mañana el mismo profesor al que le gastaron tremenda broma le envió un mensaje por correo comentándole que la fecha de entrega se avanzaría hasta este mismo día. Por supuesto Eri no tuvo ninguna objeción con ello y le envió un mensaje de vuelta. Después de echar un vistazo en la habitación, decidido ir ella sola a entregar las redacciones puesto que obviamente sus amigas estaban indispuestas en lo que restaba de día.

Cuando acabó con su chocolate, dejo la taza a un lado y se fue a cambiar para ir a la universidad a entregar ese dichoso trabajo que tantas horas les había quitado en sus tres días de descanso. Un tiempo después Eri salió con la mochila en la que llevaba los trabajos en una mano y la otra una chaqueta con la que abrigarse en caso de ser necesario. Cogió las llaves del deportivo y bajo hasta el garaje donde lo guardaba todo el tiempo; por nada en el mundo lo hubiera dejado fuera, menos cuando, prácticamente, toda la ciudad estaba declarada en estado caótico por ser el último día del Halloween Event.

Eri condujo por las calles menos transitadas en las que tuvo que dar más vueltas de las necesarias para no ser engullida por el cúmulo de gente de fuera. Al llegar dejo estacionado el auto cerca de la entrada junto a otro deportivo blanco y marchó a paso apresurado por los pasillos hasta el despacho de Nishigaki. Durante su trayecto a dicho sitio Eri pudo observar como otros alumnos habían sido citados de igual manera que ella; ya fuera para entregar trabajos de último tiempo o bien alguna que otra cuestión sobre la materia.

Una vez allí llamo a la puerta con los nudillos y espero a que el hombre le abriera. Al poco tiempo Eri pudo reconocer la autoritaria voz del hombre cediéndole el paso desde el otro lado. Sin espera entro dentro y cerró la puerta encarando al hombre serio de enfrente con una expresión parecida.

—Ayase-san me alegra verla de nuevo.— Nishigaki paseo la mirada buscando a otras dos personas que obviamente no se encontraban presentes.— ¿Qué hay de Sonoda-san y Nishikino-san?

—Ellas han tenido un percance y no han podido venir.— le explico dejando los portafolios apilados en una sola columna encima de la mesa.

—Por esta vez queda todo olvidado.— dijo.— No obstante, que no vuelva ocurrir o la próxima vez no creo ser tan benévolo con ustedes.

Ambos se quedaron viendo a los ojos por unos segundos hasta que Ayase decidió por responder para poder irse cuanto antes.

—Claro.

Nishigaki le hizo un par de señas para que se retirara a pesar de su inconformidad con la escasa contestación de Eri. Por otro lado la rusa ignoro el rostro insatisfecho de su profesor y se marchó del despacho sin medir palabra, solo con ligeros movimientos educados como una reverencia o un asentimiento de cabeza.

Había pasado alrededor de una hora paseando por el edificio. Después de haber hablado con Nishigaki, decidió ir a hablar con otros profesores sobre las pocas dudas que le quedaban sobre las clases anteriores. Una vez hubo acabado con todo Eri volvió al estacionamiento encontrándose con tres personas curioseando su auto, dos de espaldas a ella y otra de perfil observando con gran detenimiento.

—¿Puedo ayudaros en algo?— la mayor paseo la vista por las tres chicas hasta reconocer a una en concreto, lo que hizo que su tono frívolo en la voz desapareciera y cambiara lugares por una más "amable".

—Bonito Koenigsegs CCX.— hablo quien se encontraba de perfil.— Motor V8 trasero de 4,7 L, transmisión manual de 6 velocidades…— enumero con una chispa de emoción en sus ojos verdes.

—Veo que sabes de coches.— dijo Eri viendo a la oji verde que aún no le regresaba la mirada.

—Lo suficiente.— la castaña giro la cabeza a un lado.— Kira Tsubasa.— le tendió la mano y Eri la estrecho.

—Ayase Eri.

Para cuando ambas se soltaron las manos, las dos restantes habían dejado de curiosear y ahora sus miradas se habían centrado en ellas.

—Oh, cierto. Ellas son Kousaka Honoka y Minami Kotori.— presento respectivamente.

Las miradas de Minami y Ayase se cruzaron y ambas se dieron una ligera sonrisa. Ya con más confianza Kotori dio un paso al frente, quedando a un par de pasos de la más alta descolocando a su mejor amiga.

—Así que Minami-san ¿eh?— repitió y Kotori lo confirmo.— Muchas gracias por ayudar a Umi ayer.— expresó.

—¿La conoces?— Honoka le mando una mirada a su mejor amiga que no tardo en contestar.

—Algo así.— afirmó con un dedo apoyado en el mentón de forma pensativa.— ¿Cómo se encuentra Sonoda-san?

—Digamos que mejor de lo esperado.— dijo mientras sacaba el celular para ver la hora, encontrándose con un mensaje de su hermana pidiéndole que la pasara a buscar. Por ello Eri tuvo que despedirse de las tres chicas y salir con algo de prisa, ya que tenía pensado ir a por un par de ingredientes para la comida antes de volver e ir con Alisa no era una opción.

Una vez dejo estacionado el coche en su sitio la rubia entro al súper a paso apresurado pero sin correr, compró las cuatro cosas que necesitaba en un tiempo récord y las dejo a los pies de los asientos de atrás. Ya de camino a la casa de la amiga de su hermana Eri se dio el placer de encender la radio y ponerse a escuchar música mientras conducía al mismo tiempo que llevaba el compás con su dedo índice en los momentos que le tocaba esperar en un semáforo.

Luego de torcer a la izquierda por una de las calles del barrio la rusa pudo divisar a su hermana a un par de cuadras esperando su llegada mientras se entretenía hablando con Yukiho. Cuando la vio acercarse ambas jóvenes dejaron de lado su charla amena y esperaron a que la mayor parara el auto.

—Buenos días Onee-chan.— la saludo en un tono infantil que le saco una ligera risilla.

—Buenos días a las dos.— contesto apoyándose en la ventanilla mientras Alisa dejaba su mochila en el maletero.— Espero que lo hayan pasado bien.

—Sí, estuvo muy bien.— comentó la castaña de forma amistosa.— Alisa estuvo toda la noche hablando de lo genial que es su hermana mayor.— añadió con una sonrisa burlesca.

—¡Yukiho!— se quejó la aludida desde el otro lado del coche.

—Puedo imaginármelo. Muchas gracias por cuidar de ella Yukiho-san.

—No hay de que Ayase-san.— acabó por decir Yukiho despidiéndose de ambas con la mano.

Durante el camino de regreso Alisa se dedicó a tararear las múltiples canciones de la radio bajo gran parte de la atención de la mayor la cual no hizo sino esbozar una gran sonrisa.

—¿Tan buena fue la noche?— inquirió Eri parando el tarareo de la menor.

—Sí.— sonrió.— Sabes ayer vi a alguien igual que la chica misteriosa de mi sueño.— le comento con cierto tono de inocencia.

—¿Es en serio?— lo dudó la mayor picando a la rubia menor.— Pensé que no te acordabas. Estabas tan dormida…— por el rabillo del ojo pudo ver como Alisa hizo un puchero indignada, algo que se le antojo gracioso.

—Onee-chan.— replico sin saber que más decir.

—Ya llegamos.— indico señalando la puerta trasera del garaje.

Alisa se dio un momento para ver a su alrededor encontrándose con que ya habían llegado al garaje privado de su hermana. Así que resignada bajo del coche agarro sus cosas mientras Eri se encargaba de la compra, y se fue por la puerta indicada sin medir palabra con la rusa mayor que solo pudo soltar un par de risas nerviosas como arrepentimiento.

—Tal vez me pase.— se dijo.

Eri siguió los pasos de su hermana hasta el bloque de apartamentos una vez se aseguró que todo estaba bien cerrado. Al entrar se fue a dejar las bolsas en la cocina al mismo tiempo que se quitaba la chaqueta y la dejaba a un lado. Se arremangó las mangas hasta los codos y comenzó a poner la compra en su sitio, lo cual se llevó un cuarto de hora de su tiempo, tiempo suficiente para que Alisa volviera con ella con algo más de calma a ayudarla con los platos de la cena.

—¿Umi-san y Maki-san tienen resaca?— la menor le dio una mirada de soslayo mientras enjuagaba los platos que le pasaba Eri.

—Sí.— afirmó.

—Eso sí es raro.— comento limpiándose las manos con un trapo en cuanto lavo el último vaso.

—Nee Onee-chan ¿vemos una peli?— la oji azul le dio una mirada y le acarició la cabeza revolviendo levemente el flequillo en el proceso.

—Tú la eliges.

En el rostro de la menor se dibujó una gran sonrisa que iba de oreja a oreja, sacándole otra a la mayor que no pudo evitar dejar ir un suspiro cuando se dio cuenta de lo mucho que a su hermanita. Pero para ella, eso era lo mínimo que podía hacer por Alisa y por enmendar su tozudez en eventos pasados que de una forma u otra acabaron por afectar a la menor de los Ayase.


Los penetrantes ojos carmín se clavaron amenazadores en el joven de pelo castaño e intensos ojos azul rey que la miraban con temor mientras su dueño retrocedía todo lo que la persona a su lado le dejaba.

—Yazawa….-san.— no fue pronunciar palabra que la mencionada golpeo la mesa asustando al castaño.

—Vamos, vamos ustedes dos déjenlo ya.— Nozomi hubiera seguido de espectadora de no ser porque realmente el chico la necesitaba sí es que quería salir con vida de esta.— Nicochi, Satoshi-kun ya te dijo que lo sentía, dale un poco de tregua.— le pidió la mayor apenada por el mencionado, recibiendo un chasquido de resignación proveniente de la oji carmín.

—Por esta vez.— Satoshi suspiro aliviado, un alivio que poco le duro cuando la más baja golpeo la mesa una vez más a la vez que se levantaba para irse.— Ándate con ojo porque la próxima vez no seré tan benevolente. Ah, y me debes un celular nuevo.— Nico le mando un último vistazo al chaval y se despidió de una sonriente Nozomi cual se entretenía revolviendo el pelo del castaño de forma juguetona.

Una vez tuvieron a la pelinegra fuera del local Satoshi se permitió descansar en la mesa bajo la atención de Nozomi que aún no sacaba esa sonrisa traviesa de su cara.

—Te lo dije, le caigo mal.— concluyó con cierto tono desalentador, ahogado por sus brazos extendidos a ambos lados de la cabeza.

—No es eso.— repuso.— Dale tiempo y veras como se acostumbra.— le animó tomando un poco de su refresco.

—Eso espero. Por otro lado, ¿No querías ir a algún lado en particular Nozomi?— el oji azul movió la cabeza a un lado sin levantarla de la mesa.

—Es el último día así que ¿porque no hacemos algo diferente?— respondió de forma elocuente.

—¿Algo diferente?— repitió con un tono inseguro. Sabia de sobras que cuando Nozomi tenía una idea "diferente" podía llegar a ser tan buena como para lanzar cohetes como tan mala para lanzarse por un barranco.— Bien, tú dirás.

Se iba a arrepentir, lo sabía, pero el ver aquella sonrisa y aquel brillo en los ojos turquesa hacía que todo valiera la pena correr el riesgo; después de todo aquel 2% de probabilidad de que todo saliera bien terminaba por ser gratificante de cierta manera.

—Acaban de abrir una nueva tienda de astrología cerca del templo ¿Por qué no nos pasamos a ver que tienen?— propuso.— Eh escuchado que también tienen un servicio de clarividencia.— añadió Nozomi sin dejar de ver el rostro divertido de Satoshi esperando una mala reacción o algo parecido.

—Sí, porque no.— dijo llevándose una patata a la boca.— Siempre te han gustado estas cosas tan extrañas ¿no es cierto?— el castaño rio en cuanto todo el entusiasmo de Toujou fue opacado por la vergüenza cuando la misma se hubo dado cuenta de su propia actitud.

—S-Solo es una idea.— fueron sus prontas palabras para enmendar su error de dejarse llevar, de nuevo.— Que sí tú no quie-…

—Vamos, pero que dices.— le corto frunciendo ambas cejas.— Te dije que fueras más egoísta.— Satoshi termino por picar con su dedo índice la punta de la nariz de Nozomi.— De todas formas no parece una idea de esas alocadas que se le ocurren a Kousaka-san porque sí. Así que supongo que está bien.

—Honoka-chan se enfadara sí te escuchara hablar tan mal de ella.— le regaño con cierto tono rozando la burla.

—Sí, sí.— respondió sin mayor importancia.— Vámonos antes de que nos pille la masa de gente.— concluyo tomando la comanda con el dinero justo para ir a pagar en la barra.

Nozomi lo vio alejarse unos cuantos pasos y suspiro en cuanto le dio la espalda. Miro al cristal viendo pasar más carrozas que la vez anterior, esperando a que el joven volviera y le indicara cuando marchar. Últimamente aquella era su rutina diaria; se sentaba al lado de una ventana y se quedaba absorta en sus pensamientos mientras miraba por ella. Nico se lo había recalcado más de una vez y ella la había evadido con sus típicas bromas que hacían que la pelinegra terminara por molestarse por un corto periodo de tiempo.

—Ya está.— la leve sacudida en su hombro hizo que volteara con una sonrisa que no pudo descifrar el castaño.

Ambos anduvieron por las calles contiguas a la central esperando que no hubiera mucho problema hasta llegar al templo donde trabajaba la mayor. Durante el camino apenas pudieron cruzar palabra entre ellos ya fuera por las múltiples interrupciones de chicas jóvenes que se les acercaban con cualquier pretexto, uno más estúpido que otro, para poder hablar con el oji azul.

—Satoshi-kun es popular.

—Sabes que no.— hizo un mohín.— Todo es culpa del estúpido empleo de mi padre.

—No seas así, tu padre se esfuerza mucho por ti.— dijo con una voz maternal que lo calmo de alguna forma.

—¿Te lo dijeron tus cartas?— inquirió sin deshacer el mohín.— Porque dudo de que lo hayas averiguado de otra forma.— continuó.

Nozomi negó con la cabeza.

—Lo sé de primera mano.— afirmó.

El castaño decidió no tocar más el tema y volvió a mirar al frente. Por el contrario Nozomi esbozo una ligera sonrisa triunfal que de una forma u otra hizo que Satoshi comenzara a dar zancadas con tal de alejarse de ahí y no recibir las continuas burlas de la oji turquesa.


A penas hubieron terminado la película ambas hermanas decidieran salir a dar una vuelta hasta que fuera la hora de comer; eso o, que Umi las llamara exigiendo saber lo ocurrido la noche anterior, en todo caso ambas opciones las llevarían de vuelta al apartamento y eso era algo que Alisa no quería por el momento. La menor quería disfrutar unas horas a solas con su hermana; le encantaban sus amigas, en especial la peliazul, pero también le gustaba pasar tiempo solo con su hermana.

—Onee-chan es muy emocional.— expresó en tono cantarín avanzándose unos pasos a Eri.

—Me gusta ponerme en la piel de los personajes.— se excusó la oji azul riendo con nerviosismo.— Siempre, y lo sabes.

—Puede ser.— se rio tomando el brazo de Eri la cual levantó una ceja curiosa por su repentino acercamiento.— Pero una cosa no quita la otra onee-chan.— añadió con su mejor cara de inocencia para desgracia de la universitaria.

—Simplemente no puedo.— suspiro y volteo a ver a su alrededor para situarse.

—Vayamos al templo.— Alisa señalo las escaleras que ascendían hasta dicho sitio.

Una vez arriba Eri sintió como su brazo era jalado por Alisa hasta la caseta donde se encontraba una joven vestida de sacerdotisa vendiendo todo tipo de objetos relacionados con el templo. Lo poco de trayecto hasta llegar junto a la sacerdotisa la oji azul pudo darse cuenta de lo que era que quería con tanto fervor la estudiante como para no descansar después de haber subido las escaleras. Por ello, Eri dio una zancada para estabilizarse e ir a la par con la más baja que de un momento a otro pudo notar como, ahora, era ella la que era llevada casi a la fuerza.

—¿Es este no?— alzó un colgante de un pequeño zorro dorado y Alisa la miro dubitativa intentando procesar lo ocurrido.— Hace tiempo que me lo pediste ¿recuerdas?— la mayor tuvo que morderse el labio inferior para no soltarse a reír.

—¡Harasho!— expresó Alisa cogiendo el colgante entre sus manos con una sonrisa que no se la quitaba nadie mientras la oji azul pagaba a la sacerdotisa.

Luego de pagar por el objeto bajaron por las escaleras y siguieron su recorrido por las calles. Entre tanto Eri se dedicó a fijarse en las múltiples tiendas y a contar las que no recordaba mientras Alisa le hablaba como una voz en off.

—No me estas escuchando.— replicó cuando se hubo dado cuenta de la ausencia de la más alta.

—¿Eh?— la menor bufo frustrada.

—Entremos en este lugar.— señalo un pequeño local de estilo más bien antiguo con un cartel encima en el que figuraba el nombre de la tienda.

La oji azul trago pesado. El local era relativamente oscuro con solo un par de ventanas por donde se colaba la luz natural de la calle y dejaban ver lo poco del suelo de madera vieja con la que se había construido también la entrada.

—¿E-estas segura?— dijo en un tono agudo mientras se rascaba la mejilla con el dedo índice.

En vez de una repuesta obtuvo un tirón en el brazo dentro de la tienda. Dentro una par de lonas negras descendían desde el techo impidiendo ver más allá de lo que parecía la recepción. En ese momento lo pudo entender, Alisa se había molestado con ella.

—Bienvenidas. ¿Que desean?

De detrás de las lonas apareció una hermosa mujer vistiendo una traje de adivina, lo que hizo que Eri diera un pequeño salto por haber estado demasiado centrada en los distintos objetos de aspecto dudoso a su alrededor.

—Una sesión de clarividencia.— contestó la menor haciendo fuerza para que la aludida no escapara.

—Muy bien.— asintió solemne la mujer.— Síganme por favor.

La mujer las guio por entre las telas hasta una pequeña sala con una mesa cubierta por una tela morado con las cartas del tarot en el centro. Con cada paso Eri ejercía más fuerza consiguiendo que Alisa la llevara a rastras por todo el lugar hasta sentarla en la pequeña silla frente a la mesa. Una vez allí la menor la tomo de los hombros y la obligo a mirar al frente donde otra mujer se hallaba sentada con el rostro cubierto por la capucha de su túnica oscura.

—Te estas divirtiendo ¿verdad?— afirmó entre dientes al voltear levemente la cabeza en dirección a su hermana.

—No pasa nada Onee-chan.— Alisa señalo la mesa donde la mujer había empezado a repartir las cartas de forma sistemática, obligando a la oji azul a mirar con atención.

—Oye.— hablo algo más calmada cuando la adivina se quedó quieta viendo las cartas.— Dejémoslo ya. Yo no creo en estas cosas.

—No se pierde nada por probar.— puso el mentón encima del hombro.— Dale una oportunidad, a lo mejor y te sorprenden.— finalizo la pequeña charla de susurros a la vez que la mujer acababa.

—Por favor.— cedió indicándole que eligiera una carta la cual levanto y la miro con una pequeña sonrisa cruzando por sus labios.— Interesante elección. Siguiente.

Eri volvió a elegir dos más y la clarividente las tomo entre sus dedos y las miró con una expresión entre a penada y divertida.

—Un futuro incierto.— sonrió.— Cuando juntas un pasado turbulento y un presente amarrado solo algo abrumador puede ocurrir de no ser correcta tu elección.— recogió las cartas, las volvió a dejar en el centro y se adentró en las telas de detrás.

—¿Que fue eso?— fueron sus prontas palabras cuando la mujer salió de su campo de visión. Una expresión de desinterés cruzo por el rostro de la rubia mayor y uno de preocupación en el de la menor.

Como sí se hubiera olvidado de la oscuridad Eri cruzo por las telas hasta salir a la calle con Alisa pisándole los talones.

—Onee-chan.— los ojos azulados reflejaron aflicción así como su tono de voz lo denoto. En eso la nombrada negó apartando los malos pensamientos y se dedicó a acariciar la cabecilla rubia de su hermana.

—Dije que no creo en ese tipo de cosas.— repitió con tal seguridad que molesto de cierta manera a la más baja.

—Obstinada.— murmuro y Eri sonrió.

—Yo también te quiero.— bromeo apartándose de la entrada a la vez que se llevaba a su hermana con ella.

Durante el camino de regreso Eri se lo paso dándole vueltas a las palabras de la adivina. Algo en ella, en ese lugar le parecía extraño; pudiera ser que su entendimiento por lo misterioso fuera nulo pero, ciertamente aquella forma de "predecir" se le antojaba errónea. A lo mejor pudo ser sus nervios de haber estado en una habitación prácticamente oscura con solo una tenue luz violeta de fondo lo que la hicieron delirar y tener ese tipo de sensación; después de todo solía ser bastante irracional cuando la metían en un cuarto oscuro.

Ayase se encogió de hombros con la mirada fija en el suelo, pensativa. Con la mirada perdida en el pavimento grisáceo bajo sus pies y con media cabeza hundida en la bufanda que ya no recordaba haber traído. Sus pasos nunca dieron indicios de aminorar, tampoco de acelerar, simplemente se mantuvieron a un ritmo constante, inclusive, cuando el asfalto grisáceo fue substituido por las líneas blancas del paso de peatones. Parecía como si alguien o algo la guiara por ese camino sin mayor problema.

Puso un pie en el paso. Las voces a su alrededor se le hacían dispersas pero ninguna le pedía que se detuviera por lo que siguió andando, guiándose por ese impulso electromagnético que se le estaba atorando en la garganta.

Dio dos pasos al frente. El fuerte sonido de una bocina al final inundo sus oídos así como también la voz horrorizada de su hermana. Levantó la mirada azul hacía el camión que le venía por un lado amenazando con llevársela por delante, instintivamente su visión se enfocó en unos ojos turquesa que la veían inexpresivos por detrás de Alisa. Un fuerte pitido agónico retumbo en sus oídos y en ese instante la oscuridad se apoderó de su visión y de sus sentidos.

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Un fuerte estremecimiento recorrió todo su cuerpo así como un fuerte dolor en su hombro derecho la hizo volver. Sus ojos se abrieron de sopetón y pequeñas lágrimas se deslizaron por el rabillo de su ojo hasta la superficie acolchada en la que se encontraba tumbada.

—¿Onee-chan?

Sentía todos sus músculos entumecidos por no decir que se sentía como sí un camión le hubiera pasado por encima. Sonrió irónica ante esa idea. Apoyó ambas manos en ambos costados y presionó con esfuerzo hasta reincorporarse en el sofá. Examino su alrededor. Se encontraba en su apartamento, probablemente se quedó dormida tras acabar la película. Suspiro y se acomodó con la espalda en el respaldo y los pies en el suelo. Luego miro a la rubia menor y le sonrió débilmente.

—¿Que ocurre Alisa?— inquirió de forma inocente ante la preocupada mirada azulada.

—¡¿Como que qué ocurre?!— exclamó una voz a sus espaldas, al parecer molesta.

—Me alegro que estés bien, Maki.— expresó Eri en un intento por menguar el enfado de su amiga.

—Claro.— bufo y se cruzó de brazos.

Lo que la mayor pudo entender como que no insistiría mucho más y que más le valía empezar a largar de no ser que quisiera ver a una Maki con resaca y realmente cabreada.

—No es nada, enserio.— se defendió con otra sonrisa débil.— Tuve un mal sueño eso es todo.

—¿Tanto como para llorar?— Maki siguió con su pequeño interrogatorio a pesar de que su cerebro le reclamaba descanso.

—Tanto como para llorar.— repitió pasándose las manos por la cara.

Alisa quien se mantuvo al margen de la conversación se dio cuenta de lo que ocurría y frunció el ceño con seriedad. Solo había una cosa que perturbaba la mente de su hermana en lo extremo y eso era algo que a ninguna de las dos le gustaba mencionar y menos rememorar.

—Es sobre eso ¿verdad?— Eri resopló en sus propias manos y fijo sus ojos en el suelo.

—No exactamente.— sonrió y se levantó del sofá.— Pero enserio dejémoslo solo fue una pesadilla.— la menor hizo el intento de insistir sin embargo, Eri fue más rápida y la corto.— Sinceramente que te atropelle un camión en sueños no es la experiencia más bonita del mundo.— bromeo mientras le tendía la mano a la rusa menor para ayudarla a levantar.

—Obstinada.— murmuro Alisa con un lindo puchero adornando su rostro níveo.

—Sí, sí.— sonrió guiando a ambas hasta la cocina.— ¿Umi aún no despierta?

—Hace rato pero dudo que pueda levantarse correctamente.— le contesto la pelirroja sentándose en la mesa.

Eri atino a soltar un leve 'Mm' como respuesta mientras entraba a la cocina y sacaba múltiples ingredientes de los armarios y la nevera.


Notas Autor: Quedo algo raro, lo sé pero esto solo es para darle una razón a nuestra querida Erichika de buscar a su 'chica misteriosa'. Sin más me retiro con mi resfriado ates de que me estalle la cabeza.

Cualquier comentario, duda, sugerencia y/o aclaración es bienvenido.

Danael. Chan (Guest): Muchas gracias por pasarte a comentar :D

OphiellTheFallenAngel: Tienes toda la razón hay demasiadas posibilidades pero solo por una me decanto y ese, amigo mío, solo puede ser nada más ni nada menos que el NozoEri. Es que es tan asdkdjfkd ().

kali9105: Saludos y gracias por pasarte a dejar un review por esta historia :)

Muchas gracias por su apoyo y nos leemos en el próximo capítulo.