El Mago
Autor: Quetzalli
Resumen: Varios cambios se han presentado a tan solo tres semanas de que Harry y Severus discutieran. Matt se enfrenta a sus recuerdo y toma una decisión que afectará su relación con Harry, mientras Severus busca una oportunidad de aclararlo todo con la ayuda inesperada de unos amigos.
Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
Spoilers: Ninguno. Juro solemnemente que no hay ninguno aquí. A final de cuentas esto es un AU.
N/A: ¡¡He regresado con este nuevo capítulo de El mago! Mas información secreta sobre Harry revelada y un nuevo personaje que podría ser la diferencia entre la pareja final del joven ojiverde. Nos leemos al final del capítulo.
Capítulo 10
Allyson Moring
El mundo continuaba girando bajo sus pies así que Harry había hecho lo único viable... continuar sentado en el mismo escalón donde se había derrumbado cuando Severus habló sin máscaras ni ocultamientos.
La verdad.
¿En verdad había esperado que la total confianza de un posible compañero fuera algo color rosa? Sus propios secretos eran todo menos experiencias acogedoras.
Severus había sido honesto ¿y él?
Ni siquiera le había contado a sus mejores amigos sobre su "fuente", ni siquiera a Hermione.
Pero Severus era un mago.
No importaba que Hermione fuera una bruja y su mejor amiga y que hubiera pasado horas convenciéndolo de que había cosas rescatables en el mundo mágico.
La verdad era que cada vez que pensaba en la magia discutían acaloradamente en su cabeza razones contradictorias en voz de tía Petunia y Albus Dumbledore, y lo que era peor, aún no terminaban de ponerse de acuerdo.
Para Harry todo lo referente a la magia era como una pesadilla, un mal que no podía erradicar del mundo aún cuando, secretamente, lo que más había anhelado era la mínima oportunidad de pertenecer a ese "grupo de fenómenos", lo que fuera con tal de encajar y dejar de ser... una completa molestia.
Heidi maulló preocupada antes de bajar de su regazo de un brinco y subir un par de escalones donde se detuvo y maulló de nuevo.
—Ya entendí, debería estar dormido pero...
Heidi maulló de nuevo.
Vencido, se levantó y la siguió hasta su recámara.
—Lo sé, lo sé —masculló derrotado— todo se verá distinto mañana... si tan sólo no hubiera que esperar tanto.
Heidi saltó a la cama, giró sobre el mismo punto un par de veces antes de decidirse a recostarse, satisfecha consigo misma ronroneó unos segundos antes de volver su mirada a Harry que seguía inmóvil, estudiando en su reflejo los efectos de su estado de ánimo.
Estaba tan solo.
—No debí permitir que se acercara tanto.
—Miiiauii marrau miau —maulló Heidi como si dijera Algún día debías correr el riesgo.
—Para ti es fácil decirlo, te escapas las noches que quieres sin rumbo y regresas con una sonrisa. No puedo creer que tu vida amorosa sea mejor que la mía.
Heidi maulló de nuevo un eres muy exigente y no dejas que nadie te conozca.
—Es cierto —reconoció Harry dejándose caer descuidadamente sobre la cama a un lado de Heidi—. Es sólo que temo demasiado a que me rechacen por quien soy y... es más sencillo huir.
Lentamente Heidi se levanto y puso una de sus patas acolchadas sobre el rostro de Harry antes de caminar sobre su pecho, donde se acurrucó intentando darle consuelo. Sin poder más su joven amo lloró.
—Si que debo parecer patético... estoy aquí en una cama acompañado solo por mi gata —se permitió reconocer Harry—. Y todo porque le temo demasiado a "la magia".
El suave ronroneo de Heidi fue adormilando a Harry, alejándolo de todas sus dudas para cobijarlo en un suave sueño.
—Debo escribirme con Hermione a primera hora —susurró el joven antes de caer por completo bajo el encanto de Morfeo.
Aún así su sueño fue todo menos tranquilo.
Cientos de imágenes saltaban de entre las sombras de sus subconsciente buscando ese pequeño espacio de libertad que tan pocas veces se permitía, pero sus monstruos ahí estaban, sólo aguardaban por esas pequeñísimas oportunidades en que bajaba la guardia para desaparecer toda la confianza que había construido a su alrededor y destrozarla como un castillo de naipes.
Al despuntar el alba seguía cansado, ojeroso y lo que era peor deprimido.
Se obligó a permanecer en cama una hora más en un vano intento por atrapar algo de verdadero descanso. Al ver que todos sus esfuerzos eran vanos, se levantó con pesadumbre para dirigirse hasta la computadora portátil, la prendió y esperó a que la conexión con internet lo comunicara con su mejor amiga mientras deseaba que ella tuviera su computadora encendida.
Como si fuera la única indulgencia que el destino le tuviera preparada, un saludo alegre de Hermione se abrió en la pantalla.
Armándose de valor, Harry escribió a su amiga lo ocurrido la noche anterior.
Hace unos días recibí una carta de los hermanos de Charly, mi colega de investigación informó Hermione después del monólogo de Harry. Quieren que intercambie correspondencia con un mago que consideran un erudito y quien no conozco, según ellos yo debería escribirle primero porque él no se decide a intercambiar cierta información que podría ser de utilidad, aunque no me dieron el nombre, como si hubiera un hechizo de confidencialidad sobre ellos. Supongo que ese mago es tú Severus Snape y si no me ha escrito es porque espera que autorices ese intercambio Harry.
Entonces Severus realmente había dicho la verdad.
Con el alma en un hilo Harry le preguntó a Hermione que debía hacer.
Harry, ese hombre ha sido honesto contigo empezó ella. Me parece que sólo estás aprovechando el que sea un mago para escapar de alguien que te gusta tanto como para aceptarte a ti mismo. ¿Es tan malo que sea un mago y tú no? Porque empiezas a sonar como tus tíos.
Cierto.
Igual que Vernon y Petunia.
Severus no le había pedido nada imposible, le había confiado su secreto aún temiendo que Harry lo rechazaría.
¿Cambiarías correspondencia con Severus para acabar de una vez por todas con esta guerra le escribió a Hermione después de pensarlo mucho.
Si respondió ella de inmediato. Estoy cansada de que nadie me escuche por ser hija de muggles y si a él lo consideran un erudito… quizás lleguemos a algo que no hemos contemplado. ¿Compartirás con él todo lo que sabes?
Harry no necesitó leer ...cosas que ni siquiera a mi me has dicho en el mensaje pero que estaba implícito.
Si escribió. Aunque dependerá de él.
° ° ° ° °
Matt apenas podía contenerse de caminar en círculos en su habitación, lo que era ridículo porque estaba completamente solo, más esa angustia que lo llenaba por volver a ver a Harry era tan grande como el control irracional ¡que le impedía pasear en círculos por su propia habitación!
Sentía las piernas adoloridas por la tensión de mantenerse sentado y la espalda comenzaba a molestarlo por la estirada, estudiada y llena de dignidad, postura forzada.
Por fin, un suave sonido le indicó que la puerta estaba abriéndose para dar paso a la encantadora sonrisa de Harry.
¡Cuanto iba a alegrarse al escuchar su primera composición!
Justo cuando se levantó para saludar a Harry, éste se hizo a un lado para dejar pasar a una mujer que debía tener medio siglo a cuestas a juzgar por las arrugas que surcaban su rostro, un rostro cordial al parecer según el brillo de sus ojos azules.
—Matt, permíteme presentarte a la señora Allyson Moring, mi directora de canto en la preparatoria.
La señora Moring tomó la mano de Matt entre las suyas, estudiando un momento la complexión de sus finos dedos.
—Acertaste como siempre —reconoció con una sonrisa satisfecha.
La señora Moring resultó ser una especie de ángel musical, si bien Matt había estado molesto con ella por aparecer el gran día que le mostraría Harry todo su esfuerzo compositor, lentamente se encariño con ella hasta el punto en que sentía cierta complicidad en su compañía..
Sobre todo aquellas veces que hablaban de Harry.
—Él te gusta —dijo sin rodeos Allyson recién cumplidas dos semanas de conocerse.
—¿Perdón?
—No te molestes en negarlo —rió ella—, no hay ningún problema. A él le gustan los hombres —le reveló en un susurro.
Matt sintió que toda la sangre de su cuerpo iba a dar a la cara.
Tenía una oportunidad.
—Lo conozco bien —agregó Allyson sentándose a su lado y empezando a tocar una melodía improvisada en el piano. Siempre ha sido un joven con gran fortaleza.
Matt guardó silencio. Un poco hipnotizado por la cadencia de las notas y otro tanto por el deseo de conocer algo más de Harry.
—Cuando tenía dieciséis años ya había tomado cursos de dirección musical, tenía talento —explicó orgullosa—. Así que le pedí dirigiera el coro durante mi ausencia. Me operaron del apéndice y cuando regresé él dijo que jamás volvería a hacer algo semejante.
La alegre tonada fue derivando en algo más sombrío, melancólico.
—Estábamos preparando un Concierto de Navidad, con el "Aleluya" del Mesías de Handel. Una verdadera pesadilla de cincuenta voces que deben empezar a cantar la misma nota en el momento exacto, por eso Harry estaba tan histérico —continuó Allyson con voz sombría—. Una semana después me internaron de nuevo, me atacó una septicemia producto de la cirugía y casi me mata.
Los sonidos predominantes del momento eran graves, lentos, deprimentes, como una marcha fúnebre.
—Estuve hospitalizada, inconsciente, casi un mes y lo único que logró atravesar el espeso vacío fueron las voces angelicales del coro.
Conforme hablaba Allyson, las notas dejaron los graves y juguetearon entre los agudos llenas de una alegría contagiosa.
—Harry tomó el mando de nuevo, grabó un ensayo y se lo dio a mi marido para mí. Todo el tiempo escuché sus maravillosas voces… no sé si eso realmente ayudo al milagro de mi recuperación, pero dio esperanza a toda mi familia.
La música se había detenido, Allyson lo miraba de frente, con los ojos resplandecientes por las lágrimas contenidas y la voz un ligeramente quebrada.
—Toda mi familia, menos mi marido asistieron al concierto… aún tengo una grabación que mi padre grabó para que la viera cuando me recuperara. Te dejaré verla cuando vayas a mi casa a pedir tu ingreso en el coro como pianista oficial.
Allyson dijo eso último con una sonrisa, justo en el momento en que le entregaba un sobre con su nombre escrito con una fina caligrafía. Matt lo tomó recordando cierto sentimiento de felicidad infantil por ser aceptado.
—P-pe-ro yo no…
—¿Puedes salir de aquí? Nada te detiene Matt, como Harry ya debe haberte dicho, estas preparado para entrar al programa de consulta externa y venir sólo un par de veces a la semana. Será más económico para tu familia, estar aquí debe costar una pequeña fortuna.
¡Un par de veces! repitió escandalizado un insistente eco en su cerebro. ¡Es demasiado tiempo lejos de Harry!
—Harry es tan fuerte —agregó Allyson como si Matt le hubiera preguntado—. Entró al hospital donde yo estaba internada como voluntario, después dejó la música por la medicina —suspiró— una lástima porque hubiera sido un extraordinario director, tiene el don de liderazgo.
Matt sonrió, le encantaba escuchar de Harry.
En algún momento Allyson se acercó más a él y le dijo en un tono apenas audible:
—Ayudar a los demás es su pasión y, como me agradas, te diré dos secretos: hasta donde yo sé no tiene novio y… nunca se enamorará de un paciente, va contra su código ético —Matt sintió que un balde de agua fría le caía encima hasta que Allyson agregó muy sutilmente—. Pero si se enamoraría de un amigo.
—Debería entrar a ese programa externo —dijo Matt—, tenerme aquí debe ser muy costoso y no quiero arriesgar el patrimonio de mi familia.
Allyson le dedicó otra brillante sonrisa que dejó en Matt el sentir de que antes había visto otros ojos azules igual de sabios y misteriosos.
° ° ° ° °
Aquella mañana Harry encontró una carta en el pasillo de entrada, alguien la había deslizado por debajo de la puerta junto con una rosa hecha de papel doblado color azul cielo.
No necesitaba ser un adivino para saber quien era el remitente, un nombre surgió de sus labios apenas levantó la rosa.
—Severus.
El hombre no había insistido con un acercamiento más allá de las notas que habían llegado. Tres en total, una por cada semana, siempre entregadas el mismo día, a la misma hora… en el momento en que Severus había salido de su departamento.
Harry no era tan torpe como para ignorar el hecho de que el mismo Severus deslizaba las cartas y el adorno de papel doblado. Primero una grulla, después una paloma y por último la rosa, todos azules.
Había que reconocer que el hombre era original disculpándose. Le había dado espacio para que reflexionara sin permitirle que lo olvidara.
Sólo por eso abrió la nota.
Y porque Hermione le había asegurado que seguían sin entablar correspondencia.
Hoy,
10:00 pm
Le Petit Cafe
Bueno, por lo menos interferiría con su trabajo, se convenció Harry al no encontrar un pretexto que le permitiera faltar a la cita.
El día anterior Matt había regresado a su casa y Harry no podía dejar de sentir que todo era a causa de Allyson, esa mujer siempre conseguía sorprenderlo.
Un maullido de Heidi lo hizo regresar su atención a la nota.
—Si Heidi, iré.
° ° ° ° °
Había huido.
O por lo menos así se sintió después de dejar la nota.
Pero no había tenido alternativa, porque ahí, tras la puerta, estaba Harry.
Severus casi pudo sentir cuando el joven se agachó a levantar la nota. Así que no tuvo más remedio y huyó.
¡Merlín! Estar enamorado era lo mejor y lo peor que le podía haber pasado. Nunca antes se había sentido tan vivo y ahora, era un manojo de nervios que ansiaba una mirada, tan sólo escuchar la voz de Harry y ver sus hermosos ojos verdes brillar en una sonrisa.
—Severus deberías comer algo —le sugirió Remus. ¿En qué momento había regresado a Grimauld Place era algo que escapaba de su memoria.
—Déjalo Remus, ¿no ves que está enamorado y sufre? —dramatizó Sirius a su lado mientras le servía una taza de café.
¿Acaso estaba burlándose de él? ¿Cómo era que había permitido que lo llevaran a la cocina? Y lo que era peor, Sirius no tenía idea de cómo preparar un buen café.
—Tengo la impresión de que te estás divirtiendo.
—Eso jamás Severus, digo Alan, esos tiempos ya pasaron —le garantizó el animago palmeándole la espalda.
—Si claro —refunfuñó Severus sorbiendo otro poco de esa pócima que Sirius pretendía hacer pasar por café.
—Deduzco que las cosas no van bien con los muggles —dijo Remus aunque a Severus no se le escapó el especial énfasis que puso en la palabra muggles, como si quisiera decir "él" muggle.
—Todo mejorará —Severus se escuchó a sí mismo diciendo.
—¡Claro que sí! —exclamó Sirius tirando el café al lavabo y retirando las tazas llenas de la mesa, sólo Severus había probado esa cosa pero igual le entregó la taza—. Y si no mejora entonces no tenía mayor futuro y es mejor que termine ahora antes de que te duela más.
—¿De qué hablas?
—De tu romance —dijeron ambos hombres con cierto brillo cómplice en sus ojos. Daban miedo.
—No tengo idea de qué hablan —refutó Severus.
—¡Claro que no! Sólo tienes esa mirada de perrito sin dueño —comentó Sirus palmeándole la espalda con demasiada fuerza mientras se sentaba a su lado.
—¡Por supuesto que no! —se defendió Severus ofendido—. Ustedes son los únicos caninos de los alrededores.
—Es sólo un decir —explicó Remus tomando el lugar de Sirius en la cocina y para preparar el té.
—¡Se perfectamente que es una expresión! —refunfuñó Severus—. Y no estoy...
—¿Enamorado?
—¿Despreciado?
—¿Con el corazón roto?
—¿Dispuesto a confesar tus sentimientos?
—¿O a aceptar que tienes sentimientos?
Severus los miró como esperando que en cualquier momento saltara Potter y lo obligara a levitar de cabeza mientras era cegado por el flash de la cámara de Petigrew.
—¿En verdad les importa? —preguntó confundido.
—¡Claro! Somos tus amigos —le aseguró Remus con una sonrisa fraterna entre el humo de la tetera.
Así que por fin había sucedido. Después de años de discusiones y bromas pesadas, en tan sólo medio año había conseguido la amistad de los Merodeadores.
—El mundo del futuro es tan distinto —fue lo único que atinó decir Severus.
—Es que nosotros somos distintos —afirmó Remus invitándolo a hablar mientras ponía sobre la mesa tres tazas de Earl Grey y levitaba una bandeja con panquecitos.
Severus se limitó a mover la cabeza buscando aclarar sus ideas.
—¡Vamos! ¿Es tan difícil creer en nosotros? sobre todo después de una borrachera —masculló Sirius entre las mordidas que le daba a un panque.
—No, es sólo que hace poco casi me matas por reaparecer con vida —explicó Severus dejando libre su frustración—, ahora parece que te preocupas por lo que me sucede y… ¡hasta me preparas el café!
—Un pésimo café —enfatizó Remus después de dar un sorbo a su taza.
Sirius cerró los ojos un instante, respiró profundo y abrió los párpados, se veía sereno y extrañamente serio, Severus sólo lo había visto así en las reuniones de la Orden.
—Escucha bien lo que voy a decir porque será la única vez que lo diga —declaró Sirius—: He cometido muchos errores en mi vida, todos a causa de mi imprudencia o mis prejuicios.
Después de mi escape, cuando descubrí que habíamos perdido incluso a Harry por una estúpida decisión mía, me comprometí a buscar no cometer los mismos errores.
Antes no te conocía, mi culpa, ahora que te conozco me arrepiento. Eres valiente y leal aunque muy astuto, supongo que por eso eres un slytherin, en el pasado todos fuimos unos cretinos, corrimos riesgos e intentamos vencer a Ya-sabes-quien a nuestro modo, ambos nos equivocamos.
Pero juntos hemos demostrado ser una fuerza mejor. No permitiré que nadie más muera por mi estupidez, eso y que he descubierto que en el fondo eres un tipo decente y un buen amigo, recuerdo que sigues buscando a Malfoy. Eso es lo que me agrada de ti, saber que cuidas mi espalda y que si me pierdo en combate me buscarás.
Y que eres el mejor compañero de borrachera que he tenido.
—Amén —cortó Remus el discurso de Sirius acercándole su taza de té.
Severus miró a esos hombres como si fuera la primera vez. Habían crecido mucho, incluso él que había dejado atrás la amargura.
Ya no eran los mismos adolescentes que buscaban cada oportunidad para intercambiar maldiciones.
Era como si todos los años anteriores de humillaciones fueran un vago recuerdo ante el compañerismo de los últimos meses, algo tan fuerte que ya no importaba el rencor.
Por eso Severus hizo lo increíble, se permitió confiar en ellos.
Les habló sobre Harry como si no supiera su nombre ni que era un squib, no mencionó los estudios que habían hecho ni las sospechas de los gemelos. Sólo les habló de la persona con la que había reído, comido y platicado hasta reconocer que sentía una fuerte atracción por él.
Al final Remus fue el que habló con el asentimiento de Sirius.
—Parece que es alguien que vale la pena descubrir.
° ° ° ° °
No habían pasado más que un par de horas desde que recibiera la nota cuando Harry se descubrió a si mismo jugueteando con la grulla entre sus dedos.
Estaba hablando por teléfono con Matt para asegurarse de que todo estaba bien en su "regreso a casa" y como siempre, tomaba notas para descubrir si su ex paciente en verdad estaba listo para seguir adelante sin él. Allyson decía que era parte de su "complejo de responsabilidad", Craig opinaba que era signo de "el compromiso que Harry sentía por sus pacientes" y Hermione argumentaba que dependía en cierta forma de sus pacientes para "saber que era útil".
Harry sólo sentía que debía asegurarse de que todo estaba bien.
Aunque debía reconocer que había pacientes que le preocupaban más que otros.
—¡Es grandioso! —se escuchaba la voz alegre de Matt en la línea—. Apenas crucé la puerta de entrada y recordé cuando jugaba en el pórtico de niño, veo muebles y recuerdo algunos eventos, cosas mundanas pero… ¡recuerdo!
—No olvides tomar todo con calma y recuerda hablar todo lo posible con el Dr. Holms de esas experiencias.
—Todavía no entiendo porque debe ser él mi terapeuta —gruñó Matt ligeramente.
—Porque conoce tu caso y es lo más distinto en terapia a mí. Además el Dr. Dydymski confía en que te ayudará a integrarte aunque sea con tal de no volver a verlo jamás —intentó bromear Harry aunque él mismo estaba molesto por la insistencia de Holms por comprobar el estado mental de sus pacientes para descubrir el gran fraude de sus terapias.
Matt dedicó unos segundos a enumerar todos los defectos que recordaba de Holms hasta que le arrancó una carcajada a Harry.
—¡Murciélago cretino! Debo recordar ese, es muy bueno.
—No te reías —escuchó Harry la réplica de Matt—, da miedo cuando te mira fijamente como si quisiera abrir tu mente. Además como siempre viste de negro parece un buitre.
Esa última declaración cortó la plática por un minuto entero en lo que Harry se recuperaba de la imagen mental del Dr. Holms con su ganchuda nariz imitando el pico del ave de rapiña.
—¿Podrías escapar un día y acompañarme a la práctica con Allyson? —le soltó Matt cuando fue capaz de respirar.
—Yo...
—No siempre, quizás sólo un día —insistió Matt antes de que Harry lograra interrumpirlo—, y no como terapeuta.
—Matt...
—Creo que será estupendo tocar para un amigo —terminó Matt hablando rápidamente, como si temiera perder el valor y abandonar su propuesta antes de terminar.
—Será un placer acompañarte, además se lo debo a Allyson, le prometí participar en el recital navideño si lograba ayudarte.
Lo que era cierto y extraño, Harry había logrado abstenerse de cualquier acercamiento con el coro desde aquella vez en que tomó la dirección.
Pero Allyson lo había acorralado como cada año hasta que le propuso ayudarlo con Matt a cambio de una participación en el recital y afortunadamente, él aceptó.
—Vaya, Allyson siempre consigue lo que se propone —Harry sonrió al imaginar la sorpresa en el rostro de Matt.
—Casi siempre, pero ni siquiera ella es tan poderosa —bromeó Harry.
—Logró que volviéramos a vernos sin afectar mi terapia —se escuchó algo temblorosa la voz de Matt—, tan sólo por eso es mi heroína.
—Siempre confía en ti —suspiró Harry— así estarás protegido de tus propios temores.
—El miedo ayuda a mantenerte vivo —recitó Matt de inmediato, sin detenerse a pensar, como si llevara el mensaje grabado en la mente.
—Cierto, pero no hagas del miedo tu único motivo para vivir —dijo Harry preocupado por el cambio súbito.
—No lo es, hay algo mucho más importante —afirmó Matt con voz soñadora volviendo a ser el de antes.
—¿Sí? ¿Qué?
—La música y... la amistad —el ligero titubeo no pasó desapercibido para Harry aunque lo achacó a la recuperación de Matt más que a una ligera insinuación.
—Me alegro, todos necesitamos un motivo para seguir adelante.
° ° ° ° °
Una hora después Harry colgó y Matt decidió enfrentar los recuerdos y sus ausencias una vez más dando un segundo paseo por "su casa". El lugar era exactamente como Matt lo había soñado: la hermosa casona victoria con sus enormes ventanales y su preciosa sala de música con el piano de sus sueños.
Lo malo era que los recuerdos seguían encimándose con los de esa otro casa, la enorme mansión gótica que le producía una sensación de vacío.
—¿Terminaste de hablar con tu amigo?
Steven le hablaba desde el marco de la puerta, esperando una indicación de Matt para entrar no sólo en la habitación, sino en su vida. Había dejado atrás el frío exterior que mostraba frente a cualquier otro ser vivo para revelar a un hermano interesado y comprensivo, alguien que le era conocido de algún modo y al mismo tiempo un extraño.
—Harry se interesa —contestó amable, aún sin entregar toda su confianza al hombre mayor.
—Me alegro, esperaba eso de él cuando lo conocí, el joven señor Potter tiene toda una reputación —Matt se relajó, hablar sobre Harry siempre producía ese efecto en él.
—Me ha ayudado mucho.
—Hasta recordarte que perteneces a tu familia —la frase capturó toda la atención de Matt, la recordaba cada fibra de su ser hinchándose de orgullo por pertenecer a la familia... ¿Daniels? El apellido parecía no encajar del todo en el significado de esa frase.
—Cuando eras niño caminabas muy deprisa para llegar a recibir a... papá —comentó Steven distraídamente mientras caminaban al comedor—, eras demasiado orgulloso como para correr porque podías llegar desarreglado.
Pasaron por un corredor que llevaba a una escalera, a otro pasillo y a la sala, Matt casi pudo verse y sentirse como el pequeño de cinco años que buscaba saludar a su padre antes que nadie más. Llevaba un abrigo muy extraño con mangas demasiado anchas y casi podía sentir el calor que emanaba de la chimenea encendida.
—¿Dónde está la chimenea? —preguntó estudiando la sala donde debía estar.
Steven se detuvo y lo estudió un momento demasiado largo, lo suficiente para hacer sentir incómodo a Matt ante la pregunta.
—Estamos en la habitación incorrecta, la chimenea está en la sala de estar, cerca del patio interior —respondió Steven y juntos reanudaron su camino al comedor.
Matt sabía que era cierto lo que su hermano había dicho, pero también sabía, que en algún tiempo, estuvo en una sala cerca de la entrada principal de la mansión, donde la chimenea estaba justo frente al pasillo principal.
° ° ° ° °
Más nervioso de lo que hubiese creído posible, Harry llegó a Le Petit Cafe y esperó.
No sabía exactamente que esperaba, Severus no había dado muchas indicaciones en la nota; como en las ocasiones anteriores se habían encontrado fuera del restaurante, decidió esperar un poco antes de preguntar al hostess por alguna reservación.
Mientras esperaba, Harry se dedicó a estudiar el lugar, una costumbre que tenía desde niño cuando memorizaba los lugares que le gustaría visitar y que aumentó de adulto para identificar las mejores rutas de escape.
Le Petit Cafe parecía un pequeño pero sofisticado lugar al más puro estilo francés art nouveau, con discretas lámparas colgantes del techo llenas de ornamentos florales que proporcionaban una cálida luz tenue. Desde afuera podía verse un letrero que anunciaba "Los Laberintos del Pensamiento", al parecer la variedad de la noche, imitando un cartel de Aldous Mucha. En definitiva un sitio privado con un toque de romanticismo a juzgar por la música de violín que llegaba hasta la calle.
—Severus tiene razón —alcanzó a escuchar la voz masculina de alguien a su espalda—. Tienes el porte de un líder.
El hombre tenía el cabello entrecano aparentando una vejez prematura para la edad que su rostro mostraba, lleno de vida por un par de chispeantes ojos miel. Un mago, si mal no recordaba, uno de los que quedaban siempre rezagados buscando sobrevivientes de los suyos.
—Y una mirada hipnotizante —agregó el extraño.
—¿Disculpe? —atinó a decir Harry cuando notó el enorme perro negro que acompañaba al mago.
—Soy amigo de Severus y sólo quería conocerte —dijo el hombre estrechando su mano. Harry recordó otro tiempo, antes de que el viejo Dumbledore lo visitara, cuando muchos desconocidos aparecían frente a él, se presentaban y lo saludaban para desaparecer en un parpadeo.
—¿Por qué?
—Porque eres la primera persona que conozco que logra acercarse a él lo suficiente para recordarle que puede amar, sólo quería pedirte que no juegues con él. Si no te interesa, no lo lastimes.
—No es mi intención —afirmó Harry pensando en cuan asustado estaba él mismo por ser lastimado.
—Lo sé, tu mirada es honesta —comentó el hombre estrechando su mano de nuevo antes de seguir su camino, calle abajo, seguido por el perro hasta que Harry lo perdió de vista.
Por unos momentos, el bullicio de la calle dominó los sentidos de Harry. Estaba confundido no sólo por la advertencia de aquel extraño mago, sino por sus mismas dudas que parecían ser las de Severus.
Entonces volvió su vista a su mano en donde un papel arrugado había sido dejado con la despedida del mago.
¿Sigues
en la calle?
Snape ya está dentro, esperándote.
RJL
Harry volvió a fijar la vista en la ventana del establecimiento, ahora que lo sabía, notó que Severus había estado todo el tiempo sentado en una mesa cercana al violinista que era visible desde afuera.
Me está esperando fue lo único que cruzó su cabeza al decidirse y entrar a Le Petit Cafe buscando las respuestas de su corazón.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: A que no esperaban que terminara así. Pues la verdad yo no, pero ya se estaba alargando mucho este capítulo y decidí subir el usual número de páginas ahora a hacerles esperar más, en el próximo capítulo la explicación de Severus a Harry sobre su comportamiento y... un poco de aventura. Nos leemos pronto, Quetzalli
