El Mago
Autor: Quetzalli
Resumen: Harry se encuentra de nuevo con Severus para encontrar respuestas, aunque quizás enfrente en ese trayecto obstáculos inesperados.
Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
Spoilers: Ninguno. Juro solemnemente que no hay ninguno aquí. A final de cuentas esto es un AU.
Capítulo 11
El misterio Muggle
Apenas había cruzado la puerta cuando fue interceptado por un elegante hombre que le preguntó si prefería la sección de fumar o no fumar.
—Busco a Severus Snape —dijo con voz clara y en ese momento entendió que no sólo buscaba a la persona, sino también lo que representaba: compañerismo, entrega, amor, conocimiento... un alma que lo aceptara.
El hostess lo condujo entre las altas mesas redondas del establecimiento hasta aquella en la que sabía estaba esperándolo Severus.
Conforme avanzaba su corazón se aceleró exponencialmente, casi podía escuchar los latidos que amenazaban con romper su arteria. A unos pasos pudo distinguir con claridad la fina silueta de Severus, todo de negro como acostumbraba, con un suéter negro de cuello alto sin adornos y su largo cabello suelto, tan contrastante con el suyo excesivamente corto. Y lo más curioso era que se fijara en esos detalles tan sólo para no ver en su mirada los mismos sentimientos confusos que él tenía.
Después de los cordiales saludos de rutina se sentó en una de esas sillas altas de madera cubiertas de detalles que no percibiría a menos que tuviera una enfrente sólo para su estudio.
El violinista dejó de tocar cuando las luces subieron de intensidad, se apartó ligeramente quedando en un discreto punto ciego del escenario mientras una mujer delgada que debía estar en sus treinta y tantos, tomaba su lugar.
—Me alegro que aceptaras venir —por fin habló Severus.
—No iba a faltar —musitó Harry.
—Temí que aún estuvieras disgustado —enfatizó Severus con una media sonrisa.
—Creo que me asusté más de lo que me molesté —reconoció Harry.
Severus le dedicó una mirada enigmática, sus ojos brillaban de un modo diferente a lo que esperaba, no estaba contento ni molesto, sólo lo miraba sin dejar su media sonrisa.
—Buenas noches —se escuchó clara la voz de la mujer en el escenario—, una vez más Le Petit Cafe abre sus puertas y su micrófono en La Noche de ReCuentos —varios aplausos ovacionaron sus palabras.
—Pensé que estaríamos en un sitio más tranquilo —dijo Harry, le molestaba hablar cuando alguien se esforzaba por decir algo frente a un escenario, era una falta de respeto y detestaba que le pasara así que nunca lo hacía él, sobre todo cuando Severus había elegido una mesa tan cercana al escenario.
—Podemos irnos cuando quieras, pero me gustaría que estuviéramos otro poco —se limitó a decir Severus.
Harry iba a decir algo más pero la mujer con el micrófono volvió a hablar.
—Hoy tenemos varias intervenciones sumamente interesantes de las que hay que destacar a El Viajero quien ha decidido acompañarnos de nuevo con sus complejas reflexiones.
Los aplausos se reiniciaron con gran entusiasmo, algo que hubiera pasado desapercibido para Harry si no fuera porque Severus estaba de pie.
—No tardaré —dijo antes de subir los pocos escalones del escenario y recibir el micrófono de manos de la mujer, se paró en el centro y cerró los ojos. Inhaló casi imperceptiblemente mientras se concentraba rodeado del sonido de varias palmas, completamente inmóvil.
Los aplausos cesaron en cuanto abrió los ojos.
Tal fue la impresión de ver al hombre transformarse hasta crecer algunos centímetros, emanando un poderío que obligaba a respetarlo y callar frente a él. Severus era la viva encarnación de la fuerza y la seguridad.
—Me molestan que me mientan —enunció con voz clara ampliada por el micrófono hasta cautivar la última mirada.
—¡Me molesta en demasía que me mientan! —agregó Severus subiendo el volumen de su voz—. El Viejo sonrió y puso esa cara de abuelo comprensivo que yo interpretaba a veces como "que estúpido eres niño" y otras como un consuelo como si me dijera "aquí estoy".
Severus no había cambiado su voz o siquiera intentado fingirla, sin embargo había en su tono un cambio profundo difícil de explicar que permitía diferenciar al "narrador" del personaje molesto porque le mintieran.
—¿De qué te ríes? Le pregunté al fin —continuó Severus—. Y el Viejo me dijo que no se reía, sólo sonreía. Por simpatía, por identificación, por reconocer en otro a una imagen de sí mismo de otro tiempo. Pero no me servía, no importaba que él entendiera, todo lo que había dentro de mí era ese vacío que surge después de entregar una vida a las mentiras ajenas.
—¡Hoy no me basta! —insistió Severus en un grito que llenó el café sin necesidad de micrófono—. Pero él sólo repitió las preguntas hasta sacarme de quicio, o quizás hasta ayudarme a encontrar que aún podía sentir, que ninguna mentira me había arrancado la vida... ¿No has entendido? Me dijo después de ayudarme a arrancar de mi esa rabia que se obstinaba en sujetar sin piedad mis sentidos.
Severus estaba de pie, sin moverse por el escenario y sin embargo cada movimiento de sus manos, cada vez que cambiaba el peso de su cuerpo de un pie a otro, era tan expresivo como una danza antigua que capturaba todos los sentidos.
—No has entendido que cuando alguien miente, ¡MIENTE!, es decir no TE miente. ¡MIENTE! En el mejor de los casos, se miente. Para dar una versión de los hechos que eviten que lo juzguen, para no hacerse responsable. ¿No te das cuenta? El mentiroso no es alguien que teme el resultado de un juicio; ni la condena de ese juicio. El mentiroso ya se juzgó y ya se condenó. El problema no es del otro, es del que miente. Eso me dijo el Viejo: de alguna manera mentir es manipular la verdad en busca de un poder.
¡SI HAY UN PROBLEMA EN LA MENTIRA, LO TIENE EL MENTIROSO! —levantó de nuevo la voz Severus, para bajarla hasta una suave caricia envolvente—. El Viejo también me dijo que andando el tiempo y la vida encontraría a otros y otras con quienes eres tan libre que no necesitas mentir, seres escogidos para quienes la FRANQUEZA sería mejor que la SINCERIDAD. Porque ser franco significa: "No hay ningún espacio oculto en mi interior para ti".
Severus no lo había visto directamente desde que entrara al café, ahora en cambio tenía sus ojos color noche fijos en los de Harry, demostrándole que esas palabras iban dirigidas hacia su persona.
—"No existe ningún rincón de mi pensamiento, sentimiento o recuerdo que quiera mantener reservado". La sinceridad es mucho menos, sólo es: "Todo lo que te digo es cierto, por lo menos cierto para mí". La franqueza es una relación como el AMOR, un sentimiento reservado para pocos, muy pocos.
Al terminar de decir eso, la mano de Severus que sostenía el micrófono descendió hasta quedar colgando a un costado, no podría captar las palabras que él dijera de ese modo, pero no importaba, porque claramente Severus movió sus labios para decir sin sonido: Mi FRANQUEZA y mi AMOR son sólo tuyos si los aceptas. Cerró los ojos de nuevo y agachó el rostro hasta dejarlo cubierto por la cortina de su negro cabello.
La ovación no se hizo esperar, como uno sólo, todos aplaudieron reflejando cuánto los habían conmovido las palabras de Severus.
Él, bajo del escenario, devolvió el micrófono a la mujer que no dejaba de sonreírle como una boba y regresó a la mesa que compartía con Harry. Sólo en ese momento noto que a pesar de estar aplaudiendo, una lágrima había dejado el recuerdo de su camino por una mejilla, y lo notó porque al sentarse, Severus limpió ese camino con el dorso de su mano.
—Es la primera vez que alguien es tan honesto conmigo —susurró Harry.
—Es la primera vez que digo todo esto a alguien. Ven —dijo Severus ofreciéndole la mano para ayudarlo a levantarse—, la noche empieza y no es correcto platicar mientras alguien se presenta.
—¿Te vas tan pronto? —preguntó la mesara, una jovencita trigueña que llegaba en ese momento.
—Es una emergencia Carrie —le dijo Severus deslizando un billete en la mano de la mesera. Ella sonrió tímidamente al expedirse.
—Parece que eres muy popular por aquí —bromeó Harry en la calle.
—Es culpa tuya —respondió Severus, su lacónica respuesta tuvo que ser ampliada por la mirada ligeramente indignada de Harry—. Después de que... discutimos, descubrí que tenía mucho tiempo libre. Cuando no sé que hacer salgo a caminar y llegué aquí en plena Noche de ReCuentos, no entendía muy bien como funcionaba eso y pensé que todos debían decir algo así que pasé al final cuando Scarlett, la mujer del micrófono, preguntó si alguien más quería pasar.
—Debiste impresionarlos esa primera vez.
—Salieron llorando —refunfuñó Severus—, y eso que sólo hablé de cómo me sentía y no de lo que me había pasado. Scarlett me pidió que regresara las veces que quisiera, una vez por semana cuando se realiza la Noche de ReCuentos y eso es todo.
—A mí me impresionaste.
—Esa era la idea —sonrió Severus abriendo la portezuela de su camioneta a Harry quien sonrió ante el detalle. Para un mago transportarse así era innecesario, pero Severus parecía entender que él no era partidario abierto de la magia.
—¿Dónde vamos? —preguntó Harry intentando controlar los nervios que amenazaban con apoderarse de él.
—Ya verás —fue la enigmática respuesta de Severus quien puso en marcha la camioneta.
Severus condujo por horas, tiempo en el que Harry y él conversaron de mil cosas: el trabajo de Harry, la discusión con Sirius, Remus y el pésimo café, un poco de su pasado... aunque ninguno dijo nombres o direcciones, pero era agradable conversar de nuevo.
Por fin, un letrero a orilla de la carretera anunció que estaban en Hertfordshire. Severus siguió por un camino de empedrado hasta un sendero que lo condujo sobre una colina, detuvo la camioneta y lo invitó a bajar, desde ahí era visible un pequeño pueblo que estaba en la oscuridad total.
—¿Conoces el lema de Hertfordshire?
—No —reconoció Harry, conocía toda la geografía de Reino Unido con sus puntos más importantes por haberlos recorrido con El Grupo de Rescate, más nunca le había importado conocer los detalles turísticos de esos lugares.
—Es Cree y no temas —dijo Severus mirándolo fijamente a los ojos.
—Me disgusta la magia por el halo elitista que han mostrado todos los magos que conozco —aceptó Harry sin que Severus preguntara—, de un modo u otro se creen superiores. Eso y...
Era tan difícil, Severus era un mago y debería estar al tanto de su "leyenda" y el fiasco que resultó ser; aún así él no había mostrado ninguna sorpresa hacia su persona, ningún resentimiento o esperanza rota, quizás fuera porque no había vivido en Inglaterra o tal vez en verdad lo amaba.
—Lo que pasa es que soy famoso por una estupidez —suspiró Harry antes de desahogar todo el rencor que sentía—. Voldemort, el tipo malo que todos temen, asesinó a mis padres, yo sobreviví gracias a mi madre y todos asumieron que era un mago muy poderoso. Fui admirado y después despreciado por el delito de ser squib.
—Lo sé —Severus consideró que Harry había terminado—. Al regresar me dieron una breve reseña de tu situación.
—¿Por qué no dijiste nada antes? —reclamó Harry sintiéndose herido.
—No me correspondía, y no me importaba todo ese asunto de "El Niño que Vivió", en particular me pareció demasiada estupidez el que nadie supiera que eras squib hasta los once años. Ese fue un descuido imperdonable: dejar que todas las esperanzas caigan en un niño del que no conocen sus capacidades.
—¿Eso te causa conflicto?
—Harry, a diferencia de ellos yo si conozco tus capacidades. Te he visto hacer hasta lo imposible por cientos de personas que no tienen idea de quien eres. No necesitas ser un mago o un muggle para saber lo valioso que eres, se necesita ser humano.
—Desde aquí se pueden ver las estrellas —musitó Harry muy despacio, temiendo romper el encanto de esa noche despejada—. Me encantan las estrellas aunque rara vez las veo, pero eso no es lo importante, si las veo o no las estrellas existen, igual que yo. Tú eres el primero que ve más allá de muggle, squib, terapeuta, sobrino... —fenómeno terminó la voz de Vernon en su cabeza.
—Sé lo que es que nadie vea más allá de las apariencias —dijo Severus después de una breve pausa, en la que siguió la mirada de Harry hasta el firmamento—, en mi caso ha pasado lo mismo toda la vida; supongo que teníamos que encontrarnos para saber que realmente existimos.
Harry bajó la vista de las estrellas y la fijó en los ojos de Severus. Sí, el sabía exactamente lo que era vivir siendo casi invisible.
—Siempre he pensado que hay demasiado elitismo en el Ministerio de Magia —agregó Severus con una media sonrisa—, todos los squibs deberían de recibir una educación mágica de acuerdo a sus capacidades.
—¡Oh, vamos! ¿De qué capacidades mágicas hablas? —preguntó Harry pensando que aquel comentario era sólo para hacerlo sentir mejor.
—Todos los humanos tienen algo de magia —explicó Severus muy serio, en verdad sería un profesor temible con esa voz—, incluso los muggles pero es tan limitada que no les importa. Los squib por el contrario tienen cierto nivel, hay quienes pueden hacer transformaciones elementales y hay quienes tienen talento para la Aritmancia y la Astrología... como tú.
—No es gracioso —se defendió Harry de inmediato ante la idea de que él podía tener algo de mago.
—No pretendo serlo, sólo hablo por la evidencia. Los mapas estelares y las intervenciones oportunas del Grupo de Rescate. No tienes un informante secreto Harry, tú eres el que sabe donde atacarán por un cuidadoso estudio del enemigo, eres el único que ha descubierto su sistema de ataque en base a dos ramas de la magia.
Harry se encogió ligeramente ante las palabras de Severus, era cierto aunque no todo, y sin embargo él parecía haber dicho todo eso con orgullo.
—Elegiste tu sobrenombre por lo que te gustaría ser cuando pienso que ya lo eres, sólo que todos los estúpidos que hacen magia con una varita han olvidado que en un inicio sólo tuvimos a las estrellas y los números.
Severus dijo esas palabras con tanta vehemencia que Harry tuvo que volver toda su atención a él, se acercó y permitió que el otro hombre lo cobijara entre sus brazos.
—No te pido que me digas todos tus secretos ahora, quizás no lo hagas nunca —continuó Severus mientras acariciaba su espalda dando pequeños círculos—, yo mismo no estoy preparado para decirte todo sobre mí, pero te garantizo que soy...
—¡Un mortífago! —exclamó Harry por lo bajo.
Al instante Severus se tenso ¿cómo podía saberlo Harry? Antes de que pudiera preguntar, Harry se escabullo de sus brazos y dirigió toda su atención a la aldea apenas visible.
—¿Qué?
—Un mortífago —repitió Harry en un susurro indicándole que bajara la voz—. Acaba de aparecer—. ¡Mira!
Severus no percibía más que sombras hasta que un estallido le reveló la aparición de otro mortífago que siguió al primero.
—¿Por qué siempre tengo que encontrarlos? —gruñó Harry.
—¿Disculpa?
—Algunas veces me pasa esto, simplemente los encuentro, la próxima luna nueva atacarán ese pueblo.
—¿Esto ha sucedido antes?
—Siempre sucede —explicó Harry—, llegan uno o dos, recorren el lugar, entran a una casa y salen sin hacer nada, la siguiente luna nueva atacan.
—Pero no todos los ataques son en luna nueva.
—Los otros son los que no se pueden predecir, a mi me parece que son sólo cortinas de humo para que nadie descubra lo que hacen.
—¿Qué hacen? —preguntó Severus cada vez más alerta.
—Uno de ellos escribe algo durante los ataques, no se que. La única vez que lo vi tenía quince años, casi me descubre; no me acerco a ver lo que ha hecho, sólo hasta que rescatamos a alguien, pero nunca encuentro marcas así que no tengo idea de lo que hacen.
—Debo averiguarlo —decidió Severus.
—Iré contigo —se unió Harry con la esperanza de que Severus, como mago, descubriera algo que él hubiera pasado por alto.
Descendieron la colina en la camioneta buscando no ser descubiertos por el uso de magia, hasta llegar a orillas del pequeño pueblo y estacionarse en el lugar donde vieron aparecer a los mortífagos.
—Debemos seguir el rastro mágico que dejaron —Severus sacó de su saco algo que claramente era su varita mágica, dijo unas palabras que sonaban a latín y esperó hasta que, de la punta de la varita emergió un pequeño haz de luz amarilla que torcía hacia un sendero del lugar.
Harry estaba demasiado extrañado para decir nada, las únicas veces en que había sido testigo del uso de la magia habían sido cuando le hicieron la prueba mágica y a la lejanía cuando veía los ataques de los mortífagos; esta vez era diferente, de algún modo el que Severus confiara en él para dejarlo escuchar las palabras mágicas era gratificante.
° ° ° ° °
Mortífagos en el lugar menos esperado, lo único que le faltaba a Severus para terminar con su cita de reconciliación. ¿Acaso se podía se más inoportuno? Y sin embargo era un alivio saber que el calificativo de mortífago no iba dirigido a su persona.
Si Harry supiera...
Apretó el paso buscando acercarse lo suficiente sin ser detectado, afortunadamente Harry sabía moverse con la misma cautela y precaución que él. ¿Alguna vez dejaría de sorprenderlo?
—¿Y bien? —alcanzó a escuchar la voz de uno de ellos, una voz terrible y familiar.
—¡Hazlo todo tú si quieres, Malfoy! —dijo otra voz grave y ronca, la de un mortífago que Severus conocía de vista pero no de nombre porque el Señor Tenebroso no le había permitido ningún tipo de trato con él.
Se acercaron lo suficiente para ver a ambos hombres en la plaza del pueblo, a un costado del pintoresco kiosko, en cuclillas con la varita en la mano, trazando runas antiguas en el suelo de loseta.
—McNair ni siquiera tienes motivos para molestarte, debemos tener listo el grabado antes de la hora fijada.
—Esto se vuelve cada vez más tedioso.
—Si quieres puedes quejarte con el señor Tenebroso —declaró Malfoy arrastrando las palabras como creía que era elegante cuando sólo demostraba las horas que pasaba practicando para obtener un efecto medianamente misterioso en opinión de Severus. El hombre le molestaba en extremo, verlo era recordar lo que había hecho a su propio hijo, la máscara bajo la que ocultaba su rostro un pobre reflejo de su podrido interior.
McNair refunfuñó por lo bajo algunas coloridas maldiciones pero continuó el trazo que Severus devoró con la mirada buscando grabar cada inscripción en su memoria y poderla estudiar con cuidado con la ayuda de un pensadero.
—Hicieron algo parecido en el sótano de... unos dentistas cuando los descubrí la primera vez —susurró Harry lo más bajo posible—, pero esta vez es mucho más grande.
—¿Algunos símbolos eran iguales? —preguntó Severus sin poder evitarlo.
—Sólo recuerdo ese, el del centro —señaló Harry hacia el punto donde había estado Malfoy tan sólo unos segundos antes.
Era un símbolo de la madre tierra, que en conjunto con los más cercanos hablaba de la magia elemental que mana de su centro a todo ser vivo.
—Será mejor que nos vayamos antes de que nos descubran —observó Severus al percatarse de que ambas siluetas tomaban un lugar a costado del grabado, Malfoy viendo hacia fuera, al cenit y McNair a su espalda, en sentido contrario.
Justo en el momento en que él y Harry se preparaban para dar la vuelta, un brillante cuarto menguante alumbró el lugar al liberarse de una molesta nube y el los mortífagos empezaron a recitar un conjuro en un idioma más antiguo que el latín.
Severus y Harry detuvieron su escape como paralizados bajo el cualquier encanto que estuvieran realizando mientras veían un haz de luz lunar descender al centro del grabado y extenderse hacia fuera hasta llegar a los pies de Malfoy y McNair.
—¡Vamos! —apresuró Harry, extrañado, Severus siguió su mirada hasta que chocó con los fieros ojos de McNair que estaban fijos en ellos.
Sin pensarlo más ambos salieron corriendo lo más deprisa, escudados en que McNair no podía detener el conjuro hasta que él y Malfoy terminaran lo que sea que estuviera haciendo.
Corrieron hasta que la camioneta estaba a un par de metros, el plan de Severus era llegar al punto en donde los mortífagos habían aparecido, para evitar que sospecharan que un mago los había descubierto, más no pudo.
En el instante en que sujetaba la mano de Harry para desaparecer con él, McNair apareció con su rostro cubierto por la máscara blanca que simulaba un cráneo humano; otro chasquido le reveló a Severus que Malfoy estaba a sus espaldas.
Estaban rodeados.
—¡Mira nada más lo que ha llegado hasta nosotros¡ —se mofó McNair. En sus ojos brillaba la locura.
—No juegues con los muggles, deshazte de ellos —ordenó Malfoy.
—¿Estás seguro? —continuó McNair disfrutando del temor que inspiraba su apariencia—. Creo recordar que el Señor Tenebroso ordenó llevarle a ese que salva las asquerosas vidas muggles —dijo señalando a Harry.
—Deja de perder el tiempo, ese muggle no puede ser el que nuestro señor busca —remarcó Malfoy con desprecio, aunque se acercó lo suficiente a Harry como para hacerlo volver el rostro con ayuda del mango de serpiente de su varita.
—Lo he visto antes ¿recuerdas? Se me escapó en Surrey y desde entonces sólo aparece después de que los estúpidos del Ministerio de Magia o la Orden del Fénix se han marchado —Severus sentía que la sangre se le helaba en la venas mientras su pulso se aceleraba. ¡Buscaban a Harry! No podía permitir que los mortífagos se lo arrebataran pero también debía ocultar su rostro para no correr el riesgo de que Malfoy lo reconociera así que mantuvo toda su atención en McNair.
—¿Es cierto que diriges la resistencia muggle? —preguntó Malfoy con su voz aterciopelada, como una caricia envenenada.
—No tengo idea de qué habla —declaró Harry con firmeza.
—Escúchame bien muggle, no importa cuánto intentes evitarlo, cuantas veces intentes borrar nuestros señalamientos, nosotros lograremos el control absoluto y ustedes tendrán suerte si viven los suficiente para convertirse en obedientes esclavos —declaró Malfoy obligando a Harry a mirarlo a los ojos.
Legeremancia, está usando legeremancia en Harry, se dijo Severus comprendiendo que estaban perdidos.
—Es él —afirmó Malfoy después de un indefinido y angustiante tiempo.
—¿Estás seguro?
—Por supuesto, ¿cuántos muggles conocen el arte de la oclumancia? Dumbledore debe haberlo entrenado, a él y su manada de monos, por eso no podemos librarnos de ellos. Tráelo, al otro mátalo —ordenó Malfoy dándoles la espalda y alejándose al punto de desaparición.
¿Oclumancia? ¿Podría ser todo una artimaña de Dumbledore?, sintiéndose cada vez más confundido Severus levantó sus manos para cubrir su rostro por un instante en un gesto de desesperación, eso fue lo que debió de ver McNair cuando lanzaba un discreto glamour en sus facciones con ayuda de su varita oculta entre la palma de su mano derecha.
—Así queda resuelto el misterio de los muggles —se mofó McNair al levantar su varita con el claro propósito de desmayar a Harry, algo que no pudo hacer porque el puño de Severus se cruzó con su rostro lo suficiente para hacer sangrar su nariz.
—¡Maldito muggle! —gritó McNair como un animal herido al levantar la varita para maldecir a Severus.
Y fue cuando sucedió lo imposible.
Antes de que Severus lograra convocar una barrera protectora frente a ellos, Harry avanzó dos pasos con la misma velocidad de un hipogrifo y golpeó a McNair en el estómago sacando todo el aire en sus pulmones; después lo golpeó con el brazo contrario en la barbilla haciéndolo retroceder y por último rodeó su cuello con uno de sus brazos mientras lo obligaba a estirar un brazo en dirección contraria con un rápido movimiento, desarmando al mortífago en segundos.
—Nadie nos amenaza —gruñó Harry levantando la varita de McNair, con la atónita mirada de Severus fija en su espalda.
—¿Así que el muggle muerde? —masculló Malfoy desenvainando la varita de su funda.
—Y sobrevive —dijo Harry enderezándose hasta el punto de verse más alto—, siempre sobrevivo.
Furioso, Malfoy levantó la varita buscando acabar con ese asunto por completo cuando Severus, sin saber que se había apoderado de él se arrojó sobre el aristócrata obligándolo a perder el equilibrio.
—No voy a rebajarme a tu nivel muggle —afirmó Malfoy convocando un crucio en Severus, quien desprevenido, perdió el parámetro de todas las cosas rodeado sólo por dolor.
—¡BASTA! —gritó Harry.
—Si quieres salvar a tu amiguito deberás venir conmigo —apenas pudo escuchar Severus la fría voz de Malfoy.
—¿No has entendido que soy yo quien pone las reglas? —enfatizó Harry, sosteniendo la varita de McNair con ambas manos hasta romperla en dos al doblarla con fuerza.
Un poderoso resplandor emanó de la varita rota junto con una onda de choque que lanzó a los cuatro hombres un par de metros lejos.
Malfoy no dijo nada, no era necesario, en medio de su mente nublada por el dolor, Severus pudo distinguir la incredulidad en sus ojos acerados. McNair, sin embargo, no tenía su clase y comenzó a gemir como un condenado mientras apretaba su brazo lastimado contra su pecho.
—Dile a "tu señor" que no se meta conmigo —amenazó Harry siendo el único a quien Severus pudo ver de pie aunque no sabía cuando se había levantado.
Malfoy evaluó sus opciones en segundos, todavía tenía la varita sujeta en su mano; elegantemente se deslizó hasta McNair y apuntó a Harry.
—¡CRUCIO! —gritó buscando doblegarlo; algo que no pudo hacer porque Severus, sin poder encontrar una mejor solución que no lo delatara ante el motífago, se interpuso entre él y Harry, recibiendo la maldición de lleno.
—Muggle estúpido —escupió Malfoy desapareciendo con McNair ente la sorpresa de todos, mientras el mundo se oscurecía para Severus.
Dolor, todo se había reducido al maldito dolor que producían los crucios, uno de los motivos por los que Severus no extrañaba ser mortífago.
—¿Por qué hiciste eso? —alcanzó a escuchar la suave voz de Harry sobre él.
Entonces notó que su cabeza estaba recostada en las piernas de Harry y que él secaba el sudor de su frente con sus dedos. El discreto glamour debió haber desaparecido cuando perdió la conciencia, estaba recostado en el suelo, a unos metros de su camioneta sin ningún rastro de actividad mortífaga reciente.
—No podía dejar que te lastimaran —musitó Severus con esfuerzo, tenía la garganta adolorida, seguramente acusa de gritar bajo el efecto de los crucios, no recordaba haberlo hecho pero que debió suceder.
—¿Por qué no usaste magia?
—Porque no quería que estuvieras en medio de un fuego cruzado —reconoció Severus sintiéndose algo estúpido por haber peleado al modo muggle—, el hombre rubio es muy peligroso.
—Lo sé, he visto como se divierte torturando a otros —fue la sencilla respuesta de Harry. ¿Qué podía decir Severus al respecto? Él se había librado de veinte años de guerra, pero Harry había estado luchando tanto contra los mortífagos, que ellos lo conocían cuando la Orden no tenía idea de su importancia.
—¿Nos vamos? —musitó Harry suavemente.
—No creo que pueda ponerme en pie —suspiró Severus avergonzado. ¡Por Merlín él era el mago!
—Yo te llevaré —fue la sencilla respuesta de Harry que con gran cuidado, lo levantó en brazos como a un niño o como a una doncella que era rescatada.
—¿Guardarás el secreto de todo esto? —preguntó Severus avergonzado por parecer tan débil.
—Por supuesto —le garantizó Harry con una sonrisa mientras lo acomodaba recostado en el asiento trasero plegable para dejarlo solo unos segundos y ponerle algo entre sus manos.
Su varita.
—Será mejor que yo maneje por ahora —dijo Harry arrancando la camioneta.
—¿El trazo que hicieron?
—Desapareció, como todos. Cuando regreso a verlo después de que se marchan no encuentro nada —explicó Harry satisfecho de que esa magia era visible incluso para él.
Un squib que había enfrentado a dos magos y vivido para contarlo.
° ° ° ° °
Pasaba de la una de la mañana y todavía había luz en la casa sobre la colina en el campo de Sheppey dándole un aspecto extrañamente misterioso, casi fantasmal. Dentro, los hermanos Daniels terminaban una reñida partida de ajedrez que, asombrosamente, ganó Matt.
—¿Dónde vive mamá?
Steven no se dejó impresionar por la pregunta, la esperaba, así que respondió con soltura.
—Aquí, ésta es su casa —Matt no pareció muy convencido, pero no pudo expresar su duda porque Steven continuó—, no la has visto porque ha estado en Essex buscándote. Le he enviado un telegrama para que regrese y espero que vuelva pronto.
—La extraño —aceptó Matt casi en un susurro.
—¿La recuerdas? —Steven no se molestó en ocultar la sorpresa que sentía ante esa revelación.
—No estoy seguro, más que recuerdos son imágenes: su rubio cabello brillando bajo el sol mientras lo cepillaba en la mañana o su sonrisa brillando escondida en sus ojos azules, pero cada vez que intento enfocar su rostro se me escapa como una voluta de humo.
Steven se levantó, rodeó la pequeña mesita redonda donde estaba el tablero de ajedrez hasta quedar frente a Matt que tenía ese aspecto frágil que le proporcionaba el pensar demasiado. Sin previo aviso se acercó y lentamente, le dio un abrazo fraterno, tan sencillo como cálido.
—Ella estará feliz de saber que la recuerdas, aunque sea poco —le dijo a Matt.
Los hermanos Daniels permanecieron así un segundo, unas horas o quizás todo un espacio de tiempo indefinido que le robaron al infinito, hasta que el encanto del momento se desvaneció y Steven mandó a Matt a dormir, como a un niño pequeño.
Y Matt aceptó sin remilgos.
° ° ° ° °
La chimenea chisporroteó un par de veces, escupiendo chispas verdes, antes de que una silueta se materializara entre las llamas que también tenían un tinte esmeralda.
Steven no podía dejar de apreciar el colorido espectáculo aún cuando quisiera lanzarse al fuego y arrancarle al hombre rubio que reflejaba en su porte de manera casi imperceptible lo fatigado que estaba.
—¡Por fin llegas! Me tenías con mucho pendiente.
—No debiste preocuparte —declaró la sonora voz de Lucius Malfoy— sabes que estas misiones pueden ser más inconvenientes de lo que esperamos. ¿Por qué no te quitas ese glamour? Me gustaría saludar a mi esposa con un beso.
Steven renovó los encantamientos que protegían la estancia antes de sacar su varita y desvanecerse en la forma fina y elegante de Narcisa Malfoy, quien recibió al momento el beso prometido.
—Draco recuerda —informó ella sin dejar el cobijo que proporcionaba su marido—, no mucho, sólo algunas cosas como el piano, esperar que aparecieras de la chimenea o el color de mis ojos, pero recuerda.
—Es un Malfoy —dijo Lucius orgulloso—, nunca se dará por vencido.
—¡Pero es muy peligroso! Si alguien se entera de que sigue vivo... no quiero que muera Lucius.
—No te preocupes, está a salvo con nosotros, sólo tenemos que seguir esta farsa hasta que se defina el bando ganador, entonces podremos salvarlo del Señor Tenebroso o pedir asilo a la Orden del Fénix por su conducto.
Narcisa se separó de Lucius para sentarse en el amplio sofá frente a la chimenea y aparecer una humeante taza de té. El tema le molestaba sobremanera, no era porque quisiera que algún bando ganara, después de tantos años empezaba a creer que todo era tiempo perdido. Lo que la sacaba de quicio era el pensar que Draco era una carta más para salvarse.
—Creo que no debimos dejar que estuviera tanto tiempo entre los muggles —le dijo a Lucius cuando él se sentó a su lado.
—Fue necesario y lo sabes —la confortó él—, así logramos eliminar todas las sospechas en nuestra contra y creamos una cortina de humo que lo mantendrá a salvo.
—¡Casi lo perdemos!
—Fue un ligero error que los muggles lo encontraran antes que tú, cariño. Pero lo cuidaron bien y nos lo devolvieron.
—Creo que se ha enamorado de uno de ellos —soltó Narcisa sin mayor preparación esperando que Lucius entendiera la gravedad del asunto.
—Draco nunca...
—El joven que nos lo devolvió, era su sanador y estoy convencida de que Draco está enamorado de él. ¿Entiendes? Como no recuerda que existe la magia y se cree un muggle ¡se ha enamorado de uno!
Eso era algo inesperado, Lucius podía pasar muchas cosas por alto, que su hijo hubiera elegido traicionar sus intereses por un idealismo cada vez más patente, que pensara continuar la línea Malfoy de el modo alterno o que estuviera empeñado en formar parte de un coro muggle. Pero ensuciar su sangre enredándose con un muggle era algo que no estaba dispuesto a permitir.
—¿Es correspondido? —preguntó después de considerar sus opciones.
—No estoy segura —reconoció Narcisa satisfecha por el apoyo que Lucius estaba mostrando.
—Tenemos que estarlo y si ese muggle quiere aprovecharse de nuestro hijo tendremos que quitarlo de en medio.
—¿Puedo volver a ser su madre? Aunque sea su falsa madre muggle —dijo al fin Narcisa sin poder contenerse más—. Hoy casi me delato, quería abrazarlo tanto.
—Tendrás que ser fuerte otro poco cariño —Lucius la atrajo hacia sí en un abrazo protector, trazando círculos en su espalda para consolarla— yo no puedo ser el mismo "Steven" que tú y habíamos acordado este intercambio para evitar más sospechas. Además, me parece que puedes averiguar mucho más del romance con el muggle como hermano que como madre, hay cierta complicidad de la que puedes sacar provecho.
Era cierto, hasta el momento Narcisa había sentido unos ligeros celos hacia Lucius por todo el afecto que Draco le demostraba y todo el tiempo que pasaba con él. Ahora ella era "el hombre de la casa".
Desperdiciar una oportunidad así no era algo que le pasara a un Slytherin y ella era digna representante de la casa de las serpientes.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: Y así queda revelado el misterio del "hermano" de Draco ¿verdad que no se lo esperaban?
Un abrazo quetzalesco y hasta la próxima.
