El Mago

Autor: Quetzalli

Resumen: Severus ha comprobado que él y los gemelos tienen razón en sus sospechas, ahora debe demostrarlo, para eso necesita la ayuda de los merodeadores, los gemelos y Granger. Mientras tanto, Narcisa toma una decisión que afectará el futuro de Draco.

Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.

Spoilers: Bueno, sé que había dicho que esto es un AU y que no hay Spoilers, pero... confieso que puse uno en los primeros capítulos, uno solo y que está muy escondido, tanto que nadie lo ha encontrado hasta ahora, así que ya lo saben y a ver si lo encuentran .

Capítulo 12
Confiando

Sólo percibía el suave arrullo del motor, lo cual era una verdadera bendición; sentir cada músculo adolorido era una de las cosas que menos le apetecía en ese momento y aunque sabía que el adormecimiento temporal que lo protegía terminaría desvaneciéndose tarde o temprano, se aferró a él como a una tabla, concentrándose sólo en el suave arrullo del motor hasta que la nada lo llevó a la bienvenida inconsciencia.

Lo único malo de perder el sentido es no tener idea de lo que sucede alrededor, perder por completo el dominio de sí mismo en un medio que se desconoce y de todas las cosas que le molestan a Severus Snape, perder el control sobre lo que le sucede es la peor de todas.

Sólo por eso despertó.

Y porque el suave arrullo del motor se había detenido, lo que quería decir que la camioneta se había parado y que Harry le había quitado la cobija con que lo había cubierto y...

Abrió los ojos de golpe.

Harry no podía haberlo cobijado al subirlo a la camioneta porque él no tenía ninguna cobija o algo que se le pareciera en esa camioneta.

—Ya despertaste —la voz tranquila de Harry, seguida por su rostro y su maravillosa sonrisa—. Espero que Heidi no te haya molestado demasiado, le dije que te dejara dormir, pero insistió en acurrucarse a tu lado y sólo accedió a dejarte para ir a desayunar.

Estaba en la sala de Harry, recostado en el sillón más grande. Un leve maullido lo obligó a concentrar su atención en Heidi quien prácticamente le ordenó con la mirada se moviera un poco. Aturdido, Severus intentó enderezarse fallando por completo, pero el movimiento debió de ser lo que Heidi esperaba porque de un salto se acomodó en el espacio que Severus había despejado, se hizo un ovillo y volvió a ronronear tranquilamente.

—Le agradas —reiteró Harry.

—Eso creo —graznó Severus, descubriendo lo seca que estaba su garganta.

—Toma —un par de pastillas blancas y una bebida burbujeante aparecieron tan cerca de su rostro que cuando menos lo esperaba ya las había consumido.

—¿Qué...?

—Medicina muggle para el dolor de cabeza y un relajante muscular para que puedas moverte de nuevo —explicó Harry desde la cocina ¿desde cuándo se movía tan rápido? —. Por lo poco que sé la maldición Cruciatus ataca tus capacidades motrices y nerviosas, no creo que sea mucho consuelo, pero espero que eso sea suficiente para que te recuperes un poco.

—Menos mal que Dumbledore te explicó algunas cosas —murmuró Severus asumiendo que las suposiciones de Malfoy eran acertadas y molesto con el viejo director por ocultarles a toda La Orden del Fénix su seguimiento a Harry.

—¿El vejete? ¡Dios me libre de su presencia! —negó Harry con una mueca, había regresado a de la cocina y se sentó mirándolo de frente—, no creas todo lo que dicen los mortífagos esos, siempre asumen que lo saben todo.

—¿Entonces...?

—La última vez que vi a Dumbledore tenía once años, desde entonces no he cruzado palabra con él —admitió Harry.

—Parece que fue un rompimiento fuerte.

—¿Rompimiento? Para eso se necesita que exista una relación amistosa por lo menos —gruñó Harry, repentinamente interesado en el movimiento de sus manos—. No lo recuerdo bien, no se tomó la molestia de conversar conmigo, al parecer su único problema fue que yo no fuera un mago. Ni siquiera le importó desmentir las palabras de mis tíos —ante la mirada interrogativa de Severus, Harry profundizó—: ellos siempre dijeron que Dumbledore los había obligado a aceptarme, no me quejo tuve techo y comida, pero no es agradable escuchar reclamos constantemente.

—Entiendo.

Fue la sencilla respuesta de Severus, dando pie para a Harry de interrogarlo con una mirada.

—Mi padre era muggle, mi madre le ocultó que era una bruja hasta después de la boda y aunque siguieron juntos, siempre estuvo presente ese "engaño" en sus peleas. Sé bien lo que es ser despreciado por alguien de quien se espera amor y comprensión.

Ambos guardaron silencio, satisfechos por la complicidad recién creada.

—Cada día me sorprendes más —admitió Severus—, y si tu conocimiento del mundo mágico no es gracias a Dumbledore, debo suponer que sigues teniendo un aliado mágico.

Harry rió, su risa era clara como un vial lleno de lágrimas de fénix, reconfortante y en cierto modo, nostálgico.

—Es difícil distraerte —aceptó Harry—, hay alguien que no me ha discriminado nunca, me guió en mi aprendizaje del estudio de los astros y los símbolos antiguos, aunque nunca he profundizado demasiado, tan sólo sé lo que venía en sus libros de texto.

—Me alegro —lo interrumpió Severus para que Harry supiera que no quería información de él— recientemente acabo de descubrir los beneficios de la amistad verdadera y desinteresada en quien menos lo esperaba.

—¿El hombre con el perro?

—Precisamente.

Un repiqueteo quedo rompió la magia del momento, al escucharlo Harry se levantó de inmediato con la mirada fija en su muñeca.

—Debo irme —dijo apresuradamente dirigiéndose a la puerta—. Puedes quedarte hasta que te repongas o más tiempo, pero no me esperes pronto porque hoy trabajo hasta tarde y tengo un compromiso que puede acapararme hasta la noche.

—No es necesario —rechazó Severus buscando no imponerle demasiado su presencia a Harry—, tus remedios me han recuperado lo suficiente para regresar.

—¿Estás seguro que puedes conducir? —Severus sonrió ligeramente agradecido por el tono preocupado en la voz de Harry.

—Claro que no, es más puedes usar la camioneta si gustas —dijo Severus sentándose con calma para evitar un mareo o peor, un dolor de cabeza—, estoy lo suficiente recuperado como para aparecerme.

Heidi se estiró un poco, aprovechando que tenía más espacio, giró sobre sí misma y par de veces y volvió a acurrucarse al lado de Severus, recargando su cabecita en su pierna.

—¿Todo este tiempo pudiste aparecer dentro de mi casa? —preguntó Harry dándose cuenta por primera vez de las implicaciones que había pasado por alto.

—Pude hacerlo —aceptó Severus— pero nunca lo haría sin tu permiso a menos que fuera una verdadera emergencia. Es cortesía elemental.

—Gracias —sonrió Harry, acercándose lentamente a Severus para sentarse a su lado y darle un rápido beso en la mejilla— es bueno saber que puedo confiar en ti.

—Si sigues hablando tan cerca de mi oreja vas a tener que protegerte de mí porque voy a evitar que llegues a tiempo a tu trabajo —bromeó Severus bajando un tono más a su voz de barítono.

—Eso no sucederá porque me acabas de prestar tu camioneta ¿recuerdas? —ronroneó Harry tan cerca de Severus que su cálido aliento lanzó una descarga de adrenalina a su cuerpo, haciéndolo olvidar temporalmente el dolor que entumecía su cuerpo.

Sin poder evitarlo, Severus separo la distancia entre ellos, robando un beso lento, dulce y cómplice de los labios de Harry.

—Puedes usarla hasta la próxima reunió de El Grupo de Recate —dijo Severus cuando fue necesario respirar de nuevo.

—¿Así que no volverás hoy?

—¿Escucho una ligera duda? —susurró Severus deslizando el dorso de su mano por la mejilla de Harry—. No temas, tardaré en regresar porque hay muchas pociones esperándome para que pueda recuperarme por completo.

—¿Señor Snape, está insinuando que le prescribí medicamentos inadecuados a su malestar?

—A decir verdad, estoy afirmando que los medicamentos muggles son muy potentes, pero no lo suficiente para aliviar los efectos de dos cruciatus.

—Entiendo —jugueteó Harry al extender un brazo sobre Severus para alcanzar el suave pelaje de Heidi y acariciar su pelaje—. Debe ser algo similar a combatir el dolor de un tumor con aspirinas. Será mejor que te marches pero debes llamarme por lo menos una vez para que no me preocupe.

Nuevamente Severus se vio atrapado por la irresistible magia de esos ojos verdes, Harry había dejado de acariciar a Heidi y, muy lentamente, había subido esa mano hasta tocar la cara de Severus y atraparlo en un beso lleno de promesas.

—Hasta pronto —prometió Severus cuando fue dueño de nuevo de su boca.

Harry se levantó, seguido por Severus que se paró en el centro de la habitación y desapareció.

° ° ° ° °

La casa Daniels bullía de entusiasmo gracias al anunciado regreso de la Señora Daniels que se consintió dignamente el abrazo de Matt en el emotivo encuentro que tuvieron a primera hora de la mañana.

—Nunca vuelvas a hacer algo tan peligroso de nuevo —ordenó la Señora Daniels tomando el rostro de su hijo entre sus manos.

Matt sonrió, era esa preocupación materna la que tanto extrañaba.

—Prometo ser más cuidadoso la próxima vez que busque fortuna —dijo con una enorme sonrisa.

—¿Próxima vez? —repitió Steven dudoso— ¿De qué hablas?

—Era una sorpresa hasta que me confirmaran todo, pero he decidido que sea el regalo de bienvenida de mamá —alardeó Matt perdiéndose las miradas que intercambiaron su "hermano" y "madre", demasiado ocupado en explicar los detalles de su trabajo con Allyson Moring.

—He tenido suerte —continuó Matt— Allyson ha hablado con una amiga suya que es directora de la Universidad de Kent, la señora Susan Wanless y vendrá al recital de esta tarde, que te pedí me acompañaras Steven; con algo de suerte ganaré una beca para estudiar música ahí, ¿entiendes? Está muy cerca, en Canterbury ¡ni siquiera tendré que salir del condado! Y lo mejor de todo es que tendré oportunidad de tocar en la Catedral de Canterbury.

Por un momento los Daniels mayores se quedaron estáticos, intentando asimilar la información recién descubierta.

—¡Es maravilloso! —exclamó Steven primero felicitando a Matt, seguido de inmediato por la Señora Daniels que prometió acompañarlos al recital de esa tarde.

—Así tendrás oportunidad de conocer a Harry —dijo Matt con una detallada explicación de quien era "Harry" consiguiendo en el proceso muchas más miradas atentas de su madre.

—Parece que ese Harry es alguien que vale la pena conocer, hijo —dijo ella arrastrando elegantemente las palabras—. ¿Verdad, Steven?

—Estoy completamente de acuerdo. Completamente.

° ° ° ° °

No había mucho que hacer, casi nada… mejor dicho absolutamente nada. Sirius tenía media hora sin poder encontrar nada que hacer, incluso Remus tenía que preparar sus clases para el próximo inicio de cursos, pero él no tenía nada más que hacer que estar sentado en la cocina de Grimauld Place, mientras el guisado terminaba de cocerse.

Era lo malo de tener que cocinar esa tarde.

Igual de malo que era siempre.

Por mucho que se esforzara, sólo había un modo en que la comida no se le quemaba a Sirius Black y ese era vigilando atentamente el guisado que empezaba a soltar el primer hervor.

—¡Al fin! —exclamó aliviado de que la tortura terminara pronto, unos cuantos minutos y él sería un hombre libre para ir directamente al estudio donde Remus seguía perdiendo el tiempo al repasar obstinadamente lecciones que conocía de memoria.

La cocina se llenó con el aroma del cordero, papas y especias, cuando salido de la nada, Severus apareció justo encima de la mesa.

—¡Merlín, Snape hay mejores lugares para aparecer en esta casa! Puedo recomendarte el ático o el armario que era de Kreacher —refunfuñó Sirius conjurando un pequeño escudo sobre el caldero para evitar que el zapato de Severus le cayera encima.

Sirius apagó el fuego, movió el caldero sobre la mesita cercana y verificó que no se hubiera arruinado antes de volverse para gritarle a Severus que él haría lo mismo la próxima vez que lo viera preparando una poción a ver si le parecía tan divertido, cuando cayó en la cuenta de que el otro hombre no se había movido en absoluto. Una pierna colgaba por la orilla de la mesa y parecía que un brazo estaba en muy mala posición.

—¡REMUS! —gritó olvidándose de su guisado y concentrándose en encontrar los signos vitales de su antiguo rival.

—Sirius, por favor dime que no quemaste de nuevo la coci… ¿qué sucedió? —preguntó Remus apenas entró a la cocina y reconoció los conjuros que Sirius estaba convocando.

—No tengo idea, él sólo apareció sobre la mesa.

—Llamaré a Poppy —resolvió Remus lanzando un puñado de polvos flu a la chimenea.

—De acuerdo, yo lo llevaré a su cuarto —dijo Sirius pensando en lo que diría James si supiera no sólo que Snape estaba viviendo en su casa, sino que también estaba preocupado por el cretino grasiento.

Severus despertó en el momento justo en que Poppy lo obligaba a pasar por su garganta una poción restauradora, lo que evitó también la serie de insultos que en otra circunstancia habría soltado sin ninguna consideración.

—Me parece que el señor Bendefig se siente mejor —dijo la matrona disfrutando claramente el poder que tenía en ese momento sobre el hombre, un verdadero misterio en su opinión y que hasta ese momento había escapado de su estricta vigilancia para con todos los miembros de la Orden del Fénix.

—¿Qué demonios te sucedió? —gritó Sirius antes de que Remus le ganara la palabra— ¡Se suponía que sólo ibas a hablar con tu muggle, no a dejar que te lanzaran crucios en la cabeza!

—Estuve en Hertfordshire —carraspeó Severus—, Harry y yo nos topamos con dos mortífagos, nos atacaron y él no es mi muggle.

—No hubo ningún ataque anoche —dijo Remus.

—No fue un ataque, sólo dos mortífagos preparando el terreno para una ofensiva que será la próxima luna nueva —declaró Severus recordando las palabras de Harry—. Deben ir a verificar, debe quedar el rastro mágico de la inscripción que hicieron.

Poppy esperó a que Severus diera a los otros dos hombres todas las indicaciones para llegar al pueblo donde había sido atacado, mientras preparaba la siguiente poción para su nuevo paciente.

En el momento en que Sirius y Remus desaparecieron, alcanzaron a distinguir la mueca de disgusto de Severus cuando una nueva poción fue colocada casi en sus labios.

—No entiendo como pudo dejar que lo atacaran así —dijo Sirius mientras caminaban por la plaza al salir del callejón donde habían aparecido, donde descubrieron que todavía era visible una mancha oscura entre los adoquines del suelo que supuso, era el lugar donde habían maldecido a Snape.

—Lo que me asombra es que está tan seguro de que atacarán aquí la próxima vez —fue el breve comentario de Remus al llegar al kiosco donde varios niños correteaban con singular alegría.

—No creo que podamos hacer ninguna inspección con tantos muggles —susurró Sirius con cierta tristeza, siempre le dolía ver a los niños felices, le recordaba la frialdad en el rostro de su ahijado.

—Que tontería Sirius, es el mejor momento para inspeccionar sin que sospechen de nosotros —le dijo Remus con una sonrisa merodeadora que no presagiaba nada bueno—, sólo necesitamos que no se acerque mucho mientras yo inspecciono.

—¿Y yo qué?

—¿Tú? Tienes que distraerlos, o mejor dicho Padfoot —declaró Remus mientras se dirigía al punto que Severus les había indicado.

Sirius sacudió la cabeza derrotado antes de convertirse en el enorme perro que era y dedicarle una mirada de venganza a su amigo. Dio un par de saltitos juguetones y ladró un poco para llamar la atención de los niños que jugaban a su alrededor, después de trotar en círculos alrededor de todos, se concentró en una niñita que debía estar a la misma altura de la cabeza de Padfoot, se sentó frente a ella y alzó una pata a modo de saludo. De inmediato, cada chiquillo de la plaza corrió hasta él para acariciarlo y pedirle un saludo.

Remus sonrió un poco mientras trazaba un breve conjuro revelador en el suelo al lado del kiosco, Sirius amaba a los niños no importaba lo que dijera, pero seguía doliéndole mucho lo de Harry. Un par de risas llegaron hasta sus oídos, indicio claro de que todos se estaban divirtiendo cuando brilló entre los adoquines una runa.

—Padfoot debemos irnos — gritó a su compañero para que los niños supieran que debían despedirse del perro.

Lo que no esperaba era encontrarse un momento de pie llamando a Sirius y al otro, en el suelo bajo el enorme perro que le llenaba la cara de baba.

—¡BASTA! —gritó entre risas, suyas y de los niños que lo habían rodeado y que le suplicaban no se llevara a Padfoot.

Fue necesario un buen empujón para poder librarse de Sirius que estaba feliz jugando "al perro adorable" sin dejar de molestar a Remus ante el deleite infantil.

—La próxima vez que quieras estar sobre mí y besarme de esa manera me gustaría que estuviéramos a solas y de preferencia en una cama —dijo Remus limpiándose la cara con el dorso de la manga de su saco muggle.

—¿Es una invitación? —susurró Sirius en lo que creía era un tono seductor.

—Como si necesitaras más invitaciones —le soltó Remus empujándole la cara y de paso ensuciándolo con su propia baba de perro.

Remus y Sirirus siguieron conversando durante el camino de regreso al callejón donde habían aparecido, intercambiando la poca información que tenían.

—Snape tiene muchas explicaciones que dar —comentó Sirius.

—¿Cómo te sientes? —cambió Remus el rumbo de la conversación.

—Bien —respondió Sirius aunque tuvo que aumentar su respuesta ante la mirada dudosa de Remus— ¡Vamos!, no es como si me fuera a morir cada vez que veo a un niño.

—Pero te sigue afectando —concluyó Remus.

—Es sólo que no puedo dejar de preguntarme que habría pasado si Harry no me hubiera rechazado o si no fuera un squib —aceptó Sirius en un suspiro derrotado—. No debí dejarlo con los muggles.

—¿Qué más podías hacer? No es como si pensaras muy claramente en esa época, acababas de ser liberado y nunca te habrían dado la custodia de Harry.

—¿Por qué no? —dijo Sirius entre dientes— ¿Acaso no valía nada mi estatus de padrino?

El mismo argumento de siempre, el mismo dolor que Remus había escuchado incontables veces y sin embargo, siempre había algo nuevo producto de las muchas horas que Sirius seguía recriminándose.

—Azkaban te afectó mucho Sirius —explicó Remus de nuevo y seguramente, no por última vez—, por eso no te entregaron a Harry aunque lo pediste, el que él no quisiera estar contigo los dividió más pero debes entender que estaba asustado. No te conocía y todos los magos que conoció enfatizaron lo diferente que era a todos nosotros. No puedes culparlo por tener miedo.

—¡Intenté acercarme a él! Lo intenté —repitió Sirius cansado de sentirse culpable.

—Lo sé.

—Si tan sólo hubieras estado a mi lado, quizás a ti si te hubiera escuchado.

—No tiene caso hablar de eso ahora —lo consoló Remus—, y conmigo a tu lado habrías tenido menos oportunidades de recuperarlo.

—Algún día lograré que dejen de apartarte por tu enfermedad —resolvió Sirius sujetando con fuerza la mano de Remus para juntos, desaparecer de regreso a casa.

° ° ° ° °

—¡Vaya Alan!, a ti si que te suceden cosas extraordinarias —canturreó George apenas Severus terminó de contarles su aventura con Harry, omitiendo como siempre el nombre de "su enamorado". El porqué les había confiado información tan valiosa era un misterio incluso para él, pero terminó achacando su nueva confidencia, a los crucios recibidos y a la insistencia de ambos en conocer los detalles.

Tener amigos no es tan malo, se dijo gozando de la genuina preocupación de los gemelos que habían corrido a visitarlo y lo estaban atendiendo con singular esmero.

—No tiene nada de extraordinario recibir un par de crucios —refunfuñó Severus mientras terminaba de sellar la carta para "la Bruja Maravilla".

—Eso no, pero si lo es recibirlos por amor —bromeó Fred con el mismo tono empalagoso que había usado para burlarse de su hermana y su novio.

—Ja, ja.

—¿Amor? ¿Acaso Bendefig tiene corazón? —entró preguntando Sirius con una sonrisa amistosa.

—En absoluto pero eso es algo que prefiero mantener en secreto así que confío en que no vas a delatarme frente a mis presas, ellos creen que soy su amigo ¿entiendes? —dijo Severus con voz tan glacial que provocó un ataque de risa en su pequeña audiencia: Sirius, Remus y los gemelos.

—Basta de tonterías —cortó Severus antes de que los gemelos se ahogaran por falta de oxígeno—. Esperaba que todos estuvieran juntos porque necesito su ayuda.

Como si se tratara de un stupify Sirius y Remus dejaron de reír.

—¿Tú... nos estás pidiendo ayuda? —tartamudeó Sirius.

Severus volvió los ojos en señal de fastidio y fue la única muestra de atención que tuvo para con Sirius porque se dedicó a ponerlos al tanto, a él y a Remus, de conjeturas que había hecho junto con los gemelos y su intención de intercambiar correspondencia con Hermione Granger.

—Por eso necesito su ayuda, vamos a perder mucho tiempo esperando a que las lechuzas vayan y regresen con ella tan lejos —explicó Severus—, para tener respuestas lo más pronto posible voy a usar un par de pergaminos de intercambio al momento.

—Y para crearlos necesitas la fuerza conjunta de cinco magos —terminó Remus con una sonrisa cómplice.

—¡Genial! Siempre quise hacer uno de esos —aceptó Sirius recordando los fallidos intentos que James había organizado en la torre de Gryffindor—. ¿Y no sería mejor usar espejos comunicadores?

—Buenos para comunicarse sobre todo en detención —siseó Severus—, pero inútiles en este caso porque quiero intercambiar con Granger dibujos de runas y diagramas.

—Supongo que quieres enviarle su pergamino especial a Granger junto con tu carta —dijo Fred.

—Así que será mejor crearlo lo más pronto posible —concluyó George.

° ° ° ° °

Narcisa casi podía sentir la emoción de su hijo conforme se acercaba la hora del recital, era una sensación contagiosa que lo hacía brillar de un modo en que ella no lo había visto jamás.

—Parece que esto es bastante serio —musitó Lucius a su lado, su voz era como una suave caricia, un tono delicado con el que completaba su disfraz.

—Afortunadamente el muggle parece ser sensato, evitando la molesta idiotez de los de su tipo —dijo Narcisa con la voz grave de barítono de "Steven"—, incluso es agradable.

—El único modo en que los muggles son agradables es cuando están bien controlados con la mano dura de un mago —declaró Lucius—. Por lo menos ha hecho un bien a Draco ayudándolo a regresar a nosotros.

—Y a encontrar un nuevo camino, es agradable volverlo a escuchar tocando el piano y debo reconocer que ha mejorado notablemente.

—La música es una pasatiempo en el que puede distraerse hasta que se defina nuestra "situación" —dijo Lucius justo antes de que un gruñido seco escapara de su garganta al tiempo que apretaba con fuerza su brazo.

—¿Te llama? —susurró Narcisa con dolor, conociendo la respuesta pero temiendo que su esposo se ausentara de nuevo por otro mes.

—Debe querer un reporte más detallado de mis últimas actividades —gruñó Lucius preparándose para una nueva sesión de crucios—. No temas, regresaré pronto aunque lamento perder la oportunidad de ver a ese muggle del que se ha enamorado Draco.

—Yo lo cuidaré por ti —dijo Narcisa después de besar a Lucius y dirigirse a la puerta del estudio—. No salgas, le diré a Draco que te ha fatigado demasiado el viaje y necesitas descansar.

Fue extraño ver sonreír a Lucius bajo ese disfraz, eran los rasgos de una pequeña mujer de cabello rubio cenizo con discretas arrugas surcando su rostro, pero ahí estaba él, sus ojos centelleando con orgullo y agudeza.

No importaba que sucediera, Narcisa haría cualquier cosa por defenderlo, a él y a su hijo, pretender ser un hombre muggle era nada con tal de mantenerlos a salvo.

—¿Y mamá? —preguntó Draco sin saber cuánto le dolía a Narcisa escuchar que no hablaba de ella.

—Está muy cansada, se le ha subido la presión y el médico le recomendó reposo en casos como ese —repitió Narcisa la explicación que tenía preparada—, no es grave, así que no es necesario que me quede.

La sonrisa que se dibujó en el rostro de Draco valía cualquier tonto disfraz.

Y había que reconocer que los muggles que frecuentaba su hijo eran menos estúpidos de lo que esperaba, la famosa Allyson Moring era capaz de dirigir una orquesta como si fuera una verdadera bruja y su coro valía la pena.

Pero lo que le había enseñado de música a Draco no tenía comparación, Narcisa tuvo que contener las lágrimas al escuchar la interpretación de su hijo. Cada melodía estaba llena de algo indefinido que había estado ausente antes y que se intensificó cuando Draco levantó la mirada y sus ojos brillaron, al aparecer el muggle terapeuta.

—Tu interpretación fue maravillosa —alcanzó a escuchar le decía el joven moreno con el cabello increíblemente corto y los ojos demasiado grandes y verdes para el gusto de Narcisa, aunque claro eso podía deberse a que Draco lo había saludado a él antes que a ella.

—Debe estar muy orgulloso de su hermano señor Daniels —saludó el muggle cuando Narcisa llegó a su lado.

—Siempre —aceptó Narcisa sin escapársele la mirada orgullosa de Draco ante sus palabras.

Aún estaba ahí, su bebé. ¿Qué importaba que siguiera bajo el obliviate? mientras siguiera siendo su Draco.

—¿Cuál es su opinión de todo esto señor Potter? —preguntó Narcisa cuando los demás miembros del coro acapararon toda la atención de Draco.

—Matt merece la oportunidad de ser feliz y desplegar todo su talento —dijo el muggle—, el camino lo tendrá que recorrer sólo ¿pero no es así siempre con lo que vale la pena? El destino de cada quién no debe estar sujeto a caprichos externos sino a los dictados de nuestro corazón, a final de cuentas la vida es individual.

Narcisa no dijo más, Draco regresó para arrastrar al muggle al bullicio de las variadas conversaciones que estaban desarrollándose.

Era cierto.

Ella misma había dicho algo similar a su hermana Andrómeda cuando le "advirtió" que Lucius era un mortífago antes de que se casaran. Repentinamente el muggle no era tan repulsivo, era diferente de un modo distinto a Lucius, pero quizás también mal considerado.

Si Draco podía ser feliz con ese muggle podían incluso arriesgarse a salvarlo del destino que sufrirían todos los de su especie.

Después de todo el muggle había cuidado a Draco cuando nadie más había visto su verdadero valor.

—Debería acompañarnos Steven —dijo el muggle ofreciéndole una copa de vino, no era tan fino como el néctar de ambrosía, pero no estaba del todo mal.

El joven muggle era simpático y agradable, tenía agilidad de pensamiento y era cortés, podía hacer una pareja decente de su hijo mientras encontraba una bruja de sangre limpia que le diera un heredero.

—Matt me contó de su madre —continuó el muggle—, si ustedes gustan podría acompañarlos y verificar que todo esté bien.

—Es muy amable de su parte señor Potter, pero no tiene nada de qué preocuparse, la presión arterial de nuestra madre está bajo control.

Si, el muggle era agradable y viéndolo de cerca apuesto, delgado y un poco más bajo que Draco.

Perfecto.

De regreso a "casa", Narcisa escuchó más del joven Harry. Con cada nueva frase de Draco aumentaba su resolución de ayudarlo a conservar al muggle, tan sólo era un pequeño capricho que podía cumplirle a su hijo.

Y Lucius no tenía porque enterarse.

° ° ° ° °

Debía ser cerca de la media noche cuando Harry regresó a casa, cerró la puerta y dejó sus llaves en la mesita al lado de la puerta como siempre lo hacía, pero no dejó el celular.

Toda la tarde había estado revisándolo en busca de una llamada perdida o un mensaje de parte de Severus, pero no había recibido nada.

—Quizás está muy delicado aún —le dijo a Heidi para consolarse.

Decidió llevar el celular consigo y de paso, tomó el teléfono inalámbrico. Los tuvo a la mano mientras calentaba un poco de guisado que había sobrado de días anteriores.

—La espera es infinitamente peor que la duda, pero no tan mala como la incertidumbre —contestó a los maullidos insistentes de Heidi que seguía intentando llamar su atención.

Cansado, decidió abrirle la ventana para que saliera a tener una aventura nocturna. Fue cuando encontró la nota atorada en la ventana.

La paciencia es la mejor recompensa,
Severus Snape

El teléfono sonó en ese momento.

Harry estaba algo lejos y tuvo que correr para contestar, pero valió la pena porque la suave voz de Severus lo saludó con un:

—Estaba esperando que llegaras a casa.

° ° ° ° °

Continuará

N/A: ¿Qué tal? nn como ven los bandos se están definiendo y el romance sigue creciendo. Nos leemos pronto y no olviden seguir mandando comentarios porque ustedes son mi mayor inspiración.

Besos Quetzalli