El Mago
Autor: Quetzalli
Resumen: Voldemort enfrenta a Dumbledore después de muchos años de mantenerse en las sombras, durante ese encuentro Severus se expondrá lo suficiente para que Lucius renueve sus sospechas, pero todo deja de tener importancia ante lo que Harry tiene que mostrarle. LEMON.
Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
Capítulo 13
Sostén mi mano y no sueltes mi
corazón
Pese a todas las advertencias y dudas, Hertfordshire fue atacado el día esperado.
Harry no quiso arriesgarse y preparó al Grupo de Rescate como hacía siempre. Albus Dumbledore tampoco quiso correr riesgos, si bien aún no aceptaba totalmente los descubrimientos de Severus (en gran parte porque él no quiso revelar su fuente) no era costumbre suya pasar por alto una advertencia tan directa; así que un considerable contingente de magos esperaba a que Lord Voldemort hiciera su primer movimiento.
Quince minutos antes de que empezara oficialmente la luna nueva inició el ataque.
Y como Severus esperaba los mortífagos se concentraron en rodear la Plaza sin acercarse al kiosco, como si lo estuvieran protegiendo.
—Tenías razón —apenas alcanzó a susurrar el profesor Dumbledore a su lado.
Estaban en la misma colina desde la que Harry y Severus descubrieron a los mortífagos, algo hasta cierto punto exasperante para Severus que no podía evitar recordar las muchas horas pasadas en analizar los combates sin poder ayudar.
Pero ahora era necesario, Dumbledore tenía que cerciorarse de que sus suposiciones eran ciertas.
—El ritual que iniciaron debe ser concluido —reafirmó Severus directamente sus ideas.
—¿Tienes idea de qué tipo de ritual estamos hablando? —preguntó el hombre mayor analizando todas las posibilidades.
—Demasiadas si tomamos en cuenta que han estado trabajando en esto por lo menos por los últimos cinco años y que ha habido muchos ataques falsos para que no los descubriéramos.
—Ahora deben pensar que tu amigo muggle, en verdad trabaja bajo mis órdenes —comentó Dumbledore—. Debería hablar con él para ofrecerle protección.
—Dudo que acepte —se apresuró Severus a interrumpirlo—. Es demasiado cauto con respecto a la magia.
—¿No habrás violado el secreto de confidencialidad por un "amigo"? —insinuó Dumbledore con un ligero toque de malicia que no pasó desapercibido para Severus.
—¿Secreto de confidencialidad? —preguntó Severus confundido—. No le he revelado nada de La Orden del Fénix si eso es lo que le preocupa.
—A veces olvido que perdiste veinte años —murmuró Dumbledore para sí pero no dijo nada más, algo que Severus agradeció porque no quería confesar que tan "amigo" suyo era Harry.
Cuando te despiertes mañana quiero que pienses que dormiste a mi lado cobijado por el calor de mi cuerpo, recordó claramente las últimas palabras que había dicho Harry la noche anterior, durante su última llamada telefónica.
Estaba enamorado, no era ningún misterio. Pero lo que más le preocupaba a Severus y acaparaba la mayor parte de sus pensamientos como si todavía tuviera dieciséis años, eran las cada vez mas directas referencias sexuales que Harry y él intercambiaban.
¿Estaba listo para dar el siguiente paso?
Los besos que habían compartido al quedarse solos después de las juntas del Grupo de Rescate eran cada vez más hambrientos por sensaciones que Severus no había experimentado antes, mucho menos con un hombre, y sin embargo un fuego manado de su interior le revelaba lo que su cuerpo anhelaba tanto como su instinto.
Quería llegar a más con Harry; fundirse con él en el más íntimo de los abrazos, en un beso interminable, pero tenía miedo de que su petición fuera precipitada o peor aún, de su propia inexperiencia.
—Creo que debemos intervenir —dijo Dumbledore regresando a Severus a la batalla que estaba sucediendo en ese momento— y lo mejor será que aparezcamos lo más cerca de ese kiosco.
Severus cabeceó su acuerdo, sacó un frasco de entre su túnica y bebió el contenido de un sorbo.
Poción multijugos.
Antes de seguir a Dumbledore debía dejar de ser Severus Snape, no podía arriesgarse; una vez más agradeció a Harry por el cabello, se lanzó un Glamour para despistar sobre la identidad del "donante" y permitió que Dumbledore lo tomara de la mano para que fuera él quien dirigiera la aparición.
° ° ° ° °
Severus le había advertido que debían esperar un furioso ataque esa noche, nada para lo que Harry no estuviera preparado, aún así el intercambio que estaba sucediéndose entre los magos alcanzaba niveles apocalípticos.
Cerró los ojos repitiéndose una vez más que había decidido esperar en el pueblo y no afuera, como Severus le había pedido, por lograr un vistazo más de esos símbolos. No era seguro ni sensato, pero no podía permitir que Severus enfrentara ese pandemonio solo.
Claro que Severus no tenía idea de que él estaba en un edificio cercano con una cámara de video con mira telescópica cortesía de Hex y sus donadores anónimos, llevando el registro exacto de lo que sucedía alrededor del kiosco con la útil ayuda de algunos micrófonos que esperaba no fueran destruido antes de tiempo.
Sería fabuloso escuchar el conjuro que están empleando, había dicho Hermione aunque Harry estaba seguro de que lo regañaría horrorizada si sabía el riesgo que estaba corriendo en ese momento.
—Estaban preparados mi Lord —llegó clara la voz del hombre rubio contra el que había luchado para salvar a Severus a través de uno de los micrófonos. Harry había decidido grabar a control remoto todo lo que se dijera por miedo a que las cintas fueran destruidas por "arte de magia"
—Si no tienes algo en verdad importante que decir Lucius, deberías mantenerte callado —gruñó una mujer a su lado—, recuerda que tú eres el principal culpable de que nos estuvieran esperando.
—Ese es tu problema Lestrange —dijo con desprecio el hombre llamado Lucius—, no piensas a largo plazo, si hubiera matado a cualquiera de esos muggles habría arruinado el Ritual.
—Señores, sugiero que dejen de reñir y tomen sus posiciones o continúen en su búsqueda por colmar la paciencia de nuestro Señor y someterse a su "disciplina" —la última palabra fue una advertencia reforzada por parte del otro hombre, uno más joven que Lucius pero visiblemente más ansioso por empezar lo que fuera que querían hacer.
—Barty, no necesito que me recuerdes mis obligaciones —dijo desdeñosamente la mujer Lestrange ignorando al hombre rubio mientras se alejaba de él.
Los tres se alejaron rodeando el punto en donde él y Severus habían visto el símbolo de la otra vez, extendieron sus brazos de modo que casi tocaban las yemas de sus dedos primero al frente y luego con los brazos a las costados en un movimiento lento y continúo mientras decían frases acompasadas ininteligibles para Harry.
Del suelo, justo del punto central, empezó a brotar un resplandor plateado como el chorro de una fuente que creció hasta sobrepasar los dos metros, como géiser que a pesar de brillar él mismo no iluminaba a su alrededor. Después del impulso inicial, el resplandor que parecía ser líquido regresó al nivel del suelo y lentamente recorrió el suelo redibujando el trazo que habían creído desaparecido.
Un sonido seco similar al leve estallido de una pistola con silenciador cortó el monótono repetir de los magos, pero no lo interrumpió porque siguieron concentrados en el conjuro ignorando todo a su alrededor.
Severus y Dumbledore habían llegado.
Como si se tratara de un niño al que había que proteger, el vejete movió a Severus tras de sí antes de soltarlo al verificar que los tres magos continuaban su cantaleta sin prestarles mayor atención.
—Vaya, perece que por fin tenemos la atención del viejo Dumbledore —siseó una voz salida de entre las sombras.
La silueta de un hombre extremadamente delgado pareció deslizarse de entre las sombras como si hubiese estado desvanecida en la pared porque Harry estaba seguro de que no lo había visto llegar, detrás de él se encontraba el hombre llamado McNair.
—Empezaba a creer que nunca descubrirías el verdadero motivo de estos ataques —continuó hablando aquel extraño hombre, que le producía a Harry un escalofrío y a pesar de la distancia, un estremecimiento indescifrable que no le era desconocido—. Espera, creo que todavía no lo sabes porque no estarías intentando detenernos ahora, sólo hubieras borrado el conjuro antes de que fuera demasiado tarde.
—¿Por qué no terminamos con esto Tom? —preguntó Dumbledore avanzando lentamente hacia el otro mago.
—Porque ya está en movimiento y no puedes detenerlo —se mofó el hombre—. Ahora es sólo cuestión de tiempo para que todo quede bajo mi dominio, como siempre debió ser.
En ese momento los tres magos detuvieron su recitar, la fuente que fluía luz se detuvo unos segundos y luego se dejó sentir un palpitar como el de un corazón gigante que hizo estremecer el vidrio de los edificios vecinos a la plaza. El símbolo aumentaba y disminuía su brillo a ritmo de los enormes estremecimientos amenazantes como un terremoto, para apagarse por completo y en un parpadeo, crecer como un muro de luz transparente de un metro de alto que se desvaneció en cientos de lucecitas como luciérnagas que se arremolinaron alrededor del hombre-sombra que pareció absorberlas en una vorágine hasta quedar en la plaza vacía, como si nada hubiese pasado, con su túnica revuelta y la capucha descubierta mostrando un rostro anormal como el de la serpiente de ojos rojos que acechaba en las pesadillas de Harry.
—Hasta nunca —susurró el hombre-serpiente lanzando de la punta de su varita un rayo de luz verde directamente hacia Severus, pero no alcanzó a golpearlo porque Dumbledore puso su mano sobre el hombro de Severus y se desvaneció con él.
Ambos magos aparecieron a espaldas del hombre-serpiente. Dumbledore un paso delante de Severus y lanzó un rayo de luz dorada que Harry sólo pudo suponer su poder tomando en cuenta el estremecimiento que se dejó sentir sobre todo en los vidrios que tintinearon con fuerza.
—¿Aún no estás listo para matarme? —se burló el mago oscuro, sus ojos refulgían con ira y desprecio—, lamento informarte que tus oportunidades están terminando. ¡Pero claro! Debes proteger a los magos mediocres y a los muggles —siseó lanzando un nuevo destello a las palomas de piedra esculpida que adornaban el edificio donde estaba Harry oculto.
Las enormes palomas se lanzaron como una bandada real hacia la plaza atacando a Severus mientras Dumbledore y el mago tenebroso estaban enfrascados en su propia batalla.
Severus levantó su varita y creó una especie de escudo plateado que usó para protegerse, las palomas levantaron de nuevo el vuelo buscando atacar de nuevo a Severus, pero él ya las esperaba y con diestros lanzamientos las redujo a polvo una por una.
—Me parece que tu muggle líder no es tan muggle como alardeaba, Dumbledore —graznó el hombre-serpiente eludiendo a Dumbledore para atacar a Severus, que desprevenido, no logró evitar el rayo que lo golpeó de lleno en el pecho.
Al instante los rasgos semejantes a Harry comenzaron a desvanecerse para dar paso al duro gesto del Dr. Holms a quien Harry había robado un cabello.
—Allá va mi coartada —suspiró Harry al comprender que sus esfuerzos por evitar que lo reconocieran podrían afectar a un inocente, alguien que no le agradaba pero inocente después de todo.
—Eres un mago decente —reconoció el hombre-serpiente— pero descuidado. Pude sentir tu Glamour en cuanto apareciste igual que siento tu asquerosa presencia cada vez que te acercas rodeado de esos asquerosos muggles, sólo espero que estés listo para morir hoy.
—No moriré por ti, Voldemort.
¡Voldemort!, resonó en la mente de Harry el nombre que era como un fantasma siempre al acecho. Ahora más que nunca comprendía el riesgo que estaba corriendo Severus al enfrentar al demonio que casi todos los magos temían.
—¿Te atreves a decir mi nombre? eres más estúpido de lo que creí —dijo Voldemort lanzando un poderoso rayo que fue bloqueado por otro lanzado por el mismo Dumbledore.
Atrás quedaba la apariencia paternal del viejo que había visto Harry de niño, ahora al ver su rostro y la fuerza con la que combatía a Voldemort, Harry entendía el por qué su "padrino" había dicho que Dumbledore era el mago más poderoso de todos. Con todo su poder Voldemort apenas podía enfrentarlo.
Mientras tanto los tres magos que habían estado sin intervenir, se movieron hacia el centro del trazo, el único punto aún visible del grabado, muy juntos, sin soltar sus manos levantaron los brazos con las palmas abiertas canalizando el último destello del suelo hacia la bóveda celeste hasta que no quedó ni rastro del trazo en el suelo.
Severus no interrumpió el último movimiento del grupo, se limitó a seguir sus movimientos con cuidado como intentando descubrir la pieza faltante de ese rompecabezas.
—Mi Lord, hecho está —dijo la bruja y al segundo siguiente desapareció.
—Mi Lord, que el poder te acompañe siempre —dijo el hombre joven, Barty, antes de imitar a su compañera.
—Mi Lord, duradera será la protección que te acompaña —dijo Lucius, todo su cuerpo reflejando la tensión que sentía, titubeó y lanzando una mirada amenazadora a Severus, desapareció también.
—Me encantaría seguir este ejercicio de duelo, pero creo que será mejor darte tiempo para que adivines que es lo que ha pasado y lamentes haber perdido demasiado tiempo salvando muggles —dijo a modo de burla Voldemort antes de desaparecer junto con el resto de sus seguidores.
—¿Qué ha pasado aquí? —exigió Dumbledore a Severus.
Y por primera vez, Harry pudo ver en el rostro del Dr. Holms la sincera duda y una discreta humildad.
—Tenemos que investigar más —fue la lacónica respuesta de Severus al inclinarse sobre el suelo que había tenido el trazo mágico y poner su palma sobre uno de los adoquines.
—Estamos sobre un río mágico —comentó Dumbledore como quien tiene la certeza de lo que dice.
—Igual que los lugares que hemos investigado —corroboró Severus levantándose para enfrentar al viejo Dumbledore.
—Hay unos manuscritos que quiero que veas —fue todo lo que dijo Dumbledore dando la vuelta para enfrentar la batalla que continuaba en el pueblo.
Miles de gritos y explosiones parecieron resonar de nuevo en lo profundo de la noche mientras Severus y Dumbledore apretaban las varitas y abandonaban la plaza.
—Hora de recoger todo —murmuró Harry al vacío que parecía rodearlo ahora con mayor fuerza.
° ° ° ° °
—¡En serio querían acabar con esta aldea! —refunfuñó Hex durante el desayuno-buffet que se celebraba al terminar las misiones de rescate.
—Acabaron con medio pueblo —suspiró Charm terminando de dar informes a los aliados que se lo pedían vía satélite—. A este ritmo Reino Unido quedará convertido en polvo sin que podamos evitarlo.
—¿Es idea mía o se están volviendo más violentos y sangrientos? —se quejó Jinxs abrochándose el saco después de haberse cambiado de su bata de rescate que había quedado cubierta de sangre y mugre.
Severus se abstuvo de opinar.
A pesar de todo su pasado mortífago no podía dejar de sentir náuseas ante el creciente sadismo que habían desarrollado los seguidores del Señor Tenebroso. Cerró los ojos mientras intentaba volver a limpiar sus manos con un trapo húmedo, pero era inútil porque la sangre que sentía estaba más en su corazón; la pequeña que él y Jinxs habían intentado salvar viviría, con una terrible cojera de por vida, pero viviría.
—Insisto en que siguen la línea de exterminio nazi —dijo Broom, deslizándose del asiento de conductor de su ambulancia, acababa de regresar del pueblo más cercano y se veía rendido.
—O quieren que pensemos eso —repitió Charm—, sólo atacan pequeños poblados como si siguieran un patrón ritual o algo así.
—Ya hemos discutido eso —intervino por primera vez Harry, con la suficiente autoridad para concentrar toda la atención en su persona—, no es nuestro trabajo averiguar porqué atacan, sólo ayudar a las víctimas, si tenemos teorías hechas y "mi querido amigo" el Capitán Kurt Wynken se entera, pasaremos una larga temporada en prisión intentando demostrar nuestra inocencia.
Eso fue todo lo que necesitó el grupo para diluir la conversación a otros terrenos más seguros aunque Severus alcanzó a escuchar a Hex murmurando:
—Sólo Potter podía quitarle lo divertido a un misterio.
—Me sorprende que esta conversación no sucediera antes —le confió Severus a Harry una vez que todos se marcharon a atender sus propios asuntos.
—Pasa a cada rato —dijo Harry restándole importancia—, pero siempre terminan olvidando sus hipótesis, aunque son buenas, sobre todo Jinxs y Charm que fueron los primeros en asociar todo a un ritual mágico.
—¿Y olvidan todo después de que hablas con ellos?
—Si, sólo hago que deje de ser interesante, no necesitamos que terminen perseguidos por los mortífagos buscando muggles que sepan de magia.
Como siempre que hablaba con Harry, algo quedaba en el aire, declaraciones que flotaban en la bruma de la duda y que él estaba dispuesto a desentrañar tarde o temprano.
—Se que vas a molestarte, pero…
—Estuviste oculto en un edificio cercano a la Plaza todo el tiempo —lo interrumpió Severus con un suave murmullo, ¿cómo podía enojarse con Harry cuando se arriesgaba tanto por él?
—Grabe todo lo que
pasó antes y después de que llegaran —sonrió
Harry satisfecho por haber sido descubierto en "la escena del
crimen"—. Creo que será muy interesante de analizar.
La
última palabra había sido dicha con tal insinuación
que a Severus no le cupo duda de que iban a analizar
algo más que el registro de lo sucedido.
—Y cómo yo tengo todo el equipo, creo que será prudente que nos veamos en mi casa —concluyó su insinuación Harry con un beso discreto y un precipitado regresar al trabajo de reorganizar al Grupo de Rescate.
° ° ° ° °
La antigua casa de los Daniels rebosaba de música, rápida, alegre, intensa, como nunca antes había escuchado Lucius a su hijo. Era cierto que conocía su talento, pero él mismo se había encargado de enseñarle a Draco el modo de controlar sus emociones para ser siempre un digno Malfoy.
Ahora cada mañana hablaba un lenguaje distinto que variaba no sólo en las piezas sino en la interpretación ¿quién diría que un Malfoy podía ser tan apasionado?
Narcisa solía contemplar la impecable interpretación de su hijo cuando niño sentada a su lado mientras se ocupaba de alguna frivolidad, pero ahora prefería quedarse de pie, en el quicio de la puerta del salón de música, como buscando no distraer aquella llamarada que ahora era Draco.
Y todo por un muggle.
Lucius aún no lo conocía pero estaba harto de escuchar los cumplidos de Narcisa, al parecer el muggle la tenía cautivada al punto de que ella apoyaba a su hijo en una relación deshonrosa. Eso tenía a Lucius de un pésimo humor.
Que había aumentado con el escape del espía de Dumbledore.
Si tan sólo supiera quien era.
Lucius había regresado con su familia intacto gracias a que el patético mago disfrazado de muggle no había interrumpido el conjuro, de lo contrario estaría bebiendo algunas pociones con pésimo gusto que le arruinaba el placer de comer por días.
Lo peor de todo era reconocer que el ridículo intento de mago lo había abatido casi sin magia, claro que había roto la varita de McNair cn las manos desnudas, pero se había burlado de él en más de un sentido.
Aparecer ahí sin mostrar siquiera su verdadero rostro ¡y en dos ocasiones! Había sido necesario el poder del Señor Tenebroso para que Lucius conociera el rostro de su adversario.
—Ese rostro no te sienta bien —le dijo Narcisa al sentarse a la mesa, claro indicio de que Draco ya venía en camino—, deja ver demasiado tus expresiones y si Draco te ve ahora va a saber que algo te preocupa.
—Es lo malo de la vejez —masculló Lucius sin darse cuenta de que Draco entraba en ese momento al comedor.
—Pero qué dices mamá, tú no estás vieja —lo saludó el joven con un abrazo, ¡una muestra de afecto espontánea!
—¿Hoy verás al Dr. Holms? —preguntó Narcisa cambiando la conversación para evitarle a Lucius más dudas.
—Antes de ir con Allyson —corroboró Draco.
—Puedo acompañarte si lo deseas —insinuó Narcisa sabiendo que podría hablar con el apuesto terapeuta del que sólo conocía su nombre de pila, Harry, qué común y vulgar.
—Creo que será mejor que yo acompañe a Mattew —intervino Lucius antes de que Draco abriera la boca—, me gustaría conocer a las personas que cuidaron de mi hijo —agregó disfrutando del poder decir las palabras que Narcisa no podía.
Claro que Lucius no esperaba que los medios de transporte muggle fueran tan engorrosos y lentos, cuando llegó al instituto muggle de sanación se sentía tan cansado que no tuvo que esforzarse por parecer una verdadera anciana.
Una muggle un tanto obesa pero que sonreía mucho y había saludado con gusto a Draco, le ofreció un cómodo sillón para que descansara en lo que Draco era atendido. Mientras esperaba, Lucius comenzó a interrogar a la mujer buscando descubrir al muggle del que su hijo estaba prendado.
—Harry no trabaja hoy —le confió la mujer antes de que Lucius alcanzara a terminar la primera pregunta.
—¿Cómo supo lo que iba a preguntar?
—Porque Matt está enamorado, se le nota a millas de distancia y usted como su madre debe querer saber todo acerca de él.
¡Genial! Una muggle excesivamente comunicativa, pensó Lucius y mientras contenía su repulsión hacia la mujer y le preguntaba sobre las intenciones del famoso Harry.
—… y Harry es el terapeuta más joven que tiene esta institución, pero ha logrado ayudar a mucha gente, es una de las personas más sanas que conozco y muy serio. Además me parece que siente un gran afecto por su hijo pero es muy respetuoso de las normas y no se propasaría con un paciente.
La puerta del apartado del muggle Holms se abrió para dar paso a Draco y la visión más insólita que Lucius hubiera esperado.
—Mamá, permíteme presentarte al Dr. Holms —anunció Draco preparando a Lucius para contenerse de sacar la varita y matar ahí mismo a ese hombre.
Conforme se marchaban Lucius comprendió que el destino era caprichoso y que ese mago no tenía idea de que había sido descubierto por su estúpida creencia de ayudar a los muggles. Aunque había que considerar ciertos detalles, el principal si ese hombre sabía que Draco era un mortífago.
—Holms es exasperante —le confió Draco durante el largo camino de regreso—, cualquiera diría que disfruta torturándome, como si quisiera jugar con mi mente.
—Tal vez le molestan los jóvenes con tatuajes hijo —insinuó Lucius como lo haría una verdadera madre— y tú tienes uno muy escandaloso en el antebrazo.
—No se trata de los tatuajes —replicó Draco—, nos hacían usar un uniforme todo el tiempo que tenía las mangas largas, dudo mucho que haya visto mis brazos ni una sola vez y debo agregar que he cuidado mucho que nadie lo vea.
—¿En serio? —preguntó Lucius sorprendido por la discreción de su hijo.
—¡Claro! No puedo imaginarme que alguien tan serio como Harry apruebe un tatuaje de una calavera con una serpiente —explicó Draco—. Incluso estoy considerando la posibilidad de retirarlo con cirugía láser.
Aún cuando Lucius no tenía idea de qué significaba cirugía láser estaba seguro de que no funcionaría para retirar un tatuaje mágico.
—Quizás debas esperar un poco más para pensar eso.
—Tal vez o se lo mostraré a Harry, quizás a él si le guste. Debo haber bebido mucho para elegir ese diseño en particular y tan grande. Además lo hicieron mal porque hay ocasiones en que me duele.
—Es porque tienes la piel muy sensible hijo —dijo Lucius desviando la conversación a otros rumbos.
° ° ° ° °
Con la última explicación de lo sucedido durante el ataque y los nuevos descubrimientos a La Orden del Fénix, Severus se despidió quizás con demasiada rapidez a juzgar por las risitas bobas de los caninos oficiales de Grimauld Place que lo acompañaron hasta la puerta para despedirse.
Es que no podía negarlo.
Ansiaba llegar a casa de Harry, no veía el momento en que podría gozar de la presencia de ese joven encantador, inteligente y apuesto que había robado su corazón.
Ni siquiera se dio cuenta del momento en que llegó al citado domicilio y le fue franqueada la entrada, ¿para qué? El sólo estar con Harry lo embargaba de emoción, desmoronando todas sus barreras y creando nuevos límites alrededor de ambos, siempre juntos.
—Quiero mostrarte algo —dijo Harry casi sin aliento después del increíble beso de bienvenida.
Lo guió camino arriba, por la misma escalera donde habían discutido antes y que Severus no había vuelto a pisar desde entonces. Miles de dudas parecían aguardarlo ahí, haciéndole revivir lo sucedido entonces, pero ahora era diferente, ahora Harry lo sabía casi todo de él... casi todo.
Una ligera punzada de remordimiento le recordó que aún guardaba secretos para con Harry: su experiencia a través del tiempo, el resentimiento contra su padre, que no pudiera llegar a tiempo para dar el aviso que pudo trazar una vida distinta, el que fuera un mortífago... tantas cosas que, se decía, compartiría con él cuando estuviera listo.
—Me encantaría pedirte que cierres los ojos para que no te pierdas de la sorpresa —continuó Harry sin notar que Severus se había atrasado ligeramente—, pero me temo que si lo hago te caigas, la escalera al ático es un poco engañosa.
Consciente de que estaba recibiendo una segunda oportunidad que no iba a rechazar, Severus acompañó a Harry hasta el segundo piso que desembocaba en un pasillo con tres puertas y una trampilla en el techo que debía ser la escalera al ático. Sin detenerse a pensar en cual de esas tres puertas conducía a la habitación de Harry, Severus siguió a su guía con la ansiedad de quien está a punto de descubrir un misterio.
—Bienvenido a mi base de operaciones —alardeó Harry en cuanto Severus estuvo de pie en el ático.
Nada de lo que Severus sabía de Harry podría haberlo preparado para eso.
El ático era una habitación hexagonal con techo dividido en seis segmentos que imitaban un pastel cortado en rebanadas y cuyo centro terminaba en punta. Tres de esos segmentos eran enormes ventanales trasparentes que permitían una clara visión del cielo nocturno.
Pero eso no era todo, Harry había instalado un hermoso centro telescópico, esa era la única forma de describirlo. Un enorme telescopio muggle color negro, estaba conectado a otros dos telescopios, uno dorado y otro plateado que Severus sospechaba eran mágicos, pero no estaba seguro de ello.
En medio había una mesa circular que hubiera encajado fácilmente en la oficina de Dumbledore: astrolabios, compases, reglas doradas, escuadras metálicas y varios instrumentos de medición que hicieron recordar a Severus lo que era estudiar Astronomía en el Colegio, una percepción atinada si tomaba en cuenta los mapas colgados de las paredes, algunos del cielo y otros de Reino Unido, pero todos con marcas, señales y notas a su alrededor.
Y aún así, lo más increíble no era todo eso, sino el vago recuerdo de haber visto algo exactamente igual antes, cuando era niño.
—El sueño de Merlín —susurró para sí, pero fue claro que Harry lo escuchó cuando comentó:
—¿Cómo lo supiste?
Severus dejó de admirar el lugar, concentrándose nuevamente en Harry, su rostro apenas visible en la penumbra del lugar ya que la única luz era la que provenía de los ventanales.
—Era mi libro favorito cuando niño —continuó hablando Harry, acercándose lo suficiente para que Severus distinguiera con claridad sus profundos ojos verdes—, tía Marge se lo obsequió a Dudley cuando tenía ocho años y terminó en la basura; afortunadamente pude rescatarlo, se maltrató un poco y olía a jugo de tomate, pero las ilustraciones se mantuvieron intactas. Ese libro ha sido tan importante para mí que por eso elegí vivir aquí, por este ático.
—Mi padre era muggle —aceptó Severus—, mi madre bruja. Discutían casi todo el tiempo, por cosas mundanas. Recuerdo que él cambió mucho cuando se dio cuenta de que yo también era un mago, antes de eso éramos muy cercanos —cientos de recuerdos cruzaron por la mente de Severus, la mayoría desagradables—, El sueño de Merlín fue el último regalo que me obsequió.
—Fue un gran obsequio —dijo Harry después de una breve pausa y Severus estuvo de acuerdo.
A partir de ese momento, todo fue intercambiar datos, descubrir lo mucho que Harry sabía de Astronomía y Astrología, para lo que tenía verdadero talento. La información recabada por Harry era mucho más útil de lo que él mismo podía suponer y apoyaba muchas de las suposiciones que él y Granger tenían del flujo mágico terrestre y el uso que el Señor Tenebroso buscaba darle.
Era asombroso conversar con alguien como Harry, una mente brillante que exponía complejas corrientes mágicas en sencillas palabras y que tenía un vasto conocimiento de la bóveda celeste.
—Así es como descubres el modo en que atacan —aventuró a decir Severus—, haz calculado todos sus movimientos por años.
Harry lo miró desconcertado unos segundos antes de hablar.
—Esto es sólo para corroborar lo que mi informante me dice.
—Harry, no te preocupes, hace mucho que sé que no hay ningún informante, un contacto con el mundo mágico sí, pero no un informante. Los magos están demasiado confundidos para ver todo esto, tú lo haz descubierto porque tienes "talento mágico".
—No juegues conmigo Severus —dijo Harry ligeramente molesto.
—Nunca lo haría —afirmó Severus sujetando a Harry por la barbilla para que no desviara la mirada—. Creo que todos tenemos magia dentro de nosotros, sólo que los muggles tienen muy poca y entre los magos puede disminuir hasta convertirse en squibs, pero aunque sea mínima todos tenemos algo de magia. Para mí, tú gastaste la mayor parte de tu poder mágico cuando eras demasiado pequeño, pero eso no quiere decir que lo hayas perdido del todo y esta habitación es la mayor prueba de ello.
Harry sonrió.
No era una sonrisa benevolente o agradecida, era más bien como una liberación, el saber que alguien entendía.
Y Severus no pudo resistirlo más, salvó la mínima distancia que los separaba y cubrió sus labios en un beso que era una promesa.
—Ven —dijo Harry en un ronco murmullo— estoy seguro de que estar aquí cumplirá una maravillosa fantasía, pero creo que será mejor continuar con esto en... un lugar más cómodo.
No hubo más palabras, Severus estaba demasiado ocupado en bajar la trampilla lo más pronto posible para volver a cubrir la suculenta boca de Harry con besos.
° ° ° ° °
No era la primera vez que Harry pensaba en compartir una mayor intimidad con Severus, pero temía que el otro hombre pensara que estaban avanzando demasiado rápido, nada que le extrañara, Severus podía tener su edad pero era claro que nunca antes había estado con un hombre.
Lo supo desde el primer beso tentativo que lanzó a Harry irremediablemente a sus pies, tal era el dominio que Severus había ganado poco a poco, con esa sedosa, maravillosa y ligeramente oscura, dulce y aterciopelada voz. Dominio que había crecido a niveles insospechados con su comportamiento galante y comprensivo, lleno de detalles y amor, un amor que Harry ansiaba más que nada en el mundo: incondicional, pleno, generoso y que se le ofrecía sin pedir nada a cambio.
Exactamente el mismo amor que Harry estaba dispuesto a entregarle a otro ser humano, y que mejor ser humano que Severus Snape.
El camino hasta la recámara nunca había sido tan largo.
Internamente Harry sonrió al recordar que esa habitación había sido su territorio exclusivo por años; la cama nunca antes compartida, esperaba afortunadamente tendida, como un regalo de cumpleaños esperando a ser abierto.
Perfecto.
Severus estaba besándolo de nuevo, era asombrosa la velocidad a la que aprendía ese hombre, cada beso compartido evocaba cientos, miles de sentimientos que eran tan impresionantes como el discurso de disculpa con que Severus había derrumbado todas sus defensas. Esos besos eran definitivamente más de lo que había imaginado que podrían ser.
¡Y vaya que los había imaginado!
Por horas, cada día y especialmente noche en que extrañaba las largas conversaciones mantenidas con Severus. Se sentía atraído por su cuerpo, era cierto, pero fue su mente la que lo atrapó y Severus era un reto constante.
—Tus ojos son maravillosos, pero hoy están particularmente increíbles —susurró Severus con esa magnífica voz suya que convertía a Harry en mantequilla.
Y que lo incitaba a descubrir una excitación sublime.
Habían recorrido la habitación hasta la cama compartiendo un beso como ninguno antes, con la respiración agitada, entre las penumbras, Harry comprendió que incluso su cama se había rendido al peso de Severus que estaba casi sobre él, cubriéndolo con su largo cabello de modo que podía sentir más que ver su rostro ligeramente inseguro.
Evitó sonreír para no avergonzarlo, quizás no tenía idea ahora de qué hacer, pero pronto estaría tomando la iniciativa en algo más que besos.
Harry cubrió la mejilla de Severus con la palma de su mano derecha, recorriendo la suave piel en un deseo infantil por grabar ese momento para siempre en su corazón. Después hizo que esa misma palma bajara lentamente por su cuello, hasta encontrar el primer botón de la camisa de lino negra que era el único obstáculo entre él y el pecho de Severus; por eso subió su otra mano y lo abrió, impulsando con ese gesto a Severus para que se recostara por completo sobre su cama, diciéndole suavemente lo bello que era mientras, botón a botón, cubría de besos la piel expuesta hasta llegar al pantalón, entonces retiró el cinturón con un solo movimiento, subiendo hasta los labios de Severus abiertos en una muda súplica por ser besados de nuevo.
Ese fue todo el indicio que Severus necesitó, como un tornado, cubrió a Harry con sus brazos hasta arrancarle un gemido ronco que debió avivar su fuego porque abrió la camisa blanca de Harry con la mayor velocidad posible, rompiendo las costuras de algunos botones en el proceso.
Harry, hambriento por cada milímetro de piel de Severus junto a la suya, abrió con manos temblorosas el pantalón de ese hombre sin igual, sin dejar de besar: su boca, su cuello, su torso, hasta llegar a un pezón con el que se engolosinó hasta arrancar de Severus el más profundo gemido que había escuchado en toda su vida.
Por todo eso estaba más excitado de lo que nunca antes había estado.
Quería seguir escuchándolo, sentirlo temblar bajo su toque, ser el único pensamiento y palabra en la mente de Severus.
Al parecer estaba haciendo un magnífico trabajo, Severus siempre mantenía una respetable cantidad de control sobre sí mismo, Harry lo entendía porque él buscaba mantener ese mismo poder de sí; pero ahora estaba entregado a las reacciones de ese otro cuerpo que, perdidas las pretensiones, era como oro moldeable bajo sus caricias. ¡Vaya que lo acarició! Harry no dejó un solo punto del cuerpo de Severus carente de su toque, de la nuca hasta los pies, sin tocas su erección que se mostraba tan atractiva que era casi irresistible.
Pero ese era el gran final.
Cuando Harry por fin rodeó ese bastión de placer con su boca, fue incrementando lentamente la presión, escuchando los delgados labios de Severus abrirse como un reflejo hasta estallar en un grito que se extendió por la habitación hasta entrar en Harry como el pulso que sigue a una explosión, pero interno, cálido y tan rico que Harry casi sintió el orgasmo de Severus como propio.
Por eso continuó a su lado, sin dejar de acariciarlo ligeramente, en un consuelo mientras lo limpiaba con un trapo húmedo, buscando no excitarlo de nuevo, sino cuidarlo mientras se recuperaba disfrutando de la maravillosa visión que era Severus, con las piernas abiertas, la piel sudorosa, los ojos cerrados y la boca aspirando lentamente en busca de oxígeno.
¿Cuánto tiempo pasó? Pudo haber sido una eternidad o un segundo, Harry había terminado de limpiar a Severus cuando descubrió que sus preciosos ojos obsidiana vigilaban cada uno de sus movimientos.
—No fue justo —murmuró Severus con ligera pereza— ¿Acaso no voy a poder acariciarte yo?
—Puedes hacerlo —ronroneó Harry rendido ante el poder encantador de esa voz—, lo que quieras, porque es justo.
Harry sabía que Severus era un alumno ávido y destacado, sólo que no esperaba que fuera tan inmisericorde, el hombre aplicó cada una de las enseñanzas de Harry e improvisó algunas más, empleando métodos de tortura ancestrales como las cosquillas en los pies que masajeó hasta empezar a subir de nuevo, por el interior de sus piernas, subiendo hasta sus sexo que se detuvo a observar por tanto tiempo que Harry no sabía si gritar de frustración o suplicar por algo, lo que fuera, menos esa mirada profunda que lo absorbía por entero.
Cuando finalmente Severus se decidió y empezó a lamerlo, Harry supo que aquello era lo más dulce que había sentido. La lengua de Severus era como agua fría en un día caluroso, el momento justo en que había sido becado en la Universidad, la primera sonrisa de agradecimiento de un niño al que le salvó la vida, todo en un húmedo paraíso donde gobernaba Severus Snape en toda su gloria y lo llamaba a entrar en el nirvana.
Harry no tenía ninguna intención de rechazar esa invitación, como una presa abierta, se abandonó al imposiblemente fuerte orgasmo que salió de su mismo espíritu para unirse a la explosión que había sido creada antes por Severus.
Y fue perfecto.
—Deja eso, ven conmigo —dijo Harry en cuanto pudo articular palabras al notar que Severus pretendía limpiarlo de su propio semen, quería cobijarlo entre sus brazos.
Severus dudó un segundo, tomó el trapo y lo limpió precariamente antes de recostase a su lado, acomodándose entre el espacio que se creo en el cuello de Harry y que estaba reservado para él.
Harry los cubrió con el edredón que había terminado en el piso para después pasar su otro brazo sobre Severus, acariciando levemente su espalda en un gesto desenfadado.
—No sabía que el sexo con otro hombre fuera así —confesó Severus en un susurro.
—Yo nunca había tenido nada parecido —aceptó Harry—, creo que el sexo es diferente al amor y el amor gana.
Severus estaba dormido, Harry no estaba seguro de que hubiera escuchado sus últimas palabras, pero no importaba, porque sabía que eran ciertas y que salir lastimado valía la pena después de haber amado tanto.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: . Hola de nuevo ¿qué les pareció este capítulo? Espero que les haya agradado, el principio responde a muchas de sus preguntas y espero que no haya sido demasiado largo, pero ya ven que lo prometido es deuda y ya hubo lemon.
Bueno y quiero agregar que en la primera conversación de Severus con Dumbledore de este capítulo, cuando el viejo mago le dice que violo el secreto de confidencialidad y Severus no tiene idea de que habla es porque según yo, es una de las reglas que Dumbledore instituyó después de que Voldemort matara a los padres de Harry, recuerden que Petunia se quejó de que Lili podía hacer magia durante el verano y eso ahora está prohibido.
