El Mago
Autor: Quetzalli
Resumen: Harry enfrenta algunas verdades que lo llevan a tomar una decisión que cambiará el rumbo de su vida mientras Severus tiene que enfrentar a Sirius y Remus por órdenes de Dumbledore.
Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus, Hermione -Charlie
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
Capítulo 15
Revelaciones
La casa blanca tenía un aspecto etéreo, irreal. Después de recordarlo todo Draco podía analizar los recientes acontecimientos bajo una nueva luz como la que ahora iluminaba el que creyera su hogar de toda la vida y es que esa casa estaba llena justamente de aquello que anhelaba en la Mansión: un verdadero ambiente hogareño y la unidad familiar.
Si tan sólo sus padres se hubiesen mantenido tan unidos antes...
Porque Draco no tenía la menor duda, Steven era su madre y Mamá su padre y por bizarra que fuese la situación, la verdad era que les estaba tremendamente agradecido porque habían hecho a un lado todo en lo que creían para estar con el, aún cuando todo hubiese empezado con un obliviate de su padre.
Lo mejor de todo era haber conocido a Harry y esa era una verdadera epifanía: él Draco Malfoy, ejemplo por excelencia del aristócrata sangre limpia, enamorado de un muggle.
Su mayor fortaleza y su mayor temor.
Aunque su madre parecía apoyarlo abiertamente en conquistar a Harry, temía que ni siquiera ella aceptara el matrimonio, ¡ni siquiera pensar en la aprobación de Lucius! Eso sin contar con que Draco estaba viviendo como muggle para escapar del Señor Tenebroso.
¡Como un muggle!
No había extrañado su magia porque no la recordaba, pero ahora se debatía entre la prudencia por descubrir las intenciones de su familia manteniéndolos ignorantes de su recuperación y su deseo de exigirles respuestas y la devolución de su varita.
A la hora del té había tomado una decisión; esperaría hasta alcanzar el corazón de Harry, después de todo tenía un aliado que su padre no conocía, Alan Bendefig quien claramente no se había rendido a la complicada red de intrigas y manipulación de Dumbledore.
—Madre, Steven —dijo aprovechando que los tres estaban reunidos disfrutando del momento familiar—. Quiero dejar mis sesiones con el Dr. Holms, me parece que no me están llevando a ningún lado y prefiero utilizar ese tiempo en mi música y... socializar.
Sus padres lo miraron sorprendidos y Draco se sintió secretamente orgulloso de sí mismo.
—Si estás seguro de tu decisión hijo, cuentas con nuestro apoyo —le respondió su padre dentro de su disfraz de tierna ancianita que ya no engañaba a Draco porque podía percibir claramente la férrea mirada Malfoy.
—Y puedes socializar todo lo que gustes siempre que nos mantengas al tanto, no queremos que vuelvas a desaparecer —agregó su madre con ese brillo de malicia que reservaba para sus amigas casaderas a las que buscaba un pretendiente, uno de sus pasatiempos favoritos que practicaba muy poco.
Draco vigiló con cuidado todos sus gestos hasta que, convencido de que no sospechaban nada, decidió tomar las riendas de su propio destino y crear una vida en donde ni la magia ni el prestigio Malfoy era lo más importante.
Con una sonrisa se retiró a la sala de estar para llamar al Instituto y solicitar su alta voluntaria. Después de colgar respiró hondo varias veces antes de levantar de nuevo el auricular y marcar decidido el número privado que Harry le entregara.
Apenas escuchó el saludo se dio cuenta de que su decisión era la correcta, amaba a Harry más de lo que amaba a la magia. ¿Qué importaba el mundo mágico contra eso?
Fue una conversación sencilla, sin pretensiones pero llena de honestidad y aunque Harry fue claro en que lo consideraba un amigo, Draco entendió que tenía una oportunidad y eso era más que suficiente para seguir intentándolo.
Después de colgarle a Draco, Harry continuó con su rutina. Lavó sus dientes después de cenar con la única compañía de Heidi para después cambiar su traje sastre por el cómodo pijama de lino y algodón del que sólo usaba el pantalón cuando estaba a solas y que vestía completo en compañía de los esporádicos hombres con los que había compartido su vida.
El más reciente no se había presentado a cenar así que temiendo un arrepentimiento futuro, Harry continuó una rutina que ahora le parecía desabrida y extraña.
El timbre sonó dos veces y Heidi corrió de inmediato a la puerta a la que prodigó con varios mimos. Extrañado, Harry abrió apenas cubriéndose con la camisa de su pijama.
Severus estaba en la puerta.
—Pensé que ahora te aparecerías en la sala —alcanzó a decir con una sonrisa nerviosa mientras abotonaba los pequeños botones de su camisa.
—Eso sería de mala educación —contestó Severus ligeramente indignado—. Cualquier mago que desee llegar a la casa de otro debe aparecer a algunas cuadras de distancia para alertarle de su presencia y tocar el timbre.
—No soy un mago, puedes aparecer en mi sala siempre que quieras —bromeó Harry a un palmo de los labios de Severus a los que prodigó un dedicado beso de bienvenida.
—Si después de que me escuches hoy sigues pensando igual aceptaré.
—¿Qué sucede? —dijo Harry de inmediato apartándose un poco de Severus en un claro gesto defensivo.
—Hay... hay algo que quiero decirte antes de que hables con Hermione mañana. Algo que no dije antes porque estaba en medio de un maravilloso sueño que me atrapó y del que temo despertar.
—Ya habíamos pasado por esto —dijo Harry dedicándole una mirada dolida.
—Lo sé y si callé todo fue porque creí que era demasiado, pero no deseo vivir de engaños, mentiras y omisiones —los ojos de Severus brillaban con lágrimas no derramadas que hacían lucir aún más su profunda mirada—. Harry te amo y aunque mis palabras puedan alejarte, quiero que sepas el verdadero hombre que soy.
—¿Tan malo es lo que descubrió Hermione?
Severus sonrió, estaba helado porque su túnica era delgada y se reflejaban en su cabello pequeñas gotas de hielo descongelado.
—Hermione no ha descubierto nada —le garantizó tomándolo por los brazos para indicarle se sentara a su lado en el sillón de la salita—. Sólo que al hablar con ella me di cuenta de que no deseaba seguir guardando este secreto.
Y Harry entendió que el miedo que embargaba a Severus era el de perderlo, algo que despertó una calidez en su corazón que lo indujo a recostarse en el pecho de Severus desde donde lo besó para retirarse un poco y permitirle a su amado decir lo que fuera que quisiera.
—Probablemente no debiera empezar con esto, pero creo que puedes entenderme mejor si empiezo por decir que fui considerado más un paria que un mago, aún entre los míos. Por un extraño designio del destino estuve seleccionado entre el selecto grupo de Slyhterin a pesar de que mi padre era muggle y lo que fue peor, tuve la desgracia de serle antipático a la pareja de amigos más popular de mi generación. El resultado fue que nadie quería estar cerca de mí, con la excepción de una mujer extraordinaria cuya amistad no supe valorar en su momento.
-Entonces era muy joven y respondí a esa presión aislándome de todos lo que sólo ocasionó más problemas porque los chicos populares tuvieron la genial idea de propagar el rumor de que yo sabía más magia oscura y maldiciones que cualquier graduado de Hogwarts. Y todos lo creyeron. Así que no me dejaron más opción que alejarme aún más e inventar hechizos y conjuros para defenderme lo que aumentó mi fama.
Harry descubrió el dolor que embargaban las palabras de Severus a pesar de que su voz no había temblado ni un ápice, sólo por su mirada enfocada más allá de la pared, en sus recuerdos.
—Al graduarme me encontré con que el Ministerio de Magia prestaba más atención a los chismes escolares que mis calificaciones rechazando por completo mi solicitud de ser auror, Dumbledore dijo que era demasiado joven para ser profesor y San Mungo no necesitaba un ansioso aprendiz con mis tenebrosos antecedentes. Todos ellos estaban demasiado seguros de seguiría a Ya-Sabes-Quien, que me cerraron todas las puertas para que no divulgara sus secretos.
—Y te lanzaron a Él —entendió Harry.
Tenía tanto tiempo odiando a Voldemort y sus despreciables mortífagos que no había notado la manera en que Severus se estremecía al escuchar su nombre.
—Si —reconoció Severus en suspiro enfocando sus profundos ojos en Harry—. Sólo Él me aceptó cuando estaba muriendo de hambre porque de mi madre sólo recibí como herencia una casa y muchos libros que no servían para mantenerme en pie. Yo era como un perro sin dueño y Él me recogió, me dio de comer y le pagó a un Maestro en Pociones para que perfeccionara mis conocimientos y me presentara al Ministerio como su aprendiz. Sólo así logré un título que me dio algo de reconocimiento... pero el precio fue alto, tenía diecisiete años cuando tomé su marca y por lo que sé fui el más joven en lograr su aprobación.
Cientos de preguntas se agolparon en la mente Harry pero sólo una llegó a sus labios.
—¿Mataste a alguien?
—¿Para ser aprobado? No —respondió Severus con un dejo de amargura—, entonces fui considerado demasiado joven, creo que ya no hay esa concesión ahora, además no tenía nada más en el mundo, mi madre se suicidó después de que mi padre muriera de cirrosis. Al principio sólo fui aprendiz y después era el esclavo fabricante de pociones, ni siquiera estaba invitado a sus reuniones secretas, incluso ellos me despreciaban por ser media sangre.
-Pero crecí y la guerra también, cierta noche necesitaron más mi varita que mi caldero y enfrenté la realidad de ser un mortífago. No me pidieron matar a nadie, sólo cubrir sus espaldas pero en la lucha una bruja casi me mata y yo le lancé un hechizo de mi creación que triunfó donde ella no.
-Cuando la vi caer como una mariposa que se le han cortado las alas comprendí que ser mortífago me era por demás repugnante y regresé a Hogwarts como un animal herido buscando a su anterior hogar. Y Dumbledore me pidió ser un espía, después de eso no volví a matar a nadie, aunque he incapacitado a muchos.
Harry miró a Severus, en verdad lo vio. Muchas veces antes se había preguntado porqué se arriesgaba tanto por salvar vidas a su lado. No estaba persiguiéndolo para reportarle sus movimientos a Dumbledore, ni siquiera lo había hecho para enamorarlo porque eso había venido después. Lo que Severus necesitaba era encontrar el perdón y perdonarse a sí mismo.
Harry quiso decirle que entendía todo esto pero no pudo porque Severus continuó hablando.
—No quiero que pienses que soy un estúpido ególatra, pero he salvado muchas vidas, espié para Dumbledore sin buscar la aceptación de su Orden y fue una suerte porque ellos me rechazaron de inmediato, pero no me importó porque no buscaba su aprobación.
—¿Qué sucedió Severus?
—Hubo una familia que no pude salvar, quería hacerlo, en serio —expresó Severus con fervor— pero no pude, eran aquel chico popular y la única amiga que tuve. Voldemort iba tras ellos y su bebé de un año.
El esfuerzo que debió hacer Severus para decir el nombre de aquel que había arruinado la oportunidad de Harry de tener una familia debió ser supremo, pero lo hizo y Harry entendió claramente porqué. Severus estaba hablando de los Potter lo que no tenía sentido porque entonces tendría la misma edad que Sirius, pero la intuición de Harry nunca se equivocaba.
—Esa tarde corrí a hablar con Dumbledore pero por un desafortunado incidente quedé atrapado en una habitación de Hogwarts. ¡Ese castillo tiene demasiados secretos! —ironizó Severus con su cuidado acento y acostumbrado cinismo—. Era una habitación encantada que aparece cierto tiempo y desaparece con su contenido por varios años.
Ahora Severus tenía sus manos entre las suyas y lo miraba ansioso, buscando el entendimiento de Harry como si su vida dependiera de ello.
—Para el mundo pasaron veinte años y para mí unas horas, cuando me sacaron de ahí era demasiado tarde —la mirada de Severus se había intensificado como si buscara en el mismo corazón de Harry—. Mi amor, no pude salvar a tu familia. ¡En verdad lo intenté! Pero no pude.
Y Severus hizo algo que Harry no había esperado.
Lloro.
Sus ojos eran como dos noches de las que manaban apenas dos gotas de agua salada.
Harry le creyó.
Cada palabra que surgió más de su corazón que de su boca y que llegaron directamente a su alma.
—Severus —dijo en su oído saboreando la palabra como lo más precioso—, quiero que me hagas el amor.
Quizás no fueron las palabras, sino la intensidad de lo dicho, porque Severus levantó la mirada para deleitarse con los preciosos ojos de Harry que brillaban con algo más fuerte que el perdón: entendimiento.
Casi sin pensarlo, como algo natural, ambos se entregaron en un beso pleno que era más elocuente que las frases en expresar el amor que sentían el uno por el otro.
Y Severus lo amó.
Como nunca antes lo había hecho, buscando en la piel de Harry lo que siempre había anhelado. Cubriendo fervorosamente de besos el cuello bronceado que se doblegó a su voluntad inclinándose ligeramente como el trigo ante el paso del viento.
Cuando sus labios se separaron, la mirada de Severus había cambiado al punto de ser magma hirviendo.
—¿Subimos? —ronroneó Harry levantándose del sillón sin soltar la mano de su amado.
Esa noche se entregaron al amor, sin prisa ni lujuria. Eran sólo dos personas que se habían encontrado en medio de la soledad y que se rehusaban a soltarse.
Harry nunca antes había hecho el amor.
Eso fue algo que descubrió cuando suavemente fue cobijado por la intimidad de Severus que se entregó sin reservas como un torrente que fluye sin descanso.
De igual forma Harry venció sus reservas y temores permitiéndole a ese maravilloso hombre entrar en su cuerpo, permitiéndose a sí mismo pertenecer a alguien y olvidar las pesadillas que insistían en acosarlo.
Severus cubrió su frente con delicados besos haciéndolo olvidar su propio nombre mientras secaba con ternura las lágrimas de sus mejillas.
¿En qué momento había llorado?
—También te amo —se escuchó respondiendo como en un sueño.
Severus le había declarado su amor, había sido honesto y se habían entregado juntos al verdadero amor.
¡Qué cursi!, se dijo Harry a si mismo recordando el resplandor que creyó ver envolviéndolos y la electricidad que lo recorrió por completo.
—También quiero ser honesto contigo Severus.
—Shhhhh, no te preocupes —susurró cerca de su oído mientras los cubría a ambos con las cobijas—, mañana puedes decirme lo que quieras.
El sol entraba a raudales por el ventanal hexagonal de la base privada de Harry, su santuario. En medio de la habitación Severus no podía dejar de pensar en lo afortunado que era por poder estar ahí, con Harry.
La noche anterior había tenido tanto miedo que ahora le parecía irreal el haber alcanzado un pedazo propio del paraíso.
—Te levantaste temprano —escuchó la suave voz de Harry a su espalda antes de que él lo abrazara por detrás besando la unión entre el cuello y el hombro.
—Quería sentir el sol de amanecer.
—Te pareces a mí —rió Harry—. Hay veces que siento que la luna o el sol me llaman.
—Como ahora —dijo Severus comprendiendo que no había despertado a Harry como creyó al principio.
—Justo como ahora —reconoció Harry inhalando profundamente antes de avanzar hasta quedar al lado derecho de Severus, sujetó su mano con fuerza y levantó ambas manos sin soltar a su amado.
—Este sitio me da mucha paz —dijo Harry después de unos segundos y con una sonrisa traviesa arrastró a Severus hasta el baño donde se ducharon juntos, disfrutando de la cómplice intimidad del momento.
—Te debo una explicación tan detallada como la tuya, pero tendrá que esperar a la noche, debo trabajar y prometí asistir a un recital —le confió Harry entre bocados de panqué.
—Me parece bien, también tengo que salir y no me perderé por nada lo que quieras compartir conmigo —sonrió Severus con la misma boba felicidad que solía criticar en todos los enamorados.
—Supongo que Hermione y tú tienen mucho que estudiar.
—Y Charlie —agregó Severus detrás de su taza de té.
—¿En serio? —si Harry intentaba ser discreto estaba fallando miserablemente así que Severus interpretó que no lo estaba siendo— ¿Así que por fin se decidieron?
—Según los gestos que interpreté son una pareja —dijo Severus no muy seguro de que fuera aquello lo que Harry deseaba escuchar.
—¡Es genial! —si era lo que Harry deseaba escuchar.
Terminando el desayuno Severus le entregó con un beso las llaves de la camioneta a Harry informándole que él la necesitaba más y desapareció rumbo a Grimauld Place.
—¡Albricias! —lo recibió Sirius desde la cocina levantando un vaso con lo que parecía jugo de naranja— ¡Señores den la bienvenida al hijo prodigo que regresa después de pasar su segunda noche fuera de casa!
—A este paso vamos a pensar que ya no vives aquí Severus —lo molestó Remus saludándolo con una palmada en la espalda que fue una sutil indirecta de que entrara a la cocina con ellos.
Sentados a la mesa Charlie y Hermione saludaron al recién llegado aunque a Severus no se le escapó el ligero mohín de la bruja que parecía lista a interrogarlo con veritaserum, lo que era completamente innecesario ya que ambos sabían donde había pasado Severus la noche.
—Severus ¿qué tan seria es tu relación con ese joven muggle? —soltó sin más Sirius después de que Severus rechazara desayunar, su mirada era la del comandante de la Orden del Fénix.
—Muy seria, pero nada que te preocupe, sé mantener mis prioridades por separado y mi trabajo con La Orden no peligra —resumió Severus agregando crema a su té, lo único que había aceptado.
—No es eso lo que nos preocupa Severus —fue el turno de Remus de acosarlo—, sólo queremos que no arriesgues todo de nuevo por La Orden, si tanto te importa este joven, no debes vivir con él sin aclarar ciertas cosas.
—Él sabe que esto es un conflicto entre magos y no se lo dije yo.
—¿Có-mo lo sabe? —tartamudeó Sirius saliendo de la sorpresa inicial.
—Ha estado protegiendo inocentes desde que resurgió El Señor Tenebroso, es observador y no todos los muggles son estúpidos —resumió Severus.
Hermione había palidecido al escuchar hablar de Harry, pero no dijo nada, aunque a Severus no le escapó el ligero alivio que mostró al escuchar que no se delataba nada de su mejor amigo. El ambiente estaba demasiado pesado y pronto notó que Charlie había recogido sus platos y le indicaba salir de la cocina.
—Él sabe demasiado —continuó Sirius cuando Hermione y Charlie habían salido—, no es normal. ¿Has logrado descubrir a su informante?
—Sirius, no creo que haya ningún informante —comentó Severus en lo creyó era un tono casual—, sólo se trata de una persona excepcional que vio lo que nosotros pasamos por alto.
—¡Eso es lo que no entiendo! —replicó Sirius— un muggle descubrió las piezas que nos faltaban. Insisto en que no es un simple muggle.
—En eso estamos de acuerdo —aceptó Severus—. Él es muy especial.
—Hay algo que no nos dices —intervino Remus con esa mirada que parecía más lobuna por incisiva.
—Cierto y continuará así —dijo Severus—. No voy a divulgar los secretos de Wizard sin su consentimiento.
—¿Acaso ese "mago" debe saber de la Orden del Fénix para que podamos interrogarlo? —estalló Sirius.
—Si buscan hablar con él, si. Pero no te preocupes Sirius, como ya te dije, Wizard sabe que hay dos bandos en esta guerra entre magos y creo que aceptaría entrevistarse con ustedes si se lo piden con la suficiente cortesía.
—Dumbledore quiere que hablemos con él —confirmó Remus el temor de Severus, esa plática sólo podía haber sucedido por petición del anciano mago—, quiere que sea la entrevista aquí para que no pueda revelar nada.
—Veré que puedo hacer —musitó Severus comprendiendo que no había salida discreta en esta ocasión.
—Pero no será ahora —terminó Sirius por él.
—No, debo ir a Glastonbury —informó Severus recordando la visión que tuvo bajo los rayos de sol en el ático de Harry—. Creo que estamos cerca de descubrir un modo de detener al Señor Tenebroso.
Quizás el interrogatorio había terminado, o talvez la perspectiva de vencer a Voldemort fue lo suficientemente fuerte como para que Sirius y Remus olvidaran temporalmente a Harry y lo dejaran continuar con su vida. El caso fue que Severus pudo dejar la cocina relativamente a salvo de la curiosidad de los caninos residentes.
No había avanzado más que al vestíbulo cuando encontró a Charlie sentando en la escalera.
—Deduzco que Hermione fue a buscar a…
—Su amigo mutuo, sí — corroboró Charlie con una sonrisa melancólica.
—¿Sabes de él? —preguntó Severus sentándose a su lado.
—Imposible no saberlo, Hermione siempre le escribe por medio de una "comtudapora potrátil".
—¿Computadora portátil?
—¡Es igual! Sólo es un trasto muggle —se levantó Charlie manoteando—. Lo siento, no es culpa tuya es sólo que…
—Amas a Hermione y temes que ella ame a "nuestro amigo mutuo". Pero descuida, yo sé que él me ama a mí —le confió Severus levantándose y poniendo una mano sobre su hombro.
—Esa es la mejor noticia que he recibido desde que empezaste a intercambiar correspondencia con Hermione —sonrió Charlie con la sonrisa de un gato que acaba de escuchar la comida cayendo en su plato.
—Entonces te daré otra que espero levante aún más tu ánimo, tenemos que viajar a Glastonbury.
—¿Y Hermione?
—Sólo vamos de reconocimiento y estudio de campo, le avisaré si así te sientes más tranquilo —comento Severus sacando su teléfono celular ante la horrorizada mirada de Charlie—, ella nos alcanzará después de hablar con "nuestro amigo".
—Sabes Alan, eres un gran tipo.
—¡Apenas puedo creerlo de ti Harry Potter! ¿Cómo te atreves a llevar una relación con un mago y no decírmelo a mí TÚ mejor amiga?
—Entiendo que ya lo encontraste en una de esas juntas de tu Orden misteriosa —Harry le dedicó a Hermione esa mirada emblemática que tanto la exasperaba, la mirada que decía se algo que desconoces y no importa cuanto conocimiento acumules a lo largo de tu vida siempre sabré algo que tú no.
Hermione respiró profundo, cerró los ojos y separó los brazos que había llevado entrelazados en su furia.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó dolida.
—Ya lo sabes.
—Estabas comprobando si era honesto contigo comparando lo que ambos te decíamos —Harry se dio el lujo de un pequeño cabeceo ante la respuesta de Hermione—. A veces me recuerdas a Dumbledore.
—Por favor Hermione, no me ofendas, yo siempre he sido respetuoso contigo.
—Harry el que ustedes no mantengan una relación amistosa no demerita que sea un gran mago, el mayor de los tiempos modernos —sonrió Hermione condescendiente, a veces era tan difícil hablar con Harry.
—Entre ese viejo y yo ni siquiera existe una relación, no hablemos de amistad.
—¿Hablamos de Alan Bendefig o de Severus Snape?
—De Severus Snape pero debes prometer que no dirás nada a nadie —musitó Harry en ese tono secreto que usaban cuando hablaban de muchachos cuando tenían diecisiete años.
Hermione le indicó con la mirada que continuara y callara porque ella era confiable y moriría antes de revelar los secretos que Harry guardaba.
Así que él habló y habló y habló.
Contando una historia asombrosamente elaborada para ser falsa, sobretodo tomando en cuenta que concordaba con la falta de información que había descubierto mientras buscaba a Alan Bendefig cuando empezó a intercambiar correspondencia con él.
—¡Así que no existe nada porque es un hombre que desapareció por veinte años! —exclamó asombrada de que nadie advirtiera o cuidara una habitación tan peligrosa en Hogwarts—. ¿Estás seguro de que es honesto?
—¡Claro que sí! —respondió Harry dolido—. Hermione, ese hombre ha sido honesto conmigo, lo sé, puedo sentirlo. Hoy le contaré la verdad de mí, todo.
—Espero de corazón que él no te defraude —intentó confortarlo Hermione, sería difícil, pero su amigo necesitaba alguien en su vida.
Habían estado dando vueltas por la cocina y la sala durante la plática así que no les sorprendió encontrarse frente a la puerta, la visión fue risible de lo ridícula y ambos decidieron terminar con esa montaña rusa sentimental con un abrazo que tuvo a bien interrumpir el celular de Hermione.
—Severus quiere ir a Glastonbury, dice que tenemos que hacer investigación de campo.
—Te dije que era listo —escuchó a modo de despedida de Harry y de corazón Hermione deseó que Snape fuera lo que él necesitaba.
Continuará
N/A: Un nuevo capítulo y como ven de nuevo pasaron muchas cosas. Espero que las declaraciones de Severus les hayan convencido, las escribí con mucho cuidado porque quería que vieran sus sentimientos hacia Harry y porque consideré necesario explicar todo eso ahora porque más adelante no habrá tiempo. Hasta pronto y no olviden dejarme un mensaje que ya me estor apurando a contestarlos todos nn Quetzalli.
