El Mago

El Mago

Autor: Quetzalli

Resumen: La excursión de Severus, Hermione y Charlie por Glastonbury trae un descubrimiento inesperado, mientras Harry enfrenta los prejuicios en su propio trabajo junto con un inesperado atacante.

Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus, Hermione -Charlie

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.

Capítulo 16
El Péndulo

—¡POTTER!

El grito resonó con toda claridad por el enorme vestíbulo del Instituto donde se encontraba la Sala de Espera para Consulta Externa, los pequeños módulos de las recepcionistas y las puertas de madera que conducían al interior de los diferentes consultorios.

Holms estaba de pie frente a una de esas puertas y su expresión no presagiaba nada bueno.

—Tú, patético e ingrato oportunista —continuó gritando mientras salvaba la breve distancia que los separaba con la misma fuerza que un tigre acorralando a su presa—. ¿Cómo te atreves a interferir con los pacientes inmiscuyéndote en sus vidas y en sus donativos? No eres nadie, recuérdalo bien. Nada más que un advenedizo con bastante suerte para escalar puestos. ¡Un mozo de limpieza, sólo eso!

—No tengo idea de que habla —intentó librarse Harry dirigiéndose a su propio cubículo, pero el hombre no le dio la oportunidad.

—¿No? Vas por ahí, seduciendo a los pacientes de gustos diferentes con tu encantadora sonrisa para estafarlos.

—Le agradeceré que no se dirija a mi de esa manera Dr. Holms —siseó Harry intentando controlarse lo suficiente para no seguirle la pelea.

—¿De que te preocupas Potter? Todo mundo sabe que son los jóvenes rubios y ricos quienes te hacen suspirar —Holms tenía mucho odio guardado y hasta ahora sabía Harry que era homofóbico.

Las paredes parecieron cerrarse sobre él asfixiándolo igual que las enormes manos de tío Vernon. El mismo odio lo alcanzaba por el terrible pecado de ser diferente. Los cuchicheos de los pacientes habían desaparecido en el terrible silencio de la sorpresa de encontrarse frente a un fenómeno.

—Espero que obtengas suficiente dinero del bolsillo de Daniels, porque reportaré tu falta de profesionalismo a todas las Instituciones del país para que nadie corra de nuevo riesgos contigo.

—¡Basta! —ordenó llana y claramente el Dr. Darius Dydymski cortando cualquier réplica que Harry tuviera lista.

Los pacientes se revolvieron incómodos en sus asientos igual que sus familiares, el resto del personal presente pareció salir de un encanto y volvió a su trabajo interrumpido por la impresión de ver a un compañero de trabajo agrediendo verbalmente a otro.

Sólo quedaron Holms, Dydymski y él paralizados, mirándose mutuamente el medio del lugar.

—A mi oficina —ordenó Dydymski sin levantar de nuevo la voz.

Holms avanzó primero, pavoneándose orgulloso como si acabara de recibir un premio, detrás Harry lo siguió por pura inercia sintiéndose, de nuevo, un niño castigado por la falta de otro.

¿Por qué siempre le resulto desagradable al bravucón de la escuela?, se preguntó mientras cuidaba no contemplar sus zapatos en un claro gesto arrepentido.

—Nunca había sido testigo de un comportamiento tan poco ético y profesional —escuchó fuerte y clara la ira contenida del Dr. Dydymski detrás de su pulcro escritorio de caoba—. Jamás pensé que sería testigo de semejante despliegue.

—Siempre dije que traería problemas al Instituto esté joven —siseó Holms con tal desprecio que Harry apenas pudo contenerse de lanzarse por el hecho de no decidirse si a golpearlo o a huir de la oficina.

—Me refería a ti Derek, apenas puedo creer que hicieras un escándalo frente a nuestros pacientes atacando públicamente a un compañero de trabajo, no puedo esperar a leer los titulares mañana.

—Yo… —intentó hablar Holms comprendiendo hasta ese momento el alcance de sus palabras pero el Dr. Dydymski se lo impidió levantando la mano y pidiéndole que se retirara.

—Nunca le agradaste —reconoció Dydimsky con tono derrotado limpiando sus lentes para evitar la mirada de Harry—. Creo que nunca te perdonó que superaras a su sobrina y que te quedaras con la plaza de terapeuta psiquiátrico.

—Que alivio, yo creía que sencillamente le desagradaba por ser homosexual —ironizó Harry francamente molesto por la actitud de Dydimsky, ¿acaso no se suponía que debía haber reprendido severamente a Holms para defenderlo?

El hombre mayor lo miró con tristeza y algo de orgullo disimulado, arreglando algunos papeles en el escritorio mientras lo invitaba a tomar asiento.

—Eres muy fuerte Harry, siempre lo supe, desde la primera vez que te vi trabajando en limpieza para pagar tus estudios. Eso es muy reconfortante porque se que no te darás por vencido en la vida y superarás esto pronto.

—No entiendo lo que sucede —dijo Harry esperando que Dydimsky empezara a imitar el modo retorcido de hablar de Dumbledore—, ni siquiera sé de que hablaba el Dr. Holms al referirse a donativos y pacientes.

—Mattew Daniels pidió su alta voluntaria del Instituto, al dejar de ser un paciente su familia determinó que dejaría de apoyarnos con su donativo.

—Sigo sin entender que tiene que ver eso conmigo.

—Harry, Daniels claramente está enamorado de ti, el Dr. Holms y el Comité del Instituto considera tu actitud poco ética…

—No hay ninguna relación sentimental entre el señor Daniels y yo —siseó Harry molesto por las implicaciones de esa declaración y agregó entre dientes—: Además él ni siquiera era mi paciente.

—Te has entrevistado varias veces con él —continuó Dydimsky con una mirada gélida— y el motivo de sus sospechas es una investigación de Scotland Yard.

—¿Qué? —¿acaso era posible que Wynken continuara con su necedad de relacionarlo con el terrorismo?

Dydinsky le extendió a Harry uno de los papeles que había fingido ordenar momentos antes; era un memorandum firmado precisamente por el Capitán Wynken que solicitaba información sobre los ingresos de Harry por los últimos dos años.

—Parece que tu cuenta bancaria ha tenido un considerable aumento desde que Daniels ingresó al coro que dirige tu amiga —siguió explicando Dydimsky mientras estudiaba la sorpresa de Harry al estudiar los papeles que tenía en las manos.

—Supongo ahora que el Comité desea mi renuncia firmada a la brevedad —era mejor terminar con ese engorroso asunto con algo de dignidad.

—Digamos que estás suspendido Harry —intentó aligerar Dydimsky poniéndose de pie para colocar una mano sobre el hombro de Harry a modo de profesor protector—, fue lo único que logré conseguir para ti.

¡Maldición!, ¿por qué todos los directores que conocía querían disfrazarse de benévolos patriarcas que buscaban su bienestar mientras lo echaban a patadas?

—¿Qué dirá el Comité de las coloridas declaraciones del Dr. Holms? —preguntó con el afán de molestar mientras dejaba el memorandum de Wynken en el escritorio o terminaría destrozándolo.

—Veré que sea claro en exigirle una disculpa y la promesa de no arruinar tu reputación además de que desmentiremos todo rumor malintencionado en tu contra —garantizó Dydimsky.

Palabras vacías, la mitad de los pacientes presentes eran gente de alcurnia que divulgaría el rumor antes de que él saliera de esa oficina, pero era algo y sólo por la promesa de regresar a Dartford con la frente en alto Harry dejó a Dydimsky con una suspensión por tiempo indefinido y el resto de la mañana para recoger todos sus artículos personales.

De todos los sitios que Hermione podía haber esperado visitar, la ciudad de Glastonbury era la última. Videntes que debieron ser condiscípulos de Trelawney anunciaban sus servicios con vistosas pancartas sobre las calles principales, algunos hippies desaliñados iban y venían con miradas perdidas detrás de sus lentes color rosa caminando al lado de músicos roqueros con botas militares y guitarras bajo el brazo.

Aunque claro lo más raro de todo era recorrer esas mismas calles en medio de dos magos verdaderos, uno asombrado de los muggles tomando algunas fotografías mágicas para su padre (insaciable coleccionista) y el otro dirigiendo miradas preventivas a todo aquel que deseara cruzarse en su camino.

Por eso fue francamente extraño ver a "Alan" detenerse frente a un vistoso negocio muggle cuyo letrero rezaba: "La Tienda Mágica" Viajes Sagrados por los Lugares de Poder, una seudo agencia de viajes con un minibús azul marino decorado con estrellas y un mago que se parecía más a Albus Dumbledore que a Merlín, dibujado en un costado, estacionado en la acera de enfrente.

—Que el espíritu de Glastonbury sea contigo —susurró Severus con esa profunda voz suya que debió ser el principal motivo por el que Harry se enamoró de él.

—¿Qué? —prácticamente croó con no tanta sensualidad Charlie.

—Eso dice —señaló Severus un ladrillo entre el marco de la puerta y la ventana con el anuncio de los recorridos que ofrecía el lugar.

—No entiendo la importancia —insistió Charlie pasando sus dedos sobre el ladrillo que brillaba bajo el sol de mediodía.

—Es un ladrillo mágico, los muggles no pueden ver la inscripción —explicó Hermione reconociendo el conjuro que manaba del la pared.

—Saludos viajeros ¿necesitan un guía en su camino? —dijo una voz cantarina desde el marco de la puerta, Hermione se encontró frente una cincuentona ataviada con una amplia falda azul de lino un chal tejido y sandalias, tenía la misma mirada perdida de Luna Lovegood cuando asistían al colegio pero claramente esa mujer era una muggle con aspiraciones esotéricas.

—No tenemos mucho tiempo pero nos gustaría hacer un recorrido general, algo así como una muestra de lo que ofrecen —se apresuró a decir Severus con una sonrisa de galán de serie televisiva que hasta a ella podía quietarle el aliento—, por supuesto que pagaríamos por el recorrido.

—Entonces será el tour básico general —respondió la mujer que se presentó como Ginebra Lancre mientras cerraba su pequeño local y los guiaba hasta el colorido minibús que extrañamente era una mezcla de kitsch y la casa Weasley así que por lo menos Charlie se encontró muy a gusto sentado sobre sillones forrados de felpa y peluche.

Ginebra los condujo por la ciudad de Glastonbury parloteando sin cesar sobre los lugares de interés común como la plaza, la biblioteca y algunos museos intercalando anuncios de sus recorridos por los "lugares místicos" del Glastonbury como el Espino Sagrado, el Tor, la Abadía,
La Iglesia de José de Arimatea y Chalice Well, lugares que Severus parecía anotar en una libreta muggle mientras Charlie continuaba fotografiando los pintorescos lugares del recorrido dándoles el aspecto de turistas que se suponían eran.

Hermione se sentía tan fuera de lugar que sólo podía contentarse con arrellanarse en su asiento con la mirada fija en la ventanilla canturreando una de esas estrofas escolares que sus compañeros acostumbraban entonar para molestar al chofer del autobús.

—Podríamos ir a La Colina —sugirió Severus después de pedirle a Charlie algunas fotografías del lugar.

—El icono más característico de nuestra ciudad es la Tor —anunciaba la aguda voz de Ginebra mientras la colina se veía crecer a lo lejos—, su nombre significa colina en gaélico porque no es muy alta pero si muy energética ya que forma un triángulo con otros centros relativamente cercanos de energía telúrica como son Stonehenge y Avebury.

—Me parece recordar que hubo un monasterio —¡Por favor! ¿A quién quería engañar Severus? Él sabía que hubo allí un monasterio, pensó Hermione mientras estudiaba el adoratorio con forma de torre.

—En efecto, hubo un monasterio medieval pero fue derribado por un terremoto en 1275, un siglo más tarde fue construido el adoratorio…

Hermione dejó de escuchar la explicación, había tenido suficiente de historia con el profesor Binns y daba gracias de no tener que volver a pasar por eso. Afortunadamente Severus decidió que ellos podían "disfrutar" de las ruinas a solas por un par de horas y acordó con Ginebra que regresara por ellos más tarde.

—Pudimos deshacernos de ella y aparecer de regreso al Cuartel —gruño molesta por el calor, el viaje y las engorrosas explicaciones.

—¿Y perdernos ese excelente tour turístico? —se mofó Severus— además así evitamos levantar sospechas entre los mortífagos que estaban en Glastonbury.

—¿Mortífagos? —repitió Charlie, por lo menos ella no fue la única que no se dio cuenta de la presencia enemiga.

—Sólo vi uno, creo que es una especie de avanzada y reconocimiento del Señor Tenebroso.

—¿Para qué? —preguntó Hermione, con gente como Severus era mejor hacer preguntas claras para obtener respuestas concretas.

—Por la entrada al Annwn por supuesto —dijo Severus con esa sonrisa sabihonda que le quedaba tan bien.

—Ese es un mito celta —desdeñó Hermione—, cómo si fuera necesario un mundo subterráneo para resguardar a los seres mágicos, hadas y demonios, gobernado por Gwyn hijo del dios bretón Nodons.

—Hermione linda, Gwyn ap Nydd es mucho más que un mito muggle, fue un poderoso mago celta que dedicó su vida a encontrar un equilibrio entre la magia de la luz ante la magia de la oscuridad y no creo que Binns sepa que fue él quien instituyó la celebración del Beltane y algunos de sus ritos para renovar la magia —explicó Severus sentándose en uno de los pocos escalones de la colina, apenas visible entre el pasto.

—¿Qué hacemos aquí Alan? —preguntó Charlie dejando por fin su cámara a un lado, en serio empezaba a lucir igual que Colin Creevey.

—Venimos a estudiar La corriente del Dragón —fue la respuesta de Severus al indicarles que se sentaran a su lado en uno de los escalones.

La vista era preciosa, el sol de mediodía brindaba un tibio clima por el que hubieran muerto los londinenses y el pasto era suave, eso seguía sin decirles absolutamente nada.

—¿Qué sienten? —les preguntó Severus después de una larga pausa donde todo lo que hicieron fue contemplar una mariposa que volaba en círculos a la lejanía.

—Nada —respondió Hermione fastidiada, su mente necesitaba un reto no una mariposa revoloteando sobre el típico paisaje inglés.

—Paz, tranquilidad, unión —fue la respuesta de Charlie mientras tomaba su mano entre las suyas y le daba un ligero apretón—, ¿te he dicho lo bella que eres hoy y cuánto te amo?

—Charlie… —se sonrojo Hermione reconociendo que el lugar motivaba al romance—, no creo que Alan nos trajera aquí para escuchar nuestras promesas románticas.

—No creí que llegarían a ese extremo —reconoció Severus inclinándose ligeramente para quedar dentro de su alcance visual—, pero Charlie tiene razón, el motivo por el que estamos aquí es porque la corriente del Dragón es más que una falla tectónica, es un río mágico muy antiguo y poderoso que confluye con Stonehenge y Avebury, formando las principales corrientes mágicas de Gran Bretaña. Como recordarán las corrientes de Stonehenge y Avebury ya están bajo el control del Señor Tenebroso gracias a la última batalla donde afirmó nuestra ignorancia.

—¡Pero no tiene la corriente del Dragón! —exclamaron Hermione y Charlie intercambiando una mirada sorprendida.

—Exacto, el mortífago que vimos debe estar vigilando la zona, pero aún no piensan atacar este lugar y por primera vez tenemos una verdadera ventaja sobre ellos, conocemos sus planes y tengo una estrategia que nos hará recuperar las otras dos corrientes mágicas.

Severus Snape, alias Alan Bendefig, era un hombre inteligente, astuto y con una maravillosa voz, pero con una sonrisa muy peligrosa que no presagiaba nada bueno para los mortífagos y eso era algo que a Hermione le encantaba de él.

—¿Puedo ayudarte?

—No es necesario Craig —suspiró Harry cerrando la puerta de su casillero—, por lo menos me llevaré el candado.

—Es injusto, no hay modo de que puedan creer que has robado o extorsionado a Matt Daniels y mucho menos que tuvieras ningún tipo de acercamiento sentimental hacia él.

—La vida no siempre es justa amigo —musitó Harry guardando el candado con su llave en la caja de cartón que había conseguido para cerrarla después con cinta adhesiva.

—Deberías pelear, levanta una demanda por despido injustificado… ¡por discriminación!

—El Capitán Wynken está detrás de esto y sospecho que es a causa de Kradex.

—¿Quién?

—El tipo que mandó destruir la casa de mi tía para enseñarle una lección a Dudley —explicó Harry cansado de que cargar con las consecuencias de otros.

—Siempre supe que eras demasiado listo Potter —escucharon una voz a su espalda que obligó a los amigos a dar la vuelta para encontrarse con el mismo Capitán Kurt Wynken de Scotlanyard, cigarrillo en mano, recargado en el marco de la puerta entreabierta del vestidor.

—¿Qué busca aquí Capitán? —lo encaró Harry sin poder contener más su descontento— ¿no ha hecho suficiente daño o piensa arrestarme por llevarme el candado?

Wynken dio una última bocanada al cigarrillo antes de tirarlo al suelo y apagarlo con la suela de su zapato, avanzó un poco y se sentó en la banca frente a la que estaba parado Harry.

—Nunca creí que te perjudicaría la investigación —comentó sosteniendo la mirada de Harry mientras sacaba otro cigarrillo de una cajetilla que guardaba en el interior del saco—, nos llegó un pitazo de que tus finanzas habían recibido un incentivo de malos recursos. Solicité el reporte de tus ingresos para determinar quien buscaba perjudicarte y logramos encontrar un vínculo con Kradex que Jako confesó era para incriminarte.

—Si saben todo eso ¿por qué están suspendiendo a Harry? —intervino Craig encarando a Wynken de pie con toda la autoridad que su enorme y musculosa figura le daba.

—Me parece que el Consejo de este Instituto uso nuestra solicitud como un pretexto, porque vine a informarles que no había más averiguaciones en tu contra y me acaba de informar tu jefe que la decisión ya está fuera de su alcance Potter.

Un pretexto.

¿Por qué siempre lo atacaban con pretextos?

Craig no parecía nada convencido de la explicación de Wynken, tenía toda la intención de continuar la discusión cuando sonó su teléfono y tuvo que retirarse para poder hablar con Jennifer.

—Me alegro que lo distrajeran, pensé que iba a golpearme.

—Craig es un buen amigo pero sería incapaz de poner en riesgo su empleo por golpear a un capitán de Scotlandyard —dijo Harry sin dejarse amedrentar por Wynken—, tiene una familia que mantener.

—No soy tu enemigo Potter, nunca lo he sido, pero continúas ocultándome información, lo sé.

—Jamás creería lo que sé —refunfuñó Harry con amargura.

—Pruébame —ofreció Wynken con esa mirada triunfal de quien ha conseguido lo que tanto buscaba.

Harry no dijo nada, ¿cómo explicarle a Wynken que no había ningún grupo terrorista sino que estaban en medio de una guerra entre magos. Decidió darle otra larga al capitán pero algo le dejó sin palabras, un grito a lo lejos captó toda su atención.

—Escuche… ¡algo sucede! —dijo corriendo hacia la salida del vestidor seguido de cerca por Wynken.

—Muy bien Alan ¿por qué no estamos en el cuartel? —preguntó Hermione inspeccionando los alrededores con ojo crítico.

—Dime Charlie, ¿qué es lo más importante para ti? —dijo Severus ignorando a Hermione y su insaciable cuestionar.

—¿Qué? Pues Hermione, mi familia… terminar con esta guerra, supongo que la Orden ¿por qué la pregunta? —respondió Charlie sin pensarlo mucho, con esa sonrisa bonachona característica de los Weasley.

—¿Qué te parece Hermione? Tú eres lo más importante para él —le dijo a la joven bruja, era tan divertido molestarla— ¿No te parece que debería conocer a alguien?

Hermione lo miró como si él fuera una hidra, después a Charlie que no había perdido detalle del intercambio entre ellos.

—No es necesario Alan, Hermione y tú pueden conservar sus secretos, yo regresaré solo al cuartel.

Las palabras mágicas, seguramente Charlie ya las había dicho antes y Severus había hecho que Hermione se diera cuenta de la lealtad que el joven pelirrojo había mostrado hacia ella, sonrió al ver en el rostro de su amiga ese cómplice brillo que sólo surge entre los enamorados.

—Creo que sería fantástico que Charlie conociera a Harry, pero no sé como pueda reaccionar él, ya lo conoces y es tan reservado —comentó Hermione abrazando a Charlie y cobijándose tiernamente entre su pecho.

—Tendremos que descubrirlo pronto porque vamos a necesitar su ayuda —les confió Severus acariciando sin notarlo, el péndulo de cristal traslúcido que ahora colgaba de su cuello suspendido de una cadena de oro.

—Aún no entiendo como lo encontraste —comentó Charlie maravillado por los destellos que surgían del péndulo al contacto con el sol.

—Cierto, mira que encontrar un objeto mágico tan poderoso oculto detrás de un cuadro —agregó Hermione quizás algo celosa por no haberlo descubierto ella misma.

—No tiene nada de extraordinario —minimizó Severus—, mi abuela acostumbraba contar historias de cuando vivió en Glastonbury. Recuerdo cuando me contaba sobre los objetos mágicos que hechizaba para ganar un poco de dinero extra cuando era joven y que había escondido uno en especial para aquel nieto que fuera lo suficiente sagaz para encontrarlo con la única pista de Que el espíritu de Glastonbury sea contigo.

Severus reanudó la marcha desde el punto donde habían aparecido hacia la entrada del Instituto Dartford donde esperaba alcanzar a Harry antes de que saliera rumbo a su recital.

—¿Por qué no lo buscaste antes? —preguntó Charlie a su lado, sin soltar la mano de Hermione.

—Yo, igual que el resto de sus nietos, no le creí —fue la respuesta sincera de Severus— y con el tiempo me olvidé del maravillo objeto capaz de descubrir la magia pura de mi abuela, ¡ni siquiera se me ocurrió que "La Tienda Mágica" hubiese sido la casa de mi abuela! No hasta que encontré su retrato colgado junto a la puerta de la trastienda.

—Debe haber lanzado un hechizo para que sólo pudiera moverlo uno de sus descendientes —dijo Hermione demostrando una vez más su indiscutible capacidad de señalar lo obvio.

Severus estaba a punto de comentar algo cínico sobre esto a la joven bruja, cuando escuchó claramente la voz de Harry gritando:

—¡DÉJALO!

Y la no menos indiscutible voz de Lucius Malfoy:

—Crucio.

Seguida por un grito desgarrador.

Antes de que pudiera darse cuenta, Severus ya estaba corriendo hacia el origen de los gritos seguido de cerca por Hermione y Charlie que llevaban la varita lista para defenderse.

Era Malfoy, no había duda, atacando al muggle que Severus había personificado. Eso lo hizo detenerse, no podía permitir que Malfoy lo reconociera así que se lanzó un glamour para cambiar el color de su cabello por un rubio cenizo.

—¿Qué sucede? —Hermione se detuvo a su lado pero debió entender de que trataba todo cuando le dedicó una mirada sorprendida—. Pareces galán de cine —bromeó antes de correr a alcanzar a Charlie que, como el típico Gryffindor que era, ya estaba atacando a Malfoy con sus mejores maldiciones.

Harry estaba en el suelo, ayudando al muggle a levantarse o mejor dicho a cargarlo para alejarlo del peligro porque después de un crucio no podía caminar.

—Piensa que el Dr. Holms es un mago —explicó en cuanto lo alcanzaron, mientras Severus aplicaba un hechizo levitador para transportar con mayor facilidad al muggle—. Hola Hermione ¿quién es el pelirrojo?

—Mi novio Charlie, quería presentártelo pero en mejores circunstancias —dijo Hermione cubriéndolos con una barrera mágica para esquivar los rayos perdidos que pudieran golpearlos.

—¡Así que ese es el famoso Charlie! —sonrió Harry atendiendo a Holms en cuanto Severus lo recostó sobre la banca más cercana.

A unos metros los combatientes habían dejado de probar con hechizos preventivos y empezaban a atacar con sus maldiciones fuertes, Charlie era bueno, pero Malfoy tenía la ventaja de un veterano de guerra, pronto empezó a superarlo y Severus partió a apoyarlo no sin antes pedirle a Hermione que protegiera a Harry.

Hermione se limitó a lanzar su mejor barrera mágica y correr hacia Charlie que estaba tirado en el suelo después de que una maldición lo alcanzara en la pierna, afortunadamente Severus había logrado protegerlo antes de que Malfoy lanzara un hechizo mortal.

Entonces todo comenzó a avanzar demasiado rápido Severus continuamente evitaba el avance Malfoy pero tenía que eludir maldiciones cada vez más peligrosas, algunas ni siquiera las conocía, no importaba que usara hechizos de su creación, Malfoy tenía tanto tiempo matando que se había convertido en un cazador consumado y Severus detestaba ser la presa.

Un rayo dorado pasó muy cerca de él, dejándole un corte en el antebrazo derecho, aún así, fue la voz de Harry quien le recordó que no estaba peleando solo.

—¡Este hombre es un muggle! —gritó Harry señalando a Holms, deteniendo así la pelea—. Usamos uno de sus cabellos en poción multijugos.

—¿A quien ocultan? —siseó Malfoy amenazante varita en mano, una maldición imperdonable en los labios, Severus no se detuvo a pensar en las consecuencias, se interpuso entre Harry y Malfoy con su mejor barrera esperando que el mago rubio no le hubiera lanzado un avada kedabra.

Un hechizo compresor, la barrera resistió lo suficiente como para absorber el mayor daño ¿qué más daba una costilla rota?

El grito de Hermione llegó a sus oídos un segundo después de que Severus lograra enfocar la silueta de Harry interponiéndose entre él y la varita de Malfoy.

—Déjame adivinar, éste es el que se ocultaba con la poción multijugos —sonrió malévolamente señalando a Severus—. Ustedes dos son el par que tantos problemas me han causado pero eso se va a terminar asqueroso muggle.

Malfoy rió y su risa histérica pareció esparcirse como un veneno por el aire, pero Harry no se movió ni un milímetro.

—No tengo porque darte explicaciones y detesto las etiquetas pero no soy un muggle —musitó enfatizando la última palabra, Severus nunca lo había escuchado tan enojado.

—No me importa, sectumsempra —fue la respuesta de Malfoy mientras un rayo manaba de su varita.

Entonces sucedió lo imposible, desde el suelo Severus alcanzó a ver a Harry extendiendo el brazo para golpear con el dorso de la mano la fuerte luz y repelerla como su fuese un mosquito, lanzándola de tal modo que golpeó la pared contraria.

Malfoy palideció de coraje apretando con mayor fuerza la varita, pero en lugar de seguir atacando desapareció en un parpadeo.

Continuará

N/A: La verdad es que pensaba dejar este capítulo justo después de que Lucius lanzó el rictusempra, pero pensé que sería demasiado malvado dejarles con la duda y mejor los dejo con el misterio, nos leemos en el próximo capítulo y ya saben que leo todos sus comentarios y ya casi termino de contestarlos todos. Besos Quetzalli.