El Mago

El Mago

Autor: Quetzalli

Resumen: Después del ritual en el laberinto de Tor llega el amanecer y con él, la realidad alcanzará a más de un mago cambiando sus decisiones sobre el futuro.

Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus, Hermione -Charlie

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.

N/A: ¡Listo! Cuando vean que me tardo mucho en actualizar no piensen que es un bloqueo de escritor, es un bloqueo de computadora, trabajo, familia… pero por fin terminé y espero lo disfruten. Este es un capítulo de muchas revelaciones.

Capítulo 18
Amanecer

Amanecía en Sheppey del mismo modo en que todas la mañanas se llenaban del dorado resplandor. Dentro de los hogares, las familias iniciaban sus rutinas diarias esperanzadas en que el día que daba inicio fuera benévolo con ellas.

Sólo en una casa de campo el ambiente era sombrío, la casa de la familia Daniels que tenía poco tiempo de haberse mudado. Los rumores aseguraban que el hijo menor de la viuda estaba algo loco y por eso la familia había dejado la gran ciudad para refugiarse en el campo.

A ninguno de los Daniels les preocupaban los rumores. De hecho, sólo uno se mantenía despierto en su disfraz de hermano mayor.

Narcisa Malfoy apenas podía contener el miedo que le provocaba la ausencia de su marido; usualmente Lucius le comunicaba cuando era convocado por el Señor Tenebroso o cuando debía salir, la falta de un motivo para su ausencia era lo que la había mantenido toda la noche despierta.

La chimenea chisporroteó de luz verde apenas unos segundos para que Lucius emergiera del fuego, lo que sólo podía significar que había estado en la Mansión.

—Por todo lo mágico ¿qué te ha pasado? —Narcisa sostuvo la figura tambaleante de Lucius, aprovechando la fuerza del cuerpo que usaba para disfrazarse.

—Tenemos que tomar una decisión muy importante —le dijo Lucius ignorando el hecho de que estaba siendo llevado al sillón más cercano casi como un muñeco inerte, más por inercia que por voluntad propia, con el cabello revuelto y la túnica arrugada.

—Necesitas descansar primero y usar tu disfraz —indicó Narcisa con una seguridad que estaba lejos de sentir—. Falta poco para el desayuno, Draco te podría ver.

—No, debemos decidir si este es el momento para revelarle todo a Draco —insistió Lucius pasando una mano entre su largo cabello rubio para recobrar algo del orden perdido.

—¿Qué ha sucedido Lucius?

—Cuando fuimos con Draco a la clínica vi a su terapeuta, el Dr. Holms y pensé que había descubierto al muggle que tantos problemas ha causado —empezó ha hablar Lucius, con la mirada perdida en los recuerdos—. Él se ha burlado mucho de mí y decidí llevarle su cabeza al Señor Tenebroso, sólo que no era él… quien ha estado causando tantos problemas usó poción multijugos personificando a ese muggle imbécil. Cuando menos lo sospeché estaba enfrentando a los bufones de Dumbledore y entonces sucedió algo inesperado…

—¿Qué cosa? —preguntó Narcisa ante la pausa que Lucius hiciera.

—El que he estado siguiendo no es un muggle como creí, es un mago muy poderoso, lo suficiente como para romper varitas con las manos desnudas o para repeler hechizos con el escudo mágico más poderoso que he visto —recitó Lucius con un dejo de incredulidad en su propia voz—. Él puede vencer al Señor Tenebroso… justo como lo decía la profecía.

—¡La profecía fue errónea Lucius! ¡Tú mismo me lo has dicho! Ese niño no fue más que un squib muy afortunado.

—Harry Potter es un mago muy poderoso, no creo que él mismo sepa cuán poderoso es —musitó Lucius, enfocando en Narcisa la mirada vidriosa de los que han visto una verdad incomprensible—. Fui a la Mansión después de nuestro encuentro, debía saber con exactitud lo que había sucedido así que usé el pensadero de la familia. Estuve reviviendo esa batalla desde todos los ángulos posibles y puedo garantizar que Potter es un mago excepcional.

Narcisa parpadeó varias veces intentado desvanecer la visión de Lucius, sentado en el sillón como si hubiera regresado del juicio del Wizengamont del que apenas salió libre tantos años atrás.

—¿Cómo es posible? —preguntó en un susurro.

—¿Quién puede saberlo? —gritó Lucius—, nadie había sobrevivido a la maldición asesina antes. Pero puedo afirmar que es un mago muy poderoso, lo suficiente como para hacer la diferencia entre la victoria y la derrota. Y no sólo eso…

—¿Acaso hay más?

—¿Qué si lo hay? —resopló Lucius en un típico gesto Malfoy—. Nadie ha reconocido a Potter entre los muggles porque luce ridículamente distinto a su padre y de lejos no puede distinguirse la cicatriz en forma de rayo en su frente, estuve viéndolo con detalle por horas y sé que nunca se ha escondido bajo poción multijugos. No, la poción no era para él.

—¿Entonces para quien?

—Primero pensé que era su bastardo y ninguno de nosotros supo de su existencia hasta ahora, después creí que regresó de la tumba luciendo exactamente igual que hace veinte años pero entonces no actuaría así… No, él encontró el modo de vencer al tiempo y el poder del Señor Tenebroso…

—Me estás asustando Lucius —dijo Narcisa arrodillándose frente a su marido y tomando sus manos entre las suyas—, ¿quién regresó?

—Severus Snape, exactamente igual a la última vez en que lo vi.

—Eso es imposible…

—También lo pensé, pero es cierto. Su cabello era rubio pero no tuvo tiempo de usar un mejor glamour, la misma nariz, los mismos ojos… sólo el cabello era diferente.

—Puede ser su hijo, tendría la misma edad que Draco —insistió Narcisa levantándose y caminando en círculos por el pequeño tapete que estaba en medio de la habitación.

—Tiene la cicatriz en el mentón que le dejó su encuentro con el hombre lobo cuando casi lo mata a los quince años —dijo Lucius tan seguro de sus palabras como del sol que entraba por el ventanal—. Y la cortada sobre la ceja izquierda que consiguió en una batalla donde yo mismo lo curé, por eso no pudo quitársela después.

—Severus está vivo —musitó Narcisa dejándose caer en otro sillón.

—Eso no es lo asombroso, sino que desapareció la marca en su brazo izquierdo —enfatizó Lucius— ¡Snape es libre! De algún modo pudo dejar atrás al Señor Tenebroso y ahora ¡es libre! ¿Entiendes lo que eso significa? Tenemos dos opciones: entregamos esta información al Señor Tenebroso y seguimos manteniendo a Draco oculto por el resto de su vida… o nos unimos a Dumbledore y exigimos que Potter que nos libere de la marca como lo hizo con Severus.

—Una nueva vida —susurró Narcisa incrédula de la segunda opción que acababa de escuchar, un sueño largamente anhelado que ninguno había creído posible hasta ese momento.

—No importa que bando gane después de eso, sin ataduras que nos unan al Señor Tenebroso y su locura podemos vivir en cualquier parte. Draco puede dedicarse a su música muggle si así lo desea. ¡Incluso puede quedarse con Potter! Por lo menos no es un muggle cualquiera.

—Una nueva vida —repitió Narcisa.

—Pero tenemos que decidir antes lo que haremos porque tendremos que quitarle el obliviate a Draco y quizás no me perdone —expresó Lucius su verdadero temor, la razón por la que había estado analizando ese tema por horas dentro de un pensadero.

No había temor más grande en su corazón que perder a su amado hijo.

Despuntaba el amanecer en la Colina de Tor, la visión era irreal en sí misma, desde el laberinto que había dejado de ser una colina adornada por un sendero rodeado de pasto para brillar con el resplandor del fuego mágico, hasta la figura de Harry, ataviado con lo usual, pantalón negro y camisa blanca de manga larga, aunque la gabardina negra que ondeaba ligera ante la brisa simulaba una túnica como las que los tres magos presentes vestían.

No por primera vez Hermione consideró que de haber sido mago, Harry se impondría con su sola presencia, era una fantasía interesante imaginarlo enfrentando mortífagos confundidos por esperar una copia exacta de James Potter, con su cabello revuelto y sus gafas redondas, y en su lugar toparse con un hombre joven, delgado pero fornido, de cabello extremadamente corto y usando lentes de contacto. Su "look" favorito desde que se enteró que el mundo mágico esperaba verlo así. No puedo ayudar a la gente a recuperarse de un ataque mortífago si uno de esos magos piensa que soy Harry Potter, había dicho.

Ahora estaba frente a la Torre de la Tor, con los brazos extendidos y recitando un conjuro como si lo hubiera hecho de siempre.

Como si fuera un verdadero mago.

Pero lo más impresionante era que estaba funcionando, Harry Potter squib declarado, estaba conjurando la energía mágica natural que lo rodeaba, despertando la corriente del Dragón y concentrando todo ese poder en sí mismo.

Aquello hubiese sido aterrador si no supiera que Harry era incapaz de hacer mal uso de ese poder, no como Voldemort. Aún así, ver a su mejor amigo envuelto en un poder superior al suyo, era desconcertante.

—Él no puede ser un squib —escuchó el murmullo impresionado de Charlie.

Podían sentir la vibración de la magia acompañada por un leve zumbido similar al que hace la electricidad, incluso la gabardina de Harry se alzaba a causa de una estática mágica donde él era el centro de la vorágine, su fin y su guía.

Geometría luz y electromagnetismo visual a su alrededor en formas tan caprichosas como los símbolos mágicos que gradualmente dibujaban los magos tradicionalistas en el trigo como un mudo homenaje a la magia antigua de los ancestros y un recordatorio de que el mundo no pertenecía sólo a los muggles o a los magos, sino al equilibrio.

Ahora Harry era el testimonio viviente de esa geometría sagrada, del poder multidimensional encarnado.

Esa noche como ninguna otra, atacó a Draco un profundo insomnio llevándolo a considerar entre otras muchas cosas, desenmascararse ante sus padres a cambio de una dosis de poción para dormir sin sueños. Su mente era una complicada telaraña de intrigas donde su único refugio era el amor que sentía por Harry.

Demasiado tarde comprendió que el esquivo sueño lo había abandonado por completo y no queriendo perder el tiempo, se levantó de la cama iniciando la rutina diaria que le había sido inculcada desde niño y que ni un obliviate podía evitar se realizara.

Los rayos dorados del amanecer entraban por la ventana de la escalera que Draco recorrió disfrutando el recuerdo cómplices de días más tranquilos, cuando recorría el castillo de Hogwarts en busca de Gryffindors rompiendo las reglas. Aún era muy temprano para que la casa empezara a entrar en actividad por lo que le sorprendió escuchar la voz de Lucius su padre, imponente y clara desde el salón de estar donde estaba la chimenea.

Sus padres discutían los descubrimientos recientes, por un momento Draco quiso golpearse así mismo por no considerar las acciones que Lucius tendría, pero conforme hablaban se convencía de que tendría que intervenir, aunque fuera sólo por salvar a Harry y evitar que su padre lo entregara al Señor Tenebroso.

Después de mucho tiempo escucho a Lucius dar el temido ultimátum.

—¿Entiendes lo que eso significa? Tenemos dos opciones: entregamos esta información al Señor Tenebroso y seguimos manteniendo a Draco oculto por el resto de su vida… o nos unimos a Dumbledore y exigimos que Potter que nos libere de la marca como lo hizo con Severus —dijo la voz masculina revelando que su padre no estaba bajo su disfraz de dulce ancianita.

—Una nueva vida —escucho la voz de Steven en un susurro más que incrédulo.

Sus padres siguieron conversando del tema pero Draco no prestó mucha más atención, temía la reacción de su padre: sería ira, desilusión, odio. ¿Cómo saberlo si a pesar de todo estaba vivo gracias a la intervención paterna? ¿Y aceptarían su opinión o lo condenarían a la ignorancia relegándolo a una marioneta?

—Pero tenemos que decidir antes lo que haremos porque tendremos que quitarle el obliviate a Draco y quizás no me perdone —expresó Lucius con un dejo de temor

Eso era todo lo que Draco necesitaba saber, su padre quería que él fuera parte de la decisión familiar, porque a pesar de todo, los Malfoy eran la familia más unida de todas.

—Lo desesperante no es tener que tomar una decisión —dijo su madre con la voz de Steven—, sino que haya sólo dos opciones.

—En realidad son tres opciones —intervino por fin Draco entrando a la sala.

Por un momento el tiempo se detuvo y Draco lamentó no tener una cámara para inmortalizar el segundo exacto en que Lucius Malfoy se quedó sin palabras antes de recobrarse en su imponente y segura persona.

—Sabía que no estarías demasiado tiempo bajo un obliviate, eres demasiado fuerte para eso hijo —sonrió el hombre lleno de orgullo, colocando una mano sobre el hombro de Draco para enfatizar el cumplido.

Narcisa esta al punto del llanto, afortunadamente su poción multijugos estaba terminando su efecto y la bruja se encontró en su propia figura abrazando a los dos hombres más importantes de su vida.

—¿Qué decías de las opciones hijo? —preguntó Lucius cuando los afectos quedaron debidamente demostrados en la privacidad familiar que siempre compartían.

—Que no hay el bando Mortífago y La Orden del Fénix —dijo Draco jugando el todo por el todo con tal de mantener a Harry a salvo del Señor Tenebroso y Dumbledore—, también está el bando libre que podría decirse muggle. A mi me parece que ese bando lo dirige Harry Potter.

—Y supongo que tú puedes hablar con él —sonrió de nuevo Lucius, esta vez con la majestad de quien sabe reconocer el poder en el bando más fuerte.

—Lo haré, pero Harry es una persona muy desconfiada y fuerte —dijo Draco esperando que su decisión fuera la correcta—. No estoy seguro de lo que es capaz, pero sí sé que él impone sus propios límites.

Harry extendió los brazos, del mismo modo que lo hacía las mañanas en que el sol lo llamaba en la seguridad de su casa. Severus no tenía que indicarle nada, lo que era extraño en sí, porque Harry sabía exactamente lo que debía hacer ya que lo había hecho por años.

Recibir el sol. Tomar su bendita energía para que lo inundara por dentro y después, dejarla libre.

La única diferencia es que ahora sabía que no era idea suya el extraño sentir del calor, tan distinto al del resto del día. Ahora sabía que la magia lo había buscado y encontrado.

Conteniendo el aliento, Harry se permitió cerrar los ojos un segundo antes de que los primeros rayos del alba iluminaran el paisaje lentamente, como una caricia que aumentaba ese poder que manaba de la tierra hasta él. Una esencia diamantina, etérica, cristalizada en haces de luz a su alrededor.

Podía sentir la corriente del manantial bajo sus pies. Sabía que podía ordenarle ascender hasta él y que de hacerlo, sus aguas tendrían una propiedad curativa asombrosa, lo suficiente como para borrar errores grabados en la magia más que en la piel. Pensando en eso pidió un poco de ese líquido mágico ascender entre el manto de tierra hasta la superficie, para descansar sobre una piedra lo suficiente profunda para guardar el equivalente a un vaso.

Fue tan sencillo.

Algunas gotas salpicaron el pasto en su viaje, el pasto que tocaron creció sano y fuerte ante sus ojos, lo mismo que surgió un brote de roble como si hubiese pasado un año en unos segundos. Lo más sorprendente para Harry fue saber que se trataba de un roble, un conocimiento que no tendría sin ese poder circundándolo, porque sólo era una rama con algunas hojitas lo que se encontraba ahí.

También sabía de los animales alrededor: insectos, mamíferos y aves. Sabía de la colonia de hormigas lo mismo que del nido de halcón a unas millas, todo a su alrededor y más allá. ¿Qué sería de esas vidas que antes había pasado por alto? ¿Cómo les afectaba una guerra inútil y sin sentido como todas las demás? La naturaleza siempre prevalecía y en un deseo casi caprichoso e infantil, Harry se imaginó usando ese poder para desaparecerlos a todos: magos y muggles, en un castigo contra todos los crímenes hechos al planeta.

Severus estaba cerca del acantilado. No podía matarlo, ni a todos sus amigos, ni siquiera a Holms a quien le gustaría darle una paliza.

—Ahora —susurró Severus después de consultar su reloj.

Faltaban quince minutos para las siete, Harry no pudo evitar sonreír al descubrir que su conocimiento también correspondía al tiempo. No podía seguir jugando con un poder que estaba destinado al bendito equilibrio, así que miró el bello color del cielo iluminándose por los rayos del sol y desvió toda esa magia de sí.

De regreso a la tierra, a la gente, magos o muggles no importaba. La corriente del Dragón se sentía obstaculizada, como una tubería tapada. Entonces entendió Harry lo que Severus pedía de él, liberar la corriente mágica, extenderla y dejarla desbordar por todos lados, en especial sobre aquellas rutas que también conocía porque las había caminado.

Lugares donde la magia estaba corrompida y sucia como lodo pegajoso debían ser limpiados, purificados y con ese sentir, Harry extendió sus brazos dejando que se desbordara el poder hasta que los ríos mágicos pudieran circular solos tan cristalinos como lo estaban en épocas ya lejanas.

Una vez terminado vino el verdadero reto. Abandonar ese poder increíble y seguir la vida como siempre, siendo un squib o guardar un poco para sí. Pero un robo siempre seguiría siéndolo a pesar de las mejor intenciones y Harry sabía que no se rebajaría al nivel del mago tenebroso que odiaba por intentar robar esa fuerza bendita que pertenecía a todos y nadie.

Así que cerró los ojos, despidiéndose de ese poder, abandonándolo de regreso mientras bajaba los brazos a los costados de su cuerpo y sin poder evitarlo se desplomaba en los fuertes brazos del hombre que amaba.

—Llévate el agua —le pidió antes de relajarse por completo y sumirse en el poder del sueño.

—Quien te viera pensaría que lo que bebes es agua —comentó Remus con la cabeza entre sus manos—, deberías dejar de hacer esto ya no estamos en edad de pasar por estas resacas.

—Para eso se inventaron las pociones —dijo Sirius entregando un vial a su mejor amigo.

—No puedes abusar de esto, el que escojas días en específico para embriagarte no niega que seas un ebrio.

—¡Oye! —se quejó Sirius desvaneciendo las botellas vacías y regresando la decoración de su sala a la normalidad.

—Será mejor que lo reconozcas —insistió Remus arreglando su túnica con el siempre confiable e imprescindible conjuro de planchado al vapor para retirar olores y manchas que descubrieron junto con James durante sus correrías como Merodeadores.

Sirius detuvo un momento su tarea de reconstrucción para mirar fijamente a Remus antes de decir con absoluta seriedad.

—Yo no tengo problemas con mi forma de beber.

—Tal vez aún no pero ¿qué pasará cuando te hagas inmune a la poción antiresaca? Sabes bien que los magos van creando resistencia, sobre todo aquellos que la usan seguido.

Sirius bajó los brazos, hasta que cayeron a los costados de su cuerpo, junto con su cabeza, inclinando ligeramente el rostro en un vano intento por intentar ocultar la tristeza y la derrota que sentía cada treinta y uno de Julio.

—No me embriago tanto —dijo luego de una pausa insoportable para sí mismo—. Sólo intento olvidar un poco.

—¡Exacto! No estás resolviendo nada Sirius. ¡Deberías intentar hablar de nuevo con él! Ahora es un hombre que puede comprender mejor las situaciones.

—Harry fue muy claro, dijo que no quería verme de nuevo. No puedo llegar ahora y decirle "¿te acuerdas de mí? ¡Soy tu padrino! Quiero que empecemos una relación fraternal de nuevo"

—¿Alguna vez tuvieron una? —preguntó Remus extrañado. Eso hizo que Sirius se desmoralizara aún más por lo que agregó—. Siempre hablas de Harry como si tuviera un escudo mágico a su alrededor que te impidiera alcanzarlo… sin ofenderte, creo que nunca tuvieron una relación fraternal.

Los dos hombres se desplomaron en los sillones más cercanos, la limpieza hogareña olvidada en aras de un extraño momento de raciocinio donde Sirius estaba hablando de lo que sentía por su ahijado, la culpa y los remordimientos.

—Tengo tantas ganas de verlo de nuevo, saber como está. Pero no me atrevo —reconoció Sirius.

—¿Por qué no analizas tus recuerdos? —dijo Remus en un ataque de inspiración—. Puedes usar el pensadero de tu familia y verlo de nuevo, aunque sea para descubrir que salió mal entre ustedes.

—No es mala idea —reconoció Sirius levantándose contagiado por el entusiasmo de su pareja.

Ambos terminaron la limpieza con un par de conjuros antes de dirigirse hasta el ático donde guardaban las cosas que no estaban impregnadas en magia negra y que quizás fueran útiles algún día.

—¿Quién preparó la poción antiresaca? —preguntó Remus mientras subían las escaleras.

—Severus ¿por qué?

—Eso explica porque nuestra mente estuvo clara y nuestros sentimientos tranquilos a diferencia de todas las demás veces que logras convencerme de embriagarnos.

—Sabes Remus, acabas de quitarnos todo el mérito de esa conversación —gruñó Sirius al abrir la puerta del ático.

Severus esperaba un despliegue mágico impresionante. La realidad rebasó sus expectativas cuando un torrente mágico los inundó por completo y todo gracias a Harry.

Su Harry.

Un hombre admirable en más de un aspecto. La férrea voluntad que demostró al reactivar el flujo mágico sin buscar un provecho para sí mismo era sorprendente. Pudo ver en Harry el deseo de conservar esa magia y ser desechado en cosa de segundos, y ahora estaba demasiado fatigado para continuar en pie. Pero no tenía que estar en pie porque Severus estaba a su lado para sostenerlo.

—Apenas puedo creer lo que vi —escuchó a Charlie exclamar admirado, apenas conteniéndose de saltar entre el campo que había florecido ante la mágica intervención.

—Yo todavía no puedo creerlo —dijo Hemione en un hilillo de voz—. ¿Cómo pudo…?

—¿Controlar el flujo mágico o regresarlo por completo? —la molestó Severus sólo por diversión.

—¡Ambas cosas!

—Me parece que Harry es un mago muy especial, no sé cómo lo logró porque lo que acabamos de presenciar está más allá de nuestra comprensión de la magia —explicó para no tener a la bruja encima haciéndole miles de preguntas—. Lo que hizo hoy fue posible porque no ambiciona el poder, dudo mucho que cualquiera de nosotros pudiéramos hacer lo mismo, estamos demasiado acostumbrados a buscar, aprender y mejorar nuestro poder mágico constantemente.

Eso pareció calmar a sus compañeros que guardaron un discreto silencio mientras Severus sacaba un frasco vació de su túnica para recoger el agua que Harry le había pedido, una vez cumplido el encargo, levantó a Harry en brazos para recorrer el laberinto de regreso al lugar donde habían aparecido al principio.

—Las luces se apagaron a nuestro paso —comentó Charlie con un silbido asombrado una vez que llegaron a la entrada del laberinto.

—Justo como lo esperaba —comentó Severus—. ¿Acaso querían que los muggles descubrieran luces inexplicables en un lugar turístico como este?

Segundos después, habían aparecido en casa de Harry, compartiendo las impresiones de la noche, extrañamente llenos de vitalidad como si no hubieran pasado toda la noche despiertos.

Aproximadamente a las nueve de la mañana Harry despertó a causa del olor a tocino frito y tostadas que Hermione preparaba mientras Charlie servía la mesa. Severus tenía la nariz inclinada en un pergamino lleno de runas acariciando de tanto en tanto a Heidi que ronroneaba tranquila recostada sobre sus piernas. Cualquiera diría que a mi gato le gusta mi novio más que yo pensó Harry considerando de quien se sentía celoso, de Heidi o de Severus.

—Primero el desayuno y luego las preguntas —dijo Severus luego de un breve beso en la boca.

Harry consideró que aquello era algo a lo que podía acostumbrarse muy pronto así que se olvidó de los remilgos y pronto los comensales disfrutaron de ligera charla amena.

—¿Por qué yo? —peguntó al fin Harry cuando lo único que tenían frente a ellos era una deliciosa taza de té.

—No es ningún secreto que el motivo porque te atacaron de bebé fue la existencia de cierta profecía… —empezó a e explicar Severus pero Harry lo interrumpió.

—Si, si, una patraña que me señala como si fuera especial, un ser elegido o algo así —musitó Harry con cierto sarcasmo que a Severus le pareció ligeramente encantador pero se cuidó de decirlo.

—Aún cuando no soy partidario de la adivinación, reconozco que no todas las profecías son patrañas —continuó Severus—. Hablando de esta profecía en particular, temo tener que informarte que es cierta.

—¿Pero cómo? ¡Se supone que soy el elegido para matar a ese loco con cara de serpiente!

—No lo creo pero es fácil confundirse si no se ha escuchado la profecía completa, yo por mi parte soy de los pocos que lo han hecho principalmente porque fue una de mis peticiones a Dumbledore al regresar a esta época.

—¡Conoces la profecía! —chilló Hermione—. Por años pedí que me la dijeran para decírtela Harry.

—Me parece que Dumbledore no quiere que nos desmoralicemos si creemos en una profecía que señale nuestra perdición —enfatizó Charlie, golpeando con fuerza la mesa, lo que ocasionó un maullido molesto por parte de Heidi.

—Si no está dispuesto a aceptar las complicaciones de una profecía, entonces quizás Dumbledore no deba creer tanto en ellas —dijo Severus sacando un pequeño pergamino de su túnica—. "El único con el poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca…Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes… Y el Señor Tenebroso lo señalará como si igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce… Y uno de los dos tendrá que morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida".

—Ahora entiendo porque no quiere que nadie se entere —susurró Hermione con el rostro lívido.

Severus guardó de nuevo su pergamino y miró los rostros de sus compañeros para encontrarse con ira, incredulidad y desilusión.

—Vamos no me vean así. ¡Esto es perfecto! —exclamó intentado levantar el ánimo lo que se sentía bastante raro teniendo en cuenta que era él quien siempre parecía sombrío.

—¡Yo no quiero matar a nadie! —gritó Harry casi al mismo tiempo que Hermione y Charlie discutían sobre Longbottom.

—Tal vez no tengas que hacerlo.

—¿No? Severus, acabas de decir que uno de los dos tendrá que morir a manos del otro —Harry estaba francamente al borde de un colapso.

—Y ya pasó ¿recuerdas? Él intentó matarte y te señaló como su igual al dejarte una cicatriz, luego tú mataste su cuerpo físico al hacer que su propia maldición lo atacara. Las palabras finales de la profecía nos dicen lo que ya pasó. Verán la gente tiende a interpretar que todo tiene un orden y piensan que el que ellos creen es el correcto, pero no lo saben. Por eso Dumbledore teme que el Señor Tenebroso conozca la profecía completa —explicó Severus con calma, tranquilizando a sus tres escuchas con sus razonamientos—. Lo que debe de importarnos de la profecía es aquello de que tienes un poder que el Señor Tenebroso no conoce, porque creo que así es.

Harry estaba paseando por la cocina con los brazos cruzados al escuchar a Severus, se detuvo un momento y agitó los brazos sobre su cabeza antes de hablar.

—¿Qué poder tengo que no tenga cualquier otro mago? Soy un squib ¿recuerdas?

—Pero pudiste abrir la corriente del Dragón —enfatizó Severus mientras veía a Hermione sumar dos más dos.

—¡Gran cosa! —se encogió de hombros Harry.

—¡Pero lo es! —intervino la joven bruja—. Voldemort ha estado haciendo todos esos ataques durante todos estos años para poder controlar las corrientes mágicas, anclan todo desde lejos y dan un solo golpe al final por eso lleva tanto tiempo conseguirlo y aún así se necesita más de un mago para lograrlo con éxito. Nosotros tres no hubiéramos podido conseguirlo sin ti, fuiste tú quien logró abrir la corriente mágica, purificarla y regresarla a su cause.

—¿Quieren decir que no cualquiera puede hacerlo? —tartamudeó Harry asombrado.

—Prácticamente nadie vivo desde el tiempo de los fundadores de Hogwarts —afirmó Hermione.

—Por eso creo que no eres un squib Harry —consideró Severus, oportuno enfatizar—. Quizás el poder que el Señor Tenebroso no conoce es uno que otros magos ignoran también, no será muy espectacular pero te permite controlar el flujo mágico de enormes corrientes mágicas como la del Dragón, letales conjuros oscuros como el de Lucius Malfoy que detuviste con las manos e incluso romper varitas sin ningún problema.

—¿Haz roto una varita? —preguntó asombrado Charlie.

—Lo hice, creí que era algo que todos los muggles podían hacer en una emergencia.

—Si todos pudieran la guerra no sería contra Voldemort, sino contra los muggles —musitó Hermione aún en estado de shock.

—Severus, tú piensas que se ha puesto en marcha la caída del Señor Tenebroso ¿cierto? —preguntó Charlie, en sus ojos un brillo esperanzado.

—Espera a verlo durante la próxima redada, van a caer cabezas mortífagas cuando se de cuenta de que ha perdido el control de las corrientes mágicas —respondió Severus.

—Esa es la mejor noticia que puedo recibir —dijo Harry sentándose por fin después de pensar en todas las implicaciones— ¿Eso quiere decir que después de todo soy un tipo muy extraño de mago?

—Yo diría que eres único —lo besó Severus después de rodearlo en un abrazo confortante.

Charlie levantó su taza de té frío saludando a la pareja.

—Brindo por eso.

Continuará

N/A: ¿Qué les pareció? Quiero agradecer infinitamente por todos sus mensajes de apoyo a todos mis fics.

Nos vemos pronto, besos quetzalescos y muchos abrazos.