El Mago
Autor: Quetzalli
Resumen: La Orden del Fénix ha decidio que ha llegado el momento de hablar con Wizard, líder de los muggles. Lo que ellos no saben es que él tiene sus propios planes.
Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus, Hermione -Charlie
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
Capítulo 20
Reuniones
Draco recordaba que de niño la vida era muy sencilla, luego tuvo que ir a Hogwarts, pero las vacaciones conservaban ese aire tranquilo de su infancia.
Hasta el retorno del Señor Tenebroso.
Entonces las visitas a casa estaban salpicadas de noches donde él su madre esperaban el regreso de su padre a casa. Sentados en la sala, fingiendo que leían porque no había nada más de que hablar en un lento suplicio que se rompía con la llegada de Lucius.
No era un recuerdo agradable, pero era mucho peor revivirlo de nuevo. Draco se repitió que ese fue uno de los motivos por los que aceptó ser mortífago, para poder estar al lado de su padre y protegerlo.
Lucius apareció a media mañana.
Luego de los abrazos de rigor llegaron las explicaciones, lucía satisfecho consigo mismo.
—Él Señor Tenebroso está muy molesto —anunció.
—¡Por todo lo mágico Lucius! Es cuando se vuelve más violento y maldice a todos.
—Por todos lo mágico es por lo que está molesto. ¡Intentó consumir toda la magia! Potter lo detuvo y ahora está más molesto. Pero la magia está a salvo, las siguientes generaciones Malfoy seguirán siendo mágicas.
—¿No quedan secuelas por haber participado en semejante ritual —preguntó Draco intentando no tener que conciliar la imagen de su padre, el orgulloso y poderoso mago con un posible squib.
—Seguramente, pero yo no participé. Anoche no cobré ninguna vida.
Los tres Malfoy guardaron un momento de silencio evaluando todas las implicaciones de las recientes acciones del patriarca de la familia.
—Pídele a Potter una reunión hijo, estoy dispuesto a entregarme a los inútiles de Dumbledore o a los muggles si él lo pide… ya no puedo seguir a un lunático capaz de poner en riesgo la vida y magia de mi familia.
Draco sonrió. Al parecer las cosas si podían cambiar.
—Lo llamaré de inmediato.
—Debo hablar con él —insistió Dumbledore con la misma superioridad que algunos maestros utilizan para hacer saber a los alumnos cuan ignorantes y estúpidos son y ella odiaba que sus profesores intentaran hacerla sentir tonta.
—Alan es que tiene su confianza —chilló Hermione derrotada después del intenso escrutinio bajo esa mirada azul—. No querrá venir sin él.
Y era cierto, al finalizar todo Hermione le había telefoneado a Harry para saber como estaba y pedirle que fuera a los cuarteles de la Orden del Fénix. No le había dicho lo delicado que estaba Severus por temor a su reacción pero Harry había sido muy claro con su decisión de no acudir sin su compañía. Aunque prometió considerar la posibilidad.
—No veo porqué eso es un problema —sonrió misteriosamente Dumbledore. Ninguno de la Orden quiso contrariarlo.
El asunto era que Severus había sido golpeado por demasiados desmaius al mismo tiempo junto con otra maldición desconocida que en conjunto lo hacía sangrar sin que nadie pudiera sanarlo, hasta el momento Poppy sólo había logrado evitar se desangrara a base de pociones y conjuros. No era ninguna sorpresa que no hubiera despertado.
Así que de la manera más irreal Hermione y Charly esperaba encontrarse con Harry en el estacionamiento de un lujoso centro comercial, luego de una llamada telefónica que hiera Tonks imitando a Severus. ¡Con su mismo celular!
—Debimos advertirle —refunfuñó Hermione para Charly a la primera distracción de Tonks. Desde la noche anterior pareciera eran vigilados todos sus movimientos y eso le desagradaba aún más
—No es necesario —la besó Charly en la mejilla par tranquilizarla—. Harry sabe que hay peligro, de otro modo nos habría invitado a su casa y no a un estacionamiento.
Tonks regresó de su breve recorrido, tenía horas practicando la forma de caminar de Severus, aún no la perfeccionaba pero se acercaba bastante. A Harry le tomaría dos minutos ver la suplantación en lugar de un minuto.
—¿Cómo debo saludarlo? —preguntó Tonks con su mejor imitación de la voz de Severus.
—Olvida lo que dijo Sirius y no lo beses —dijo Charlie, eso le daría a Tonks un poco más de tiempo y evitaría que Harry o Severus tomaran represalias después.
—Es mejor que lo trates como Alan trataba a Draco Malfoy —agregó Hermione—. Tengo entendido que eran buenos amigos.
Eso pareció relajar a Tonks lo suficiente como para saludar a Harry con la soltura necesaria para aparentar que lo conocía.
Harry llegó caminando, el paso resuelto y la mirada altiva. Vestía de negro y cubría su cicatriz con un sombrero igual al de Indiana Jones. Hermione sonrió, Harry lograba una mejor imitación de Severus, lucía en verdad intimidante.
—Ha llegado el momento que te presentes ante La Orden del Fénix —declaró Tonks luego de insulsos minutos de plática de relleno.
Harry sonrió del modo que no presagiaba nada bueno antes de aceptar.
—Yo conduzco —dijo sin dejar lugar a discusiones.
El lugar era un asco. Sombrío y tenebroso debió haber visto mejores tiempos pero ahora no era más que una vieja casona con cuadros cubiertos por tela donde se reunían un puñado de magos y brujas apenas mayor en número que El Grupo de Rescate. Decepcionado Harry se sentó entre Hermione y el falso Severus.
—...porque la derrota de Voldemort representa un gran beneficio para nosotros y los muggles —concluyó el viejo Dumbledore su aburrida exposición lava cerebros para intentar manipularlo. Eso era lo que más enfurecía a Harry, que el viejo se creyera omnipotente y no aceptara sus errores.
Se acomodó el sombrero para verificar que no revelara su identidad y ganar algo de tiempo antes de tener que contestarle a Dumbledore que parecía esperar de Harry su alma ¡Cómo si eso fuera a suceder! Un viejo mago con un ojo falso lo miraba incrédulo y no dejaba de rascarse la cabeza, dando la impresión de que esperaba que Harry descubriera su verdadera identidad, algo que no estaba dispuesto a hacer aún y se escudaba en el hecho de que había varios magos con sombreros en la misma mesa para ignorar las leyes de cortesía de rigor.
—¿Qué espera de mí? —decidió atacar Harry de frente.
—Ayuda, sólo eso —musitó Dumbledore con su voz de ancianito sabio y tierno—. Un poco de cooperación.
—Los muggles que dirijo no son luchadores, son rescatistas. Lo único que hacemos es salvar vidas.
—¡Igual que nosotros! —intervino un mago que sólo podía ser Sirius Black, ligeramente mayor a como lo recordaba, más sano y al parecer un poco más sabio que el obtuso exconvicto que no tenía idea del tacto ni de las indirectas.
—No, ustedes siguen su juego, destruyen al intentar contenerlo, ¡ni siquiera intentan vencerlo! Pero lo que quieren de mí no es apoyo para rescatar magos de los escombros, que lo hemos hecho desde el principio, sino una fuerza que ayude a inclinar la balanza a su favor para vencer a Voldemort.
La mayoría de los presentes se estremeció al escuchar el nombre del asesino, como si fueran un montón de ratoncitos asustados.
—Sin Voldemort no habrá más muertes —replicó Dumbledore—. Ya antes habíamos vivido en paz con los muggles sin afectarnos mutuamente, para eso son los secretos que nos protegen cómo bien lo sabes por ser un mago.
—Usted cree que lo sabe todo —dijo Harry disfrutando cada segundo de incomodidad que le creaba al vejete.
—Nosotros te vimos enfrentando a Voldemort anoche, debo reconocer que ese fue un gran despliegue mágico. Tu acento es inglés aunque no recuerdo haberte visto en Hogwarts, claro que no recuerdo con claridad a todos los alumnos excepcionales —lo aduló Dumbledore intentando descubrir la identidad de "Wizard".
—Se debe tener cuidado con lo que se pide, podría concederse —lo retó Harry—. No están preparados para saber quien soy.
—Pruébanos —insistió Dumbledore.
—De acuerdo —se levantó Harry y comenzó a rodear la mesa—. No soy un muggle, pero tampoco soy un mago, aunque les garantizo que soy más astuto que ustedes porque yo sabía que estaban atacando los ríos mágicos hace varios años. Por cierto esa caracterización de "Curse" es malísima, el disfraz está bien pero no lo conoces lo suficiente —le dijo directamente al doble de Severus por detrás, cerca de su oído sujetándolo por los hombros. Después de un leve estremecimiento apareció una mujer joven de cabello rosado temblando como una gelatina.
Un murmullo general se dejó escuchar en el breve intercambio de ideas que los magos tuvieron mientras Harry dirigía su ataque a Black y el hombre que estaba sentado a su lado.
—Ustedes son buenos pero les cuesta trabajo ver el todo, sólo se lanzan como una jauría contra su presa sin detenerse a considerar estrategias o daños. Sólo ven lo que quieren ver —les recriminó fijando la mirada en Black hasta que no pudo más el hombre y desvió el rostro.
—¡Gracias a nosotros Ya-sabes-quién no ha controlado el mundo mágico ni el muggle! —gritó un pelirrojo de la misma edad que Harry quien debía de ser sin lugar a dudas un Weasley. ¿Cómo podía alguien como Charlie tener un hermano tan idiota? Igual que tú tienes un primo estúpido, le dijo su voz interna imitando a Severus.
—Te equivocas, ha sido gracias a mí que no ha logrado imponer su locura al mundo —dijo Harry entendiendo cabalmente todo lo que Severus le había dicho, incluyendo la profecía.
Era hora de aclararlo todo, la guerra debía terminar y él era el único que podría hacerlo. Miró de frente a Dumbledore con su mirada más dura, nadie iba a jugar con la mente de Harry Potter, no en balde era uno de los mejores terapeutas psiquiátricos de Reino Unido.
—Ustedes son quienes me necesitan, no al revés y será mejor que lo tengan bien en claro porque saben que es cierto. Fui yo quien evitó anoche un desastre mágico, yo quien ha frustrado los planes de Voldemort por años y soy yo quien hará la diferencia —una mirada y cualquier reclamo fue callado entre los miembros de la Orden del Fénix—. No se engañen, vine porque quería venir, no porque su amiguita tuviera la facultad de convencerme.
—¿Espera que confiemos en usted por completo Wizard? —Habló por fin Dumbledore comprendiendo que no podría manejarlo como a una marioneta— ¿Sin siquiera conocer sus verdaderos motivos?
—Mis motivos son muy sencillos y mi identidad también pero no diré más hasta ver al verdadero Curse.
—Él está muy grave —reconoció Dumbledore con más pesar del que sentía en verdad—. Resultó gravemente herido anoche.
—Mayor razón para que lo vea —dejo Harry y agregó con fastidio— ¡Vamos no es como si fuera a intercambiar secretos de Estado con él! Es más, si quieren pueden venir o traerlo aquí.
Decidieron llevarlo a la habitación de Severus porque no podían moverlo en exceso, pero decidieron acompañarlo Dumbledore, Black y su amigo. A Harry no le importaba, todo lo que quería era ver a Severus.
Estaba recostado. Lo primero que saltaba a la vista era su extrema palidez, después los frasquitos vacíos en una mesita cercana porque el bote de basura se encontraba atiborrado y no cabía ni uno más. La bruja que lo cuidaba se enderezó después de obligarle a beber otro de esos frasquitos.
—¿Cómo se encuentra? —preguntó Dumbledore sin molestarse a presentarlo.
—Igual —respondió la bruja ignorando a Harry—, si no descubro pronto la maldición que usaron morirá, su cuerpo está dejando de asimilar las pociones para renovar su sangre.
Pérdida de sangre. No era ningún secreto a juzgar por las vendas manchadas de rojo pegadas al cuerpo de Severus.
—Esa maldición no podía ir dirigida a él —afirmó Harry acercándose lo suficiente para revisar las heridas.
—Él me salvó —reconoció Dumbledore, quizás su pesar no fuera tan fingido.
Más tarde Harry se preguntó que lo había llevado a hacer lo que hizo, quizás fuera su amor por Severus o su nuevo descubrimiento sobre la magia, o tal vez una mezcla de ambos, el punto fue que al tocar el cuerpo de Severus pudo sentir la fuerza mágica de la maldición y el poder del mago por evitar sucumbir a está.
Eran dos fuerzas claras y definidas, lo suficiente para que, en un arranque de genialidad, Harry tomara la fuerza oscura de la maldición entre los dedos de su mano derecha y con la misma fuerza que usaba para arrancar la yerba del jardín de tía Petunia, tiró de la maldición obligándola a liberar a Severus. Después de una breve consideración, Harry decidió lanzar la maldición agonizante contra el bote de basura que estalló lanzando una lluvia de pequeños cristales que Harry contuvo haciéndolos flotar medio metro y regresó al bote evitando que nadie resultara herido.
—No puedo creerlo —dijo la bruja que corrió a revisar a Severus.
—P-por eso... no po-demos hacer-lo nos-otros —se escuchó el susurro apagado del mago que alcanzó a sujetar la mano de Harry que descansaba en su pecho mirándolo como si acabara de encontrar el tesoro más preciado.
—¿Te sientes mejor?
—Dame un par de horas y un buen almuerzo —sonrió Severus ignorando a todos los demás a su alrededor—, a menos que tengas prisa...
—¿Olvidas que estoy desempleado? —rió Harry tomando posesión de la silla más cercana.
Al cabo de un rato la bruja que se presentó como Madame Pomfrey, trajo una bandeja repleta de comida que Severus devoró con inusual ahínco. Dumbledore y Black habían regresado para atender su junta y sólo quedó el mago a quien Harry logró identificar.
—Tú fuiste quien me pidió que no jugara con los sentimientos de Severus.
Tanto Severus como el mago lo miraron sorprendidos.
—¿Amenazaste a Harry?
—No, sólo le pedí que no rompiera tu corazón de piedra —se defendió el mago y acusó— ¡Sabe tu verdadero nombre!
—Y su verdadera historia ¿dónde está tu perro? —dijo Harry restándole importancia.
—Salió —atinó a decir el mago que Severus presentó como Remus Lupin.
Pronto los tres se enfrascaron en una plática amena ante la clara desaprobación de Madame Pomfrey.
Ahora Remus entendía que Severus se hubiera enamorado del misterioso Wizard, no sólo era un hombre joven atractivo, sino inteligente y astuto, poderoso y sencillo, con un gran sentido del humor. A todas luces un líder nato.
Tenía menos de una hora de platicar con él y estaba seguro de que podrían llegar a ser muy buenos amigos si tan sólo Wizard se abriera un poco más, aunque tomando en cuenta su situación, el que no fuera confiado le daba a Remus la seguridad de que sabía en lo que se estaba metiendo y que podría reaccionar con la suficiente sensatez en los momentos difíciles por venir.
—Será mejor que te deje descansar o esa señora va a terminar lanzándome por la ventana —bromeó Harry después de retirar un mechón imaginario de la frente de Severus.
—Ten cuidado —le susurró el hombre, Remus jamás lo había visto tan abierto.
—Siempre —besó Wizard su frente—. Vamos abajo, temo por la cordura de todos ustedes si los dejo demasiado tiempo con el viejo.
Remus no contestó, ambos sabían que él era su escolta y ni siquiera una breve conversación con vistas a amistad podría borrarlo, además él tenía razón y era hasta cierto punto refrescante escuchar a alguien hablar de Dumbledore como si no fuera un ser especial.
Remus y Wizard se reunieron de nuevo con los miembros de La Orden del Fénix en pleno, ninguno se había marchado, con seguridad esperando echar una nueva mirada a aquel mago capaz de vencer maldiciones desconocidas de forma tan inusual.
Wizard regresó a su asiento previo con una seguridad envidiable. Parecía que se estaba divirtiendo de las reacciones generales, los cuchicheos asustados y las miradas incrédulas.
—Si quieren mi ayuda en esta guerra estas son mis condiciones —dijo sin rodeos—: tendré el derecho de no participar en las acciones cuando quiera, sin ser cuestionado, quiero asistir a todas las decisiones y tener voto en ellas. A cambio compartiré toda la información que he reunido y los apoyaré en todo lo posible para enfrentar al bastardo.
—¿Es un juramento mágico? —preguntó Dumbledore con esa mirada que tanto molestaba a Remus, como si estuviera evaluando cuánto provecho podía sacar de las palabras de Wizard.
—¡Por supuesto que no! —sonrió Wizard levantándose como un conquistador triunfante—. Ustedes aún no aceptan. Descuiden, les daré tiempo. Discútanlo y me hablan, tienen mi número —luego agregó pensativo—. También consideren la posibilidad de que alguien me acompañe a la próxima reunión, sería provechoso para ambas partes.
Con eso se despidió y luego de una fiera discusión la Orden acordó permitir la entrada de ese misterioso visitante.
¡Si tan sólo la otra decisión fuera tan sencilla!
—.…no podemos permitirte tanto poder a un desconocido —concluyó Moody.
—¿Tanto? —gritó Granger haciendo notar lo obvio— ¡Son los mismos derechos que tenemos todos nosotros! Saber de las juntas, poder votar, negarnos a participar si lo queremos.
—Nunca te has negado a una misión —le recordó Neville.
—Porque quiero ayudar tanto como cualquiera de ustedes, el saber que puedo decir no me recuerda que no somos como los mortífagos que le deben obediencia a su amo. Eso es lo que quiere Wizard, poder sobre sí mismo.
—Suficiente —intervino Dumbledore quizás un poco alterado—. Propongo aceptemos sus condiciones y le pidamos mañana mismo sellar el acuerdo con un juramento.
Todos aceptaron. Charly y Granger a regañadientes.
—Y una vez más permitimos que Dumbledore decida bajo la ilusión de que todos votamos —dijo Sirius horas después, cuando todos se marcharon, desparramado en su sillón favorito igual que un perro faldero.
—No digas eso —intentó tranquilizarlo Remus.
—¿No? —ladró Sirius con amargura—. Igual me envolvió cuando me pidió dejar a Harry en paz.
—Nunca me contaste eso.
—Me avergonzaba haberme dado por vencido, recuerdo que luché tanto como Charly y su chica, pero igual perdí como ellos perderán su espíritu de lucha.
—¿Lo he perdido yo? —Remus se sentó a su lado, atrayéndolo hacia sí en un abrazo.
—No, eres como un viejo lobo astuto que sabe engañar al que se cree su dueño pero que sigue siendo libre en su corazón. Yo en cambio soy un pobre perro demasiado acostumbrado a su correa.
Remus se levanto y jaló a Sirius con él.
—¡Vamos! Sacude esas pulgas y olvida tu correa ¿quieres intentar hablar con Harry? ¡Hazlo! Pero antes recapitula lo que hay entre ustedes.
Sirius volvió a sonreír mientras subían por el pensadero. Con verdadera angustia Sirius depositó algunos de sus recuerdos en la vasija y juntos entraron.
Aparecieron en una sala de estar impecablemente limpia, las paredes cubiertas de retratos de un puerquito rubio tan redondo como un balón playero que semejaba un niño. Sirius estaba sentado en medio de un sillón el único lugar que no parecía hundido por el uso marcando una enorme silueta; frente a él, estilo hindú estaba sentado un niño delgado de cabello desordenado y gafas en la nariz. Remus asoció el recuerdo de James con el aspecto terriblemente familiar de su hijo.
—… entonces tu mamá apareció y me descubrió intentando subirte a una escoba. Me persiguió por todo el patio hasta que le pregunté quién te estaba cuidando y como no se acordaba regresó corriendo para encontrarte en brazos de tu papá —rió Sirius.
Harry sonrió un poco.
Aquella era una pequeña sonrisa, pero hizo brillar sus ojos verdes lo suficiente para que Remus recordara lo joven que era.
Una sombra se dibujó desde la cocina y Harry dejó de sonreír, su gesto ahora era preocupado y ansioso. El Sirius del recuerdo no lo notó pero el Sirius presente sí lo hizo.
—¿Qué diablos fue eso? —le preguntó a Remus.
—¿Cómo voy a saberlo? Es tu recuerdo.
Ambos caminaron hasta los límites de la cocina visibles. Nada. Mientras tanto Harry se despedía con el pretexto detener que estudiar y el recuerdo terminó.
La misma sala los recibió en el momento justo en que Harry le habría la puerta a su padrino.
—No quiero estar aquí —dijo a modo de saludo saliendo a la calle. La enorme silueta se apareció de nuevo cuando la puerta se cerraba.
—¡De acuerdo! ¿A dónde quieres ir Harry?
—Lejos, muy lejos.
—Se preocuparán tus tíos —comentó Sirius.
—Vayamos al parque —dijo derrotado Harry luego de una pausa.
El camino al parque no fue muy largo, pero si algo incómodo. La gente los miraba de reojo mientras cuchicheaban, algunos niños corrieron asustados y una mujer que caminaba en la misma acera en sentido contrario decidió atravesar al sentido contrario en cuánto los vio.
—¡Soy inocente y libre! Me exoneraron —le gritó el Sirius del recuerdo molesto.
—¡Qué genial debe ser libre! —comento Harry en un murmullo triste apenas audible.
—Lo es, todos los días soy dueño de mí mismo, tomo mis propias decisiones —dijo Sirius orgulloso, sin notar como poco a poco, la figura de Harry se encorvaba y su caminar era más lento.
—¡Qué delgado era! —musitó el Sirius actual. Remus también hizo notar un moretón oculto bajo la manga de la enorme camisa que Harry vestía.
—¿Por qué no me llevas contigo? —dijo Harry, muy serio, en los ojos un extraño brillo y las manos apretadas en rigurosos puños.
—¿Dejarías a tus tíos para vivir conmigo? —había en esa pregunta tanto temor como gusto y esperanza.
Harry abrió la boca pero no dijo nada, su mirada se desvió hacia un muchacho rubio, enorme y regordete que lo miraba amenazante apretando un puño con la otra mano como si triturara algo.
—Estoy bien aquí —dijo quizás con demasiada fuerza—. Pero tú eres mi padrino y… tal vez…
—Ahora no puedo, es peligroso y no quiero arriesgarte —respondió Sirius no sin un deje de dolor—. Cuando todo termine vendré por ti y te llevaré conmigo.
—No lo entendí entonces —la angustia del Sirius actual era casi palpable. Luego quiso justificar su ceguera— Dumbledore dijo que Harry corría peligro fuera de la protección de sangre, que aún como squib era un símbolo y querrían matarlo.
La escena cambió antes de que Remus pudiera contestar. Nuevamente se encontraban en la casa Dursley, aunque esta vez sólo frente a la puerta de entrada. Sirius miraba la puerta con gesto impaciente, claramente llevaba bastante tiempo esperando, justo en el momento en que iba a tocar el timbre de nuevo la puerta se abrió un poco revelando la figura delgada de Harry, por lo menos en parte.
—¿Qué sucede? —bromeó Sirius— ¿No me invitas a pasar o saldremos a dar la vuelta?
—No quiero que regreses —dijo Harry sin más preámbulos— el verte me daña, es… doloroso saber que eres un mago y yo no puedo serlo… así que no quiero verte más.
—¿De qué hablas Harry?
El muchacho volteó discretamente la mirada e inclinó la cabeza hacia un lado mirando a Sirius murmuró entre dientes con mucha ansiedad.
—No puedo vivir más así, necesito que mi vida sea más tranquila. Yo no puedo seguir aquí contigo viniendo a cada momento. ¡Será mejor que te decidas! Si quieres que esté contigo o con mis tíos pero no a medias.
—¡Qué! —gritó Sirius.
Harry volvió la mirada de nuevo pero esta vez tenía miedo, ira y desesperación.
—¿NO ENTIENDES QUE NO PUEDO SEGUIR ASÍ? ¡Eres el más idiota de los idiotas! —estalló—. En serio, vete y no regreses.
La puerta se cerró en la nariz de Sirius.
Los dos magos se encontraron fuera del pensadero, asimilando la sucesión de imágenes, sentimientos e ideas. Por fin, luego de una pausa que se antojó eterna, Remus dijo:
—Harry tiene razón Sirius, eres el más idiota de los idiotas.
—No puedo creer que fuera tan estúpido —dijo Sirius casi en el suelo, con la cara entre las manos.
Remus sólo lo había visto tan débil cuando Harry lo exilió de su vida. Tenía ganas de abofetear a Sirius, de sacudirlo muy fuerte, pero también quería abrazarlo y consolarlo.
Ahora entendía.
Se sentó al lado del animago, sin tocarlo, empezó a hablar.
—Cuando regresaste Dumbledore dijo que debías recuperarte y terminar con todos tus pendientes antes de integrarte a La Orden del Fénix, por eso le pidió a Slughorn te diera esas pociones fortificantes. Tampoco lo entendí entonces, pero él dijo "terminar" con demasiada certeza, la suficiente como para que ahora me pregunte si sólo bebías "pociones fortificantes".
Sirius lo miró con la esperanza de un niño que acaba de escuchar que no fue él quien se acabó las galletas del tarro.
—Tampoco es algo que pueda afirmar —agregó Remus para evitar que Sirius perdiera el control de sus emociones.
No hubo explosiones ni mubles volando para estrellarse en las paredes, Sirius sólo se puso de pie, ayudó a Remus a levantarse, guardó el pensadero y caminó a la cocina donde dio tres vueltas a la mesa, clara señal de que estaba tomando una decisión importante.
—Tengo un asunto pendiente que nubla mi juicio por el momento —dijo al fin, con firmeza y seriedad—. No puedo trabajar en La Orden mientras no termine con ese asunto, así que será mejor que lo arregle antes de volver.
—Sirius, mañana vendrá Wizard de nuevo.
—Es un gran mago, uno muy inteligente y si alguien como Severus Snape confía en él, yo le doy mi voto a favor, no me necesitan para eso y siempre puedes usar este recuerdo como evidencia.
Remus sonrió, muy astuto de Sirius separar el recuerdo lo suficiente para que Dumbledore no supiera que iba a buscar a Harry.
—De cualquier modo no tardaré más de un día. No puede llevarme más tiempo.
—¿Cuando te irás?
—"Aprovecha el día" —citó Sirius la película favorita de Lili—. Mañana a primera hora, así que podemos aprovechar un poco la noche.
Ese era el Sirius del que se había enamorado, continuando con la broma, Remus le hizo una caravana.
—Suerte "¡Oh! Capitán, mi capitán"
Subieron juntos compartiendo un abrazo y con el corazón liberado.
La puerta de cristal, igual que muchas otras, tenía escrita la palabra "empuje" con letras rojas sobre una madera especial para empujar sin manchar de dedos el vidrio.
Desde su lugar en un cómodo gabinete rojiblanco Harry pudo ver la sorpresa, luego la incomodidad y por último la resignación del hombre, su cita de las siete.
Casi dos minutos después de encontrarse con la puerta, el hombre se decidió a abrirla al modo muggle para no arriesgarse a que lo vieran usando magia, para enfrentarse con los chillidos alegres de unos niños que presumían el juguete del mes de regalo en su comida infantil, la cajita olvidada en la mesa junto a las hamburguesas de sus padres. Si aquello no era tortura suficiente, cruzar entre los clientes y las cajas que tomaban los pedidos y entregaban las charolas, debía de serlo.
Venganza, dulce venganza, se dijo Harry.
Por fin lo encontró el rubio aristócrata mortífago padre de Draco. Lucía como un hombre controlando cada paso para no perder la cordura en medio de una pesadilla.
—¿Era necesario encontrarnos en este lugar? —dijo sentándose en una silla frente a Harry con menos fluidez de la esperada.
—¿Pero qué dice Señor Malfoy? Ninguno de... sus asociados lo buscará aquí, hay suficiente ruido ambiental para que nadie nos espíe y hoy estrenan una nueva combinación de hamburguesa ¿papas? —ofreció Harry sólo para gozar con el esfuerzo del hombre por no arrugar la nariz.
—No gracias. ¿Por qué no vamos directo al tema? Sr. Potter debo decirle que su aparición ha sido por demás inaudita.
—Vamos Malfoy, no hay necesidad de adularme, mucho menos después de tantos ataques mutuos —Harry le ofreció, una vez más, a su interlocutor el vaso con papas en gajos por fastidiar, más que por educación, antes de tomar una papa y hundirla en el botecito con queso—. El punto es, según le entendí a Draco, que usted propone formemos una alianza, supongo que es una buena señal, me señala como el menor de los males.
—O como el mejor partido, no hay necesidad de ser modesto Potter, su aparición generó expectativas al nacer, ahora son más fuertes.
—Puedo garantizarle algo Malfoy, estoy en esto por más que una profecía y eso es lo que me dará la victoria. Pero yo pongo los términos y tomo las decisiones.
—¿Incluso Dumbledore esta sujeto a esas condiciones?
—Él más que ningún otro —sonrió Harry recordando la junta anterior—. Pero usted es diferente, se está jugando el todo por... ¿exactamente qué quiere?
—Libertad, para mí y mi familia —reconoció Malfoy casi con dolor, obviamente le había costado mucho decir esas palabras.
—¿Sólo eso? —lo presionó Harry.
—No hay nada más —rió derrotado Malfoy—. De joven me inculcaron buscar el poder a pesar de que mi familia ya era poderosa, no necesitamos riquezas y sin embargo me encontré siguiendo a un hombre que lentamente me ha despojado de lo más valioso. Cuando me pidió la vida de mi hijo, lo entendí, pero no pude hacer más de lo que hice.
—Fingir su asesinato y despojarlo de sus recuerdos para mantenerlo a salvo en el odiado mundo muggle. Para nada una decisión de sangre limpia.
—He vivido como una anciana muggle por él, creo que ya superé los convencionalismos sobre la pureza de sangre —aceptó Malfoy quitándose el guante de su mano izquierda para tomar una de las papas con la punta de los dedos para apenas tocarla.
—¿Cuáles son sus peticiones? —repitió Harry.
—Quiero lo mismo que Severus Snape —lo sorprendió Malfoy—, menos lo de rejuvenecer estoy satisfecho con mi edad, pero quiero mi brazo y el de Draco libre de la marca tenebrosa.
—En verdad una nueva vida.
—A cambio puedo pasar cierta información...
—No se preocupe, no necesito un espía, ya tengo toda la información que necesito. Para mí es más importante su "apoyo interno". Debo reconocer que su decisión de no matar fue de gran ayuda para vencer en Glastonbury.
—Me alegro —dijo Malfoy recuperando un poco de la confianza perdida—. Acepto que me gusta el poder, pero hay veces en que me descubro harto de tantas masacres. Yo lo ayudé a tener control sobre los ríos mágicos y cada día me arrepentía más al ver como corrompía ese poder.
Ambos hicieron una pausa, Malfoy para permitir que Harry juzgara la veracidad de sus palabras y Harry para hacer su siguiente movimiento.
—Voy a acabar con ese maldito —afirmó por fin Harry poniendo sobre la mesa un frasquito de cristal muy pequeño, similar un perfumero de viaje, apenas una onza o un trago de líquido transparente en su interior—. Pero yo no voy a obligar a nadie a seguirme bajo ninguna promesa, su petición es válida y puedo cumplirla en cierta medida. Esto es un obsequio —dijo deslizando el frasquito por la mesa hasta dejarlo frente a Malfoy que lo tomó sin dudar.
—¿Una poción?
—No, un elixir. Digamos que al beberlo lo "purificará" —Harry hizo una floritura señalando el brazo izquierdo de Malfoy—. Pero hay un inconveniente… sólo hay suficiente para una persona. Aún así es la respuesta a su situación: usted bebe el elixir y desaparece con su familia, Draco ya fue dado por muerto y supongo su esposa no tiene la marca.
Malfoy ya había guardo el frasco, su mirada ansiosa el único indicio de lo que debía estar pensando.
—¿Por qué? Creí que…
—¿Pediría algo a cambio? No soy así, no me importa el poder ni los seguidores, sólo salvar vidas —respondió Harry—. Si usted bebe el elixir y desaparece serán tres vidas las que se hayan salvado, sin contar aquellos para los que directa o indirectamente usted sería la muerte. Desapareciendo usted, divido el trío de Voldemort y le resto poder. Pero ambos sabemos que hay una decisión más que se puede tomar, no necesito un espía pero un infiltrado me ayudará bastante. Si decide quedarse lo veré de nuevo mañana a esta hora, iremos a una junta con la Orden de Dumbledore y volveremos loco al viejo.
—Jamás dejarán que me acerque.
—No les voy a preguntar y confíe en mí, aceptarán.
El hombre rubio lo miró fijamente, limpió su mano con una de las servilletas de papel y hasta entonces se dio cuenta que juntos habían acabado con el paquete de papas. Sonrió para sí y mientras se ponía de nuevo el guante al ponerse en pie dijo:
—Me parece Potter que es una fortuna el que no busque poder o venganza, sería una pena que se volviera un mal peor que El Señor Tenebroso. Consultaré con mi familia nuestras opciones, gracias.
Sin más salió del restaurante de comida rápida.
Harry sonrió, tomó la última papa.
Continuará
N/A: Un capítulo más a sus computadoras, espero hayan disfrutado sobretodo porque iba a subirlo el lunes pasado pero me decidí a agregar la reunión con Lucius y eso me llevó más de lo planeado. Hasta el próximo capítulo y si pueden dejen un mensaje, son mis pilas para escribir más rápido.
