Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.

A/N: La tercera entrega de la historia. No sean tímidos y dejen sus comentarios, gracias a quienes ya los dejaron, continúen haciéndolo para saber qué les parece la trama ;)

Interrupciones

Capítulo 3

Perdieron la noción del tiempo, Emily sólo quería reconfortar de la mejor manera a JJ. Eventualmente, la agente de cabello obscuro dedujo que la rubia ya no tenía más lágrimas para llorar, percibió en su propio hombro un suspiro, y ya no sentía el temblor de aquella cabeza atribulada. Su abrazo ahora era menos aferrado, aunque seguía firme. Se separó de ella un poco, apenas para maniobrar y acercarle más servilletas de cocina para que se limpiara el rostro.

- Oh, Em, mira cómo te he dejado la ropa.

Observó la agente rubia el hombro de su amiga. Tenía manchones obscuros de humedad por sus lágrimas, mezclados con el poco maquillaje que se había transferido de su rostro a la blusa que no era de tela barata. Emily sonrió intentando restarle importancia al asunto.

- Hey, no te preocupes, es fin de semana y toda mi ropa tiene que pasar por la lavandería.

La agente rubia le pegó en el hombro de manera juguetona. Las dos se percataron en ese momento que seguían abrazadas, JJ tenía todo el frente de su cuerpo recargado sobre el frente de la ex agente de la Interpol, sus manos sobre el torso de Emily, alisando la blusa, y su contraparte, rodeaba el cuerpo de la más pequeña, con sus manos colocadas en la baja espalda, muy cerca de la cintura. No se sentían incómodas, era un abrazo cálido, seguro, lleno de cariño, como si ese lugar fuera al que pertenecieran de manera natural. De pronto la realidad golpeó a Jareau: Prentiss era una colega de trabajo, ella tenía un hijo que dormía en la segunda planta y estaban en aquella postura porque pronto se divorciaría.

Emily percibió la tensión en el cuerpo de la agente más joven y en esos ojos azules rodeados de párpados hinchados por el llanto. Supuso lo que podría estar pasando por la cabeza y el corazón de la mujer rubia. Aflojó el abrazo para dejarla ir, no quería que JJ se confundiera e hiciera más difícil la situación por la que estaba atravesando. Como quiera, ella misma había decidido que su amor fuera más bien platónico, no deseaba arriesgar nada que propiciara alejarse de su mejor amiga; ya había sucedido una vez y no sabía si podría soportarlo una segunda. La chica de Pennsylvania medio sonrió para disimular su conflicto interno. Deseaba no separarse de su mejor amiga, pero algo no encajaba bien, no le parecía lógico haber recuperado mucho de su tranquilidad relativamente pronto, a pesar de la inminente ruptura de su familia.

- Capuchino, ¿verdad?

- Como siempre para las noches de descanso, gracias por recordarlo.

Contestó Emily, aligerando el ambiente. En silencio JJ preparó el café, para servirlo en las tazas que había sacado hace rato de la alacena. Trataba de sacudirse la sensación de tibieza del cuerpo de Emily, pero la mirada atenta de su colega mientras hacía el café, no ayudaba en absoluto. La tensión crecía por algo que ninguna de las dos se atrevía a acotar, y la hija de la embajadora comenzaba a inquietarse por el bienestar de la otra mujer, leía el lenguaje corporal de Jareau que demostraba que no estaba cómoda.

- Mientras terminas ese cremoso capuchino, iré a ver cómo está Henry, además, no sería mala idea que te pusieras en ropa más cómoda, ya estás en casa y necesitas descansar.

Le pareció buena idea acercarse y darle un pequeño apretón de manos en el antebrazo a su anfitriona, era algo inocente que podría ayudar a relajar la tensión que se construyó ante el mutuo desconcierto por ese abrazo reconfortante que compartieron. Tampoco quería que JJ sintiera que la estaba evadiendo después del acercamiento tan significativo en sus espacios personales, no pretendía romper la confianza que se había construido. La agente de Pennsylvania vio cómo desaparecía Emily tras la puerta de la cocina pequeña; escuchó sus pasos rítmicos subiendo la escalera. Soltó un suspiro que ni sabía estaba conteniendo. Agradeció secretamente que su colega de la Unidad fuera a verificar cómo estaba su hijo; necesitaba tiempo para procesar lo que estaba pensando y sintiendo.

Prentiss llegó a la recámara de Henry, notando que el pequeño estaba bajo una tienda de campaña, atrás de la cama, hecha de manera improvisada con su cobertor y abajo se notaba una pequeña luz que bailaba de un lugar a otro. Se acercó lo más sigilosa que pudo, para no asustarlo.

- ¡Hola, amigo!

Henry se descubrió la cabeza y la luz de la lámpara brilló en el rostro de Emily.

- ¡Hola, Em!

Había algo en la voz de Henry cuando decía su diminutivo, que hacía que su corazón se derritiera en ternura. En verdad quería a este chico, en mucho porque era el vivo retrato de JJ y otro tanto porque tenía su propia simpatía. Encendió la lámpara de la mesita de noche, para luego sentarse junto a él encima del tapete, recargándose en la parte lateral de la cama, e inspeccionar lo que leía.

- ¿No te interrumpo?

Preguntó amablemente la adulta. El chiquillo sacudió con firmeza la cabeza indicando un "no".

- ¿Qué lees, Henry?

Henry le extendió el libro para que ella lo viera con sus propios ojos, a veces eso era lo más práctico, sobre todo cuando tu vocabulario no es tan amplio como el de los adultos.

- ¿Bob el constructor?

- Sí, te explica cómo componer las cosas.

Emily sonrió mientras ojeaba el pequeño libro. Repentinamente le asaltó la curiosidad.

- ¿Qué quieres componer, Henry?

El pequeño de seis años suspiró y se agachó, observando sus manitas. La mujer de cabello obscuro se preocupó.

- ¿Qué pasa, pequeño?

Algo había en aquella amiga de su mamá que le permitía decirle todo. El niño rubio volvió a suspirar y sus ojos se levantaron para ver el rostro de Emily. Ahora estaban a punto de desbordar lágrimas.

- Mis papás… mis papás no están bien, pelean mucho, y mi mamá se pone triste. Sé que hoy mi papá no va a dormir aquí. Quiero saber si las cosas se pueden componer.

Al escuchar aquello, la agente especial Prentiss, que tenía tantos años revisando asesinatos brutales, construyendo gruesas paredes emocionales para que no le afectaran, no pudo evitar ser solidaria con el infante, sabía lo que era vivir con una pareja de padres en constante conflicto. Aquellos ojos llorosos la desarmaron por completo, decidió contener el nudo en la garganta que se le había formado para mostrarle a Henry que podía apoyarse en ella.

- Oh, pequeño…

Se interrumpió para extenderle los brazos, que espontáneamente aceptó Henry para refugiarse en su regazo.

- …sí, las cosas van a componerse, de una u otra manera, lo verás.

El pequeño ahora sollozaba en su hombro, el opuesto al de su madre, pero de la misma manera se refugiaba buscando consuelo y respuestas. Dejó que se desahogara, acarició su cabello y besó su frente, de manera maternal. Aunque no era una creyente, tuvo que agradecer a quien fuera por aquellas dos personas que confiaban en ella, se sentía bendecida por ser la persona con la que contaban para llorar y mostrarse vulnerables.

- Mírame, Henry.

Le dijo en voz tranquila la agente especial al escuchar que el niño ya se había calmado. El pequeño la vio al rostro, directamente a sus ojos obscuros.

- Tus papás te aman con todo su corazón, y ellos van a platicar, y van a tratar de arreglar las cosas para todos, van a platicar entre ellos y van a platicar contigo, para ver cuál es la mejor manera de componer las cosas.

El niño la escuchó con atención, igual que JJ, que estaba en el pasillo. Cuando pasaba a su recámara para ponerse ropa más cómoda, escuchó los sollozos de su hijo, sintió un apretón en el pecho. Se quedó suspendida en el momento al reconocer aquella voz con dolor, dejándose caer recargada en la pared, mordiéndose los labios para que no la escucharan sufrir, y al mismo tiempo, atenta a lo que decía su pequeño.

- Em

Ahora era turno de la alta ex agente de la Interpol ponerle atención al chiquillo que se había sentado en sus muslos.

- Sí, cariño.

- Mi mamá y mi papá dicen que soy un niño listo, porque ellos son policías que atrapan a los malos y no los dejan hacer más cosas malas a la gente, y yo salí como ellos.

Emily sonrió.

- Sí, eres un chico listo, y adorable.

Afirmó lo que decía besándole la frente y acariciando su nariz.

- Mi mamá dice que tú eres una chica muuuuy lista, porque también atrapas a los malos y ayudaste a mi papá y a ella también cuando se metieron en problemas.

La agente madura soltó una risita discreta, halagada por la manera en que Henry la describía.

- Bueno, no te puedo decir si soy muuuuuuy lista, pero sí lo suficientemente lista.

Henry la observó con atención.

- ¿Quieres a mi mamá?

Repentinamente Prentiss experimentó una parvada de pájaros en el estómago y percibió como su rostro enrojecía al instante.


A/N: ¿Tienen idea qué podría responderle Emily? ;) KEy