Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.

A/N: El encuentro no deseado

Interrupciones

Capítulo 9

Jennifer Jareau se enfrentaría a uno de los momentos más importantes de su vida. Apagó el motor de su crossover mientras suspiraba, tratando de concentrarse en lo que pasaría a continuación. Habiendo salido del vehículo, caminó hacia las puertas posteriores, para desatar a Henry del asiento de seguridad y dejarlo bajar. En la distancia distinguieron a Will, que estaba cerca del árbol favorito de su hijo, donde le permitían escalar sin una estricta vigilancia.

Henry, a pesar de su temprana edad, distinguía perfectamente cuando su madre estaba angustiada. Mientras bajaba y observaba a quien le había dado a luz, se atrevió a hablar.

- Te amo, mami

Jennifer sonrió ampliamente, prácticamente derramó una lágrima, abrazó arrebatadamente a su hijo, él le correspondió con igual fuerza. Después de besarlo y ahogando un nudo en la garganta, JJ lo miró a los ojos.

- Y yo te amo a ti, Henry.

Suspiró, tenía que explicarle algo a su hijo, pero no había encontrado la manera de hacerlo. Decidió irse por lo que dice el manual de los perfiladores: claro, conciso, directo.

- Henry: tu papá y yo te queremos mucho, por eso, decidimos que ya no vivir en la misma casa él y yo era lo mejor para ti. Pero, tú también tienes que tomar decisiones, y recuerda algo, hijo, no importa tu decisión, tu papá y yo siempre te querremos.

- ¿De eso van a hablar ustedes?

- Sí, cuando terminemos de hablar te haremos unas preguntas, y tú vas a contestarlas.

Henry asintió y se lanzó de nuevo a sus brazos. Se encaminaron a donde los estaba esperando Will. El pequeño se acercó calmado, y abrazó también a su padre, aunque había algo que le impedía ser franco con él. Posiblemente porque lo había visto platicando con una señora la otra vez, a la que abrazó de manera diferente a la que abrazaba a su mamá.

- Hola, Will

- Hola, JJ

Se saludaron cordialmente los adultos.

- ¿Puedo subir al árbol?

Ambos padres se vieron a la cara y asintieron.

- Sí, mientras platicamos tu papá y yo, luego bajarás y platicarás con nosotros.

Sin mucho problema el niño se encaramó en el árbol, y sin que sus padres lo descubrieran por estar en sus asuntos, se montó en una rama casi encima de ellos. La pareja se había alejado un poco para tener un poco de privacidad, tenían que ponerse de acuerdo en algunos detalles para que el niño de 6 años no recibiera las noticias de la peor manera.

- Will, no quiero que Henry viva con una madrasta.

Will, suspiró, tratando de contener el enojo, sus planes eran criarlo en una casa, con una mujer dedicada a su familia y él ser el proveedor completo de sus necesidades.

- ¿Y que viva contigo ausente porque estás resolviendo la vida de alguien más?

- Ese es mi trabajo, pero puedo hacer arreglos para estar con él más tiempo.

El hombre respiró profundo, pero no pudo contener su cólera.

- ¿Temes que mi nueva mujer sea mejor madre que tú? ¿Temes quedarte sola sin nadie que se sienta orgulloso de tus hazañas?

Soltó con veneno sobre la cara de Jennifer. Comenzaban a levantar la voz y Henry se estaba percatando de ello.

- Will, eso no es justo, nuestro hijo es maravilloso por el trabajo que hemos hecho los dos.

Will no pudo contener su rabia y frustración, tantos años bajo su sombra, él era un simple agente de policía que se mudó de Nueva Orleans, y ella, una agente del FBI que guardaba secretos y cada semana atrapaba delincuentes de alta peligrosidad, su ego estaba tomando lo mejor de él. La sujetó fuertemente por el brazo.

- ¡NO! Yo estuve más tiempo con él que tú, yo estuve cuando se le cayó el primer diente, cuando se enfermaba de fiebre…..

- Will, por favor…

La chica provinciana estaba sintiendo cómo comenzaba a punzarle el dolor en el brazo, pero más le estaba doliendo no haberse dado cuenta lo que estaba sucediendo en casa, Will se convirtió en un hombre resentido, que ahora estaba sacando todo su coraje y causándole dolor.

- Yo fui a las reuniones de padres de familia …

- …me estás lastimando..

- ...yo estuve en su cumpleaños cuando tú quién sabe con quién te estabas revolcando en Medio Oriente…

Para ese momento ya la había empujado y casi tumbado al suelo.

- ¡DÉJALA, NO LA LASTIMES!

Se escuchó el grito del niño que estaba en una rama. Ambos padres voltearon, Henry vio como estaba transformado el rostro de su padre y JJ tenía los ojos llorosos. Cuando vio que tenía la atención del hombre mayor, volvió a gritar.

- ¡NO LA LASTIMES!

En ese momento, por su desesperación de alcanzar a su madre, perdió el equilibrio y cayó de la rama en la que estaba.

- ¡HENRY!

Gritó Jennifer. El pequeño soltó un grito de dolor.

- ¡AAH!

Su brazo estaba roto, no era algo expuesto, pero definitivamente tenía una fractura. Ambos padres olvidaron por completo la discusión y se acercaron para ayudar al niño.

- ¡Henry! ¡Henry!

Su madre fue la primera en llegar. Se enjugó sus lágrimas para tratar de transmitirle tranquilidad a su hijo. Vio su brazo, marcó al 911. Mientras hablaba, Will también se hincaba junto a él.

- ¡Vete! ¡Vete!

Le gritaba Henry.

- ¡No me toques!

Decía desesperado.

- ¡Soy tu padre!

- ¡La lastimaste!, ¡la lastimaste! ¡vete de aquí! ¡no te quiero ver!

JJ se quedó a media sentencia cuando escuchó a su hijo decirle eso a Will, luego, acabó de dar las indicaciones a la operadora del 911.

- ¡Pero hijo!

- ¡VETE!

En ese momento se acercaban más personas, y a lo lejos se escuchaba una sirena.

- Shh, shhh, te tengo, Henry, te tengo.

Dijo su madre tomando su cabeza, intentándolo de recostar, besando su frente.

- Mami, dile que se vaya, dile que se vaya…me duele, me duele muchooo…

Jennifer Jareau vio a Will, no fue necesario decirle nada, la dureza de su gesto expresaba los deseos del niño y los de ella. Will intentó de nuevo acercarse.

- ¡VETE! ¡VETE!

Gritó a todo pulmón el pequeño.

- Shh, shhh…ya viene la ambulancia, te van a ayudar, cariño.

Llegó una pareja de adolescentes. Will estaba paralizado entre su enojo y su preocupación.

- Señora, ¿necesita ayuda? ¿llamamos al 911?

La madre joven los observó, eran buenos samaritanos.

- Gracias, ya vienen en camino.

- ¿Ya se fue? ¡dile que se vaya!

Dijo otra vez el niño. La agente lo observó, igual que los adolescentes que estaban ahí. Ante tal juzgado, se levantó y se fue.

- Ya viene la ambulancia señora, voy a decirles dónde estamos.

- Gracias, muchas gracias.

Vio que uno de los chicos salió corriendo hacia las calles que rodeaban el parque, haciendo señales con los brazos a los de la ambulancia para indicarle el camino a los paramédicos. La ambulancia hizo camino sobre el pasto del parque, separaron a JJ del niño e hicieron las revisiones pertinentes, lo inmovilizaron y lo subieron a la ambulancia. Ya en ella, vio como le administraban un tranquilizante pediátrico para que el niño soportara el dolor hasta llegar a la sala de urgencias del hospital. Marcó el número telefónico de Penélope, le contó brevemente lo sucedido, les pidió que fueran por su crossover al parque y que los vería en el hospital.

Media hora después de haber llegado al sanatorio el niño y su madre, Penélope, Morgan y Reid estaban buscando la sala de urgencias.

- ¡JJ!

Localizaron a la joven madre, estaba sentada en el pasillo de acceso a la sala de urgencias, jugaba con un vasito que presuntamente había tenido agua. Todavía no podía estar con su pequeño, estaba bajo el efecto de sedantes y aplicaban una pasta plástica para inmovilizar el brazo.

- ¿Cómo está Henry?

Preguntó Penélope a nombre de todos los que la acompañaban.

- Según me dicen, está bien, un poco adormilado, le dieron tranquilizantes para que aguantara el dolor mientras lo están entablillando, aunque no es una tablilla lo que le están poniendo.

- ¿Lo darán de alta pronto?

Preguntó Reid, extrañamente alterado, aunque no era para menos, era su ahijado a quien estaban atendiendo. Jennifer sacudió la cabeza en gesto de negación.

- No, quieren tenerlo en observación, la altura de la que cayó no fue poca cosa, y quieren revisar si no hay otro golpe o lesión que se les haya pasado por alto.

- No es mala idea, es mejor asegurarse.

Afortunadamente pudo contener su lengua en cuanto a datos estadísticos sobre accidentes de niños de la edad de Henry caídos de un árbol. Estaba seguro que eso no ayudaría a tranquilizar a su amiga. Penélope ocupó la silla que estaba junto a la agente rubia. Reid, cual ratoncito silencioso, se quedó de pie, al lado de Jennifer. Aunque no tenían mucho contacto físico, su presencia era la mejor manera de demostrar solidaridad a su mejor amiga. Morgan revisó el pasillo.

- ¿Will?

Jareau suspiró.

- Henry pidió que se fuera, no lo quería ver.

Fue todo lo que ofreció la chica de Pennsylvania, Morgan no quiso presionar, sabía que cuando estuviera lista, JJ les explicaría con más detalle, lo importante ahora era vigilar la evolución del chico. En ese momento salió una enfermera llamando a Jennifer, le avisó que moverían al niño a un cuarto. La madre joven tiró el vaso desocupado en uno de los basureros del pasillo y se dispuso a seguir la camilla de su hijo que ya salía de la sala de urgencias.

- ¡Hey, pequeño señor! ¿Cómo te sientes?

Se acercó para acariciar su cara y besar su frente. El cabello estaba pegado a su rostro por el sudor.

- Tengo sueño y me da comezón el brazo.

Dijo en tono quejumbroso.

- Pronto podrás dormir y luego te acostumbrarás a lo que traes en el brazo, será divertido enseñárselo a tus amigos.

Explicó su madre que no dejaba de observarlo, sujetando la otra mano.

- Mira quiénes están aquí…

Le dijo para distraerlo de la molestia del brazo. Todos lo saludaron y vieron cómo lo instalaban en un cuarto privado en la zona de pediatría.

- ¿Y Em?

Preguntó el chico. JJ se sintió culpable, no la había llamado porque seguramente se estaba preparando para ir al a función con su madre, era ese tipo de eventos que podría ayudarle en su carrera o, al menos, evitar conflictos futuros con la prominente embajadora Prentiss, quien podría ser todo un dolor en la baja espalda, como se dio cuenta de primera mano.

- No sabe que estás aquí.

El chico frunció el ceño, pero no juzgó a su madre.

- Por favor, dile que venga, tengo que hablar con ella.

- Pero…

- Por favor…

Dijo en tono suplicante el niño, su madre trató de racionalizar con él, pero el chico comenzaba a derramar lágrimas. Penélope no resistió aquellas súplicas y marcó el número de la hija de la embajadora.


A/N: ¿Qué les pareció?