Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.
A/N: Comienzan las luchas internas en las protagonistas ;)
Interrupciones
Capítulo 12
En uno de los pasillos solitarios del hospital camino a servicios sociales, Jennifer deslizó su mano en la de Emily y la detuvo. Aquellos ojos azules buscaron el rostro de su mejor amiga, aquella que la noche anterior se había convertido en su refugio y su sosiego. La criminóloga de más edad, entendió. Al sentir la suavidad de aquella mano y los ojos brillantes buscando abrigo, puso de lado su furia. La mujer de cabello obscuro la atrajo a su cuerpo para abrazarla, sintió como la chica rubia se aferraba a ella, el rostro de la provinciana de Pennsylvania se refugió en aquel cuello marmóleo, suspiró aquel aroma peculiar de su colega, y luego de algunos momentos, le susurró al oído.
- ¡Gracias, Em!
Le dijo en un tono mezclado de gratitud y desesperación. Prentiss la separó, pasó su mano por aquel cabello rubio para ponerle algunos mechones atrás de la oreja derecha.
- No tienes de qué, sabes que cumpliré la promesa que le hice a Henry.
Dijo la ex agente de la Interpol mirando en aquellos ojos azules que estaban a punto de derramar lágrimas. JJ le creyó, no sólo que cumpliría la promesa, percibía que la quería, lo sentía en aquel abrazo, lo sabía porque miraba a su hijo con un cariño sincero. Ambas se miraron fijamente a los ojos, sabían que algo más fuerte que amistad estaba surgiendo entre ellas, pero ninguna de las dos se animaba a mencionarlo o insinuar demostrarlo, no se sentían seguras todavía dada la situación intricada. La chica de Pennsylvania no quería ser la mujer rescatada y la otra agente, no quería aprovecharse de la vulnerabilidad de la madre de Henry, ni de Henry mismo.
Emily recorrió la mejilla de Jennifer con su mano izquierda y ella se refugió en aquel gesto cálido, cerró los ojos, disfrutando el cariño que sentía por medio de aquella palma extendida y las yemas de los dedos que paseaban por su piel. La agente de cabello obscuro hizo todo lo posible por evitar inclinarse y besar aquel rostro que parecía estar ganando tranquilidad. El momento de intimidad fue interrumpido por alguna enfermera que cerró una puerta al extremo del pasillo, la chica rubia abrió los ojos, suspiró y sin soltar la mano de su amiga, siguieron su camino. Llegaron al lugar indicado y apareció una trabajadora social que visiblemente era descendiente de latinos.
- Buenas noches, Connie Rubirosa, soy la trabajadora social asignada, ¿en qué les podemos ayudar?
Notó que estaba más afectada la mujer rubia y decidió no distraerse con la vestimenta de Prentiss.
- Emily Prentiss, agente especial del FBI, Jennifer Jareau, también agente especial del FBI y encargada de comunicaciones de la Unidad de Análisis del Comportamiento.
- Mucho gusto, ¿qué hace el FBI por aquí? ¿desean investigar algún caso?
Ambas agentes especiales se quedaron mudas. Jennifer estaba ahogada en sus emociones, Prentiss le dio un apretón de manos, dándole valor para que hablara.
- No, lamentablemente vengo a que se abra un expediente, tuve una discusión con mi marido y me lastimó.
Connie hizo lo posible por guardar la compostura, era raro que una agente del FBI padeciera violencia familiar.
- Bien, no te preocupes, puedo explicarte lo que haremos, platicarás conmigo y una enfermera te revisará tus lesiones, ven, por aquí.
Jennifer notó que Emily se quedaba atrás, volteó a verla con ojos desconsolados. Prentiss hizo acopio de toda su fuerza de voluntad, y en tono firme, habló.
- En aras de que esto salga bien, tengo que dejarte a solas con la trabajadora social, pero estaré aquí afuera por si me necesitas.
- Tiene razón, esto debe ser algo que debes enfrentar sola, no es fácil, pero es lo más sano, y así, le damos más objetividad a toda tu declaración.
Confirmó Rubirosa. Resignada, Jennifer dejó ir la mano de Prentiss y acompañó a la trabajadora social. Saliendo al pasillo, la agente de cabello obscuro se acercó a la siguiente estación de enfermeras. De manera apresurada, mostrando sus identificaciones, le pidió ayuda a una enfermera para que le prestara un traje de médico y una bolsa para poner el vestido. Le dieron oportunidad de que se cambiara en uno de los baños de servicio, acomodó todas su pertenencias en la bolsa y salió vestida como si fuese un médico que estuviera listo para realizar una intervención, se sentía aliviada sin tanto lujo encima de ella.
Regresó al área donde estaban las instalaciones de la trabajadora social. Se sentó en las sillas enfrente de la puerta del cubículo donde estaban tomándole declaración a su mejor y más querida amiga. Miró al techo reflexiva, por segunda ocasión en esa semana, invocó a la divinidad más grande para que la ayudara a acompañar a Jennifer y a Henry en esos momentos. Pasó media hora y por fin abrieron la puerta, Emily saltó de su banco, Connie la reconoció aún sin el vestido.
- Puede pasar a verla y acompañarla, sólo debo llenar unos formatos y luego traerlos para que ella los firme.
Prentiss asintió en silencio y no perdió tiempo en entrar con su amiga. Jennifer estaba abrochándose la camisa. La criminóloga de más edad notó el temblor en sus manos, así que decidió ayudarla. En silencio paró las manos de la mujer más joven, para ella retomar los botones y ensartarlos en los ojales. La chica rubia observó como aquellas manos largas, blancas, con uñas sin esmalte, la atendían con ternura. El perfume tenue de aquel cuerpo la mareaba un poco, distrayéndola de su dolor. Emily se aproximó a ella para recoger la chaqueta que estaba a sus espaldas, luego acomodó sus brazos para evitar lastimar la magulladura del brazo que estaba cubierto con un parche analgésico. Evitó observar con detalle, sentía cómo el ácido provocado por su enojo le caía al estómago. Acomodó su chaqueta y también el cabello revuelto de la mujer de Pennsylvania, como cuando una madre acicala a su hijo para ir a la escuela. Jennifer se perdió en aquel rostro blanco, adornado por una nariz recta, donde resaltaban los ojos más obscuros que conocía y unos labios delgados que en ese momento le parecían imanes. La madre de Henry no supo cómo fue que se contuvo para no besar a la mujer que le demostraba tantas consideraciones.
Jennifer tenía tiempo sin percibir de otra persona esos cuidados, esas atenciones que permiten sentirte querida, que demuestran inequívocamente que le interesas a la persona que te procura. Ella era la que proporcionaba usualmente las atenciones, por eso todo mundo la quería, pero pocas veces era correspondida con tal esmero. Observó a Prentiss, y de pronto una ola de vergüenza la invadió.
- ¡Oh, Emily! ¡No me di cuenta! ¡No me di cuenta! ¿Cómo me pudo pasar? Era una olla de presión a punto de estallar, ¡no me di cuenta!
La hija de la embajadora la recibió en sus brazos, por fin Jennifer se permitía colapsar por la agresión recibida a manos de Will, y ella estaría para sostenerla, de nuevo.
- Shh, te tengo, cariño, te tengo, todos te tenemos, déjanos por esta ocasión ayudarte a ti y a Henry, todo saldrá bien.
La ex jugadora de soccer lloró todo lo que pudo, aferrando sus puños a la tela del traje médico de Prentiss. Discretamente fueron interrumpidas por Connie.
- Disculpe, tiene que firmar estos papeles, unos agentes, Morgan y Hotchner los esperan para solicitar una orden de restricción.
Las dos amigas se separaron con un tono de rubor en sus rostros. Connie le prestó una pluma y Jennifer firmó las formas.
- Cualquier cosa, estoy a sus órdenes, espero que su caso no sea tan dramático como otros y pueda ayudarles a que se cierre todo el trámite como es debido.
- ¡Gracias!
Contestaron al unísono las agentes, la vieron desaparecer tras la puerta y una enfermera entraba en su lugar. Luego de recibir las últimas indicaciones para el cuidado del brazo, se encaminaron de regreso al cuarto de Henry. Jareau se refugió en el torso de Prentiss, le hacía sentir seguridad en esos tiempos inciertos, y así, recargada en su hombro, tomando su brazo de apoyo, caminaron por los pasillos en silencio. Llegaron al corredor donde estaba el cuarto del hijo de la agente rubia. Reid, Penélope, Morgan y Hotch hablaban en voz baja, para no molestar al niño que estaba dormido, vigilado por todos con la puerta entre abierta.
- JJ
Dijo Hotch en su característico tono neutral.
- Hotch
Se saludaron. El tipo blanco de cabello negro se atrevió a estirar su mano para hacerle saber que estaba con ella, que sentía por lo que estaba pasando.
- Morgan me dio los generales y ya leí tu declaración. Conseguiré una orden de restricción, y si nos lo permites, haremos rondas para cuidarlos. ¿Crees que se pueda presentar a ver a Henry?
Jennifer suspiró, intentando ganar la mayor compostura posible, se sentía avergonzada por la situación que estaba viviendo.
- Es posible, es su hijo y por lo que me dijo, se siente con todo el derecho sobre él porque él pasaba más tiempo en su vida que yo.
Emily la abrazó por los hombros.
- Hey, no te hagas daño, eso no es cierto, tú hablabas con él casi todas las noches vía video llamada, estabas también con él.
- Tiene razón, no dejes que te haga creer lo contrario, JJ.
Apoyó Hotch, y continuó.
- Mientras nos entregan la orden de restricción, y aun cuando nos la entreguen, estarán bajo vigilancia.
Rossi llegaba en esos momentos. Morgan lo había puesto al corriente, y además de su compañía, llevó algo para que todos comieran, había sido una tarde larga.
- Hey, cara
Fue la primera vez que se separó de Prentiss, había desarrollado con Rossi una relación padre – hija y quiso sentir el calor paternal que él le podía ofrecer. El descendiente de italianos era apreciado porque siempre estaba al pendiente de que todos estuvieran bien alimentados con sus platillos y se ocupaba de los problemas del corazón del equipo.
- Hoy se quedará Morgan a cuidarlos, mañana, ¿Prentiss, estás disponible?
- Siempre, pero en esta ocasión no tomaré turnos, Hotch...
- Yo tampoco…
Interrumpió Morgan.
- …no nos separaremos de ellos hasta que estén fuera del alcance de ese tipo.
Se atrevió a hablar por Prentiss y por él. Jennifer se sentía a partes iguales querida y mortificada, no le gustaba que todos estuvieran comprometiéndose por su seguridad. Hotch comprendió, no insistiría en nada diferente, porque sabía que ni el hermano mayor, ni la mejor amiga se separarían de Jareau. Se dirigió a la agente rubia.
- ¿Tienes un lugar dónde ir que no sea tu casa? ¿Una casa diferente a la que compartieron con Will?
- ¿Crees que sea necesario, Hotch?
Preguntó sorprendida Jennifer.
- JJ, tú lo sabes, tú misma declaraste tus temores, esto podría ir de mal en peor, y no me quiero arriesgar a que te lastime a ti o a tu hijo.
Penélope se atrevió a intervenir
- ¡Oh, JJ, por favor! Somos familia, vamos a hacer todo lo posible para que nadie, absolutamente nadie les haga daño a ti y a mi ahijado.
Dijo de manera vehemente, fiel a su estilo, la especialista en sistemas. Le arrancó una media sonrisa, esas palabras acompañadas por las demostraciones de todos, llenaban de tibieza su corazón.
- Realmente no, no tengo otro lugar dónde ir.
Prentiss estuvo a punto de hablar, pero David le ganó la palabra.
- Estarán en mi casa.
Todos voltearon a ver a Rossi, siempre tan seguro en sus comentarios y ofrecimientos. Extendió su explicación observando la cara de desconcierto de los presentes.
- La casa de huéspedes está desocupada, necesita un poco de limpieza, pero de eso me encargo yo en la mañana, tú solamente trae las cosas que necesites. Hay espacio, lo sabes, y Henry estará feliz de contar con un jardín para él solo.
Emily le agradeció secretamente al veterano, en su departamento no había suficiente espacio para que Henry jugara como en su jardín. Ahora Reid tomaba la iniciativa, estaba ansioso por cooperar.
- Penélope y yo podríamos ir a recoger tus cosas y las de Henry, para llevarlas a casa de Rossi. Así no tendrás que pasar tanto tiempo en esa casa de nuevo, reduciríamos las posibilidades que se encuentren o te esté esperando.
Morgan asintió, mostrando su acuerdo con la propuesta del genio del grupo. Para esas alturas Jennifer ya estaba erguida, sin necesidad de apoyarse en Prentiss o en Rossi.
- Hey, Reid, creo que exageras, es Will.
Dijo en tono de enfado Jennifer. Todos la miraron, observaron a Emily, quizá ella podría comenzar a hacerla entrar en razón.
- Linda: nadie vimos venir esto, no creíamos que Will fuera capaz de perder el control y lastimarte como lo hizo, recuerda, esto sólo es el principio y no sabemos si puede ir en escalada.
Jareau la miró con ojos heridos.
- JJ…
Retomó la palabra Morgan.
- …está enojado y tiene acceso a un arma de fuego, no quiero arriesgar por un segundo que se presente el escenario de que ponga en más peligro a ti y a Henry.
Concluyó. La observaron de nuevo, dejaron que procesara la información.
- ¡Cielos! Esto no puede estar sucediendo.
Dijo derrotada la chica de Pennsylvania, moviendo la cabeza, abrazándose a sí misma.
- Está sucediendo y nos tienes a nosotros para ayudarte, por favor, déjanos hacerlo.
Estableció Rossi. Con un gesto silencioso, asintió Jennifer. De manera espontánea, Penélope inició un abrazo grupal, todos rodearon a la agente enlace de comunicaciones para hacerle sentir su cariño y su solidaridad. Fue inevitable derramar algunas lágrimas, luego de enjugarlas, agradeció conmovida a todos con un pequeño abrazo para cada uno.
Desde adentro, se escucharon los llamados de Henry a su madre.
- Gracias a todos chicos, voy a ver a mi hijo.
Con eso se despidió, Hotch asintió y le dio las últimas indicaciones al resto del equipo.
A/N: Comentarios, bienvenidos KEy
