Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.
A/N: Dulces sueños
Interrupciones
Capítulo 13
El niño seguía un tanto adormilado, pero llamaba a su madre un tanto angustiado.
- ¡Mami, mami!
Jennifer se acercó reconociendo el estado alterado de su hijo.
- Shh, shh, aquí estoy Henry, ¿qué te pasa, amiguito?
- ¡Mami! ¿Estás bien?
La madre rubia se conmovió, el niño quería seguir protegiéndola.
- Sí, cariño, estoy bien, estamos a salvo.
El niño por fin despertó del todo con las caricias y besos de su madre.
- Aquí estoy…
Insistió su madre, acariciando su frente, peinándolo y besando la mano que no estaba enfundada en el plástico que emulaba yeso.
- … no nos pasará nada, estamos en el hospital, esperando que te sientas mejor. Tío Morgan y Emily se quedarán con nosotros esta noche.
El niño se le encaramó como pudo con su brazo sano, ella le correspondió el abrazo, y siguió besándolo.
- ¿No vendrá mi papá?
La pregunta tomó un tanto desprevenida a JJ, trató de respirar de manera regular para no contagiar su alteración al niño.
- ¿Quieres verlo? ¿quieres que venga?
El niño sacudió con vehemencia la cabeza en señal de negación.
- No, él te lastimó, te empujó, yo lo vi, no quiero verlo, se pone muy enojado.
La madre agente respiró aliviada por saber que su hijo no quería verlo. Las cosas serían peores si Henry demostraba interés o apego a su padre, pero no era así.
- Entonces, si no quieres verlo, no lo verás, cariño.
- ¿Y si viene?
Jennifer lo miró a los ojos y tomó su rostro entre sus manos.
- Yo, tío Morgan y Emily impedirán que lo veas, no te molestará, corazón.
- ¿Y quién te cuidará a ti?
- Puedo cuidarme sola, ¿recuerdas que soy policía?
- Sí, pero él te lastimó
A la chica de Pennsylvania no le gustaba reconocerlo, pero tenía razón.
- Sí, me hizo daño porque no sabía que podía enojarse tanto que me lastimara, no sabía qué hacer en ese momento. Ahora sé de qué es capaz Will, y también por eso se quedarán tío Morgan y Emily, ellos me ayudarán en caso de ser necesario.
El niño la vio con atención, asimiló la información y asintió con la cabeza. Luego se volvió a encaramar en su cuello. No sabía si ese momento era el más oportuno, pero Jennifer decidió arriesgarse.
- Henry, tengo que decirte algo.
El niño se recostó en la cama para ver a su madre al rostro.
- Precisamente porque tu papá está muy enojado, tú no quieres verlo y yo tampoco, ya no viviremos en la misma casa.
- ¿Para no ver a papá diario?
Ocasiones como esta, Jareau agradecía que su hijo fuera precoz en algunas cosas.
- Sí, así ya no lo veremos.
- ¿Y así tampoco podrá lastimarte?
- Sí, si no lo vemos y no sabe dónde estamos, no nos va a lastimar.
- ¿Dónde viviremos?
- Por lo pronto, en casa de tío David
Al niño se le iluminaron los ojos.
- ¿Podré jugar en el jardín?
- Sí, podrás jugar en el jardín.
- Wow, ¡que bueno! ¡su casa es muy bonita y el jardín enooorme!
La agente especial rubia sonrió aliviada, la conversación era seria y ver a su hijo entusiasmado en medio de la situación era un gran regalo.
- ¿Cuándo nos vamos?
Jareau supuso lo que sintió Prentiss al ser interrogada la noche anterior por su hijo, definitivamente tenía que estar dos pasos adelante para poder darle batería de una manera simple, pero honesta.
- Mañana mismo, tía Penélope y tío Spence recogerán todas nuestras cosas, y nosotros, saliendo del hospital los alcanzaremos en casa de tío David.
El niño de manera espontánea se lanzó a sus brazos.
- ¡Mañana tendremos casa nueva, mamá!
A JJ se le hizo un nudo en la garganta, no solamente era una casa nueva, era la posibilidad de empezar una nueva vida, con una perspectiva distinta, más libre, sin cargar con la culpabilidad que la estaba envenenando y que obviamente ya había cobrado su cuota en Will. Se escuchó el click de la puerta, apareció Penélope y Reid.
- ¿Alguien ya despertó?
Preguntó tentativamente Reid, curioso del alboroto, pero contento por ver al niño despierto.
- ¡Tío Spence, tío Spence! ¡mañana estaremos en una casa nueva!
Penélope y Reid miraron contentos a los dos rubios con ojos azules.
- Sí, y podremos jugar en el jardín.
Confirmó Reid. El niño comenzó a hacer planes con su madrina y su padrino. Mientras, afuera, Morgan y Emily agradecían a Rossi por la cena, al tiempo que despedían a Hotch. Cuando vieron desaparecer a los dos veteranos, comenzaron a ponerse de acuerdo para cuidar a sus seres queridos.
- ¿Cómo estás, princesa?
Emily no quería ocultarle la verdad a su mejor amigo y prácticamente hermano mayor de todos.
- ¿Además de querer meter en un ataúd al idiota de Will?
Morgan sonrió, si Prentiss ponía un poco de humor a las cosas, entonces, no estaban tan mal.
- Es en serio Derek, lo único que me lo impide es que es el padre de Henry.
- Entonces, tendrás que dejarme el segundo turno a mí, no eres la única.
Espontáneamente, se abrazaron, querían disipar la energía negativa del asunto.
- Debemos estar atentos a todo, y cuidar bien de JJ y de Henry, nuestro enojo no le servirá de mucho.
- ¿Lo dice quien golpeó la pared hace rato?
Derek rió, avergonzado.
- ¿Dónde quedó todo el glamour de la hija de la embajadora?
- Oh, no señor, no me regresarás la carga a mí.
- Te ves bien en ese traje.
Emily sacudió la cabeza. Morgan, cuando se lo proponía, era imposible.
- Bien, vamos a lo serio, princesa: yo me quedo afuera, tú adentro.
- ¿En serio?
- Sí, y no me mires con esos ojos, sé que es lo que quieres.
Ahora Emily fue la avergonzada, Morgan sabía lo que sentía por la rubia de Pennsylvania.
- Gracias, Morgan, de todos modos, podré traerte un café o cambiar un rato de lugares, no tengo problema.
- Lo sé, princesa.
El agente moreno la tomó por el hombro para llamar su atención. Retomó la palabra.
- Y Emily, aprovecha esta oportunidad.
La hija de la embajadora sabía a lo que se refería, pero tenía un nudo en el estómago señal de frustración. Habló con sinceridad.
- Derek, necesita tiempo y espacio, se va a divorciar del padre de su hijo.
- Lo sé, dale tiempo y dale espacio, pero aprovecha la oportunidad. Henry te adora, princesa, tienes todo a tu favor, no lo desperdicies por meter todos tus sentimientos en compartimentos.
Prentiss lo miró, escuchó lo que le decía.
- Por favor.
Concluyó su mejor amigo. La mujer de cabello negro asintió y le ofreció una media sonrisa en señal de agradecimiento. Adentro del cuarto, Penélope y Reid recibían indicaciones tanto de Jennifer como de Henry. La primera le decía a Penélope que era lo más importante de empacar, y el resto, no importaba. También, comentó que ella misma iría después a sacar las cosas de la caja fuerte y dar una breve revisión por cualquier cosa que se le estuviera olvidando. Henry le encargó a Spence sus juguetes y libros favoritos. Afortunadamente el niño estaba entusiasmado, eso era de tranquilidad no solamente para su madre, sino para todos los que se preocupaban por él.
De pronto apareció la doctora Corday en el pasillo, regresaba para dar una revisión al menor con el brazo roto. Prentiss la escoltó al interior de la habitación, cuando la vieron entrar, Spence y Penélope lo tomaron como señal de que era tiempo de marcharse, la saludaron y se despidieron de todos.
- Doctora: ¡mañana tendré una casa nueva!
Le dijo Henry emocionado, las tres mujeres en el cuarto sonrieron. Corday hizo las revisiones de rutina. Definitivamente el niño parecía estar bien, su entusiasmo por lo que le contó que pasaría al día siguiente lo estaba manteniendo alerta, generando endorfinas que le harían muy bien a su salud.
- Me da gusto, Henry, pero debes hacerme un favor, en cuanto me vaya y te tomes tus últimas medicinas, debes hacer todo lo posible por dormir, necesitas descansar mucho, mucho para que ayudes a tu brazo a sanar más pronto. ¿Me harás ese favor, Henry?
- Sí, doctora, si me curo pronto, podré jugar con tío Spence en el jardín más rápido.
- Así es, cariño.
Terció su madre. Corday se dirigió ahora a las dos adultas.
- Va evolucionando bien, y parece no tener consecuencias de ningún tipo, seguirá tomando el analgésico pediátrico para que descanse el resto de la noche…
Estiró su mano para ponerla en el antebrazo de JJ.
- …le recomiendo que también trate de descansar, tiene un hijo sano y optimista, eso ayuda mucho en una recuperación de lo que sea.
Jennifer Jareau sonrió orgullosa de escuchar aquello. Emily también sonrió, por ver como la madre joven se erguía y aquellos ojos azules brillaban ante el halago.
- Gracias, doctora, mañana ¿a qué hora podría estar dado de alta mi hijo?
- Si todo sigue así, haré mi ronda matutina, verificaré que todo vaya bien, entonces, posiblemente antes del medio día ya estemos firmando los papeles para que sea liberado, señora Jareau.
- Ojalá así sea, doctora.
La doctora se dirigió de nuevo a Henry.
- Bien, entonces, a tomar los medicamentos y a descansar, ¿de acuerdo?
- Sí, doctora.
Le contestó el niño rubio de manera segura y amable.
- Buenas noches.
Dijo en general la doctora, y los tres ocupantes del cuarto contestaron al unísono.
- ¿Dónde está tu vestido?
Preguntó Henry. Prentiss se acercó y acarició su cabello, peinándolo. Jennifer observaba toda la escena del lado opuesto de la cama.
- Lo puse en aquella bolsa, no es muy cómodo para estar en hospitales.
- Te veías muy bonita, y así, pareces una doctora de verdad.
Emily sonreía, el chico era el vivo retrato de su madre, simplemente más franco, con menos temores que la adulta, por supuesto, tenía menos qué perder.
- Gracias, Henry.
En eso llegó una enfermera saludándolos a todos, con los medicamentos del chico rubio. Las agentes vieron cómo de manera diligente el niño se tomaba la dosis ofrecida por la señora de gesto amable. Luego, de la misma manera que llegó, se retiró.
- A descansar, pequeño señor.
Le dijo Jennifer mientras lo arropaba.
- Emily, ¿te sabes alguna historia que me pudieras contar?
- ¡Henry!
Le dijo su madre pretendiendo llamarle la atención.
- Hey, no te preocupes…deja veo si recuerdo alguna, pequeño amigo.
Los dos pares de ojos azules la observaron mientras hacía muecas pensando en cómo armar una historia.
- Sí, ya recordé una. Ven, acércate un poco para acá, así tu mami podrá recostarse también y escuchar la historia.
Jennifer abrió los ojos como platos, ¿qué estaba intentando Prentiss?
- Oh, JJ, no me mires así, también necesitas descansar, y no creo que vayas a rechazar mi oferta de contarte un cuento.
- ¡Emily! ¿Hablas en serio?
La ex agente del Interpol la vio con cara pícara.
- ¡Claro! Necesitas descansar, vamos, sube a la cama…
- Pero…
- ¡Sí, mami! ¡Sí! Ponte aquí conmigo, así dormiremos juntos!
Dijo el pequeño entusiasmado.
- Pero puedo lastimarte Henry…
Para ese momento Prentiss rodeaba la cama para alcanzar a su compañera agente y ayudarla a subir junto a su hijo.
- No me lastimarás, mami, mira, yo soy chiquito y la cama es grande, ¡cabemos los dos!
Ya la agente de cabello negro le había ofrecido la mano para subirla a la cama.
- Mis botines…
Al tiempo que lo decía, su mejor amiga se agachaba para deslizarlas por sus tobillos y quitárselos. Jennifer se ruborizó por completo, estaba atrapada entre el cariño de hijo y las atenciones de Emily.
- Vamos, recuéstate.
Ordenó la mujer de más edad mientras acomodaba la almohada. Jareau un tanto desconcertada, se acostó al lado de su hijo, medio cubriendo su espalda, sin estar pegada a él para darle espacio de movimiento y no lastimarlo de su brazo. Ambos se acomodaron para ver a la narradora de la historia.
- Érase una vez…
Prentiss estaba satisfecha de haber hecho a JJ subir a descansar a la cama. Y de vez en cuando tenía que esforzarse por no perder el hilo de la historia, porque los ojos azules de aquella mujer la miraban con intensidad, como si quisiera penetrar en sus pensamientos. Al poco rato, ambos rubios ya estaban cayendo bajo los encantos de la voz intencionalmente cadenciosa: observó cómo cada uno a su manera, se acomodaban para dormir profundamente. Cuando comprobó que estaban dormidos, besó la frente de Henry y acomodó el cabello de Jennifer, atreviéndose a pasear sus dedos largos y marmóreos sobre aquella mejilla.
Apagó la luz principal y acomodó el sillón, de tal manera que estaba al lado de la puerta, para escuchar lo que pudiera pasar en el exterior, e impedir la entrada si acaso algún intruso se atreviera a interrumpir el descanso de aquellas dos bellas personas. Quedó en un ángulo tal que podía ver perfectamente los rostros de los dos Jareaus. Pasó el tiempo estudiándolos, aprendiendo el ritmo de sus respiraciones cuando estaban tranquilos, su cambio de facciones si algo les inquietaba en su sueño.
Algo molestaba a Henry, hacía ya algunos momentos tenía el ceño medio fruncido, de pronto gimió en su sueño.
- No la lastimes…
Dijo en un susurro, todavía dormido. Emily decidió acercarse.
- Shh, pequeño, aquí estamos para cuidarte, no pasa nada, es sólo un sueño. Nadie lastimará a tu mamá de aquí en adelante.
Peinaba su cabello, y besaba su frente. El instinto maternal, más que el movimiento, despertó a Jennifer.
- ¡Henry!
- Está bien, los dos están bien.
Ahora Emily estiraba la mano para ponerla también en el rostro de la madre del niño y calmarla.
- Shh, es sólo un sueño, pero ya está sereno, sabe que lo estamos cuidando.
Jennifer se sintió tranquila escuchando aquella voz, y percibiendo el calor de aquella mano en su rostro. No pudo evitarlo, y con su mano libre, tomó la mano de Prentiss, y se la acercó a sus labios para besarla en los nudillos. Lo que sintió la ex agente de la Interpol fue indescriptible, era una mezcla de ansiedad y ternura, ni en sus sueños más salvajes había imaginado un gesto de gratitud de Jennifer donde sus labios tocaran con tal delicadeza sus manos.
- ¡JJ!
Dijo en un susurro para no despertar a Henry. La chica de Pennsylvania la miró intensamente a los ojos.
- No tengo cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por nosotros Emily.
La agente de cabello negro sonrió.
- No tienes qué agradecer, Jennifer, sólo cumplo la promesa que le hice a Henry.
Aquella respuesta le causó un poco de decepción a la agente rubia, y su compañera experta lo notó. No, la encargada de comunicaciones, no lo creía: todas sus atenciones, su devoción al atender a Henry, su disponibilidad para estar a su lado dejando a su madre plantada, no eran sólo cumplir la promesa que le había hecho a su hijo, había algo más y ya se estaba cansando de disimular que no lo percibía, era hora de comenzar a tener el valor de enfrentar ese sentimiento y también los de su colega. Iba a articular unas palabras, pero el sonido se quedó en su garganta, porque fue interrumpida por el timbre del teléfono de Prentiss que todavía permitía que Jareau sujetara su mano.
- Hey, princesa, viene Will, está al principio del pasillo, y no viene con buena cara, lo voy a interceptar, que no se acerquen a la puerta para nada. Ya llamé a seguridad.
- Entiendo. Llamaremos a Hotch para que esté enterado.
Cortó la comunicación sin esperar que Morgan le respondiera. Emily observó a JJ, bajó su mirada y también registró sus manos entrelazadas, suspiró al tiempo que le daba un ligero apretón de manos.
- Will viene para acá, no te muevas del lado de Henry, procura que no despierte o escuche, Morgan lo va a enfrentar. Voy a la puerta.
Mientras tomaba su lugar, le marcaba a Hotch y lo ponía al tanto. En el pecho de Jareau surgieron varias emociones: preocupación por su hijo, enojo por saber que Will iba a molestarlos, agradecimiento con sus amigos por protegerla. Mantuvo el control y acomodó al niño cerca de su pecho, trató de aislarlo del ruido poniendo su mano cerca de la oreja. Luego de revisar el rostro de su hijo, observó cómo Emily se ponía en guardia para estar atenta a lo que sucedía afuera y reaccionar cuando fuera necesario.
A/N: ¿Qué le quería decir JJ a Prentiss? Gracias por continuar ;) KEy
