NOTAS DE LA AUTORA: Holas! De nuevo una actualización super rápida :B el próximo capítulo tardará un poco más, ya que todavía no está listo... Les prometo que apenas esté a punto lo subo... en fin, el cap de hoy va dedicado a CalabazaCastaño748 y adrmil por sus lindos reviews ue paso a contestar :3

*CalabazaCastaño748: Jajaja, récord mundial :B En cuanto al cap, que bueno que te guste tanto! nos halagas mucho... Pero tranquiiila, Draqui es así de insoportable a veces, pero nuestra Herms lo irá calmando (o no) de a poco... Todavía falta jajajaja pero cuando pase... bueno, ya veras ;)

*adrmil: Seee, Ron a veces es tan..- Ron jajajaj pero bueno, tratamos de respetar a los personajes como son ( a veces exagerándolos un tantito jajaaj)

ok, hora del

Disclaimer: los personajes no me pertenecen, sino a JK Rowling y este es un proyecto conjunto sin fines de lucro :3

Capítulo 3: The Music of the Night

-Hurón oxigenado, pesadilla, estúpido y pomposo sangre pura…- murmuraba una furibunda mujer mientras dejaba un espléndido vestido de color escarlata listo sobre la cama, junto a los zapatos y los accesorios. Había decidido que, si Draco Malfoy la dejaba con la palabra en la boca, pagaría y lo haría caro.

¿Qué no aceptaría nada escarlata? Su orgullo de leona rugiría más fuerte que nunca durante esa noche, incluso al lado de una serpiente.

Se quitó la ropa dejándola en el cesto y se cubrió con una gran toalla. Mientras se hacía un moño en el cabello con una pinza, checó la hora. Tenía tiempo de sobra para darse un muy relajante baño de burbujas antes de que ese insípido Slytherin llegase.

Con un suspiro, se sumergió en el agua perfumada y llena de espuma de la bañera, sintiendo como todos sus músculos se relajaban ante el tibio contacto. Recostándose en uno de los bordes, cerró los ojos y dejó su mente vagar despreocupadamente. Casi de inmediato, comenzó a pensar en el creído que sería su pareja esa noche. Se removió inquieta en el agua, frunciendo notoriamente el ceño. ¿Por qué pensaba tanto en él? Maldición, realmente debería ir a San Mungo a que revisaran si no le habían hecho un hechizo, o colado algún filtro en una de sus bebidas. Simplemente no era saludable pensar tan asiduamente en Draco Malfoy.´

-Sal de mi cabeza, estúpido estirado- murmuró para sí misma, mientras se masajeaba las sienes. –Oh, perfecto Hermione, ya comienzas a hablar sola de nuevo.

Con un bufido exasperado, se rindió a lo que su mente dictaminaba. Empezó a recordar como era su relación con el príncipe de las serpientes durante el colegio, todas las rabietas que le hizo pasar y las veces que, aunque le había dolido profundamente la forma en la que él la insultaba, le había sentado cara. Sin embargo, muchos recuerdos del quinto y sexto curso eran borrosos e inconexos, no conseguía recordar casi nada del Malfoy en esos años… Pero no era demasiado extraño, habían sido los años correspondientes a los TIMOS y la preparación para los EXTASIS, por lo que había sido un manojo de nervios andante constantemente.

Un poco adormilada por los aromas de las sales y el agua tibia, siguió recordando. La guerra, se dijo. Un torbellino de desgracias que la hacía estremecer. Los horrible que era escuchar cómo, cada día, más y más muggles eran asesinados a sangre fría, cómo los sangre mestiza eran perseguidos, cómo los dementores pululaban por ahí sin nadie que los controlara.

Un nuevo estremecimiento, más fuerte, la sacudió. Las torturas, ella misma las había sufrido en carne propia. La frase "sangre sucia" que aparecía cicatrizada en uno de sus antebrazos lo atestiguaba.

Con un movimiento suave, levantó dicho antebrazo y observó las dos pequeñas palabras. Solía cubrirlas con maquillaje todos los días, de forma mecánica, sin detenerse a mirarlas muy a menudo. Y tenía un sólido fundamento para ello: sólo verlas le hacía escuchar en su mente la risa descontrolada de Bellatrix Lestrange.

Bellatrix, la tía de Draco. ¡Por Merlín! ¿Acaso el universo estaba confabulado para que no dejara de pensar en él? Bastante irritada ya, decidió acabar de recordar, quizás si pensaba en todos los malos tragos que le había hecho pasar lo apartaría de su mente. Sin embargo, si recordaba bien, cuando ella regresó luego de la guerra a terminar sus estudios, a diferencia de sus amigos, Malfoy la había ignorado olímpicamente. Apenas si le dirigía la palabra y no lo había escuchado llamarla sangre sucia. Masajeó con suavidad su nuca, pensar tanto en eso realmente le estaba dando dolor de cabeza… Y no sería gracioso tener que soportar una jaqueca además de una noche con el príncipe verde y plata.

La castaña despertó de golpe. Se había quedado dormida en la tina y no sabía por cuanto tiempo.

-¡Oh, por Merlín!- gimió, cubriéndose a toda velocidad con la toalla y abriendo la mampara para poder salir del baño –Malfoy va a matarme, debo estar retrasada, muy retrasada- continuó murmurando hasta que percibió que, en medio de la semi-penumbra que reinaba anunciando el anochecer, las velas estaban encendidas. ¿Cómo?

-Vaya, vaya, hasta que al fin despiertas- un escalofrío recorrió la espalda de la leona, haciéndola cerrar los ojos. "¿Por qué, qué mal he cometido para merecer esto?" –Debo admitir… Que no fue en vano esperarte, Granger. Buena vista- Rió el rubio, arrastrando las palabras a su modo tan particular.

-¡Cállate!- roja de enojo y vergüenza, ella giró sobre sus talones, enfrentado al hombre que estaba sentado campantemente en su sofá -¿Desde cuándo estás aquí? ¿Qué hora es?-

-Verás, mi reloj se descompuso y me vi obligado a usar una de las chucherías muggles que me diste como regalo broma en mi cumpleaños pasado- bufó Draco, mostrándole un reloj pulsera en su muñeca –La hora está mal, llegué a las 6:30 y te encontré apaciblemente dormida… ahora son las 7:15-

-Malfoy, debes configurar la hora en el reloj, no es como…- pero se detuvo a mitad de la frase, taladrando con unos furiosos ojos castaños a los ojos grises -¿A qué te refieres con que me viste?-

-Oh, vamos Granger ¿Acaso crees que alguien como YO podría espiar a alguien como TÚ?- soltó una pequeña carcajada, ladeando la cabeza –Como no m respondías y no estabas en la sala para asustarte, te busque y vi la mampara a medio cerrar y a ti dormida, nada más- aún sonriendo, añadió –Deberías vestirte, se nos hace tarde.

-No me ordenes, hurón- gruñó la Granger, fastidiada, mientras entraba a su habitación.

-¡Si necesitas ayuda para el cierre del vestido puedo dártela!- exclamó Draco, rindo ante la avalancha de insultos que recibió como respuesta.

-¿Realmente no puedes simplemente hacer mi vida más sencilla, verdad?- la sonrisa dl rubio se había esfumado en cuanto vio el vestido escarlata de la leona. –Dije claramente nada de ese color

-Lo sé, pero no eres nadie para mandarme Malfoy- ella sonreía triunfal, mientras descendían las escaleras para entrar en el gran salón del ministerio donde se realizaría el baile.

-Oh no, Granger- Draco la sostuvo del antebrazo y desenfundó la varita, con una sonrisa de oreja a oreja –Un Malfoy siempre obtiene lo que quiere, debes tener eso en claro-

Con una floritura de la varita, el vestido carmesí de la castaña se convirtió en el vaporoso atuendo gris y esmeralda que había visto en la tienda.

-Pero ¿Qué…?- Balbuceó, anonadada.

-Andando- sin darle tiempo a reaccionar, él la tomó firmemente de la cintura y juntos entraron.

Todos se quedaron sin habla. El apuesto Draco Malfoy, heredero de una conocida familia y una gran fortuna, siempre conseguía cultivar suspiros en un público femenino, pero Hermione Granger era más reacia a usar atuendos tan… reveladores. A eso había que sumarle que la leona, tan orgullosa Griffyndor, vestía ahora los colores de la casa de las serpientes y entraba como la pareja de uno de los más puros Slytherins.

-Te mataré por esto, Malfoy- entre dientes y sin mover los labios para no descomponer su sonrisa, Hermione le murmuraba a quien estaba a su lado –De manera lenta y dolorosa- añadió al ver como la orquesta se preparaba. Como suma autoridad mágica, debía iniciar el baile con un vals ni bien llegaba.

-Sólo relájate y disfruta, Granger- sonrió socarronamente él, antes de que empezara la música y comenzara a guiarla con suavidad y fluidez.

Aunque no lo admitiría jamás, Malfoy era ciertamente el compañero perfecto para eventos sociales: bailaba realmente bien (las piezas habían transcurrido sin que Hermione se percatara del tiempo) y no la abandonó un instante, ni siquiera durante las largas y tediosas charlas con otras autoridades mágicas invitadas. Y, para acabar, le había traído solícitamente una copa de champaña sin que hubiese tenido necesidad de pedírselo.

Se encontraban bailando nuevamente, un ritmo lento y relajado, ambos bastante más cerca de lo que el protocolo exigía. Sin saber por qué, la castaña tenía nuevamente esa vaga sensación de deja-bú que no terminaba de definirse, la situación se estaba tornando un cliché.

-¿Qué sucede Granger, no vas a agradecerme el honor de ser tu pareja?- rió el rubio cerca de su oído, haciéndola rodar los ojos.

-Oh, cállate Malfoy, cada vez que abres la boca lo arruinas- sonrió, enfrentándolo con la mirada

-¿Qué lo arruino? ¿Qué insinúa, señora ministro?- continuó el platinado, divertido –Le recuerdo que puedo denunciarla por acoso sexual y… ¡Ah!-

La repentina exclamación y el hecho de que Malfoy se agarrara fuertemente el antebrazo izquierdo la asustaron.

-¿Malfoy? ¡Malfoy! ¿Qué sucede?- lo sacudió levemente

-La-La marca- balbuceó el, jadeando –Alguien a tratado de invocarnos con la marca… No como Voldemort, ha sido solo un segundo, un pinchazo repentino- fijó sus ojos en los castaños que lo miraban con fijeza –Como si alguien estuviera practicando, Granger-

NOTAS DE LA AUTORA: Wiiii, que tal? como ya dije, el siguiente va a tardar un poco, pero tengan paciencia! una abrazo grande a todos los que nos leen, gracias como siempre n.n

se despiden

kit y paz