Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.

A/N: Por supuesto que la historia continua, disculpen la tardanza, y gracias por la paciencia.

Interrupciones

Capítulo 16

El reloj biológico de la chica de Pennsylvania funcionaba a la perfección, despertó sin necesidad de una alarma. Al abrir los ojos percibió el desconcierto de no estar en su propia cama, el olor de las sábanas no era usual, y tampoco era común tener enfrente a su propio hijo enfundado en una bata de hospital. Repentinamente la información se le vino de golpe a la cabeza: Henry se había roto un brazo; compartían la cama para descansar; la doctora había indicado que pasara la noche en observación, quería verificar que no le hubiera ocurrido nada extraordinario que pudiera haber sido omitido la tarde anterior. La madre del niño extendió su mano para acomodar un poco de su cabello rubio, como el de ella, y verificar que efectivamente estaba descansando y tranquilo.

Suspiró y cerró de nuevo los ojos, no para regresar a dormir, sino para reagrupar sus pensamientos. Repasó algunos eventos del día anterior: Penélope estuvo con ella y con Henry en el desayuno; había hablado con su hijo sobre lo que estaba sucediendo y lo que podría pasar; fue al departamento de Emily, le pidió consejo, y por la tarde, fue agredida por Will, y Henry, por protegerla, distrayéndose por gritarle a su padre, cayó del árbol, fracturándose el brazo. Esa entrevista fallida con Will cambió por completo su perspectiva y el rumbo de los eventos.

Un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo mientras recordaba cómo el miedo la invadió al momento de sentir la mano del ex policía de Nueva Orleans, que se cerraba con fuerza en su brazo; fueron momentos desconcertantes para alguien que está acostumbrada a lidiar con eventos más agresivos. Fue una mezcla de aprensión, sufrimiento e inmovilidad en muchos sentidos. Sin embargo, lo que la llevó al filo de la adrenalina y de sus emociones, fue escuchar los gritos de Henry, primero por protegerla, luego, por el dolor del infante provocado por su fractura al caer del árbol, y finalmente, la mirada herida y furibunda de Henry hacia su padre por haberlos puesto en esa situación.

Percibió que una lágrima resbalaba por su mejilla, los eventos eran intensos y las implicaciones no eran simples. En dos días su vida estaba tomando un rumbo que no se había imaginado. La tarde del viernes el ex policía de Nueva Orleans le había pedido el divorcio, una tarde después, la había lastimado, y a mitad de la noche, ella ya lo había demandado y enfrentado. Aquel policía que la había impresionado con su caballerosidad, y que parecía el padre más ocupado por su hijo, se convirtió en un ser resentido, capaz de sacar sus sentimientos más bajos: fue capaz de lastimarla a ella físicamente y también a su hijo, por haberlo hecho ante sus ojos. ¿Cómo puede ser posible que un hijo sea testigo de la violencia entre sus propios padres? Las marcas quedan, y en muchos casos no se puede lidiar con ellas, trayendo consecuencias; ella lo sabía muy bien por su trabajo.

Pero no, su hijo no sería como tantas mentes criminales que la Unidad de Comportamiento había atrapado, él estaría rodeado de amor, bajo sus cuidados y los de su familia no consanguínea, así que estaba convencida de que los resultados serían distintos. Secó otras tantas lágrimas que se habían derramado de sus ojos azules. Al mover sus manos y su rostro, observó el teléfono celular que había resbalado de la almohada. La noche anterior se durmió con él, escuchando por medio de la bocina la voz de Emily.

Aquello la hizo recordar los momentos con su mejor amiga. La noche del viernes le pidió que fuera a su casa para platicar, para desahogar su dolor y su culpabilidad por percibir que la ruptura de su matrimonio se debía a ella y a la devoción que tenía por su trabajo. Repasó la conversación que escuchó entre la ex agente de la Interpol y su hijo, donde ambos prometieron que cuidarían de su felicidad. Se dio cuenta de la nobleza del corazón de Henry, era un ser desprendido que se ocupaba de los demás, especialmente de ella.

Emily, por otro lado, le hizo sentir que las cosas podrían salir bien, siempre y cuando decidiera dar la cara a la situación. Desde el primer momento, la hija de la embajadora estuvo dispuesta a escucharla, a acompañarla mientras enfrentara su realidad; le mostró compasión sin sentir lástima; y solidaridad, sin ser condescendiente. "Te tengo" recordó. Esa frase significaba mucho para las dos, para Emily era total disposición para su amada amiga; y para JJ era estar segura que alguien siempre estaría a su lado.

Todos los gestos de aquella mujer de cabello negro, eran muestras disimuladas de algo más profundo que simple amistad. Ahora, recapitulando tantos momentos y eventos vividos juntas, JJ podía darse cuenta que todas aquellas atenciones podrían ser demostraciones inequívocas de un cariño contenido por quién sabe cuánto tiempo, por ella y también por Henry.

De pronto su corazón comenzó a sentirse aliviado. El apoyo que sintió en los gestos de Emily, en las acciones y compañía de todos sus amigos, la hacían pensar que no debía sentirse culpable por hacer su trabajo, por entregarse con tal pasión a realizar bien las cosas: salvaba vidas, salvaba familias, desterraba seres malignos de la sociedad donde su hijo y el hijo de Aaron vivían, y ellos, sus hijos, comprendían eso. Comprendían que a veces tenían que estar lejos para poder cuidar a la gente buena de la gente mala. No, ya no quería sentirse culpable, quería dejar atrás el sufrimiento y la agonía que Will la hizo sentir por seguir su vocación. Eso tenía que quedar atrás, era tiempo de reconstruirse poco a poco, quería corresponderle todo el cariño a su hijo y empezar de nuevo, demostrarle que era una mujer fuerte, capaz de salir adelante, vivir atendiéndolo a él y vivir por ella de manera libre, acorde a sus convicciones y deseos.

A cuarenta minutos de distancia del hospital de Quantico, cerca del Círculo Dupont, Emily salía de la regadera, secando sus cabellos negros que escurrían de agua. Tenía una sonrisa que no se le había borrado desde que despertó con la ayuda de la alarma de su celular. Nunca había sido buena despertándose sola, la mejor manera de despertar, sin duda, era escuchar la voz de Jennifer, cuando tarareaba alguna canción mientras se bañaba en la regadera de los cuartos que compartían en sus viajes de trabajo.

Debía apurarse si deseaba llevarles el desayuno, algo que les animara el rato mientras esperaban a la Dra. Coday. Buscó una blusa sencilla, unos jeans de mezclilla obscura, y unas botas Cat, propias para el trabajo duro, pero cómodas para pasarla bien en un paseo familiar. Luego de vestirse, dobló con delicadeza su nueva pieza favorita de ropa: la playera que le había regalado JJ, que desde hace dos noches se había convertido en su pijama.

Estacionó su Volvo enfrente de una fábrica de pastelillos, pero ¿qué podría llevarle a JJ y al niño? ¿Dónde estaban sus cualidades de perfiladora cuando más las necesitaba? ¿La Dra. Corday les puso alguna restricción? ¡Demonios, no lo recordaba! ¿Qué le estaba sucediendo? Aquella mañana la ex agente de la Interpol dudaba en cada decisión que debía tomar: la ropa, la ruta, el lugar dónde comprar los pastelillos. Emily se concentró en su respiración, debía tranquilizarse. Antes del viernes todo parecía sencillo: ella era la mejor amiga de una chica rubia casada con un hijo, estaba enamorada de ella desde hacía tiempo, así que su papel era obvio, metería en compartimentos sus sentimientos y viviría al pendiente de Jennifer y de Henry, sin esperar nada a cambio, sólo disfrutar los momentos que compartía con ellos dos, aceptar la manera en que le demostraban su cariño, aunque no fuera de la manera que ella lo anhelaba. Pero la noticia del viernes en la tarde sobre su divorcio, además de su cercanía en esos dos días entre ellas, había abierto la posibilidad para algo más, algo que deseaba Emily, pero ahora que estaba ahí la oportunidad, le daba pánico atreverse no quería arruinar su relación con JJ ni con Henry en el intento de aprovecharla.

Respiró de nuevo, sus dedos buscaron el menú de la cámara, decidió repasar las fotografías que tenía de la agente rubia y algunas pocas de su hijo. Sí, era algo que valía la pena intentar, tener ese par de ojos mirándola con ternura, era algo digno de arriesgarse, así se derrumbaran todas las paredes de sus conocidos compartimentos. Todavía Jennifer estaba enganchada con sus pensamientos, cuando la vibración del teléfono que tenía cerca del rostro la interrumpió.

Distinguió la foto de la agente de cabello negro. Contestó rápidamente, un tanto llevada por la emoción, y otro por prevenir que Henry no despertara.

- ¡Buenos días!

Escuchó la voz conocida, aunque con un tinte que no conocía.

- ¡Buenos días!

Contestó Jennifer con un susurro, volteándose para no hablar en el oído de Henry.

-¡Oh! ¿te desperté?

Dijo Emily, mortificada. ¿Acaso era nerviosismo lo que detectaba la agente rubia en la voz de la agente más experimentada?

- No, ya estaba despierta, Henry sigue dormido. Pero no te preocupes.

Le dijo inmediatamente JJ para tranquilizar a su compañera de trabajo.

- ¡Ouh!, lo siento, espero no despertar a Henry, ¿podría llevarles algo de desayunar?, es decir, les voy a llevar algo de desayunar, pero, no sabía si el pequeño tendría alguna restricción de la doctora o tuya.

Jennifer sonrió por la consideración de su amiga, y también por ver que le costaba trabajo mantener la fluidez de la conversación, definitivamente algo estaba poniendo nerviosa a la agente de cabello negro. De pronto, registró algo.

- ¿Restricción mía?

Dijo la madre rubia con ligero enfado. Emily balbuceó, aquello era más difícil de lo que imaginaba, ¿cómo tratar con alguien a quien ya no quieres sólo como amiga y que tiene un hijo al que quieres cuidar con todo tu corazón, como si fuera propio?

- Ssssip, ya sabes, no comer tanta azúcar y cosas por el estilo…

La madre y agente rió levemente.

- Hey, ¿de cuándo acá les preocupan a ustedes mis restricciones respecto a los hábitos alimenticios de Henry? Él siempre se sale con la suya en cuanto la Unidad está presente, en especial cuando está contigo.

Dijo sonriendo la madre joven, aunque con un tono de reproche. Emily se sonrojó, sí, en especial ella siempre era cómplice del pequeño retrato masculino de JJ para comer más azúcar que la permitida por los pediatras y por su madre.

- Ok, me rindo, sólo creía que debía tener más cuidado…

"Porque la relación se está convirtiendo en algo más profundo" pensó para sí la hija de la embajadora, pero decidió que esa no era la forma de concluir la conversación por el momento.

- …porque está bajo cuidado médico.

Resolvió dando un suspiro al concluir su argumento. Jennifer podía imaginar el rostro de Prentiss.

- Gracias, Em….

Le dijo sincera la madre joven, con una sonrisa todavía en los labios.

- …pero no hay ninguna restricción, y creo que todo lo que pueda comer y le anime, le hará bien. Yo no tengo ningún tipo de restricción médica, así que siéntete en libertad de traernos lo que quieras.

Emily sintió alivio, había algo en el tono de JJ que le contagiaba seguridad para continuar explorando la situación y ver hasta dónde podían llegar.

- Ok, nos vemos pronto entonces.

- Nos vemos, Em

Ambas cortaron la llamada con una sonrisa en sus rostros. Luego de acomodar el teléfono en la mesa de noche y darle un vistazo a su hijo, la ex capitana del equipo de soccer decidió que era tiempo de levantarse, en cualquier momento la enfermera podría llegar para darle una dosis de medicamentos a Henry, o si corrían con suerte, hasta llegara la doctora Corday para darle su última revisión al niño y comenzar los trámites de liberación del hospital.


A/N: ¿Qué podría continuar? Gracias por seguir leyendo, KEy