Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.

Interrupciones

Capítulo 17

Una joven muy amable decoró y empacó los pastelillos que Emily había elegido para Henry y Jennifer, y puso sus bebidas en una canastilla especial para montarla en el portavasos y no se derramara al momento de estar trasladándose. La agente de cabello negro sonreía, anticipaba la reacción del pequeño rubio al ver los pastelillos decorados con sus personajes favoritos. Mientras imaginaba el rostro iluminado del infante, entró una llamada, interrumpiendo su hilo de pensamiento. Era de una rubia, no la madre del niño, la otra, alegre, escandalosa y considerada con todos los miembros del equipo.

- ¡Hey! ¿cómo está mi súper agente y princesa?

- ¡Hola, PG! Bien, gracias, camino al hospital.

- ¡Qué bien! Necesito pedirte de favor que entretengas a nuestra amiga y ahijado favorito, al menos durante dos horas, queremos sorprenderla con la mudanza de su casa, ya está todo empacado y vamos de camino a casa de Rossi.

- Wow, eso es eficiencia, diosa de todos los teclados mágicos

- Gracias, mi princesa, entonces, ¿contamos contigo?

- Si, y no creo que sea muy difícil la distracción, los papeles de liberación del hospital pueden ser burocráticos, más si se trata de beneficios para los trabajadores del Bureau. Cambiando de tema, my dear, ¿sabes de Morgan?

- Sí, está con nosotros…

Dijo contenta Penélope García, Prentiss no lo tomó como cosa ligera

- ¿Cargó cosas pesadas?

Interrumpió Emily, preguntando con voz casi alterada.

- No, no te preocupes, no dejé que nuestro adonis de chocolate se forzara, él debe encargarse de consentirnos en la carne asada que Rossi está organizando como fiesta de bienvenida a JJ y a Henry, pero, por favor, esto no lo escuchaste de mí

- Claro, oráculo de la sabiduría cibernética, no lo escuché de ti.

Respondió Prentiss retomando la tranquilidad y complacida de saber lo que se estaba preparando para sus rubios favoritos.

- ¿Y cómo estás tú?

Preguntó la técnica en sistemas en tono considerado y ligero, a la ex agente de la Interpol.

- Me dijeron que tienes como adorno unos vendoletes en tu frente

- Sí, no te informaron mal, estoy bien, nada de cuidado, decidí pedirte que pusieras algún decorado en mi frente para que fuera más ad hoc con mi estilo…

García sonrió ante el comentario de su siempre imposible amiga.

- …gracias, por preguntar, Penélope, en esta ocasión habrá que cuidar más a Derek que a mí, él se llevó la peor parte.

- No dudes de que lo estamos cuidando. Entonces, no olvides lo que te pedí.

- Nunca, oráculo digital, los distraeré y estaré al pendiente de ambos.

Prentiss sonreía al decirlo.

- Bien, espero verlas pronto, y juntas, realmente juntas.

Emily se sonrojó.

- Supongo que lo último tomará un poco de tiempo, pero sí, nos verás llegar juntas a la casa de Rossi, cuida a Morgan y salúdame a todos por favor.

- Dalo por hecho, princesa.

La ex agente del Interpol cortó la llamada y suspiró, tenía un destino a dónde llegar. La rubia de Pennsylvania revisó qué recursos había en el baño del hospital. Salió brevemente y regresó con su bolsa. Sacó una especie de cosmetiquera con enseres de limpieza. Si usualmente los bolsos de las mujeres cuentan con todo para cualquier emergencia, cuando se es madre y agente especial del FBI, es un bolso de supervivencia. Comenzó por lavar su rostro para quitarse los signos de sueño. Buscó un cepillo de dientes y una liga para sujetarse el cabello en una coleta. Mientras se acicalaba, se observó con atención en el espejo: en sus ojos distinguió un cambio. Hacía unos momentos, en la cama, al lado de Henry, su corazón estaba un tanto contrariado, casi angustiado; ahora no, la conversación trivial que tuvo con Emily encendió un interruptor en ella. Era tan fácil sonreír pensando en su compañera de trabajo, era sencillo sentirse cómoda a su alrededor.

Todo iría bien si daba un paso a la vez, como le recomendó la misma Emily. Con respecto a Will, estaba todo dicho, ella y Henry habían dejado claro aquella media noche que no querían volver a tenerlo en su vida. La lesión de su hijo parecía no tener mayores consecuencias. Ella estaba decidida a no sentir más culpa, ser una mejor madre y una mejor persona. Henry la hizo ver que tenía alguien por quién luchar, alguien que se preocupaba por ella incondicionalmente, y ambos, habían descubierto en el transcurso de este doloroso evento que había una mujer de cabello negro que se ocupaba de ellos en muchos sentidos. Emily Prntiss estaba ahí cuando la necesitaban, cumplía sus promesas, procuraba al niño en su corazón y él le correspondía. Ella misma le confiaba su vida cada día en su trabajo, y ya le estaba confiando sus sentimientos, a los dos les hacía mucho bien estar con alguien que los comprendiera, a uno en su infancia, y a ella en su trabajo, ¿qué más podía pedir?

Su tren de pensamiento fue interrumpido por una llamada a la puerta y la entrada de la enfermera, que llevaba los medicamentos para darle a Henry. La joven madre salió del baño con un rostro fresco, saludó a la enfermera y se inclinó en la cama de su hijo para besarle la frente y despertarlo.

- ¡Hola, pequeño dormilón!

- ¡Hola, mami!

Respondió el chiquillo rubio con voz adormilada, pero de buen humor.

- ¿Cómo te sientes?

Preguntó amable la enfermera.

- Bien, gracias, sólo me siento un poco raro con esto en el brazo.

Contestó de igual manera Henry mirando a la enfermera y a su madre.

- Si te cuidas y obedeces las instrucciones de la doctora, seguro te lo quitarán pronto, pequeño.

Le dijo la enfermera mientras le acercaba las píldoras y un vaso de agua. Después de eso, se despidió de los ocupantes del cuarto y les anunció que pronto llegaría la doctora, pues ya había comenzado sus rondas por el hospital. Ambos le agradecieron y la vieron desaparecer detrás de la puerta.

- Hoy vamos a vivir en una casa nueva

Le dijo su hijo a la agente rubia con un brillo de entusiasmo en sus ojos.

- Sí, Henry, hoy tendremos una casa nueva, y comenzaremos una nueva vida. Pero para ello, debemos dejar bien hechas las cosas: ¿quieres acompañarme a nuestra casa antigua para despedirte?

El niño la observó pensativo. Su madre siguió hablando, sabía que debía darle tiempo, no era una situación fácil para el pequeño.

- Yo tengo que ir por algunas cosas de la caja fuerte y revisar si tía Penélope y tío Spence no dejaron nada importante olvidado.

El chico por fin contestó.

- Sí, mami, quiero ir, quiero estar contigo.

Jennifer suspiró aliviada y lo abrazó con todas sus fuerzas.

- Gracias, cariño, eres un niño muy valiente, no sé qué hice para merecerte.

- Mami, tu cuidas y salvas a muchos niños y personas grandes, tú también eres valiente ¡debes tener todo lo bueno!

La madre rubia sonrió y volvió a llenar de besos a su hijo, orgullosa de él. De pronto escucharon golpecitos en la puerta. Era la hija de la embajadora, que tocaba con cierta timidez en la puerta del cuarto.

- Adelante

Escuchó la experimentada perfiladora detrás de la puerta, animándose a empujarla suavemente. La imagen que vio, la conmovió, madre e hijo se estaban abrazando.

- ¡Emily!

La recibió el niño con un grito de emoción. JJ no pudo sonreír más ampliamente, su corazón le dio un salto, en parte por ver a su mejor amiga entrar, y en parte porque su hijo demostraba su cariño por la misma mujer.

- ¡Hola, pequeño señor!

Se acercó, ya con un ánimo más seguro a saludar al niño, todavía con los presentes en mano. Cuando se acercó los puso en la mesa de noche y se inclinó a saludar a Henry llenándolo de besos, sentándose a su lado. Jennifer cruzó los brazos, quería resistir la tentación de extender la mano y tomar aquellos dedos largos, ese momento era para su hijo. El niño, como pudo, abrazó a Prentiss, y cuando se separaban, observó su frente, se le borró la sonrisa de su rostro.

- ¿Qué pasa, pequeño?

Le preguntó la ex agente de la Interpol, detectando el cambio de ánimo en aquel rostro franco.

- Estás lastimada, ¿te duele?

Emily comprendió y le conmovió la preocupación que reflejaban aquellos ojos azules. Observó de reojo a Jennifer, que también tenía los ojos fijos en ella.

- Sólo un poco, Henry, pasará pronto, no te preocupes.

El niño extendió su mano para tratar de alcanzar su herida. Ella se inclinó, y permitió que el niño rozara levemente los vendoletes, y luego sintió como el pequeño recorría con su dedo su rostro para poner su mano infantil en su mejilla.

- ¡Gracias, Em!

Dijo el niño con una lágrima resbalando por su rostro. Jennifer puso su mano en la boca para contener el sollozo que se le formó al ver a su hijo interactuando con la agente.

- ¡Pequeño!

Le dijo Emily, abrazándolo y observando a su madre que estaba paralizada momentáneamente viendo la escena.

- ¿Qué agradeces?

El infante se escondió en su cuello, pero habló con claridad.

- Porque cumpliste tu promesa, porque nos estás cuidando a mi mamá y a mí, porque no dejaste que mi papá nos lastimara.

Para ese momento Emily también derramaba lágrimas. JJ no pudo contenerse y envolvió a los dos en un abrazo.

- ¡Cariño!

Le dijo al oído su madre mientras estaba inclinada. Emily lo besó en la frente y aprovechando que Jennifer estaba recargada en sus cuerpos, se volvió y besó la sien de la chica rubia.

- No tienes qué agradecer.

Se movió y se separaron de manera natural, de tal manera que observó directamente a los ojos del niño.

- No tienes qué agradecer…

Repitió Emily.

- … lo hice con todo mi corazón, lo haría de nuevo, cuantas veces fuera necesario, porque, escúchame bien Henry, te quiero con todo mi corazón, siempre estaré aquí para ti.

La agente de cabello negro enjugó aquellas lágrimas infantiles, y las de ella. De reojo observó que su madre hacía lo propio, con una sonrisa en sus labios. JJ estaba feliz por ver a sus dos personas favoritas tan unidas.

- Tú eres un chico muy valiente y muy bueno, tienes el corazón de tu mami…

Le dijo observándola, perdiéndose momentáneamente en aquellas órbitas azules, para luego volver a ver el rostro del niño.

- …por ti y por ella, haría lo que fuera, ¿me entiendes?

El pequeño asintió con vehemencia y la volvió a abrazar con su brazo sano. Luego de unos instantes Emily se separó.

- Bien, ahora, dejemos de lado estas lágrimas y desayunemos, mira lo que te traje.

Con sus brazos largos alcanzó la caja de pastelillos y la abrió para mostrársela a Henry.

- ¡Wow! ¡Mira mamá!

Dijo el niño sorprendido, olvidando el momento intenso que acababan de vivir. Le mostró a su madre las figuras de sus héroes favoritos dibujadas en la cubierta de los pastelillos.

- ¿Puedo comer uno mamá?

- ¡Claro, cariño!

Le contestó su madre entusiasmada, contagiada por su sonrisa.

- Para ti, te traje esto

Extendió sus brazos de nuevo Emily, sacando de la canastilla el vaso con café para su amiga rubia. Cuando recibió el vaso, no pudieron evitar rozar sus manos, ambas sintieron escalofríos y surgió un sonrojo espontáneo en las dos.

- ¡Gracias, Em!

Dijo Jennifer mientras prolongaba un instante más tocar aquella piel marmórea. La hija de la embajadora apreció cómo JJ olfateaba agradecida su dosis de cafeína matutina contenida en aquel vaso. Aquel tranquilo momento fue interrumpido por la Dra. Corday.

- ¡Buenos días a todos!

- ¡Buenos días!

Contestaron al unísono. Emily bajó de la cama y retiró de inmediato los panecillos.

- ¿Cómo está el pequeño paciente?

El niño se atragantó para contestarle a la doctora sin la boca llena, eso no era de niños educados, y su madre lo había educado bien.

- Bien, doctora, ¡gracias!

- ¿Quiere un pastelillo o un té?

Le preguntó Emily, ante el asombro de reconocer una ceja arqueada en el rostro de Jennifer. ¿Qué quería decir aquello? La chica rubia de Pennsylvania sintió un pequeño fruncimiento en el estómago al ver que Prentiss estaba siendo amable con la doctora, hasta le ofreció de su propio té. ¿Eran celos los que estaba sintiendo? ¡Por Dios, Jennifer! Se dijo a sí misma.

- Gracias, es muy amable, ya tomé mi dosis de teína antes de las rondas.

Declinó amablemente la profesional de la salud. La agente de cabello negro dejó la caja en la mesita de noche y rodeó la cama de Henry, para dejar espacio a la Dra. Corday que hiciera su revisión al pequeño. Cuando llegó al otro extremo, se paró cerca de Jennifer, que sin pensarlo, deslizó su mano en la mano de la hija de la embajadora, acortando la distancia en entre ellas. La chica de Pennsylvania enredó sus dedos con los de la mujer mayor, percibió aliviada lo bien que encajaban y que la otra mujer no la rechazaba. Tomó aquella mano con seguridad, y entrelazada, la puso junto con la suya en la baja espalda, como insinuando que Emily la posara ahí, sin timidez.

La ex – agente de la Interpol no pudo evitar una sonrisa que se expandía de oreja a oreja, aquel gesto le confirmaba que JJ la quería cerca, muy cerca de ella. Y que posiblemente la ceja arqueada que había visto hacía un momento, era un signo de celos espontáneo, ¿tanta suerte tendría?


A/N: Espero les siga entreteniendo y distrayendo de su vida cotidiana, gracias, KEy