Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.
A/N: Antes que nada ¡FELICES FIESTAS! gracias amables lectores por su espera, y deseo que se la estén pasando tranquilamente con sus seres queridos. Este capítulo, además de desearles lo mejor, va dedicado a: Wimbli y a 15marday.
Interrupciones
Capítulo 18
La doctora Corday auscultó al pequeño ante los ojos atentos de las agentes del FBI. Ambas sonreían, en parte porque veían que las pruebas que hacía la pediatra indicaban que Henry estaba recuperándose de manera notable, y por otra parte, porque estaban juntas, con sus manos bien acopladas, invadiendo cómodamente una el espacio de la otra.
- Pues pequeño, todo está bien, así que con muchos cuidados y alguna pastillita si te molesta el brazo, te recuperarás sin problema. Nos veremos en dos semanas.
Dijo la doctora Corday, satisfecha por su trabajo y ver que el paciente, a pesar de su corta edad, era uno que se ocupaba en recuperarse sin darle dolores de cabeza a nadie. Luego se dirigió a su madre.
- En cuanto termine mi ronda, pasaré a la central de enfermeras donde firmaré los papeles para dar de alta a Henry y pueda salir, alguna de ellas vendrá a avisarles para que terminen los trámites administrativos.
- Gracias, doctora, entonces, nos veremos en dos semanas.
- Sí, llamen para que se les programe la cita y atender al pequeño.
Dialogaron sin que JJ soltara la mano de Prentiss.
- Con permiso y buen día.
- Buen día
Todos los presentes contestaron y observaron cómo desaparecía atrás de la puerta.
- ¡Qué bien! ¡Saldremos ya del hospital, mami!
En ese momento soltó a Emily y se abalanzó hacia su hijo para llenarlo de besos y compartir su alegría.
- ¡Sí¡ ya lo escuchaste, sólo tenemos que esperar unos papeles y ¡listo!
La agente del cabello negro cruzó sus brazos delante de su pecho, ya extrañaba el calor de la mano de JJ entrelazada en la suya, pero en su corazón sentía la tibieza de compartir la alegría de ambos rubios por ver que el episodio estaba llegando a su fin.
- Mami…
Dijo el niño en tono más serio.
- ¿Podrías ayudarme a levantarme para ir al baño, por favor?
- ¡Claro!
La joven rubia acercó sus brazos para que su hijo se impulsara, luego, Prentiss extendió su mano para servirle de apoyo para bajar de la enorme cama hacia los escalones que tenían como ayuda a los pequeños y salvaran la distancia entre el colchón y el piso. Ahí, la mujer de cabello obscuro le colocó su calzado para que no caminara con los pies desnudos hasta donde necesitaba el infante.
- ¡Gracias, Em!
Ambas mujeres vieron caminar al niño sin dificultad, y observaron cómo maniobraba para entrar al baño. Jennifer lo siguió de cerca y le habló detrás de la puerta ya cerrada.
- Si necesitas algo, aquí estamos.
- ¡Gracias!, creo poder solo mami.
Luego, la mujer más joven se volvió a ver a Prentiss, que la observaba atenta. Desde su llamada la noche anterior, la ex agente de la Interpol no había podido dejar de pensar en ella, en lo cercana que se estaba convirtiendo la relación. Luego de haber tenido las manos entrelazadas, con permiso de la rubia para tocarla en la espalda, comenzaba a sentir la confianza suficiente para prestar atención a cada detalle de su mejor amiga nacida en Pennsylvania.
- ¡Gracias, Em!
Dijo la ex jugadora de soccer con cierto sonrojo, causado por aquella mirada intensa. La perfiladora de cabello obscuro, sonrió.
- ¿De qué, JJ?
Jennifer se acercó unos pasos. La especialista en comunicaciones cruzó los brazos; la mujer más madura puso las manos al frente, entrelazando sus dedos, evitando jugar con las uñas, no quería denotar nerviosismo alguno. Ambas estaban haciendo todo lo posible por contenerse y no lanzarse mutuamente a sus brazos.
- Por estar aquí, por el desayuno, por acompañarnos.
Prentiss sonrió más ampliamente.
- No tienes qué agradecer, con mucho gusto, por ustedes, lo que fuera.
Ambas se observaron con atención, queriendo descifrar lo que pasaba por la mente de la otra. Emily se aventuró a interrumpir los pensamientos de su amiga de ojos azules.
- ¿Y cuáles son tus planes, luego de salir de aquí?
JJ bajó los brazos y suspiró. Sin dejarla de mirar al rostro, comenzó a hablar.
- Henry y yo, queremos ir a la casa para recoger algunas cosas y despedirnos…
La ex agente de la Interpol asintió con la cabeza, invitándola a que siguiera.
- ...Y luego de ahí, quisiera tomarme una muy buena ducha…
Emily no pudo evitar imaginarla, sonrió para sí, y sus ojos brillaron un poco. Decidió seguir sus emociones.
- ¿Qué te parece si van a mi departamento y ambos se toman un buen descanso antes de ir a casa de Rossi?
Jennifer no pudo evitar sonreír, le encantaba ser el centro de atención de la agente de cabello negro.
- ¿Lo dices en serio?
Emily acortó más la distancia entre ambas, invadiendo de nuevo el espacio personal de la mujer de provincia.
- Sí, podría ser un buen punto de transición, ya sabes, entre tu vieja y nueva vida. Además, Penélope me pidió que los entretuviera por un buen rato.
- ¿Penélope?
A la agente mayor le gustaba el brillo de curiosidad que surgió en aquellos ojos azules.
- Sip, te tiene preparada una agradable sorpresa, que comienza en tu casa, no te asustes cuando entres si las habitaciones se ven un poco vacías.
La chica de Pennsylvania se llevó una mano al rostro en gesto de sorpresa.
- ¡Oh! ¡Penélope! ¿Qué se le ocurrió hacer?
La hija de la embajadora estiró el brazo para tocar la mano que tenía en su cadera y tranquilizar a la madre de Henry
- No creo que haya hecho nada para preocuparse, en todo caso, disfrútalo, es nuestra manera de estar al pendiente de ti.
Jennifer tomó su mano, y la apretó, asintiendo para darle a saber que entendía y que les agradecía. En ese momento, salió Henry del baño.
- ¿Todo bien, pequeño?
Preguntó su madre, dejando la mano de Prentiss.
- Sí mamá, todo bien, estoy listo para cambiarme, ¡estas batas son muy frías!
- Bien, entonces, deja te paso tu ropa, creo que necesitarás ayuda con la parte de la playera, lo demás, ¿crees poder manejarlo?
El niño asintió, recibió la ropa que su madre ya había recogido de un pequeño ropero y regresó al baño.
- En cuanto llegues a la parte de la playera, nos avisas, cariño.
Dijo Emily de manera natural, como si aquello fuera una situación cotidiana. Jennifer la observó con atención, la podía imaginar compartiendo el día a día con ellos. Como era usual, una enfermera tocó la puerta, interrumpiendo sus pensamientos. Sin mucha ceremonia la enfermera les explicó sobre los trámites a concluir. Ambas mujeres revisaron los papeles y Jennifer firmó lo que correspondía para que el niño quedara liberado del hospital. Mientras finalizaba de llenar los formatos, Prentiss ayudó a Henry a terminar de vestirse y le peinó el cabello. La agente experta se perdió en los brillos áureos de aquella cabecita, mientras pasaba sus dedos entre los mechones rubios. Agradecieron a la enfermera y esperaron a que llegara un enfermero con la silla de ruedas que transportaría a Henry a la salida del hospital.
Ya en el estacionamiento, Jennifer sujetó al niño en su sillón de seguridad del asiento trasero de la camioneta familiar. Emily acomodaba en la parte trasera las pertenencias de los dos Jareaus y empacaba lo que sobraba del desayuno para llevárselo a su loft.
- Entonces, ¿no necesitas ayuda en tu casa?
Le preguntó amable Emily a la chica rubia que ya estaba instalada en el asiento del piloto, con la ventana abierta para hablar con su agente favorita. La más joven sonrió.
- Gracias, Em, todo estará bien, es algo que necesitamos hacer solos.
Emily la observó con atención y asintió, comprendiendo lo que le decía Jennifer.
- Entonces, los espero en casa. Como sea, estoy a una llamada de distancia, ¿de acuerdo?
Dijo con una sonrisa la hija de la embajadora. Jareau sintió tibieza en su corazón al ver la preocupación de Prentiss por ellos, ante tal muestra, no pudo resistir rozar los dedos de Emily que sujetaban la puerta.
- Nos vemos pronto, Em
Le dijo casi en un susurro, como si quisiera que aquello fuera una promesa que sólo quedara entre ellas. Prentiss sonrió más ampliamente al sentir el roce de los dedos de su amiga. Luego, se volvió a ver a Henry, que las observaba atento; le gustaba ver que su madre y su ángel guardián se acercaran cada vez más.
- ¡Te veo pronto, campeón!
Henry sacudió la mano para decirle adiós.
- ¡Sí, Em!
Jennifer sonrió por el intercambio entre ambos, y arrancó camino a la casa donde había iniciado su familia. Después del viaje en silencio, la chica de Pennsylvania entró a la cochera. Suspiró y observó por el retrovisor a su hijo.
- ¿Estás listo, Henry?
El pequeño la miró con atención, sabía en su corazón de niño que eso era importante, había que cerrar algunas puertas para dar paso a otras, como en los cuentos fantásticos de magos que leía con su tío Reid.
- Sí, mami.
La agente bajó del lado del piloto, rodeó la camioneta para abrir la puerta donde estaba Henry, y desabrochó los cinturones de seguridad, para luego ayudarlo a bajar cuidando de no lastimar su mano enfundada en el cabestrillo. Se tomaron de la mano y entraron a la casa que pronto sería un recuerdo.
Efectivamente, Reid y Penélope habían hecho un buen trabajo que sorprendió a cada rubio a su manera. Se llevaron las más cosas posibles, incluyendo todas las fotos de los dos Jareaus con su familia consanguínea y la no consanguínea, la de la Unidad de Análisis. Dejaron atrás las fotos que los tenían a los dos con Will o con la familia de él en Nueva Orelans. En la cocina, se llevaron casi todos los enseres, la cafetera que le habían regalado ellas, sus amigas, ya no estaba, Penélope le encontraría un lugar en su nueva cocina, pensó Jennifer.
Luego entraron al cuarto de Henry, no había nada, sólo algunos juguetes que sabían le había regalado su padre al pequeño. El niño jaló la mano de su madre.
- ¿Cómo sabían qué llevarse, mami?
Preguntó asombrado el niño. Su madre alzó los hombros.
- Bueno, nosotros les dijimos qué era importante para nosotros…
Se hincó y le habló al nivel de su rostro.
- … y por otro, son personas que nos quieren mucho, y saben lo que nos gusta, y se fijan en esos detalles para demostrarnos su cariño.
Ambos se abrazaron, conmovidos por ver aquello medio vacío, pero conscientes de que así debía ser. Luego se separaron y caminaron hacia la recámara principal, Jennifer sintió un nudo en el estómago.
- Henry, ¿podrías esperarme en el pasillo, cerca de la cochera?
- Sí, mami.
- Ten cuidado con las escaleras.
El niño asintió y se fue caminando lentamente. La mujer rubia entró a su cuarto, los recuerdos amargos se le vinieron como oleadas que casi le sofocaron. Agradeció que Henry le hiciera caso en alejarse de ahí, no era bueno que la viera así de afectada. Su mejor y más escandalosa amiga se ocupó de llevarse toda su ropa, excepto los juegos de seda seductores que alguna vez le regaló Will. Recordó haberles platicado a la agente de cabello obscuro y a la experta en sistemas que se sintió incómoda al recibirlos, y también al usarlos, de hecho, los usó sólo una vez, argumentando que le habían causado una alergia en la piel.
Con cierta punzada en el pecho, la rubia provinciana reconoció que tampoco se habían acoplado como hombre y mujer. ¿Cómo no haberse dado cuenta de tantas señales durante el camino? Se miró al espejo de cuerpo completo. Se le derramaron lágrimas de rabia. Entró al vestidor y se dio cuenta de la ausencia de una fotografía de Henry y Prentiss que estaba en su tocador. Obvio, Penélope se la había llevado, y ella la tenía ahí porque la imagen le alegraba la mañana, sus personas favoritas felices, abrazándose. En eso era en lo que tenía que concentrarse, en sus dos cariños más grandes. Se limpió las lágrimas y se dispuso a sacar las cosas que tenía guardadas en la caja fuerte, justo en el último cajón de lo que era su ropero.
Puso todo en una rejilla de plástico; la caja de seguridad portátil que llevaba sus dos armas, sus credenciales como agente del FBI, y alguna identificación cuando estuvo trabajando para la Agencia de Seguridad Nacional. Los papeles oficiales de su hijo Henry, y documentos de algunas de sus propiedades, entre ellas, el coche cubierto en la cochera, guardado por años.
Henry la esperaba sentado a manera de indio piel roja en el pasillo de la planta baja.
- ¿Cómo estás, hijo?
Se acercó a él, sentándose a su lado.
- Bien, quería recordar cuándo fue la última vez que jugué con mi papá y reímos juntos, y no lo recuerdo.
Jennifer no supo qué decir, sólo lo abrazó y lo besó en la frente. Le pareció doloroso que su hijo no recordara un momento feliz con su padre. Observó las fotos que estaban colgadas en el pasillo.
- ¿Quieres llevarte una foto con él o un juguete?
El niño lo pensó unos instantes.
- No, mami.
- ¿Seguro? Esos son recuerdos de momentos felices, porque, ¿sabes? Aunque él haya estado enojado conmigo, su enojo fue conmigo, no contigo, a ti te ama.
Henry pensó un momento.
- Si me amara no se hubiera portado así, mami.
La chica rubia suspiró. El razonamiento de su hijo no tenía argumento en contra. Debía darle tiempo, pensó.
- Bien, entonces, es hora de irnos.
Se dirigieron a la cochera. Dejando la caja plástica en una mesa de trabajo y a Henry en los escalones, buscó algo entre los envases que estaban alineados entre las herramientas. Encontró un recipiente con llaves, ahí perdidas, halló las de su coche. Hizo un intercambio: las de la camioneta familiar pagada por Will las metió, y sacó unas que estaban ensartadas en un símbolo redondo de Alfa Romeo. Luego, se puso frente a un vehículo cubierto, tomó la funda que lo cubría y lo jaló de un tirón. El niño quedó maravillado, por la fuerza que demostró su madre y por el coche que apareció debajo de la funda.
- ¡WOW! ¡Es el rayo McQueen!
Jennifer soltó una risita.
- ¿Te gusta, Henry?
- ¡Me encanta, mami!
Sin mucho apuro tomó la caja de la mesa de trabajo, y la acomodó en la cajuela. Luego tomó de la mano a Henry y regresaron al pasillo que conectaba con la casa.
- Pues bien, Henry, esto es todo.
El niño miró la sala, y luego hacia donde estaba la cocina.
- Gracias, casa, nos vamos, para irnos a otra casa, donde seamos felices.
La agente rubia tragó saliva para deshacerse de un nudo en la garganta. Henry volteó a verla, y apretó su mano, indicándole que era su turno para despedirse.
- Gracias por los momentos felices, porque aquí viví las mayores alegrías al encontrar a Henry cuando regresaba del trabajo, pero debemos empezar de nuevo, y será lejos de todo el dolor que Will provocó. Adiós.
Ambos se volvieron, la madre cerró la puerta y puso la llave en la mesa de trabajo. Luego, abrió la puerta de la cochera.
- ¿Listo, Henry?
Ahora le preguntó con una sonrisa en su rostro. Su hijo le correspondió.
- Sí.
El niño se subió al coche. La mamá lo sujetó al asiento ya sin la silla de seguridad, como si el pequeño hubiera crecido en el poco tiempo que estuvieron despidiéndose de su casa. Y de cierta manera, así era, aunque no en el tamaño de su cuerpo. Sin encender el automóvil, quitó la velocidad y lo empujó hacia el camino de acceso. Siendo un carro europeo, era ligero como para hacer esa maniobra. La pronto ex – esposa de Will tomó el control de la puerta de la cochera, apretó el interruptor para cerrarla, y lo lanzó a la mesa el control mientras bajaba el portón, de tal manera que la casa quedaba asegurada con todas las llaves adentro.
Sintió que su celular en el bolsillo de su mezclilla vibraba. Sonrió. ¿Cómo era posible que su mejor amiga apareciera espontáneamente en los momentos más importantes? Comenzaba a creer que tenían una sincronía invisible e inexplicable.
- "Tengo que salir por unas cosas que me encargó nuestra diosa de los teclados, pero sabes que estás en casa. Preparé el baño del cuarto de visitas para Henry. Los veo pronto 3 Em"
No dudó en responder.
- "¡Gracias! nos vemos pronto ; ) xoxo JJ"
La agente rubia terminó de teclear el mensaje, finalmente observó el exterior de la que ya no sería su casa, suspiró y se dio la media vuelta. Por la ventana de la puerta trasera, le lanzó un beso a Henry, rodeó el coche y se subió al asiento del piloto. De la guantera sacó unos lentes obscuros, y decidió soltarse el cabello. Puso las llaves en el interruptor del coche, y girándolas, rugió el motor italiano.
- ¡Wow!
Gritó el niño entusiasmado.
- ¡Suena como el Rayo McQueen! ¡Vámonos de paseo, mami!
- ¡Vámonos, de paseo, Henry!
Le dijo su madre igual de entusiasmada. Así, dejaban atrás la amargura, y tomaban rumbo a un futuro mejor.
A/N: No es el final, todavía hay cosas que narrar, gracias por leer, KEy
