Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.

A/N: Éxito en este recién iniciado 2016. Continuamos con la historia.

Interrupciones

Capítulo 19

La hija de la embajadora acomodó su Volvo azul al lado de un flamante Alfa Romeo rojo que ocupaba el lugar de visitantes asignado a ella. Lo observó con curiosidad, ¿sería de algún visitante distraído y desconsiderado? Preguntaría en la portería, Jennifer no tardaría en llegar y necesitaría el lugar al que tenía derecho como habitante del edificio.

- ¡Buenas tardes, Lionel!

- ¡Buenas tardes, Srita. Prentiss!

Contestó afable el portero de figura voluminosa, con una sonrisa discreta para quien lo trataba como una persona, y no como un sirviente común y corriente.

- Siento molestarte, pero alguien está ocupando el lugar que tengo asignado para mis invitados.

El portero dio un vistazo a los monitores que estaban ocultos detrás del mostrador que ocupaba diariamente, donde podía ver lo que sucedía justo afuera del edificio y en toda la zona de estacionamientos.

- No se preocupe señorita, en todo caso, disculpe usted, el coche es de una invitada suya, de la señorita Jareau.

- ¿De Jennifer Jareau?

Dijo en tono de sorpresa la agente de cabello obscuro. El Sr. Lionel siguió sonriendo, amable, era raro ver a la señorita Prentiss con expresiones espontáneas. Emily reflexionó un poco.

- Entonces, gracias, Lionel, creo que alguien estrenó coche y no lo sabía.

- No se preocupe, señorita, supongo que será un automóvil que veremos con frecuencia.

Emily sonrió ante la expectativa de ver aquel coche al lado del suyo a menudo, ahora que la chica de provincia estaba separada de Will, podrían pasar más tiempo juntas. Asintió en silencio y se retiró al elevador. En el trayecto reacomodó en la bolsa de papel algunas cosas que había comprado para surtir su refrigerador y recordó la sorpresa que Penélope y ella le tenían a Jennifer en la recámara principal de su futura residencia en la propiedad de Rossi.

Tomó sus llaves para abrir la puerta, giró la cerradura y empujando la puerta encontró a una apresurada, sonriente y mojada Jennifer Jareau.

- ¡Uoh!

- ¡Oh, Emily! ¡Lo siento!

La hija de la embajadora casi pierde el equilibrio por estar a punto de chocar con la Petite de Morgan. Luego de asegurarse que la mujer más alta no caería, la mujer rubia entró al cuarto de lavado.

- Vine por un trapeador para secar el baño…

Se escuchaba al fondo de la pequeña lavandería, Emily todavía estaba tratándose de recuperar de la sorpresa agradable de verla de tan buen humor. Jennifer siguió explicando.

- … digamos que Henry y yo nos enfrascamos en una batalla de agua, y no quiero decirte cómo ha quedado el baño.

Emily rio, por fin se dio cuenta de la magnitud del asunto, JJ traía toda su camisa mojada del frente, pegada a su cuerpo, y varios mechones de su cabello escurrían de agua.

- Creo que Henry es muy bueno en eso, ¡mira cómo te ha dejado!

Caminaron juntas por el pasillo de entrada, Prentiss dejó la bolsa en la isla de la cocina para luego alcanzar a Jennifer en la escalera. Fue inevitable para la perfiladora de cabello obscuro ver cómo la camisa de algodón mojada se pegaba a aquel torso bien formado. La imaginación comenzó a traicionarla al distinguir el color del sostén a través de la tela clara. Tragó saliva para para recuperar la compostura y hablar de nuevo.

- Déjame ayudarte…

Jennifer se volvió para verla a la cara; notó dónde estaba la mirada de su mejor amiga, y no era en su rostro. Se sonrojó un poco al ver cómo las órbitas color chocolate de la hija de la embajadora recorrían su torso, parando momentáneamente en su busto. JJ por fin pudo concentrarse en lo que le decía para contestarle.

- No, ¿cómo crees? Henry y yo hicimos este desastre.

Pasaron por el cuarto, donde estaban las ropas del hijo de Jennifer al pie de la cama, luego entraron al baño, y su diálogo fue interrumpido por un chapuzón, el pequeño se sumergió en la tina.

- ¡Mamá, Emily!

Prentiss se dio cuenta de lo sucedido, había entrado sin avisar, y aunque conocía desde recién nacido a Henry, e inclusive había cambiado sus pañales, el niño rubio ya estaba en una edad en la que era bastante consciente de su pudor.

- ¡Oh, lo siento Henry!

Emily se dio la media vuelta y se quedó afuera del cuarto de baño.

- No quise ser grosera, no te preocupes, no vi nada.

- Vamos Henry, es Emily.

Dijo la rubia de Pennsylvania en tono conciliador. El niño resurgió del agua, aún un poco enrojecido.

- Lo sé, pero…

Prentiss continuó, interrumpiéndolo.

- Lo entiendo Henry, no te preocupes.

Jennifer se volvió a ver a Emily, y le agradeció que fuera tan considerada. Luego, besó la frente de Henry y comenzó a secar el cuarto de baño. Cuando cobró conciencia, Jennifer ya no vio a su mejor amiga en la recámara contigua. Aun riéndose por lo sucedido entre su hijo y ella, bajó a dejar el trapeador al cuarto de lavado. Mientras, en su ausencia, Emily entraba al cuarto de invitados.

- ¿Qué tal el baño, amiguito?

- ¡Delicioso!

Prentiss se contagió de la alegría de aquel pequeño.

- ¿Cómo va tu brazo?

- Bien, gracias, sólo siento un poco de comezón, pero cuidamos de no mojarme mientras me bañaba.

- ¿Te parece si vemos una película mientras tu mami descansa un poco?

- ¡Sí!

- Ok, baja con cuidado y elígela, ya sabes cómo funciona todo; te alcanzo en un momento

Decían cuando caminaban saliendo del cuarto de huéspedes, a media escalera el niño se encontró a su madre.

- ¡Veré una película con Emily!

Comunicó con entusiasmo, dándole un beso en la mejilla. La chica rubia observó a la mujer mayor que la esperaba al inicio de la escalera en la parte más alta.

- Ven.

Le dijo la hija de la embajadora de manera amable, extendiendo su mano, evitando distraerse observando la camisa mojada de la rubia. La mujer más joven tomó aquella mano de largos dedos. Le gustaba sentir esa piel suave marmórea, ya no podía evitar desear que la acariciaran de una manera más que amistosa. La ex agente de la Interpol la guio hasta su recámara, pasaron por el vestidor y llegaron al baño principal.

- ¡Emily!

Dijo Jennifer en un suspiro de sorpresa: aquel cuarto de baño, que siempre le había parecido una indecencia en cuanto a lujo se refería, estaba lleno de aroma lavanda, que se desprendía de las velas encendidas y esparcidas por toda la estancia. El agua de la tina gorgoteaba por las turbinas que lanzaban el agua para dar un masaje relajante; para finalizar, del lado donde uno podía recostarse, había una toalla que serviría de almohada, y del lado externo de la tina, una mesita con una limonada mineral.

En su cabeza y en su corazón ya no cabía la menor duda, Emily la adoraba, y ella deseaba corresponderle con todo su ser.

- Aprovecha para descansar…

Jennifer no la dejó terminar, soltando la mano que sujetaba Emily, la provinciana dirigió ambas manos al rostro de aquella experimentada perfiladora, para atraerla al suyo y besarla en los labios, espontánea, agradecida, queriendo dejar claro que había sentimientos en su pecho que deseaba demostrar sin duda alguna. Emily cerró momentáneamente los ojos, sorprendida de aquel tierno ataque, luego los abrió para asegurarse de que no estaba soñando, que JJ la besaba de verdad. Asegurándose que sus anhelos comenzaban a hacerse realidad, rodeó por la cintura a Jareau, para pegarla más a su cuerpo.

El primer contacto franco entre aquellos labios enamorados y ansiosos, fue seguido de varios más pequeños, pero no menos amorosos. Sus besos comenzaron a dejar la línea del cariño tierno y crecían en profundidad en cada encuentro, las manos largas de la perfiladora de cabello negro dejaban la cintura de la especialista en comunicaciones, para ir subiendo por los costados de su torso aún húmedo. Emily por fin tenía entre sus brazos a su rubia amada, Jennifer sentía por primera vez un amor que la arropaba toda.

De pronto, escucharon la voz de Henry

- ¡Em, la película ya va a empezar!

Ambas se separaron con un poco de falta de aire.

- Argh, adoro a mi hijo, pero hay momentos…

La mujer mayor soltó una risita al ver la cara de frustración de su colega, y la interrumpió.

- Tienes un hijo maravilloso, que se parece mucho a ti, siempre piensa primero en los demás

La chica de Pennsylvania sonrió tímidamente ante el halago.

- Lo sé, pero a veces su sentido de oportunidad no es el más adecuado.

Ambas rieron. Emily extendió la mano para acariciar aquel rostro que ahora le parecía casi adolescente con aquella sonrisa y ojos azules radiantes.

- Tenemos qué hablar, JJ

El rostro de la rubia se puso un poco serio, pero no perdía el brillo en sus ojos.

- Lo sé, y deseo hacerlo Em

Volvió a besar momentáneamente a la mujer de cabello negro, para que no cupiera duda sobre su interés en ella.

- ¡Em!

Se escuchó de nuevo. Jennifer suspiró resignada. Prentiss comprendió

- Hey, no te fijes…

Dijo Emily, inclinándose para besar la frente de la mujer más joven.

- …ya tendremos tiempo para nosotras.

Se miraron por unos instantes al rostro, como queriendo alargar el momento de aquel primer encuentro cariñoso entre ellas; ambas estaban contentas. Emily tomó un mechón húmedo de la rubia y lo colocó atrás de su oreja. Jennifer sintió un leve cosquilleo que le arrancó una sonrisa más amplia, finalmente se volvieron a besar brevemente en los labios. La ex agente de la Interpol se desenredó de Jennifer para irse a cambiar la camisa que mojó en el abrazo con la rubia, y luego bajar a la estancia para ver la película con Henry.

La especialista en comunicaciones vio desaparecer a su ángel guardián detrás de la puerta que daba al vestidor y que la dueña del loft cerró para darle privacidad a la invitada. En esos momentos la chica provinciana se sentía la mujer más afortunada del mundo, se sentía amada. Caminando hacia la tina, se desvistió lentamente, imaginando lo que sería ser acariciada por aquella mujer experimentada, cándidamente sorprendida por la reacción de su cuerpo ante tal perspectiva. Nunca había estado con una mujer, pero Prentiss no era cualquier mujer, y reconocía que era alguien definitivamente atractivo en muchos niveles. Finalmente acabó de acomodarse en la bañera que le había preparado Emily, agradecida de poder descansar sin más pendientes de nada. Le gustaba el inicio de aquella nueva etapa en su vida.

Con el auto nuevo de su madre, Henry estaba embobado viendo por enésima ocasión Cars, imaginando que el auto de su madre era exactamente como el protagonista "El rayo McQueen". Emily estudiaba al chiquillo, y decidió que ahora que comenzaban los créditos y la canción principal había empezado a sonar, era un buen momento para hablar con él. Después del beso de JJ, no había punto de retorno, y el principal afectado, si comenzaban una relación, sería Henry. Aunque el niño parecía aceptar el vínculo que pudiera existir entre ellas, pues había insistido en que le dijera sobre sus sentimientos a su madre, quería comprobar que el retrato infantil de Jennifer aprobaba lo que pudiera pasar entre su colega y ella.

- ¿Henry?

Le dijo después de terminados los créditos y videos de bloopers.

- ¿Sí, Em?

Contestó el chiquillo viéndola directamente al rostro. Se acomodaron entre los cojines del sillón, viéndose frente a frente. Emily alcanzó la mano del niño, tomándosela entre las suyas.

- ¿Recuerdas la conversación que tuvimos en el hospital, cuando me platicaste de Mary?

Como era su costumbre, el niño asintió con la cabeza, de manera efusiva.

- ¿Te sigue pareciendo buena idea que le diga a tu mami que la quiero, como tú quieres a Mary?

El niño asintió más emocionado, y esta ocasión acompañó su gesto con palabras y una sonrisa tan radiante como la de su madre.

- ¡Sí! ¿Ya le dijiste?

La agente experimentada otra vez se sintió atrapada como en la conversación que tuvieron la noche del viernes ¿cómo decirle la verdad sin entrar en detalles?

- De alguna manera…

El infante se desenredó de las manos de Emily y se lanzó a sus brazos. interrumpiéndola.

- Me gustó verlas tomadas de la mano…

Le dijo sentándose ahora en su regazo, viéndola a la cara. La mujer de cabello negro estaba aliviada por haber sido cortada en sus frases, ¿cómo le explicaría que ya había besado a su madre sintiendo escalofríos en la piel de sólo pensar lo que sería amarla por completo? El niño continuó.

- …en el hospital, se veían tan contentas, sonriendo.

A la hija de la embajadora se le hizo un nudo en la garganta.

- ¿Lo dices en serio, pequeño?

El chico asintió. Emily insistió.

- Entonces, ¿podría pedirle a tu mami que sea mi novia?

El niño la abrazó de nuevo y regresó a su regazo

- Sí, pídeselo, sólo me tienes que prometer que siempre la cuidarás y harás que sonría a diario.

La perfiladora se conmovió, tomó el rostro de Henry entre sus manos, para que el niño viera en sus propios ojos que hablaba con la verdad.

- Lo prometo

Luego de eso, se volvieron a abrazar, y Emily no pudo impedir que se le derramara una lágrima de felicidad por la mejilla.


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