Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.
A/N: Es un capítulo corto, ya encaminándonos al final de esta historia.
Interrupciones
Capítulo 20
De pronto, la agente de cabello negro y el niño rubio escucharon unos pasos bajar por la escalera.
- ¿De qué tanto hablan?
Preguntó una renovada y fresca Jennifer Jareau. Limpiándose del rostro la pequeña lágrima que derramó y con Henry todavía en sus brazos, la ex agente de la Interpol se levantó del sillón.
- Hablábamos sobre ti y de mí…
Jennifer se quedó momentáneamente en el final de la escalera. Observó a ambos, su gesto indicaba curiosidad, necesitaba más información.
- …quería saber si estaba de acuerdo en que te preguntara si quieres ser mi novia.
Aquellos ojos azules de la chica provinciana se abrieron como platos y sus manos las llevó al rostro para contener un pequeño grito de alegría. Recobró la compostura en instantes y vio a Henry.
- ¿Estás de acuerdo, hijo?
Le preguntó seria, enfatizando la palabra hijo; quería que supiera que nada cambiaría entre ellos con aquella relación. Ahora el pequeño se escabulló de los brazos de Emily para ir a los de su madre, ella se agachó para recibirlo. El niño le habló de cerca al rostro, claramente.
- Sí, mami, mientras seas feliz y sonrías siempre, deseo que Emily sea tu novia.
La madre sintió que su corazón se derretía, abrazó y besó a su hijo hasta casi asfixiarlo. La hija de la embajadora observó con ojos húmedos la escena. Estaban a punto de comenzar a tocar las puertas de una vida tranquila, llena de nuevos y mejores momentos. La ex jugadora de soccer compuso a su hijo, vio que se recuperara de las muestras de cariño, luego, miró a Prentiss.
- Agente, creo que tiene una pregunta qué hacerme
Le dijo en tono jocoso la rubia a la mujer mayor, mientras le extendía la mano para que se acercara. La agente de cabello negro no dudó y se aproximó hasta tomar su mano, cuidando de que Henry no quedara aplastado entre las dos. Con la mano libre, la mujer políglota peinó el cabello de la mujer de baja estatura.
- ¿Me concedería el honor de ser mi novia, Jennifer Jareau?
Le preguntó con una sonrisa, trataba de ocultar su nerviosismo, esa pregunta llevaba guardada mucho tiempo en el fondo de su cabeza y de su corazón, creía que nunca sería posible preguntarla en voz alta, y menos dirigirla al objeto de su cariño. La chica provinciana contestó, como lo haría su hijo, asintiendo con la cabeza y acompañándola con palabras.
- Sí, Emily Prentiss, quiero ser tu novia.
La hija de la embajadora sonrió más ampliamente, el nerviosismo daba paso a una alegría que a duras penas cabía en el pecho. Se acercaron para darse un beso sencillo, lleno de ternura y respeto.
- ¡Wow, en verdad se gustan!
Escucharon la frase del chiquillo de manera resignada, de ahora en adelante sería una adorable parte de la escena, y posiblemente las interrupciones no tendrían fin. Pero no habría problema, Emily adoraba a los dos, y era bien correspondida por ambos rubios Jareau. Se separaron, pero JJ no resistió darle un beso más en la mejilla a su ahora novia y se volvió para ver a su hijo.
- Bien, vayamos a nuestra nueva casa, ¿no quieres conocer tu nuevo cuarto, campeón?
- ¡Sí!...
- Primero, por favor, sube al cuarto de visitas y revisa que todo haya quedado en orden, y aprovecha para ir al baño.
- ¡Sí, mami!
Gritó efusivamente su hijo; no podía contener su corazón de alegría, así que mientras subía las escaleras, comenzó a compartirles todo lo que quería hacer en la casa nueva, con sus juguetes, y todo lo que podría jugar con el tío Reid y Jack, si tío Aaron lo llevaba a su casa. Mientras lo esperaban, Emily fue a la barra de la cocina para poner algunas cosas en un bolso de supermercado y JJ, se dirigió a la lavandería para tomar una de las mochilas de su anfitriona llena de ropa. Mientras no estaba Jennifer a la vista, la mujer mayor aprovechó para avisar a Penélope que no tardarían en salir. Finalmente, la chica de Pennsylvania salió del cuarto de lavado para alcanzar a su amiga de cabello negro en el pasillo.
- ¿Esta es una maleta con ropa limpia?
Le mostró una mochila muy estilo Prentiss, sobria, práctica. La ex agente de la Interpol asintió con un gesto. Jennifer se la colgó al hombro.
- ¿Y eso?
Preguntó confusa la mujer de cabello negro.
- Por si se necesita.
Contestó segura la chica de Pennsylvania. Prentiss la miró curiosa.
- No entiendo
Reconoció la hija de la embajadora. JJ la miró fijamente, amaba todo en ella, incluidos los momentos que mostraba desconcierto.
- Mientras estaba en la tina, relajándome, pensé si sería posible que … ¿quisieras pasar tiempo de calidad con tu novia?
Preguntó la mujer de provincia en tono pícaro, parpadeando continuamente.
- Ah, oh, ¡Claro!
Contestó Emily, entendiendo por fin a lo que se refería su novia rubia. Jennifer disfrutó ver cómo el rostro de su novia pasaba de confusión a comprensión de su sugerencia. Hasta creyó ver cómo se enrojecían un poco aquellas mejillas marmóreas. El desconcierto momentáneo de la mujer políglota no se quedaría así, ese juego lo podían jugar dos.
- ¿Lleva mi pijama favorita, señorita?
JJ ahora era quien mostraba confusión.
- Mi playera de capitana del equipo de soccer
Dijo triunfante Prentiss. Jennifer rio.
- Te puedo conseguir muchas de esas, aunque, no sé…
Su mirada se levantó, hacia la nada, y puso su dedo en la barbilla, imitando el gesto universal de reflexión.
- … si Henry duerme temprano, y tenemos una charla acompañada de un buen vino, posiblemente no necesite pijama en absoluto, agente Prentiss.
Emily sonriente, oficialmente sonrojada, tragó saliva; le gustaba aquella coquetería de su nueva novia. La observó con atención, prácticamente sentía que se perdía en aquellos ojos azules. Sin la inseguridad de los días anteriores, invadió su espacio personal.
- ¿Realmente quieres esto, Jennifer Jareau?
Jennifer la besó en la nariz.
- Realmente quiero esto, Emily, realmente te quiero a ti
Prentiss no pudo resistirse, aquella confesión la hacía temblar de pies a cabeza, y se inclinó para capturar aquellos labios bien definidos entre los suyos. Fue un beso menos ansioso que los primeros, lento, casi sensual, con promesas implícitas. Tuvo que ser breve porque de pronto escucharon unos pasos apresurados por la escalera. Henry apareció de nuevo, contento, saltando del último escalón; se dirigió a la mujer más madura; sin pensarlo dos veces tomó de la mano a la pareja de su madre.
- ¿Vamos a irnos en tu coche, mami?
- Sí, pequeño
El infante guio a Emily hasta el Alfa Romeo rojo, al lado del suyo.
- No creí que te gustaran los autos deportivos
JJ sonrió orgullosa.
- Creo que hay muchas cosas que no conocen de mí, pero he decidido comenzar a compartir, no sé por qué con el trabajo que tenemos, no había entendido qué tan corta es la vida como para desperdiciarla en cariños y personas que no corresponden ni valen la pena.
- Decía mientras se subían al coche y recibía a Prentiss con un beso adentro de la cabina.
- Y yo deseo conocer todas y cada una, Jennifer Jareau
La chica de Pennsylvania sonrió ante aquellas palabras y la mirada firme de su novia. Emily se aseguró que Henry tuviera bien abrochado el cinturón.
- ¿Listo, amiguito?
- ¡Sí!
La dueña del coche arrancó con precaución, y maniobró audazmente en cuanto estuvo en las calles de D.C. camino a la propiedad de Rossi.
Llegaron al suburbio donde vivía el descendiente de italianos, observando las fincas rodeadas de enormes jardines. Al irse acercando, la mujer de cabello negro avisó de su llegada a Penélope, ella le indicó entraran por la reja trasera, que era el acceso directo al jardín y quedaba más cerca de la casa de huéspedes que ocuparían los dos Jareau. Viéndolos en la entrada, el dueño de la finca abrió con el control remoto la reja. Más de alguna ceja de los varones se alzó por ver un deportivo de marca clásica llegar a la propiedad de Rossi, y más ver a la Petite de Morgan manejándolo.
JJ paró el coche en el camino de ladrillos que rodeaba el jardín, todavía a algunos metros de distancia de la casa.
- ¡Mira, mami!
Decía Henry gritando y bajándose el coche, desde esa distancia se apreciaba un letrero de bienvenida colgado al centro del porche de la casa clásica de doble agua, que hacía juego con la casa principal, era una versión igual de elegante, pero reducida, suficiente para una familia pequeña. La rubia de Pennsylvania se quitó los lentes y atrajo la atención de la mujer de cabello negro.
- ¿Les compartimos la noticia, Em?
Preguntó la chica provinciana, dándole un apretón de manos a la experta en operaciones encubiertas.
A/N: Nos leemos en la siguiente entrega; muy agradecida por su lectura, Key
