Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.
A/N: Momentos familiares.
Interrupciones
Capítulo 21
La hija de la embajadora, registró lo que le preguntaban; observó aquel rostro enmarcado por cabello rubio, luego sus manos entrelazadas y regresó a los ojos de su amada amiga. Pensó:
- "Así debe sentirse tener una pareja, que te complementa y te considera para cada paso que se tiene que dar juntas"
Encontró su voz para poder responder a su novia.
- Si tú estás lista para compartirlo, yo estaré contigo.
A JJ se le dibujó una enorme sonrisa en su rostro, y se inclinó para besar brevemente a su pareja. A pesar de la distancia entre la casa y el coche recién llegado, el gesto no pasó desapercibido por sus amigos que las esperaban al pie de las escaleras del porche de su próximo hogar.
- ¿Vieron lo que yo vi?
Dijo Morgan a Hotch, Beth y Rossi.
- Sí…
Comenzó a decir Rossi, contento por ambas mujeres.
- …por fin sucedió lo que había quedado pendiente por tanto tiempo, las dos merecen su compañía y su cariño.
Observaron como JJ bajó del coche y con pasos largos rodeó el vehículo para alcanzar a Prentiss, que ya cerraba la puerta del lado del copiloto, luego la rubia, de manera decidida, extendía la mano para recibir en ella la marmórea y cálida mano de su novia. Se miraron momentáneamente a los rostros y luego caminaron sin titubeos a donde las esperaban su familia no consanguínea.
Repentinamente se escuchó un grito agudo
- ¡OH, POR DIOS! ¡OH, POR DIOS! ¡ESTÁN JUNTAS! ¡ESTÁN JUNTAS!
La voz era de Penélope, que saltaba y luego corrió un poco para recibirlas con un enorme abrazo. Cuando fueron liberadas de la estrujante bienvenida, las chicas a verificaron si no habían sido lesionadas en alguna parte de sus costillas.
-¡Felicidades, chicas! ¡Felicidades!
- Gracias, Penélope…
- Gracias, amiga…
Respondían emocionadas la pareja de mujeres, compartir que estaban juntas, demostrar que se querían como más que amigas, les aligeraba el corazón. Beth, Hotch, Rossi y Morgan rieron ante el escándalo de la experta en tecnología, Reid, como era usual en esos asuntos, tardó en registrar la información.
- Mi mamá y Em son novias ahora, tío Reid
Le explicó el chico, acostumbrado a los despistes de su padrino, ante los ojos de Jack, que también veía contento la escena de la tía Penélope haciendo escándalo. Cuando se separaron de su mejor amiga, la pareja se encaminó a abrazar y agradecer a los demás. Emily sabía que aquel momento era especial para Jennifer, así que dejó que ella comenzara a recibir los abrazos.
Al primero que se dirigió fue a Rossi, con quien extendió los brazos y le apretó como cuando una hija pretende compartir toda su alegría a su padre.
- ¡Cara!
- Rossi…
A ambos se les hizo un nudo en la garganta, JJ tragó saliva y pudo hablar.
- Muchas gracias por todo, y realmente quiero decir todo, esto es muy importante para mí
- No tienes de qué agradecer, lo sabes, son mi familia, y ustedes me han soportado más que todas mis esposas juntas.
Rieron ante el comentario, y finalmente le dio un beso en la mejilla. Luego fue con Hotch y Beth.
- ¡Oh!, Beth, gracias por estar también aquí
- Con gusto, además de Jack, ustedes son la familia de Aaron, y si a agradecimientos vamos, ustedes también me han recibido con los brazos abiertos.
Poco después, Prentiss llegó con Morgan.
- Ya era hora, Princesa
Al momento, llegó JJ con ellos.
- ¿Es esta la Petite de Pennsylvania? Sólo de verte me da miedo
Rieron.
- ¿Qué dices, Derek?
Preguntó curiosa Jennifer.
- Llegas con un coche deportivo, caminas con cadereo, y mírala, la tienes atada a tu meñique, mujer, y no es que no la trajeras antes de esto, lo que pasa es que ahora lo puede mostrar.
Ambas le dieron un puñetazo en sus brazos.
- ¡Ouch! Lo ven, lo dicho, das miedo…
Las risas surgieron de todos.
- …ya, en serio, todos estamos contentos por ustedes, se ven felices, y será lo mejor para Henry.
Ahora le daban un abrazo y besaban sus mejillas, cada una en un extremo.
- Ok, ok, ahora vamos a mostrarles su casa. ¡Reid, Henry, Jack!
Llamó Penélope a los chicos que ya correteaban en el jardín.
- Aquí están las llaves, cara
Rossi se las entregó a Jennifer, quien las tomó con emoción y agradecimiento, no pudiendo evitar darle otro beso en la mejilla a Dave. Comenzaron el recorrido en el sótano, que era toda la parte de lavandería y un centro de entretenimiento muy funcional, no solamente para Henry y JJ, sino para todos los que quisieran visitarla. Luego revisaron la planta baja, que tenía su sala con chimenea; la cocina con una barra y aparatos electrodomésticos que permitían hacer la vida fácil cuando se trataba de hacer alimentos, parte ya los tenía Jennifer, y otros tantos nuevos, cortesía de todos los amigos, que parecía planeaban pasar comidas y noches de partidos de domingo. Para todos, la chica Jareau era la hermana favorita con la que todos querían pasar tiempo para disfrutar de su calidez. Cuando iban a la segunda planta, excepto Reid y Jack, todos los varones decidieron comenzar a preparar la carne asada en la terraza de la casa principal.
Jennifer no pudo evitar derramar lágrimas y refugiarse en el hombro de Prentiss al ver lo feliz que era Henry revisando su cuarto, lleno de juguetes, libros, su propio baño y montón de memorabilia de sus personajes favoritos. Reid, Henry y Jack se quedaron en el cuarto del pequeño mientras las mujeres iban al cuarto principal. Por supuesto, la chica rubia iba tomada de la mano de Emily, y ella no le negaba el gesto, le gustaba sentir las emociones que surgían de JJ cuando iba llegando a cada habitación.
- Y bien, esta es tu recámara Jennifer.
Dijo abriendo la puerta del aposento, que estaba pintada en colores claros y decorada con muebles de madera, y aunque eran los mismos de su casa anterior, el aspecto era totalmente diferente.
- ¡Gracias, Penélope! Todo está increíble y cálidamente arreglado.
Había una pared donde colgó fotografías de cada año de vida de Henry, y algunas con todos los miembros de la Unidad de Análisis de Comportamiento. Separándose de Prentiss, le dio un gran abrazo de agradecimiento.
- Todavía queda una sección por mostrarte.
Dijo la tecnóloga en tono seguro y anticipado. Abrieron una pequeña puerta que daba a unas escaleras estrechas, por donde se subía al ático, que entre Prentiss y la diosa de los teclados habían arreglado exclusivamente para ella. Ahí estaba un escritorio espacioso, adornado con sus flores favoritas, que recibía luz a través de la ventana que daba al jardín. En un rincón, había un sillón ancho donde podía extender las piernas y reclinar el respaldo, acompañado por una lámpara de lectura en un costado, y un pequeño librero en el opuesto. En la pared al frente del escritorio, la más amplia, colocaron un sillón largo, donde podrían sentarse, mínimo, tres personas o alguien alto, recostarse sin dificultad. En otro rincón, estaban todos sus trofeos y reconocimientos ganados por ser deportista y agente excepcional.
- Aquí podrás trabajar sin ninguna dificultad vía remota sin necesidad de ir a la oficina si así lo decides; además, cuentas con comunicación por toda la casa para vigilar dónde está Henry y si él lo necesita, te puede llamar desde cualquier lugar de la casa, es una especie de micrófono para bebés, pero conectado en red. Y no te preocupes, es de una sola vía, él no escuchará lo que estés haciendo.
Dijo en tono pícaro, observando a las dos mujeres. Beth tuvo que reírse de la reacción de ambas, tímidas, pero con alivio por saber ese pequeño detalle técnico.
- Muy considerado de tu parte, Penélope.
Le respondió la chica provinciana con un tono de rubor en sus mejillas. Beth y Penélope se adelantaron un poco, para llamar a los chicos y llevarlos a la terraza de Rossi. Jennifer aprovechó el instante para jalar a Emily entre sus brazos.
- ¡Gracias, Em!
Le dijo mientras la abrazaba y besaba sus labios despacio. Emily sintió mariposas en su estómago, no sabía cuánto tiempo podía estar más separada de Jennifer y demostrarle su amor como quisiera, sin riesgo de que alguien las encontrara.
- No tienes de qué, todos queremos que seas feliz, Jenn
Se besaron de nuevo.
- ¡Oh!, siempre pensando en los demás, sin querer darte crédito por todo lo que tú haces; tú siempre te has ocupado de mí de manera especial Em, ya no necesitas disimularlo, ahora somos pareja.
La hija de la embajadora sonrió y besó a su novia en la nariz.
- Tendré que acostumbrarme, linda, todos estos años tuve que esforzarme para no cruzar líneas, para no hacerte sentir incómoda y te separaras de mí.
Jennifer se pegó a ella, y la besó en la mejilla, para luego recorrer lentamente con sus labios aquella larga quijada y encontrarse con los labios de la mujer de cabello negro. Saboreó cada instante, y sentía como Emily movía sus dedos largos, recorriendo milímetro a milímetro su cintura, para rozar su piel debajo de la camisa.
- ¡Vamos chicas, es hora….¡oh!, ¡lo siento, lo siento!
Dijo Reid tratando de darse la media vuelta en la escalera. Inmediatamente Jennifer se ocultó en el hueco entre el cuello y el hombro de Emily, soltando un sonoro suspiro de frustración, al cual la mujer de cabello negro de nuevo respondió con una pequeña risita.
- ¡No puede ser! ¿Cuando podremos estar tranquilas? Anhelo poder estar contigo sin interrupciones.
Dijo la ex jugadora de soccer. Prentiss la apretó de nuevo a su cuerpo, besó su mejilla y luego se acercó a su oído, susurrándole.
- Al final del día estaremos juntas, sólo tú y yo, linda.
Jennifer la observó al rostro, se perdió en aquellos ojos obscuros. Eso prometía, y prometía bien, ojalá el tiempo pasara rápido para poder estar de nuevo entre los brazos de Emily, sintiendo su calidez, su cariño y corresponderlos sin timidez.
Alcanzaron al resto de las mujeres en el porche, y tomándose de los brazos caminaron juntas a la casa de Rossi, donde todos los caballeros habían comenzado a preparar la carne en el asador y acomodado la mesa para compartir el almuerzo.
Estando alrededor del asador, Dave llamó la atención de los varones, incluido Reid, que había salido disparado de la casa de JJ después de haber topado con ellas e interrumpirlas en el ático.
- ¡Oh, no! miren eso, creo que debemos de cuidarnos, esas cuatro chicas juntas pueden ser peligrosas.
Decía Rossi, ante la risita de todos los demás. Derek, todavía divertido por lo que le contó Reid, tomó la iniciativa e invitó a todos a la mesa.
- Bien, familia, es hora de compartir los alimentos
Cada uno tomó un plato y se acercó al asador para ser servido por Derek y Hotch. Luego, cuando todos ya habían tomado su lugar en la mesa, pequeños incluidos; Rossi tomó la palabra.
- Tal como dijo Derek, somos familia, y me encanta tenerlos en casa, compartiendo la alegría de una nueva pareja, del inicio de una nueva vida, todos mis mejores deseos, y brindo porque tengamos más días como estos, en donde el trabajo queda de lado y el cariño es lo que podemos disfrutar entre todos nosotros. ¡Salud!
- Salud, papa Rossi…
Dijo Derek, y todos siguieron la corriente, bautizando al patriarca de la familia.
- ¡Oh, cielos! ¡Como si no fuera suficiente ser el más viejo de ustedes!
Rieron todos ante el gesto de supuesto enfado de Rossi. Beth, contagiada por el entusiasmo de todos, preguntó sin empacho alguno.
- ¿Y bien? ¿Cuándo Derek y tú podrán darnos otra noticia agradable?
Le preguntó a Penélope. Todos se quedaron mirando, Beth, sin saberlo, soltó una bomba al centro de la mesa. La reina de los teclados por fin se había quedado callada y Derek no tenía manera de contestar.
- Bueno…
Comenzó Penélope.
- Tenemos algo qué decirles…
Interrumpió Derek. Y continuó Penélope.
- Digamos que, estrictamente hablando, Derek no pasó por mí esta mañana para venir juntos aquí, yo me quedé en su casa.
Hotch se medio ahogó con el trago de cerveza que estaba dando, y los miró a ambos.
- ¡¿QUÉ?!
Todos soltaron la carcajada ante la expresión tan descompuesta del siempre controlado Aaron y comenzaron a escuchar la historia de labios de Derek y Penélope, que se tomaron de la mano a la vista de todos, sobre la mesa; sin tener problema en compartir los detalles de lo sucedido, claro, conscientes de que había niños en la mesa. Jennifer y Prentiss agradecieron que la atención se desviara de ellas, y disfrutaron aquella tarde con su familia no consanguínea, viendo también como Henry estaba contento y compartía su tiempo entre su madre, padrinos y su casi hermano mayor, Jack.
La tarde se convirtió en noche y se deleitaron con una cena ligera improvisada por Rossi y Prentiss, cómplices en el crimen cuando se trataba de platillos italianos. Los primeros en despedirse fueron Beth, Hotch y Jack, luego, Reid. Penélope y Derek ayudaron a levantar todo lo de la reunión, junto con la pareja de chicas y papa Rossi.
- Vamos Henry, da las gracias, ya es tiempo de que descanses, mañana iremos a buscar una nueva escuela para ti.
- Si, mami.
Dijo el pequeño, cansado, pero contento, se acercó a Rossi para darle un beso de buenas noches, luego se colgó de tío Derek y Penélope. Ellos también dijeron adiós, y se fueron por la parte frontal de la casa.
- ¿Me permites un momento con Jennifer, Emily?
Aunque un poco desconcertada, Prentiss asintió. Abrazó a Rossi en agradecimiento y despedida, y se retiró.
- Sip, por supuesto, mientras preparo a Henry para que duerma.
Ambas chicas se besaron en la mejilla. Papa Rossi y Jennifer los vieron alejarse. Por fin el hombre rompió el silencio.
- ¿Estás contenta, cara?
Jennifer lo vio a los ojos, agradecida por tener a alguien como él tan cerca.
- Sí, Dave, estoy muy contenta, hacía mucho no me sentía así, sonriendo casi todo el tiempo, nerviosa, pero al mismo tiempo segura de lo que puedo ser capaz.
Rossi se acercó y la abrazó.
- Me da gusto, yo también hacía mucho que no veía a esa mujer en ti, contenta, considerada, sin dudas, y también estoy contenta por nuestra Princesa, el cariño por ti la estaba consumiendo al no poder demostrarlo.
JJ lo besó de nuevo y se arrebujó en él.
- Estoy muy agradecida con todos, y contigo por estar siempre al pendiente de mí.
- Es lo que tú haces por nosotros cada día en el trabajo, pequeña, así que te has ganado el respeto y el corazón de todos.
Se separaron, la chica rubia observó que Rossi sacaba de un cajón de la cocina un juego de llaves y otro control para entregárselo.
- Si lo consideras prudente, entrega estos duplicados de la casa y el control de la reja a nuestra princesa, supongo que la tendremos muy seguido por estos lugares.
Cual hija pequeña, otra vez Jennifer se colgó del cuello de aquella figura paterna.
- ¡Gracias, de nuevo! ¡Muchas gracias!
Le dijo emocionada.
- Anda, no la hagas esperar más.
Se dieron un último beso en la mejilla. Asegurándose de cerrar bien la puerta de la terraza, Dave observó a Jennifer emprendiendo una apresurada caminata para llegar a su nueva casa.
A/N: Espero les haya entretenido, nos leemos en la última entrega, KEy
