Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.
A/N: La entrega final. Mi reconocimiento a tod s los que han escrito sobre esta pareja, me ayudaron a sentir confianza para armar esta historia. Dedicado a 15marday por sus comentarios constantes en cada capítulo.
Interrupciones
Capítulo 22
Cuando llegó a la casa de huéspedes que ocuparía por tiempo desconocido, buscó a Emily y a su hijo.
- ¡Hijo, Emily!
- ¡Acá estamos!
Escuchó la respuesta de Emily, a quien encontró en el pasillo de arriba. Contenta, Jennifer se lanzó a sus brazos, disfrutó de aquella calidez por unos instantes y se separó de ella, para extender las manos.
- Rossi te manda esto.
Prentiss observó lo que le entregaba.
-¡Oh, Rossi! ¡Gracias!
- ¡Mami!
Jennifer tomó de la mano a Emily, y entraron de nuevo al cuarto del niño.
- Buenas noches, campeón.
Le dijo Emily inclinándose a besarle la frente.
- Buenas noches, Em, y ¡gracias por todo!
- De nada, pequeño.
Ya en la puerta se dirigió a Jennifer, que estaba sentada en la cama con su hijo.
- Te espero abajo, Jen, ¿vino o café, quizá té?
- Té, hoy ya fue suficiente de vino, ¡gracias!
- De nada.
Ambos rubios vieron desaparecer a la mujer mayor.
- ¿Cómo estás, campeón?
- Feliz, mamá, muy feliz, por tener una familia tan grande, pero sobre todo, por verte riendo y platicando de todo, ¡me gusta verte abrazada a Emily!
- ¡Oh, pequeño!
Lo abrazó con un nudo en la garganta.
- ¿Tú eres feliz, mami?
- Sí, soy feliz por verte bien, recuperándote, disfrutando de todo esto, y también por estar con Emily.
- Entonces, estaremos muy bien, mami.
- Sí, estaremos bien.
Se besaron mutuamente en las mejillas, la madre arropó al niño, revisó las ventanas, acomodó alguno de los juguetes, y saliendo, dejó encendida la pequeña lámpara que servía de guía a Henry para entrar al baño. Decidió ir a cambiarse de camisa, quería sentirse cómoda con Emily estando cerca de ella, porque en esta ocasión, no desaprovecharía la oportunidad de estar solas y juntas.
Cuando bajaba a preparar sus bebidas calientes, la agente de cabello negro vio su mochila abandonada en la cocina, olfateó su blusa y decidió cambiarse para la velada, había quedado impregnada de humo y hierbas aromáticas de la cocina de Rossi. Puso la tetera a calentar y la cafetera a funcionar, luego se retiró al pequeño baño de visitas de la primera planta. No podía borrar su sonrisa de pensar que por fin estaría tranquila con JJ.
Como persona criada en Europa, tenía un sentido fino para los tiempos, así que cuando salió sonaron los silbatos de aviso de que sus bebidas estaban listas. Husmeó por las alacenas y encontró las tazas adecuadas. Luego las puso en una pequeña charola, las acompañó con sus respectivas servilletas, azucarera y cucharas, y se encaminó a la sala. Ahí se ocupó de encender la chimenea, afortunadamente, ocupando tecnología, sin padecer el rudimentario rito del acomodo de la leña seca.
De manera sigilosa, aunque sin intención, Jennifer bajó los escalones y desde ahí observó a una reflexiva Emily sentada en el sillón enfrente del hogar. Mientras se acercaba, admiraba como las pequeñas llamas iluminaban su rostro. La ex agente de la Interpol estaba perdida en sus pensamientos, no se dio cuenta de la presencia de la chica rubia hasta que estuvo enfrente de ella. Aquella imagen la dejó sin palabras, a pesar de la sencillez del atuendo de su compañera de trabajo, su actitud y mirada eran distintas, todo su lenguaje corporal hablaba volúmenes de las cosas que habían cambiado en el transcurso de aquellas 24 horas: de la noche angustiosa del sábado a esa pacífica velada de domingo.
- ¿Interrumpo algo?
Preguntó con timidez la chica provinciana. Emilly sonrió.
- Solo pensamientos, pero ya te lo había dicho, no debes preocuparte por interrumpirme, siempre estaré aquí para ti.
Le dijo extendiendo su mano para acercarla y hacerla que se sentara junto a ella. Cuando la chica rubia acabó de sentarse, se aproximó a Prentiss para tomar su brazo y rodearse de él, acomodando su cabeza en aquel hombro, terminando por recargar parte de su cuerpo en el torso delgado, pero ejercitado de Emily; aspiró profundamente, le gustaba aquel aroma cítrico de su amada de cabello negro.
- En serio, ¿qué piensas, princesa?
La hija de la embajadora besó la frente de Jennifer, le gustaba el apodo en los labios de aquella mujer, lo decía de manera distinta a Morgan y a Rossi, le daba un toque de intimidad y ternura.
- Pensaba en ti, en lo mucho que has cambiado de la noche del sábado a ahora.
Jennifer suspiró y se hundió más en el cuerpo de Emily.
- Sí, las cosas han cambiado mucho, yo diría que desde el viernes a esta noche. Siempre agradeceré tu solidaridad y discreción, a pesar de tus sentimientos hacia mí.
Ahora Emily suspiraba, y se refugiaba en la coronilla de JJ.
- Lo haces parecer como si fuera la mejor amiga del mundo.
- ¿No lo eres?
Preguntaba desconcertada Jennifer separándose un poco de Emily para mirarla al rostro.
- Cuando nos vimos el viernes y me dijiste que te divorciarías de Will, francamente, tuve que hacer un esfuerzo enorme por no sentirme aliviada; tú estabas atravesando por algo doloroso y yo estaba contenta porque te separarías; en ese momento, me invadió un sentimiento de alegría, y también de culpabilidad.
La rubia acarició aquel rostro marmóreo, mientas aprendía los gestos de su dueña.
- Pero finalmente dejaste de lado lo que sentías realmente, y fuiste solidaria. No me imagino estar en tu lugar.
Paseó su mano por la barbilla de la mujer más alta, la observó con atención, como gesto de reconocimiento por su esfuerzo en no hacerla sentir incómoda. Prentiss se ruborizó y la mujer más joven volvió a recargarse en el hombro de ella. La mujer mayor retomó la palabra.
- No fue fácil, pero me conformaba con tener tu amistad, y poder tener la oportunidad de estar cerca.
Jennifer se despegó de nuevo, tenía una pregunta importante qué hacer y deseaba ver su respuesta, no sólo escucharla, quería ver sus ojos, sus labios pronunciándolo.
- ¿Me amas, Emily?
Preguntó con timidez JJ, con un tinte de inseguridad en su voz. La experta criminóloga acomodó un mechón de cabello rubio atrás de la oreja, luego, recorrió con algunos de sus dedos aquel perfil, hasta parar en su boca. La hija de la embajadora no pudo evitar una punzada en el pecho, y la chica provinciana detectó su gesto de desconcierto.
- Te he visto estos días demostrarlo, y también, lo he empezado a ver en todos tus gestos desde que nos conocimos, comienzo a descifrarlo, pero quisiera escucharlo, asegurarme que no son ideas mías, y que, aun siendo perfiladora, no estoy viendo señales equivocadas.
La ex agente de la Interpol comprendió, ciertamente no lo había dicho en voz alta, no le había dicho todo lo que sentía en su pecho con el simple hecho de su presencia.
- Te amo, Jennifer Jareau, con todo mi corazón.
Dijo segura, claramente, mirándola a los ojos. La mujer rubia sonrió y se lanzó a los brazos de la agente espigada.
- Y yo te amo a ti, Emily, no tienes idea cuánto.
La hija de la embajadora la volvió a tomar del rostro para acercarla al suyo; se había quedado sin palabras ante aquella mutua confesión, perdida en los ojos azules de la agente más joven. Con seguridad, Jareau coló su mano entre sus torsos para poner su palma en la mejilla izquierda de Emily, recorrió la distancia hasta su cuello, observó con atención aquellos labios delgados, y sin más preámbulos se inclinó, posando suavemente sus labios en aquella boca que sólo emitió un pequeño suspiro de agrado. Sin cerrar los ojos, la mujer mayor observó cómo Jennifer presionaba con más seguridad su boca contra la suya, y viendo aquella determinación, sacudió su letargo y le correspondió. Por fin la perfiladora experta enredaba sus manos en aquellos cabellos rubios sedosos, para besar con intensidad a su dueña.
Luego de algunos minutos disfrutando mutuamente sus besos, así como sus manos aprendiendo sus rostros, la ex capitana del equipo de soccer rompió el silencio, y se reacomodó en los brazos de Emily, recargando su cabeza en el hombro de la mujer más alta.
- Deseaba escuchar que me amas, mirándote al rostro, sin testigos, sólo para mí.
Emily suspiró, entendía lo que percibía la otra mujer, también deseaba decírselo a solas, con calma, en un momento tranquilo como ese. Besó la coronilla de JJ y disfrutó que la rubia comenzara a acariciar su brazo que la rodeaba y aseguraba que no se despegara de ella. Un tanto ausente, la especialista en comunicaciones, retomó la palabra.
- También esa noche me hallé cómoda en tus brazos, aliviada, sentí algo que ya no percibía con Will, así que no fuiste la única, también la culpa me invadió: estaba a punto de divorciarme, acusada por mis engaños, y, sin embargo, había algo en tu abrazo que me hizo sentir bien, ligera.
A Emily le asaltó la curiosidad, también quería sentirse segura de algunas cosas. Ahora era ella la que liberaba a la mujer más joven y se acomodaba para mirarla al rostro.
- Entonces, ¿ya no lo amas?
Jennifer percibió que aquella pregunta era obligada, ella lo hubiera preguntado estando en el lugar de su amiga de cabello negro. Se aseguró de verla fijamente a los ojos.
- No, ya no lo amo y creo que, si alguna vez lo amé, fue porque parecía un sueño, caballeroso, atento, pero nada más. Nunca se convirtió en realidad, no acabó de hacerse tangible, presente.
La mujer más joven ahora tomaba el rostro de la hija de la embajadora con ambas manos y continuó.
- Contigo, desde el viernes, sentí algo nuevo, sentí calidez, y hoy por la mañana, cuando me miraste por la espalda…
Emily se sonrojó y se mordió el labio por saber que su mejor amiga la había pillado.
- … me sentí deseada; luego, cuando me dejaste sola, mientras descansaba en la tina, pensando en ti, mi cuerpo reaccionó de una manera que no esperaba, pero me agradó, y me pregunté seriamente qué sería estar contigo.
Y diciendo eso, se acercó para besar de nuevo a la perfiladora experta. Emily tragó saliva. Percibió que la rubia se levantaba, la jaló para que se alzara con ella y la acompañara. Algo cayó en su sitio, la mujer de cabello negro no quería imaginar cosas, así que se atrevió a preguntar.
- ¿Estás segura?
- Sí…
Dijo JJ emocionada, esforzándose para que le salieran las palabras.
- … ven.
Dejaron olvidadas sus bebidas calientes en la mesita de la sala, ahora no eran importantes, lo importante era el tiempo que podían compartir juntas, a solas. Con pasos cadenciosos ambas mujeres recorrieron la distancia entre la estancia y el cuarto de la agente especialista en comunicaciones interdepartamentales. No había prisa, Emily disfrutó ver delante de ella el cuerpo de la mujer rubia. Ella, disfrutó percibir aquella mirada que la deseaba.
Al llegar a la recámara, Jennifer indicó a Emily que entrara, luego, se aseguró de cerrar la puerta. Observó la elegancia de aquella figura al centro de su habitación, se miraron de frente y la mujer mayor esperó a que la más joven se acercara. Se volvieron a besar, con calma, respirándose. Finalmente, las manos comenzaron a sentirse libres para recorrer sus torsos vestidos. Cuando ya no era suficiente para ambas aquellas caricias, decidieron comenzar a desabrochar sus camisas.
Jennifer no sabía cuánta experiencia tenía Emily, pero sí demostró más habilidad para quitarle la ropa. Cuando aquellas manos marmóreas comenzaron a bajar su camisa para descubrirla, JJ cobró conciencia de lo que vería su amada: las cicatrices de su tortura y el moretón que le causó Will. Repentinamente se ruborizó y detuvo el ritmo de la ex agente de la Interpol.
- No temas, JJ, soy yo, te conozco y te amo toda, con tus defectos, con tus imperfecciones, con todas tus cicatrices que son parte de tu historia.
La experta perfiladora, para demostrar que podía confiar en ella, que ambas tenían cicatrices, bajó su camisa, y quedó al descubierto. De manera espontánea, JJ derramó lágrimas, y extendió su mano para tocar el escote de Emily, con su mirada, pidió permiso para recorrer con las yemas de sus dedos el tatuaje de mirlo que cubría lo que fue la marca de Doyle en el pecho de la ex agente de la Interpol.
- ¿Lo hiciste por mí?
Emily asintió en silencio, y tomó aquella mano entre las suyas.
- Sí, porque tú siempre estarás por encima de todo, especialmente encima de todo sufrimiento. Eres mi mejor amiga, mi consuelo, mi más anhelado y bello deseo.
Y con esa declaración, JJ se inclinó para besarla, de manera profunda, con sentimiento. Después de quedarse un poco sin aire, su nariz recorrió la quijada larga y un tanto angulosa de la mujer de cabello negro, que ya la abrazaba para sentir el calor de su cuerpo. La chica provinciana dejó de lado su inexperiencia con mujeres y comenzó un lento recorrido con sus labios a lo largo de aquel elegante y largo cuello. Ese fue el inicio de un encuentro íntimo, por mucho tiempo deseado por Emily, recién soñado por JJ, y que ahora podía ser realizado, con calma, detallado, por fin, sin interrupciones.
A/N: Gracias a quienes me acompañaron en esta jornada de 22 capítulos, espero les haya entretenido; sus comentarios son bienvenidos. A mí me ha gustado escribirla; nos leemos en otra historia ;) KEy.
