Ironía

06

"Cuando William Cabott conoció a Rose Weasley supo que su mundo había cambiado para siempre …"

Se conocieron un caluroso día de verano, durante una reunión de ex-alumnos de Hogwarts, el colegio de magia y hechicería más prestigioso del mundo mágico. Los padres de ambos habían tenido la genial idea de llevar a sus hijos a la velada y, al ser los únicos niños en el lugar, había resultado inevitable su encuentro.

"Estoy aburrido" - le había dicho él.

"Yo también" - respondió aquella niña, mirándolo detenidamente con los ojos más azules que él había visto en toda su vida. Era realmente preciosa.

"¿Jugamos?" - preguntó tímidamente. Nunca se hubiera atrevido a jugar con una "niña", pero estaba realmente desesperado por tener un poco de diversión.

Ella se encogió de hombros y respondió con un despreocupado "Ok".

"¿Y cómo te llamas?"

"Rose, ¿y tú?"

"William, pero mejor dime Will"

"Me gusta más" - había dicho ella sonriéndole.

"A mí también"

Una hora después ya eran los mejores amigos.


Es sorprendente lo increíblemente fácil que es hacer amigos cuando se es niño. Sin tomar en cuenta de cosas que en realidad son completamente irrelevantes, como: el status social, la raza, religión, pasatiempo o equipo de quidditch favorito. Al crecer te vuelves más "selectivo" con tus amistades y se desperdician muchas oportunidades de relacionarse con personas maravillosas.

Afortunadamente ese no fue el caso de Will. El ser amigo de Rose Weasley tenía muchas ventajas, una de las principales era que jamás se sentía sólo, pues la numerosa (y ruidosa) familia de ella siempre estaba por los alrededores para alegrarle el día, bien podía sostener interminables discusiones sobre quidditch con James y Albus, que pasar la tarde entera en la habitación de Hugo jugando videojuegos.

Otra de las ventajas era que a la hora de los exámenes Rose era la mejor maestra. Si ella le ayudaba tenía garantizado obtener una buena nota, sobretodo en Aritmancia (que definitivamente no era su fuerte); además - por si esto fuera poco - ella tenía un poder especial para convertir lo bueno en malo y generar buena suerte donde no la había - al menos en lo que a él se refería. En otras palabras: Rose Weasley era un amuleto. El más precioso.

Pero siempre había sido sólo eso "un amuleto". Acudía a ella cuando quería que su equipo de quidditch ganara, o cuando tenía un recital de piano y no quería decepcionar a sus padres. Ella le daba suerte, y eso era todo.

Sus padres eran conocidos de los padres de Rose, de entre todos los Potter's y Weasley's del mundo ella era su favorita. Su primera y mejor amiga. Sólo eso.

A pesar de lo bien que conocía las muchas virtudes de la pelirroja, e incluso después de algunos años conviviendo con ella en Gryffindor, nunca la había considerado seriamente como un prospecto de novia. ¿Rose, su novia? ¡que locura!


Pero un día de invierno algo cambió.

Era la víspera de navidad. Ese año había decidido pasar sus vacaciones de invierno en casa en vez de quedarse en Hogwarts, y por azares destino su madre se había empeñado en que la acompañara al servicio religioso que se ofrecía con motivo de las festividades, él sin duda prefería quedarse en casa ayudando a su padre a decorar la fachada con luces, pero algo en el rostro de Melanie Cabott le decía que no aceptaría una negativa por parte de su hijo, así que a regañadientes acepto ir.

Para su sorpresa el recinto se encontraba atiborrado de conocidos, sobre todo amigos del colegio. A lo lejos se divisaban las pelirrojas cabelleras de los Weasley, sentados cerca del altar; también lograba divisar las alborotadas cabelleras castañas de Hugo y su madre, pero era extraño que no lograra localizar a Rose. Allí debía estar.

Las personas comenzaron a tomar sus lugares. Su madre y él quisieron encontrar un lugar cerca de los Wesley o de los Potter, pero les fue imposible debido a la multitud, de modo que se sentaron unas cuatro filas más atrás.

El servicio comenzó. Él prestó poca atención al sermón, pues seguía buscando con la mirada a Rose. Se estaba impacientando ¿dónde rayos se encontraba?

De repente, algo extraño pasó. Todo quedó en silencio, aun más callado de lo que ya estaba durante el sermón. Detrás de una cortina se asomaron los rostros de una docena de jóvenes vestidos de blanco, en medio de todos ellos estaba Rose. La podría haber distinguido a un kilómetro de distancia, con ese cabello color fuego y sus brillantes ojos azules destellando. Tenía unas partituras entre las manos.

El coro que la acompañaba empezó a emitir un suave y agradable murmullo, era una melodía muy hermosa. Rose empezó a cantar a capela "Oh holy night", al principio lo hizo tímidamente, pero después se desinhibió por completo. Cuando llegó a la parte de "the angel voices…Oh night divine, oh night when Christ was born" el público entero contuvo la respiración. Estaba maravillosa. Realmente tenía la voz y el aspecto de un ángel.

Fue entonces cuando William Cabott se dio cuenta que Rose no era como las demás chicas. No, ella era especial. Magia pura. Eso era Rose Weasley.


Ese mismo día - mientras su madre conversaba con los padres de Rose y el resto de los chicos hacía una guerra de bolas de nieve - él la esperó en la parte trasera de la iglesia, donde sabía que ella saldría. Tenía que hablar con ella, aunque ni él mismo sabía con certeza lo que iba a decir.

La pelirroja fue la última en salir. Cuando la vio salir aún vestida de blanco y frotando sus manos para darse calor, sintió un vuelco en el corazón. ¿Cómo es que nunca se había dado cuenta de lo única y especial que era?

- ¡Rose! - la llamó a lo lejos.

- Will - susurró mientras corría hacia él - no sabía que seguías aquí. Creí que no alcanzaría a verte. Gracias por venir.

- No sabía que cantaras, lo haces muy bien.

- ¿En serio te gustó? - preguntó emocionada.

- Sí, mucho. – dijo él rodeando un árbol y aventajando su paso al de ella.

- Gracias, en realidad estaba muy nerviosa. Nunca había cantado en público, pero mis amigos me lo pidieron y quise hacerles el favor.

Se preguntó si entre los amigos de la chica se encontraba uno lo suficientemente atractivo como para que la "reina del hielo" aceptara actuar frente a tantas personas. Una sensación fría y letal lo inundó, como si quisiera matar a alguien, sólo que no sabía a quien, posiblemente al desconocido que le estaba robando a Rose.

Vaya, ya pensaba en ella como si fuera de su propiedad. Estaba celoso. Eso no era nada bueno.

- ¿Y que piensas hacer mañana? – preguntó de pronto.

- ¿Me estas pidiendo una cita? – bromeó Rose con una sonrisa en el rostro, el tipo de gesto que decía "no te estoy tomando en serio"

Él odio ese gesto. Por primera vez en toda su vida deseaba que una chica lo tomara en serio.

- ¿Y si así fuera? – la acorraló.

- Debes estar bromeando…

- No, nunca he hablado más en serio.

La beso. Fue inevitable. Un impulso, no…una necesidad. Fue todo lo que él pudo haber imaginado y más: algo único, especial…mágico. Justo como Rose.

- ¿Porqué hiciste eso? – preguntó ella en cuanto logró recuperar el aliento. Estaba completamente sonrojada, pero parecía extrañamente complacida.

No tenía explicaciones, simplemente deseaba hacerlo. Necesitaba sentirla.

- Yo…no lo sé. – Respondió azorado – Pero…quiero volver a probar.

Volvió a besarla una y otra vez, mientras ella le respondía con el mismo entusiasmo. Entonces lo supo. Era ella. Siempre había sido ella.

- Más te vale que nunca dejes que otro chico te toque.

- ¿Es eso una advertencia? – rió la pelirroja mientras abrazaba su torso y se refugiaba en el pecho de él.

- Si. ¿Crees que me gustaría ver a mi novia con otro?

- ¿Tu novia? – repitió ella incrédula.

- ¿Te gustaría salir conmigo? – preguntó con cierto nerviosismo.

En verdad deseaba que ella aceptara.

- ¿Tú que crees? – respondió acariciando su rostro y besándolo de nuevo.


Will sonrió al recordar lo ocurrido un año atrás, cuando había empezado a salir con Rose Weasley. A pesar de los problemas por los que habían pasado y de que ella no deseaba dar a conocer su noviazgo, no se arrepentía de nada. La amaba, y si estaba en su mano hacerla feliz lo haría a como diera lugar.

Y eso era justo lo que iba a decirle al imbécil de Scorpius Malfoy.

Continuará

N/A: Tardé años en actualizar, de verdad lo siento, es sólo que en verdad me fue imposible actualizar antes :( pero ya saben lo que dicen "siempre es mejor pedir perdón que pedir permiso" :D

De nuevo agradezco su enorme paciencia y apoyo constante; además de los comentarios que me dan pues son de gran utilidad para mí y me hacen muy feliz ;D

Espero con impaciencia sus reviews, recuerden que todos sus comentarios me son muy útiles, así que no dejen de opinar sobre lo que les gusta y lo que no, o que detalles debería pulir. Agradeceré cualquier observación respecto al fic, cualquier felicitación o tomatazo, jajaja ;D

Besos de cereza para todos, hasta pronto.

Atte. Aimé

P.D.

1.- Los espero en el foro "Príncipes de Hogwarts" y también en mi Blog (los links están en mi profile).

2.- Muchas gracias a: Kari Uchiyama, Nanis, Susy Snape, Andrii, Car=), Giselle Lestrange, Istel y sol potter black por sus interesantes comentarios del capítulo anterior, en verdad me alegraron mucho sus observaciones.

"Recuerda: los reviews no muerden"