Disclaimer: El mundo de Owari no Seraph, su trama y personajes no me pertenecen; la idea original y las ilustraciones pertenecen a: Takaya Kagami, Daisuke Furuya y Yamato Yamamoto.
Clasificación: T
Personajes: Fragmento número dos. Mikaela Hyakuya y Krul Tepes.
Renacer
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La muerte, frío y descarnado espectro vestido de rojo, estaba a su lado, drenando con lentitud los tortuosos últimos minutos de su insignificante existencia.
Mikaela sentía el alma ser arrancada desde lo profundo de sus entrañas; los pulmones llenarse de sangre, haciendo cada vez más difícil la tarea de respirar, el sudor perlaba su frente, y los límites de su visión se tornaban borrosos desde unos minutos atrás. El dolor se extendía palpitante desde el agujero de su pecho y su brazo desgarrado, y se extendía por todo su endeble y delgado cuerpo, adormeciendo hasta la punta de sus dedos.
Quería que todo terminara de una vez, que el agujero rojo de la muerte consumiera todo su tormento y desconsuelo y lo drenara lejos, sin embargo, la adrenalina lo mantenía despierto; el dolor y la impotencia se materializaron salados y cristalinos y se deslizaron por sobre sus mejillas ensangrentadas. Tendido sobre la dura y fría superficie blanca de mármol de aquel inmenso salón, lo último que le quedaba por vivir eran aquellos interminables segundos de agonía.
Todo se fue tornando obscuro, y lo único que podía discernir su mente con dificultad, eran un par de voces lejanas...
—¿Quieres vivir?—los párpados se abrieron pesados y los ojos celestes enfocaron con dificultad la presencia que se cernía frente a él.
—No.
—¿No quieres vivir?—Él se mantuvo en silencio.
No. Él no quería vivir.
Ante la mirada carmesí que lo escrutaba con detenimiento él era solo un simple humano egoísta que deseaba terminar con su dolor, que deseaba terminar con ese obscuro remordimiento ante la perdida de su familia, que simplemente quería que todo terminara de una maldita vez.
Sin embargo...
Krul no podía dejar que esa débil llama se extinguiera.
Mika cerró los ojos aturdido por el dolor, pero pronto sintió su abdomen ser presionado por un peso desconocido, su rostro ser tomado en medio de dos suaves manos y los fríos labios cubrir los suyos con sabor metálico. Abrió los ojos aterrado, su corazón se aceleró desesperado y un asfixiante agujero en la boca del estómago lo hacía ser envuelto por la desagradable sensación de ser succionado por la gravedad; intentó separarse, pero más sangre brotó de su miembro desgarrado, entrecerró los ojos con dolor, mientras sentía una humillación inexplicable y la noción de algo carnoso abrirse paso hasta su garganta; quería toser, gritar, morir...
Un líquido espeso y frío bajó a través de su esófago como el ácido, cubriendo con su esencia agria y desagradable cada centímetro de sus cuerdas bucales, deslizándose con lentitud por todo su sistema, refugiándose entre cada carnosa célula del cuerpo.
Poco a poco sintió como si sus pulmones fueran regenerados, como si hubiera abierto los ojos de nuevo ante un nuevo mundo, con una perspectiva diferente, renovado completamente; sintió los aterciopelados labios alejarse. Un delgado hilo de sangre se deslizaba fuera de su boca, miraba incrédulo ese par de ojos carmesí mientras sentía como el dolor comenzaba a apaciguarse; recibió una leve sonrisa y un segundo después aquel ser de cabellos rosáceos se inclinó sobre él, la cálida lengua serpenteó sobre la sangre en la comisura de sus labios y en un instante, Krul estaba nuevamente de pie.
Mikaela parpadeó confundido; tomó una profunda bocanada de aire, sintiendo el exquisito aire hinchar sus pulmones y sus ojos fueron recubiertos por una delgada capa de lágrimas.
Él ya no era el mismo.
Ya no era humano.
Sólo era uno más...
...Un asqueroso vampiro.
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