Disclaimer: El mundo de Owari no Seraph, su trama y personajes no me pertenecen; la idea original y las ilustraciones pertenecen a: Takaya Kagami, Daisuke Furuya y Yamato Yamamoto.

Rating: T

Personajes: Fragmento número seis. Ferid Bathory.


Humanos.

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Ah, cuan placentero fue degustar con la mirada la expresión de terror que se tatuó en el rostro de aquellos pequeños corderos. Era cautivador observar las diferentes gestos que desfiguraba los semblantes de los humanos al experimentar distintos estados. Desesperación, dolor, miedo...

Los segundos transcurrían sin detenerse a esperar a aquel que hubiera quedado atrás, ahora no tenía tiempo para acertar a cada uno de aquellos exquisitos sentimientos terrenales, particulares y exclusivos de la raza humana. El tormento sobrevino ante su majestuosa trascendencia.

En un parpadeo tomó a una de las criaturas vestidas de blanco y le enterró los colmillos sin misericordia, traspasando la carne y escuchando el crujir de los tiernos huesos al ceder ante su fuerza sobrenatural, pronto la niña no soportó la extracción de sangre y la carga física y exhaló el último suspiro, quedando inerte en sus brazos; eso era lo más fastidioso de los humanos... eran frágiles y se quebraban con facilidad. Inyectó la mirada carmín en el resto que lo miraban con absoluto temor y pánico, sin soportarlo corrieron de regreso al subterráneo, renunciando a sus esperanzas y anhelos, escapando como ratas a la seguridad de lo que igual los llevaría a morir.

"Ridículos"

Se dejaban doblegar tan rápido. Ferid se lanzó hacia el ganado y comenzó la danza nefasta con aroma a muerte. Giraba con gracia a través del piso lustroso; su mayor espectador, el brillante salón en colores blancos y puros, su espectáculo, el líquido granate que estallaba frente a los orbes de esmeralda y zafiro.

—¡Detente!—el lamento desgarrador se clavó en sus oídos y solo hizo la función aún más divertida, más cuando pudo ver por el rabillo del ojo, las lágrimas empapando el rostro de el rubio que tantas veces le ofreció su sangre, recordaba perfectamente su sabor, era sabroso, casi exótico. Encantador, pensó mientras sus dedos penetraban en la suavidad de la carne y la destrozaba en gruesas partes, manchando el blanco de las baldosas y desprendiendo al aire el olor agridulce y placentero.

Todo terminó más rápido de lo que empezó, y al final solo quedaron dos niños de pie, con las pupilas hundidas en las profundidades del desconcierto y la perdida, Mikaela se dio la vuelta hacia su hermano, con las cejas juntas y una sonrisa en el rostro, una mezcla entre la desesperación y el consuelo.

—...Recuerda, siempre seremos una familia—y arrebató el arma de la mano temblorosa de Yu y corrió hacia el enemigo con valentía.

Humanos, pensó el vampiro mientras una sonrisa se extendía en sus labios. Tan interesantes y llenos de ambiciones, impredecibles y siempre cargados de sorpresas, tan cautivadores y letales... Esquivó a Mika con facilidad. Con la determinación para poder luchar ante la adversidad, una caja de colores infinitos y llamativos. Un millón de posibilidades y situaciones.

Sin embargo...

Sin el menor atisbo de pena y con los colmillos sobresaliendo de sus labios con una extensa sonrisa, atravesó el pecho del niño con un movimiento seco y preciso, un sonido sordo hizo eco en el lugar, y los ojos azul cielo se abrieron pasmados.

...Débiles sabandijas todo el tiempo.

Simples cabezas de ganado.


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