Disclaimer: El mundo de Owari no Seraph, su trama y personajes no me pertenecen; la idea original y las ilustraciones pertenecen a: Takaya Kagami, Daisuke Furuya y Yamato Yamamoto.

Rating: T

Personajes: Fragmento número siete. Yu Hyakuya.


Cordero

.

.

El niño había logrado escapar del sombrío infierno llamado subterráneo, donde él y sus semejantes eran tratados como animales, simple ganado, y por la única razón que los mantenían con vida era porque ellos representaban la única fuente de alimento disponible; apenas y les daban de comer, y lo poco que caía al estómago eran verduras marchitas que posiblemente serían vomitadas, principalmente por la debilidad del cuerpo ante la perdida de tal cantidad de sangre día a día, lo único que los mantenía de pie -aunque con las piernas temblorosas-, era aquel líquido pastoso y rosáceo que debían beber de un empaque metálico. Repugnante.

Sólo había nacido una frágil esperanza de entre toda la porquería, y al final... ellos terminaron muertos. Yuichiro cerró los ojos, con el cuerpo aún tendido sobre la nieve, tratando de borrar el mar de color rojo que estalló frente a sus ojos, aún podía sentir en sus brazos el calor palpitante del cuerpo destrozado de Mikaela.

"Mika"

Las lágrimas empaparon sus mejillas, mientras sentía la mitad del rostro adormecerse ante el frío intenso que desprendían la nieve y el hielo. ¿Tenía sentido continuar corriendo?, entreabrió los orbes de jade, percibiendo a través de las hebras negras que descansaban sobre sus ojos, diminutos copos blancos, tan suaves... tan inofensivos, al final terminarían por cubrirlo. Se quiso rendir por un instante, pero de inmediato declinó, si moría estaría haciéndole un favor a esos bastardos, y él no podía doblegarse ante ellos.

—No...—murmuró comenzando a incorporarse, respirando con dificultad, con los brazos temblorosos y las rodillas débiles, con el carmín manchando sus ropas y su espíritu. Se puso de pie, se tambaleó y mantuvo el equilibrio, cerró los ojos por unos breves segundos, tratando de apaciguar el inevitable mareo que sobrevino; ignorando la temperatura que ardía en sus venas.

De repente escuchó varios pasos amortiguados por la esponjosa alfombra pura que lo cubría todo, levantó la mirada al borde del colapso, con las retinas impregnadas de fatiga, observó casi con admiración aquello de pie frente a él; tal vez por la fiebre que borbollaba en sus sangre o por sus sentidos embotados por el hielo, se dijo a si mismo que era un salvador.

Un cuervo vestido de paloma.

Sólo pudo escuchar una frase que apenas pudo digerir.

—Te usaremos para acabar con los vampiros—Y los ojos se le cristalizaron. Caminó con el alma a punto de desvanecerse en cenizas, con ojeras oscuras; solo bajó la cabeza y se aferró al cuerpo de aquel hombre desconocido. Tal vez como una necesidad de sentir calor humano o como una forma de palpar algo concreto y sentir algo que no fuera el miedo y la desesperación. Hundió el rostro en las ropas con olor a pinos y ambos cayeron sobre la nieve. Yu abrió los labios resecos, con las grietas de la pérdida fragmentando su alma y un nuevo anhelo quemando desde el fondo de su corazón. Fuera al precio que fuera.

—Úsame... si así puedo eliminarlos.

Aún había una razón para continuar viviendo.

.

.